Capítulo 22
Celos, malditos celos…
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Mientras la Sra. Weasley salía de la cocina y caminaba hacia las escaleras que conducían al primer piso, no podía evitar en pensar cuán silenciosa estaba la casa. Era algo a lo que, segura estaba, no se acostumbraría. Era distinto a su propia casa, la cual era acogedora y siempre agitada con actividad. Inclusive con el caos causado por varios miembros de la Orden entrando y saliendo inesperadamente, Grimmauld Place 12, con todos sus ilimitados pisos y cuartos, simplemente no se sentía natural para ella.
Extrañaba su casa. Extrañaba su propia cocina. Extrañaba dormir en su cama. Mas ahora era inevitable. Mantener a sus niños a salvos era más importante que el lugar en donde dormía. Pero había días en los que se preguntaba si de veras estarían a salvo, inclusive en Hogwarts. Y cuando ellos regresaran a la escuela; ¿sería seguro para ella y Arthur regresar a la Madriguera? Si él no podía poner sus manos sobre Harry, Hermione o Ron; ¿vendría detrás de ella y su esposo?
Mejor yo que mis niños, pensó Molly al acercarse a la sala próxima al retrato de la Sra. Black y mirar hacia dentro de la puerta abierta para ver cuánto habían progresado Ginny y Hermione limpiando la mugre de los sucios pisos de madera dura. Había puesto a las chicas a trabajar, sabiendo que ellas serían capaces de completar la tarea sin disturbar a la despreciable pintura que colgaba al otro lado de la pared. No esperaba que terminaran tan rápido, mas obviamente lo habían logrado. El cuarto estaba vacío y el piso impecable.
Se habrán ido a ayudar a Ron restregar la bañera, se dijo a sí misma la Sra. Weasley al comenzar a subir las escaleras para chequear su trabajo. Esa bañera es un duro trabajo. Tomará años para que él pueda restregar todas esas manchas de la superficie. Pero ya es tarde, notó ella al mirar a una de las mugrientas ventanas que daba a la calle y percibir la luz del día menguarse. Arthur y los muchachos llegarán pronto del trabajo. Se han merecido un poco de descanso. Pueden finalizarlo mañana, pensó la Sra. Weasley, al caminar lejos del cuarto de las chicas.
El cabello brilloso y rojo de su hija capturó su ojo al pasar el cuarto, causando que la Sra. Weasley se detuviera y retrocediera hasta estar parada en la puerta. Ginny estaba acostada en su estómago en el medio de la cama, sus pies en el aire, una pluma en su mano, escribiendo enérgicamente sobre un pedazo de pergamino.
-¿Dónde esta tu hermano?- preguntó ella, mirando dentro de la habitación como si esperara que Ron saliera de uno de los vestuarios.
-¿Cómo voy a saber?- contestó Ginny, quitando su vista de la carta que estaba componiendo-. No soy su guardián.
-¿Dónde está Hermione?- demandó la Sra. Weasley, esperando a obtener una respuesta menos ambigua esta vez.
-Probablemente está con Ron-, dijo Ginny, hundiendo su pluma en la botella de tinta y bajando su vista al pergamino una vez más-. La última vez que la vi iba ir a ayudarlo a limpiar.
-¿Por qué no fuiste con ella?
-Terminé mis faenas-, dijo Ginny, mirando a su madre desafiantemente-. No voy a hacer las de él también.
-Aparentemente no te estoy dando suficientes entonces-, le respondió la Sra. Weasley a su hija. Todo tiene que ser una discusión contigo; ¿cierto? Has estado difícil desde que rehusé a que fueras a visitar a Harry con tus hermanos. Bueno, no va a funcionar. –Adicionaré un poco más en la lista para mañana; ¿vale?- preguntó la Sra. Weasley, mirando la boca de Ginny abrirse con indignación. Esperó un rato más para ver si su hija le discutía, pero Ginny pareció detenerse a sí misma en la mitad y contener su comentario. Frunciendo sus labios, Ginny murmuró algo ininteligible debajo de su respiración al mirar a su carta.
-¿Qué fue eso?- preguntó la Sra. Weasley-. No escuché lo que dijiste.
-Dije que está bien- contestó Ginny furiosamente. Adiciona todas las que quieras a la lista. Mientras más adiciones, más lentamente trabajaré.
-Eso fue lo que pensé-, replicó su madre, al dejar la puerta y buscar a Ron y a Hermione. Había decidido comenzar la búsqueda en su cuarto cuando escuchó voces silenciosas que provenían de la sala.
Tranquilizada de que no se hubieran escabullido secretamente a otro lugar y aliviada por el hecho de que estaban hablando, lo cual significaba que no andaban haciendo otras cosas, la Sra. Weasley vaciló, no segura si debería asomar su cabeza en el cuarto y verificar, o no. Fue la posición de la puerta la que resolvió el dilema. Verdad que no estaba completamente cerrada, pero Ron sabía que dos pulgadas de separación no era lo mismo que una puerta abierta.
¿Cuántas veces le tengo que decir? se preguntó a sí misma al acercarse a la puerta y mirar adentro. Como lo esperaba, estaban sentados en el sofá. Ron se había arrinconado en la esquina, usando el brazo del sofá como apoyo adicional mientras que Hermione se reclinaba en él. Por un momento, la Sra. Weasley estaba entre la espada y la pared. La escena en frente de ella era tan íntima que sintió que no sería apropiado escuchar a hurtadillas su conversación privada. Por otro lado, pensó ella cuando Ron juntó el pelo de Hermione en su mano, desnudó su cuello y se inclinó a besarlo. La conversación parece haberse terminado.
Si los dos adolescentes hubieran sabido que ella estaba en la puerta, probablemente hubieran terminado ahí. Como no lo hicieron, Hermione viró su cabeza para permitirle a Ron suficiente acceso a sus labios. El beso era gentil y no hubiera sido nada del otro mundo si hubiera finalizado. El problema era que no terminó. En vez de separarse, Hermione simplemente movió su cuerpo en una posición más cómoda mientras el beso se profundizaba.
La Sra. Weasley había visto bastante. Pero justo al ella caminar dentro de la habitación e impedir que algo mas serio sucediera, su esposo la detuvo.
-¿Molly?- murmuró él de una manera acusatoria al venir detrás de ella-. ¿Qué estás haciendo?- continuó él, mirando sobre su hombro dentro de la habitación para ver lo que ella estaba observando. Sin esperar su respuesta, alcanzó su mano y comenzó a alejarla de la puerta.
-¿Arthur?. ¿Qué haces? Suéltame-, protestó, al tratar de espantar su mano.
-Déjalos solos-, rió el Sr. Weasley, colocando una mano sobre la espalda de su esposa la empujó hacia el vestíbulo-. Por lo menos déjalos disfrutar parte del verano.
-Pero la comida está casi...- comenzó a protestar ella.
-Ellos vendrán cuando estén hambrientos- replicó el Sr. Weasley, sabiendo muy bien que no era la comida lo que la preocupaba.
-Esa no es la razón.
-No, no lo es; ¿cierto?- contestó él, mirando adrede a su esposa.
-¿Qué quieres decir?- preguntó la Sra. Weasley, sonando un poco defensiva.
-Molly, no puedes evitar que crezcan.
-No estoy tratando.
El Sr. Weasley arqueó una ceja como diciendo "¿No lo estás?" y entonces respondió.
-Ron no es el primero en tener una novia, amor.
-No es lo mismo Arthur, y tú lo sabes.
-Sí, lo sé-, admitió él-. Ambos sabíamos que esto pasaría. No pretendas que no es lo que deseabas.
-Pero es muy pronto- contestó la Sra. Weasley-. Ellos son muy jóvenes.
-Charlie era más joven que ellos cuando lo agarraste con la chica Fawcett besándose en la esquina de Flourish y Blotts. No reaccionaste así.
-Fue diferente-, insistió la Sra. Weasley.
-Y eso es lo que en realidad te está molestando; ¿verdad?- preguntó su esposo.
-No seas ridículo.
-No es ridiculez- contestó él-. Es solamente natural que te sientas de esta forma. Sé que Ron y Ginny son los más jóvenes, pero ya no son unos niños. Me doy cuenta que es duro aceptarlo, pero tendrás que hallar una manera de hacerlo. Él será mayor de edad en unos pocos meses, Molly. Lo suficiente mayor para ingresar en la Orden.
-Él no puede integrarse a la Orden-, dijo la Sra. Weasley con dureza-. Todavía está en la escuela.
-Es lo suficientemente mayorcito para tomar sus propias decisiones-, continuó él, ignorando el comentario de su esposa a propósito-. Además, esto no es nada nuevo. Hermione ha estado cuidándolo desde que tenía 11 años. Solo porque él dependa de ella, no quiere decir que te necesite menos. Tú siempre seguirás siendo su madre.
-Esto es absurdo. Ni siquiera han tenido una cita decente aún.
-¿Entonces no crees que sean serios?- preguntó el Sr. Weasley, aunque ya sabía la respuesta-. ¿No piensas que va a durar? Muchas personas dijeron eso acerca de nosotros, sabes.
-Fue diferente con nosotros-, protestó ella-. No estábamos en medio de una guerra. Ellos son muy jóvenes para manipular tanta responsabilidad.
-Admito que tienen que tratar con más que todos los de su edad debieran hacer-, aceptó el-. Pero creo que han hecho un buen trabajo hasta ahora.
-Pero sólo se va a poner peor-, discutió ella-. Algo tendrá que ser sacrificado.
-¿Y tienes miedo que sea su relación?
-Ellos ya tienen suficiente de qué preocuparse. Tratar de mantener una relación tan sólo adicionaría más a la carga.
-No estoy de acuerdo-, replicó el Sr. Weasley-. Sé que los has estado mirando, pero creo que no has visto lo que está sucediendo enfrente de ti. Se están consolando el uno al otro, Molly. Mira por lo que han pasado estos pasados meses y cómo han respondido. Dependen el uno del otro y necesitas dejarlos pasar más tiempo juntos. Debiste haber notado cómo Ron se ha estado comportando desde que comenzaste a intervenir.
-Yo no estoy interviniendo-, dijo la Sra. Weasley defensivamente.
-¿Entonces no has estado siguiéndolos?- preguntó su esposo-. ¿No has estado mandando a los gemelos a interrumpir?. ¿No le sugeriste a Bill que tuviera una conversación con él y que le preguntara cuán seria estaban las cosas entre ellos?
-¿Qué si lo hice? Soy su madre. Tengo todo el derecho a estar preocupada-, gritó ella al colocar sus manos sobre su cintura y prepararse para una pelea. –Amo a esa chica, Arthur. Si ellos apresuran cosas para las que no están preparados, pudieran arruinarlo todo.
-¿Supones que si no funciona, arruinaría todos tus planes?-replicó el Sr. Weasley con calma-. No puedes vivir su vida por él Molly. Sé que tu corazón está empeñado en que Hermione sea parte de la familia. A todos nos gustaría que eso aconteciera algún día, mas esa no es una decisión que nosotros debamos tomar. Tienes que retroceder y dejarlos hacer sus propias decisiones. Incluso si cometen algunos errores en el proceso.
-Sólo quiero que sean felices-contestó ella con un suspiro.
-Sé que es eso lo quieres, amor, mas no los estás ayudando. Hermione es una chica buena y sabe cómo lidiar con Ron. Confía en ella para que lo mantenga controlado y para de interferir. Causarás más daño que bien sino lo haces.
-Pero…
-Tienes que permitirles cometer sus propios errores, Molly. Es la única manera en la que aprenderán. Eso los fortalecerá o no. Sólo el tiempo lo pronosticará.
Para sorpresa de Molly, Ron y Hermione fueron los primeros en deambular por la cocina para cenar.
-Sea lo que sea que estás haciendo, huele bien, mamá-, dijo Ron al venir detrás de ella para ver lo que estaba cocinando-. ¿Cuándo va a estar listo? Estoy muriéndome de hambre-. Como si fuera el momento justo, su estómago gruñó alto, provocando una suave sonrisa de parte de Hermione.
-¿Cuándo no estás tú hambriento?- preguntó ella al agarrar una pila de platos del aparador de la pared y comenzar a poner la mesa.
-Después de haber comido- contestó Ron, extendiendo su mano para coger una rebanada de pan que su madre había dejado en la meseta sólo para que su mano fuera golpeada-. ¿Sólo un pedacito?-
-¿Alguna otra cosa que podamos hacer para ayudar?- preguntó Hermione, volviendo al aparador para sacar la vajilla de plata.
-La verdad-, dijo la Sra. Weasley girándose alrededor para encarar a Ron-. Pudieras llamar a tu hermana y a tu padre.
-¿Debo hacerlo?- pregunto él luciendo bastante molesto.
-Sí, y procura que no te escuche gritando al pie de la escalera tampoco.
-¿Y qué de Bill?- preguntó Ron al caminar hacia la puerta.
-¿Qué con él?- contesto su madre.
-¿Estoy supuesto a llamarlo también?
-A menos que planees en llevarle su cena arriba y se la sirvas en su cuarto-, dijo la Sra. Weasley.
Cuando Ron retornó de su faena, estuvo sorprendido no sólo de encontrar a Fred y a George en la cocina, mas comiendo ya. Sin molestarse en decir nada, se sentó en una silla directamente enfrente de la de Hermione y empezó a llenar su plato con comida.
-Qué agradables son ustedes, esperando por el resto de nosotros- dijo Ginny al entrar en la habitación y sentarse al lado de Hermione.
-¿Qué?- murmuró George, su boca tan llena que le fue imposible decir algo más.
-No hables con la boca llena- le regañó la Sra. Weasley mientras su esposo y su hijo mayor entraban a la habitación y tomaban asiento.
-Lo siento, mamá- replicó George.
-¿Qué has hecho ahora?- preguntó el Sr. Weasley.
-Nada- dijo George rápidamente.
-Una historia muy probable- rió Bill mientras se servía.
-Está bien, no me creas entonces.
-¿Un día difícil, papá?- preguntó Fred, notando la expresión cansada demacrada de su padre.
-Ha sido una total pesadilla- respondió el Sr. Weasley-. Y Fudge ciertamente que no ayudó a aliviar el problema. Parece un tonto ahora; ¿verdad?- continuó él.
-Es su culpa. Tratando de aclarar el...er...incidente sobre Krum en el primer lugar-, añadió Bill.
-Probablemente hubiera funcionado también, si Hermione no lo hubiera asustado fuertemente en que dejara ir a Krum-, rió Fred.
Al contrario de Fred, Hermione no halló el comentario muy divertido. No había absolutamente nada gracioso acerca de la situación. Desearía que lo dejaran tranquilo, pensó ella al mirar a Ron fijamente para juzgar su reacción. Él se congeló por una fracción de segundo, el pedazo de papa que estaba a punto de comer suspendido en el aire. Mas se recobró tan rápido que ella dudó alguien más lo hubiese visto.
Sintiendo que ella lo observaba, Ron levantó sus ojos y se encontró con los de ella mientras terminaba de comer.
-Bueno, él no tenía que contar aquella historia a la prensa en primer lugar. Viendo como era un montón de mentiras,- dijo la Sra. Weasley al asir una rebanada de pan- Arthur, querido; ¿has resuelto aquel problemita con el Departamento de Transporte aún?
-Er...bueno, verás...-, tartamudeó el Sr. Weasley.
-Sé que has estado atareado, querido, pero...
-No, ese no es el problema- le informó a su esposa-. He tratado de hablar con ellos en varias ocasiones la verdad, mas Margaret Edgecomb está siendo testaruda acerca del tema. Es una gran partidaria de Fudge; ¿no lo sabes?
-¡OH!- dijo Hermione cuando, de repente, comprensión brilló a través de su rostro-. Lo siento Sr. Weasley. No me di cuenta que ella trabajaba en ese departamento. Si lo hubiera sabido…bueno, por favor no pierda más su tiempo tratando de hablar con ella.
-¿Conoces a Margaret Edgecombe?- preguntó Bill cogido fuera de guardia.
-No personalmente-, replicó Hermione.
-Aún así, ella no estará propensa a olvidarte pronto-, río Ginny con disimulo.
-Sé que no debería preguntar- dijo Bill-. ¿Pero qué le hiciste?
-Yo no hice nada- indicó Hermione sinceramente.
-No- concordó Ron con una sonrisa de satisfacción-. Esa falsa hija suya no tiene a nadie a quien culpar pero a sí misma.
-¿Edgecombe?- replicó Fred, finalmente entrando en la conversación-. Sabía que ese nombre sonaba familiar.
-La madre de la Chivata- rió George-. Mala suerte, Hermione.
-¿Crees que todavía tiene esos granos?- bromeó Fred.
-Con certeza- contestó Hermione pareciendo ambos avergonzada y satisfecha consigo misma-. Y los tendrá por un largo tiempo también.
-Quizás ustedes dos puedan hacer un trato-, sugirió Fred.
-Sí. Apuesto a que ella pasaría por alto la multa si tú consintieras en quitarle la maldición-, adicionó George.
-Preferiría pagar la multa- indicó Hermione-. Además, no podría quitar la maldición aún si quisiese.
-¿Quieres decir que ella permanecerá así para siempre?- cacareó Fred.
-Un leopardo no muda sus manchas-, respondió Ron con una sonrisa de complicidad.
-No, no hay manera de deshacerse de ellos-, Hermione le informó a los gemelos-. Pero no es algo que alguien pueda hacer por ella. Tiene que hacerlo sola.
-¿Qué quieres decir?- pregunto George ya curioso.
-Bueno, aunque ella tenga que quitarla ella misma- dijo Fred-, aún tienes la contra-maldición para negociar.
-No hay contra-maldición-, le informó Ron a sus hermanos-. Una vez una chivata, por siempre una chivata.
-Pero acabas de decir…-, replicó George.
-Oh, ella puede deshacerse de ellos- indicó Hermione rápidamente-, mas no con una contra-maldición. Esa es la belleza del hechizo. La única manera de librarse de la palabra es parar de ser una…
-…mentirosa, calumniadora, falsa espía-, terminó Ron en su lugar.
-Bueno, iba a decir chivata- indicó Hermione-, pero básicamente Ron tiene la razón. La única forma de librarse de esas manchas es probar que eres de confianza.
-Y eso no va a suceder-, burló Ron.
-No importa- dijo Hermione-. Mis padres lo pagarán cuando regresen de sus vacaciones.
-Esa no es la cuestión- dijo Bill-. No deberías pagar del todo. No teniendo en cuenta las circunstancias.
-No importa- dijo Hermione otra vez-. No le presto atención-, añadió ella, aunque estrictamente hablando, no era la verdad. Bill tenía razón. No era tanto el dinero como el principio del problema lo que le molestaba. No que estaba a punto de admitirlo. No quería balancear el barco más de lo necesario. El Ministro de la Magia ya estaba infeliz con ella. Si continuaba causando problemas, podría dimitir al Sr. Weasley. Por suerte la conversación fue interrumpida por la llegada de Remus Lupin.
Si el Sr. Weasley parecía un poco cansado, Lupin lucía, sin duda, exhausto cuando se sentó a la mesa. Su cara estaba pálida, sus ojos rojos y Hermione notó que habían manchas oscuras debajo de ellos. Nada sorprendente, la verdad, considerando que había habido una luna llena la noche anterior.
La Sra. Weasley inmediatamente se levantó de su silla para darle un plato.
-No, Molly- protestó Lupin antes de que ella consiguiera dar un paso-. Ya comí, pero gracias.
Ignorándolo, la Sra. Weasley sacó un plato, entonces retornó a la mesa y le sirvió la cena.- Deberías comer de nuevo-, dijo ella, colocando la comida enfrente de él-. Te hará bien.
-No, de veras que estoy bien-, protestó él.
No luce bien, pensó Hermione al mirarlo pasar sus dedos por su cabello. Había comenzando a contemplar si Snape todavía le estaba haciendo la Poción de Matalobos, cuando la pregunta de Ron llamó su atención.
-¿Cómo está Harry, profesor?- preguntó Ron, sabiendo que Lupin se había ofrecido a pasar la tarde 'protegiéndolo.'
-Silencioso- contestó Lupin y entonces hubo un momento de silencio-. Pareció estar más feliz después de darle tus cartas-, añadió él, volviendo a sí mismo-. Dijo que enviaría una de regreso con George, mañana.
-Ah, hablando de cartas-, dijo el Sr. Weasley, poniendo sus manos en su túnica y sacando un pequeño paquete de sobres-. Creo que estos te pertenecen-, continuó él, dándole las cartas a Hermione.
Las lechuzas habían comenzado a llegar tan pronto en cuanto ella arribó a Grimmauld Place. Un incordio más con el que lidiar, cortesía del diario El Profeta y sus ridículos artículos. Afortunadamente, Dumbledore había colocado restricciones en las entregas de las lechuzas para no atraer indebida atención a la casa, así que era una cuestión simple para Molly reemitir las cartas enviadas por buenos deseosos al Ministerio. Cada un par de días, el Sr. Weasley las recogería y se las daría personalmente. Porqué él continuaba haciéndolo, ella no tenía idea. Sabía que ella no tenía intención alguna de leerlas. Nunca las leía. Inclusive Fred y George ya habían perdido el interés en ellas.
Por lo menos no hay tantas esta vez, pensó ella al desamarrar el paquete y comenzar a hojear los sobres para estar segura de que no había nada importante entre ellas, como la carta de sus padres mezclada con las enviadas por extraños. Harry me dijo que las ignorara, se recordó a sí misma, y eventualmente pararían de mandármelas. Ya es hora de que paren…
Fue la honda inspiración la que capturó la atención de Ron, causando que mirara lejos de Lupin y hacia Hermione-. ¿Qué es?- preguntó cuando notó que ella estaba mirando una carta en su mano como si fuera un vocifeador.
-N…nada-, replicó ella rápidamente, pero en vez de tirarla sobre la pila de cartas para ser descartada la puso en el fondo de la pila en su mano para que él no viera de quién era.
-Si no es nada, entonces ¿por qué no la tiraste a la pila como las otras?- preguntó Ron, observándola sospechosamente-. Es de él; ¿verdad?
Sin aviso alguno, Fred y George cortaron su conversación con Bill y se viraron en sus sillas, mirando fijamente a Ron para no perderse ninguno de los fuegos artificiales.
Ron sólo le otorgó un segundo para que le respondiera y cuando ella no lo hizo, se inclinó hacia delante y le arrebató el montón de cartas de su mano.
Inmediatamente, Hermione trató de agarrarlas de vuelta, mas Ron se escabulló de la mesa y empezó a revolverlas con prontitud-. Lo sabía-, gruñó él, abandonando todo sobre la mesa excepto la repugnante carta-. ¿Ibas a esconderla de mí, cierto?- preguntó agitando la carta enfrente de su cara, inconsciente del hecho de que la familia entera los estaba mirando.
-¡Honestamente!- declaró ella, entre sintiéndose culpable y furiosa-. No había decidido qué es lo que iba hacer con ella aún.
-Bueno, no dejes que me meta en el camino- siseó Ron al lanzarle la carta y pararse-. Debes estar muriéndote por saber lo que Vicky tiene que decir-, añadió él, virando su espalda y saliendo de la habitación.
-Idiota- gimió Ginny calladamente una fracción de segundo antes de que Hermione asiera la carta de la mesa y lo siguiera fuera de la cocina.
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-¡RON!- gritó Hermione al perseguirlo por las escaleras-. Estás siendo injusto.
-¿Estoy siendo injusto?- gritó él, sin molestarse en virarse y mirarla al seguir hacia su cuarto.- ¿Estoy siendo un maldito injusto?
-No puedo evitar que él me escriba.
-Pararía de escribir si tú cesaras de esperanzarlo- gritó él.
-¿QUÉ?- chilló Hermione, sinceramente enojada ahora-. Será mejor que no estés insinuando lo que creo que estás insinuando-, dijo ella amenazadoramente.
Ron paró abruptamente y se viró a encararla. No había querido que el comentario fuese de esa manera-. Lo que quiero decir es que si paras de contestarle, él parará de escribirte-, clarificó él.
-Te dije que no lo vería- dijo Hermione-. Pero nunca te dije que cesaría de escribirle.
-¿Entonces, le vas a contestar?- preguntó Ron, estrechando sus ojos.
-¿Qué sugieres?- respondió Hermione-. ¿Que la tire a la basura con las demás? Él escribirá otra.
-Y puedes botar esa también, maldita sea-, gruñó él-. Bótalas todas y eventualmente se dará cuenta del mensaje.
-Él ya obtuvo el mensaje- gritó Hermione-. ¿Cuántas veces te lo tengo que decir? Sólo somos amigos.
-No, Hermione. Él no se ha dado cuenta. Todavía piensa que tiene una oportunidad. Y mientras lo siga pensando, seguirá persiguiéndote.
Hermione suspiró fuertemente y sacudió su cabeza, perdida en qué más decir. Él no lo entendía-. Aquí-, dijo ella, empujando la carta aún cerrada hacia él-. Léela.
-No quiero leerla- dijo Ron, retrocediendo de la carta. La última cosa que quería era leer una carta de amor escrita para ella por otro tipo.
-Me importa un bledo-, dijo ella, tomando un paso hacia delante, lanzándole la carta al pecho-. Tómala-, demandó ella-. Y léela-, añadió, cuando sus manos se cerraron sobre la carta-. Quizás te ayudará a entender lo que he estado tratando de decirte-, dijo ella, tornando su espalda a él y descendiendo las escaleras hacia su propio cuarto-. Sé que no confías en él y que probablemente nunca lo harás- continuó ella, al desaparecer de vista-. Mas deberías confiar en mí.
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Habían pasado dos días y todavía no había leído la carta de Krum. No tenía intención de leerla. Nunca. Su mente estaba decidida, sus talones, atrincherados; él no iba a ceder. Si tan sólo no fuera tan condenadamente tentador. Cada vez que entraba a su cuarto, sus ojos se dirigían a ella. No importaba lo que hiciera o cómo tratara de distraerse, parecía atraer su atención. Era casi como si la maldita cosa tuviera una voz propia y si él la ignoraba por mucho tiempo, comenzaría a hablarle en su cabeza. Léeme y me puedes botar. Léeme y ella volverá a hablar contigo. Léeme y sabrás exactamente lo que ese gruñón imbécil quiere con ella. Léeme. Léeme. ¡LÉEME!
Pero no lo haría. No iba a ser ordenado por una maldita carta. Mucho menos por una carta de Krum. Al diablo con él, su carta y todos los problemas que ha causado. Fue su culpa que ellos atraparan a Hermione en primer lugar. ¿Así que qué si estaba bajo la Maldición Imperious? Si le importara ella, hubiera sido capaz de romperlo. Harry lo puede romper. Inclusive Hermione pudo escapar de ello. Si le importara, lo hubiera combatido, razonó Ron. Pero no lo hizo.
-Para de ser un terco culo y léela- dijo Ginny, asustándolo.
Ron miró justo a tiempo para ver a su hermana levantarse de la cama de Harry y sacar la carta del escritorio. Había estado tan distraído que se olvidó de que ella estaba sentada ahí. Maldita, estúpida carta, maldijo él silenciosamente-. No necesito leerla para saber lo que dice- protestó él, encogiéndose lejos cuando ella la acercó hacia él.
-¿Así que entonces estás disfrutando el tratamiento silencioso?
-Hablamos- discutió él.
-Oh, sí, he notado cuán cortés ustedes dos son cuando están forzados a hablar el uno con el otro- replicó Ginny, arrojando la carta al lado de él sobre la cama-. Cómo puedes tornar algo tan sencillo como preguntar por un harapo para el polvo en un insulto está más allá de mí. ¿No te está volviendo loco esa cortesía forzada?
-¿Prefieres que nos gritemos?
-Por lo menos lo expulsarían y comenzarían a actuar normal una vez más.
-Esto es normal- protestó Ron-. Dos días sin hablar es nada. Hemos estado así por mucho más tiempo.
-Sólo porque tú eres un cabezón e imbécil- replicó ella al mover sus ojos-. No dejes que tu orgullo se meta en el camino y lee la maldita carta.
-No.
-Está bien- dijo ella, cogiéndola de la cama-. Si tú no la leerás, te la leeré yo.
-Si abres esa carta, Ginny- gruñó Ron en advertencia-, te juro que…
-¿Que harás qué?- su hermana lo cortó con una directa-. ¿Maldecirme? No lo creo- rió ella. Por lo menos no hasta que regrese al colegio.
-Dame eso- demandó Ron. Se inclinó hacia delante para arrebatársela, pero ella era mucho más rápida que él. Ella le empujó su mano antes de que la alcanzara y cuando se puso de pie ya tenía la cama de Harry entre ellos.
-¡NO!- rugió Ron cuando ella movió a abrirla-. ¡LO DIGO EN SERIO, GINNY!- gritó él fuertemente-. No quiero oírlo. Esto ya no es acerca de él.
Fue el inesperado cambio de actitud lo que le produjo vacilar. Había anticipado el furioso arrebato. Lo que no había anticipado era verlo desalentado y abatido -. ¿De qué estás hablando?- preguntó Ginny, sin preocuparse en ocultar su confusión-. ¿Si no es acerca de Krum, de quién se trata?
-Hermione-, replicó Ron miserablemente al volver a la cama-. ¿No lo ves Ginny? Ella tenía la razón. No importa si confío en él o no siempre y cuando confíe en ella.
-¿Y no confías?- preguntó Ginny incrédulamente-. ¿No puede ser posible que estés hablando en serio?- lloró ella, sacudiendo su cabeza con incredulidad.
-No lo entiendes- murmuró Ron inconsolablemente.
-No, creo que no-, dijo su hermana, mirándolo furiosa-. Porque la Hermione que conozco NUNCA haría algo así, tú... imbécil insufrible-, añadió ella, lanzando la carta aún cerrada sobre el escritorio al salir furiosa de su cuarto.
-Sé que ella no lo haría-, murmuró él mientras la puerta se cerraba de un tirón. Ese es el problema.
Tormenta en el paraíso……….. qué pasara con estos dos tortolitos. Sintonicen nuestra estación en los próximos días para descubrir si se reconcilian o no…. a ver si el amor reina…
Je, je, je… como novela de radio. Sólo estoy jugando.
¡¡¡Gracias por todos sus comentarios!!!
Me hicieron tan feliz que actualicé prontito. Espero que les haya gustado y por supuesto, leerlos pronto. ¡¡¡Cuídense mucho!!!
