Los personajes de KHR le pertenecen a la maestra Amano Akira, lamentablemente para los OC´s de este fic, ellos me pertenecen BUAJAJAJAJA! (RISA MALIGNA)
Shoot 13° Inician los problemas.
LUGAR: ALGUNA PARTE DE ITALIA, CUARTEL VONGOLA
HORA: 1:30 P.M.
Una sombra avanzaba apresuradamente por un hermoso pasillo decorado por una alfombra roja y tejidos dorados, hermosos cuadros de los diferentes paisajes del cielo decoraban las paredes del mismo camino, se detuvo frente a una preciosa puerta de madera de arce en la cual había tallado un escudo familiar.
TOC-TOC.
Llamo con delicadeza.
- Adelante. – afirmo una voz de hombre desde el otro lado.
La sombra giro la perilla y se asomo en el interior del cuarto.
- Ah, Chrome! – saludo con gusto la voz de antes – Pasa, siéntate. -
Sawada Tsunayoshi, a.k.a. Vongola decimo, se había convertido con el paso del tiempo en un dulce abuelito, su cabello, aun abundante, ya no tenia aquel castaño avellana intenso, pero sus ojos aun brillaban con nobleza y orgullo. Usaba una camisa blanca, chaleco, pantalón y zapatos negros, su saco descansaba en el respaldo de su ostentosa y elegante silla, en su mano derecha descansaba con orgullo y presencia el anillo que, si bien lo identificaba como el jefe entre jefes, también lo identificaba como el elegido por sus compañeros como líder.
Chrome asintió y avanzo hasta tomar uno de los asientos frente al escritorio de aquel que no solo era su jefe, era su amigo, su hermano.
Chrome Dokuro, señora de Rokudo Mukuro, hacia mucho tiempo que había recibido un trasplante de órganos, todo pagado por la familia Vongola. Ahora Chrome tenía en cabello largo y opaco, pero aun poseía el característico mechón de piña, su ojo derecho aun estaba enfundado por aquel parche con la única diferencia de que ahora tenia bordado el escudo de guardián de la niebla y el otro aun poseía aquel brillo tímido y noble, su rostro tenia ya arrugas, usaba una larda falda negra lisa, medias negras y zapatos de tacón, una camisa color índigo y un lindo chaleco color negro, en su oreja izquierda brillaba orgulloso su Vongola Gear, aquel delicado accesorio que la identificaba como la segunda mejor ilusionista de vongola.
- ¿Qué te trae por aquí? – cuestiono amable Tsuna a su amiga.
- Boss, usted sabe que es lo que me preocupa. – recordó la mujer.
- Ah, eso. – comprendió el hombre.
- Si, eso. – contesto Chrome con algo de molestia.
Tsuna miro a Chrome con una sonrisa aprehensiva y llena de cariño.
- Van a estar bien. – dijo Tsuna con una sonrisa-suspiro – Creo. – agrego.
- Y si…
- No pasara nada malo… creo. –interrumpió Tsuna no muy convencido al final.
- Mukuro-sama dice que es muy probable que le mate. – señalo Chrome.
- ¿Cuantas veces dijo Mukuro que me mataría? – soltó Tsuna – Aunque si lo pienso bien aun sigue diciéndolo. – recordó.
- El no es como Mukuro-sama y Sora-chan no es como tu Tsuna. – dijo Chrome seria – Al menos no completamente. –
- Lo se y por eso mismo tengo fe. – dijo al final con una sonrisa comprensiva - ¿Algo más que te preocupe? –
Chrome negó, se puso de pie, se despidió y procedió a retirarse.
- No te preocupes, todo estará bien. – concluyo Tsuna.
Y Chrome cerró la puerta con suavidad.
- Creo. – dijo para si mismo el decimo vongola.
LUGAR: NAMIMORI, JAPÓN.
HORA: DOMINGO, 11:30 P.M.
Un grupo del comité de disciplina de Namichu, simples achichincles de Hibiki Hyoga, se encontraba patrullando las calles de la ciudad, esto con la intención de que Namimori siguiera siendo un pacifico lugar, tal y como le gustaba a su jefe y todo parecía ir viento en popa.
- Aquí Namisake, todo en orden, cambio. – informo por un radio uno de los patrullantes.
- Aquí Kuronuma, todo en orden, cambio. – informo otro.
- Aquí Minamoto, todo en… ¿Qué es eso? – pregunto.
- ¿Qué ocurre Minamoto? – cuestiono Namisake.
- Hay algo entre la calle 32 y la avenida Karasu, perece… que hay algo entre la niebla. – informo.
- ¿Niebla? ¿En esta época del año? – cuestiono Kuronuma.
- No te muevas Minamoto, vamos para haya. – ordeno Namisake.
De este modo Kuronuma y Namisake se retiraron de sus respectivas posiciones y fueron a ayudar al compañero con lo que sea que estuviera perturbando la dulce paz de Namimori. Pero al llegar al lugar informado se encontraron con una espesa niebla y sin dudar se adentraron en ella.
LUGAR: NAMIMORI, JAPÓN. CASA DE LA FAMILIA SAWADA.
LUNES, 7:05 A.M.
- ¡KYAAA! – resonó un grito por toda la casa.
Luego se dieron lugar pisadas fuertes y cosas siendo tiradas de sus respectivos lugares. Alguien bajaba las escaleras echa una furia.
- ¡REBORN! –grito Sora desde la entrada de la cocina.
Sora tenia, como siempre, su cabello despeinado, usaba una playera grande color azul agua marina y pans morados, en sus manos tenia sujetadas fuertemente un par de… serpientes.
- ¡¿QUÉ ES ESTO REBORN? – cuestiono en un grito alterado la menor.
- Son una serpiente arcoíris y una pitón albino, ambas de Sudamérica. – contesto sin pena el tutor.
- ¡¿Y QUÉ HACIAN EN MI CAMA? –
- Levantarte. – dijo sonriendo el bebé.
Sora se quedo en blanco.
A ella no la iban a matar los miembros de otras mafias, estaba totalmente segura de que los que le darían muerte serian sus propios allegados, más específicamente su tutor.
- ¿El abuelo habrá pensado esto también? – se cuestiono mentalmente sintiendo algo de lastima por su abuelo.
- Buenos días onceava. – Saludo Hanabi. – Nona-Haru, Nona-Kyoko, Reborn-san, mocosos. – saludo Hanabi a los demás.
- Ten Hanabi-chan. – le dio las serpientes Sora mientras avanzaba hacia las escaleras – Iré a bañarme. – informo.
- Tranquila. – dijo Reborn – Ninguna es venenosa. –
- Pero si viscosas. – contesto Sora.
Y sin más que decir Sora se fue a bañar.
Sora y Hanabi se dirigían a la escuela, Kurumi se había enfermado y no podría ir hoy a la escuela, Yamada tenia entrenamiento matutino y Ryota había salido a correr y aun no regresaba a su casa, posiblemente se había perdido mientras corría.
Ambas usaban el uniforme de otoño pero de formas muy diferentes.
Sora usaba la falda gris, un par de calcetas negras hasta la mitad del muslo, un suéter de manga larga color negro, camisa blanca y el moño rojo al cuello, como el suéter le quedaba aun algo grande se veía de una forma totalmente adorable.
Hanabi por otro lado, también usaba la falda gris, pero ella traía puestas unas mallas color negro con agujeros, sus botas, el suéter negro no tenía magas y las mangas de su camisa estaban arremangadas hasta el codo, sus muñecas tenían sus cuencas explosivas y la corbata en lugar del moño.
- Serpientes… - seguía llorando Sora.
- Véale el lado positivo onceava, ninguna era venenosa. – trato de calmarle Hanabi.
- Ese no es el punto. – señalo Sora.
Ambas chicas siguieron caminando con calma hasta llegar al portón de la escuela, fue ahí donde Sora recordó las palabras dichas por Hibiki el sábado pasado.
- Sora, a primera hora en la escuela el lunes... Te dare hasta partirte. –
Recordó y todo su ser tembló.
- Glup! – trago fuerte.
De repente estar encerrada en casa con el psicópata de su tutor no se le hacia tan mala idea.
- ¿Qué demonios querrá Hibiki tan temprano? – cuestiono de mala manera la ojiverde.
Y es que el susodicho se aproximaba hacia ellas con cara de muy pocos amigos, apretando sus chacos con rabia.
Sora alzo sus brazos frente a ella en busca de que el golpe que el mayor le propinara no le doliera tanto, pero Hibiki paso a su lado como si no le hubiera visto.
- ¿Eh? – reacciono la castaña mientras miraba incrédula a Hibiki.
- ¿Y a ese que le pasa? – expreso Hanabi.
- Fiu. – suspiro aliviada Sora.
El día de hoy no moriría… aun.
En Namichu se respiraba la tranquilidad ahora que Hibiki y sus matones, perdón, prefectos, se habían retirado del lugar por alguna extraña razón, varios de los alumnos se encontraban relajados y hasta liberados debido a la ausencia del comité disciplinario, pero unos cuantos, como Sawada Sora, se removían inquietos ante la incertidumbre.
- ¿Qué pudo haberle molestado de esa forma? – se cuestiono Sora preocupada.
El rostro oriundo de Hibiki emergía de entre sus recuerdos, rabia y odio, eso era lo que reflejaban los ojos del prefecto en el instante en el que la castaña le miro.
- ¿Onceava? – llamo Hanabi - ¿Se encuentre bien? –
Sora reacciono y miro a su prima con perplejidad.
- ¿Qué? – cuestiono.
- ¿Qué si esta bien? – volvió a preguntar la peli-plata.
Sora miro a su alrededor y descubrió que tanto Ryota como Takao le miraban con preocupación.
- Nii-chan, ¿A que hora llegaste? – le pregunto la menor.
- Hace unos momentos. – respondió mirando a su prima preocupado.
- ¿Te ocurre algo? – cuestiono Yamada.
Los ojos castaños brillaban con preocupación, Sora nunca se había visto tan distraída.
- No. No me pasa nada… es solo que… algo no esta bien. – respondió Sora mientras desviaba su mirada hacia su escritorio.
Los otros tres se miraron entre si y luego voltearon a ver Sora. No sabían como ni porque pero algo grande estaba a punto de ocurrir.
LUGAR: NAMIMORI, JAPÓN. AEROPUERTO INTERNACIONAL.
HORA: 12:32 P.M.
El internacional de Italia acaba de aterrizar en el hangar.
Muchos turistas bajan del avión maravillados por lo que ven, pero solo dos de ellos caminan con apuro entre la multitud.
- ¿Quién diría que expediría el permiso tan rápido? – hablo un hombre.
- Esto demuestra que no debes subestimarle solo por su cálida sonrisa. – incluyo una mujer.
- Eso solo lo vuelve aun más aterrador. – hablo de nuevo el hombre.
- Muy cierto, pero este no es momento para eso, si no nos damos prisa, algo malo ocurrirá. – hablo la mujer.
- Si no es que esta ocurriendo ya, anee-san. – concluyo el hombre.
LUGAR: NAMIMORI, JAPÓN. TEMPLO ABANDONADO A LAS AFUERAS DE LA CIUDAD.
HORA: 1:35 P.M.
El viejo templo a las afueras de Namimori había servido como refugio para damnificados después de un terremoto que fue seguido por un tsunami ataco al país, lamentablemente después de eso el templo fue olvidado y poco a poco se convirtió en uno más de los tantos lugares supuestamente embrujados de la ciudad.
Hibiki Hyoga estaba frente al recinto.
Habían sido treinta minutos de subir escaleras, ¡MEDIA HORA DE SU TIEMPO! Sin duda alguna le daría hasta partirle al bastardo que osó lastimar a sus subordinados.
Nadie, y repito, NADIE, excepto el, tenia derecho a tocar a sus miserables mortales.
Hibiki avanzo dentro del edificio.
El interior estaba todo empolvado, los pocos muebles que había estaban ensabanados para evitar el deterioro, ventanas rotas y selladas por tablas, al igual que las puertas, Hibiki tuvo que patear la puerta por la que entro para poder acceder, las tablas del piso crujían y chirriaban con cada paso.
Hyoga aun hierve al recordar el mensaje que encontró en su oficina esa mañana.
*Flashback*
El prefecto había tenido una agradable noche de descanso. Llego como siempre temprano, reviso que todo estuviera bien en las instalaciones, que las toma corrientes estuvieran aseguradas y que el agua potable no tuviera fugas, etc. Todo estaba en perfecto orden. Se encamino hacia su oficina con calma, los maestros y alumnos no tardarían en llegar. Giro la perilla y abrió la puerta, fue ahí donde su calma se vino al traste. La oficina estaba toda revuelta y manchada de sangre, tres de sus subordinados yacían en el piso, el sofá y el escritorio, los tres estaban inconscientes, miro hacia la pared derecha del lugar, había un mensaje escrito en sangre.
"Templo abandonado de Namimori.
Ven por mi… si te atreves."
Leyó.
Y con una ira cruda e irracional salió de su oficina echo una furia, no sin antes llamar a Kuzakabe para que se encargara de los heridos, pero su más allegado ayudante le informo que de hecho había otros heridos en diferentes zonas de la ciudad y todos murmuraban algo sobre una extraña niebla. Eso fue suficiente para que Hyoga entendiera, ÉL había venido. La ira de Hibiki aumento, esta se las pagaría a cualquier costo.
*Fin flashback*
El jefe de prefectos de Namichu se detuvo justo en medio del recinto.
- Se que estas aquí. – dijo en voz tan fría que quemaba.
- Nu-fu-fu-fu-fu. – se escucho una risita entre las sombras - ¿Así saludas después de tanto tiempo sin ver a un viejo amigo? Que bueno que las expectativas que tengo sobre ti no son tan altas. –
Hibiki giro su cuerpo en dirección de la voz.
- No recuerdo haber sido en algún momento tu amigo. –
De entre las sombras apareció un individuo.
Era un muchacho de la edad de Hibiki, su corto cabello de color índigo estaba dividido en tres secciones, la de en medio tenía el copete suelto y en la parte de atrás se notaba un extraño mechón todo alborotado, usaba un saco militar color oscuro con botones dorados, pantalones a juego y botas militares, sus manos estaban enfundadas en guantes de cuero negro y tenia unos extraños ojos bicolor, el derecho rojo y el izquierdo azul oscuro, como las profundidades aterradoras y misteriosas del mar.
- Rokudo Kokuro. – siseo Hibiki.
- Hyoga-kun. – respondió con cinismo el de ojos bicolor.
El ambiente, de por si pesado por la atmosfera abandonada de la construcción, se había vuelto insoportable, el aura asesina de ambos muchachos viciaba el aire. Hibiki alzo sus chacos listo para pelear.
- No tiene que ser así. – señalo Kokuro con una sonrisa cínica.
Hibiki sonrio también.
- Que mal mentiroso eres. – respondió Hibiki con fiereza.
Y ambos muchachos se lanzaron el uno contra el otro.
*Namichu*
El cuerpo de Sora se helo, sus manos temblaron causando que tirara el lápiz que sostenía en su mano derecha, una corriente eléctrica recorrió su espina dorsal dejándola sorprendida y asustada.
De la sorpresa la castaña se puso de pie llamando la atención de sus compañeros de clase y del maestro.
- ¿Ocurre algo Sawada?- cuestiono algo molesto el maestro.
- Onceava, ¿Se encuentra bien? – susurro Hanabi.
Sora miro primero al maestro y luego a su prima.
La confusión y el miedo inundaban su mirada.
- Gokudera lleva a tu prima a la enfermería, creo que necesita descansar. –
- No me lo dice dos veces. –
Hanabi estaba por ponerse de pie cuando Sora negó con la cabeza.
- No. Me encuentro bien, no se lo que me paso. – Y volvió a tomar asiento rápidamente.
- ¿Segura onceava? Se ve algo pálida. –
- Estoy bien. – aseguro la castaña.
Aun así nadie creyó que ella estuviera bien.
- ¿Qué demonios fue eso? – se interrogo mentalmente Sora mientras la lección continuaba.
*Templo abandonado*
Una densa niebla se despejaba en los alrededores del templo abandonado. El exterior de la vieja estructura se veía justo igual que cuando Hibiki hubiera entrado en el, sin embargo, las cosas dentro eran muy distintas.
Hibiki yacía tirado en el suelo, su cuerpo mostraba una cantidad considerable de daño, su impecable uniforme se encontraba manchado por su propia sangre y sus chacos se encontraban destruidos y arronzados lejos de su alcance.
- Nu-fu-fu-fu-fu. – Sonrio divertido Kokuro mientras se acercaba a su oponente caído – No has cambiado nada Hibiki-kun, duro por fuera pero blando por dentro, aun así no fue una total decepción. – dijo Kokuro.
El de ojos bicolor tampoco había salido limpio de la pelea, su uniforme se encontraba todo rasgado y manchado con sangre, su cabello despeinado y su rostro mostraba claras marcas de haber recibido cierta cantidad de golpes.
- Ahora, solo queda esperar. –
Y siendo rodeado por una espesa niebla Rokudo Kokuro desapareció.
*Namichu*
Faltaba poco para finalizar la jornada escolar, solo quedaba la hora de química y de ahí los jóvenes serian libres de ir a casa o a pasear, pero no todos tenían la misma idea.
- Sawada Sora, Gokudera Hanabi, Yamada Takao y Sasagawa Ryota se les llama en la oficina del director. Repito. Sawada Sora, Gokudera Hanabi, Yamada Takao y Sasagawa Ryota se les llama en la oficina del director. -
Sora miro curiosa a su prima, esta solo se encogió de hombros.
- Sawada y Gokudera, ya escucharon. – les dijo el profesor de química mientras señalaba la puerta.
Mientras Sora y Hanabi se dirigían a la puerta del laboratorio sus compañeros murmuraban y reían señalándolas, más al dirigirles Hanabi una mirada de cállense-o-meteré-dinamita-en-un-lugar-muy-incomodo-de-su-anatomia todos voltearon a prestarle atención al maestro.
Una vez fuera ambas se dirigieron a la oficina del director
Afuera de dicha oficina ya se encontraban Takao y Ryota.
- Yo! Sora, Gokudera. – saludo Takao.
- ¿Saben por que nos han mandado llamar? – pregunto Ryota mirándolas.
- Pues si no fue culpa de ninguno de ustedes dos ni mía no tengo idea. – aclaro Hanabi.
- En ese caso averigüémoslo. - propuso Sora.
Sin decir más los cuatro muchachos se acercaron a la puerta.
TOC-TOC.
- Adelante. – se escucho desde el interior.
Sora abrió la puerta y entro seguida de sus amigos.
- Sora-dono, Hanabi-dono, Ryota-dono es bueno verlos de nuevo y es un placer conocerte al fin Takao-dono. – saludo el director desde su escritorio dejando de lado el papeleo.
El hombre era mayor, de unos 80 años, su cabello aun abundante cubría uno de los preciosos ojos azules que adornaban aquel rostro lleno de arrugas, usaba traje y corbata negros y su sonrisa era agradable y cálida.
- ¿Ocurre algo tío Basil? – hablo primero Sora.
- ¿Tío? ¿Son familiares? – pregunto Yamada.
- Pertenecemos a la misma familia más no estamos relacionados por sangre. – le contesto Hanabi.
- Espera… ¿Hablas de ESA familia? – expreso Sora mirando a su prima con incredulidad – No tu también tío Basil. – se resigno.
Basil simplemente sonrio ante la reacción de Sora, se veía exactamente como Tsuna cuando se entero de que su padre era el jefe de CEDEF.
- Lamento no haber dicho nada con anterioridad Sora-dono, pero se me dieron órdenes específicas de no hablar hasta el momento adecuado. –
- ¿Y es este el momento adecuado para que el segundo jefe de CEDEF hable? – intervino Hanabi.
- Correcto. – respondió con toda calma Basil.
- Vaya chicos, ustedes se llevan este juego de la mafia muy en serio, jaja. –
Todos en aquella oficina, incluyendo a Ryota, miraron a Takao como si fuero en bicho más extraño del mundo.
- JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA. – rompió en limpia carcajada Ryota.
- Un… juego. – arrastro las palabras Hanabi.
- ¿Yamada-kun, hablas en serio? Mejor dinos lo que nos ibas a decir tío. – pensó y pidió Sora preocupada por la salud mental de su amigo.
- Ah! Si, claro. – reacciono el mayor – Se me acaba de informar que han ocurrido bajas dentro del comité disciplinario, a causa de que Namimorichu esta bajo jurisdicción de Vongola se nos a pedido intervenir. – Basil se puso en pie y avanzo hacia Sora haciéndole entrega de un papel.
- ¿Habitación 18B? – leyó Sora dudosa el papel.
Deben ir al hospital, es precisamente en esa habitación donde les dirán que hay que hacer. – explico Basil.
- ¿Una habitación de hospital? – pensó preocupada Sora.
- Un segundo, ¡¿NAMICHU ESTA BAJO JURISDICCION DE VONGOLA? – reacciono Sora al fin.
- Toda Namimori lo esta. – respondió con sonrisa tranquila el mayor.
En la parte de atrás de la oficina Hanabi ahorcaba a Takao mientras Ryota reía estrepitosamente.
*Hospital Gral. Namimori*
Después de haber evitado un asesinato, Sora y sus amigos se dirigieron al hospital de Namimori, pasaron el papel que les dieron por recepción y los llevaron a la habitación previamente dicha.
- Aquí es. – dijo la enfermera que los guio – La habitación 18B, Hibiki Hyoga. – informo.
- ¿Hibiki-san? – exclamo la heredera de Vongola.
Hanabi, Takao y Ryota miraron a la enfermera como si hubiera admitido que en realidad era un hombre disfrazado.
- Así es. – contesto la enfermera sonriente – El señor Hibiki fue traído hace un par de horas lleno de heridas, se le administro tratamiento inmediato. Ahora se encuentra durmiendo mientras unos familiares lo cuidan. – explico la mujer.
- ¿F-Familiares? – pregunto Sora no muy segura de haber escuchado bien.
Hibiki Hyoga era una persona realmente aterradora por si sola, ahora imaginen a sus familiares.
- No es necesario que te pongas de ese color tan pálido pequeña. – exclamo una voz desconocida.
- Ah! Hibiki-san. – Saludo la enfermera al desconocido.
Los menores voltearon a ver al desconocido en cuestión.
Era alto, de tez pálida, en sus tempranos treinta quizá, su cabello era lacio y corto, sus ojos estaban cerrados, acordes con la amable sonrisa que había en su rostro, vestía un traje negro, la camisa blanca desfajada y la corbata suelta y sus manos iban en los bolsillos del pantalón. Cuando Sora observo al extraño le pareció ver a un Hibiki más desinhibido y relejado, uno con el que se puede llegar a un acuerdo sin necesidad de una armadura, eso no se lo esperaba.
- Ah! Un Hibiki que no muerde, jaja. – fue la acertada frase que Takao uso para describir al recién llegado.
- Je, esa es buena. – rio el extraño aceptando con agrado el comentario de Takao – Todo esta bien señorita, son amigos de mi sobrino. –
- En ese caso me retiro. –
Dicho y hecho, la enfermera se retiro.
- Bueno, será mejor que me presente. Mi nombre es Hibiki Sai, soy el tío de Hyoga-chan. –
Después de haber escuchado a Sai decir aquel sufijo después del nombre de Hibiki Hyoga le quedo claro a los cuatro adolecentes que el hombre no le temía a la muerte… o quizá le divertía tentar a la suerte.
- ¿Qué me ve? – pregunto con molestia Hanabi.
Y es que Sai no había dejado de mirarla inclusive mientras este se presentaba.
- No, nada. – mintió el mayor y desvió la mirada.
Ahora era Sora quien miraba al hombre, por algún motivo se le hacia familiar, no por el hecho de que se pareciera un poco a Hibiki, sino por el aura que el hombre despedía.
- Ah. Ahora que recuerdo, déjenme decirle a mi hermana que ya están aquí. –
Dicho esto el mayor entro a la habitación.
- Corríjanme si me equivoco, pero ¿No se suponía que nos iban a dar una extrema información aquí? – pregunto confundido Ryota.
- No será que… -
El pensamiento de Sora fue interrumpido por la puerta de la habitación abriéndose, pero nadie los preparo para lo que salió de ahí. Se trataba de una atractiva mujer de afilados y aun así hermosos ojos oscuros, su piel era pálida y se veía tan suave como un bombón de vainilla, sus labios, delineados por un precioso color rosa pálido, su largo cabello negro le llegaba a la cintura, usaba un saco y falda negros, una camisa color morado con los dos botones superiores sin abrochar y medias negras.
- Mi nombre es Hibiki Satsuki, soy la medre de Hyoga. Mucho gusto en conocerlos. – se presento con voz suave.
Takao silbo por lo bajo, jamás se imagino que la madre de Hibiki fuera tan bonita, el susodicho fijo su vista en sus compañeros, pero sus expresiones solo lo confundieron, Sora y Ryota miraban a la mujer como si de un fantasma se tratase, ambos estaban pálidos y con rostro de susto, pero la expresión de Gokudera fue lo que le asusto más, Gokudera Hanabi estaba llorando.
- ¿Mamá? – soltó Hanabi en un suspiro.
Y… ¿Les gusto el final? Háganmelo saber con sus reviws.
Esta es apenas la primera de muchas sorpresas reservadas para otros capítulos, espero que la hayan disfrutado y lamento mucho la espera, de verdad, gracias por la critica constructiva, tratare de mejorar esos aspectos y gracias a los muchos otros que me han dejado reviws.
Bye-Bee. :P
