Dust in The Wind

Ariadna se cambió de ropa y guardó en su mochila los libros necesarios. No quería estar sola en su casa, así que decidió marcharse rumbo a la sala de estudios a repasar aquello que habían dado por la mañana.

Al salir a la calle recordó los sucesos de todo el día.

El primero de todos fue el rubio. Le había sorprendido gratamente el que no fuera como el resto de chicos, si no más bien como ella, alguien diferente en un mundo en el cual todos son copias de todos.

En eso se había transformado la sociedad en un patrón igual al que todos debían responder sin rechistar. Y si alguien desafiaba, era callado de inmediato con insultos o tal vez con algo mucho mayor… En definitiva todo era una absurda manera de volver estúpida a la población para que no pensase en lo que el gobierno hacia mal.

A pesar de todo ni ella, ni los dos chicos que la habían abordado en la puerta del instituto eran como el resto, al menos en manera de vestir, el pensamiento es algo que no se puede averiguar a la primera.

Se le vino a la cabeza el chico pelirrojo, cuyo nombre era Sasori. Él también parecía distinto a los demás no en vestuario pero si en su actitud. Por sus gestos y manera de hablar era mucho más maduro que los demás chicos que le habían presentado. Exceptuando a los tres últimos y a Itachi.

Giró su rostro. No deseaba recordar aquella mirada congelada, aunque sus ojos fueran el color del ardiente fuego la hacían temblar. La crueldad se reflejaba en su destello, pero tras esa mortífera indiferencia estaba oculta una enorme pena y la castaña se percató de ello sin mucha dificultad.

¿Que le pasaría al extraño y frío muchacho?

Era mejor no pensar en eso, siempre que se hacia esas preguntas todo acababa mal, en realidad siempre que su curiosidad actuaba todo tenía un resultado negativo, no era solo cosa de preguntarse sobre el pasado de gente.

Su mente le recordó a Naruto al ver a un chico rubio por la calle, aunque no fuera él.

Querría haber hablado un rato con el ojiazul mas no pudo verlo en todo el día, y en el momento en el que podrían haber charlado tranquilamente, el Uchiha le había ocultado la información del paradero de su amigo.

Se apretó los cascos contra su oreja y entró a la sala de estudios aún perdida en sus pensamientos. Culpa de ello se tropezó con alguien cayendo ella al suelo y tirando todos los libros que la persona portaba en sus brazos.

Se sintió estúpida al caerse de una manera tan fácil y al haber entorpecido a alguien. No quiso mirar hacia arriba, así que se dedicó a recoger todo lo que se había derramado por el frío suelo de mármol.

lo siento mu… - no acabó la frase al observar aquellos ojos de color azul que buscaba durante el patio – ¿Naruto verdad?

Hem… tengo prisa – le arrebató las cosas de las manos y se fue raudo por los pasillos

Paró al llegar a la puerta de salida y entrada, al verla se apoyó en ella e intentó calmar su respiración, ahora agitada por el susto que se acababa de llevar.

Era la chica nueva, la reconoció al ver sus ojos de color naranja.

¿Qué hacia ella en un lugar como una sala de estudios? ¿Acaso prefería estudiar a estar con sus amigos? ¿Lo estaría buscando a él? "sigue soñando Naruto" pensó para sí mismo. Nadie se interesaba por conocerlo aunque fuera superficialmente, era el raro ¿no? Al raro nunca se le hace caso, ni se le busca para estar con él.

La observó mientras se sentaba y sacaba los libros de bachillerato. Una idea se le pasó por la cabeza. No era acoso sentarse enfrente de ella a hacer los deberes de la misma manera que los hacia la castaña. Eso no hacía daño a nadie.

Se movió hasta colocarse en la silla de enfrente y su vista se perdió en Ariadna. Sus ojos eran extraños. Su rostro tenía unas bacetas redondas y la nariz ligeramente hacia un lado, cosa que Naruto bautizó como graciosa. Entonces se percató de la melodía que emitían sus cascos.

Dust in the wind siempre fue unas de las canciones preferidas del Uzumaki porque se sentía como el polvo. Las personas no lo veían y aquellos que eran capaces de tal hazaña intentaban destruirlo.

Cerró sus ojos tal y como decía la canción, mas una mano caliente se poco en su brazo, haciendo que volviera a la tierra de una manera bastante eficaz.

Sus ojos se hallaron, como les ocurrió el día de la mudanza, no necesitaron palabras ambos se alzaron de su asientos y se fueron rumbo a los jardines que estaban ubicados fuera, para poder charlar sin molestar a la gente que intentaba estudiar algo o sencillamente leer.

Caminaron juntos, sin llegar a tocarse. La castaña toqueteaba la punta de una de las trenzas, el rubio jugaba con las llaves haciendo un tintineo parecido al del cascabel de un gato asustadizo.

Se sentaron bajo un árbol sin decir palabra alguna, solo se miraban de reojo como dos niños curiosos con algo que no entienden.

¿que te pasó esta mañana? – preguntó por fin Ariadna

Me dolía la barriga y me fui

Ella reconoció esa escusa sin que dijera nada más, era muy utilizada, sin embargo no quiso indagar, podría tomarla como una cotilla.

Nerviosa se cogió las piernas y miró al frente. Allí encontró un bello rosal de flores, de un color rosa amorronado, que se marchitaba por segundos. Sintió lástima de la planta y se alzó para alcanzar una de las ajadas rosas, sin querer pinchándose con las débiles espinas que lo protegían. Débiles porque no se le clavaron en las manos.

¿no es bonita esta rosa? – dijo mostrándosela al rubio

Si, pero ahora morirá antes.

Tienes razón – pronunció con un tono apagado

La dejó caer al suelo y volvió a su asiento, junto al chico. La brisa meció sus cabellos al principio, pero luego comenzó a llover sin ni siquiera avisa.

Ambos se levantaron corriendo hasta un techado no muy lejano. Se empaparon las ropas mas al mirarse estallaron en carcajadas. Tenían un aspecto muy cómico y la alegría que les había producido el hablar después de tanto tiempo ayudó a que se sintieran del todo a gusto el uno con el otro.

Naruto, caballeroso se sacó su chaqueta tendiéndosela a la chica. Esta lo miró interrogantes esperando que se percatara.

Muy listo al darme una chaqueta mojada. –soltó irónica

Puso su mano enfrente de Ariadna esperando a que se la devolviera, pero no lo hizo, se la puso y subió la cremallera hasta el cuello aspirando un poco del olor a perfume de esta. Tras hacerlo lo miró comenzando a caminar para recoger sus cosas y marcharse hacia casa tal vez juntos.

Entraron saliendo rápidos mirando el cielo con un poco de enfado, las nubes eran cada vez más abundantes.

¿Te puedo acompañar?- preguntó Naruto un poco nervioso.

Claro – le sonrió y fue delante

Durante el trayecto de vuelta a casa hablaron de todo un poco, de música, de los estudios… todo aquellos sin percatarse de nada que no fueran ellos dos y su conversación.

El ojiazul esperó paciente a que entrara por la puerta. Cuando ya hubo desaparecido sonrió de una manera radiante. Tenía una amiga, mañana irían juntos al instituto, lo consideraba especial y no raro o extravagante.

Sin embargo la suerte no estaba de parte del chico, pues cuando iba a marcharse de la calle salieron de una de las casa Neji, Kiba y Sakura.

Lo siguieron sin que se percatara de ello. Cuando lo alcanzaron decidieron que aún tenían mas ganas de divertirse, que no les había bastado con la sesión de sexo en la casa de Tenten.

Mira quien tenemos aquí – dijo Sakura

Hola emo de mierda esta mañana te has escapado

Si pero ahora no tendrás la misma suerte – acabó la frase Neji

Se tapó la cara cerrando los ojos, justo a tiempo de que lo tiraran al suelo y comenzaran a pegarle patadas, probando a ver que sitio de su cuerpo aguantaría mejor los fuertes golpes que le propinaban.

Uno, dos, tres… al final perdió la cuenta.

De repente se detuvieron y comenzaron a escupirle y a pisarle para que se embadurnara del lodo que se había quedo con la corta lluvia de antes.

Recordó la canción de Dust in the wind pensando en otra frase. Sus sueños solo eran una simple curiosidad algo que pasaba por sus ojos esfumándose. Siempre sería polvo en el viento, solo eso.

Sintió un puñetazo y después escucho algo romperse. Su nariz estaba sangrando y tenía la ligera sensación de que alguna costilla también estaría fracturada.

Le pisaron la muñeca cogiendo lo del pelo para acercarlo al rostro del ojiblanco. Su mirada era despreciable, estaba sonriendo y esa alegría llegaba a sus ojos creando la ilusión de ser bellos, tranquilos.

¿puedo hacerlo yo? –preguntó coqueta la chica

Claro preciosa pero no te manches las manos – dijo Kiba.

Le dio una palmada en el trasero y ella se acercó al pelo de Naruto con un mechero en su mano. Este la miró alarmado, sabía lo rápido que prendía el pelo y si haciendo lo que el creía podrían llegar a quemarle toda la cabeza. Justo era lo que los tres individuos querían, solo para divertirse.

Por algún extraño motivo Neji lo soltó el pelo asentándole una patada en la cara. Ser un rarito deforme es mejor que ser un rarito con la cabeza quemada y medio cuerpo deforme.

Se echaron una risas a su costa volviéndole a propinar más patadas y puñetazos mas al poco roto se marcharon dejándolo tirado en el suelo sobre el fango y con las lágrimas apunto de desbordarse por sus ojos.

Les escuchó hablar desde donde estaba. Kiba decía que de pegarle tanto se la había puesto tan dura como una piedra y Neji sin quedarse atrás sugirió a la pelirosa montarse un trío. Ella se hizo la tímida diciendo que era mucho, pero cuando uno de los castaños sugirió que él le daría por culo y el otro por delante se rindió demostrándose tal y como era. Una niña superficial que se abría de patas a quien se lo sugiriera.

Se alzó con las tripas revueltas, devolviendo todo lo que comió por la mañana en un cubo de basuras cercano. Se acarició el brazo magullado andando rumbo opuesto al del trío, rumbo a su solitaria casa.

Pensó en ir al hospital. No… le preguntarían como se había hecho eso y no deseaba contestar a ninguna pregunta que le pudiera llevar a una paliza aún más brutal de las que recibía.

Polvo en el viento.

Miró su chaqueta inquieto, se había impregnado algo de perfume de Ariadna. Lo reconoció, era Anaís Anaís. A él también le gustaba esa colonia para mujer, era dulce no muy pesada.

Mañana hablaría con la castaña, no era bueno que fuese su amigo, podían acabar pegándole como le hacían a él. No deseaba eso para nadie.

"Al menos hemos sido amigos por un día" sonrió sentándose en el columpió donde la vio por primera vez y recordando como le había sonreído al sugerir acompañarla a casa. Había sido el principio del fin.