El capítulo anterior supimos un poco más de Lily y una gran cantidad de Megan. Megan obviamente es esta niña vulnerable y enamoradiza. Lily es un poco más optimista que Megan, obviamente quiere que las cosas con su hermana petunia funcionen, aunque no pareciera, estoy segura que para Petunia fue difícil armar esa pequeña conversación con su hermana. Aunque obviamente no es relevante, por que no sabremos de Petunia por un tiempo. Ahora nos falta saber un poco más de Dani, Sam y Cat.
Todas son protagonistas, trataré de no darle más importancia a una sobre otra.
Disclaim: Los personajes de Harry Potter no me pertenecen y no gano plata por escribir esto. Pero, lo admito, es divertido.
Nos leemos al final.
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IV. De hasta pronto y hasta nunca.
(Adiós no señala el final. Adiós señala el principio, el principio de extrañar y el principio del olvido)
Cat se movió intranquila en la cama, era tempranísimo, las siete de la mañana, pero no podía seguir durmiendo, algo le molestaba. Se sentó un segundo a considerar que era lo que posiblemente le molestara. Obvio que tendría que ver con la separación de sus padres. Pero lo que le molestaba ¿era realmente que sus padres hubieran borrado del diccionario la palabra amor? No, eso le hacía estar triste, sentirse como el resultado de algo que no funcionaba. Pero eso no era lo que le molestaba.
Miró su habitación, estaba totalmente vacío, a excepción de los libros que dejaría en su casa, no quería recordar acerca del amor. Sus ojos repararon en un objeto en el suelo, era un libro, su portaba rezaba "Amanecer".Entonces entendió que le molestaba.
Salió de la cama y se agachó para recoger el libro. El marcador se había salido, ya no recordaba en que página estaba y no sabía el final. Eso le molestaba. No saber donde estaba ella, no saber donde estaría. ¿Vería a su padre de nuevo? ¿Viviría con su padre o madre? En caso de que fuera con su madre ¿Se mudarían? Su madre no tenía el ingreso de capital suficiente para mantenerlas en esa casa. Miró su habitación y sintió que la extrañaría.
Miró el libro con tristeza ahora, había sido de su cumpleaños número dieciséis. Sus padres lo habían elegido juntos. De pronto ya no odiaba tanto al libro, lo metió en el baúl del colegio, el que dentro de poco estaría arrastrando fuera de su casa y al auto, tomó una decisión y tuvo miedo. Siempre que alguien pensaba que tomaba una decisión era por que iba a pasar algo importante, si no ¿por que cuando uno decidía algo tan superfluo como que ropa usar no pensaba que había hecho una decisión?
Bajó las escaleras lentamente y a la cocina, preparó desayuno. Unos minutos más tarde su madre bajo las escaleras. Cat sabía que su madre despertaría con el ruido de la cocina y el olor. Su madre entró con cara de pánico a la cocina, pero al darse cuenta que solo era Catherine cocinando se calmó.
- ¿Qué haces, cariño? - Pregunto su madre. Y como respuesta Cat puso un gran plato de huevos y tocinos en la mesa, y puso otros dos platos para que ellas se sirvieran - No tenías que hacer esto - Dijo su madre con cara enternecida pero sintiendo que había más, era primera vez en días que Cat intentaba comunicarse con ella.
- He estado pensando - Así siempre empezaba todo. Su madre la miró con cara de "Que raro que tu estuvieras pensando" No era ningún secreto que Cat siempre pensaba las cosas más de lo que debería. Cat había hecho una pausa, se le hizo un nudo en la garganta, pero aún así siguió.- Ahora que ustedes se separaron... ¿Con quien voy a vivir?
- Con migo - Respondió simplemente su mamá, ya no comía. Se había quedado congelada. Cat se sintió angustiada por las pocas explicaciones que recibía, esto no iba como ella quería.
- ¿Veré a mi papá? - Preguntó Cat, y su madre puso cara de terror. Entonces dejó los servicios en la mesa y miró a Catherine negando - ¿Vamos a vivir acá o nos vamos a mudar? - su mamá aún guardaba silencio - ¿Por que tengo tan pocas explicaciones?
- Cariño, hay cosas que no te puedo decir ahora, por que ni yo estoy muy segura y tampoco sé como decírtelas. Te pido tiempo y comprensión - Dijo su madre, se veía realmente afectada, talvez si no se hubiera visto así Cat hubiera seguido con el tema. Pero en vez de eso solo asintió y terminaron de desayunar en silencio.
Pasó un rato y luego Cat subió el baúl al auto, quería llegar temprano. Quería sentarse en el expreso de Hogwarts, tratar de aclarar sus ideas y esperar pacientemente para que sus amigas le subieran el ánimo.
Su mamá la fue a dejar a King cross, le dijo adiós con un beso y la dejó ir. Ella se sentó en el primer vagón que encontró. No se molestó en poner el baúl en la rejilla, aunque no le costaría mucho, el ejercicio traía recompensas. Era sábado, nunca le había tocado volver al colegio un sábado, Meg como presidenta del centro de alumnos se había encargado que el domingo les dejaran ir a Hogmead, el pueblito que se ubicaba cerca de Hogwarts.
Sacó el libro "amanecer" del baúl y empezó a leerlo de nuevo desde el comienzo. Alguien abrió la puerta pero no se molestó en ver quien era por que no le habló supuso que se había ido.
- Hola – Dijo una voz masculina. Ella miró quien era solo para saber a quien la saludaba. Era un chico de pelo negro corto como militar y ojos castaños.
- Hola – Respondió ella, no muy segura de quien se trataba, por lo que volvió sus ojos a la lectura.
- ¿Me llamo Kevin? – Dijo en todo de pregunta y ella le iba a preguntar como no sabía su propio nombre, pero cuando lo miro para decirlo supo quien era.
- Kevin, Ravenclaw, amigo de Andrew, ¿correcto? – Es asintió lentamente – Estas cambiadísimo, me costo saber quien eras, casi pienso que eras serpiente. Yo soy…
-Catherine Modrow, Gryffindor, amiga de Andrew – Respondió el, sonriendo - ¿Puedo sentarme acá? No hay nadie más en todo el expreso – Ella asintió y sonrió.
Al poco rato llegó Danielle, hablaron un rato y se llevó a Mathew para comprar dulces. Dani siempre parecía tener hambre, era increíble como nunca engordaba y era tan delgada y alta. Cat volvió a su libro, por algún motivo pensaba que tendría un mensaje escondido para ella, aunque siempre pensaba mucho las cosas, también usaba mucho su imaginación. "brillante pero siempre en las nubes" Solían decir sus profesores.
(Peligro. ¡Ha! Peligro es mi segundo nombre)
Sam despertó justo a tiempo, siempre hacía eso, cuando tenía en mente despertarse a cierta hora siempre se despertaba a esa hora, no más tarde, no más temprano. Se desperezó y se dirigió a la ducha.
No tenía que elegir que ropa usar, lo había visto el día anterior, se vistió y desayunó sola en la cocina. Sus mañanas solían ser así, siempre iguales y rutinarias, pero le gustaba así, le gustaba el silencio. Por eso a veces le gustaba estar con Danielle, ella no necesitaba llenar espacio con palabras.
Cuando terminó de comer tomó un plato llenó con comida y lo llevó escaleras arriba, iba a tocar la puerta cuando escuchó a su padre gritar.
- No lo tengo, no tengo nada por el estilo, nada como lo que usted describe… no… yo…. Supongo que sus informantes han estado mal - había un tono de pánico en la voz de su padre, Sam supuso que hablaba por Red Flu, había una chimenea en el taller.
- No me gusta que me mientan – Decía una voz fría de mujer, y seguida de una risa, esa mujer estaba ida, ¿Por qué le producía tanto miedo a su padre? – Mi amo odia que le mientan.
- Yo no le miento, señorita… - Respondía su padre en forma de súplica, luego seguían algunas palabras que Sam no podía distinguir. Hubo silencio por largo rato, Sam supuso que habían cortado la comunicación por lo que se decidió a tocar la puerta, fingió una sonrisa.
- ¡Papá! Tienes que llevarme a Kingcross, te traje el desayuno. – Su papá abrió la puerta con una sonrisa que ella suponía se veía tan falsa como la de ella.
- No tengo hambre, ¿Te importa llegar temprano? – Preguntó su padre y ella negó con su cabeza.
Su padre estaba realmente apurado, subió el baúl, y condujo rápidamente a Kingcross.
- ¿Tienes aún los regalos para tus amigas? – Eran las primeras palabras que decía. Sam solo atinó a asentir – No se lo digas a nadie, amor, por favor. Estos son tiempos peligrosos. Uno nunca sabe lo que la gente puede hacer con ese tipo de cosas.
¿Tendría la llamada de aquella extraña algo que ver con el regalo D.I.R? No descartaría nada, no le gustaban los secretos y tarde o temprano, le gustase a su padre o no, ella averiguaría que estaba pasando y a que se refería con "tiempos difíciles".
(Hay cosas que uno nunca sabe y no importa, sin embargo, en el momento en que se sabe eso que no se sabe es oculto, se hace más interesante)
- ¡Ya voy! – Lily bajaba apresurada la escalera. El timbre sonaba una y otra vez. No había nadie más en la casa, su madre había salido a hacer algunos trámites y su hermana había salido con su novio, por eso Megan la llevaría a kingcross. – Estás atrasada – Dijo Lily cuando abrió la puerta y vio a Megan esperando que abriera, les quedaba poco tiempo para llegar o perderían el tren a Hogwarts.
- ¿Mis cartas? – Preguntó Megan, pero Lily ya había salido con el baúl y lo situaba en el maletero del convertible rojo. Lily se había olvidado completamente, no las había ni buscado.
- No hay tiempo, le pediré a mi mamá que las envié – Dijo, escribió una nota rápida para su madre y subió al auto. Megan partió el auto y salieron más rápido de lo normal en dirección a Kingcross.
Luego de la carrera contra el reloj, resulto que llegaron media hora antes gracias al maldito hábito de Megan de no saber controlar la velocidad. Bajaron los baúles del auto más tranquilas por todo el tiempo recuperado.
King Cross se encontraba abarrotado de gente, arrastraron el carrito hasta barrera entre las estaciones nueve y diez, donde un chico muy guapo se encontraba apoyado. Pelo castaño, ojos azules, alto, atlético...
La pared donde estaba apoyado era la entrada al mundo mágico, la entrada a la estación nueve y tres cuartos. El chico al parecer era muggle, puesto que no desaparecía tras la pared.
Lily trató de alejarlo de la pared, necesitaban desaparecer tras ella y el estaba apoyado, ¿como le iban a explicar a un chico muggle, muy lindo por cierto, que necesitaban atravesar la barrera?
Parecía que la hablar con él no había sido la mejor táctica, el solo respondía y parecía estar tan interesado en cualquier cosa que Lily tenía que decir que realmente la incitaba a seguir hablando. Lily no pudo decirle que se fuera por lo que estuvieron hablando por quince minutos, lo que parecieron horas para Meg quien no quería tomar parte de la conversación, ahora esta comprometida y hacer lo que en estos minutos estaba haciendo Lily iba en contra las reglas del juego. ¿No?
-
¡Mathew ahí estás! - Dijo una voz dulce que pertenecía a una
chica.
- ¡Dani! - Gritó Meg muy feliz de que por un lado
vinieran refuerzos, y por el otro que si se quedaban sin ir al
colegio Dani tampoco iría.
- Te estaba esperando – Respondió
el chico que había estado todo este tiempo obstruyendo la pasada. Lo
siguiente que hizo fue desaparecer tras la barrera.
-¡Pensábamos
que eras muggle! - Dijo Meg resentida una vez cruzó la barrera tras
Lily, Mathew puso cara de ofendido - ¡Estabas apoyado en el
portal!
- No lo estaba - Dijo el, tomando la misma posición que
antes pero está vez "apoyado" en una muralla invisible. Meg
lanzó un grito de desesperación.
Ahí los esperaba el flameante "expreso de Hogwarts", solo faltaba quince minutos para que partiera. Mathew tomó galantemente el baúl de Lily y las guío al vagón donde se encontraba Cat y Sam esperando. Danielle caminaba ágilmente detrás de él.
Mathew colocaba los baúles en la rejilla mientras Dani les explicaba quien era Mathew, y entonces Lily enrojeció, no podía creer que hace cinco minutos atrás había intentado coquetear con él. Claro que coqueteaba con chicos, pero solo con aquellos que mas probablemente no volverían a verla nunca más. Era un arma etiquetada en "Solo para emergencias"
Hablaron un poco de las vacaciones, sin entrar en mucho detalle, de pronto Sam hizo una pregunta que cambio completamente el giro de la conversación:
-¿Alguna chica en vista?
Mathew se puso nervioso y esto les causo mayor curiosidad a ellas, incluso Meg que estaba comprometida no podía evitar sentir curiosidad por esta pregunta, Cat era la única que podía estar enfrascada en un libro incluso después de tal pregunta.
Dani, Lily, Meg y Sam empezaron a acercarse a Mathew quien se vio acorralado y parecía bastante indeciso si prefería decirlo o simplemente morir en el intento de guardar el secreto. La puerta fue abierta de un portazo, y Andrew entró por ella.
-
El paraíso ¿no? - Le dijo a Mathew quien estaba minimizado en su
espacio y todas las chicas cerca de él - ¿Y que hace la chica más
bonita en un rincón? - Pregunto a Cat haciéndose el galante, ella
sonrió pero no quitó la vista del libro que leía. Las chicas se
dispersaron y volvieron a sus asientos pero no pararon de mirar
elocuentemente a Mathew.
- ¡Hola Andrew! – Sam era la única en
pararse y abrazarlo como correspondía, las demás estaban resentidas
por haber dejado la pregunta inconclusa - Mathew, Andrew... Andrew
Mathew - Los presentó.
- ¿Qué le hacía a Mathew? – Preguntó Andrew aún sin decidir donde sentarse. Como nadie respondía Andrew tomó cartas y venganza sobre el asunto – ¿Mathew vamos al compartimiento de Kevin? – Los chicos se fueron, Mathew feliz de dejar la habitación.
- ¿Recuerdan que aún falta una semana para el DIR? – Dijo Samantha, mirando distraídamente por la ventana, todas asintieron en silencio, había algo en el tono de Samantha, la falta de emoción, que les hacía escuchar – Tengo sus regalos en el baúl – Susurró ella – Pero algo muy raro pasó esta mañana – Los ojos se le llenaron de lágrimas, sin embargo estas no escaparon de sus ojos. Alguien abrió la puerta, era Andrew – Hablamos después – Se apresuró a susurrar Sam solo para que ellas escucharan.
- ¿Sam? – Preguntó el preocupado, ella movió su cabeza, negando rápidamente, "no preguntes" decía su cara. Las lágrimas por fin cayeron. Andrew se sentó al lado de ella y la abrazó, ella se apoyó en su hombro.
- ¿Chicas? Creo que necesitamos una junta, hoy o mañana. – Dijo Danielle. Todas se sorprendían de cómo cuando Dani estaba preocupada o en un ambiente preocupado, tenía la capacidad de resumir en pocas palabras todo lo que necesitaban. Y siempre daba el primer paso para resolver los problemas.
El ambiente luego cambió, ahora estaban felices, entusiasmadas, hablando de la fiesta de bienvenida, las clases, los chicos, las chicas.
- Este año las chicas tienen que invitar al baile – Dijo Meg y todas las presentes exclamaron un no, largo, claro y suplicante. Meg solo rió, ella ya tenía pareja, desde ahora siempre sería la misma.
Se cambiaron al uniforme. Ya era de noche, el tren empezó a aminorar la marcha, en poco tiempo paró en la estación de Hogsmeade, iluminada por velas que nunca se extinguían.
Se bajaron, la estación de pronto llena de gente y Filch, el celador del colegio, gritaba "¡Los de primer año apuren si no quieren ser colgados de los tobillos!" y los niños de once años corrían hacía el lugar asustados.
Se subieron a un carro tirado por caballos invisibles. El trayecto lo pasaron en silencio, cada uno en sus propios pensamientos, a los diez minutos pudieron ver a la lejanía el hermoso castillo de Hogwarts: negro al cielo nocturno y con sus ventanas iluminadas. Y al minuto fueron bienvenidos por dos cerdos alados de piedra que se encontraban en el límite de los terrenos.
No esperaron mucho y ya tuvieron que bajar, entraron al vestíbulo y pasaron por unas grandes puertas de roble al comedor donde se podía observar el cielo, sin nubes y salpicado de estrellas, a través del techo.
En el comedor había cuatro mesas paralelas, encima de ellas habían estandartes de Hogwarts y de la respectiva casa a la que pertenecía la mesa, la primera era Slytherine, luego venía Ravenclaw, Hufflepuff y por último Gryffindor. Encima de las mesas platos, bandejas, copas y cubiertos dorados yacían.
Al fondo del comedor, una mesa enfrentaba a las otras. Ahí se sentaban los profesores. En medio de esa mesa se encontraba un sitio más alto que el resto, donde se sentaba el director: Albus Dumbledor.
Arriba, flotando cerca del techo se encontraban velas que inundaban el salón de una luz dorada, haciendo brillar todo lo metálico que se encontraba en el lugar.
Las chicas y Andrew se dirigieron a la última mesa, Gryffindor, se sentaron y observaron cómo un río de gente entraba por las grandes puertas y se dirigía a las diferentes mesas.
El comedor se llenó y un gran barullo se estableció en el lugar. Los profesores y el director ya ocupaban sus sitios, solo un asiento se encontraba vacío en su mesa.
Después de un rato las puertas se volvieron a abrir y una bruja con rostro severo entró por ellas, su pelo castaño iba recogido, llevaba un sombrero puntiagudo negro y una túnica verde esmeralda, en las manos de la bruja un taburete, un pergamino y un ajado sombrero puntiagudo. La profesora McGonagall, como se llamaba la bruja, iba a la cabeza de un desfile de niños asustadizo de no más de once años que en una fila recorrieron el salón y se ubicaron cerca de la mesa de profesores, entre ellos se encontraba Mathew.
La profesora McGonagall situó el taburete al frente del director, y dijo – Cuándo diga su nombre pasaran al frente, se sentaran en el taburete y se pondrán el sombrero – puso el sombrero sobre el taburete, todos guardaron silencio. Un corte que había en el ajado sombrero se abrió formando algo parecido a una boca y comenzó a cantar:
Antes de que yo fuera unido,
Antes de que pudiera aconsejar,
Cuatro magos escogidos,
No por suerte ni azar.
Forjaron un colegio,
Que magia iría a enseñar,
Estos magos en acuerdo,
Hogwarts lo hicieron llamar.
Slytherine enseñaba,
A todos con ambición,
Gryffindor instruía,
A todos con valor,
Ravenclaw elegía,
A quien libros le gustara,
Y Hufflepuff aceptaba,
A quien dar anhelara.
Yo fui cortado y cosido,
Rellenado y educado
Con todo lo que requería,
El alumno que seleccionaría.
Mi misión estoy efectuando,
Pero más me han confiado,
Aconsejar a su alumnado,
Ahora que no están a su lado.
Y por eso os digo,
Que aunque os encuentres separados,
Deberán ser amigos
Y permanecer por siempre unidos.
Pues tiempos difíciles acechan.
Sam se quedó perpleja, "tiempos difíciles" había dicho su padre. El sombrero dejó de cantar, y todos en el salón aplaudieron. Luego la profesora Mcgonagall se dispuso a llamar a cada persona por nombre.
- Tengo tanta hambre – Susurro Dani, tomando a nadie por sorpresa, ella siempre tenía hambre. Lily la hizo callar. De pronto alguien hizo eco a las palabras de Danielle.
- ¡James, tengo hambre! – Era Sirius, y lo había hecho en un volumen mucho más alto y desconsiderado que Danielle - ¿Cuánto falta? – Realmente no le sorprendía Lily, era Sirius, obvio no tenía ninguna consideración por que estuvieran en la selección.
- No mucho espero – Respondía James. Estaban sentado un poco más allá, y Lily no se atrevía a callarlos por que podía hacer mucho ruido. Debió haber tenido cara de pánico o algo por el estilo por que Remus al verla golpeó a sus dos amigos en el hombro.
- ¡Cállense ya! – Lily miró a Remus y le agradeció con la mirada. De repente Lily se dio cuenta de un suceso, James no la miraba. Entonces Lily se quedo mirando a James, pero el no la miraba, se forzó a quitar la vista de Potter.
El director, un hombre de edad, con larga barba y pelo plateado, miró a través de unos lentes de media luna a su alumnado, se paró y dijo solemne:
- Que comience el banquete - En las bandejas aparecieron los más ricos y variados platos: carne de vacuno, de cerdo, de pollo, de pavo; papas duquesas, asadas, salteadas y fritas; arroz, diversas ensaladas, purés de todo tipo, tortillas… Y en las copas apareció jugo de calabaza.
Todos se apresuraron a tomar lo que alcanzaban, y la bulla volvió a reinar. Lily empezó a preocuparse en comer pero de vez en cuando sin poder evitarlo echaba una mirada a James quien nunca miró en su sentido. Danielle la miraba del otro lado de la mesa preocupada. Así que Lily cambió su cara y no volvió a mirar en su dirección.
Luego del plato principal vino el postre y, cuando ya casi no quedaban, el director volvió a levantarse de su asiento.
- Les pido, por favor, que pongan atención. Bienvenidos a los nuevos, y bienvenidos de nuevo a los no tan nuevos. Las clases comenzaran el lunes, los prefectos les entregaran los horarios mañana en el desayuno.
"El celador me ha pedido decirles que las bombas fétidas han sido agregadas a la lista de cosas prohibidas, lista constituida de ciento veinticuatro objetos, si alguien la quiere leer les recuerdo que se encuentra en el despacho del celador Filch. Cualquiera que posea cualquiera de estos objetos será castigado – Miró de forma notoria a los Merodeadores.
"Quiero hacer hincapié en lo que el sombrero ha mencionado: Tiempos difíciles vienen, permanezcan unidos. - Su rostro se había ensombrecido, pero pronto volvió a la normalidad - Bueno, y ¿qué están esperando? Vallan a sus habitaciones ¡Chop, chop! - Los apremió.
- Les mostraremos la forma más fácil de llegar a la sala común de Gryffindor, deberán recordarlo al igual que la contraseña para entrar, síganos - Dijo Remus hablando a la masa de enanitos que resultaban ser los niños de primer año - ¿Que tal tus vacaciones Lily? - Lily sonrió, Remus Lupin Era el único Merodeador que le caía bien, hasta lo consideraba su amigo.
- Bien ¿las tuyas? - Respondió Lily
- Sobreviví - Dijo Remus con un gesto melodramático, luego se dio vuelta a hablar con los niños de primero - Para llegar a la sala común deberán pasar por estas escaleras, cuidado, les gusta cambiar.
A medida que avanzaban los cuadros empezaban a mirarlos, saludarlos y a moverse de cuadro en cuadro. Llegaron al séptimo piso, frente a ellos se encontraba un cuadro de una señora regordete con un vestido rosado.
- ¿Contraseña? – Preguntó la señora del cuadro
- Draco Dormiens Nunquam Titillandus - Dijo Lily con voz alta y clara, el cuadro se abrió - Tenemos que cambiar la contraseña, nunca se la aprenderán.
Entraron en una habitación con colores rojos y dorados, los más cómodos sillones y en una esquina el más calido fuego crepitaba. En las paredes habían, al igual que en el resto del castillo, cuadros que se movían.
- Mujeres a la izquierda, Hombres en la derecha - Dijo rápidamente Lily, señalando unas escaleras de caracol que ascendían – ¿Remus? ¿Qué tiene James? – Lily no se había dado cuenta pero había usado su nombre de pila, siempre decía "Potter" pero esta vez solo no sonaba natural de esa forma. Remus hizo como que no entendía lo que ella decía y subió por las escaleras que conducían a los cuartos de los hombres.
- Meg quiso que esperáramos por ti para que nos enseñara su regalo – Dijo Danielle desde un sillón, entonces Lily notó que estaban ahí, esperaba que no hallan escuchado lo que le preguntó a Remus - Así que ahora que éstas… Dinos, dinos, dinos - Empezó a cantar con voz de soprano, Meg no tenía muchas intenciones de callarla, les encantaba escuchar cantar a Danielle.
- Cierren los ojos, tómense de las manos y síganme. No abran los ojos hasta que les diga, o arruinarán la sorpresa - Dijo Meg luego de unos minutos y se hizo silencio. Meg le ofreció su mano a Lily, ellas cerraron los ojos y empezaron a ser guiadas a la habitación - Cuidado escaleras - El paso se hacía dificultoso por que tenían los ojos cerrados, se demoraron algo en llegar. Meg abrió la puerta a la habitación - Todavía no - Hizo entrar una por una, y una vez que estuvieron adentro ella dijo - Abran los ojos…
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Es increíble lo mucho que ha cambiado la historia. La primera vez que la escribí los personajes casi no se desarrollaban, ahora me gusta más. Aun no releo ni el capitulo 3 ni el 4. Por lo que deben haber algunos errores. Ahora avanzaré en el quinto, pero no lo voy a terminar. De Seguro lo subo mañana.
Ahora sabemos más de Sam y de Cat. Dani aun sigue siendo bastante un misterio sobre cual es su verdadero problema, pero eso se desarrollará en los siguientes capítulos.
OreoO
