Orange
El patio era ruidoso, como todos. La gente charlaba sin importarle quien tenía a su derecha o a su izquierda.
Entre todo aquel mogollón de gente estaba la castaña junto a las dos chicas que había conocido el día anterior. Éstas la guiaban, entre las personas anónimas que se hallaban en la extensión de terreno hasta la cantina. Cuando llegaron Ariadna se llevó una gran sorpresa.
Todo era diferente a su último instituto. Ya no era una cantina pequeña y mugrienta, esta era luminosa, limpia, mas no tenía ese aire familiar.
Un grito la distrajo de sus pensamientos
Jodete cabrón, ahora me vas a pagar la puta cerveza – gritó un chico de pelo blanco
Las dos chicas se gritaron hacia el estruendo para ver de quien eran esas palabrotas Al hacerlo ambas suspiraron y se pusieron a decir lo buenísimo que estaba y lo que les gustaría liarse con él.
¿Quién es?
Se llama Hidan y el de al lado es Kakuzu – contestó Sakura
Es una pena Hidan ya tiene novia – dijo esta vez Ino
¿Quién? Cuenta, cuenta
Ariadna no las escuchaba miraba abstraída la gente que entraba y salía del lugar. Ninguna era una cara conocida, todos eran personas anónimas que jamás se fijarían en ella de no ser por su ropa y por sus ojos naranjas.
Le dieron otro tirón fuerte de la manga y la llevaron fuera. Durante el trayecto observó una sala, hecha totalmente de cristal, donde un chico pintaba un cuadro, que a los ojos de la chica era precioso. En él había un chico encadenado por los brazos con una melena de color rubio. La escena de detrás era una habitación llena de sangre…
Aquel chico que pintaba era todo un artista.
No alcanzó a ver más que su espalda ya que su compañera seguía estirando de ella hasta llevarla junto a un grupo se chicos.
¡ni-chan! – la rubia fue corriendo hacia la otra chica parecida a ella, pero fue detenida en el último momento
No me toques
Ariadna abrió sus ojos en sorpresa, aquello no era una chica, sino un chico. Su voz ronca y grave lo verificaba.
Miró nerviosa hacia su ropa, esa no es la indumentaria de un chico. Llevaba una falda rosa a cuadros sobre unos pantalones negros de pitillo, en la cintura un cinturón amarillo con rayas de color rojo. En los pies había dos convers de color azul celeste con calaveras. Su mirada de color naranja volvió a subir por el chico, para posarse en su torso, debía admitir que la rejilla sobre la camiseta de tirantes lila quedaba genial.
Sus ojos se encontraron con los azules del chico al que había presentado Ino como su hermano Deidara. Solo fue un vistazo rápido pero pudo averiguar que no era como el resto, que no solo se vestía así para llamar la atención.
Te presentaré al resto – dijo con su tono demasiado alta la rubia – él es Uchiha Itachi y este es Akasuna no Sasori
Saludó con la mano, mas la única contestación que recibió fue una mirada tan congelada como el hielo por parte del Uchiha y acto seguido Ariadna miró hacia el suelo un poco asustada.
Esos ojos del color del carmín penetraban en los suyos y hacían que cada fibra de su ser se estremeciese de puro pavor. Eran dominantes, de la misma manera que lo eran aquellos que la maltrataban.
Antes de que ocurriera nada más la pelirosa estiró de su brazo, al hacerlo dejó ver bajo la pulsera un marca de intento de suicidio por parte de la castaña. Solo hubo una cosa que Deidara y Sasori fueron los únicos en percatarse de ello.
Se miraron durante unos segundos, comprendiendo lo que el otro pensaba hasta que el ojiazul separó sus ojos del alcance del pelirrojo, era habitual ya que no sabía como mantenerle la mirada a alguien como él.
Mientras Sakura había llevado a la castaña a otro grupo de personas. Según la ojiverde eran los raritos del lugar- No le pareció eso a Ariadna sin embargo asintió con la cabeza ignorando lo siguiente que decía su compañera.
Eran tres igual que los últimos que había conocido. Uno era peliblanco con los ojos de color turquesa, el segundo tenía el pelo azul muy clarito y los ojos también de un tono parecido a sus cabellos. El último era pelirrojo con sus ojos de un color verde teñido de un poco de azul.
Ino que las seguía de cerca los presentó como Kimimaro, Suigetsu y Gaara.
Cada uno era especial a su manera sin embargo Ariadna solo se fijó en el pelirrojo. Estaba intrigada por esa mirada perdida, triste, con un pequeño toque de frialdad tal vez… eso sí hubo algo que no pasó desapercibido para ella, la soledad absoluta que había en esos ojos de color tan peculiar.
Ella lo había sentido, sabía lo que era mas esos luceros mostraban una angustia aplastante como si nadie le hubiera tendido jamás la mano.
Giró su rostro avergonzada por sacar esas conclusiones sin conocer de nada al chico, cosa que le encantaría.
El timbre sonó, ruidoso, haciendo que Sakura le estirara del brazo rumbo a la clase, sin ni siquiera darle tiempo para despedirse de aquellos tres chicos.
Entraron en clase raudas, sentándose cada una en un lugar. Sakura junto a Kiba, Ino con Shikamaru y Tenten alado de Neji. Nada más ubicarse comenzaron a coquetear como tres vulgares prostitutas.
La ojinaranja se movió hasta su asiento fijándose en quien entraba por la puerta, a ver si podía charlar con Naruto antes de que comenzara la clase.
El profesor entró y el chico rubio no estaba en la clase, ni en esa ni el las dos siguientes.
Otra vez ese ruido ensordecedor y todos salieron de la habitación, disparados, todos excepto Sasuke y Ariadna, que se miraron durante unos segundos
¿Sabes donde está Naruto? – dijo por fin la castaña
Eso no es de tu incumbencia
El moreno cogió su mochila marchándose de su clase dejando sola a la castaña. Ella repitió lo que había hecho antes su compañero y se fue directa a su casa.
A mitad de trayecto una mano la paró interrumpiendo no solo su caminata si no también sus pensamientos e hipótesis sobre lo que la habría ocurrido al chico que vio en el columpio. Reconoció quien era por las uñas de color negro como la noche y por los guantes con rejilla.
Junto a Deidara estaba otro chico, con el pelo y los ojos negros. Al igual que el rubio iba vestido de una manera atípica, sin embrago él combinaba negro y blanco a la perfección sin que apareciese ningún color más, salvo un cascabel de color azul celeste.
¿Te podemos acompañar? – Dijo Deidara con una sonrisa en los labios
A la castaña le dio un escalofrío a lo largo de toda su espalda. Esa expresión no le había gustado nada así que giró su rostro negándoselo a los chicos y comenzando a caminar rápido por las calles de esa nueva ciudad.
Sai la miró con su normal indiferencia, mas en su interior sabía que algo no iba bien con esa chica, no le habían pedido nada del otro mundo solo charlar un rato hasta llegar a su casa.
¿que raro no? – le preguntó el rubio
Si, muy extraño…
Mientras la chica corría por la acera, asustada y sintiéndose estúpida por pensar que no le fuerana apegar también en Konoha. Era natural ser el centro de insultos para ella, estaba escrito en su ADN.
Se paró al llegar a su casa, mirando el edificio con gesto triste. Sus padres estarían trabajando y no podía llamar a nadie aún, no tenían línea.
Miró hacia atrás, buscando los ojos de color azul intenso que la observaban el primer día pero solo encontró el vacío de un lugar que no guardaba cariño hacia ella.
Metió la llave en la cerradura y abrió la caja de Pandora donde la esperanza aún vive en un cuarto oscuro y olvidado, toda llena de telarañas y de odio ya que nadie la había despertado en años.
