Los personajes de KHR le pertenecen a la maestra Amano Akira, lamentablemente para los OC´s de este fic, ellos me pertenecen BUAJAJAJAJA! (RISA MALIGNA)
Shoot 11°, Charlas.
LUGAR: NAMIMORI, JAPÓN.
HORA: 11:54 P.M.
La oscuridad de la noche pobremente iluminada rodeaba las calles por las que Sora corría desesperada en un intento de huir, pero la pregunta sin respuesta aun estaba en el aire, ¿De que huía?
Sora siguió corriendo en la oscuridad hasta llegar a un pequeño parque en el cual tropezó con sus propios pies a causa del cansancio.
- Itte. – expreso mientras tomaba asiento y se sobaba la cara.
A pesar de que ya había quitado el dolor no había retirado su mano de su rostro… Sora, eres la única en toda la familia vongola, además del zio Tsuna, que posee la flama del cielo… resonaron las palabras de Diana en su cabeza.
La menor rápidamente, pero no sin dificultad, se puso de pie mientras retiraba la mano de su rostro, se acerco a unos columpios y tomo asiento en uno de ellos.
- Aah (suspiro), ¿Qué debo hacer, nono? – se pregunto Sora con la cabeza baja mientras sus ojos se llenaban de lagrimas.
- ¿Puedo sentarme también? –
- IIIIIIIIIHH! – grito Sora y se aparto inmediatamente de los columpios hasta chocar su espalda contra un árbol al haber escuchado la voz de un desconocido.
- Itte! – expreso la chica al golpearse.
- Estas bien? – pregunto el extraño con preocupación.
- S-si. – respondió Sora.
- ¿Segura? A mi sonó como un golpe muy fuerte. – señalo el extraño mientras tomaba asiento en uno de los columpios.
- E-estoy acostumbrada gracias a Reborn. – dijo y pensó la chica.
- En ese caso, ¿Por qué no bienes aquí y tomas asiento en el otro columpio? – le pregunto el extraño.
Sora no respondió de inmediato, sino que se dedico a observar a aquel personaje con cuidado. Se trataba de un hombre de mediana edad, de veinte-tantos o treinta-y-pocos años, de complexión delgada, lo que más llamaba la atención de él era esa enmarañada y revoltosa melena rubia y aquellos exóticos ojos color ámbar, usaba una camisa blanca y un pantalón de tela formal, en cierta forma le recordaba a alguien, pero en ese instante estaba tan asustada que no recordaba a quien.
- Relájate pequeña, no muerdo. – intento tranquilizar a la niña.
- T-tengo 13 años. – se intento defender Sora.
- Bueno, entonces, ¿Le apetecería a la adorable señorita acompañarme esta noche? En verdad no te lastimare. – dijo el extraño con una cálida sonrisa.
Sora no supo porque, pero se puso de pie y avanzo hasta sentarse en el columpio contiguo.
El extraño sonrio con cariño.
- ¿Por qué no me cuentas tu pena? Dicen que es bueno hablar los problemas con gente mayor, de esa forma quizás encuentres la solución. – pidió el extraño con amabilidad.
Sora lo observo de nuevo, sentía que por algún extraño motivo el le ayudaría.
- Se-se trata de mi familia. – comenzó la menor.
- Ah, los clásicos problemas familiares. – expreso el mayor – No me digas, tu madre te corrió de la casa porque estas embarazada. – no fue una pregunta.
Sora observo al mayor con cara de WTF.
- Ya quisiera yo que fuera algo así. – expreso la menor.
- ¿No es eso? – cuestiono el mayor con sonrisa boba.
Sora negó.
- Je-je, entonces señorita, ¿Qué sucede? – cuestiono nuevamente con cara amable.
Sora miro a suelo.
- Quieren que haga algo, pero…
- No estas segura de si lo lograras. – concluyo el extraño por ella.
Sora asintió.
El extraño sonrio y alzo su rostro al cielo estrellado.
- ¿Sabes? Cuando era joven, yo quería hacer muchas cosas, pero no estaba seguro de si las lograría. – comenzó – Un día, unos de mis mejores amigos me dio la idea más loca de la historia, le dije que era imposible, ¿Y sabes que me contesto? –
Sora alzo su mirada en la clavo en la figura del extraño.
El extraño dirigió su mirada ambarina a la cara de Sora.
- Que no lo sabría hasta que lo intentara. – concluyo el mayor con una sonrisa comprensiva en el rostro.
- ¿Y que paso? –
- Lo intente. –
- ¿Y? –
- Fue la mejor decisión de mi vida. –
Sora no dijo nada más.
El mayor sonrio y se puso de pie, se estiro y jugo con el cabello de Sora dejándolo todavía más enmarañado.
- Sera mejor que me vaya antes de que mis amigos vengan por mi, y créeme, no quieres conocer a mis amigos aun. – anuncio el mayor.
Sora asintió mientras agachaba la cabeza, meditando las palabras de aquel hombre.
El hombre por su lado sonrio.
- Se que tomaras la decisión correcta, Sora-chan. –
Sora de inmediato alzo el rostro, ¿Cuándo le había dicho ella su nombre?
Pero en cuanto su cabeza se alzo no vio a nadie más en ese parque.
Sora palideció.
- N-no m-me d-di-gas q-que e-er-era u-un f-fan-fantas-uh? – tartamudeo la pobre chica hasta que diviso en el columpio donde se estaba aquel extraño un objeto – Un reloj de bolcillo. – dijo al momento de tomarlo entre sus manos.
Sora lo examino con cuidado.
- Es de oro. – dijo al momento de abrirlo – Pero esta roto. – dijo al ver que la hora que marcaba el reloj era incorrecta.
Sora tomo el pestillo en el lado derecho del reloj y le dio vuelta para ver si podía arreglarlo.
De repente, una flama anaranjada broto del centro del viejo reloj e hizo que una burbuja del mismo color que la flama rodeara a Sora, y entonces las manecillas del reloj comenzaron a retroceder, cada vez más rápido y más rápido.
- IH! ¿Qué esta pasando? – se pregunto asustada Sora. –
Cuando las manecillas dejaron de girar marcaron las cinco treinta, el sol del atardecer iluminaba el cielo del parque y una brisa un tanto fría soplaba.
- ¿Qué sucedió? – se cuestiono Sora en un susurro.
Miro a su alrededor confundida.
Sin duda era el mismo parque, pero faltaban los paneles solares en los arboles y algunos generadores de energía eólica cerca de las fuentes, también el parque se veía más pequeño, había más arboles.
- Por aquí. – llamo una voz acercándose al lugar donde Sora estaba.
Sora no supo porque, pero algo le dijo que se escondiera y así lo hizo.
Se adentro en el pequeño bosque detrás de las bancas donde momentos antes se había tropezado y espero a ver quien era la persona que se acercaba. Grande fue su sorpresa al descubrirlo.
- Enma-kun, aquí estaremos bien. – señalo la persona que Sora jamás espero ver.
Se trataba de un muchacho de unos quince años, su cabello color avellana todo enmarañado y revuelto, sus grandes y expresivos ojos del mismo color que su cabello y usaba el uniforme de otoño de Namichu.
- Imposible. – pensó Sora con horror desde su escondite.
- Ya voy Tsunayoshi. – respondió otra voz.
Se trataba de un chico de aparentemente la misma edad que el castaño, pero su uniforme era diferente, sus ojos y cabello eran rojizos, y necesitaba de un doctor pues tenia muchas curitas en el rostro.
- ¿El tío Enma? – se cuestiono mentalmente Sora.
Ambos adolecentes tomaron asiento en la banca que estaba frente a Sora y sacaron de una bolsa de plástico un par de bebidas calientes.
- Tsunayoshi, ¿Estará bien dejarlos solos? – cuestiono Enma algo preocupado mirando a su amigo.
- Tranquilo, están tan cedados que no pensaran en dar lata por un rato. – sonrio Tsuna.
- ¿Seguro? – alzo una ceja Enma.
Una gota resbalo por la nuca de Tsuna.
- Nos acabamos la bebida y regresamos rápido. – dijo Tsuna con nervios.
- Suena sensato. – concordó Enma.
Ambos muchacho continuaron tomando su bebida sin prisa.
- Tsunayoshi. –
- ¿Umh? –
- ¿Estas seguro de la decisión que tomaste? – cuestiono Enma mirando serio a su amigo.
Tsuna dejo de beber y miro al cielo, luego a Enma.
- No. – contesto – Pero, voy a intentarlo. – contesto mirando con decisión algún punto en los ojos de Enma.
Enma sonrio.
Sora por su parte, se había quedado petrificada en su lugar.
- ¿Y si no funciona? – cuestiono Enma de nuevo, sabiendo ya la respuesta.
- Lo volveré a intentar, ya no estoy solo Enma, debo hacerlo… digo…claro que me da miedo… y es cierto que podría morir… y es verdad que podría no funcionar esto de la mafia y esas cosas… pero… se que si todos están a mi lado…Puedo hacerlo. – concluyo Tsuna con algo de vergüenza.
Enma amplio su sonrisa.
PUM!
Se escucho una explosión.
- Parece que el efecto del cedante que les dieron de acabo. – expreso Enma.
- IIIIIIIHHHHHHH! ¡MI CASA! – grito Tsuna mientras se ponía en pie - ¡VOLVAMOS ENMA-KUN! – grito mientras comenzaba a correr.
Enma asintió y siguió a Tsuna.
- Tsunayoshi. – llamo Enma mientras corrían - ¿Quién creen que haya sido la chica detrás de los arboles? -
- No tengo idea, pero parece que nuestra charla le ayudo. – contesto Tsuna con agitación.
Sora seguía oculta tras los arboles con la mirada fija donde habían estado platicando la versión joven de su abuelo y su tío.
- No estoy sola. – susurro mientras cerraba el reloj.
Y como por arte de magia volvió a aquel oscuro parque, no se había movido ni un milímetro, pero los arboles ya no estaban y en lugar de eso había un punto de reunión en caso de sismos.
Sora dio media vuelta y se dirigió a su casa con paso lento mientras el reloj desaparecía de sus manos.
LUGAR: CASA DE LA FAMILIA SAWADA.
HORA: 00:48 P.M.
- ¡¿CÓMO QUE DEJARON QUE SALIERA? – rugió Hanabi.
- Hanabi, cálmate. –intento tranquilizarle Diana.
- !STAI ZITTO, CAZZO PULEDRA IDIOTA*! – despotrico Hanabi contra Diana.
- ¡HANABI-CHAN! – le reprendió Haru.
- Pero nona…
- Nada de peros, jovencita, Diana-chan no tiene la culpa de nada aquí. –
- Tsk. – chasqueo la lengua la menor – Entonces saldré a buscar a la onceava. – dicho esto se puso la chaqueta y saco su celular.
Marco un número automático.
- EXTREMOS BUENOS DIAS PARA TI HANABI. – respondió Ryota del otro lado.
Hanabi tuvo que separar el auricular de su oído para no acabar soda.
- Si, si, lo que sea. – la muchacha hizo un ademan con la mano – Escucha, Ryota, la onceava salió corriendo desde hace unos momentos y no ha vuelto, llama al idiota de Yamada y dile que nos vemos en la entrada de la escuela…
- No hay necesidad de eso Hanabi-chan. – interrumpió la voz de Sora las ordenes de su prima.
Sora tomo el celular de entre los dedos de Hanabi.
- Nii-chan, no llames a Yamada-kun y por favor vuelve a la cama. –pidió la menor.
- De acuerdo, pero, ¿Estas bien? – le cuestiono su primo por el celular.
- Si, hablamos en la escuela. –
- En ese caso, que descanses EN EXTREMO. – y colgó.
Una gota resbalaba por la nuca de Sora.
- Onceava, ¿Se encuentra bien? – le cuestiono Hanabi apenas Sora le regreso el teléfono.
- Si, me encuentro mejor ahora, Hanabi-chan. – dijo Sora con una pequeña sonrisa – Perdón por preocuparte. – se disculpo.
- Onceava. – los ojos de Hanabi se pusieron acuosos y negó con fuerza – Soy yo quien debería disculparse, no debí de haberme alejado de usted, y mucho menos de haber sabido que le contarían… aquella historia. – se disculpo Hanabi.
Sora sonrio con algo de tristeza, y luego miro en dirección de la entrada de la casa.
- Reborn. – llamo a su tutor.
- ¿Has tomado tu decisión? – cuestiono el bebé desde los brazos de Diana, quien miraba a Sora con algo de culpa en los ojos.
Sora asintió.
- Bien, dime ¿Cuál es? – pidió el mini-hitman.
Hanabi se coloco detrás de Sora para dejar que esta hablara con Reborn.
- No negare que… tengo mucho miedo. – comenzó la menor – Desde el primer día me he estado muriendo de miedo. –
Kyoko y Haru habían salido a la puerta para escuchar.
- Tengo miedo de que gente inocente salga lastimada, de que las persona que quiero salgan heridas, de que no pueda protegerles, y más importante aun… tengo miedo de morir. –
El sombrero de Reborn oculto su rostro.
- Pero… -
El rostro de Reborn se volvió a alzar.
- Puedo intentarlo. – concluyo Sora.
Reborn parpadeo.
- ¿Qué? - cuestiono Reborn.
- Puedo intentarlo. – volvió a decir Sora – No se si… todo vaya a salir bien, pero puedo intentarlo… porque se que… no estaré sola. – dijo la menor mientras jugaba con sus dedos y un leve sonrojo se apoderaba de sus mejillas – Tengo a Hanabi-chan y a los demás, y además, te tengo a ti. – dijo totalmente sonrojada.
Todos ahí presentes sonrieron.
- Entonces… tu decisión es… - continuo el bebé, no iba a parar hasta que la chica lo dijera por su propia boca.
Acepto intentar convertirme en la onceava jefa de la familia Vongola. – dijo con decisión la menor.
Reborn sonrio ampliamente.
- ¡ONCEAVA! – grito Hanabi llena de felicidad mientras saltaba sobre Sora y la abrazaba - ¡SERE LA MEJOR MANO DERECHA DE LA HISTORIA! ¡SE LO JURO! – exclamo la peli-plata.
Kyoko y Haru miraban a Sora llenas de orgullo.
Diana sonreía, se sentía tranquila de nuevo.
- Muy bien, mañana empezaremos con el verdadero entrenamiento. – exclamo en pequeño demo… digo, el pequeño tutor.
- !¿QUÉ? – grito Sora - ¡¿NO ME DARAS AL MENOS UN DIA DE DESCANSO? –
- Te lo hubiera dado si no hubieras huido como lo hiciste. – aclaro el mini-hitman.
Una gotita resbalo por la cien de Diana.
Sora se hinco toda decaída en el lugar donde estaba y Hanabi trataba de subirle el ánimo.
Haru y Kyoko miraban con una sonrisa a su nieta más chica mientras tomaban una taza de té caliente.
- Es tan Tsu-kun. – rio Kyoko.
- Hahi! Definitivamente. – rio Haru.
DICCIONARIO.-
STAI ZITTO, CAZZO PULEDRA IDIOTA* Cierra la boca, potra idiota.
Les aviento un capitulo cortito pero bonito. Apareció Giotto como invitado especial. ¿Qué tal? ¿Les gusto? Pues déjenme saberlo con sus comentarios.
YA-NA!
