Los personajes de KHR! le pertecen a la maestra Amano Akira. Desgraciadamente para los OC´s de este fic, ellos me pertecen a mí, MUAHAHAHAHAHA \OuÓ/!


Shoot 24° "Amor, amistad… y CAOS."

Al siguiente día del cumpleaños de Sora, que sería el dos de enero, Yamada y Hibiki se presentaron exactamente a las ocho de la mañana, Sora, Lamb y Chao veían los power warriors, mientras que Kokuro y Hanabi leían, Reborn, Kyoko y Haru estaban en el comedor, discutiendo sobre qué hacer para la comida.

Sora fue la que abrió la puerta.

- Ah, ohayo Yamada-kun, Hibiki-san, feliz año nuevo! – saludo efusiva, sonriente y cálida la pequeña castaña.

El sonrojo de ambos muchachos fue escondido gracias al sonrojo por el frio., Hibiki fue el primero en hacer un movimiento.

- Omedeto. – dijo Hyoga mientras sacaba de entre su chamarra el obsequio que había conseguido para Sora.

Ni siquiera las tiendas se atrevían a estar cerradas en año nuevo si el prefecto de terror II quería algo.

- Perdón por no habértelo dado ayer. - se excusó el prefecto.

Sora observo el paquete en manos del mayor. Se trataba de una bonita bolsita de regalo, era pequeña, de color rosa pálido con líneas entrecruzadas de color rosa palo, un bonito moño dorado terminaba el arreglo.

- Yo también te traje algo! – interrumpió de repente Takao, no iba a dejar que Hibiki se llevara toda la gloria.

El paquete de Yamada era un poco más grande que el de Hibiki y de forma cuadrada, de color azul pálido con un bonito moño rosa como única decoración. Al basquetbolista le costó mucho encontrar una tienda que estuviese abierta, por suerte la madre de uno de los miembros de equipo de básquet ball tiene una pequeña boutique.

Al ver los dos obsequios un adorable sonrojo se posiciono en las mejillas de la castaña.

- Gracias. – acepto Sora los obsequios mientras le dedicaba una de sus sonrisas más bellas al par de morenos, se podían ver las florecitas y corazoncitos como fondo.

A ambos muchachos se les lleno el corazón con calidez y felicidad.

- Onceava, por favor vuelva adentro o se va a… ah, son ustedes. – Hanabi había ido a ver porque Sora tardaba tanto en la puerta, no le hizo nada de gracia ver a su, aun no reconocido, primo y al cestino idiota.

- Ah!, ¿Dónde están mis modales? Afuera hace un frio horrible y yo dejándoles ahí, pasen. – pidió Sora al darse cuenta de su error.

Ambos muchachos entraron a la casa y procedieron a avanzar a la sala.

- Hasta que se dignan a aparecer. – hablo Kokuro al ver al par de pretendientes, una sonrisa socarrona se pintó en su cara – Se perdieron el pastel. – jugo el de afrutado cabello.

- Piña asquerosa. - siseo Hibiki – Tu lo sabias. – acuso quedo y con rabia el prefecto.

Kokuro se encogió de hombros, Hanabi se estaba volviendo a acomodar en su lugar, Sora había subido a su cuarto a guardar sus nuevos obsequios, Kyoko y Haru habían entrado a la cocina para checar que tenían todos los ingredientes para lo que harían de comer.

- Claro que lo sabía. Lo que no sabía es que ustedes dos fueran unos pretendientes tan flojos, miren que no saber el día del cumpleaños de la chica que les gusta. – hablo Kokuro.

Ante esto último Hanabi reacciono.

- A ver, a ver, ¿Qué dijiste al final? ¿Qué estos dos qué? – exclamo Hanabi poniéndose derecha.

- ¿No lo sabias? Creí que por eso no les habías dicho. – siguió el ilusionista.

Los niños estaban demasiado ocupados viendo su programa de TV como para prestar atención a la plática, sin embargo, cierto pequeño con camaleón y sombrero fedora miraba divertido el desarrollo de la discusión.

Nada mejor que un drama juvenil. Pensó para sí mismo el mini.

- LARGO. – dijo con decisión y fuerza la de ojos verdes mientras apuntaba a la puerta.

- Jaja, cálmate Gokudera, además, este es tu castigo por no decirnos. Aguántate. – respondió Takao.

La última palabra dejo a todos helados, la joven lluvia tiene granizo mezclado.

- Hijo de tu…

- Listo! – llego Sora – Iiiih! Hanabi-chan, guarda tus cuencas explosivas! Destruirás la casa! – exclamo la castaña.

El resto del día Yamada se pasó molestando a Hanabi en venganza por no haberle dicho del cumpleaños de Sora, Hibiki se dedicó a discutir con Kokuro, Sora intentaba calmar los humos, pero Reborn solo le añadía leña al fuego, Kyoko y Haru reían divertidas, Lamb y Chao se unieron a las discusiones pues pensaban que era una juego, ya entrada la tarde llegaron Ryota y Blanch.

La casa necesito reparaciones por una semana.


*Un mes con diez días después*

Sora y Hanabi estaba en la cocina, Kyoko y Haru observaban como buenas mentoras a las dos más jóvenes, un brillo enternecido y orgulloso pintaba los ojos de las mayores.

Las cuatros cocinaban, su rostro de concentración no dejaba lugar a interrupciones, pero Lamb aún no entiende de eso.

- ¿Ya me los puedo comer? – cuestiono la ovejita que estaba toda manchada de chocolate.

- No! Ya te comiste la mitad de los tres kilos de chocolate y por tu culpa tuvimos que ir a comprar más, lo cual solo nos retrasó! Así que no más chocolate para ti por un tiempo! Oveja estúpida! – regaño Hanabi.

- Buaaah! Bakabi me dijo estúpida! – lloro la menor mientras saltaba a los brazos de Haru.

- Hahi! Hanabi-chan, eso no fue digno de una dama! – regaño Haru.

- No me interesa ser una dama, solo quiero ser la mejor mano derecha para Sora! – señalo la joven peliplata con brillitos en los ojos.

Kyoko se rio enternecida y miro a Sora. La joven castaña estaba demasiado concentrada como para hacer caso a la discusión, hasta se podía ver el brillo ambarino quemando en sus ojos de lo concentrada que estaba.

- ¿Ya podemos pasar? – cuestiono Kokuro desde el otro lado de la puerta de la cocina – Aquí afuera se impregno el aroma del chocolate y solo nos está dando más hambre. – informo.

- Más hambre. – repitió con su peculiar acento Chao-lin.

- No, no pueden pasar hasta que acabemos los chocolates, se supone que son sorpresa! – reacciono por fin Sora.

- Solo esperen un poco más Kokuro-kun, Chao-kun. – intento calmar Kyoko – Ara!, Kokuro-kun, ¿Reborn-chan esta con ustedes? – pregunto curiosa la castaña mayor.

- Ahora que lo menciona, no lo he visto desde hace un rato. – respondió el de cabello afrutado.

- No visto. – repitió de nuevo Chao.

Esto último logro captar toda la atención de Sora, que se congelo en su sitio.

Tengo un mal presentimiento. Pensó la castaña mientras suprimía un escalofrió.


*14 de febrero*

La mañana del catorce de febrero en la casa Sawada/Gokudera, Sora y Hanabi se habían levantado temprano para darle los últimos toques a los chocolates, por primera vez Reborn no necesito levantar a Sora, la pequeña castaña se levantó por si misma a las seis de la mañana.

- Me impresionas, así que para este tipo de cosas te bastas sola. – bromeo el mini hitman.

Las mejillas de Sora se tiñeron un adorable rosado.

- Es que esta es la primera vez que le doy chocolates a mis amigos en persona. – respondió la castaña.

- Aww, estas nerviosita. – dijo en tono meloso el del fedora.

- CALLATE! – respondió Sora, el sonrojo ahora más fuerte.

Hanabi sonrió enternecida. Todos los años le llegaban al internado tanto a ella como a Blanch los chocolates que Sora hacía para el día de San Valentín, ella también le enviaba los propios y un regalo de día blanco, Sora hacia lo mismo, esta sería la primera vez que lo harían cara a cara en mucho tiempo.

- Ahora que lo pienso. – añadió Hanabi – Todos los años le envía los chocolates respectivos a todos, tanto al viejo cascarrabias como a Tsunayoshi-jisama, igual a sus padres y a sus tíos. – dijo la peliplata.

- Eso es mucho chocolate. – añadió Kokuro a la conversación.

- Iiiih! Kokuro! – casi se ahoga Sora del susto con su propia saliva.

- ¡¿Cuándo llegaste, cabrón?! – exclamo Hanabi.

- Nu-fu-fu, he estado aquí todo el tiempo. – respondió el susodicho.

Mentira! Pensaron al mismo tiempo Hanabi y Sora.

- Lo que ocurre es que Sora-chan y yo hacemos los chocolates desde mucho antes para que lleguen en el momento indicado. – explico Kyoko mientras entraba a la cocina.

- Hahi! Pero ahora fue mucho más rápido, ya que Hanabi-chan y yo volvimos. – concluyo Haru que entro después de Kyoko.

- Ee, ya veo. – fue la inteligente respuesta de Hanabi.

- Chocolate! – entro como buen relámpago Lamb a la cocina, destruyendo la agradable atmosfera – Chocolate! Chocolate! Choco…

CHIU!

Pero no es nada que un disparo no arregle.

- Reborn! Ya te he dicho que no le asustes así! – regaño Sora a su tutor mientras abrazaba a una temblorosa Lamb.

- Me impaciento. – dijo el mini.

- Me gano, yo estaba a punto de lanzarle una mini bomba. – informo Hanabi.

- Hanabi-chan! – reprendió Sora a su prima.

Chao entro a la cocina de forma perezosa un rato después, se cayó de la cama debido al sonido del disparo.

- Ah, Lamb-chan, ¿No tienes algo que darle a Chao-kun? – señalo Kyoko a la ovejita.

Lamb miro a Chao, salto de los brazos de Sora y corrió al refrigerador, lo abrió, saco un trozo algo amorfo de chocolate, cerro el refrigerador y le extendió el chocolate al chinito.

- Gracias por ser mi amigo y por cuidarme, perdón por siempre meterte en problemas. – dijo la ovejita.

Chao tomo el chocolate algo indeciso.

- Oye, oveja tarada, ¿Eso es la marca de una mordida? – cuestiono Hanabi al notar la extraña forma en una de las esquinas del chocolate.

- Lamb no sabe de lo que Bakabi está hablando. – se hizo la desentendida la ovejita.

Nadie se dio cuenta de que el sonrojo de Chao aumentaba paulatinamente ni de la serie de pines que iban disminuyendo en su frente.

BOOM!

La casa necesitara más reparaciones por el resto del día.


Día de San Valentín en Namimori era, en palabras de propio Hibari Kyoya, mejor conocido como el prefecto del terror I, el día en el que las insulsas herbívoras de la ciudad se convertían en hienas y víboras listas para atrapar desapercibida a su presa, no importa la escala social o nivel de escalafón en que la herbívora se encuentre, todas parecen sacar fuerza de algún lado y accionan su aura de batalla.

Sin embargo, por el lado de los entes masculinos, día de San Valentín es un día que marca su nivel de popularidad, ya que dependiendo de la cantidad de chocolates recibidos depende tu nivel en carisma, popularidad o hermosura, y saber si recibirán o no chocolates los hace sentirse realmente ansiosos.

No cabe duda de que es un día realmente interesante y divertido si eres un espectador preparado.

La entrada de la secundaria estaba abarrotada de muchachitas hormonales que esperaban ansiosas a sus ídolos escolares, ya fueran miembros del club del básquet ball, prefectos homicidas, piñas psicópatas o peleadores escandalosos.

Sora, Hanabi, Ryota y Kokuro caminaban calmadamente en dirección de la escuela, felizmente ignorantes de la situación que yacía frente a ellos.

- Pss. –

Alguien les llamo.

Hanabi fue la primera en detenerse.

- ¿Quién anda ahí? – cuestiono hostil la peliplata, sus cuencas explosivas listas para ser lanzadas.

- Maa, maa, calma Gokudera. – pidió Takao mientras salía lentamente de las sombras en donde se escondía, sus manos en posición de sumisión, no quería que Hanabi le lanzara uno de sus fuegos artificiales.

- Que haces extremadamente escondido ahí, Yamada!? – cuestiono Ryota con su clásico entusiasmo.

- Shh. – callo el menor al peliblanco – Aniki, no grites. Nos van a encontrar. – pidió en voz baja el espadachín.

Los cuatro ante él se miraron confundidos para luego redirigirle la mirada.

- ¿Y quién nos va a encontrar, Yamada Takao? – cuestiono curioso y cauteloso el de ojos bicolor.

Takao miro a ambos lados antes de hablar, asegurándose de que nadie hubiera escuchado la entusiasta voz de Ryota, al no notar nada extraño decidió hablar.

- Las fangirls. – respondió quedito Takao, pero los demás le escucharon.

- Ah? De que carajos hablas, Yamada? – cuestiono tosca Hanabi.

- Recibí una llamada de Hyuga-sempai, que es el actual capitán del equipo de básquet ball. – empezó a explicar el deportista – Por lo visto todos los años en día de San Valentín los terrenos de la escuela se vuelven zona de caza para muchas de las chicas, así que muchos del equipo van con mucha precaución este día, de acuerdo con lo que me dijo Hyuga-sempai soy de los que debe ir con más cuidado, incluso me envió un mapa con una ruta alternativa y todo. – explico Takao mientras mostraba el mapa que Hyuga le envió esa misma mañana.

- Y? No es como si no pudieses con un grupito de mocosas hormonales. – hablo Hanabi.

- Pero es que no puedo atacar a alguien que no quiere lastimarme, y ellas no quieren lastimarme, lo que ellas quieren es solo…

- Violarte. – interrumpió Kokuro en la oración de Takao.

- Kokuro! – regaño Sora.

- Jaja, no, déjalo Sora, tiene razón. – dijo en una aceptación desesperada y triste Takao.

- Hey! Chicos! – grito a lo lejos una voz familiar.

- Kurumi-chan! – respondió Sora cuando diviso a la pelirroja.

Kurumi corrió aún más rápido para llegar, pero iba tan rápido que no logro parar y…

PAZZ!

Choco contra Sora.

- Creí que ya habíamos superado esto. – dijo Sora mientras sus ojitos estaban espirales.

- Lo shientoo~ - se disculpó Kurumi, sus ojitos también en espiral.

Una vez que ambas chicas estuvieron de pie bien sacudiditas, y de que Hanabi regañara a Kurumi por no fijarse por donde iba, la genio pelirroja procedió a dar muy valiosa información.

- Es una locura! – exclamo Kurumi.

- Cálmate, Kurumi-chan. – pidió Sora a su amiga que estaba al borde de un colapso nervioso - ¿De qué hablas? – cuestiono preocupada la castaña.

- La escuela, al menos el 95% de la población femenina se ha vuelto loca. – informo la de lentes.

- Dime algo que no sepa. – agrego Hanabi.

- Esta vez es peor! – exclamo Kurumi – las fangirls de la escuela se fueron a batalla campal contra las de las escuelas vecinas que vinieron a entregar los chocolates, los prefectos intentan mantener la calma por medio de un sistema de entrega en fila india, pero son demasiadas y comienzan a impacientarse, además, varios de los chicos que recibieron chocolates ya no pueden más y están empezando a declinar las ofertas, las chicas no se pusieron para nada contentas y están a punto de desnudarlos en una extraña mezcla de rabia y deseo! – explico Kurumi sin detenerse a respirar.

La cara de la pobre pelirroja estaba entre pálida y azul, aparte de que daba respiros hondos por la agitación.

- Que hay de Hibiki? El maldito no dejara que se carguen a nadie en terrenos de la escuela. – hablo Hanabi.

- Es inútil, son demasiadas, además, Hibiki-sempai es una de las victimas en sí, los prefectos hacen lo posible por mantener a las fangirls lejos de la oficina principal del CD y …

GRUMBLE, GRUMBLE.

La explicación de Kurumi fue cortada por un sonido, el grupo de amigos guardo silencio.

El sonido se hacía poco a poco más fuerte, dando espacio na dos teorías, o algo se acercaba o eran muchos, después de unos segundos el sonido cesó para dar paso a un silencio mortal.

- ¿Qu-que a-a si-sido e-eso? – cuestiono tartamuda Sora, su rostro ligeramente azul, un espina mezquina se había clavado en su intuición y su interior gritaba como loco que debía salir de ahí, pero el miedo no le dejo moverse.

STEP, STEP.

Nuevamente sonido, esta vez era solo un individuo.

El grupo volteo en la dirección de la que provenían los pasos, Hanabi se colocó frente a Sora a manera defensiva, algo no estaba bien.

En la lejanía se acercaba una figura humana, una chica que debía ser apenas un par de años mayor que ellos, usaba el clásico uniforme de marinerita, era de color gris con un listón rojo al cuello, cabello largo amarrado en dos colitas, ojos grandes y de color claro, sonrisa amable, era bonita.

Hanabi soltó un suspiro aliviado y relajo su postura. Lo mismo hicieron Yamada, Ryota y Kokuro, pero Kurumi aún estaba tensa, su rostro se pintó de un ligero verde que se acentuó con la palidez aterrorizada del rostro de la pelirroja.

Sora por su arte no estaba para nada relajada. La sonrisa de esa chica era demasiado dulce, el brillo de sus ojos escondía algo siniestro y la manera en la que caminaba… algo realmente estaba mal con esta chica, pero ¿Qué?

- Ohayo! – saludo a unos cuantos pasos la chica con tierna voz.

Kurumi dio un saltito en su sitio y luego salio corriendo, escondiéndose detrás de Hanabi, justo al lado de Sora.

- Ne, Yamada-kun, ¿Te importaría acompañarme un segundo? Quisiera decirte algo en privado. – pidió la chica, un adorable tomo rosado adornando sus mejillas.

Fue entonces cuando Kokuro también retrocedió, ¿Qué era esa extraña aura que irradiaba el cuerpo de la recién llegada?

- Haha, l-lo siento, pero en este instante estoy algo ocupado y…

- No te pregunte si estabas ocupado. – corto de tajo la chica al basquetbolista – Solo será un segundo. – insistió la muchacha.

- Ya te ha dicho que está ocupado. – interrumpió Hanabi con su tono cortante.

La chica en el uniforme de marinerita le dirigió un mirada tan fría que dejo a Hanabi congelada en su sitio.

- Maa, maa, ¿Qué tal si nos relajamos? – se interpuso Yamada entre las dos chicas.

- No creo que se trate de relajación, Yamada Takao. – dijo tenso Kokuro.

- Esa chica es extremadamente extraña. – señalo en un susurro Ryota, no gustándole para nada la forma en que la muchacha miro a Hanabi.

- Ryota-sempai. –

Llamo otra voz justo detrás del grupo.

Todos dieron un respingo en su sitio, ¿Cuándo llego ahí esa chica?

Esta nueva muchacha usaba el uniforme de Namichuu, Ryota y Kokuro la reconocieron como la hermanita de uno de sus compañeros de salón.

- ¿Me daría un minuto de su tiempo por favor? – pidió la chica.

- Eh… b-bueno.. y-yo… - tartamudeo el peliblanco, su mirada pasando de la chica frente de el a Hanabi.

Hanabi, de una forma muy bien disimulada, miraba feo tanto a la chica como a Ryota.

- Kokuro-sama. – otra voz provino del callejón que estaba del lado izquierdo de nuestro grupito.

Nuevamente el salto del susto fue colectivo.

¡¿DE DONDE SALEN?! Grito Sora en su interior.

- O-oigan. – llamo la atención Kurumi, su voz algo quebrada – Mi-miren. – apunto la pelirroja al lugar donde estaba la chica que llamo a Yamada.

Ya no era solo una chica, ahora eran diez.

- No jodas. – exclamo Hanabi mientras observaba el lado donde estaba la chica que llamo a Ryota.

Ahora había quince chicas de ese lado.

Kokuro redirigió su bicolor mirada al callejón donde estaba la chica que llamo su nombre, detrás de ella brillaban siniestras miradas que pertenecían a otras chicas ocultas en las sombras.

Sin haberse dado cuenta nuestro grupito favorito se habían acercado unos a otros hasta que chocaron sus espaldas, estaban acorralados, las tres salidas que tenían estaban cerradas.

- Oye, Megane. – llamo Hanabi a la de lentes – No me digas que la situación en la escuela…

- Es igual a esto. – concluyo Kurumi el pensamiento de Hanabi.

- Te dije que no me dijeras. – reprendió la peliplata mientras preparaba sus cuencas explosivas para la batalla.

Kokuro apareció su lanza.

- No! – exclamo Sora, deteniendo así a los dos asesinos – Son civiles, no podemos lastimarles. –

- Nu-fu-fu, entonces ¿Qué sugieres, Sora-chan? – cuestiono Kokuro con una sonrisa tensa en su rostro.

Sora mordió su labio inferior, su mente comenzando a trabajar, el nerviosismo y la presión cumpliendo la función de accionar sus ideas, fue entonces cuando se le ocurrió lo más sensato.

- Chicos. – hablo la castaña dirigiéndose únicamente a los varones de su grupo – Huyan. – indico.

- Ha, ha, que sensata. – rio Takao divertido y nervioso.

Respuestas simples para grandes problemas, ¿Eh? Pensó el basquetbolista mientras una sonrisa fiera decoraba su rostro.

- ¿Por qué no mejor juego un rato con las pocas células de sus cerebritos? – sugirió Kokuro mientras su ojo derecho se activaba.

- No vas a jugar con la cabeza de un montón de adolecentes hormonales! ¿Qué crees que diría el abuelo? – regaño Sora.

Kokuro desactivo la habilidad de su ojo y cambio la siniestra sonrisa por un puchero.

- Touché, principessa. Touché. – acepto Kokuro no de muy buena gana.

- En ese caso… CORRAN AL EXTREMO! – dio Ryota la señal.

En un abrir y cerrar de ojos los tres muchachos habían desaparecido.

Cuando las fangirls se dieron cuenta de que sus victim-digo, hombres soñados, no estaban donde los habían acorrala-digo, encontrado, estas también desaparecieron en pos de buscar el amor.

Tanto Sora como Hanabi y Kurumi parpadearon en confusión un par de veces.

- Es enserio? – pregunto incrédula Hanabi.

- Aah. – suspiro cansada/aliviada Kurumi mientras caía hincada en el suelo – No son ni las ocho de la mañana y ya vi mi vida pasar frente a mis ojos, por lo general eso pasa a la hora del almuerzo. – se quejó la pelirroja.

Sora apenas y se relajó, si bien ya no estaba ella en peligro, sus amigos aún tenían un largo día por delante.

- Esto nunca había pasado antes. – se dijo la castaña.

- En eso te equivocas. – dijo de repente un familiar vocecilla.

- Reborn! – exclamo Sora girando para encarar a su tutor - ¿Qué quieres decir? Yo jamás había visto a las chicas ponerse tan locas en San Valentín. –

- Eso es porque antes no tenías necesidad de verlo. – empezó su explicación el mini – Veras, Sora. Antes no habías visto nada de esto porque la situación te pasaba por alto, sin embargo, ahora tienes a tus guardianes de tu lado, lo cual te dará nuevas experiencias, y lo que antes pasabas por alto se convertirá en una nueva experiencia de vida. Por eso, a pesar de que siempre has vivido en Namimori esta es la primera vez que notas estas acciones que de hecho llevan años ocurriendo en la ciudad. – concluyo Reborn mientras salía de su escondite en una de las paredes del callejón y saltaba sobre uno de los techos de las casa cercanas.

- ¿Hay alguna forma de remediarlo, Reborn-san? – cuestiono Hanabi.

- Cierto! No podemos dejar a los chicos a su suerte! – exclamo Kurumi.

- No hay nada que se pueda hacer, el enemigo son fangirls, y a pesar de que son altamente peligrosas, en especial este día, no podemos hacerles frente por el mismo motivo que Sora ya señalo, son civiles, hormonales y letales, pero civiles, y eso está fuera de nuestra jurisdicción. - explico Reborn.

- Un segundo… ¿Por qué tú no te escondes? – pregunto Sora.

- Soy el mejor hitman del mundo. – se elogió a si mismo al mini – Un montón de mocosas no puede conmigo. – acabo de hablar Reborn.

- Entonces…

- Déjenlos… sobrevivirán. – interrumpió Reborn la oración de Sora.

CRUEL!

Pensaron a unísono Sora, Hanabi y Kurumi.

Sin más que hacer las tres chicas comenzaron a caminar en dirección de la escuela, al llegar se llevaron la sorpresa de que la menos la mitad de la población masculina no había asistido a clases, muy pocos prefectos estaban de guardia en la escuela.

Y al menos el 90% de la poblacion estiantil femenina habia ido a acosar-digo, buscar, a los dueños de sus hormonales corazones.

Las clases fueron relativamente calmas, en especial si ignorabas a los chicos que no recibieron chocolates.

- Tétrico. – dijo Hanabi – En Japón se llevan muy en serio el día de San Valentín. – añadió la peliplata.

Kurumi asintió en silencio.

Las tres chicas llegaron a residencia Sawada/Gokudera, que ya estaba reparada.

- Bienvenidas! – saludo feliz Haru.

En la sala Kyoko, Chao y Lamb veían televisión.

- ¿Cómo estuvo el día? – cuestiono sin mala intención Kyoko.

El día de San Valentín se ha colocado en mi lista de día más odiado creado por la mercadotecnia. – respondió Hanabi mientras se servía un vaso de leche.

- Hahi, ¿No usaron el bunker? – cuestiono Haru confusa.

Las tres adolecentes se miraron entre ellas con confusión.

- ¿Cuál bunker? – pregunto Sora un tono más alto de lo normal.

- El que Tsuna-san diseño para este día, se encuentra cerca del aeropuerto, lo bastante lejos y escondido como para que las locas hormonales lo encuentren. – explico Haru.

El tic en el ojo derecho de Sora se intensifico, su cerebro sufrió una sobrecarga, Kurumi miraba con incredulidad a Haru, no creyendo lo que acababa de escuchar y Hanabi miro a su abuela, dio un largo trago de la leche que se sirvió y dijo…

- Te hubiera matado decir eso antes de que saliéramos por esa puerta en la mañana, nonna? – cuestiono la de ojos verdes.

- Hahi! Reborn-kun dijo que él les diría. – respondió la mujer.

Silencio.

3…

2…

1…

- REBORN! – grito Sora.

Los chicos sobrevivieron, lo mismo que su virginidad, se escondieron en una extraña tienda de antigüedades que era administrada por extraño sujeto que no dejaba de comer ramen.


En su oficina personal Reborn miraba la pantalla de su computador mientras acariciaba a Leon, una sonrisita siniestra iluminaba su rostro.

- Ya vienen, que empiece la divercion. -


NOTAS FINALES

Sacchi: Las fangirls dan miedo.