Todo esto sigue sin ser mío, lamentablemente, por más que me gustara que fuera lo contrario.

El segundo capítulo de la tabla Líquidos de la comunidad de LJ misión insana. Espero que os guste. Al menos yo disfruté escribiéndolo.

Y sin más preámbulos...


Spike (o William), como buen inglés, tenía la costumbre de tomar té a las cuatro de la tarde, junto con unas pastitas que su madre preparaba.

Ese día era el primero que no había bebido té ni comido pastitas. Su madre no las había podido hacer y no las haría nunca más. Nunca más se quemaría la lengua y no podría no maldecir por educación. Nunca más tendrían que invitar a amigos para saborear el té. Nunca más bebería té, y nunca más comería pastitas.

Su madre, su adorada madre, no podría hacerlas ni podría preparar el té, y si ella hubiera querido Spike se habría quedado con ella eternamente. Incluso habría dejado que clavaran una estaca en su inmóvil corazón si de salvar a su madre se hubiera tratado. Hubiera soportado quemarse con el té y no poder maldecir, simplemente porque a ella no le gustaba.

Pero había cambiado, ella no era su madre. No era la mujer que lo había cuidado desde que era niño, ni la que le había cantado esa canción popular que tanto le gustaba. No era tampoco la madre que le miraba con amor y quería que estuviera a su lado siempre. Un demonio se había apoderado de su cuerpo porque ella lo había querido y él lo sabía.

Porque ella nunca hubiera deseado morir para no tener que soportarlo. Porque a ella le gustaban sus poesías. Porque, antes de que él le diera de beber su sangre, era su madre. Y él había tenido que acabar con esa alma pura y clavar una estaca en su corazón, porque había cambiado y porque no era su madre.

Y miraba la taza de té, vacía. Porque, aunque estuviera Drusilla, él se sentía solo. Y extraño. Nunca más la volvería a ver.

Alargó la mano y tomó la taza fuertemente. Nunca más tendría que tener una de esas entre sus dedos.

—Maldición —Susurró mientras aumentaba la presión sobre la tacita—. Maldición —Dijo un poco más fuerte, cerrando los ojos—. ¡Maldición!

Gritó a la vez que la taza se hacía añicos. Era la primera vez que pronunciaba esa palabra y, en ese momento, aunque cegado por la rabia y el dolor, supo que no sería la última.

Porque ya no volvería a tomar el té con su madre. Ya nada lo ligaba a su pasado. Había dejado de ser William. Para siempre.


Y bien, ¿ha gustado o no? Quiero intentar plasmar momentos críticos de la "no-vida" de Spike, como habréis podido notar. Unos serán más importantes y otros menos, pero pretendo que se vea como un cambio gradual de William a Spike. En este capítulo ya nada le liga a la personalidad que tenía cuando era un hombre, y ya en el próximo capítulo os encontraréis al vampiro Spike, sin alma (y por qué no, una pequeña inclusión de Angel).

Acepto críticas, comentarios y opiniones, ¡cuantas más mejor! Ya que escribiendo para este fandom soy nueva, y no sé si los personajes son del todo ellos (?) aunque lo intento.

¡Nos vemos en el próximo capítulo!