¿Alone?
El sol desbancó aquellas estrellas olvidadas, pera dar paso a su reinado de luz y harmonía. Levantó con sus rayos a ambos chicos.
Ella comenzó a vestirse, en el silencio que le daba su casa. Abrió el armario para buscar la ropa seleccionando unos pantalones negros y una camiseta blanca con una guitarra en el centro y para sus pies se puso unas convers negras. El pelo caí por su espalda sin ningún orden claro ya que no iba a peinarse.
Él se puso sus pantalones negros y una sudadera negra a rallas naranjas y fue directo a la cocina para tomar su desayuno. Mientras lo hacia pensó en quedarse en casa pero lo desechó por completo. Perdido en sus pensamientos acabó el baso de leche, salió de su casa con un poco de miedo, rumbo a un nuevo día.
Ariadna no comió nada, sin embrago al mirar el reloj se dio cuenta de que a ese paso llegaría tarde. Mientras corría rumbo al instituto pensó en que tal vez se encontraría con el rubio del columpio.
Buscó la clase por todas las puertas que había en aquel gran edificio. Tras buscar en las dos plantas bajas se dio cuanta de que los mayores seguramente estarían situados en la parte superior junto a los módulos.
Porfin la halló y se dispuso a entrar antes de que lo hiciera el profesor pero topó de lleno con un chico castaño de ojos blancos como la nieve.
perdona
Ahórrate las disculpas – la miró analizándola - ¿Quién coño eres niñata?
Antes de que pudiera presentarse vino el profesor. Cogió a Ariadna y la llevó al centro de la clase mientras amenazaba al chico con una expulsión.
Ella se dedicó a mirar a todos sus compañeros y entre ellos descubrió un par de rostros conocidos. Uno era el de la pelinegra que había conocido y el otro era su espejo (eso pensaba ella), ese chico era Naruto.
El profesor se presentó como Iruka, iba a impartirles la asignatura de Historia. "parece simpático" pensó Ariadna, pero quien le aseguraba que después fuera a ser igual, no debía dejarse llevar por las apariencias. Eso le enseñaron a palos.
El reloj del patio sonó con un gran estruendo y todos se levantaron de la mesa sin ni siquiera dejar acabar al profesor. Éste suspiró comprendiendo las ansias de los alumnos por dejar el aula vacía, él también las sentía a veces.
Se despidió de los tres chicos rezagados con una sonrisa. Iruka era demasiado dulce y comprensivo como para imaginarse lo que hacían ambos matones de clase con el solitario rubio. Pero algo dentro del profesor lo alertaba de que no era algo normal.
En cuanto desapareció por la puerta los dos castaños se abalanzaron sobre Naruto, cual aves rapaces al acecho de la presa. Una sonrisa burlona se dibujó en sus labios al ver que el chico se tapaba la cara con ambos brazos, intentando protegerse de lo que pensaban hacerle después.
No hubo tiempo para cerrar la puerta ya que comenzaron a insultarle. Sin piedad, sin medir si su tono era más hiriente que de normal. Solo querían divertirse a costa de la salud de otra persona.
El primer golpe llegó segundos después de haberlo tirado al suelo. No le hizo sangre pero sabía que los demás si lo harían, así que solo esperó a que los demás chocaran contra su cuerpo. Haciendo que cada fibra de su ser temblase de puro miedo, de una forma cobarde, como él mismo.
El segundo golpe fue a parar a la parte más sensible de su cuerpo. Se encogió buscando refugio en sus brazos amoratados de los golpes del día anterior.
¿No te recuerda a un perro callejero Kiba? – dijo cruel Neji
Anda no humilles a los pobres perros, es peor es una babosa, mira como se arrastra
Una patada en su estomago, luego en los riñones. Todo hecho con odio, odio a que fuera diferente, a que le gustara leer en vez de ver la tele como uno más del rebaño de ovejas. Si no hubiera crecido solo tal vez sería como el resto.
No sintió el resto de los golpes, solo escuchaba las risas de ambos castaños y sus jadeos por culpa del llanto que hacia momentos había comenzado, por culpa de la impotencia ante que ellos lo dominaran con tanta facilidad.
Dolor, angustia,… soledad.
Estaba solo, nadie quería ayudarle y los que querían hacerlo le tenían miedo a los dos matones. La única persona que tal vez… no, seguro que Sasuke no se mancharía las manos por una escoria como él. Cerraría los ojos y haría como el resto de su clase, encubrir los abusos que recibía. Ya ni siquiera lo veía cruel, solo era su rutina de todos los días. Excepto los que ambos jueces se marchaban de clase para irse a fumar, a drogarse o a follarse alguna de sus mieles de seguidoras.
Se volvió a sentir solo, él jamás había tenido a nadie que le dijera un te quiero. No tenía padres, ni hermanos y ninguna chica quería salir con el rarito de la clase ¿no?
El último golpe lo dejó aturdido. Nunca le habían pegado con algo, pero esta vez era diferente. Lo más seguro es que fuera un bate o tal vez la pata de una de las sillas de clase, ya que al colisionar con su cabeza sonaba a metal.
La vista comenzó a nublársele, hasta que la perdió por completo.
Lo tiraron al suelo como si fuera una vulgar mochila y se marcharon entre risas diciendo que aquel día había sido divertido y que a lo mejor mañana traían un bate o una navaja para poder pasarlo mejor.
Los pasos se alejaron hasta desaparecer.
En poco tiempo volvió a escuchar otros y se asustó, comenzando a sollozar a derramar lamentos de pavor. Cuando los pasos legaron hasta él, pudo escuchar un golpe al mobiliario y después sintió que lo levantaban, quedando apoyado sobre algo que emitía un ligero calor, además de una fragancia de hombre.
Sintió que se movía pero no sabía a donde, solo notaba el desplazamiento, lento pero continuo, sin pausa ninguna.
Se detuvo y notó que lo descargaban sobre algo blando y mullido. Una cama. "¿Me habré muerto?" pensó Naruto, ya que la única cama de todo el edificio estaba en la enfermería, claro le habían llevado a la enfermería.
Sintió una inmensa gratitud hacia aquel chico que lo había transportado. De no ser por el estaría tendido en el suelo hasta el final del patio, como un pero sarnoso y abandonado en medio de una ciudad.
Se sintió solo otra vez…
¿Naruto puedes hablar? – la voz de Shizune era dulce y le dio una sensación de calidez que nunca había tenido
No pudo contestarle, porque al abrir su boca salió el líquido que le daba la vida, manchando las impolutas sábanas de la camilla de la enfermería.
La enfermera le trajo corriendo un trapo para limpiar el estropicio y de paso comenzar a limpiar las heridas del rubio. Co delicadeza le pasó el trapo por el rostro, de una manera que el chico coronó como maternal, aquello que él nunca había sentido.
Su vista se hizo borrosa al comenzar a ver mejor. Dirigió sus bellos ojos azules hacia su salvador mas este se encontraba de espaldas y solo pudo ver un dibujo "¿un paipai?" pensó confuso "seguro que es mi imaginación"
Shizune continuó su labor cerrándole las heridas con tiritas y poniéndole ungüento allá donde se necesitara. Cuando acabó lo abrazó dulcemente.
Puedes contarme lo que ha pasado no se lo diré a nadie
No es nada, solo me caí
Una risa irónica sonó en la habitación y después el ruido de la puerta cerrarse.
Tenía razón quien iba a tragarse ese cuanto… sus excusas eran patéticas o no podían engañar a nadie por muy estúpida que fuera esa persona.
Sintió sueño comenzando a dormirse en el cálido pecho de aquella que le intentaba ayudar. Cerró sus ojos abandonándose a la sensación de bienestar que le daba el poder perderse en sus ilusos sueños
Al verlo la mujer lo separó de ella y le dio un beso en la frente tumbándolo sobre la camilla al mismo tiempo que lo tapaba pera que no sintiera el frío de un edificio en las más asquerosas ruinas.
