Los personajes de KHR! Le pertecen a la maestra Amano Akira, lamentablemente los OC de este fic son creación de mi maquiavélica mentecita, MUAHAHAHAHA \OuÓ/!
Shoot 25° "Visitas inesperadas"
LUGAR: ALGUNA PARTE DE ITALIA.
HORA: 11:55 P.M.
El oscuro cielo nocturno cubría el mundo con su penumbra, escondiendo los terrores que apesadumbran la volátil mente de los seres humanos. Esta noche las estrellas estaban ocultas, temerosas de brillar sobre la estructura que se erigía en medio de un perdido bosque en la toscana italiana.
Se trataba de un enorme castillo de diseño gótico, sus enormes muros exteriores escondían las altas torres que apenas y podían distinguirse sus puntas por sobre estos, se veía imponente y amenazante, pero sin embargo había algo en su oscuridad que lo hacía bello e hipnotizante.
Descripción que también se aplicaba a aquellos que habitaban los misteriosos interiores de dicho castillo.
Avanzando por un pasillo que era levemente iluminado por las lámparas de pared y adornado por grandes ventanales que fueron reforzados con vidrios templado antibalas de 7 cm de espesor, un chico de no más de 18 años, corto cabello de color plateado que estaba parado en puntas debido a que hace apenas unos instantes estaba en la cama durmiendo y fue despertado por un mensaje urgente que le entrego uno de sus subordinados. Sus ojos de un vibrante color gris-azul expresaban una enorme molestia por haber sido despertado de su descanso, usaba un pans negro con dibujos de pirañas blancas, no llevaba puesto nada en la parte superior de su cuerpo, lo cual dejaba al descubierto una considerable cantidad de cicatrices.
El joven avanzo con rabia, murmurando una sarta de sandeces y groserías de las que un marinero estaría orgulloso. Llego al final del pasillo y frente a él se erguía orgullosa e imponente una enorme puerta doble de madera de roble que tenía tallada de una manera artística dos leones que se encaraban entre ellos, ambos con expresión fiera.
- HEYYYYYYY! – exclamo en un grito que despertaría a un muerto, o varios, de sus tumbas mientras pateaba abiertas las puertas frente a el – DESPIERTA JEFA DE MIERDA! TENEMOS LA RESPUESTA! – grito el joven mientras su grito hacía eco en las penumbras que engullían el cuarto al que acababa de obtener acceso por la fuerza.
Silencio.
3, 2, 1.
CHIU, CHIU, CHIU, CHIU.
Cuatro disparos emergieron de la oscuridad de la habitación.
El joven peliplata esquivo todos sin ninguna clase de problema.
- HEEEYYYY! DEJA DE CHINGAR Y LEVANTATE! LA AUTORIZACION YA FUE DADA! – grito de nuevo el muchacho.
CHIU.
Su respuesta fue otro disparo, pero él también lo esquivo, pero el disparo fue solo una distracción pues en cuanto lo esquivo un frasco de perfume fue a chocar directamente contra su rostro rompiéndose y llenándolo de perfume que le entro en los ojos, la nariz y la boca.
- Buagh! – exclamo mientras caía al suelo en dolor y asco.
El sonido de pasos descalzos que se acercaba al dolido y caído joven resonó en la oscuridad del cuarto.
- Cierra tu jodida boca, bacalao estúpido. – hablo la voz fría y algo tosca de una fémina desde la penumbra.
El joven dejo de quejarse y le dedico una mirada iracunda a la joven que apareció de entre las sombras.
Era alta, con facciones felinas, bellos ojos rojizos con brillo predador, su largo cabello azabache amarrado en una salvaje coleta de caballo, rastas adornadas con plumas rojas y naranjas también decoraban su cabeza, su pijama consistía en solo un top flojo de color oscuro y un boxer femenino de color gris, dejando al descubierto sus bien formados muslos, esbelto pero muscular cuerpo ligeramente bronceado, en su mano izquierda un humeante revolver PYTHON 357 personalizado.
- Recoge a las basuras, nos vamos a Japón. – ordeno la chica mientras una extrañamente sensual y predadora sonrisa decoraba su rostro.
LUGAR: NAMICHUU.
HORA: 6:00 A.M.
Hyoga, al ser el jefe de prefectos, siempre llegaba temprano a la escuela, muy a pesar de su amor por dormir, el chico siempre llegaba a las seis en punto de la mañana a la escuela, arreglaba el papeleo que no había terminado el día anterior, después llegaba Tetsunosuke y le daba más papeleo, luego iba a la entrada y se aseguraba de que los mortales fueran debidamente presentes a la escuela y que no hubiera insectos molestos pululando los alrededores de Namichuu.
Esa era su rutina diaria, ese era su estilo, de acuerdo, debes en cuando Sora y los mortales que se juntaban a su alrededor se metían en uno que otro lio, pero la castaña ya había recibido su debido castigo hace mucho y se había ganado el respeto del prefecto por el simple hecho de vivir bajo el mismo techo que el asesino y aun seguir más o menos cuerda, aparte de que le gustaba.
Hyoga estaba a punto de colocar la llave de su oficina en la cerradura de la perilla solo para darse cuenta de que la puerta no tenía seguro, alguien había entrado a su territorio, los ojos del prefecto se achicaron en una mirada furiosa, nadie se metía en su territorio sin su permiso. Quito la llave de la cerradura de la perilla y la volvió a guardar en el bolsillo de su pantalón, coloco la mano derecha en la perilla y la giro, abrió la puerta, la tonfa escondida en la manga de su saco más que lista para atacar. Abrió la puerta con una calma que no sentía, quería destazar al idiota que se atrevió a invadirlo, pero no podía saltar así como así, era posible que quien sea que abrió la puerta ya no estuviera, también era posible que el mismo hubiera olvidado cerrar la puerta el día anterior, no que fuera a admitirlo, y saltar como un salvaje sin nada que morder solo era gastar energía de manera innecesaria.
Pero si había alguien en su oficina, sentada en su silla detrás de su escritorio, las piernas del intruso estaban acomodadas sobre el escritorio de manera floja y despreocupada.
Se trataba de una hermosa chica de unos 18 años, quizás 19, cabello color ébano totalmente lacio que le llegaba a la altura de la barbilla, facciones afiladas, nariz recta con una ligero respingo en la punta, ojos filosos color del metal, su piel era pálida y con brillo saludable, sus pestañas oscuras y gruesas, sus labios delgados y de color melocotón.
Usaba una chaqueta estilo militar de manga larga color negro, el cuello era a hacia arriba, ocho botones de plata con el diseño de un escudo de armas que Hyoga conocía muy bien, en los brazos de ambas mangas estaba bordado el mismo escudo con hilo de color escarlata, también usaba un pantalón negro y botas de cuero con un pequeño tacón.
– Tanto tiempo, Hyoga. – hablo la chica con melodiosa y monótona voz.
– Bienvenida, nee-san. – respondió Hyoga con marcada molestia en la voz.
- ¿Qué? ¿No hay abrazo? ¿Un beso de bienvenida? ¿Es así como recibes a la hermana que no has visto en más de cuatro años? – cuestiono con fingida indignación Hibari Aoi.
- ¿Qué haces aquí? – pregunto indiferente Hyoga, la relación con su hermana no era exactamente la mejor.
¿Y cómo lo seria? Su padre los ha hecho intentar arrancarse la cabeza en peleas desde que aprendieron a pararse por sí solos, Hyoga respeta a su hermana, pero también le encantaría arrancarle los labios solo para evitar que hiciera su burlona sonrisa.
-¿Todavía usas el apellido de mamá en público? Tú y papá tienen problemas con eso del renombre y el enaltecimiento propio. – comentó casualmente Aoi mientras bajaba las piernas del escritorio y cambiaba su posición. Ahora sus manos estaban entrelazadas sobre el escritorio sosteniendo el peso de su barbilla - ¿Te imaginas la cara que pondrían tus presas si supieran que eres el hijo del Hibari Kyoya? Esos rostros no tendrían precio. – señalo con burlona sonrisa la mayor.
- Precisamente. – respondió Hyoga aun de pie en el mismo lugar – Yo no quiero que le teman a mi apellido, yo quiero que me teman a mí y a mi nada más, no tengo intención de compartir esa satisfacción con nuestro padre. – explico Hyoga – No niego mi apellido, simplemente no le doy el mismo uso que tú.-
Aoi le dedico a su hermano menor una mirada frustrada.
– Eres un frígido, Hyoga. –dijo sin más Aoi.
Un tic molesto nació bajo el ojo izquierdo del menor.
-¿Qué quieres? – arrastro la pregunta el jefe de prefectos.
-Solo vine a decirte que volví a casa. – respondió Aoi mientras se ponía de pie – Y que muy pronto algo muy interesante va a empezar. – concluyo la mayor al tiempo que pasaba justo al lado de su hermano y salía de la oficina, la puerta haciendo un ligero clack al cerrarse.
-Maldita bruja. – profirió Hyoga en un suspiro exasperado, como odiaba que su hermana mayor viniera de visita.
LUGAR: NAMIMORI, JAPÓN. RESIDENCIA SAWADA-GOKUDERA.
HORA: 7:17 A.M.
Sora estaba envuelta en sus sabanas, formando un capullo protector de los rayos solares que amenazan con despertarla del mundo de morfeo, pero hay algo de lo que sus sabanas no podrán protegerla…
PAZZ.
Un gran martillo verde con ojitos amarillos y boquita torcida impacto dura y vilmente contra el cuerpecito de la castaña, haciendo que saliera disparada de la cama e chocara estrepitosamente contra la pared de su habitación.
- Reborn! – exclamo la jefa mafiosa en entrenamiento una vez logro levantar la cabeza y sobarla con su mano derecha.
- Ciossu, dame-Sora. – saludo el mini hitman mientras acomodaba el martillo en su hombrito izquierdo.
Sora suspiro cansada, ya ni siquiera se molestaría en renegarle al del fedora, eso simplemente le causaba más golpes, dolor y migrañas.
- Lávate y vístete, abajo te espera una sorpresa. – informo Reborn mientras se daba media vuelta y salía del cuarto.
Sora giro su cabeza bruscamente al escuchar esto solo para ver la espalda de su tutor alejarse.
¿Qué clase de tortura habrá planeado ahora? Se cuestionó mentalmente la castaña. No, mejor no quiero saber. Se respondió a sí misma.
La castaña termino de vestirse y bajo las escaleras con una mezcla de ansiedad, miedo y anticipación por lo que fuera que Reborn hubiese planeado.
Sora abrió la puerta de la cocina lentamente, cerró los ojos fuertemente esperando el golpe… que no llego. Abrió los ojos confundida, ¿Por qué aun no sentía ningún tipo de dolor en su cuerpo? Al dirigir su mirada al frente se topó con la espalda de una persona, una mujer, no debía medir más de 170 cm, largo cabello platinado y delicadamente ondulado, se podía distinguir la ropa que usaba, un pantalón de mezclilla oscura, pantuflas, camisa de algodón con mangas cortas de color rojo, un tono de rock pesado siendo tarareado.
Sora parpadeo dos veces en confusión y sorpresa.
- Mamá? – hablo dudosa la castaña a la mujer frente a ella.
La mujer frente a ella dio un saltito sorprendido, giro ligeramente la cabeza, los ojos de chocolate oscuro divisaron a Sora, una sonrisa que dejaría al sol en vergüenza se dibujó en el rostro de Stella Gokudera de Sawada al ver a su hija después de tanto tiempo.
- SORA-CHWAAAAAN~! – canto feliz Stella mientras daba saltitos en dirección de Sora.
- MAMÁ! – canto feliz la castaña al reconocer a su madre y se apresuró a darle un gran abrazo.
El abrazo entre madre e hija fue cálido y lleno de amor. Stella restregaba su mejilla contra la de su hija.
- ¿No hay abrazo para mí? – hablo desde la dirección de la puerta de la cocina un hombre.
Sora reconoció la voz de inmediato y giro el rostro en la misma dirección.
Parado en la entrada de la cocina estaba un hombre de unos 183cm, abundante cabello peinado en todas direcciones contra la gravedad de color castaño miel, el mismo color que el de la abuela Kyoko, ojos de color miel que tenían un brillo melancólico pero cálido, usaba un pantalón de mezclilla clara y una camisa blanca de manga corta que tenía los dos botones más cercanos al cuello sin abrochar.
Kyoshi Sawada miraba a su esposa y a su hija con una sonrisa llena de calidez y amor.
- PAPÁ! – cantó Sora en felicidad mientras soltaba a su madre y daba un gran salto hacia su padre para atraparlo en un fuerte abrazo.
Sora estaba que no cabía en felicidad… esto era demasiado bueno para ser verdad!
Un segundo… reacciono Sora en su interior, su intuición pateando su hígado y riñones.
- ¿Qué están haciendo aquí? – cuestiono con sospecha la castaña menor.
Kyoshi, que aun abrazaba a Sora, y Stella dieron un saltito asustado, una gotita se les resbalo por la nuca, un ligero tono azul decoro sus rostros.
BOOM, BOOM, BOOM.
Tres explosiones resonaron en el piso superior de la casa, más específicamente del cuarto de Hanabi.
Sora se zafo del abrazo de su padre y salio corriendo en la dirección de dicha habitación, Hanabi no explotaba nada hasta que Lamb le robaba el desayuno.
Sora estaba a punto de subir las escaleras cuando diviso la figura de un hombre alto, 187 cm, cabello castaño ligeramente largo y afilados ojos verdes, usaba un pantalón de tela oscura recto, playera de algodón blanca con el dibujo de una calavera y una nube en forma de hongo atrás de esta.
- Tío Hayate. – reconoció la castaña al hermano mayor de su madre y padre de Hanabi.
- Hey, peque. – saludo el hombre mientras pasaba por su lado, le daba una sacudida al de por si revuelto cabello de Sora y se iba a la cocina.
- No huyas! Puedo mejorar mi tiempo de reacción! – apareció gritando Hanabi mientras se ponía el suéter del uniforme – Ah! Muy buenos días, onceava! – saludo la peliplata al notar a la castaña.
- Bu-buenos días, Hanabi-chan. – devolvió el saludo Sora.
Hanabi pasó por su lado y también se dirigió a la cocina.
Sora miro al segundo piso, luego a la cocina, dio un suspiro y decidió que sería mejor volver a la cocina. Mientras se daba la vuelta, dos figuritas, una vestida de cordero y otra de chinito, pasaron corriendo entre sus piernas y con la misma dirección a la cocina, riendo y cantando sobre el desayuno.
- Aah. – suspiro la castaña - ¿Cómo pueden tener tanta energía en la mañana? – se cuestionó.
Sora volvió a entrar a la cocina para toparse con su madre haciendo el desayuno, Kyoshi ayudaba a su esposa, Hayate jalaba las mejillas de Hanabi y esta las de Lamb, Chao miraba como se jalaban las mejillas mientras se tocaba las propias imaginándose el dolor.
Pero ahí faltaba gente.
- ¿Dónde están las abuelas? – cuestiono Sora a los tres adultos.
- Salieron muy temprano. – respondió Kyoshi con calma.
- Eeh, ¿Y dónde está Kokuro? – cuestiono Sora mientras tomaba asiento.
Si sabe lo que le conviene no se me va a poner enfrente a menos de que quiera ser convertido en ensalada de piña. – respondió con odio Stella mientras cortaba con odio un daikon.
Digamos que aún no le perdona el casi matar a su hija.
- Ya, ¿Y ustedes? No es que me incomode que estén aquí, pero… ¿Por qué? – cuestiono de nuevo Sora.
Su intuición gritándole que algo muy grande estaba por ocurrir.
Stella y Kyoshi se vieron entre si preocupados.
Hayate intentaba hacerse el desentendió y evitaba la mirada de su hija que también le miraba con sospecha.
- Yo te puedo responder eso. – hablo por fin la chillona voz de cierto mini hitman.
- Reborn. – reconoció Sora a su tutor.
De entre sus ropas el mini asesino saco un pergamino enrollado, lo extendió y mostro una carta que estaba firmada por el sello de la última voluntad, el escudo familiar de Vongola decoraba la formal hoja.
- Esta es tu segunda misión como futura jefa de nuestra familia. – comenzó Reborn – En estos últimos días un grupo rebelde se a revelado contra los deseos de que te conviertas en la 11° jefa, por si fuera poco se trata del grupo de asesinos independiente de la familia conocido como NeoVaria, son el grupo de asesinos más fuerte que tiene la familia, y ahora ustedes son su objetivo. – dijo solemne Reborn mientras volvía a enrollar el pergamino y lo guardo otra vez entre sus ropas, evitando que Sora o Hanabi le dieran un segundo vistazo.
El rostro de Sora era un poema, Hanabi estaba estupefacta, los tres adultos en la habitación miraban a Reborn serios.
- Pero no te preocupes, tutores específicos han sido enviados para ayudarles a entrenar y poder enfrentarse a sus nuevos enemigos. – explico como si nada Reborn.
- ¡¿Por eso están aquí?! – exclamo más indignada que sorprendida Sora – Es bueno saber que no pueden venir a mi cumpleaños pero si a mí funeral!- señalo histérica la castaña.
- Nadie va a morir querida. – hablo Kyoshi con tranquila sonrisa, pero el sudor que resbalaba por la parte baja de su nuca decía otra cosa, no que Sora se dé cuenta.
- Venimos a asegurarnos de que estén a la altura de sus oponentes. – agrego Hayate.
- Aun así… hablamos de NeoVaria, esto no será sencillo. – añadió Hanabi mientras cruzaba los brazos sobre su pecho y una mirada calculadora e inquieta decoraba su rostro.
Sora también estaba inquieta, pero por otros motivos.
- Cuánto tiempo? – cuestiono la castaña a su tutor.
- Kyoko y Haru van a negociar eso, nuestros invitados llegaran dentro de poco a la ciudad. – respondió Reborn como si hablara del clima mientras tomaba su espresso.
Por eso las abuelas salieron temprano. Razono Sora en sus adentro.
- ¿Qué hay de los demás? – cuestiono Sora otra vez, el miedo en sus expresivos ojos brillando intensamente.
Reborn noto esto y suspiro cansado mientras ponía su taza de espresso a medio terminar sobre la mesa.
- Ya te lo dije, todos tendrán un tutor. – respondió calmo Reborn, de repente una sonrisita siniestra se pintó en los labios del mini, Sora se estremeció – Deberías preocuparte más por ti, después de todo tu entrenamiento comienza ya. –
Dicho esto el mini oprimió el único botón de un control remoto que tenía escondido en su manga derecha, una compuerta se abrió exactamente debajo de Sora que cayó por un túnel hacia las tinieblas y la incertidumbre.
- Iiiiiiiii! – se escuchaba resonar por el largo túnel mientras la castaña caía.
Una gotita incomoda resbalo por la sien de los tres adultos y Hanabi, Lamb se burló de Sora, Chao miraba con preocupación el agujero.
LUGAR: NAMIMORI, JAPÓN. RESIDENCIA SASAGAWA.
HORA: 7:20 A.M.
- CON MÁS FUERZA! –
Grito intensa un mujer de 167 cm, largo cabello blanquecino amarrado en un coleta de caballo, cuerpo ligeramente bronceado, era delgada y los músculos se le marcaban, dando a entender que iba al gimnasio, sus antebrazos y puños estaban vendados, ojos grandes de color gris, una bandita pegada al puente de su nariz, pantaloncillos para correr de color negro que le llegaban a los tobillos, playera de algodón color amarillo sin mangas.
Ryoko Sasagawa se veía lista para patear traseros.
- EXTREMO! – grito Ryota en repuesta mientras le daba múltiples golpes a la pera de boxeo que estaba en la sala.
- CON MÁS FUERZA! – grito Ryoko emocionada.
- EXTREMO! – respondió Ryota.
Kana, Hana, Blanch y Bianco miraban al par de extremos peleadores ya cansados y con migraña, llevaban levantados desde las cuatro de la mañana con la misma rutina.
LUGAR: RESIDENCIA YAMADA/RESTAURANTE TAKESUSHI.
HORA: 7:25 A.M.
Takao bajo las escaleras en dirección de la cocina, ese día no tuvo práctica matutina así que pudo dormir un poco más, ya tenía puesto su uniforme y solo le faltaba un buen desayuno.
El basquetbolista entro a la cocina y se sentó en su lugar de siempre.
- Buenos días. – saludo el alegre chico.
- Buenos días, Taka-kun. – saludo otra alegre voz, esta perteneciente a una mujer.
Takao se congelo en su sitio y abrió los ojos para encontrarse con una persona que no veía desde hace al menos tres años.
Una mujer alta y de aspecto alegre, ojos castaños afilados con un brillo burlón, cabello corto y oscuro, delgada y podías notar los músculos firmes en los brazo y piernas.
- M-m-mamá? – cuestiono confundido y sorprendido Takao.
- Yo! Tanto tiempo Taka-kun! – saludo sonriente Taka Yamada, anteriormente Yamamoto.
Takao trago pesado, si su madre estaba aquí no se la iba a acabar.
NOTAS DE LA AUTORA
Hoy respondi una pregunta que me hicieron en los reviews, Hyoga no usa el apellido Hibari porque el queire tener su propio legado, no quiere que su poder sea producto de su nombre, sino de su esfuerzo, esto no quiere decir que no quiera a su padre, de hecho lo admira y respeta al grado de la adoracion (de eso se hablara luego en el fic).
Llegaron los padres y la hermana de Hyoga al fin aparecio, ya la habia mencionado antes, veran que es una chica muy... interesante.
