Capítulo 3
Dolor y sufrimiento...
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La mitad de la familia Weasley se sentó acurrucada alrededor de la mesa de la cocina. Ginny, la más joven, estaba llorando silenciosamente en su asiento. La Sra. Weasley se encontraba detrás de su hija, acariciando su pelo gentilmente, de esa manera que sólo las madres pueden hacerlo. Solamente su presencia hacía sentir a Ginny un poco mejor. Pero un poco mejor no era suficiente. El impacto al ver la cara de Ron aparecer por la chimenea y entonces permanecer sobre el piso como si estuviera muerto, seguido por las noticias de Fred y George de que Hermione había sido secuestrada por los seguidores de Quien-tú-ya-sabes, fue horrible. Pero fue la mirada en los ojos de Ron cuando su madre lo revivió lo que más la embrujó. Ella lo había visto herido. Lo había visto furioso. Lo había visto temeroso. Lo había visto llorar, pero nunca había visto todos esos sentimientos al mismo tiempo. Ginny nunca antes había visto tanta angustia prisionera dentro de una persona. El hecho de que esa persona era su hermano rompió su corazón.
Ginny derramó más lágrimas sin poder parar de llorar, secándose las lágrimas frescas simultáneamente. Fred, quien la había estado mirando, se inclinó a través de la mesa y le dio una servilleta.
-Gracias-, murmuró Ginny y entonces la usó para soplarse la nariz.
George todavía estaba mirando afuera de la ventana con una expresión vacía en su cara. Sus ojos ahora estaban de un color púrpura con sombra luminosa, teñido con amarillo alrededor de los bordes. La Sra. Weasley le había ofrecido curar el moratón, pero George se rehusó. De vez en cuando, Ginny notaba que él levantaba su mano y pasaba sus dedos por las marcas. Era como si estuviese tratando de usar el dolor físico para ocultar el dolor emocional que lo estaba comiendo por dentro. No está teniendo más suerte que yo, pensó Ginny para sí misma. Su meditación había sido interrumpida por un terrible estrépito, seguido casi instantáneamente por lo que era, sin lugar a dudas, cristales rotos. Ginny saltó y sintió la mano tranquilizadora de su madre sobre su hombro. Miró hacia arriba y vio que su madre estaba mirando hacia el techo, su cara tensa y cansada.
-Ha estado encerrado por horas-, dijo George silenciosamente a su hermano gemelo-. No creería que hubiera quedado algo más que romper en ese cuarto.
-Quizás se movió para nuestro cuarto-, trató de bromear Fred.
-Desearía saber lo que está pasando-, dijo Ginny suavemente.
-Tu padre nos avisará cuando haya alguna información reciente- le afirmó la Sra. Weasley a su hija.
-¿Qué crees que le harán a Krum?- preguntó Ginny a sus hermanos.
-Supongo que todo depende si creen en su historia o no-, indicó George.
-Padre parece creerle-, replicó Ginny-.Dijo que Krum estaba verdaderamente disgustado por lo sucedido.
-¿Está disgustado por lo que pasó o sólo está disgustado porque lo atraparon?- preguntó Fred silenciosamente-. No es la primera vez que ha usado la maldición Imperius como una excusa.
-Le funcionó una vez ¿por qué no usarlo de nuevo?- dijo George, estando de acuerdo con su hermano.
-Eso no es justo- interpuso Ginny-. Él dijo la verdad la primera vez. Yo escuché a Harry decirle a Ron que Crouch admitió haber usado la Maldición Imperius para controlar a Krum durante la última tarea del torneo. Tú de verdad no crees que él trataría de lastimar a Hermione a propósito ¿verdad?
Fred encogió sus hombros sin respuesta alguna.
-No lo creo-, admitió George finalmente-. Pero no dudaría que los idiotas del Ministerio lo acusen por lo sucedido, sólo para enviar a alguien a Azkaban y hacer parecer como que están trabajando duro en contra de Quien-tú-ya-sabes.
-Ron está quieto de nuevo-, dijo Fred, mirando hacia el techo momentáneamente antes de que un rayo blanco viniera zumbando por la ventana abierta de la cocina y llamara su atención.
-¡Hedwig!- lloró Ginny, cuando el pájaro aterrizó con un golpe sobre la mesa en frente de ella. Inmediatamente Ginny extendió su mano para acariciar las plumas suaves del búho mientras que removía la carta amarrada a su pata. -Es para Ron-, dijo Ginny al mirar a su madre-. ¿Por qué nos la entregaría a nosotros?
-Supongo que sabemos lo que tomó para desahogarse- pensó George en voz alta.
-Tú no crees que...- comenzó la Sra. Weasley.
-¿Que trató de tirarla fuera de la ventana?- respondió Fred-. Pienso que él tiraría a Ginny por la ventana si ella tratara de entrar a ese cuarto.
Ginny continuó acariciando las plumas de Hedwig, hallándolo consolador. -Trata de no ponerte en contra de él-, murmuró ella al pájaro con sus ojos rodeados de lágrimas frescas -Está teniendo un momento difícil.
-¿Deberíamos abrirlo?-, preguntó George a su madre, ojeando la carta.
-Está dirigida a Ron-, replicó la Sra. Weasley, como si eso pusiera un punto final al asunto.
-¿Qué tal si es importante?- insistió Fred.
-¿Qué tal que él halla visto algo?- añadió George.
-¿Qué tal que... se haya ido de la casa, tratando de ver a Ron para que lo ayudara a salvarla?- preguntó Ginny.
La Sra. Weasley cogió la carta de las manos de Ginny y la abrió al minuto. Sus ojos leyeron rápidamente y entonces dejó caer a la mesa el pergamino cuando sus propias lágrimas comenzaron a derramarse.
Fred agarró la carta inmediatamente y George se inclinó rápidamente para leerla con él. Cerrando los ojos con una expresión dolorosa, Fred puso la carta boca abajo sobre la mesa. Ginny extendió su mano inmediatamente.
-No, Gin-, dijo George, cubriendo la letra con sus manos-, No.
Ginny lo miró firmemente a los ojos al empujar su mano y coger el pedazo de pergamino. Respiró hondamente, se calmó, y entonces la viró para leer:
La están torturando. Ella sabe que estoy observando.
Me miró fijo a los ojos y me dijo,
"¡NO TE ATREVAS A SALIR DE TU CASA HARRY!"
Él no quería que hablara conmigo.
He perdido la conexión.
Siempre y cuando me quede aquí, él la mantendrá viva.
Diles a los demás que se apuren.
Él se está poniendo furioso.
No se cuánto más ella pueda resistir.
Ginny dejó caer la carta con un sollozo y entonces se dejó caer en la mesa, ocultando su cabeza en sus manos.
-No le podemos decir a Ron-, dijo Fred silenciosamente.
-No, no podemos-, su madre estaba de acuerdo, sabiendo que él dejaría la seguridad de su casa y se volvería un blanco. Ella miró el techo como si tratara de decidir si Ron todavía estaba en su cuarto y se dio cuenta de que era más consolador cuando él estaba rompiendo el lugar pedazo por pedazo, así sabía exactamente lo que estaba haciendo. Cruzando la cocina en pocos pasos, la Sra. Weasley abrió la puerta y miró al Reloj del abuelo en el salón. Sus ojos rápidamente buscaron la manecilla del nombre grabado de su hijo más joven. Un aliento de alivio pasó por sus labios al notar que todavía apuntaba a 'Casa' y no había saltado a 'Peligro mortal.' Está muy silencioso allá arriba, pensó ella, al cerrar la puerta y caminar a la mesa de la cocina para pararse junto a los gemelos.
-¿Deberíamos responderle?- preguntó Ginny a su madre con voz temblorosa. -Hedwig está aquí aún. Debe estar esperando una respuesta.
-Sí, querida, quizás deberías-, replicó la Sra. Weasley-. Accio-, dijo ella, apuntando su varita al cajón de al lado de un gabinete. El cajón se abrió, una botella de tinta y una pluma se disparó a través del cuarto y aterrizaron en la mesa enfrente de Ginny
Ginny viró la carta de Harry y estaba al punto de garabatear un mensaje en la parte de atrás cuando un bulto de plumas color café aterrizó con un golpe ruidoso. Hedwig saltó hacia atrás con un ululato indignante, entonces expandió sus alas y saltó a la percha en la parte de atrás de la silla de Ginny.
La Sra. Weasley extendió su brazo y removió la carta de la pata del búho. Una vez que su carga fue removida, saltó de la esquina de la mesa y voló fuera de la ventana.
-¿Es de Padre?- preguntó Fred con esperanza.
-No, es de...el Departamento de Transportación Mágica- replicó la Sra. Weasley, algo desconcertada. Entonces para sorpresa de sus hijos, ella gritó de asombro e inesperadamente desapareció del cuarto.
Ginny se tiró a coger la carta abierta que flotaba hacia el piso.
-¡QUÉ!- gritaron juntos Fred y George, mientras que Ginny la cogió y la miró boquiabierta.
-Está...está dirigida a Hermione-, murmuró Ginny, dándole la carta a sus hermanos.
