Tsunade estaba durmiendo plácidamente, soñando que ganaba miles de apuestas, se volvía rica y era dueña de un restaurante estilo todo lo que puedas comer; los formularios debajo de su barbilla ya estaban empapados con baba y lágrimas de felicidad… cuando Shizune abrió estrepitosamente la puerta de su oficina.
-Tsunade-sama –la joven ninja la miró con desaprobación –Tsunade-sama, despierte, tiene visitas.
-Mmm… Shizune, calla, vete, que hagan una cita –la Hokage ni se molestó en abrir los ojos.
-Bue-bueno, regresaremos otro día –una tercera voz apareció, una masculina y desconocida, con además un acento extranjero. Entonces una duda asaltó la mente de Tsunade. ¿Debería dejar a esta persona irse con una mala impresión de ella y posiblemente de la aldea entera? O ¿Dormir un poco más y regresar a sus maravillosos sueños?
Tristemente Tsunade tuvo que escoger la opción más diplomática.
La Hokage se levantó enseguida, arregló su pelo lo mejor que pudo y plasmó una sonrisa en su cara.
En la entrada estaba Shizune junto a cuatro ninjas de Kirigakure, la asistenta parecía apenada y el jonin que lideraba el equipo movía sus ojos con nerviosismo, los tres niños que lo acompañaban pasaron a tercer plano, así que sus expresiones no fueron algo en que Tsunade prestara atención.
-Lamento que tuvieran que verme en ese estado –la Hokage se rió –Últimamente no he tenido mucho tiempo para descansar, con los exámenes Chunin a punto de empezar.
Sayumi la miraba fijamente, tratando de adivinar qué tipo de persona era esta mujer que reemplazaba al tercer Hokage. Se veía muy joven, casi tan joven como su Mizukage; pero simultáneamente sonaba vieja, sus expresiones y su actitud eran como las de una abuelita excéntrica. Y la forma en que les dio la bienvenida… la kunoichi que les enseñó el camino a su oficina no parecía sorprendida con la actitud de su jefa, más bien irritada, como si fuese algo extremadamente común.
Tsunade seguía parloteando y Chojuro-sensei solo asentía.
-Espero que tengan una estadía agradable. Hay un inn a tan sólo unas cuadras de aquí, todos los que vienen a presentar el examen se están quedando ahí –Tsunade parecía impaciente, Sayumi supuso que ahora que estaba despierta ella tendría que continuar con su trabajo.
-S-sí, ahora mismo iremos a instalarnos –le dijo Chojuro.
-Qué bien, pónganse cómodos –el jonin asintió y comenzó a salir del despacho, sus alumnos también volteándose para seguirlo.
-Les deseo suerte –terminó de decir la Hokage, dirigiéndose por primera vez a los genin.
Aoi y Sayumi no respondieron, ni con un gracias ni con una sonrisa, pero Kei la vio por encima de su hombro y le dijo arrogante: -No la necesitaremos.
Chojuro suspiró, a veces deseaba que Kei fuese mudo.
Tsunade vio con curiosidad como el chico se iba detrás del resto de su equipo.
-Shizune, ¿qué sabes de estos aspirantes?
-¿Eh? –la asistente miró a su jefa, ésta tenía la barbilla sobre sus manos y observaba la puerta de su oficina con ojos penetrantes. –Mmm… lo que sé es sobre su líder, Chojuro, es uno de los siete espadachines de la niebla y muy cercano a la Mizukage, de sus favoritos, se podría decir. Sus estudiantes, pues, supongo que son simples genin, no hay nada sobre ellos en nuestros archivos ni he escuchado sus nombres en ningún lugar antes. Si está pensando en Sakura yo diría que no hay nada de qué preocuparse.
La Hokage ladeó su cabeza, pensativa.
Sakura ingresaría a la prueba este año y Tsunade había hecho lo posible para asegurar que su alumna aprobara con facilidad el examen, entrenaron día y noche por varios meses, le otorgó misiones extremadamente difíciles para que tuviera más experiencia y estudiaron tácticas de defensa y ofensa sin descanso por días enteros; pero siempre estaba la probabilidad de que alguien más fuerte e inteligente la sacara de la competencia y ahora después de conocer a estos jóvenes, el bichito de la duda le inquietaba.
¿A qué clase de genios se podría estar enfrentando su alumna?
-¡Aaaahh! Tengo haaambreeeee –Kei se frotaba su estómago frenéticamente recargándose en el costado izquierdo de su maestro.
Ya habían arreglado las cosas en el inn para quedarse seis semanas y estaban de nuevo en la calle viendo qué hacer.
Chojuro miró medio irritado a su alumno.
-Chojuro-sensei, yo también tengo ganas de comer –dijo Sayumi calmadamente, sus sensei volteó a verla y le sonrió tímidamente.
-Eh… Tú eres la cumpleañera, ¿qué quieres?
Kei se apartó de Chojuro y le susurró divertido a su mejor amigo: -Su cumpleaños es una escusa para consentirla, tú y yo sabemos que ella es la favo—
No terminó porque Sayumi alargó la mano detrás de la espalda de su maestro para darle un buen golpe en la nuca.
Aoi se rió.
-Es su favorita porque hace lo que él no puede, pegarte –se burló de su compañero. Chojuro lo escuchó pero simplemente se sonrojó, Aoi tenía razón.
Fueron a un pequeño restaurante de barbacoa, pidieron cinco órdenes de carne y terminaron con pequeños bultos en sus pansas, después a penas y lograron llegar al inn para quedarse acostados sobre sus espaldas, pidiéndole a Kami-sama que acelerara su digestión.
