Aquí otro capítulo más, super rapidísimo, pero que sepáis que ya no podré subir capis tan seguidamente, por que mañana empiezo las clases :(
BonezitaEmily-Gracias por el review, que maja eres 3 La historia tiene actualmente...creo que 64 capis, y si, los subiré todos porque es una historia que vale la pena, lo malo es que todavía no está terminada, pero seguirá
Gracias a todos por los reviews
Video hecho por Poly de la historia:watch?v=6nyuTSdGpik
8ºAquella mudanza
-Voy a volver, Bones. Aunque tarde y tenga que crecer para coger un autobús solo y trabajar, pero volveré
Dos semanas después, me despedí de mi amigo. Aunque él me mandase muchas cartas llenas de monstruos espaciales dibujados, líneas de ''Te voy a enviar a Jared por correo como no me respondas'' y viéndonos de vez en cuando, todavía tardaría mucho tiempo para que me sintiese completa otra vez. El día en el que se fue, me dejó vacía, y por mucho tiempo no me di cuenta de que faltaba algo.
-¿Temperance Brennan?
Me levanté y recogí mi examen de biología. A+. Algunas personas me lanzaron miraras celosos, bueno, en verdad casi toda la clase. Me daba igual, había aprendido a no hacer caso de los demás. El instituto era un infierno, aunque me gustase aprender, no veía la hora de salir de allí. Miré el examen otra vez. Había estudiado poco, tan solo había revisado la materia. Era fácil, ya me sabía todos los músculos y huesos del cuerpo, aquel examen llegaba ser idiota.
Miré por la ventana, deseando que mi hermano estuviese allí. Ya era mayor para jugar a Marco Polo, pero no me importaba, no si pudiera tener a Russ como antes. Nunca me había dado cuenta de lo importante que era Russ para mi hasta que se fue. Eso me traía otro recuerdo.
Bajé la cabeza. No, no pienses en Booth. Mi primer y único amigo. No lo veía desde hacía 3 años y, probablemente, eso era por mi culpa. Él me llamaba con mucha más frecuencia que yo, pero en los últimos meses no nos habíamos hablado. Pensar en él me dolía, me acordaba de mi familia e infancia, cosa que ya no tenía más.
Cuando el timbre tocó salí al pasillo, arrastrando los pies. Rápidamente fui abarrotada por otros alumnos, corriendo o hablando. Había entrado allí hacía poco, a pesar de haber pasado ya la mitad del semestre, pero era igual que la otra escuela. Adolescentes ruidosos, atletas hablando de deporte, chicas hablando de chicos...y yo. Ajena a todo.
Si la escuela era un infierno, ni quería imaginar como podría llamarse mi casa, o la casa donde vivía actualmente. Tal vez pudiese sentarme cerca del campo de fútbol y leer un libro o, a lo mejor, mis foster parents se olvidasen de mi.
-Hola, ¿Brennan?-levanté la mirada. Una chica de rasgos orientales y un cabello perfectamente ondulado me miraba. Era alta y usaba una ropa muy original. Su pelo tenía mechas azul oscuro que era bonitas a la vista.
-Tan solo quería decirte que las ideas que me diste fueron muy buenas...déjame enseñarte mi trabajo
No estaba acostumbrada a aquello: alguien empieza a hablar conmigo, espontáneamente, sin mirarme dos veces o llamarme rara. Sacó unas láminas de sus mochila, y me enseñó algunos bocetos de rostros que parecían ser estudiantes del colegio.
-Eres muy buena-dije impresionada. Yo era lista y me había informado sobre la estructura ósea. Ella conseguía captar la esencia de las personas con un dibujo, y eso era increíble
Ella iba a decir algo, pero dos chicas la llamaron.
-Querida, necesito irme. Ya nos veremos
Me dio una sonrisa y se fue, yo me quedé sola. Saqué mi libro de la mochila y me fui al campo de fútbol. Estábamos en abril. Si estuviese en otra estación y en otra época, estaría deseando que llegase primavera, la expectativa de poder salir a la calle sin ponerme toneladas de ropa era agradable. Pero no a la actual Temperance Brennan de primer año. No a la Temperance Brennan que vivía con su tercera familia adoptiva en un plazo de 4 meses.
Abrí mi libro. Había decidido que quería hacer antropología. Con mi notas, no sería difícil terminar el colegio y conseguir una beca. El único problema sería aguantar la escuela. Nunca le confesé a nadie que me sentía muy incómoda allí. Nadie parecía tener interés en hablar conmigo, y a veces ni siquiera entendía que decían los otros. Tal vez en la facultad las cosas serían diferentes.
Algunas chicas pasaron corriendo por el campo, dando gritos, desconcentrándome. Una de ellas tenía un cartel. Hasta yo sabía sobre el campeonato estatal de baloncesto. El equipo de mi escuela era muy bueno, iban a jugar contra el mejor del estado. Solo lo sabía porque en cualquier lugar donde estuviese estaban hablando del partido. Esperaba que el campeonato terminase pronto, y los demás se dejasen de himnos por los pasillos y gritos de ''Black Panters'' en los horarios de clase.
Mi atención fue desviada nuevamente, pero esta vez a otro lado. La escuela secundaria estaba justo al lado de la escuela primaria. Por la gradas, pude ver a una niña, estirando las piernas mientras que subía más y más alto en un columpio. Un niño la empujaba. Sin darme cuenta, sonreí.
Cerca del fin de la tarde, cuando no había nada más para intentar retrasar mi vuelta a casa, empecé a bajar las escaleras a la salida. Entonces oí a un chico llamarme.
-¿Brennan?
Me giré y vi a un chico con el pelo rizado que corría hacia mi. Hacía un tiempo desde que no lo veía, pero sabía quien era. Había crecido mucho pero la estructura básica de su rostro era la misma.
-¿Hodgins?
-¡Chica, mírate! Secundaria, ¿verdad?
Meneé la cabeza afirmativamente. Al menos no intentó abrazarme.
-¿Qué quieres, Hodgins? ¿Ya hace algún tiempo que no nos vemos, verdad?
-Hace tiempo que te estaba buscando para hacerte una propuesta. Saliste del proyecto sin dar explicaciones y los supervisores no consiguieron contactar más contigo
-¿Cuál es tu propuesta?
-El instituto de ciencias ha lanzado un nuevo proyecto, -dijo Hodgins bastante emocionado-básicamente, ellos quieren a grupos de estudiantes para que puedan desenvolver proyectos científicos. Habrá premios a los mejores proyectos
-Eso suena bien, pero todavía no entiendo porque me quieres a mi
-Cada grupo debe tener por lo menos un integrante de Enseñanza Pública, y como Zack y yo estamos en el privado...necesito a una persona para poder hacer el grupo. Son tres integrantes como mínimo, y cuatro como máximo
-¿Zack?
Él puso sus ojos en blanco.
-Es una larga historia. Entonces...¿Aceptas?
-Claro
-Bien, los encuentros serán en el instituto de ciencias, martes y jueves después de clases. La semana que viene paso por aquí y te dejo un formulario de inscripción
Caminé por la calle, pensando en la conversación con Hodgins. Nunca habíamos sido grandes amigos y en la época en la que estábamos juntos en el programa infantil hablaba poco con él. Él era muy nervioso, pero no podía negar que era extremamente listo.
Cuando terminamos de hablar, le pregunté porque me había elegido a mi. Él me respondió:
-Porque eres la mejor
Claro que lo soy.
La semana pasó como cualquier otra. Estaba feliz, al menos por haber vuelto a la ciudad donde crecí. Era una ciudad pequeña en Virginia, a 15 kilómetros de Washington La familia adoptiva anterior con la que estaba vivía en Baltimore, y a pesar de que al principio había pensado que estando en otra ciudad podría comenzar desde cero, rápidamente me di cuenta de que en cualquier lugar sería la rara.
Mi escape fue refugiarme en los estudios. Los libro eran buenos. Siempre era iguales, lógicos, tenían sentido. No eran complejos como las personas que cambiaban constantemente de posición, opinión y nos decepcionaban. Por eso, cuando tenía que estar con una casa con más de tres foster kids ruidosos y padres adoptivos malos, me refugiaba en mis libros. Los leía en mi cuarto o me quedaba en el colegio hasta tarde y me esforzaba en aprender una nueva lección. Cuando lo dominaba, podía felicitarme. Sabía que era inteligente, y como no había nadie que me lo dijera, me felicitaba a mi misma.
Cuando mis padres adoptivos de Baltimore me dijeron que ya habían muchos niños en casa y que no conseguirían cuidar de mi, la asistenta social me llevó otra vez a Falls Church, no me sentí triste. Era indiferente, apenas otro hogar adoptivo que, probablemente, no iba durar más que otros.
Michael y Lauren eran un matrimonio de cuarenta años, con un hijo adulto. Al menos no habían tantos niños en casas, tan solo estaban dos niños, Arthur y Leon. Tenían la misma edad y eran muy agitados. La primera vez que intentaron molestarme, salieron corriendo tan rápido que no les vi por dos días. Desde entonces, ellos estaban con sus cosas y yo con las mías.
La casa nunca estaba silenciosa. A los dos niños les encantaba jugar haciendo mucho ruido y Michael y Lauren siempre hablaban en alto. Algunas veces me gustaba meterme en la cama con mi grabador y desconectar del mundo. Las cosas que me había llevado cuando desaparecieron mis padres cabían en una caja. Entre esas cosas había un grabador de música, que era de Russ, también me llevé algunas cintas de mi padre, con música antigua. No me gustaba pensar en Russ o mis padres, pero cuando cerraba los ojos y oía aquellas canciones, era como si todo estuviese bien otra vez. La música me hacía olvidar de todo.
En medio del desastre en el que mi vida se había convertido, la chica de la escuela, Ángela, fue una sorpresa. Después de clase, Ángela siempre me buscaba, sacando temas para hablar, comentando que no sabía como era posible que sacase notas tan altas, mostrándome algunos de sus dibujos y pidiendo opinión.
-¿Por qué pides mi opinión? No soy especialista en dibujos, soy pésima en arte-pregunté un día. Estábamos sentadas frente al colegio, ella me estaba enseñando sus nuevos dibujos
Ángela sonrió.
-Eres sincera, Brennan. No le preguntó la opinión a los demás porque si no me mentirán. Tú no. Si lo ves raro, me lo dices. Y encima me dices que hueso debe quedar más destacado en un rostro para que quede perfecto-dijo ella sonriendo
-No se mentir. Por eso soy sincera, si intentase mentir te darías cuenta.
Ángela rió, y después de un tiempo yo también empecé a reír. No entendía porque se reía, pero su sonrisa era tan inmensa que no pude hacer otra cosa que reír. Cuando finalmente paramos de reír y recuperamos el aire, pensé en el tiempo que había pasado desde que no reía de aquella forma. Era mejor ni pensarlo
