Advertencia de la autora: Este capítulo contiene una tremenda cantidad de información respecto al secreto de Hermione y es extremadamente importante para la trama de la historia. No es algo que les aconsejaría leer por arribita y rápido. De hecho, les sugiero que lean las partes de R/H por lo menos dos veces. Su plan es bastante complejo y consta de varios componentes diferentes. Mas siendo honestos; ¿esperarían menos de tan brillante muchacha como Hermione?
Sean notificados que este capítulo termina con un 'cliffhanger.' Generalmente no me gusta hacer eso, mas tenía que hacerlo. Aquellos que como yo no soportan esperar por una conclusión, no querrán leer este episodio hasta que se publique el capítulo 29. Por supuesto, si hacen eso, todos los demás sabrán el secreto excepto tú.
Nota de la traductora: 'Cliffhanger' más o menos significa que la conclusión de este capítulo continúa en el siguiente. No hay traducción específica al castellano, así que decidí dejarlo en inglés. En cuanto a la advertencia, no puedo reiterarla más. Les aseguro que tiene la razón. Trataré de publicar el siguiente capítulo lo más rápido posible, pero como tengo exámenes quizás me demore una semana. Claro está, me pueden convencer de lo contrario…
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Capítulo 28
La Poción de…
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Harry Potter no sabía qué día o qué hora era. No que ya le importara tanto. Se había pasado la semana anterior enclaustrado en su dormitorio con las cortinas cerradas, tratando de esconderse del mundo. Desafortunadamente, el mundo parecía reacio a perderlo de vista. Tan sólo había conseguido librarse de los Dursleys por dos días, cuando su tío vino pisoteando las escaleras y diezmando su soledad con sus gritos acerca de 'lechuzas' y 'hombres maniáticos con sombreros puntiagudos.' Harry supo de inmediato que el hombre loco al que Vernon Dursley se refería era Alastor Moody. Él no había olvidado la manera en que Ojoloco amenazó a su tío en la estación del tren al principio de las vacaciones. Por lo visto, Vernon tampoco.
Después de irrumpir en el cuarto de Harry, su tío enseguida sacó una libreta amarilla de rayas y demandó que Harry le escribiera a 'su gente' antes de que más 'malandrines' o 'canallas' se aparecieran en su umbral. Fue entonces que Harry se dio cuenta de por qué su tío Vernon había invadido su santuario. Había pasado más de tres días sin contactar a nadie de la Orden y ellos habían enviado a alguien para ver si estaba bien. Quienquiera que fuera, probablemente había amenazado en volver si no escuchaban de él en la mañana.
Por un segundo o dos Harry estuvo tentado a no hacer nada, sólo para ver lo que sucedería. Si sus amigos creían que estaba siendo abusado, si pensaran que los Dursleys lo habían aprisionado nuevamente, intentarían rescatarlo. Quizás hasta se podría largar. Mas, entonces se dio cuenta que no había otro lugar a donde ir. Él no podía aparecerse en La Madriguera. Ron y su familia ya no se encontraban allí. Todos sus amigos estaban viviendo en la casa de Sirius y ese era el último lugar al que quería ir. Preferiría quedarse con los Dursleys que ser encarcelado en el hogar de su padrino. Sería muy doloroso. Vería a Sirius por todos lados. Mas, Sirius no estaría ahí. Sirius no estaría en ningún lugar. Sirius se había ido. Y en lo que le respectaba a Harry, todo era su culpa.
Eso resolvió el asunto rápidamente. Sin decir una palabra, Harry agarró la libreta y el lapicero de la mano de su tío. Estoy bien, garabateó, entonces arrancó el papel fuera de la libreta, lo dobló y se lo dio a Hedwig.
-No me importa a quién se la des- le instruyó él a su lechuza, abriendo la ventana y aguantando las cortinas para que ella pudiera volar-. Dáselo a Ron o quienquiera que encuentres. La verdad es que me da tres pitos.
Habiendo enviado su mensaje, Harry retornó a su cama y continuó mirando al techo. Casi nada había cambiando en los días que siguieron. Hedwig había regresado, cargada con un paquete y dos tarjetas de cumpleaños; una de Ron y otra de Hermione, ninguna de las cuales se molestó en abrir. Éstas descansaban juntas sobre su escritorio, al lado del presente todavía por abrir. Ya los vería más tarde o temprano. No era como si se fueran a alguna parte. Esperaría hasta que estuviera hambriento para chequear lo que estaba en la caja. Conociendo a Ron, probablemente era algo de chocolate.
Mas no tenía apetito. De hecho, no había estado hambriento en días. Comía lo que su tía le empujaba por la gatera en la parte inferior de la puerta de su dormitorio, pero no le hallaba sabor. Podía ser comparado con un pedazo de cartón para el sabor que tenía.
-¡MUCHACHO!-
El sonido de su tío Vernon gritándole desde las escaleras brindó a Harry a la realidad.
¿Qué ahora? pensó Harry, mirando fija y fastidiosamente la puerta al levantarse de la cama. Él no había hecho nada. ¿Por qué no lo dejaban en paz?
-¡BAJA AHORA MISMO!
-¿Qué quieres?- preguntó Harry al descender las escaleras a regañadientes-. No he hecho nada. No he salido de mi cuarto. No te estoy molestando. De hecho, estoy haciendo exactamente lo que quieres. Estoy pretendiendo que no existo.
El Sr. Dursley esperó hasta que Harry llegara al pie de las escaleras antes de hablar.
-Vete- dijo él, empujando al adolescente boquiabierto fuera de la puerta.
-¿Qué?
-Será mejor que primero te pongas unos zapatos - dijo la Sra. Figg, mirando las medias desajustadas de Harry-. Y peina tu pelo mientras tanto- añadió ella, empujándolo dentro de la casa.
-¿Alguien me puede decir lo que está pasando?- gritó Harry, mirando boquiabierto a la Sra. Figg con asombro.
-Estoy harto de que estés holgazaneando en mi casa- le informó su tío-. Es hora de que salgas y te ganes tu estancia.
-¿Qué?
-La Sra. Figg tiene algunas faenas que necesita acabar en su casa y ha sido lo suficientemente generosa de pagarte por hacerlas- continuó él, moviendo dos bolsas de veinte libras bajo la nariz de Harry-. Claro que no recibirás ni un solo centavo- añadió él, metiéndose el dinero en su bolsillo-. Esto es lo menos que nos debes. Ahora, ve y ponte tus zapatos y sale de mi vista.
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-Ron- Hermione gimió suavemente al tratar de empujarlo de encima suyo y fracasar-. Por favor- suplicó ella, inclinando su cabeza justo lo necesario para impedir los besos apasionados que él había estado concediéndole. Desafortunadamente, Ron malinterpretó su significado y en vez de detenerse simplemente movió sus labios hacia el cuello expuesto, pensando que era eso lo que ella quería.
Habían estado besándose apasionada y profundamente desde que su familia había dejado Grimmauld Place. Al reflexionar, Hermione se dio cuenta que el venir al cuarto de Ron y acostarse en su cama, probablemente no había sido la mejor manera de comenzar una conversación. Mas tenían todo el día para sí mismos. No había razón para arruinarlo enseguida. Todo estaría bien siempre y cuando conversara con él antes que todos regresaran.
Por supuesto, una hora de serio besuqueo por poco disipa completamente de su cabeza la idea de contarle acerca de su investigación. Ella sintió una gran tentación de dejar el tema por completo cuando no llegara a recordar nada acerca del asunto. Ron era muy bueno en distraerla. Era difícil pensar cuando su boca y sus manos hacían lo que estaban haciendo. Ella no quería pensar. Todo lo que deseaba era sentir.
Nada más lo enfureceré y ha estado bastante enfadado recientemente, pensó, buscando una justificación para no decirle. Tengo el resto del verano para hablarle acerca de la investigación.
Pero nunca tendrás una oportunidad como ésta, dijo la parte fastidiosa y racional de su mente. Es poco probable que estés a solas con él otra vez. Inclusive cuando estén de regreso en la escuela, siempre habrá alguien en el medio y esto, DEFINITIVAMENTE, es algo que no puedes arriesgar que alguien oiga por casualidad.
Está bien. Le diré, se informó a sí misma. Lo haré en…diez minutos. Otros diez minutos no dolerán, decidió al sentir la mano de Ron recorrer por su seno y deslizarse sobre su estómago. Fue una caricia tan delicada, y aun así causó que un fuego fluyera por sus venas. Fuego y hielo. Adentro se estaba quemando, mas afuera, su roce le ponía la piel de gallina.
-Me vuelves loco- murmuró Ron, al colocar sus manos al lado de ella, levantarse y escabullirse sobre su cuerpo, siguiendo el camino que su mano había recorrido con una serie de delicados besos.
Hermione gimió de placer cuando esos dedos se sumergieron debajo de su falda y rozaron su muslo interior. Él sí que sabe cómo echarle leña al fuego. Apenas la estaba tocando y prácticamente se encontraba sin aliento. La parte racional de su mente estaba perdida. La pasión dolorosa y abrasadora la había retorcido y empujado a un lado. Desafortunadamente, el instante en que los dedos de Ron se deslizaron por debajo de la pretina de su braga, el lado racional se despertó nuevamente y luchó en contra de la pasión.
-Para- jadeó ella, casi en contra de su voluntad. Su lado racional sabía lo que tenía que hacer. También sabía que una vez que él comenzara estaría totalmente perdida. No compartiría sus secretos. Tan solo sus besos, caricias y sentimientos. Una vez que él acabara, ella le correspondería y esto continuaría hasta que ellos se durmieran abrazados el uno al otro, de la misma manera que la noche anterior-. No…podemos- dijo Hermione, más severamente que lo que hubiera querido.
Mas deliberado o no, su tono de voz capturó la atención de Ron. Instantáneamente, el peso de su cuerpo se movió al levantarse y cambiar de posición para verla a los ojos.
El momento en que sus ojos de azul celeste se fijaron en los suyos, vio las ráfagas de emociones. El deseo; la decepción; su propia frustración. Pero más allá de todo eso, había confusión. Él no entendía por qué lo había detenido. O peor, pensó que la había irritado, mas no sabía por qué.
-Lo siento- murmuró Ron, al cerrar sus ojos e intentar controlar sus embravecidas hormonas. Todavía no estaba seguro de lo que estaba pasando. Justo minutos antes ella le había suplicado. ¿Cierto? Sí. Había gemido su nombre con placer, seguido por la palabra 'por favor.' Aparentemente, en el medio de su súplica y la capitulación de él, había cambiado de parecer. Era extremadamente exasperante, mas no había mucho que él pudiera hacer ahora. Tan sólo tendría que controlarse e ir más despacio.
-No hiciste nada malo- le aseguró Hermione al sentarse y enderezar su blusa hasta que cubriera su estómago.
-No debí haberte…presionado. Lo siento.
-No me presionaste- insistió ella-. Eso no es por lo que te detuve. Yo…bueno…es que necesito hablar contigo de algo, eso es todo.
-¿Quieres hablar?- preguntó él, mirándola con incredulidad-. ¿Ahora, no puede esperar?
Era obvio que si ella prefería hablar a lo que él estaba haciendo, no era muy bueno en ello que digamos. Claro, él no había tenido mucha práctica. Anoche había sido la primera oportunidad que tuvo de tocarla ahí. Mas ella pareció disfrutarlo. A menos que lo haya fingido. Las mujeres SI fingen eso. ¡OH DIOS! Quizás fue tan malo que lo fingió para que me detuviera.
-No. Me temo que no puedo- contestó Hermione. Si espero más, jamás te lo diré.
-Pero…Mione- se quejó él-. Esta es la primera vez que hemos estamos solos…REALMENTE solos…en todo el verano. Es probable que sea la única oportunidad que tengamos…
-Lo sé- dijo ella de prisa, interrumpiéndolo. Esta es la única oportunidad que tendré para decírtelo sin que nadie nos escuche.
-No estaba tratando de presionarte. Te lo juro- dijo él, sonando un poco aterrado. Eso es. Tiene que serlo. Fue tan malo que ella no quiere hacerlo otra vez. Sólo que es muy educada para decirme que soy un torpe idiota. O…DEMONIOS. Quizás me dirá cómo hacerlo mejor.
-No se trata de eso- replicó ella, mas evitó mirarlo a los ojos al decirlo-. Por favor. Esto es importante.
Esta noooooo es la conversación que quiero tener, pensó Ron, su rostro calentándose por la mera idea. Mas su vergüenza se convirtió en ansiedad el momento en que notó la expresión sombría en la cara de ella. Si no la conociera mejor, juraría que estaba a punto de llorar. Esto es malo. Bien, bien malo.
-Mira, si he hecho algo para…Tú no vas a…- farfulló él, incapaz de finalizar las oraciones por temor a escuchar las palabras en alto-. Sé que he sido un furioso imbécil últimamente, pero por favor no…
-¡Espera!- gritó Hermione, tocándolo el instante en que se dio cuenta del por qué estaba tan afligido-. Oh, Ron. Sólo porque quiera hablar contigo no quiere decir que voy a terminar contigo.
-¿No?- dijo él, suspirando de alivio.
-Por supuesto que no. ¿Por qué haría algo así?
-Porque soy un estúpido odioso y cuando no estoy gritando acerca de algo, estoy tocándote y besuqueándote como un pervertido lunático.
-A mí no me molesta- replicó Hermione, ofreciéndole una sonrisa genuina-. Si me molestara, de seguro que no hubiera venido y escabullido en tu cuarto anoche.
-Sólo viniste porque yo estaba enfadado con Ginny y rehusé bajar a tu cuarto. Todo lo que querías era un poco de consuelo y yo…
-Vine porque quería estar contigo, Ron- le aseguró ella-. No porque tuve una pesadilla. Y tú no fuiste el único con sus manos por todos lados- añadió ella, su cara sonrojándose al pensar en las libertades que se había tomado. Sin Ginny en la habitación para mantenerlos en raya, había habido una gran cantidad de besos y caricias antes de que ambos se durmieran.
-¿Entonces, no estás enfurecida conmigo por…tocarte?
-No- dijo ella, su rostro se sonrojó al acordarse de los lugares que sus dedos habían estado y de los sonidos lascivos que salían de su garganta debido a ellos.
-¿Mas, no quieres que te haga eso otra vez? Me detuviste.
-Esa no es la razón por la que te detuve. Sólo…necesito hablar contigo y si continuamos, me olvidaré de lo que tengo que decir.
-Vale- dijo Ron, mirándola nerviosamente como si tratara de prepararse mentalmente para lo fuera que estaba a punto de escuchar. Fuera lo que fuera lo que ella iba a decir, estaba destinado a no ser nada bueno. Ella acababa de interrumpir una perfecta sección de besuqueos, después de todo.
-Entonces- dijo él, respirando profundamente-. ¿Qué es lo que necesitas decir?
-Yo…ah…- tartamudeó Hermione, entonces se detuvo y respiró profundo para calmarse-. Creo que he descubierto una manera de bloquear la Maldición Avada Kedavra.
-¿QUÉ?- preguntó Ron, sus ojos ensanchándose al mirarla boquiabierto e incrédulo. Él había estado pensando en una posible lista de problemas en su cabeza, pero esa posibilidad en particular jamás entró por su mente-. Eso…eso no es posible.
-Sí, lo es- murmuró ella, apartando sus ojos para que él no los viera aguarse.
-Espera un minuto- insistió Ron, mientras las piezas del rompecabezas comenzaron a unirse en su mente-. Eso es lo que has estado investigando; ¿verdad?
-Sí- respondió Hermione rápidamente-. Creo…que he creado una contramaldición.
Por un minuto, todo lo que él pudo hacer fue sacudir su cabeza, incapaz de entender verdaderamente lo que acababa de escuchar.
-¿Una contra-maldición?- preguntó, repitiendo las palabras de ella en su mente-. Espera…¿acabas de decir que lo creaste?. ¿Tú lo descubriste sola? Hermione, no pudiste hacer eso.
-Cada hechizo que nos han enseñado ha sido creado por alguien- respondió ella, más que insultada por su falta de fe en sus habilidades-. Ellos no aparecen de la nada; ¿sabías? Todo lo que requiere el crear un hechizo es un poco de imaginación y una extensa investigación.
-Eso no fue lo que quise decir- contestó Ron-. Hay reglas y restricciones que tienes que seguir. Tienen una sección completa dedicada a este tipo de cosas en el Departamento que atiende el Uso inapropiado de la Magia. Está localizado en el mismo piso que la oficina de mi papá. Tienes que presentar planes, propuestas y seguir sus indicaciones. Y después de haber hecho eso, tienes una cita con el comité y ellos comienzan una serie de pruebas descabelladas. Si no saltas por los aros del Ministerio, podrías estar en serios problemas.
-No estoy preocupada por eso- admitió Hermione.
-Te arrastrarán para interrogarte. Te podrían arrestar- dijo Ron, casi como si tratara de asustarla-. Y si no lo hacen- continuó él-, probablemente te expulsan.
Ellos no me pueden arrestar O expulsar si estoy muerta, pensó Hermione con tristeza.
-No que importa en este caso en particular- persistió Ron cuando ella permaneció callada-. No puedes bloquear la Maldición Avada Kedavra. No es posible.
-La Maldición Avada Kedavra es generada a través del odio- dijo Hermione mientras las lágrimas que había tratado de esconder rebosaron y comenzaron a deslizarse por sus mejillas-. Tan sólo necesitas algo más fuerte que el odio con qué protegerte. El amor es más fuerte que el odio. Es la fuerza más intensa que hay. Puede resistir el tiempo y la distancia. Puede superar los sentimientos dolorosos y las traiciones. Algunas veces es lo suficientemente fuerte para combatir la muerte. El amor que la madre de Harry sintió por su hijo todavía está con él, aún hoy. La contra-maldición es impelida por el amor.
-Aún así- objetó Ron, su corazón palpitando frenéticamente como si fuera a saltar de su pecho y alojarse en su garganta-. No hay manera de saber si funcionará. Sólo es una teoría; ¿verdad? Todavía tendrás que presentársela al comité.
-Funcionará- insistió Hermione.
-No puedes estar segura. Tendrás que…
-Ya ha funcionado, Ron.
-¿Qué?. ¿Maldita sea, no lo probaste o sí?
-Por supuesto que no.
-Entonces, cómo…- preguntó Ron, inclusive cuando las piezas se unieron en su mente-. Espera…- murmuró él, el color de su rostro palideciendo-. La única persona que ha sobrevivido la maldición es Harry.
-Cierto- dijo Hermione, al ver la comprensión en los ojos de Ron-. Él fue salvado por el amor de su madre.
Respira, se recordó Ron a sí mismo al mirarla con horror-. Ella murió, Hermione.
-Lo sé- murmuró Hermione, las lágrimas deslizándose por sus mejillas-. Es un acto de desesperación. El último recurso. La contra-maldición es exactamente lo contrario de la maldición que asesina. En vez de matar por odio, te sacrificas por amor.
-¿Sacrificar qué?- preguntó Ron, aunque estaba bastante seguro de que ya sabía la respuesta. Y no le gustaba. Ni un poquito.
-A ti mismo- contestó ella solemnemente-. Entregas tu vida para proteger la vida de alguien que amas.
-¡NO!- gritó Ron, pero era el miedo hablando en vez de la furia-. Tiene que haber otra forma.
-No hay otra forma.
Por un segundo o dos, todo lo que Ron pudo hacer fue sentarse y mirar boquiabierto a Hermione, con asombro, mientras todo lo que ella había dicho se sumergía en su cerebro. Pudo haber sido más que unos pocos segundos, pero durante ese tiempo varios pensamientos corrían por su mente. ¿Cómo estoy supuesto a reaccionar?. ¿Qué estoy supuesto a decir? De ninguna puñetera manera le permitiré hacer esto. Mas no es tan diferente de lo que yo estaba planeando hacer; ¿cierto? Y pudiera ser útil, por si acaso. Mas tendré que asegurarme que ella no tenga la oportunidad de usarlo. Eso significa que tendré que vigilarla la próxima vez que nos metamos en problemas. Un encantamiento silencioso le impediría decir la contra-maldición. ¿Cuál es la contra-maldición? Necesito saberlo.
-Está bien- suspiró él, sonando completamente frustrado-. ¿Cuál es la contra-maldición?
Hermione abrió su boca para responder, mas antes de pronunciar una sola palabra, pareció cambiar de parecer y la cerró otra vez.
-No te lo voy a decir- murmuró ella, mirando a Ron tristemente y sacudiendo su cabeza-. Lo siento.
-Hermione- siseó Ron, al extender su mano y agarrarla por ambos brazos. Su cuerpo entero temblaba. Ella lo sintió el instante en que sus dedos la tocaron. No estaba completamente segura si era por rabia suprimida o miedo, no que importara. Sabía lo que pasaría si le decía la contra-maldición.
-No te lo voy a decir, Ron- dijo ella suavemente, sabiendo que las palabras que estaban a punto de salir de sus labios pondría sus nervios y furia de punta, mas él necesitaba escucharlas de todas formas-. Tengo que ser yo.
-¡NO!- gritó él, alejándose de ella al decirlo.
El dolor que vio en sus ojos casi le parte el corazón, pero tenía que continuar. Él tenía que entender por qué.
-Harry te necesita- sollozó ella, incapaz de mantener su propia angustia dentro por más tiempo-. Él te necesita más que a mí. Se deprimiría sin ti.
-¡BASURA!- bramó Ron-. ¡NO PERMITIRÉ QUE LO HAGAS!
-Yo no quiero hacerlo. No quiero morir- gimió Hermione y entonces se le tiró encima-. No te quiero perder- dijo ella, abrazándolo fuertemente-. OH Dios…-. Incapaz de finalizar, Hermione colapsó completamente y lloró en los brazos de Ron. Entonces, sin avisar, se alejó de él y salió corriendo de la habitación.
Ron estaba tan aturdido que todo lo que pudo hacer fue sentarse ahí, en el borde de su cama, tratando de comprender lo que acababa de pasar. No, pensó él. Fue la única palabra que su cerebro era capaz de formar. No, pensó nuevamente, limpiando sus propias lágrimas antes que se derramaran-. –No- dijo él silenciosamente, no dispuesto a aceptar lo que había escuchado-. ¡NO!- gritó, al saltar de su cama y perseguir a Hermione.
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A pesar de que estaba en una fiesta, Ginny no la estaba disfrutando. Debería estar encantada. Había hecho lo imposible. Había hecho que su madre cediera. Cualquiera que conociera a Molly Weasley lo bastante bien, concordaría con que eso era gran hazaña. Ginny le había ganado a su madre. Estaba aquí, en la fiesta de Harry. Aquí estaba, menos su hermano y su novia. Y era ahí donde yacía el problema.
Ginny había pasado los últimos 40 minutos mirando al mejor amigo de su hermano tornarse cada vez más abatido. Oh, él había puesto un gran espectáculo por un tiempo. Había estado sinceramente sorprendido cuando llegó y estuvo verdaderamente halagado por el esfuerzo que pusieron en su fiesta. Nadie le había hecho una fiesta a Harry Potter, nunca antes. El hecho de que sus amigos pasaran por tantos problemas para hacerla lo había emocionado grandemente. El problema era que los amigos a los que más deseaba ver no estaban ahí. No porque no quisieran, pero porque no podían.
Nadie se le había acercado y dicho a Harry el por qué Ron y Hermione estaban ausentes, mas él era un chico inteligente. No se requería ser alguien tan brillante como Hermione para unir las piezas del rompecabezas. Fred ya le había dicho que la Sra. Weasley los tenía arrestados en Grimmauld Place. Ellos estaban atascados en esa vieja y mugrienta casa. Habían estado encerrados todo el verano, debido a él. Porque él los había tornado tiros al blanco.
Él trató de no mostrar su desilusión. Trató de esconder el desánimo que sentía. Sonrió cuando la madre de Ginny lo abrazó. Inclusive se rió con unas bromas de los gemelos. Pero Ginny no era boba. Había pasado la mejor parte de sus cuatros años estudiando al joven con el despeinado cabello negro y las gafas. Ella lo podía leer como un libro. Sabía que no estaba feliz. Sabía que se estaba culpando a sí mismo por algo que estaba más allá de su control. Sabía que se sentía culpable. Ginny sabía el camino que él andaba pisando, porque ella lo había caminado también. Nada de lo sucedido era culpa de Harry. Ginny estaba consciente de eso. El problema era que Harry no.
Oh bien, pensó Ginny al mirar a Harry, que estaba sentado solo, mirando fuera de la ventana y mutilando un perfecto pedazo de su pastel de cumpleaños. Tendrás que meterte en su cara y rehusar marcharte, sin importar lo que él te diga. No es nada personal. Es sólo lo que Harry hace cuando está enfadado. Tienes que darle a entender que no te vas a ir. Es una prueba. Él quiere que te vayas, pero al mismo tiempo quiere que te quedes, porque si te quedas, significa que te preocupas por él. Necesita saber que estarás a su lado no importa lo que suceda. Pero simultáneamente, tendrás que mostrarle que no aguantarás ninguna de sus tonterías. No le permitas enfurruñarse. Cuando comience actuar como un idiota, díselo. Él te respetará más por ello. Además, una vez que vea que no se puede deshacer de ti, parara de intentar botarte.
-Sabes, puedo pensar en mejores maneras de aplastar ese pastel que con un tenedor- dijo Ginny, al asir una silla y sentarse al lado de Harry-. El trasero de Fred es el primero en la lista.
-¿Qué?- preguntó Harry, alejando sus ojos de la ventana y fijándolos en la inesperada compañía.
-Ese destrozado trozo que solía ser un pastel- clarificó ella-. Si no te lo vas a comer, discretamente puedes ponerlo en la silla de Fred. Quizás si tiene una gran mancha en la parte de atrás de esos odiosos pantalones de piel de dragón, los bota. Él piensa que luce bien en ellos. En mi opinión, esos pantalones lo asimilan a una rana gigante.
-No pensé que fueran así de malos.
-¿No tan malos?- preguntó Ginny-. Sus piernas están cubiertas con escamas verdes. Por lo menos George tuvo suficiente juicio para coger unas rojas.
-Supongo- murmuró Harry, usando el mismo tono que Ron utilizaba siempre que no la estaba escuchando.
Está bien, pensó Ginny al mirar a Harry mover su silla para continuar mirando fuera de la ventana. El bromear no funcionó. Quizás con un sarcasmo anticuado ganaré su atención.
-Entonces, así es como va a ser¿sí?- preguntó Ginny, forzándose a sí misma a sonar molesta-. Tan sólo te vas a sentar aquí solo y meditar melancólicamente.
-Sí, eso creo- contestó Harry-. Es mi cumpleaños. Puedo pasarlo como quiera.
-Yo no pasé los últimos tres días peleando con mi mamá para asistir a la Fiesta de Lástima de Harry Potter- respondió ella-. Así que espabílate. Tienes 16 años. ¿No crees que sea tiempo de que crezcas un poco?
-¿Cómo dices?- gritó Harry, soltando el aplastado pastel al virarse y mirar boquiabierto y con asombro a Ginny-. Tú no sabes lo que…
-¿No?- siseó Ginny, interrumpiendo a Harry-. En vez de sentarte ahí, teniéndote lástima a ti mismo, quizás deberías pensar acerca de los sentimientos de los demás para variar. Tú no eres el único que lo amaba, Harry. Y no eres el único que lo perdiste.
-No sabes de lo que estás hablando- gritó Harry. Cómo se atreve a hablar de Sirius. Apenas lo conocía. Ella no sabía lo que él había perdido-. ¡No pregunté por tu opinión, así que por qué no TE CALLAS, MALDITA SEA!
-¿Ni siquiera has considerado lo duro que esto es para el profesor Lupin?- preguntó Ginny, completamente inmutada por el arranque de Harry o de las personas que ella sabía, la estarían mirando ahora-. Sirius fue su mejor amigo. El único verdadero amigo que tenía. Él ha perdido todo y a todos que fueron importantes en su vida-, continuó ella-. Tú todavía tienes a tus amigos. Todavía tienes una familia. Él no tiene a nadie. A nadie excepto a ti. Y cada vez que intenta acercarte a ti, lo empujas y alejas. Yo he visto el dolor en sus ojos cuando viene a la casa después de visitarte. Todos lo hemos visto. Pero él sigue tratando porque te ama y tú eres todo lo que tiene. Él no se va a rendir. Ninguno de nosotros va a darse por vencido. Y sentándote aquí, sintiendo lástima de ti mismo, no te va a ser bien ni a ti ni a nadie más. Pero, quizás si salieras y de verdad hablaras con él, podrían ayudar a cicatrizar las heridas del uno y del otro.
Toda la furia que Harry había estado sintiendo, instantáneamente se enterró debajo de la avalancha de culpabilidad que lo sacudió. Alejando sus ojos de los de Ginny, se aventuró a mirar rápidamente hacia Remus Lupin, quien estaba charlando con el Sr. Weasley.
-Yo…no puedo- murmuró él, bajando su vista hacia el suelo-. No sé ni cómo él puede soportar el mirarme después de lo que he hecho. ¿Qué estoy supuesto a decirle?- preguntó Harry-. Lo siento no es suficiente.
-Lo que sucedió no fue tu culpa- respondió Ginny con compasión-. Ni tampoco fue culpa de Hermione. Ella se culpó a sí misma por algún tiempo, sabes.
-¿Qué?- preguntó Harry, sacudiendo su cabeza del asombro-. ¿Por qué? Ni siquiera estaba consciente.
-Porque pensó que sería una trampa y no te detuvo- explicó Ginny-. Ella me dijo que el profesor Lupin la escuchó por casualidad hablando con Ron acerca de eso. ¿Quieres saber lo que él le dijo?- preguntó Ginny, mas no esperó por su respuesta-. Le dijo que Sirius estaba consciente de los riesgos y que esos riesgos fueron los que lo excitaron. Le dijo que él había estado fugándose por mucho tiempo y no podía resistir la idea de tener otra aventura. Él dijo que Sirius murió de la manera que hubiera querido y que el único culpable por lo sucedido fue Voldemort. El profesor Lupin no culpa a Hermione y tampoco te culpa a ti, Harry. Porque no fue tu culpa.
-Si yo le HUBIERA hecho caso a Hermione. Si me hubiera quedado en Hogwarts o asegurarme mejor, él todavía estaría vivo.
-Si yo no hubiera abierto ese maldito diario; si no le hubiera revelado los secretos de mi alma a Tom, la Cámara de los Secretos nunca se hubiera reabierto. ¿Crees que eso fue mi culpa?- preguntó Ginny-. ¿Me culpas por lo que pasó a Hermione y a los demás?
-Por supuesto que no- contestó Harry honestamente-. Eso no fue culpa tuya. Tú no lo podías evitar. Voldemort te estaba controlando.
-Él me engañó- respondió Ginny-. Y yo se lo permití. Sabía que no podía confiar en un objeto que pensara por sí solo. Papá nos advirtió en varias ocasiones. Pero no le hice caso. No a él. Ni siquiera a mí misma. Continué escribiendo en esa maldita cosa, incluso después de darme cuenta de que era malo. Le hubiera dicho a alguien lo que estaba sucediendo, pero no lo hice.
-Pero no sabías la verdad. No sabías lo que estabas haciendo. Yo sí. Yo sabía y fui de todas formas.
-Él te engañó, Harry. Lo hubiera hecho de una manera diferente, pero te manipuló como me manipuló a mí. No fue tu culpa. No había forma alguna de que supieras que esa visión que tuviste era falsa y no real.
-Hermione lo sabía- farfulló Harry.
-No, ella no lo sabía. No con certeza- le aseguró Ginny-. Ella sospechaba que podía ser una trampa, porque eso era el tipo de cosa que Voldemort haría, mas no sabía por seguro. Le dijo a Ron que había considerado maldecirte por un minuto, pero estaba muy temerosa de que tú tuvieras la razón y no quería que algo le pasara a Sirius. Ella también quería salvarlo. La visión que tuviste acerca de papá fue real. No había manera de saber si la que tuviste de Sirius era falsa. No fue tu culpa. Y no creo que te dejaré distraerme. Ahora, termina de estancarte y ve allá y habla con el Profesor Lupin. Les hará bien a ambos.
Harry miró intensamente a Ginny por un momento y entonces movió su vista hacia el demacrado señor cuyo cabello salpicado resaltaba como un adolorido pulgar entre el mar de pelirrojos que lo rodeaban.
-¿Qué le digo?- preguntó Harry, levantándose de su silla con un suspiro.
-Hola es un buen comienzo- contestó Ginny-. Gracias por el regalo funcionaría también.
-No abrí su regalo.
-Entonces ábrelo y, después de eso, ve a hablarle.
-Está bien- replicó Harry, arrastrando sus pies al caminar-. Sabes-, dijo él, virándose para encarar a Ginny otra vez-. Nunca supe que fueras tan mandona.
Hay mucho acerca de mí que no conoces, pensó Ginny-. Sí, bien, es más entretenido sentarse y ver como Hermione los manda a ustedes dos. Sin embargo, eso no quiere decir que no interferiré cuando sea necesario. Así que para de hablar y ponte a caminar.
-Está bien- dijo Harry, dándole una pequeña sonrisa-. Ya voy. Ya voy.
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Ron no se molestó por tocar a la puerta. Al llegar al cuarto que Ginny y Hermione compartían, se lanzó contra la puerta, esperando a que estuviera cerrada. Mas para sorpresa suya, no lo estaba. Ni siquiera estaba cerrada completamente. La puerta se abrió sin tanto esfuerzo que hasta tuvo que hacer lo posible para evitar caerse en su cara al entrar en la habitación.
La puerta se cerró de golpe con un resonante estruendo e inmediatamente alertó a Hermione de la presencia de su novio. No anticipando tan escandalosa entrada, ella saltó y quitó su vista de la pila de pergaminos que había estado hojeando, justo a tiempo para ver a Ron alcanzando una silla para estabilizarse.
-¡NO PERMITIRÉ QUE LO HAGAS!- rugió Ron al verla parada detrás de su escritorio. Fue entonces que notó los libros y papeles esparcidos sobre la superficie. Al verlos, un impulso irresistible de apurarse hacia delante y romperlos en pedacitos lo envolvió. Si él destruía su investigación, sería capaz de detenerla.
-No está ahí- dijo Hermione, percibiendo su plan el instante en que se cristalizó en su mente.
¡DEMONIOS! pensó Ron. ¿Cómo hace eso? Él sabía que ella no estaba tan calmada como aparentaba. Había estado sollozando al salir corriendo de su habitación. Su mente tenía que estar agitada con las emociones y aún así, ninguno de estos era visible. Su rostro estaba tan expresivo como una pared de bloques. Malditas particiones. Eso es lo que es. Ella los ha hecho a un lado y los ha cubierto con sus endemoniadas paredes mentales.
-No soy lo suficientemente estúpida de escribirlo- le informó Hermione, dándose un golpecito en su frente para dejarle saber dónde estaba localizado la contra-maldición-. Pero puedes buscar todo lo que quieras.
-Te detendré- afirmó Ron con una confidencia sorprendente-. Incluso si tengo que maldecirte para hacerlo. Te daré con un encantamiento silencioso para que no puedas pronunciar el hechizo o le…le diré a Dumbledore.
Ron no estaba completamente seguro de cómo esperaba que Hermione reaccionara a su amenaza. Ira parecía la reacción más lógica. Él podía encargarse de la ira. Un poco de preocupación hubiera sido agradable. Por lo menos entonces sabría que ella lo había escuchado. Lo menos que esperaba era que se riera de él. ¿Cómo diablos estaba supuesto a reaccionar a esto?
-¿Cuándo nos volvimos el uno al otro?- rió Hermione.
-¿QUÉ?- preguntó Ron, claramente insultado por el hecho de que no había tomado su amenaza seriamente.
-Yo te digo mi plan temerario y tú me amenazas a ir con el chisme- ella se rió a carcajadas.
-No es temerario, Hermione. Estás hablando de matarte a ti misma, maldita sea.
-¿Y qué de ti, Ron?- preguntó Hermione, volviéndose tan sobria y fría como una piedra con tal rapidez que la cabeza de Ron casi dio vueltas-. ¿Me puedes mirar a los ojos y decirme que no estás planeando lanzarte enfrente de Harry como un escudo protector para protegerlo de esa maldita maldición? Mírame a los ojos y prométeme que no lo harás.
-¡MIERDA!- bramó Ron, agarrando la silla que había usado para recobrar su equilibrio y tirándola a través del cuarto con tal fuerza que se hizo pedacitos al chocar con la pared-. No puedo- admitió él a regañadientes- pero sólo si tengo que hacerlo. Si no hay otra manera.
-Sólo si tengo…- repitió Hermione las palabras de él, tristemente-. Con un poco de suerte, nunca llegará a eso. Y no tienes derecho de estar furioso conmigo por hacer exactamente lo que tú estás planeando hacer. La única diferencia aquí es que yo no necesitaré estar parada al lado de Harry para protegerlo. Siempre y cuando lo pueda ver, lo puedo proteger. Afortunadamente, pienso bien las cosas un poco mejor que ustedes dos. A diferencia tuya, no soy imprudente y no tengo intención de permanecer muerta.
Está tratando de hacerme sentir culpable. Pero no va a lograrlo. No te dejaré distraerme.- Una vez que estás muerta, estás muerta Hermione. Tan sólo pregúntale a Sirius- replicó Ron. Yo puedo jugar este juego tan bien como tú.
Él sabía que Hermione se sentía parcialmente culpable por lo sucedido con Sirius en el Departamento de Misterios. Se lo había admitido no mucho después de llegar a Grimmauld Place. Afortunadamente, el Profesor Lupin los había oído por casualidad y había decidido ayudarle a Ron para convencerla de que el único culpable era Voldemort y sus Mortífagos. Ron sabía que era algo bajo usar lo que ella le había contando confidencialmente de la manera en que lo había hecho. Pero si eso era lo que sería preciso para mantenerla viva, entonces, por Merlín que lo haría.
Una vez más su respuesta lo dejó colgando-. ¿Sabes lo que hace una Poción de Acoplamiento?- preguntó Hermione, ignorando completamente su intento de convencerla en hacer lo que él quería.
¿Qué? pensó él, boquiabierto-. No- admitió, estrechando los ojos al verla sacar Pociones Moste Potentes del paquete de los libros y comenzar a hojearlo-. Pero estoy seguro que me lo dirás-, añadió al caminar y sentarse en el borde de su escritorio.
-Es usada para unir tu alma con la de alguien más. Para atarte a ellos- explicó Hermione, ofreciéndole el libro para que él lo observara-. No es muy largo- le informó apuntando al libro-. Léelo.
Ron dejó sus ojos hojear pasado la lista de ingredientes e instrucciones y fijarse en la descripción.
Una Poción de Acoplamiento es mayormente usada para amplificar o aumentar información de entrada y salida entre dos o más individuos.
Una vez que hayan sido unidos, experimentarán sentimientos, pensamientos y en raras ocasiones sensaciones físicas que no son las suyas propias, pero la de aquellos individuos con los que están conectados. Sensibilidad emocional es el resultado más resaltante. Una vez que la conexión haya sido forjada, deberás ser capaz de sentir cualquier emoción fuerte o devastadora que tu pareja está experimentando como si esos sentimientos fueran, de hecho, los tuyos. Sin embargo, la severidad de la experiencia depende en la magnitud de los sentimientos y/o emociones siendo transmitidas. Algunas veces sentirás exactamente lo que tu pareja está sintiendo y otras veces sentirás las sensaciones aún más que la misma persona con la que estás conectada, porque ellos están acostumbrados a sus propios niveles emocionales y tú no.
A V I S O:esta experiencia puede ser devastadora y es a menudo perjudicial en cuanto a eventos ordinarios de la vida. La clave para eludir este obstáculo es reconocer la diferencia entre tus propios sentimientos y esos siendo transmitidos a ti. Una vez que esto sea alcanzado es posible dejar de sintonizar o bloquear todo excepto las experiencias de emociones extremas.
-Ya he leído esto- afirmó él, mirando a Hermione.
-¿Sí?- preguntó ella, claramente sorprendida-. ¿Cuándo?
-Hace unas semanas- contestó Ron-. Después de haber llegado aquí. Estaba abierto sobre tu cama. Lo leí mientras esperaba a que finalizaras tus notas.
-¿Entonces, sabes lo que hace una Poción de Acoplamiento?
-Forja una conexión entre tú y alguien más- dijo Ron-. Un vínculo que te permite sentir sus emociones. Como Harry y Voldemort.
-Es similar- dijo ella, interrumpiéndolo-, mas no lo mismo. No creo que sus almas estén conectadas. Sólo sus cuerpos. Creo que esa conexión fue forjada cuando él usó la sangre de Harry para crear un cuerpo nuevo. Eso-, dijo Hermione, señalando al libro en la mano de Ron- será mucho más intenso. Es una conexión espiritual.
-No puedes hacer eso- dijo Ron, después que sus ojos se volvieron a fijar en la página y hojearon los ingredientes necesarios para hacer la poción-. La mitad de estos ingredientes son ilegales.
-No son ilegales- respondió Hermione-. Sólo restringidos.
-Para lo que vale, son la misma cosa. Hay…DEMONIOS…sustancias de clase B no-comerciables en esta lista- dijo él, subiendo la vista y buscando su rostro-. Eso explica los Botrytis Spoors. ¿Y qué de la Raíz Uvularia y Haemanthus?. ¿Supongo que ya tienes esos?
Ron se quería golpear a sí mismo después de hacer esa pregunta. Ya sabía la respuesta antes de que ella caminara hacia su baúl y sacara una caja que era indistinguible de aquellas encontradas en los botiquines de pociones de los estudiantes de Hogwarts. Solamente cuando quitó la tapa, pudo él ver que no estaba lleno con higos secos o esqueletos de peces de león. La caja contenía lo que parecía ser un corazón arrugado, como otras cosas que no reconocía y no quería saber de qué se trataban. Uno de ellos tenía que ser el Haemanthus, ¿y el resto?
Bueno, la verdad es que no importaba. Hermione tenia aquí suficiente 'materiales restringidos' para meterse en graves problemas si su baúl llegaba a ser inspeccionado. Aunque, la verdad es que las posibilidades de que eso ocurriera eran remotas. No sólo era ella un Prefecto, pero era tan rigurosa para con las reglas que nadie sospecharía de ella transportando ingredientes restringidos a la escuela para hacer una poción ilegal. Pocas personas conocían lo suficientemente bien a Hermione como para saber cuándo edecidía romper las reglas, mas ella no las infringía a medias, sino que las destruía.
-¡Fletcher!- gruñó Ron irascible. Todo esto es su culpa-. Él te puso en esto- continuó él, sacudiendo su mano sobre la tapa de su caja de pociones ilícitas-. ¿La Raíz Uvularia y el Haemanthus?. ¿Cómo conseguiste que lo hiciera?. ¿Con qué lo amenazaste?
-Con nada- contestó Hermione bastante calmada-. Simplemente le dije que le debía a Harry. No me mires así- agregó ella cuando Ron se quedó boquiabierto-. Es la verdad y él lo sabía.
-Así que una vez que estemos de regreso en Hogwarts vas a hacer esta Poción de Acoplamiento. Supongo que eso significa que querrás unir tu alma a la de Harry.
-Es un poco más complicado que eso- le informó Hermione.
-¿Sólo un poco?- cuestionó Ron.
-Está bien, es extremadamente complicado. Hasta me da jaqueca- admitió Hermione.
-¿La versión corta?
Con un suspiro, Hermione se sentó en el borde de su cama y le señaló a Ron para que se sentara a su lado.
-La Maldición Avada Kedavra asesina al parar el corazón de sus víctimas- comenzó ella después que Ron se sentó.
-Razón por la cual me enseñaste ese P.C.R.
-RCP- le corrigió ella-. Sí, es cierto. Pero hay más. Una vez que el corazón para, la maldición expulsa tu alma de tu cuerpo.
-¿Cómo lo que hacen los dementores?
-Sí- concordó Hermione-. Esa es una buena comparación. Técnicamente, debería ser posible reanimar el corazón otra vez porque la maldición no daña el cuerpo. ¿Pero, qué del alma? Una vez que ha sido liberada, no hay manera de recuperarla. Se esfuma. Así que aunque uno se las arregle para hacer palpitar de nuevo el corazón...
-Ellos terminarían como una víctima de los Dementores. Vivos, pero sin almas. Entonces; ¿es por eso que nadie se ha preocupado por revivir el corazón de las víctimas?
-Más o menos. Pero, de alguna manera, cuando la maldición rebotó de Harry y golpeó a Voldemort, el alma de él permaneció. Su cuerpo murió, mas su alma perduró. Él tuvo que haberle hecho algo con magia oscura para mantenerla atada a la tierra. Y, eventualmente, fue capaz de ponerla en su cuerpo nuevo, lo cual me puso a pensar. Si él lo puede hacer; ¿por qué nosotros no? No necesitamos usar Magia Negra para evitar que nuestras almas pasen al más allá. Todo lo que tenemos que hacer es atarlas a algo que es relacionado con la tierra.
-Veo por donde vas. Nosotros no necesitamos cuerpos nuevos, porque la técnica muggle que nos enseñaste puede revivir nuestros corazones.
-Teóricamente. Sí.
-Entonces; ¿estás planeando en unir tu alma a algo con esa poción?- preguntó Ron-. ¿Para que Harry o yo te revivamos?
-Más o menos- admitió Hermione, pero había algo en sus ojos, algo que hizo palpitar con rapidez el corazón de Ron.
-¿Qué es lo que no me estás diciendo?- preguntó él.
-Puedes mantener vivo tu cuerpo con RCP. Puedes revivir tu corazón con magia. Puedes unir tu alma para que no se vaya. Mas, todavía está el problema de retornar tu alma a tu cuerpo. Ahí es cuando se torna...complicado.
-Voldemort lo hizo con un hechizo de resurrección. Podemos usar lo mismo.
-Eso no funcionará. El hechizo fue usado para darle un cuerpo nuevo.
-¿Ese hechizo?. ¿Entonces, me estás diciendo que tienes uno diferente?. ¿Uno que funcionará?
-Eso creo.
-¿Tú crees?
-Todo esto es teórico. Si tan sólo una parte sale mal, todo se viene abajo.
-Vale, mi cabeza me está comenzando a doler- dijo Ron, cubriendo sus ojos con su mano y frotando su sien. Y aquí yo que pensaba que tú lo tenías todo resuelto y vienes y me dices que la parte más importante puede ser que no funcione.
-¿Te acuerdas del mito griego que te conté?- dijo Hermione, obteniendo la atención de Ron-. Hablé en serio cuando te dije que eres mi otra mitad. No hay nadie más que pueda ocupar jamás tu lugar en mi corazón y en mi alma.
-Me estás diciendo esto porque vas a unir tu alma a la de Harry ¿verdad?- preguntó Ron, tratando de evitar que el dolor que estaba sintiendo se notara en su voz.
-No, te estoy diciendo esto porque ya estamos conectados- contestó ella-. Quiero unir mi alma a la tuya.
-¿Yo?- gritó él del choque-. Pero...Harry es el que necesita...
-No funcionará con Harry- interrumpió Hermione.
-Claro que sí, solo tien…
-No, no funcionará- insistió ella-. Tiene que ser un...acto de amor.
-Tú amas a Harry.
-No de la misma manera que te amo a ti.
-Lo amas lo suficiente para sacrificarte por él- dijo Ron, casi atragantándose con las palabras al forzarse decirlas.
-Quizás debas leer mis notas para comprender por qué...
-No quiero leer tus malditas notas- dijo él enfadado-. Sólo dime ¿por qué ustedes dos no pueden tomar la maldita poción y acabar de una buena vez?
-Podríamos si...sólo quisiéramos unir nuestras almas por un...
-Lo cual es precisamente lo que quieres. Unir tu alma a la de Harry, él ata la suya con la tuya para que así, si uno de ustedes es herido con esa endemoniada maldición, sus almas se queden el tiempo necesario para nosotros retornarlas a sus cuerpos.
-Es más complicado que eso- dijo Hermione, obviamente frustrada-. Te dije que retornar el alma al cuerpo es la parte dura. Tomará ciertos...sacrificios. Sacrificios que soy incapaz de hacer por Harry.
-¿De qué estas hablando? Hace poco me estabas diciendo que estabas preparada a dar tu vida por la de él.
-Lo estoy.
-¿Entonces, qué es lo que no le puedes dar a Harry que me puedes dar a mí?
-Todo lo demás- contestó ella.
-¿Qué se supone que eso significa?
-Quiere decir que para que esto funcione tengo...que darle mi cuerpo.
Ella murmuró la última parte tan suavemente que él casi no la escuchó.
-¿TU QUÉ?- gritó Ron. No. No puede ser como sonó. Ella quiso decir otra cosa. Quizás él la tenga que poseer o algo.
-Mi cuerpo- repitió ella más alto-. Tendría que acostarme con él. Es llamada una poción de acoplamiento por alguna razón.
Era EXACTAMENTE como había sonado. Él no lo quería creer, mas ahí estaba. Ella acababa de admitirlo. Iba a...tener sexo con Harry. Ron no lo podía creer. Su mente simplemente rehusó tratar de entender lo que hace segundos había escuchado. Ella iba a tener coito con su mejor amigo. Mi novia va a tener sexo con mi mejor compañero, maldita sea.
Hermione esperó pacientemente a ver lo que venía. De alguna manera, era casi un alivio saber que el final se estaba acercando. Ahora que ella le había dicho cómo funcionaba la poción, las cosas serían mejor. Después de la explosión inevitable, claro está. Sabía que se estaba avecinando. En este instante todo lo que Ron parecía capaz de hacer era mirarla boquiabierto, aterrorizado, pero no tardaría. Su rostro ya estaba sonrojado y tornándose un escarlata oscuro. Mas fueron sus ojos en los que ella estaba enfocada. Uno siempre podía ver todo lo que Ron estaba pensando en sus ojos.
Hermione vio el asombro y el dolor que instantáneamente lo reemplazó. Le dolía verlo, especialmente al saber que no era necesario. Si él tan sólo hubiera escuchado lo que ella había dicho. TODO, esto no estaría sucediendo. Pero esa no era la manera en la que la mente de Ron trabajaba. Él hizo exactamente lo que pensó que haría. Se apegó a la parte acerca de ella y Harry e ignoró completamente las declaraciones que le habían precedido.
Se va a ofrecer a sí misma a Harry para que esa endemoniada poción funcione. No lo puedo creer. Ella me lo dijo ANTES de hacerlo, maldita sea. Como si eso lo arreglara todo. ¿Me está pidiendo permiso?. ¿Me está dando a elegir?. Pero no tengo puñetera opción ¿cierto? Si no le dejo hacer esto, mis celos, mi manera posesiva, le podría costar la vida a Harry. No sólo a Harry, le podría costar la vida a Hermione también. Tengo que renunciar al amor de mi vida...para salvar a mis mejores amigos. Eso fue lo que quiso decir cuando habló de sacrificios. Tendré que sacrificar mi corazón.
Fue entonces cuando la cólera comenzó.
Hermione la reconoció el momento en que vio la llama en sus ojos. Todo el rostro de Ron se endureció y la miró fijamente con tal veneno que se alejó de él. Esto va a terminar mal, pensó Hermione al tratar de prepararse para el arranque que sabía estaba avecinándose en el horizonte. Él simplemente se levantó y salió, cerrando la puerta tan fuertemente que los libros al borde del escritorio se cayeron al suelo.
Esto no estaba supuesto a suceder, pensó Hermione, mirando con incredulidad alrededor de la habitación vacía. ¡DEMONIOS, RON! maldijo Hermione al saltar de la cama y correr a la puerta para perseguirlo. ¿Cómo te atreves a abandonarme?
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Notas: Espero que les haya gustado. Y muchísimas gracias por los comentarios del capítulo pasado. Como siempre son mi fuente de energía. Y como se habrán percatado, estamos a punto de llegar al último capítulo de la primera vez. Bueno, saludos y suerte en todo. ¡Salud, amor y prosperidad!
