Los personajes de KHR le pertenecen a la maestra Amano Akira, lamentablemente para los OC´s de este fic, ellos me pertenecen BUAJAJAJAJA! (RISA MALIGNA)


Shoot 15ª ROKUDO KOKURO

LUGAR: ALGUNA PARTE DE ITALIA.

HORA: 7:30 P.M. HACE NUEVE AÑOS.

Un pequeño se encontraba hecho bolita en una esquina oscura. Lloraba.

Su corto cabello oscuro cubría su rostro, su cuerpecito se estremecía ligeramente a causa de los sollozos y sus gimoteos hacían un ligero eco en el pasillo oscuro.

Imágenes de un tortuoso entrenamiento cruzaban su mente, recuerdos que no quería fueron sembrados en su joven mente, detalles de un pasado que él no deseaba.

De repente, una caricia.

El niño alzo su rostro dejando ver así un par de curiosos ojos bicolor, uno rojo y otro azul oscuro, ambos húmedos, con brillo triste y desesperanzado.

Miro al hombre que había acariciado su cabeza de forma amable.

Era mayor, de la edad de aquella a la que él llamaba madre quizá, cabello abundante y de color castaño opaco, algunas arrugas en el rostro y usaba traje, el sonreía, pero los ojos castaños mostraban un deje de tristeza.

El hombre miro al niño.

Sabía que no debió haber dejado que Mukuro se hiciera cargo de un niño, el caso de Fran dejaba en claro sus habilidades paternales.

La ropa rasgada y desgastada, los ojos tristes, se encontraba bien alimentado, pero muy golpeado debido a los arduos entrenamientos.

Puede que el niño sea su clon, pero eso no le da derecho a maltratarlo de ese modo.

Tsuna se agacho al nivel del niño y le sonrió con cariño.

- Vamos. – dijo Tsuna mientras extendía su mano hacia Kokuro.

Kokuro primero miro dudoso la mano, después con algo de miedo estrecho la mano de Tsuna.


LUGAR: TEMPLO ABANDONADO A LAS AFUERAS DE NAMIMORI.

HORA: 10:30 A.M.

- Onceava no se aleje de mi. – pidió Hanabi.

- No me lo dices dos veces Hanabi-chan. – obedeció la menor mientras se acercaba más a su prima.

El interior del edificio estaba oscuro, olía a humedad y a polvo.

- Jaja, algo me dice que Hibiki estuvo aquí. – señalo Takao al ver un par de cosas (por no decir la mayoría) destruidas.

- Aquí definitivamente hubo una pelea extrema. – agrego Ryota.

Reborn y Blanch estudiaban con cuidado el lugar.

- ¿Pero qué clase de monstruo, aparte de Hibiki, pudo haber hecho esto? – cuestiono Hanabi en voz alta al ver los charcos de sangre que adornaban el suelo y las paredes.

Sora se encontraba aferrada al brazo izquierdo de su prima, la oscuridad a su alrededor no le daba buena espina para nada.

Quizá si me suelto despacio y avanzo en silencio podría…

- Ni siquiera lo pienses dame-Sora. – hablo el hitman sabiendo los pensamiento de su alumna.

- Iiih! – chillo la castaña.

Reborn ignoro la queja de su alumna y mejor se concentro en lo que Hanabi dijo.

Había escuchado historias de Rokudo Kokuro, para empezar era clon de Rokudo Mukuro, creado a partir de los genes del mismo y de Chrome, al ser ella incapaz de procrear vida naturalmente, criado por su "padre" de una manera poco deseable para cualquier persona y específicamente para ser más que nada un recipiente para el tipo el día en el que su alma quedara sin cuerpo, acto que medio seso cuando Tsuna intervino, más sin embargo, el chico era conocido por ser uno de los mejores y más jóvenes asesinos al servicio de la familia, sin olvidar que para asombro de el mismo, el muchacho era total y completamente devoto a Tsuna, ¿Qué pudo haber causado este semejante acto de traición?

- ¿Podrá ser que…

Nu-fu-fu-fu-fu.

Se interrumpió la pregunta del hitbaby.

- Esa risa. – reconoció Sora.

- Sono i benvenuti. E 'bello rivedert iprincipessa.* – resono la voz en el edificio.

- Muéstrate cobarde. – desafío Hanabi.

- Vedola piccola principessaha portatoi loro animali*, nu-fu-fu-fu-fu. – se burlo la voz.

- No sé que dijo, pero estoy seguro de que no fue algo amable. – hablo Takao mientras sujetaba el bate de baseball frente de sí.

- No entiendes italiano? Bien, entonces hablare en japonés si lo prefieres. –

- Jaja, gracias. Eso es muy considerado de su parte. – agradeció Takao el gesto.

- NO LE AGRADESCAS CESTINO IDIOTA! QUE NO VEZ QUE ES EL ENEMIGO? – le regaño Hanabi.

- Ah! Es verdad. –

Reborn empezaba a pensar que quizás Takao era demasiado como su abuelo, eso era algo bueno, pero no dejaba de ser desquiciante en ciertos momentos.

- Nu-fu-fu-fu-fu, ustedes sí que son hilarantes, pero me temo que eso no les salvara de esto. Es una lástima que tengan que morir aquí. – decía la voz mientras una densa niebla comenzaba a rodear al grupo.

- ¡No se alejen! – ordeno Blanch a los menores.

- Me temo que eso no servirá. – señalo la voz de Kokuro.

Habiendo dicho esto algo tiro de las piernas de todos, separándolos en el proceso.

Reborn había saltado, demasiado tarde para su gusto, al darse cuenta de la trampa y rápidamente fue rodeado de una espesa niebla.

- Nu-fu-fu-fu-fu, nada mal arcobaleno, pero parece que la edad empieza a pesarte. –

Reborn tomo a la bola en la que Leon se convirtió y esta a duras penas pudo transformarse en una bomba que estaba a punto de explotar.

- Hump, Io non sottovaluto un bambino, o vi mostrerò l'inferno settimo.* – amenazo Reborn.

La bomba-Leon exploto, disipando así la niebla y haciendo que Reborn desapareciera.

- Staremo a vedere, arcobaleno.* – sentencio al final el de ojos bicolor.

Su ojo derecho brillando con un carmín siniestro entre las sombras.


*Con Hanabi*

Hanabi ahora se encontraba rodeada por aquella espesa niebla y la oscuridad. ¿Cómo era posible que fuera engañada de esa forma tan tonta? No debió haber soltado la mano de Sora ni aunque le cortaran la suya propia.

- No soy digna de ser la mano derecha de la onceava. – lloro la peli plata mientras se hacía bolita y comenzaba a dibujar círculos en el suelo.

Que patética. Escucho de repente que alguien decía en italiano.

- ¿Quién demonios anda ahí? – cuestiono con una voz cargada de amenaza – Muéstrate o te volare en pedazos. – amenazo en su lengua madre.

Por favor, no te atreverías a intentar algo así en un espacio tan cerrado. Respondió la voz en perfecto italiano.

Hanabi ahora podía describir la voz como la de una muy joven niña, de la edad de Lamb y Chao tal vez.

- ¿Quién diría que una pequeña seria nuestra enemiga? – decía la peli plata mientras se daba la vuelta para así encarar a su interlocutora – Me alegra que la onceava no esté aquí para...

Más al momento de estar frente a su enemiga Hanabi se quedo muda. La figura postrada frente a ella era algo que simplemente jamás creyó enfrentar.

Se trataba de una niña de unos seis años, cabello plateado amarrado en dos colitas altas, afilados ojos verdes que brillaban con malicia, la piel tersa y de un adorable color crema, usaba un bonito vestido rojo con detalles en blanco, zapatos color negro y una sonrisa de autosuficiencia adornando su angelical rostro.

- Non è vero* – solto en un suspiro Hanabi.

- Lo mismo pensé cuando te vi. – añadió su versión en miniatura con cinismo, ahora en perfecto japonés.


*Con Takao*

Takao no se encontraba para nada contento. ¿Cómo pudo caer en un truco tan bobo? Si su abuela se enterara… ugh, y Sora, ahora la castaña se encontraba sola en alguna parte de aquel tétrico edificio que no tardaría mucho en desplomarse.

El rostro del muchacho mostraba una sonrisa forzada y un brillo de culpa iluminaba sus ojos, algo le decía que deberá sacrificar unas cuantas prácticas de básquetbol para mejorar sus habilidades de combate.

- Eso me recuerda, ¿Por qué un bate de baseball? – dijo mientras observaba el regalo que su abuelo le había enviado en día anterior - Maa ne, el chibi dijo que sería útil. – sonrió de medio lado no muy convencido.

Takao miro a su alrededor, la niebla molestaba su vista, el aroma de humedad empezaba a picar su nariz, se encontraba nervioso, como los momentos antes de que un gran juego comience.

- Pero esto no es igual. – se dijo a sí mismo, ahora serio.

Podía sentir la adrenalina correr por su cuerpo, sus sentidos alerta, sabía que si se equivocaba aquí no habría tiro libre.

- Jaja, omoshire, esta sensación… me agrada. – sonrió mientras sujetaba con más fuerza el bate en sus manos, se giro un poco a su izquierda y miro en un punto entre la niebla – ¿Tu qué dices? ¿Así es como se siente cuando te quieren matar? – pregunto sin despegar los ojos del punto elegido.

- Nu-fu-fu-fu-fu, eres alguien realmente hilarante Yamada Takao, bien dicen que las manzanas no caen lejos del árbol. – hablo la voz de Kokuro desde las sombras.

- Sal de ahí y acabemos con esto. –

Nada.

- Bueno, si tú no vienes… iré yo. – advirtió el atleta al tiempo quedaba un paso-salto realmente rápido y arremetía con el bate.

CLANK!

Se escucho al momento en el que las dos armas chocaron. Los ojos de Takao se abrieron asombrados al ver dos cosas que sin duda no creyó que pasarían.

La primera, su bate se convirtió en una espada.

La segunda, frente a él se encontraba nada más y nada menos que…

- ¿Hibiki? – cuestiono cuando se retiro unos cuantos pasos.

Frente a él se hallaba el prefecto, los chakos posicionados de manera defensiva para evitar el golpe de la espada, la ropa de hospital puesta y todo vendado, pero su ojo derecho ahora brillaba con un tono rojizo.

- Nu-fu-fu-fu-fu, comencemos. – Ataco el cuerpo de Hibiki con la voz de Kokuro.


*Con Ryota*

Ryota se encontraba parado mirando a la nada llena de niebla.

Un momento estaba con los demás y al siguiente algo le había jalado el pie, lo jala por un buen minuto para finalmente dejado tirado en alguna parte de la nada llena de niebla.

- ¡NO ENTIENDO QUE PASO EN EXTREMO! – grito mientras alzaba sus brazos.

El eco de su grito de escucho por otro buen minuto.

Silencio.

.

.

.

- Esto es no es divertido si Hanabi no está aquí para regañarme. – hablo de manera normal.

- Así que solo actuabas. –

Ryota rápidamente lanzo un golpe al lugar de donde vino la voz.

- ¿Qué demonios crees que haces Ryota? – cuestiono Blanch a su hermano menor, apenas esquivo el golpe moviendo un poco su cuello.

- Anego, ¿Cómo me encontraste? –

- Solo tuve que ir en la dirección en la que el grito nació. – respondió Blanch quitando el brazo de Ryota – Salgamos de aquí y busquemos a los demás. – ordeno la mayor mientras comenzaba a caminar.

- De acuerdo. – asintió el menor.

Y así Ryota y Blanch caminaron y caminaron entre la niebla.

- Anego, ¿Sabes donde esta Reborn-shishio? – cuestiono Ryota.

- Probablemente escapo, después de todo es el mejor hitman del mundo. – respondió Blanch sin voltear.

PAZ! Lanzo Ryota otro puñetazo. Esta vez con la clara intención de golpear la nuca de Blanch, más esta se movió y tomo el puño de Ryota, quedando frente a frente.

- ¿Dónde está mi hermana? Ella usualmente respondería de una manera más… como la abuela Bianchi. – cuestiono Ryota con la amenaza en su voz.

Algunos de los mechones de Blanch se habían zafado del agarre de la trenza y cubrían su rostro.

- ¿De qué hablas? Soy tu hermana… al menos en cuerpo, nu-fu-fu-fu-fu. - hablo la joven dejando ver su rostro poco a poco – Definitivamente eres más listo de lo que las demás personas piensan, Sasagawa Ryota. – alzo por completo el rostro Blanch.

Su ojo derecho brillaba rojizo y amenazante.

Ryota se alejo inmediatamente y tomo su posición de pelea, pero su cuerpo de repente se sintió entumecido, miro sus puños, y era precisamente el que Blanch había sostenido hace unos momentos el que tenía una pequeña marca de sangre. Recordó que al caer hace rato vio como una especie de aguja se encajaba en la nuca de hermana.

- Me disculpo por haberte subestimado, no creí que fueras tan hábil como los otros. – hablo Blanch ahora con la voz de Kokuro.

- Aaw… rayos. – alcanzo a decir el muchacho antes de caer desmayado.


*Con Hanabi*

- Kokuro maldito, ¿En verdad crees que caeré por un truco tan bajo? – reto Hanabi a si versión miniatura.

- ¿De qué carajos hablas idiota? Soy tan real como tus más oscuros recuerdos. – contesto la pequeña Hanabi.

- Pequeña hija de…

- En la verdad se esconde la mentira, y en la mentira se esconde la verdad – interrumpió mini-Hanabi – No soy más que una representación de ti, de lo que verdaderamente eres. – explico mini-Hanabi mientras apuntaba acusadoramente a su versión mayor.

- Dirás de lo que solía ser. – respondió Hanabi sin bajar la guardia – Ahora sirvo a la onceava con todo orgullo. –

La mini-Hanabi se ensombreció.

- ¿Me estás diciendo que me he rebajado a servir a esa pequeña buena para nada? No me hagas reír, ¿Acaso has olvidado como era antes? – sonrió tétricamente mini-Hanabi.

SNAP, chasqueo sus deditos la pequeña y el panorama cambio por completo.

Lo que antes era un espacio lleno de niebla densa ahora era un parque, el atardecer pintado en el horizonte, en el centro de dicho parque un grupo de niños estaba jugando, ¿su juego? Empujar de un lado para otro a una pequeña niña.

- Baka-Sora, dame-Sora, ni siquiera puede hablar, baka-Sora, dame-Sora, se tropieza al caminar. – cantaban los pequeños.

Pero la que cantaba más fuerte era una niña de plateadas colitas y ojos verdes.

La actual peli-plata alejo su vista al la imagen con el rostro lleno de culpa.

- Y tengo algo aun mejor. – sonrío cínica la mini-Hanabi.

SNAP, volvió a chasquear los dedos y el recuerdo fue cambiado.

Ahora se mostraba a un par de niñas, una de cabellos plateados y ojos verdes y otra de una medida más chica, con revoltoso cabello castaño corto y grandes ojos del mismo color, ambas vestían un suéter azul, una falda amarilla tableada y un sombrero amarillo, su uniforme de preescolar.

- ¡¿Cuántas veces debo decirte que no te me acerques? – grito la pequeña Hanabi del recuerdo - ¡No quiero que los demás sepan que somos familia! ¡Apenas puedes hablar a pesar de que ya tienes cuatro años! ¡Te caes con nada y con todo! ¡Siempre lloras! ¡No eres más que una buena para nada! ¡ALEJATE! –

La Hanabi actual se encogía con cada insulto que su antiguo ser en ese recuerdo gritaba, mientras que la mini-Hanabi junto a ella parecía regocijarse.

La pequeña Sora en el recuerdo solo se quedaba callada mientras miraba al piso, luego la pequeña Hanabi del recuerdo salió corriendo en dirección de su entonces escuela, poco después la pequeña Sora alzo el rostro, se limpio las lagrimas y corrió tras su prima.

- ¿Recuerdas lo molesto que era? Siempre siguiéndonos, siempre luciendo patética. –

SNAP, chasqueo por última vez sus dedos la mini-Hanabi y el lugar volvió a ser como al comienzo, lleno de niebla.

- Y francamente dudo que haya mejorado. – sentencio al final.

Hanabi tenía la cabeza gacha, con el fleco cubriendo sus ojos, mordía su labio inferior con fuerza para evitar comenzar a llorar, sus puños estaban fuertemente apretados, tanto que temblaban.

¿Cómo pudo hacerle eso a la onceava? Era un monstruo. Las lágrimas la traicionaron y una sensación de odio por sí misma la embriago. Sora siempre la perdonaba, recordaba que después de haberle gritado todo eso aquel día Sora le había invitado de su almuerzo porque ella había olvidado el suyo, para colmo se lo quito todo y Sora no almorzó ese día.

- Yukatta*, Hanabi-chan está bien. Resonó una voz en su subconsciente y otro recuerdo ilumino su mente. El porqué había decidido ser la mano derecha de aquella niña que perdonaría al mismo diablo.

Limpio sus lagrimas rápidamente y miro a su mini-yo con coraje.

La mini-Hanabi retrocedió.

- Il passato appartiene al passato*, verdad Sora. – recordó Hanabi la frase que su primita alguna vez le había dicho – Y tu, moriste hace mucho tiempo, y no voy a desperdiciar el mío aquí. La onceava esta sola y posiblemente asustada, así que piérdete. –

Habiendo dicho esto la peli-plata mayor saco de sus pulseras cuatro cuencas de cada una y las lanzo contra su mini-yo.

- Idiota! ¿quieres volar todo el lugar? – reprendió la mini-Hanabi.

- ¿Por qué no? Así será más sencillo encontrar a la onceava. – sonrió con autosuficiencia la mayor.

- No entiendes nada, si Sora no estuviera serias libre, no tendrías que cargar con toda esa estupidez de la mano derecha o preocuparte por Vongola nunca más. – explico la menor.

- Antes pensaba así, pero ahora todo es muy diferente, yo soy muy diferente, además, solo una completa escoria abandona a su propia familia. – respondió Hanabi con veracidad.

La mini versión de Hanabi se puso de pie y poco a poco se desvaneció frente a ella.

- ¡Si eso es lo mejor que tienes Kokuro, ten por seguro que ahí quedaste! – amenazo.

PAZ. Un fuerte golpe en la nuca tiro a Hanabi.

Detrás Ryota sostenía una especie de púa y su ojo derecho brillaba con un siniestro color rojo.


*Con Takao*

La pelea con Hibiki era dura y parecía interminable.

Cada vez que Takao lanzaba un ataque Hibiki lo bloqueaba y desviaba a la perfección con ayuda de sus chakos e inmediatamente lanzaba un contraataque, ya fuera una patada o un golpe con las mismas armas que sostenía, Takao había conseguido esquivar solo dos de los posibles treinta o cuarenta contra ataques que Hibiki le lanzo.

- Esto es más difícil que la vez que peleamos contra él en su oficina. – declaro Takao.

Hibiki se veía extraño.

Su ojo derecho brillaba de un color rojo intenso mientras que su ojo izquierdo estaba ido y todo oscuro, como si fuera sonámbulo, igual que los golpes, eran firmes y exactos, pero no parecía que él los pensara.

Y lo más importante, hacia más o menos cinco minutos que algunas heridos se reabrieron y comenzaron a sangrar, pero Hibiki no parecía inmutado para nada, aquí algo no andaba bien.

- Oi, Hibiki, detengámonos aquí, tus heridas se están abriendo, debes volver al hospital y dejar que te vea un doctor. – pidió el de la espada.

- Nu-fu-fu-fu-fu, existe un nivel para la ineptitud y ti acabas de sobrepasarlo Yamada Takao, si quieres detener este cuerpo solo podrás hacerlo cuando se convierta en cadáver. – hablo Kokuro por medio de Hibiki.

Takao miro a su adversario con severidad, aunque Hibiki le irritaba por alguna extraña razón no quería matar al tipo.

Si logro golpearle en alguna de las heridas abiertas lo detendré. Pensó el espadachín, el problema era romper la defensa de acero que Hibiki poseía.

Haciendo un despliegue de su velocidad y su flexibilidad Takao se ataco sorpresivamente a Hibiki, hizo una finta por la izquierda, luego por la derecha, posiciono su pierna derecha entre las de su oponente y con el mango de la espada le golpeo en la herida del pecho haciendo que este cayera, con su oponente ya en el piso golpeo los cortes reabiertos con la parte sin filo de su katana, dando así por terminada su batalla.

- Nu-fu-fu-fu-fu, si crees que con eso detendrás a este tipo estas muy equivocado, cogh. – dijo el caído para luego toser algo de sangre.

Takao miro pasmado como poco a poco el cuerpo maltratado de Hibiki se ponía en pie, ¿Cómo rayos podía parase otra vez? No faltaba mucho para que Hibiki...

- Te sugiero no preocuparte por este cuerpo, no siente dolor. – decía mientras se enterraba a sí mismo una astilla que estaba en el piso.

Antes de Takao se diera cuenta en cuerpo de Hibiki desapareció de en frente de él y sintió un fuerte agarre alrededor de su cuerpo.

- Y pronto tú tampoco sentirás nada, nu-fu-fu-fu-fu. –

Eso fue lo único que Takao escucho antes de perder la conciencia.


*Con Sora*

Sora ya llevaba un buen rato caminando sin llegar a ningún lado. Se golpeo muy fuerte la quijada cuando cayó al piso, cuando dejaron de jalarle las piernas sintió el pánico invadirla, la habían separado de sus amigos y Reborn, se había echo volita por un rato y aguanto las ganas de llorar y gritar como un animalito herido, reunió todo el valor que pudo y visualizando lo que podría pasarle si se quedaba en un solo punto comenzó a caminar, siempre sintiéndose observada, como si una animal salvaje fuera a saltar en cualquier momento y le arrancara la cabeza de tajo.

- Me siento como si estuviera dentro de una película de terror. – lloro la castaña – Hanabi-chan, nii-chan, Yamada-kun, Blanch, Reborn ¿Dónde están? – dijo a punto de soltar el llanto.

Su respuesta fue una patada en el estomago.

- Ciossu dame-Sora. –

- Re…born. – dijo Sora con esfuerzo, la patada sí que le había dolido - ¿Por qué me pateaste? –

Reborn no contesto, pero estaba feliz de que Sora escapara a las trampas que Kokuro coloco, ¡y la chica ni siquiera se dio cuenta!

La híper intuición de Sora era realmente fuerte, más que la de Tsuna en su momento.

- ¿Sera porque es mujer? Se cuestiono mentalmente el baby-tutor.

- Ne, Reborn. – llamo la estudiante mafiosa mientras caía al suelo para sentarse - ¿Los demás están bien verdad? ¿Todos volveremos juntos a casa verdad? – lagrimas empezaban a salir de los orbes de color caramelo oscuro.

Reborn miro a su alumna

- Non preoccupatevi sciocco*. – Comenzo a hablar Reborn mientras se acercaba a Sora y comenzaba a acariciar su cabeza de manera conciliadora – Blanch è un professionista, Hanabi e Ryota sono i migliori nella loro fascia di età, Yamada è più difficile di quanto si pensi, e naturalmente tood tornare a casa insieme, ci riportano indietro*. – dijo convencido.

Sora miro a su tutor y este sonreia de manera tranquilizadora, ¿Quien diria que Reborn podia ser tierno?

La castaña limpio sus lagrimas con la manga de sus sudadera y asintio, Reborn imito el gesto y la ayudo a ponerse de pie.

Clap, clap, clap, clap, clap.

Se escucharon cinco aplausos cada sonido más cerca de ellos que el otro.

- Adorabile. Semplicemente adorabile*. – hablo de nuevo la voz de Kokuro – Chi sapeva che il grande Reborn, il miglior sicario del mondo, era debole, prima le lacrime di una donna?* – decia nuevamente la voz, pero ahora Kokuro emergia de entre la niebla.

Sora se encogia ante la siniestra mirada bicolor del mayor.

Debia tener la edad de Hibiki, su ojo derecho brillaba con un color rojizo siniestro y el ojo izquierdo era de un color azul oscuro y abismal, su vestuario estilo militar solo hacia que su presencia fuera mas intimidante. Por su parte Reborn no estaba complacido, Leon aun no terminada en proceso de creacion.

- Finalmente frente a frente, principessa. – hablo Kokuro.

Sora se encogió aun más en su lugar, su cabeza le decía que corriera lejos y rápido, pero algo más le decía que debía quedarse y enfrentar esto hasta el final, pero era el miedo lo que le mantenía clavada en su lugar.

- Sora, atrapa! – ordeno Reborn al tiempo que salto y lanzo algo.

- ¿Eh? – exclamo Sora cuando algo choco contra su pecho.

Miro lo que su tutor le arrojo y resulto ser la bola viscosa en la que Leon se convirtió.

- Reborn! ¿A dónde demonios crees que vas? – grito Sora la nada.

- No puedo intervenir, ¿Recuerdas dame-Sora? – respondió la chillona voz de Reborn desde algún lugar.

Sora no podía creerlo, lo había olvidado por completo, esta era su misión, se suponía que ella debía acabar con esto por merito propio. La castaña miro a Leon en sus manos y luego a Kokuro, que la miraba con una combinación de burla y cinismo.

- Aaw, rayos. – exclamo la menor.

Kokuro asintió con burla e inmediatamente salto sobre la próxima jefa mafiosa con una especie de lanza que había sacado de Dios sabe dónde.

- IIIH! – grito Sora mientras esquivaba el golpe por pura suerte divina.

Pero eso no fue suficiente.

BOOM! BOOM!

Dos fuertes explosiones nacieron de debajo de sus pies y la mandaron a volar. En el aire recibió dos golpes muy fuertes, una en la cara y otro en las costillas, que la mandaron de regreso al suelo, en cuanto toco el piso fue nuevamente pateada al costado y lanzada por los aires hasta que algo filoso le golpeo la espalda haciéndola nuevamente caer al suelo de manera estruendosa.

- Agh! – exclamo la castaña con mucho dolor.

Sora miro al frente desde su posición y lo que vio la lleno de horror.

La lanza de Kokuro apuntaba directamente a su rostro, detrás de esta el portador y detrás de este Hanabi, Ryota, Yamada, Blanch y Hibiki.

- ¿Te gusta mi pequeño grupo? – pregunto el de ojos bicolor con sádico placer.

Más Sora no le prestó atención. Hanabi y los demás tenían el ojo derecho de color rojo, igual que Kokuro, Hibiki estaba lleno de sangre, seguramente sus heridas se habían abierto de nuevo ¿Cómo llego ahí? ¿De dónde rayos saco Yamada una katana? Todos se veían más idos que nada, la preocupación al igual que el dolo, empezaron a invadir a Sora.

- ¿Qué les hiciste? – pregunto con un hilo de voz Sora, intentando ponerse de pie.

Maldición, perdí a Leon. Se dijo al darse cuenta de que sensación viscosa había desparecido de sus manos.

- Ni lo intentes principessa. – dijo el mayor mientras pisaba la mano de Sora con fuerza.

- Ah! – grito la menor con dolor.

Solo quédate quieta y déjame matarte, solo te dolerá los primeros dos minutos. – pidió el de la lanza.

Este alzo su arma y cuando iba a embestir contra el cuello de Sora una espada y unos chakos lo detuvieron.

Mientras que Takao se interponía entre el pico de la lanza y el cuello de Sora, Hibiki había usado sus chakos para enroscarlos al cuello de Kokuro.

- ¿Cómo demonios se libraron? – dijo con dificultad Kokuro.

- Estas mal si crees que voy a dejar que me uses para lastimarla. – susurro con odio Hyoga al oído de Kokuro.

- No te quejaste cuando te enfrentaste a Yamada Takao. –

Hyoga apretó más el agarre del cuello.

- No quiero interponerme en su charla, pero dudo que este sea el momento Hibiki. – advirtió Takao al tiempo que golpeaba el pico de la lanza y lo alejaba de Sora.

- No cabe duda que su voluntad es demasiado fuerte, pero sus cuerpos no resistirán mucho. – Kokuro se sacudió a sus atacantes y se inicio una batalla entre ellos tres.

- ¡SORA BUSCA A LEON! – ordeno Reborn desde algún lugar.

- ¡TRAS ELLA! – ordeno Kokuro al resto de sus marionetas.

Sora la sentir un horrible dolor en su espalda cada vez que intentaba ponerse de pie decidió arrastrarse como pudiera para poder encontrar a la mascota de su tutor y esconderse de sus por ahora zombificados parientes mientras Yamada y Hibiki intentaban ganarle un poco de tiempo.

Sencillo. Pensó con sarcasmo la menor.

- Solo tengo que evitar encontrarme ya sea con Hanabi, nii-chan o Blanch y no dejar que me maten. – intento auto-convencerse.

Pero sus esperanzas fueron masacradas cuando su mano toco un converse rojo algo desgastado. Miro hacia arriba y se topo con la mirada vacía de su mejor amiga.

- Esto es malo. – se dijo la castaña.

Hanabi alzo su pie lista para arremeter contra el rostro de la futura jefa.

-IIIH! – chillo Sora al momento de esquivar el golpe.

Parezco un cangrejo huyendo de una gaviota. Pensó.

Tan ocupada estaba que no se fijo al frente hasta que choco contra otro par de piernas, estas más toscas. Sora elevo nuevamente la mirada y ahora se topo con la ida mirada de Ryota, la única diferencia era que este le lanzo tremendo puñetazo que cuando lo esquivo y choco contra el piso atravesando el tatami y la madera debajo de esta.

- IIIH! – volvió a chillar Sora mientras intentaba alejarse de su nii-chan.

Si alguno de esos golpes conectaba con su rostro realmente le dolería.

De repente, en medio de todo ese caos, una luz divina la ilumino.

Un segundo, ya sé cómo detenerlos. Aunque no lo he hecho desde el preescolar. Recordó Sora no muy convencida de lo que estaba a punto de hacer.

La pequeña castaña cambio su curso de improviso, algo le decía que si seguía aquella dirección se toparía con Hanabi, siguió corriendo como cangrejo con Ryota detrás de ella.

Un poco más. Se dijo. Ahí está. Pensó feliz Sora al vislumbrar entre la niebla a la peli-plata.

Hanabi la vio, y como moscas a la miel avanzo amenazante hacia ella.

Más cerca. Más cerca. Más cerca.

PUM! Se escucho cuando las cabezas de Hanabi y Ryota chocaron entre sí y cayeron al piso, Ryota sobre Hanabi.

Gracias juego de las atrapadas en preescolar. Suspiro Sora, dejando a unos inconscientes Hanabi y Ryota atrás.

SPLAT! Una plasta morada le pasó por un lado y choco contra un pilar, desasiéndolo como acido a la piel.

- Aaw, me olvide de Blanch. – Sora se torció de manera graciosa para poder ver a sus espaldas.

Blanch se acercaba rápidamente, un pastel en su mano derecha y una bandeja de bocadillos en la izquierda.

- IIIH! – corrió Sora lo más rápido que pudo teniendo en cuenta su posición.

Blanch le estaba lanzando bocadillos tóxicos que al contacto con cualquier material se desintegraba o se convertía en una especie de gas toxico.

¡¿DONDÉ RAYOS ESTA LEON? Grito Sora en su mente.

Por lo visto Dios o el ser divino que se encarga de su suerte la escucho, porque algo viscoso hizo que su mano resbalara en el piso haciendo que ella callera de espaldas y resbalara hasta una especie de red babosa que detuvo de viaje.

La castaña vio lo que se suponía debía ser el techo, pero no muy lejos de su propio rostro se encontraba el viscoso y adorable camaleón.

- ¡LEON! – grito llena de júbilo.

Se puso de pie sin darse cuenta y abraza a la adorable bola de baba.

- Hey, mi espalda ya no duele ni arde, ¿Es gracias a tus fluidos también? – cuestiono con amabilidad la castaña al animalito.

Leon saco su lengua, una sonrisita cómplice adornaba su rostro.

Sora se movió apenas un poco cuando de repente una figura pasó deslizando a su lado y acabando enredado en la red de Leon.

- Blanch! – grito asustada Sora, la había olvidado por completo.

Al ver a la mayor enredándose cada vez más en la red Sora se calmo, Blanch estará mejor ahí.

SLASH! Una lanza intento clavarse nuevamente en su espalda, pero ella lo sintió justo a tiempo.

- KOKURO! – abrazo Sora a Leon fuertemente - ¿Dónde están Yamada-kun y Hibiki-san? –

- Uno medio muerto y el otro sin una verdadera experiencia de batalla, no fueron nada para mí. –

Más Sora sabia que eso no era verdad.

Las ropas de Kokuro estaban rasgadas y manchadas de sangre, algunas manchas seguían creciendo, despeinado, respirando con dificultad, Yamada y Hibiki le dieron buena pelea.

Sora intento alejarse lentamente, pero estaba atrapada entre Blanch y Kokuro, sus flancos estaban bañados en los fluidos de Leon y sus salidas cerradas.

- Ahora, sino te importa quisiera acabar de matarte ya. – dicho esto Kokuro levanto su arma y embistió contra Sora.

La castaña no podía agacharse, si lo hacía Blanch seria lastimada, si no lo hacía acabaría siendo brocheta, su intuición le gritaba que se cubriera, pero lo único que podía usar para eso era a Leon, no podía hacer eso.

La lanza se acerco, su intuición grito y Sora actuó por puro reflejo, levanto sus manos colocando a Leon entre ella y la punta de la lanza.

Impacto.

Una intensa luz nació del choque, tan fuerte fue el shock que Kokuro se alejo y Sora cayo sentada.

La luz poco a poco se desvaneció, Sora abrió los ojos y reviso sus manos, ¿Cómo pudo usar a Leon de semejante manera? Sus preocupaciones y remordimientos se terminaron cuando vio a un muy sano y no en proceso de creación Leon todo sonriente, también vio lo que el animalito había hecho, era un par de guantes tejidos de lana, color blanco, el número once tejidos en la parte de arriba.

- ¿Hiciste un par de guantes? No te ofendas Leon, pero mis abuelas pudieron haberlos hecho también. –

- ¡CIERRA EL PICO Y PONTELOS DE UNA VEZ IDIOTA! – ordeno de nuevo Reborn de alguna parte.

Sora obedeció sin chistar, en cuanto se los puso sintió un objeto pequeño dentro de uno, lo saco y miro con confusión, se trataba de una bala.

- ¡LANZAMELA! – ordeno el tutor.

- ¡¿A DONDE? –

- ¡LEON! –

La mascota tomo la bala con su cola y usando su pegajosa lengua se pego a una viga y voló sobre Sora.

- Realmente empiezas a molestarme piccola principessa. – señalo un muy molesto Kokuro que arremetió otra vez contra la menor.

Sora volvió a alzar sus manos para defenderse y para su sorpresa los guantes de lana eran tan duros como el acero ante el ataque de la lanza.

Los ataques siguieron, Sora los detenía o esquivaba de manera improvisada y torpe.

Sus pies resbalaron, llego a la zona donde los fluidos de Leon estaban regados.

Esto no es bueno. Se dijo con horror.

La punta de la lanza se acerco a su cuerpo peligrosamente.

BANG! Un disparo al tiempo que la lanza entraba profundamente y salía rápidamente del abdomen de la castaña.

Sangre empapo el piso mientras Sora se estrellaba fuertemente contra el mismo.

- Demasiado tarde arcobaleno. – sonrió triunfante el de ojos bicolor.

Reborn se quedo callado desde el sitio donde se escondía.

- Ella nunca estuvo a la altura de la familia, darle el poder total a alguien como ella, de esta manera nada cambiara, la familia seguirá igual. No se preocupe señor arcobaleno, ahora usted está libre de esta ridícula responsabilidad, la familia no necesita un nuevo jefe, nu-fu-fu-fu-fu, fu-fu-fu, jajajajajajajajaja.- rio desquiciado Kokuro.

- Chiudi quella cazzo di bocca, piccolo impertinente*. – amenazo desde su escondite Reborn – Chi ha detto che questa era finita? Ti avevo detto di mostrare l'inferno settimo, così zitto e lasciare che il vero spettacolo inizia*. – concluyo.

- ¿Qué? –

- Detrás de ti – indico divertido Reborn.

Kokuro volteo y lo que vio no le gusto para nada.

Sora estaba de pie, el agujero en el lado izquierdo superior de su abdomen aun sangraba, sus enmarañados cabellos cubrían su rostro, pero la flama en su frente era brillante y fiera, de un color anaranjado cristalino y puro, los guantes de lana ahora eran un preciosos par de guantes de lustroso cuero negro, la zona de los de los era de metal, la parte de las muñecas también era de metal y parecían tenían unas decoraciones que hacían que los guantes parecían atornillados a las muñecas de Sora, otro poco de tela oscura cubría una pequeña parte de los antebrazos, el símbolo de la familia se alzaba orgulloso donde antes había estado el bordado once, una X con una I sobre que daban la ilusión del número romano, Vongola Famiglia, se leía.

- Finiamo questo*. La mia famiglia sta aspettando per la cena*. – hablo Sora.

La voz tranquila y suave, pero demandante, llena de voluntad.

Kokuro miro por primera vez en un rato los ojos de su oponente.

Un precioso color del más fino ambar decoraba el sereno rostro de Sora.


*EN EL HOSPITAL*

- Hibiki-san, es hora de sus medicinas. – canto una amable enfermera al entras al cuarto 18B.

La cama estaba revuelta, el suero tirado y algunas vendas estaban enredadas en la ventana que estaba abierta y dejaba entrar una fría brisa de otoño.

La enfermera saco un celular de su bolsillo y oprimió un número automático.

- Doctor, el paciente escapo. – informo la enfermera.

- Prepara otras cinco camillas, muchas vendas y sedantes, prepara también transfusiones para sangre tipo A, RH y B. – respondió la voz del otro lado del auricular.

- De inmediato doctor. –

Del otro lado del auricular Bianco miraba su celular con algo de incredulidad.

Sera mejor que me apure si quiero llegar al hospital a tiempo. –


Diccionario.-

Sono i benvenuti. E 'bellorivedertiprincipessa.*Bienvenidos sean. Es bueno verte de nuevo pequeña princesa

Vedola piccolaprincipessaha portatoi loro animali.*Veo que la princesita a traido a sus mascotas con ella, nu-fu-fu-fu-fu.

Io non sottovaluto un bambino, o vi mostrerò l'inferno settimo.* no me subestimes niño, o te mostrare el septimo infierno.

Non è vero* No es cierto

Yukatta*Que alivio

Il passato appartiene al passato*El pasado al pasado pertenece

Non preoccupatevi sciocco*No te preocupes tontita.

Blanch è un professionista, Hanabi e Ryota sono i migliori nella loro fascia di età, Yamada è più difficile di quanto si pensi, e naturalmente tood tornare a casa insieme, ci riportano indietro*Blanch es una profesional, Hanabi y Ryota son los mejores en su categoria de edad, Yamada es más duro de lo que crees, y claro que volveremos a casa todos juntos, tu nos llevaras de vuelta.

Adorabile. Semplicemente adorabile*Adorable. Simplemente adorable.

Chi sapeva che il grande Reborn, il miglior sicario del mondo, era debole, prima le lacrime di una donna?* ¿Quien diria que el gran Reborn, el mejor hitman del mundo, fuera debil ante las lagrimas de una dama?

Chiudi quella cazzo di bocca, piccolo impertinente*Cierra tu jodida boca, mocoso impertinente

Chi ha detto che questa era finita? Ti avevo detto di mostrare l'inferno settimo, così zitto e lasciare che il vero spettacolo inizia*¿Quien dijo que esto se habia acabado? Te dije que te mostraria el septimo infierno, asi que callate y deja que el verdadero espectaculo inicie. – concluyo.

Finiamo questo*Terminemos esto.

La mia famiglia sta aspettando per la cena*Mi familia me esta esperando para cenar.


Año nuevo, capitulo nuevo.

Entra HÍPER-SORA!

Un poco del pasado de Hanabi y Sora se revela.

Perdón por la tardanza, me disculpo una y mil veces.

Si les gusto ya saben qué hacer, sino, igual posteen.

En mi blog hay un pequeño árbol genealógico que explica mejor las relaciones familiares de mis oc en el fic, siéntanse libres de pasar, encontraran la direccion en mi perfil.

Bye-be!