Gracias a todos por los comentarios, siento el retraso, como ya les conté ya empecé el instituto y...bueno, no puedo subir tan seguido, disfrutad.
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11ºViejos Enemigos, Nuevos Amigos
En los siguientes días, Booth no insistió más. No se detenía para hablar conmigo si nos cruzábamos por los pasillos, y no intentaba hacerse notar, pero yo podía leerlo. Siempre fui pésima leyendo a personas, y todavía lo soy, pero hacía mucho tiempo que había catalogado y memorizado las expresiones de Booth en mi mente. Él es la única persona con la que puedo hacer eso. Su expresión me decía claramente que él estaba confuso y triste.
Ángela continuó bombardeándome preguntas sobre él. No aguanté por mucho tiempo:
-Ange, fuimos amigos cuando éramos niños, ¿vale? Hacía ya algunos años que no lo veía porque él se había mudado, y ahora a vuelto. Eso es todo
Ella me miró por algunos segundos. Yo había elevado el tono, con rabia, y...sensible, a su manera, Ángela se dio cuenta de que había algo mal en aquella historia. Yo no quería seguir hablando sobre aquello.
-Vale, Brennan, no vamos a hablar más sobre eso. Por ahora
Era un jueves normal. Estábamos saliendo de la clase de matemáticas para almorzar cuando alguien chocó conmigo, haciendo que mi mochila y mis libros cayesen al suelo. Levanté la mirada hacía el chico que me había hecho eso, parecía estar listo para disculparse cuando un brillo de reconocimiento pasó por sus ojos. Y no fue solo en los suyos. Yo también lo reconocí, era una versión más vieja de Thomas Lewis.
Vi como me miraba de arriba a abajo. Sabía que llevaba unos jeans gastados y que mis converse ya tenían algunos años. Mi apariencia era de una foster kid, pero no me importaba, nunca me preocupé sobre lo que los demás pensasen, y menos él.
Después de una pelea con su hermano cuando éramos niños, poco oí hablar sobre Tommy. Evitaba a Russ y Booth, pero cuando me encontraba sola me amenazaba diciendo que el día que ellos no estuviesen cerca de mi me iba a pegar. El tiempo pasó y eso nunca ocurrió.
-¡Ha vuelto la rara!-dijo él, parecía feliz de verme sola-¿Dónde están tus guarda-espaldas, Temperance?
Cogí mis cosas rápidamente, sabía que Tommy era un experto molestándome. Tan solo no debía escucharlo.
-Russ debe de estar en una prisión agrícola a estas alturas, ¿qué crees? ¿Tal vez en una institución para menores?
Empecé a recitar mentalmente lo elementos de la tabla periódica, para concentrarme en otra cosa. Puse la mochila en mi hombro y salí andando.
-Seeley parece haberse dado cuenta, ¿verdad?-dijo Tommy gritando-¡Finalmente se ha dado cuenta de la aberración que eres!
Me refugié en el baño de chicas, respirando hondo varias veces. Podría haberle partido la cara, pero sabía que no sería muy inteligente. Tommy siempre tenía uno o dos amigos para que le ayudasen. Dudaba que eso hubiera cambiado.
Tal vez no quisiera confesarlo, pero lo que Tommy decía me hacía daño, aunque si le pegase, no sabría cómo defenderme.
Para mi alivio, aquel día sería el primero del proyecto de científicos y yo estaba feliz en poder volver al Instituto Científico. Hodgins me saludó con una sonrisa. Su camiseta negra con el título ''Idiocracy'' podría darle una impresión equivocada. A pesar de su imagen, rápidamente me di cuenta de que Hodgins era una buena persona.
Podía discutir con él sobre noticias científicas y tecnológicas que nadie leía, y eso me hacía sentir un poco mejor, un poco menos distanciada del mundo.
Hodgins me presentó a Zachary, un chico que estaba en nuestro grupo, me sorprendí con su edad. Con tan solo 12 años, él todavía tenía un aire de niño y un rostro de bebé, pero cuando se concentraba en algo parecía mucho más viejo que su edad. No hablaba mucho y se concentraba en lo que hacíamos, eso me gustaba. Él y Hodgins solo hablaban cuando era extremadamente necesario, y aún así, lo hacían con cierta resistencia. Todavía me preguntaba cómo Zack había entrado en el grupo.
Teníamos que decidir el tema de nuestra investigación, creí que nunca lo encontraríamos. Cuando Hodgins tenía una idea, Zack decía que no era buena, y si Zack tenía una idea, a Hodgins no le gustaba. Por fin sugerí que hiciésemos una investigación sobre las mayores causas de las muertes del siglo XIX, lo dos parecieron finalmente entrar en acuerdo. Al menos era un asunto que mezclaba análisis químicos, que era lo que Hodgins quería; y antropología, que era lo que nos interesaba a mi y a Zack.
-Brennan, ¿cómo era el nombre de aquella amiga tuya?-me preguntó Hodgins, después que salimos de la sala del orientador
-¿Hablas de Ángela?-solo podía ser Ángela, no tenía más amigas-¿Por qué?
Su expresión cambió de repente.
-Nada. ¿No tenéis hambre? Podríamos ir a comer algo
-Mi hermano me viene a recoger-dijo Zack, mirando su reloj-...en 2 minutos y 15 segundos
Hodgins bufó , pero Zack no lo oyó. Se giró hacia mi.
-¿Y tú, Brennan?
-No estoy interesada
Hodgins se dio por derrotado.
-Vale, Jack va a comer solo. Hasta el martes
Caminé con Zack hasta la entrada, pero él no dijo nada. Era un poco más viejo que Arthur y Leon, pero me impresioné con lo disciplinado y quieto que era, no tenía nada que ver con los demás chicos. En la entrada, nos despedimos rápido y yo me fui.
Cuando llegué a casa pude oír gritos. No eran gritos normales, como si estuvieran hablando, eran muy exagerados.
Lentamente, entré a casa. Michael y Lauren estaban discutiendo en la cocina, no quería pasar cerca de ellos. Estaba con mucha hambre pero no quería meterme en problemas, preferí no cenar.
Subí la escaleras, raramente todo estaba muy silencioso. Abrí la primera puerta del pasillo. Los chicos estaban tumbados en la cama de Lauren y Michael, durmiendo, con la televisión encendida.
Aquellas dos pestes me daban muchos dolores de cabeza, pero, en la forma en la que Michael y Lauren estaban discutiendo, no quería ni ver los que les pasaría si los viesen en su cuarto viendo televisión. Antes de que Michael pudiera subir, conseguí despertar a los chicos y llevarlos a sus cuartos.
Me tumbé en la cama, con la luz apagada. Si Michael viniese, fingiría estar dormida. Abrí mi mochila, que estaba en el suelo, y cogí mi cartera.
Hacía casi dos semanas que yo y Booth nos habíamos peleado. O que yo me había peleado con Booth. En aquel momento, había empujado aquel asunto a otro lado de mi mente.
Pero no podía olvidarme de aquel día, 21 de abril.
Cuando encontré lo que quería, cerré la cartera y la pusé otra vez en la mochila. La luz de la luna que entraba por la ventana era más que suficiente como para distinguir lo que tenía entre manos. Desdoble un papel muy familiar, colorido y escrito con una caligrafía redondeada.
San Francisco, 21 de abril de 1986.
Hola, Bones.
Espero que estés viendo los episodios de Tom y Jerry que te dije. Aunque no tenga sentido para ti, son graciosos.
Hoy, Jared y yo hicimos una tarta para Pops. La cocina quedó cubierta de harina, pero fue divertido. Cuando me comí mi trozo de tarta, encontré una cáscara de huevo. Estaba claro que había sido el imbécil de mi hermano que lo había dejado caer. Al menos Pops no encontró nada raro en su trozo.
Eso me hizo recordar aquella vez que fui a hacer un trabajo con tu hermano, ¿te acuerdas? Cuando empezamos a jugar juntos. Era el cumpleaños de Pops también, entonces hoy hace cinco años que somos amigos.
¿Por qué no quedamos estas vacaciones? Sería muy divertido si pudieses venir. Háblalo con tu padre
Te echo de menos.
Un abrazo, Booth.
Sonreí al recordar a mi amigo, la emoción con la que me habló, al año siguiente, cuando cumplimos seis años de amistad. Este año haríamos ocho.
Ocho años. Yo tenía quince. Al echar cuentas, me di cuenta de que conocía a Booth desde casi la mitad de mi vida.
Me pregunté si no lo había estropeado todo enfadándome con él. El último año había aprendido a estar siempre alerta, para que nadie me hiciera daño, pero Booth nunca me haría daño, ¿verdad? ¡Él había sido mi amigo casi la mitad de mi vida!
Tal vez, un día tuviese el coraje de pedirle perdón. Tal vez un día tuviese el coraje de abrirme ante él. Pero en aquel momento no me sentía lista para aquello.
Con aquel pensamiento me dormí, por primera vez en años sin tener que esperar a que Booth llamara.
Al día siguiente, mi primera clase sería literatura y redacción. Tanto yo como Ángela estábamos en el primer año, pero esa era la única asignatura en la que estábamos juntas. Me había gustado Ángela desde el primer momento, en la exposición del instituto. A medida que la iba conociendo, empezó a gustarme más todavía. Era irreverente, divertida y espontánea, estar con ella me alegraba.
Sin darme cuenta empecé a acostumbrarme a su presencia. Se sentaba a mi lado y hablaba sin parar hasta que empezaba la clase. El timbre ya había tocado y yo todavía no la había visto.
La Sra. Miller, diferente a la mayoría de nuestros profesores, era joven y estaba llena de vida. Andaba por la sala hablando, mirando a cada alumno, alteando el tono de voz y acompañando sus palabras con movimientos. Me gustaba sentarme en primera fila y prestar atención a su clase. Era una clase diferente a las demás, no solo aprendía, sino que también me dejaba llevar por sus palabras.
Aquel día estaba explicando sobre un trabajo en grupo. El asunto ya estaba siendo discutido desde hacía diez minutos cuando la puerta se abrió.
-Hola...-murmuró Ángela, cerrando la puerta-No se preocupe conmigo, puede continuar
Vino y se sentó a mi lado, la Sra. Miller continuó la clase, apenas lanzando una mirada de desaprobación a Ángela.
-Brennan, ¿vas a hacer algo esta noche?
Miré a la profesora, después miré a Ángela.
-¿No podemos de hablar esto después?
-¿Si o no?
Suspiré. Si no le respondía seguiría incordiándome.
-No
-¡Perfecto!, te quedarás a dormir a mi casa
Iba a preguntarle si mi opinión valía de algo, pero aparentemente la profesora ya había terminado la explicación, pues la clase entera ya estaba hablando. Las instrucciones eran que nos sentásemos de dos en dos y empezásemos a hacer la tarea.
Ángela puso su mochila sobre la mía.
-Mi padre va a viajar hoy, pensaba que podría ser una noche de chicas, ¿qué te parece?
-No me gusta la idea
-¡Ah, Bren! Vestir pijamas y comer palomitas mientras que vemos películas romanticonas
-¿Películas qué?
Ángela se rió
-¿Estás de broma, verdad?
-No
-Dios mío, Brennan. ¿Nunca has tenido una noche de chicas?
-Nunca-nunca había tenido una amiga, y no parecía ser el tipo de cosas que Russ y Booth hacían
-¡Pues vamos a actualizarte! Vas a tener derecho a todo, voy a comprar mogollón de chuches. Y podrás contarme todo lo que quieras sobre el aquel jugador buenorro
-¿Quieres parar de llamarlo así, Ángela?-era un hecho que Booth jugaba al baloncesto. No podía negar que él era muy atractivo, pero no me gustaba aquel mote, y tampoco la forma en la que Ángela lo usaba, erguiendo la ceja.
-He sido demasiado paciente, Bren. Vas a contarme todo sobre aquel pedazo de paraíso
Fruncí el ceño, confusa. Algunas veces parecía que Ángela hablaba en otro idioma.
-No tienes opción-dijo ella, interrumpiéndome-Necesitas divertirte, chica. Libros aquí, libros allá. Déjalos de lado
Sonreí mínimamente. No sería tan malo escaparme de aquella casa por una noche.
-Vale Ange
La mitad de los alumnos se giraron para ver de quién era aquel grito agudo, pero Ángela no se percató, y me dijo todavía sonriendo:
-No te arrepentirás
