IV. Make
.
By R. S.a.s.u.N.a.r.u.H.o.t.s
.
…oooO*Oooo…
.
La limusina condujo hasta arribar al estacionamiento subterráneo de un gran edificio. Antes de entrar, Naruto quedó sorprendido por la imponencia de éste. Parecía tener unas treinta plantas, con carácter arquitectónico del Internacional Style de los rascacielos de Nueva York; grandes ventanales horizontales divididos por perfiles de acero, cristal y aluminio. Y algunos elementos del High-tech en el frente. Impresionado por la elegancia del inmueble, pasó desapercibido los demás autos de lujo estacionados al interior. Gente millonaria y poderosa. Permaneciendo asombrado, fue Sakura quien lo regresó a la realidad. Ella bajó del vehículo, tomándolo del brazo como si fueran conocidos de toda la vida, sólo una fachada de tenerlo cerca y evitar que saliera corriendo. Ambos caminaron al ascensor, encontrándose a otro hombre; un sujeto alto de cabellos plata, con un parche en el ojo y cubierto media cara por una bufanda. Haruno le sonrió, indicándole la primera planta: el lobby.
—Bienvenido al Black Angel's, Naruto —pronunció al salir del cubículo. Decidió dar una breve explicación al notar la sorpresa del menor—. El edificio está acondicionado con muchas cosas; casino, restaurant, teatro y el área de habitaciones y suites. Sin olvidar la oficina principal y cubículos administrativos… no es un vulgar prostíbulo —susurró la última parte.
Uzumaki apretó los puños, para él significaba lo mismo, sólo con "palabras bonitas". Observó el lugar, sudando frío al apreciar la gran elegancia que dominaba. Luminoso, espacioso y diáfano. Sobrio pero elegante. Sakura no esperó una respuesta, volvió a ingresar en el ascensor directo al piso dónde él dormiría.
—Te dejaré en una habitación privada, y ahí esperarás a Sasuke-kun —informó. De reojo miró la tensión en el cuerpo de Naruto ante la mención del moreno. Ella suspiró—. A decir verdad, yo no estoy muy convencida de que trabajes aquí.
—¿En serio-ttebayo?
Sakura afirmó con un ligero movimiento.
—Apenas te conozco, pero no creo que seas una persona complaciente, ni mucho menos sumisa —aceptó. Giró su cuerpo, mirándolo de arriba a abajo, detallando la fina ropa que vestía. Al salir de Hong Kong, Sasuke le había comprado ropa de marca—. Aunque admito que eres bastante apuesto.
Las palabras de Haruno le hicieron reír nervioso, el halago de una hermosa mujer como ella, elevaba un poco su autoestima. Pero aún con palabras dulces, Sakura representaba un obstáculo para salir de ese lugar; no podía confiar en ella. Dejó de reír al llegar a la plata indicada. Salieron del cubículo al piso veintiocho, atravesaron un largo pasillo, deteniéndose en una puerta blanca. La joven abrió la entrada de la suite con una tarjeta, guardándola después en su bolsillo derecho. Naruto sonrió ladino sin que ella lo notara. Tantos años siendo un delincuente -robando a los transeúntes- le habían dado muchas mañas.
—Ésta es tu habitación, espera aquí.
Naruto asintió, abrazándola sin previo aviso.
—Gracias, Sakura-chan…por ser tan amable conmigo.
Ella, sorprendida por el acto, tardó en reaccionar.
—De nada —respondió, soltándose de sus brazos. Un leve sonrojo adornó sus blancas mejillas—. Descansa, Naruto.
El rubio entró sin rebatir nada, cosa que extrañó a la joven. Tal vez por fin se había resignado. Encogió los hombros restándole importancia, cerró la puerta y digitalizó la clave en el monitor de seguridad.
Quedando en la soledad del cuarto, Naruto sacó la tarjeta robada; su pase de salida. Con rapidez agachó su cabeza hasta la hendidura de la puerta, observando cómo los finos tacones negros de Haruno desaparecían del pasillo. Sonrió confiado. Esperó cinco minutos antes de pasar la tarjeta por el dispositivo electrónico. El pequeño foquito rojo parpadeando varias veces le indicó su oportunidad de salir. Abrió con lentitud, asomando un poco la cabeza verificando que nadie estuviera en el pasillo. Por suerte, permanecía desolado. Supuso que -siendo un área reservada- pocas personas tenían acceso. Salió corriendo en busca de las escaleras de emergencia. Al encontrarlas no dudó en bajar a prisa, sin embargo escuchó unas voces acercándose. Sudó frío buscando otra salida.
—¡Demonios! —maldijo en voz baja, subiendo los escalones. La única forma de perderlos sin que lo vieran, sería ir a la azotea.
Divisó la última puerta y golpeó el metal con una fuerte patada para derribarla. Al abrir, una repentina ola de viento frío pegó contra su cuerpo. Respiró bastante aire, percibiendo la contaminación y escuchando el ajetreo de la ciudad nocturna. Caminó a la orilla, sosteniendo ambas manos en la malla de seguridad. Admiró la amplia panorámica de luces multicolores del centro de Tokio, sintiéndose libre por un minuto. Imaginando sólo una pesadilla, la cual se volvió realidad al escuchar la inconfundible voz grave de su "monstruo" personal.
—¿A dónde pensabas ir, dobe?
Uzumaki dejó de mirar la ciudad. Dio media vuelta, encontrando a Sasuke bajo el marco de la puerta. La sonrisa petulante de Uchiha le indicaba la satisfacción de haberlo acorralado.
Sasuke salía de la mansión cuando recibió la llamada de Sakura informándole sobre la huida de Naruto. Ella no parecía alterada, los monitores de Kakashi le indicaron el momento que la puerta fue abierta. Además, con la vigilancia del lugar, nadie podría salir sin pasar por las cámaras de seguridad. Él aumentó la velocidad arribando lo antes posible. Al llegar pidió el informe de ubicación. Ninguno lo encontró y sólo quedaba un lugar por revisar; la azotea. Localizando el punto a inspeccionar, subió solo sin esperar a nadie. No obstante, su semblante serio desapareció, sustituyéndolo por una mueca de sonrisa al encontrarlo al borde de la malla, dándole la espalda.
—¡No te acerques, bastardo! —advirtió el rubio, subiendo a la protección.
Ignorando la advertencia, Sasuke caminó con pasos lentos, disminuyendo la distancia.
—¿Planeas lanzarte desde esa altura, usuratonkachi?
Uzumaki no tuvo tiempo de responder. En un rápido movimiento, Sasuke lo sujetó del tobillo izquierdo, bajándolo y apresándolo con sus brazos -evitando pasar al otro lado de la malla de seguridad-. Aprovechó el agarre, acorralándolo entre ésta y su cuerpo, inmovilizó sus muñecas a la altura de su rostro, una a cada lado. Naruto no agachó la cabeza, lo miró directo a los ojos, desafiándolo con el intenso azul de sus pupilas. Incitando a perderse en la mezcla exuberante de lo prohibido. Aún siendo consciente de la aberración que provocaba en el menor, Sasuke no dudó en bajar la cabeza, dirigiendo sus labios hasta unirlos a los contrarios, degustando el dulce sabor de ingenuidad e inexperiencia, profanando su húmeda cavidad.
Los ojos del áureo parpadearon sorprendidos, abrigando la presión del contacto. La boca de Sasuke parecía una pieza perfecta de rompecabezas entrelazada con la suya. Un estremecimiento bastante extraño inundó su interior. Sin embargo, el sentido común le alertó. Consciente de la situación, Naruto le mordió el labio inferior, haciéndole daño y esperando que lo dejara libre. Funcionó. Uchiha deshizo el húmedo contacto, aún con un delgado hilillo de saliva uniendo sus bocas.
—¿Tanto asco te provoco, Naruto?
El sonido de su voz ronca, le hizo despertar de su aturdimiento.
—¡No quiero que me toque un maldito que se hace rico a costa de vender a personas como mercancía-ttebayo!
Uchiha se alejó de él, mirándolo con semblante molesto.
—Si no quieres que yo te toque, estarás mejor en una "fiesta de bienvenida" compartiendo con todos los clientes… —volvió acercar su rostro, susurrándole al oído—. Y después de eso, me pedirás que yo sea el único hombre que te toque.
Recurriendo a su coraje, Naruto empujó a Sasuke con toda su fuerza.
—Utilizas a las personas a tu conveniencia —habló en voz baja, conteniendo el coraje—. ¡Alguien como tú no tiene alma-ttebayo!
Sasuke borró su gesto burlón, ensombreciendo su rostro y bajando ligeramente la mirada. Sin proponérselo, Naruto había puesto el dedo sobre una dolorosa llaga.
—Tienes razón, vendí mi alma al diablo a cambio de todo lo que soy ahora —alzó la mirada, clavando sus dolidos orbes brunos en los añiles contrarios.
Naruto retrocedió un paso. En los ojos de Sasuke se reflejaba la misma soledad que siempre recordaba en los irises claros de su madre. ¿Qué ocultaba esa mirada? Uchiha no comprendió la reacción del menor. No dijo nada y dio media vuelta dispuesto a salir.
Sakura decidió ir a la azotea, encontrándose con una escena bastante incómoda. Ella detalló el semblante de su jefe, descubriendo en los opacos ojos del moreno, una sensación de melancolía. Quiso preguntar si necesitaba algo, pero sólo la pasó de largo. Miró al frente, topándose con Naruto, el rubio parecía perdido en sus pensamientos, observando la puerta por dónde Sasuke había salido. No se consideraba una entrometida, pero con los gritos de Naruto, fue imposible no escuchar sus reclamos. Apretó los puños, dirigiéndose a Uzumaki.
—No tienes derecho a decir esas cosas de Sasuke-kun. ¡No lo conoces! —defendió convencida. Sus ojos verdes expresaron un sentimiento de nostalgia y enojo, impidiendo que Naruto rebatiera sus palabras—. Y él no quiso heredar todo esto, pero tuvo que hacerlo por una razón muy fuerte.
—¿Qué razón? —preguntó inseguro al notar la cara triste de la muchacha.
Haruno cubrió su boca con una mano. Negó, desviando la mirada.
—Creo que he hablado de más. No me hagas caso —intentó omitir la curiosidad—, a veces digo cosas sin sentido cuando estoy molesta.
Uzumaki no creyó ni una palabra, pero no se consideraba alguien para pedirle explicaciones.
—Eres rara, Sakura-chan.
Ella frunció el ceño, recuperando su temperamento. Cambiar de tema parecía lo más accesible.
—Y me olvidaba que tú eres un ladrón —reclamó, cruzando los brazos a la altura del pecho—. No importa, Kakashi-sensei nos espera, él vigilará la puerta de tu habitación esta noche.
—¿Kakashi-sensei?
—El hombre que nos acompañó al llegar. Él es el jefe de seguridad del edificio —suspiró cansada—. ¿Por qué das tantos problemas, Naruto?
—¡Si me dejaran libre no tendría que darles problemas!
—Eso lo hubieras pensando antes de "venderle" tu alma a Sasuke-kun.
Sakura sintió una punzada de culpa al ver que Naruto agachaba la cabeza cubriendo sus ojos azules con su flequillo. No quería parecer dura con él, ni juzgarlo por aceptar la ayuda de Sasuke. No conocía el verdadero trasfondo del porqué aceptó semejante propuesta. Pero imaginaba que debió ser algo muy fuerte que orilló al rubio a buscar cualquier medio. Sin embargo, él mismo había entrado a la boca de un lobo más peligroso.
.
S&N
.
«Hong Kong»
La privacidad que le ofrecía las roídas paredes de esa bodega abandonada a las afueras de la ciudad, le favorecía. Un lugar deteriorado por el tiempo; con basura, polvo, ratas y vidrios rotos que permitían entrar sólo un atisbo de luz. Un lugar perfecto para el trabajo que estaba a punto de concluir. Menma colocó el arma en la frente del hombre, éste tembló de miedo mirando la sonrisa torcida que dejaba sobresalir unos colmillos. Los atemorizantes orbes carmesí daban un toque más peligroso. Uzumaki no parecía dudoso de su acto, acompañado del silencio, siendo interrumpido por los lloriqueos y las últimas suplicas del sujeto arrodillado delante de él.
—¡Yo fui quien te dio la oportunidad, Menma! —gritó desesperado. Kidomaru intentaba convencerlo y evitar la tragedia—. ¡No puedes hacerme esto!
El moreno rió ante la patética escena frente a sus ojos. ¿Oportunidad?
—Y también fuiste quien me dio una paliza en el callejón, no lo he olvidado.
Kidomaru tembló al recordarlo, y Menma sonrió. En un repentino movimiento, quitó el arma para remplazarla por un golpe, proveniente de una fuerte patada. El castaño cayó al suelo retorciéndose de dolor. Uzumaki no pareció satisfecho. Continuó dándole más golpes, escuchando los gemidos lastimeros. Degustó el dulce sabor de la venganza. Nunca olvidaría que sus problemas comenzaron con ese hombre.
La vida parecía comenzar a sonreírle. ¿Cómo había llegado a dicha situación?
Días atrás sentía su patético mundo desmoronarse a pedazos. Jamás pensó que vender a su hermano marcaría por completo su vida. Intentó convencerse y pensar que no le importaba. Pero no lo logró. Las pesadillas lo atormentaban al cerrar sus ojos e intentar dormir. Las noches de desvelo y la culpa lo volvían paranoico. Sin embargo, la gota que derramó el vaso y desarticuló su subconsciencia, fue su última pesadilla: oscuridad, sangre, lágrimas y Naruto… muerto.
Contrario a todo pronóstico, la vida le restregaba en la cara que si poseía sentimientos como cualquier ser humano. Sentimientos que le abrumaban a cada minuto trascurrido. Y cuando por fin decidió deshacer su error, la mala suerte tocaba su puerta. Buscó a Sasuke, sin encontrar rastro. Uchiha había desaparecido de la ciudad; regresó a Japón llevándose a Naruto consigo. Sintió la ira corroer su cuerpo, pero no todo parecía perdido. Recordó la tarjeta de Kidomaru: la banda del Sonido. Después de traicionar a su hermano, ¿Qué más bajo podía caer? No lo sabía, y poco le importaba. Su alma ya estaba podrida.
Esa misma noche fue a la dirección indicada. Otogakure, uno de los barrios bajos más peligrosos. No fue fácil llegar ahí, pero la tarjeta parecía ser un tipo de invitación. Lo llevaron con el jefe. Orochimaru era un hombre bastante peligroso, lo supo desde el momento que estuvo frente a él, sus ojos amarillentos denotaban crueldad. Su piel de aspecto cadavérico le pareció repugnante, sin contar la gran cicatriz que cruzaba su mejilla derecha. Además, la continúa acción de relamer sus labios, mostrando su larga y asquerosa lengua, le desagradaba.
La sonrisa torcida del yakuza le advirtió peligro, pero no tenía opción.
El viperino hombre puso a prueba su "lealtad", pidiéndole deshacerse de Kidomaru, el castaño de coleta había vuelto a fallar en una misión. No le importaba matar a un hombre, si con ello conseguía sus ambiciones. Buscaría a Naruto, lo encontraría y terminaría el problema que representaba Uchiha Sasuke.
—Disfruta tu estancia en el infierno, Kidomaru —sonrió, apuntándole nuevamente a la cabeza.
El sonido del disparo retumbó dentro de las cuatro paredes de la bodega abandonada. ¿Podía caer más bajo? Sólo Orochimaru sabría la respuesta.
.
S&N
.
«Tokio, Japón»
Sasuke dio una última calada a su cigarrillo antes de colocarlo en el cenicero. Las cosas empezaban a salirse de sus manos, y eso no le gustaba. No podía dejar a Naruto solo. A la primera oportunidad saldría huyendo. ¿Por qué le importaba tanto mantenerlo a su lado? Podría tomarlo a la fuerza, cobrarse la deuda y desecharlo al otro día. ¿Y por qué no lo hacía? ¿Qué lo impedía? ¿Por qué parecía diferente con él? Ni él mismo sabía las respuestas. Tantas amenazas, y ni una sola debilitaba la fiereza del menor. Naruto poseía una voluntad inquebrantable. La misma que él deseaba conseguir, haciéndola pedazos siendo su único dueño. Sin embargo las cosas no avanzaban. Y para colmo, los problemas aumentaban; los inversionistas de Inglaterra habían llegado esa semana, con el fin de cerrar el trato de la exportación de productos. No tenía el tiempo suficiente. Pero una vez que los extranjeros cerraran el contrato, concentraría su disposición en el áureo.
Suspiró, recargando su espalda en su sillón de cuero negro. Algunos de los inversionistas gustaban de visitar el club, miembros VIP. No le convenía dejar a Uzumaki haciendo escándalo en el edificio.
Observó en su escritorio la fotografía de su hermano. ¿Por qué no estaba cuando lo necesitaba? Negó. Él ya no era un niño pequeño en busca de ayuda. Miró otro pequeño marco con una fotografía más reciente y recordó las palabras de Uzumaki. Cerró los ojos, perdiéndose en los recuerdos pasados, aunque de nada le servía pensar en eso. Optó por idear algo para controlar al menor. Un minuto después tenía la respuesta.
Sacó su celular, marcándole a Sakura.
.
S&N
.
Naruto bostezó, acomodándose en el asiento trasero de la limusina. La noche pasada no pudo conciliar el sueño; le frustraba su fallido intento de fuga, el beso robado por el bastardo, el vacio en sus orbes carbón y también el pensar en Menma, sospechando un sinfín de suposiciones que justificaran las acciones de su hermano. ¿Para qué demonios necesitaba 300 millones de yenes? Aunado a su desvelo, Sakura lo despertó temprano, informándole un "cambio de planes", al parecer sería trasladado a un nuevo lugar. Recibió la noticia sin ningún percance, o al menos eso aparentaba, por dentro continuaba bastante nervioso. Esperaba que la travesura de anoche no le diera un pase automático a una fiesta de bienvenida, como le había advertido Sasuke. Frunció el ceño de sólo recordar su nombre. Aunque no importaba el destino, él no se daría por vencido tan fácil.
Para su sorpresa, Kakashi -quien iba manejando- estacionó el vehículo frente a la entrada de una enorme residencia de estilo tradicional. El letrero de la entrada escribía con excelente caligrafía: Mansión Uchiha.
Uzumaki esperó encontrarse con un hotel de mala muerte, un edificio más pequeño que el Black Angel's o la típica "casa de citas", pero nunca imaginó entrar a la casa principal. ¿Qué tramaba Sasuke? Su pregunta mental fue ignorada al sentir la mano de Sakura tocando su hombro. Regresó a la realidad, bajándose del auto. Ansiaba preguntar tantas cosas, pero su garganta seca no le permitía. Haruno lo sujetó del brazo, y Kakashi caminó a la entrada bajo una cámara de seguridad, después de identificarse, las puertas de la mansión se abrieron. Si la fachada le impresionó, el interior lo dejó con la boca abierta. La residencia Uchiha constaba de una gran edificación del tipo tradicional, de madera enlucida y poco ornamentada, un camino de piedrecilla fina, amplios jardines rodeados por arboles de flores de cerezo, piedras, arbustos y agua para recrear el paisaje natural que simulaban dos estanques chicos.
Al entrar fueron recibidos por un pequeño grupo de sirvientes, Sakura les mencionó que ella llevaría al "invitado" a su habitación. Lo condujo por los pasillos, mientras la joven de cabellos rosas le indicaba con una seña el lugar. La casa se dividía en dos plantas, pero al llegar a las escaleras de acceso, ella no dijo nada.
—¿Qué hay arriba, Sakura-chan?
Haruno arrugó sus finas cejas, jalándolo a seguir.
—Quiero ser amable contigo, Naruto, pero no abuses de mi paciencia preguntando cosas que no debes.
La respuesta cortante da Sakura lo dejó callado, e instintivamente le dio más curiosidad. ¿Un secreto? Imaginó que sería habitación de la señora, aquella mujer que aún no conocía. ¿Por qué no bajaba? ¿Sabía de su presencia? ¿Sasuke le habría hablado de él? Y una cosa más importante… ¿Por qué le interesaban las respuestas? No, a él no le concernía nada de ese desgraciado. Aunque el recuerdo de su mirada seguía calando su interior.
—Sasuke-kun tiene muchos asuntos que atender —mencionó Haruno al entrar a la última habitación, la más apartada—. No vuelvas a escapar, aunque pienses que nadie te vigila, ésta casa es mucho más segura que el hotel.
Naruto la ignoró, detallando la habitación. Observó una ventana pequeña, un closet y un futón en el centro del enorme espacio. Caminó hasta éste y se recostó dándole la espalda. Sólo deseaba pensar y Sakura le dio soledad.
.
S&N
.
¿Un día? ¿Dos días? ¡¿Una semana?! Tal vez exageraba con su último pensamiento, pero estar encerrado por tanto rato le afectaba su percepción del tiempo. Naruto continuaba en la misma posición; recostado sobre el futón. Sujetaba su estomago con ambas manos, acompañado con el incomodo sonido del gruñir de sus tripas. ¿Cuánto tiempo más lo tendrían encerrado? Los días pasaban demasiado lentos. Desde la mañana que Sakura lo llevó no la había vuelto a ver, ni siquiera el bastardo de Sasuke aparecía -no que le importara, al contrario, si moría mejor para él, quedaría libre-. No se escuchaban ruidos en la casa, y eso le inquietaba. Su único contacto humano representaba una simpática sirvienta llamada Tenten quien le llevaba la comida, la cual no consumía. Nada que viniera de ese lugar le daba confianza. La castaña parecía amable, pero no podía fiarse del personal de Uchiha.
Pensó que ese día sería igual a los otros, sin embargo el sonido del abrir de la puerta le advirtió la presencia de otra persona. Giró en el futón, arrugando el ceño al ver a Sasuke parado en el umbral.
—¿Por qué no comes, dobe?
Sasuke entró, y por impulso Naruto se sentó en su lugar.
—No tengo hambre-ttebayo.
No le sorprendió la actitud desafiante del menor, lo esperaba. Uchiha miró a detalle el semblante deteriorado de Uzumaki. Tenten había entrado a su despacho, arrugando la tela de las mangas de su kimono en un gesto de nerviosismo. La muchacha parecía preocupada al hablar de la comida de Naruto, ella siempre le dejaba la bandeja y la recogía igual. A ese paso, no tardaría en enfermarse. ¿Por qué le preocupó? Negocios. ¿Sólo negocios?
Paró frente al rubio, sentándose cerca del futón, donde la bandeja de comida seguía intacta.
—¿Piensas suicidarte de hambre? —preguntó con tono sarcástico—. Así no me sirves.
Ignorando la furiosa mirada azul, Sasuke tomó un poco de arroz con los palillos, y luego sujetó la cara de Naruto con la otra mano libre, éste forcejeó pero la falta de fuerzas por no comer le pasó factura. Aprovechando ese lapso de debilidad, Uchiha introdujo el bocado de arroz a la fuerza. Sin embargo Uzumaki no lo tragó, se lo escupió en la cara. El moreno frunció el ceño, limpiando los restos de comida. Su paciencia había tocado límite. Y sin ninguna delicadeza, lo atrapó con más fuerza, tirándolo sobre el futón.
Sasuke quedó encima del cuerpo de Naruto, inmovilizando sus brazos a cada lado. No se contuvo al observar los labios del menor, aún degustaba el dulce sabor de días pasados. Volvió a besarlo; besó sus labios, besó su cuello y besó la piel que dejaba ver la camisa que vestía. Naruto no correspondió al beso, y removió su cuerpo al sentir la húmeda lengua de Uchiha delineando su clavícula.
—¡No me toques, bastardo!
Uchiha sólo rió y Uzumaki lo miró con odio. Ojos impregnados en rencor. Pero aquel valor flaqueó al sentir una de las manos pálidas bajar a la cintilla de su pantalón y sus pocas fuerzas comenzaban a desvanecerse. Su cuerpo no respondía.
El mayor levantó su rostro al notar la poca resistencia de su fierecilla. Observó los ojos del rubio, el odio había desaparecido siendo sustituido por miedo, como si tuviera a un monstruo frente a él. Aquella emoción reflejada en esos orbes azules le hizo recordar una mirada parecida, pero impregnada en unos inocentes irises violeta. Ante tal descubrimiento se alejó de Naruto, sintiendo que el contacto de su piel trigueña le carcomía las entrañas.
—Come, o la próxima vez no me contendré, Naruto.
Con esa última orden, Sasuke salió de la habitación sin volver a mirarlo, aún abrumado por sus fantasmas del pasado. Naruto lo vio salir sin saber cómo reaccionar. Podría estar despotricando contra lo que estuvo a punto de hacerle, o por la amenaza implícita de una simple oración, pero sus pensamientos se concentraban en otras emociones diferentes… ¿Qué guardaba Sasuke tras esa mirada ensombrecida?
No debía importarle, y sin embargo, su corazón no dejaba de latir con fuerza.
.
Continuara…
.
…oooO*Oooo…
.
.
.
Hola! Pues sí, con este capi me tardé un poco más de la cuenta, aunque quise terminarlo antes no pude u.u, pero bueno, al menos espero que les haya gustado y que valiera la pena la espera XD No se preocupen, que esta historia avanza poco a poco pero ya está "casi" terminada, me faltan varios detalles, pero espero que no tomen mucho tiempo ¬¬
Además, muchas gracias por su apoyo, no saben lo mucho que me animan, y también con sus comentarios, por eso doble gracias a las personas que se toman un poco de su tiempo para comentar, muchas gracias a: Zanza-chan, Natusky (pues la verdad no soy buena escribiendo BDSM u.u, aunque si lo he leído, y por si tienes ganas de leer un fic sobre este tema, hay uno muy bueno que se llama "El amo del rey" es un narusasu :3), sasunaru-mvc, Beauty-Dream (en serio, me encantan tus comentarios XD), Moon-9215, Lyra Raven-k, catunacaty, jennitanime, Anidimuka, YazUzumaki, 00Katari-Hikari_chan00, Tsunade25, NelIra, crayola roja, kaorycuel94 y kaii-chn.
Creo que por ahora es todo. Ya saben, cualquier error no duden en decirme n.n Nos vemos y cuídense mucho! Y para terminar, que tal un review? o.O?
Gracias por leer n.n
