Estaba en medio de un bosque, corriendo, pero sin saber a dónde; riendo, sin entender qué era tan gracioso. Se sentía feliz y tranquila. No estaba huyendo de nada, no había qué le mortificara, sólo un bosque profundo y espeso que la cobijaba.

Después de lo que se sintió como una eternidad, dos voces cantarinas se unieron a la suya, dos sombras ágiles la flanquearon y dos manos cálidas entrelazaron sus dedos con los de ella. Mientras el agarre de ambos seres se fortificaba, el frío comenzó a calarle los huesos y los músculos de sus piernas se agarrotaron dolorosamente.

Sayumi colapsó en los brazos de sus acompañantes.

Algo suave le rozaba la mejilla y una tela gruesa envolvía su cuerpo firmemente. Sus muslos se sentían cortados y sus hombros se sacudían espasmódicamente. La persona que estaba velando su sueño le acariciaba el rostro con ternura cada vez que temblaba. Era como ser una niña pequeña de nuevo, calientita y en paz, enferma pero atendida.

Estuvo así varios minutos hasta que por fin se atrevió a abrir los ojos, poco a poco Sayumi fue dejando la tenue luz llegar a sus pupilas.

Frente a su rostro estaba el de Aoi, que la miraba con ternura y preocupación.

-A –la garganta de Sayumi estaba muy seca –Aoi-nii…

Los rasgos de su hermano se empezaron a desfigurar lentamente.

Una semilla de terror se plantó en el corazón de Sayumi.

-Onii— el aire en sus pulmones se contuvo.

-Ha… ¿Hana?

Una mujer joven y bonita le sonreía, mechones de pelo negro caían sobre su cara enmarcando su hermosa tez pálida y resaltando sus ojos almendrados.

-¡Has vuelto! –le decía -¡Has vuelto para verme!

Sayumi se sentía horrorizada, ¿cómo es posible que esto le esté pasando…?

La mujer la rodeó con sus brazos y llorando le repetía "¡Has vuelto!"

-¡Ah! –Sayumi despertó, nerviosa, esperando ver a su madre biológica a su lado. Trató de tranquilizarse un poco, respirando hondo y alejando a la difunta mujer de su mente, pero no servía de nada.

Agradeciendo que tenía un cuarto solo para ella, Sayumi se dejó llevar por sus emociones y comenzó a llorar débilmente. Una vez desahogada, la joven kunoichi se secó las lágrimas y se miró en el pequeño espejo que había en la habitación, para ella ese sueño tenía un significado.

Entró al cuarto de sus amigos y cuidadosamente los despertó, no les dijo exactamente a dónde irían, solamente que era importante, ellos entendieron y la siguieron movidos por la curiosidad.

Sayumi suspiró lastimeramente.

Odiaba los cemeterios.