Lo sé, tres capítulos en un par de horas. Es increíble. Pero mejor no me lo pregunto y sigo escribiendo, si no pararé en algún minuto y eso es algo que no quiero por que en ese minuto dejare de escribir, y encontraré este FF el próximo año y lo tendré que rehacer como estoy haciendo ahora. ¡En fin! Estoy pensando en talvez alargar de a poco los capítulos.

Disclaim: Los personajes de Harry Potter no me pertenecen y no gano plata por escribir esto. Pero, lo admito, es divertido.

Nos leemos al final.

----------------------------------------------------------------------------------------------------------

III. Encuentros

(Somos una persona, sola y completa cuando estamos juntas, como si no hubiera diferencia y no pudiéramos distinguir donde empieza una y donde termina la otra)

Lily se despertó sobresaltada. Había estado llorando en sueños. Miró su reloj de pulsera, eran las nueve y media. Se suponía que se encontraría con sus amigas a las once en el mall.

Se levantó y se dirigió al baño, se dio una ducha rápida y se vistió con una polera blanca y unos jeans. El blanco era su color favorito, si es que se podía llamar color, era limpio y puro. La mayoría de sus poleras eran de ese color y si eran de otro color seguro igual tendrían blanco en alguna parte.

Bajo a desayunar. Su hermana se encontraba en la cocina, pero al ver que Lily iba a desayunar ella salió corriendo de la cocina.

- Petunia, espera - Dijo Lily, y cuando Petunia pasaba a su lado la agarró del brazo, cosa que no debió haber hecho puesto que ella puso cara de asco y horror, Lily la soltó de inmediato, dolida.

-¿Qué quieres? - Dijo Petunia, un poco más calmada pero aun viendo a Lily como si fuera la última cosa que quisiera ver en la vida.

-¿Me puedes llevar al mall? - Respondió Lily en un susurro, mirando el piso, estaba profundamente triste por que su hermana la tratara así, llevaba un tiempo tratándola así, seis años, pero ella no se acostumbraba a pensar que alguien a quien amaba tanto, como su hermana, la odiara como recompensa. Petunia se sorprendió, de pronto parecía que de verdad le había afectado la tristeza de Lily, y consideró que decir un rato.

- Está bien, pero no te acostumbres - Respondió Petunia, No era una promesa de paz, era solo un contrato momentario.

Lily desayuno un poco más contenta, luego subió al auto en el asiento del copiloto. Petunia manejaba despacio, pero no le importaba, no estaba apurada por llegar al mall, estaba llegando una hora antes de que se juntara con sus amigas pero no se lo quería decir a Petunia, no la quería presionar a ser más amigable de lo que estaba siendo.

- ¿Lo extrañas? - Preguntó Petunia, estaban a una cuadra del Mall, no habían dicho ni una sola palabra en el trayecto. Lily la miró preocupada, era la primera pregunta personal que Petunia le hacía en años. Su cara reflejaba cansancio y tristeza, Lily se pregunto si su cara reflejaría los mismos sentimientos igual que la de Petunia, después de todo eran hermanas.

-Sí - Lily asintió despacio. No quería pensar en el tema.

Petunia paro el auto al frente del mall, Lily se bajo del auto, susurro un "gracias" y entró al mall. Aún le quedaba una hora para poner su mejor cara ates de que llegaran sus amigas.

Caminó por un pasillo, de pronto viendo un vestido precioso. Se paró frente a la vitrina y pensó en el baile de bienvenida. Dos años atrás, Megan había hablado con el director de Hogwarts y había fundado el centro de alumnos de Hogwarts, el primero de toda la historia de Hogwarts. Desde entonces a principio de año siempre había una fiesta de bienvenida.

Volvió a ver el vestido y se preguntó si sería muy caro, entraría a la tienda a preguntar.

- Hola - Dijo al chico que estaba en el mostrador, estaba de espaldas por lo que no podía ver quien era.

- Hola - Respondió el dándose vuelta y Lily no pudo creer de quien se trataba - ¿Lily?

- ¡Andrew! - Dijo ella y lo abrazó con emoción. Andrew cursaba sexto año igual que ella en Hogwarts, en el colegio el a veces se juntaba con ella y sus amigas, era el "único chico permanente en sus vidas" como a Sam le gustaba llamarlo - Has cambiado tanto - notó ella cuando se separó de él. Ya no era el niño del año pasado, ahora había crecido por lo menos diez centímetros, su pelo rubio había crecido y lo traía un poco largo y desordenado, sus ojos castaños seguían brillando igual que siempre.

- Tú sigues igual. Aunque ahora te siento más bajita - Dijo el riendo, Lily lo golpeo "suavemente" en el brazo, pero el no se quejó solo rió más fuerte.

- ¿Trabajas acá? - Preguntó Lily, feliz por primera vez en toda la semana.

El vestido resultó no ser tan caro y le quedaba precioso a Lily, era como si el vestido quisiera que ella lo usara. Lo consideró solo dos segundos y lo compró, estaba corta de tiempo, pronto tendría que ir a juntarse con sus amigas. Así que se fue de la tienda camino al estacionamiento, no sin antes prometerle a Andrew que vendría a buscarlo cuando terminara su turno a las dos.

Las vio de lejos, era imposible no verlas, eran un arco iris de colores. Megan usaba morado, Danielle usaba celeste, Catherine rosado y Samanta verde limón. Estaban sentadas en el capó de un hermoso convertible rojo de Meg, supuso Lily.

- ¡Lily! - Gritaron sus amigas cuando la vieron y rieron cuando ella se puso roja. No le gustaba llamar la atención y todas las personas que pasaban por ahí se habían volteado a verla.

- ¿Qué hay en la bolsa? - Preguntó Sam, amaba la ropa, el estilo, el glamour.

- Es... mi vestido para la fiesta de bienvenida - Dijo Lily apartando rápidamente la bolsa cuando Sam se abalanzó para ver el vestido - Es un secreto - Sabía que estaba torturando a Sam, pero no le dejaría ver.

- ¿Qué tal tus vacaciones, Lils? - Preguntó Dani dulcemente.

Hablaron de sus vacaciones mientras compraban, bueno, mientras Megan compraba todo tipo de cosas. Primero compraron cinco sillones, una mesita de vidrio, una alfombra de arco iris, muchas lámparas.

- ¿Te vas a mudar a tu propio apartamento o que? - Preguntó Cat, ella era la única que no tenía el complejo de compradora compulsiva y se sentía un poco mal viendo como su amiga gastaba tanta plata. Cat nunca fue de las personas que les sobraba plata.

- No, quiero que estén cómodas en mi pieza, por que el próximo verano van a pasar mucho tiempo allá. Aparte, mi padre me pasó su tarjeta de crédito muggle por haberme comprometido - esa era excusa perfecta, una tarjeta de crédito y un casamiento forzado. Cat no volvería a decir nada en contra de las compras ahora. De hecho, incluso se veía entusiasmada y le señalo unos cubrecamas especialmente bonitos a Megan. Ahí no terminaba su compra, compraron un minibar, tres escritorios, dos armarios, un maniquí ("uno nunca sabe cuando uno va a necesitar un maniquí" había dicho Sam), una ducha con masajeador y de vidrio... y Luego de terminar con los muebles pasaron a comprar maquillaje y ropa, mucha, mucha ropa que Meg insistió en regalarles.

- Es parte de mi regalo para el Dir. - Todas sonrieron, excepto Lily, se había olvidado completamente del D.I.R. y faltaba tan solo una semana y un día. El D.I.R. o dir era un día en el que intercambiaban regalos entre ellas, los regalos de Megan y Sam eran los mejores. Meg, por su parte, tenía plata y Sam un padre inventor.

- Mi regalo les encantará - Dijo Sam, sonriendo con suficiencia.

A las dos fueron a buscar a Andrew como Lily había prometido. El los saludó y luego miró a todas extrañado.

- Compraron tan poco - Ellas se miraron entre si y rieron ante la ocurrencia. Solo tenían dos bolsas, y uno era el vestido de Lily que se rehusaba a soltar por miedo a que Sam lo viera.

- Lo enviaran todo a mi casa - Respondió Meg.

- Te compré un polerón - Dijo Sam, se acercó a Andrew y le entregó la otra bolsa, Meg carraspeo - Bien, elegí un polerón para ti y la gran señorita Dalton lo pagó.

Fueron a almorzar al patio de comida, pizza y luego helado. Rieron recordando el año anterior y luego tuvieron que devolver a Andrew a su trabajo, se despidieron y ellas se dirigieron a su última parada.

-¿¡Salón de bellaza!? - Gritó Cat, siempre había querido estar en uno. Era uno de esos pequeños secretos que uno guarda para si mismo por que piensa que los demás pensaran que es un sueño estupido. Nadie nunca pensaría que la atlética e intelectual, nada superficial, de Cat le gustaría estar en un salón de belleza. Sin embargo ella nunca tuvo una idea muy buena de ella, siempre miraba lo hermosas que eran sus amigas y las dejaba brillar, pero ella no podía brillar con ellas, aunque secretamente quisiera.

- Sí, ¿no puedo querer verme bella para mi prometido? - Rió Meg, toda esa historia le parecía un chiste, nada real.

A todas les cortaron el pelo, las peinaron, le hicieron manicure, pedicure, depilación, les hicieron un tratamiento facial... Cuando terminaron con ellas todas se miraron sorprendidas al espejo.

- ¡Que lindas pecas tienes, Dani! Nunca lo había notado - Dijo Lily, Dani sonrió.

- ¡Lily tu pelo está precioso! brilla más que nunca - Dijo Sam - Y Meg ese color de brillo es perfecto para ti.

- Las capas que te hicieron, tu corte, Sam... Te queda Perfecto - Dijo Danielle.

Entonces Cat llegó después de que le hubieran planchado el pelo, su pelo rubio más liso que nunca y corto, apenas tocando sus hombros, brillando - ¡Cat! - Gritaron todas, y fueron a verla más de cerca. Diciendo cosas como "linda, hermosa y perfecta" y por primera vez Cat si se sintió linda.

Dieron una última vuelta por el mall. Y se despidieron de Meg en el estacionamiento, ella debía irse y prepararse para la fiesta, más que anda vestirse, por que el Salón de belleza había dejado todo el resto perfecto.

(Hay cosas que uno no está listo para oír)

-¡Prometan que me darán las cartas que nos hemos escrito en el verano! - Dijo Meg a modo de despido y encendió el motor, y retrocedió, sus amigas la despedían con la mano asintiendo, sabían lo importante que era para Megan las cartas, las guardaba desde el primer año en que se conocieron y contaban su historia, de todas.

Fue muy difícil para Meg manejar hacia su casa, separarse de sus amigas, del amor y el calor que ellas le inspiraban. Pero tenía que hacerlo, tenía que ir a la fiesta, principalmente por su futuro, por tener algún futuro. Sus padres la querían, pero esto era algo en el que ella no tenía elección, Lo había discutido una vez cuando ella era pequeña y ella había aceptado, por que en ese tiempo era ingenua y sus padres lo eran todo para ella. Pero ahora era diferente, ahora no aceptaba pero no tenía otra elección, si no lo hacía sería desterrada, borrada de todo testamente, sería borrada del mapa, dejarían de pagar Hogwarts, la sacarían del colegio, la encerrarían o la mandarían lejos donde no tendría a sus amigas. Eran crueles, ella lo sabía, pero todo esto era culpa de su abuela paterna más que de sus padres.

Hace tan solo un mes su abuelo materno había muerto y su abuela se había mudado con ellos, a su nada modesta mansión. Ella era una sangre pura al estilo antiguo, donde los sangre pura se casaban entre si, donde los hijos de muggle y los muggles eran porquería, basura, mugre. Donde un hijo era una inversión, no una persona con sentimientos. Megan odiaba a esa mujer, no la podía querer. ¿Por qué no era una de esas abuelitas que te cocinan y te aman incondicionalmente?

Meg pensó en sus amigas, eso la distraía. No quería pensar en quien sería su prometido. Por lo que sabía podría ser un Potter, un Malfoy, un Black, un Weasley, habían muchas opciones como para considerar cual sería su apellido.

Por lástima, su casa no quedaba muy lejos cuando tenías el mal hábito de manejar a mucha velocidad, rió por el detalle de que si un policía la detuviera ni siquiera tendría una licencia de conducir para que se la quitaran.

Se bajo del auto, y abrió la puerta, aún sin entrar sabía la conmoción que habría dentro de la mansión, sirvientes de un lado a otro. Pero cuando entro lo que vio la conmocionó incluso a ella.

No solo habían limpiado la mansión mucho más de lo normal, habían colgado listones y puesto rosas en todas partes, el suelo brillaba con las velas que el fuego no derretía. Los vitrales del fondo estaban todos relucientes y a través de ellos podías ver el hermoso jardín, un camino de rocas que llevaba hasta un piso, que sería la pista de baile, el piso reflejaba el cielo como si fuera agua.

Megan miro las escaleras y supo que no quería subir y quedarse si no escapar de ahí, pero prefirió seguir. Por su propio bien.

- ¡Megan Dalton! - su madre había puesto un grito en el cielo, al parecer llegaba tarde - ¿Cómo piensas que te vamos a arreglar con el poco tiempo que nos has dado? - Obviamente su madre aun no la veía. Por que si hubiera sido al revés a Meg le habría roto el corazón. No podría estar más presentable.

- No necesito arreglo, madre - Dijo Megan con un tono frío.

- No me hagas reír, niña si tu sabes que... - Pero Meg nunca supo que era lo que sabía, por que en ese momento su mamá entro en el vestíbulo y se le quedó mirando sorprendida - Estás perfecta - Megan sonrió con suficiencia, si este tipo quería casarse con ella que al menos le saliera caro.

Meg subió las escaleras y se vistió, faltaba tan solo una hora. Estaba sentada en la sala de estar del segundo piso haciendo como que leía un libro mientras su abuela la observaba como si tramara algo. La Megan anterior a los problemas lo hubiera hecho, hubiera tramado algo, pero los problemas te hacen crecer de golpe, y ahora era lo suficientemente madura como para entender que el momento para decir lo que pensaba y sentía no era ahora, si no después de la fiesta, cuando supiera que su prometido tenía sida, o que era un violador, o un mago oscuro, por que si alguien podía sacar esa información de un mago era Megan con ese vestido morado claro y el cabello recogido. Se sentía como si fuera otra persona, tal vez Lily, pero no Meg.

-¿Topy? - Preguntó Meg al aire y se materializo una elfa doméstica especialmente adorable a su lado.

- ¿Sí, Meg? - Le había costado años que la elfa doméstica que la criaba desde chiquita la llamara Meg, sus padres se la dieron cuando ella tenía doce, ahora solo obedecía a ella.

- Sé sincera, ¿crees que exageré mucho con el vestido, el maquillaje, el peinado? - Preguntó Megan. Su abuela, en una esquina de la habitación, estaba horrorizada por como trataba al elfo doméstico como si fuera su amiga.

- Se ve preciosa, señorita Meg - Dijo la elfa sonriendo. Eso fue suficiente para Meg.

- ¿Te importaría quedarte aquí mientras esperamos a que llegue la gente? Necesito distraerme, estoy un poco nerviosa - Era verdad, estaba nerviosa. No sabía a quien tenía que impresionar, o desimpresionar según el caso. La verdad, iba a tratar de divertirse, de buscar alguien de su edad con quien hablar un rato. Talvez estuviera James Potter y aunque no era su amigos del alma, esto se debía meramente a que él estaba detrás de Lily y a ella no le gustaba estar en su presencia "Ojala no me hallan comprometido con el" pensó Meg.

- Bienvenidos a la casa Dalton - Dijo la voz grave de un elfo doméstico. Meg se paró de golpe botando el libro que estaba en su regazo, su corazón paró y Topu tuvo que recordarle respirar.

-¡Topy no te alejes de mi o me muero! - Rogó Meg, lagrimas en sus ojos. Topy asintió y eso fue suficiente para ella. Se repuso, arreglo un poco su vestido, un mechón de pelo que puso detrás de su oreja.

Meg bajó lentamente la escalera hacia el vestíbulo con Topy siguiéndole cada paso. Los elfos domésticos mostraban el paso a los jardines, a unas mesas blancas que había en el exterior. Primero venía la cena, después el discurso de por que se encontraban ahí, la revelación de su prometido y entonces empezaría el juego. Normalmente tendrían que bailar, o decir algunas palabras.

Entonces vio a Regulus Black sentado solo en una esquina. Meg paró en seco "Mierda" Un pensamiento cruzó su mente. ¿Y si a sus padres se les había ocurrido comprometerla con Sirius Black, el hermano de Regulus? No había considerado que talvez los Blacks estarían invitados. Después de todo los Dalton y los Black se odiaban, ¿no? Al menos sus padres lo hacían.

- Hola Regulus - Dijo ella acercándose a donde el estaba sentado, no iba a dejar que su madre le dijera donde sentarse, al lado de su prometido, que soñara.

- Hola Dalton - Dijo él, no fue frío pero tímido.

- Meg - Corrigió ella - No sabía que ustedes iban a venir, ya sabes, por toda la enemistad de nuestros padres y todo.

- No vinimos todos, Sirius no vino - Dijo Regulus tratando de hacer conversación y no sabía cuanto la aliviaba sus palabras, al menos no estaba comprometida con Sirius Black, sentía que tenía que odiar a su prometido, y no podría odiar a alguien de sus misma casa, aparte ¿tener que ver a su prometido todo el año?

- ¿Me puedo sentar al lado tuyo? James no vino y no quiero estar sentada alrededor de abuelos - Dijo ella riendo nerviosamente, se sentía tímida al lado de Regulus. Había que admitirlo, no se veía menor que ella y claramente era... lindo. El asintió y se paró para ayudarle a sentarse, ella se sonrojó un poco al acto, no estaba acostumbrada a eso.

- ¿Sabes que celebramos? - Preguntó Regulus, habían estado un tiempo hablando de sus familias y de Sirius, al menos tenían algo en común, los dos lo encontraban ridículo.

- ¿Sabes guardar un secreto? - Preguntó Meg sonriendo, le caía bien Regulus, ya no se sentía tímida. Regulus hizo una cara solemne y puso su mano en su corazón como haciendo un juramento y luego rió - Ok, te diré - Megan se inclinó y casi rozando sus labios con la oreja de Regulus susurró: - Mis padres me comprometieron - Se alejó de él, estaba tenso tomando de su copa, observando el agua como si fuera muy interezante.

- ¿Quién es el afortunado? - Pregunto con una media sonrisa, casi parecía triste al respecto, Meg no podría decir si era verdad ni el por qué.

- Aún no sé. - Respondió ella - ¿Por que te pusiste así? - Se reprimió mentalmente, ¿Así le hablas a la gente que apenas conoces hace dos horas? Dios. Meg solo atinó a sonreír pidiendo perdón, pero el no se veía complicado por la pregunta.

- Has leído alguna vez Romeo y Julieta - Ahora el sonreía de un pensamiento seguramente. Meg negó con la cabeza. - Cuenta la historia de dos familias que se odian, Los Capulet y los Montague. Y las familias se odian. A Julieta Capulet la quieren comprometer con este sujeto, que ella no quiere, pero su madre aún así hace una fiesta para que él la pueda seducir. Pero... a la fiesta también va Romeo Montague... ellos bailan, se besan y se enamoran - Megan tomó agua, ¿Qué trataba de decirle? ¿Dos familias que se odiaban? Como Los Dalton y los Black.

- Tú estabas invitado ¿verdad? - Dijo Meg en broma, tratando de sacarlo del personaje de Romeo. Aunque no estaba muy segura de no querer ser Julieta. El rió.

- Sí, estoy invitado - siguieron conversando ahora de otras cosas menos importantes. Terminaron de come y su madre se saltó el brindis.

- ¿Quieres bailar? - Preguntó Regulus ofreciéndole la mano, ella la aceptó y se deslizaron a la pista de baile. El no era muy alto, pero era perfecto para ella en altura, era lindo, simpático, un caballero, de pronto quería dejar de ser Meg, quería ser Julieta Capulet. Quería tener el valor de besar a Regulus enfrente de su prometido.

Ahora había más gente bailando alrededor, Meg se preguntó si alguien notaría si ella le daría un beso. Empezó una música lenta y Meg se apoyó en su hombro para ver si alguien los miraba, a el no pareció importarle la cercanía. Nadie parecía mirar.

- Regulus - ella susurró en su oreja como la otra vez, casi rozando su oreja, esta vez el no se puso tenso.

- ¿Si? - Susurró el de vuelta y giró su cara para verla, de ese modo estaba a tan solo unos centímetros de lejanía y ella podía sentir la respiración de el en su cara. Ella se mordió el labio juntando valor, tomó una decisión. Se paró en puntillas y rozó los labios de él, fue solo un topón, lo estaba probando. El la beso de vuelta con más decisión, con más pasión, pero aún así fue un beso corto - No puedo ser tu Romeo - Susurro él.

- ¿Quieres caminar por los jardines? - Preguntó ella - Solo quiero caminar - Aclaró ella, cuando el la vio dudoso. Le tomó de la mano y ella lo guió lejos de la pista de baile. Ella lo guío hacia unas fuentes, estaban iluminadas pero no había nadie ahí. La música aún se escuchaba ahí. Sin darse cuenta, empezaron a bailar lento. Y el la besó, como si ya no pudiera aguantar la cercanía, esta vez no se alejó rápido, y ella tampoco. Se separaron unos centímetros, ella suspiró, el tenía ambas manos sujetando suavemente la cara Meg, como si no quisiera que se separase más que esos pocos centímetros, no que ella pensara hacerlo.

Siguieron así un rato, entre besos y baile. Luego se sentaron bajo un arbol. Él estaba recostado contra el árbol con los ojos cerrados mientras a abrazaba y ella reposaba su espalda en su pecho. - ¿Regulus?

- ¿Hm? - Respondió el, aún sin abrir los ojos. Ella se dio vuelta y lo beso levemente en los labios, el sonrió y abrió los ojos - ¿Sí?

- ¿Por qué no puedes ser mi Romeo?

- Solo no puedo - Ella se puso triste - No es que no quiera serlo, solo no puedo - Hubo un silencio, no uno incomodo, si no un silencio en donde ella trataba de comprender lo que Regulus acababa de decir- Será mejor que volvamos a la fiesta, tu madre está por hacer el brindis y vas a querer saber quien es tu prometido - Dijo él un tanto triste.

Caminaron en silencio, tomados de la mano. Llegaron a la pista, estaba bacía, todos estaban sentados alrededor comiendo torta y postre. La señora Dalton vio a su hija, quien ya no estaba tomada de la mano de Regulus, e hizo sonar una copa levemente, el ambiente calló en silencio al instante.

- Gracias a todos por estar aquí en este momento tan especial, es un gran honor tener a los amigos de la familia, a los más grandes magos de la sociedad mágica... - Empezó su madre tranquilamente - Es una ocasión especial, hoy quiero anunciar el compromiso de mi hija, Megan - Todos la miraron expectante esperando el nombre del prometido, ella solo trataba de crear mayor suspenso - Con el joven Regulus Black...- Meg se sintió traicionada, por Regulus y por si misma, miró a Regulus, sus ojos llenándose de lágrimas - Y así por fin unir estas dos grandes familias, los Black y los Dalton, en un acto de paz - Hubieron múltiples aplausos y una música comenzó. Regulus y Meg debían bailar ahora, el tomó su mano y ella abandonó su cuerpo, aún en shock, no sentía nada, solo una lágrima que caía lentamente por su mejilla.

- Lo siento, Meg - Susurro él, ¿todo era susurros entre ellos? Y ¿entonces por que ella quería gritar?

Terminaron de bailar y ella lo tomó de su mano y lo arrastro a donde la fuente, corriendo lo más rápido que le permitían los tacos. Se soltó de él, y se sentó en el borde de la fuente, se sacó los zapatos y dejó que las lágrimas cayeran. El solo se quedo donde ella lo había dejado.

- Por que no me dijiste - Grito ella. No le importaba, nadie los iba a escuchar, la música acallaría sus gritos.

- Sabía que me ibas a odiar - Dijo el, y se le rompió la voz. Ella sabía que eso era verdad, lo hubiera odiado, pero... ¿Lo odiaba? - Quiero intentarlo, de verdad que quiero intentarlo.

- ¿Qué cosa? - Pregunto Meg, no estaba segura que el había oído, lo había dicho demasiado bajo, no confiaba en su voz.

- Quiero intentar amarte - Respondió el, tragando saliva. Él tampoco quería casarse, no sin amar a la persona, no sin poder elegir él, pero también veía que no tenía otra opción. Ella solo asintió e intentó irse, pero el la tomó del brazo. - Por eso no puedo ser tu Romeo, nuestros padres si aprueban nuestro compromiso.

Ella lo pensó un poco, y sin querer hacerlo rió un poco. Regulus limpió las lágrimas de ella con sus manos.

- Vamos a intentarlo - Dijo ella asintiendo, aunque no muy segura de que era lo que quería - Pero tienes que prometerme que tu mismo me preguntaras si me quiero casar con tigo algún día - El asintió. - No quiero volver a la fiesta, ¿podemos quedarnos aquí?

----------------------------------------------------------------------------------------------------------

Lo sé, nada predecible que Regulus fuera el prometido. En fin. Aceptenlo. Y lo sé, me emociono con las partes románticas... por eso este capítulo es más largo. Lo siento.

El próximo capitulo lo más probable lo suba mañana, o en la noche, aún no sé.

OreoO