XII. Brothers

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By R. S.a.s.u.N.a.r.u.H.o.t.s

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oooO*Oooo…

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Naruto tragó saliva de manera difícil y giró lentamente su cabeza hacia Menma, éste fue liberado del agarre de Kimimarou y corrió hasta su hermano menor, sujetándole las manos, aún temblorosas. Orochimaru caminó a su encuentro, palmeando la espalda de Naruto.

—Perfecto. —El toque del yakuza casi le causó escalofríos—. Me has demostrado tu lealtad, Naruto-kun —rió satisfecho, contemplado el cuerpo de Uchiha—. Ahora debemos dirigirnos a nuestro próximo destino.

Orochimaru realizó una nueva señal a su subordinado y los cuatro salieron de la habitación, dejando a Sasuke ahí postrado. Uchiha dejó de representar un estorbo para sus planes. Su nuevo enfoque recaía en los hermanos Uzumaki, una vez en el exterior terminaría con ellos. No podía confiarse, en cualquier momento Naruto podría contarle la verdad a Menma y arruinarían sus fines. Debía mantener cerca a los amigos, pero mucho más cerca a los enemigos. Y su satisfacción no terminaba; Menma guiando a Naruto, como si éste fuese un muñeco de trapo, le endulzó el paladar.

Demoraron unos cuantos segundos en salir al pasillo, Menma percibió un rancio y penetrante olor a gasolina. ¡Mierda, iban a quemar el maldito lugar! Miró a su hermano de reojo, notando su expresión preocupada, Naruto también advirtió aquel desagradable olor. Pero ninguno de ellos tenía la posibilidad de parar el acto. Apretó el hombro del menor y continuaron su trayecto hacia la salida. Kabuto les dio alcance en el vestíbulo. Una vez fuera, parados delante de la vieja puerta principal, Orochimaru sacó un encendedor y lo arrojó al interior. Las llamas aparecieron como por arte de magia.

No tuvieron tiempo de contemplar cómo aquel infierno consumía el edificio entero, tres coches los aguardaban para trasladarlos a un nuevo rumbo desconocido.

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La camioneta derrapó sobre el concreto hidráulico antes de estacionarse por completo. Ser testigos de las fieras flamas que consumían la vieja estructura del casino los dejó, paradójicamente, helados. Kakashi bajó del vehículo, apretando su móvil dónde guardaba el mensaje responsable de haber aparecido antes. Desconocía el remitente, por un segundo estuvo tentado a ignorarlo. ¡Podría ser una trampa! Sin embargo la nota poseía un tinte de verdad. Supo que su decisión e intuición, no estuvieron equivocadas. ¿Contaban con un aliado dentro de los hombres de Orochimaru? ¿Quién? Lo descubriría en otra ocasión, su prioridad recaía en encontrar a Sasuke. Reaccionó de inmediato, dando una orden:

—¡Démonos prisa, Sasuke aún debe estar ahí dentro!

Su voz autoritaria provocó que los demás salieran del trance e impresión que les provocaron las llamas. Acomodaron sus respectivas armas y descendieron de la furgoneta, pacientes del próximo aviso de Kakashi. Hatake, líder del escuadrón, verificó el trasmisor que Sai le proporcionó para ubicar el chip de su alumno. Chasqueó los labios bajo su máscara al no encontrar transmisión. ¿Sasuke no tuvo tiempo de encenderlo? ¿Lo habrían descubierto? O peor aún… ¿Estaría muerto? Negó un par de veces. Cuestionarse sólo retrasaría su misión, debía entrar directamente a la guarida y confirmar alguna pista para descubrir la verdad. ¿Por qué incendiar el edificio? Fácil. Los malditos yakuza necesitaban deshacerse de algo, o alguien. Y barajeando las múltiples posibilidades el principal obstáculo de Orochimaru recaía en Sasuke.

No convenía perder más tiempo.

Con una seña de mano los llamó hasta la puerta principal. Buscarían un acceso estable para ingresar a los próximos pisos. Juugo y Suigetsu encontraron una ventana abierta fuera del alcance de las flamas. Entraron uno a uno por ahí. Al turno de Sakura, ésta apretó los labios al impulsarse en una mano –la otra detenía su maletín médico–, todavía le dolían los golpes en sus costillas. Kakashi suspiró cansado, pretendió decirle que permaneciera en el auto, pero solo sería una pérdida de tiempo. La mujer de cabellos rosas no retrocedería estando la seguridad de Sasuke en juego. Haruno los acompañaría aún sin su permiso.

—¡Hay que investigar el lugar! Distribúyanse en parejas y busquen en los cuartos seguros. ¡No arriesguen sus vidas! —gritó Hatake una vez dentro.

El grupo de diez personas, incluidos Juugo, Suigetsu y Karin, actuó disipándose en dúos al mandato del mayor. Kakashi siguió por las escaleras de servicio y verificó nuevamente la pantalla del dispositivo, aguardando una vaga esperanza de localizar rastros de Sasuke, pero la pantalla seguía muerta. Sakura prefirió ir junto a él hasta la tercera planta. Pararon en el vestíbulo, respirando aliviados. El fuego aún no arrasaba esa zona.

—Iré por el lado izquierdo. —Hatake apuntó el largo pasillo contrario.

Haruno aceptó, apretando su maletín contra su pecho.

—Entonces yo iré por el derecho, Kakashi-sensei.

—Ten cuidado, Sakura —advirtió—. El fuego no tardará en propagarse.

Ella movió la cabeza en un rápido asentimiento. Corrieron en direcciones opuestas.

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Sakura recorrió el pasillo a prisa, abría las puertas de un golpe y daba un rápido vistazo al interior. Continuó con el mismo proceso hasta alcanzar la habitación más grande, lo supo por el tamaño de la puerta de doble hoja. Está no cedió al primer choque y optó por una patada más fuerte, nadie la culparía de estropear propiedad ajena que estaría hecha cenizas en unas horas. El cerrojo quedó inestable y sólo bastó un nuevo empujón para entrar. Sin embargo, apenas cedió un par de pasos, su cuerpo quedó inmóvil, sus ojos parpadearon constantemente y dejó caer el maletín a sus pies. Ambas manos cubrieron su boca ansiando contener un grito de aflicción. Ahí, frente a ella, el cuerpo de Sasuke permanecía en el suelo. Sus orbes esmeraldas recayeron en la camisa manchada de sangre. Unas cuantas lágrimas rodaron por sus mejillas, las limpió inmediatamente con la manga de su blusa y corrió a arrodillarse junto al moreno. Sus dedos temblorosos tocaron la pálida frente, anhelaba no constatar el característico frío de un cuerpo mortecino. Saboreó un ligero alivio al sentir la piel tibia. Revisó sus signos vitales y pulsaciones. ¡Respiraba! Cuidadosamente palpó la herida sobre la tela, los simples toques le advirtieron la irregularidad en la textura del líquido casi cuajado. Raro, parecía… ¿pintura? Apartó la camisa por completo de un brusco tirón y casi salta de alegría al descubrir la piel intacta. ¿¡Habían usado una bala de salva!?

—¡Sasuke-kun! ¡Sasuke-kun!

Motivada por la emoción, sus lágrimas mancharon sus mejillas una vez más y movió su hombro con mayor fuerza, no existía herida peligrosa que pusiera en riesgo la vida de su amigo. Posiblemente el estado de inconsciencia dependía del impacto y el shock de la situación.

La voz de Sakura y sus persistentes sacudidas, indujeron a Sasuke en su despertar. Desubicado, acercó una mano a su pecho, ahí donde recibió el proyectil. ¿Acaso no murió? ¿Qué demonios había pasando?

—¿Sakura?

—¡Sasuke-kun! ¡Qué bueno que estés bien! Me alegra que no te haya sucedido nada malo.

Uchiha parpadeó, observando su alrededor. Fue entonces que detalló las roídas paredes del despacho y los recuerdos regresaron a su mente, devolviéndolo a la realidad. Naruto le disparó en venganza, eligiendo entre Menma y él. Al final decidió salvar la vida de su hermano mayor. Si no fuera suficiente, ignoraba el paradero de Naoki. Intentó levantarse despacio en espera de alguna punzada por la herida.

—No te preocupes, parece que sólo usaron una bala de salva.

Sasuke frunció las cejas. ¿Balas falsas? Cada vez entendía menos. ¿Naruto nunca quiso matarlo? Primero decía odiarlo y luego lo salvaba. ¿Por qué? ¿Formaba parte de su plan dejarlo vivo? ¿Qué tramaban en realidad? Independientemente de las respuestas, debía darse prisa. La imagen de su sobrino lo motivó. Lamentaciones en otro momento, sería tiempo de acciones.

—¿Encontraron a Naoki?

Haruno desvió la mirada.

—Lo siento, Sasuke-kun, estamos revisado el lugar pero no hay rastros de nadie. Ni los hombres de Orochimaru, Naoki o Naruto.

Sakura estrujó sus puños al mencionar el último nombre, aún no concebía la traición de Naruto. Ella procuró ser sincera con él, confesándole su historia y sus sentimientos hacia Sasuke. Fue la primera vez que reveló aquel amor inalcanzable por su amigo de infancia. ¡Declinó cualquier esperanza para dejarle el camino libre a Uzumaki! ¿Y cómo le pagaba el desagradecido rubio? Destrozándole el corazón a la única persona que ella amaba. Porqué bajo ese rostro sereno, Sasuke tenía el corazón hecho pedazos, aunque él nunca lo aceptara. Su orgullo jamás lo permitiría.

—No lo perdonaré —aseguró la mujer, tosiendo fuertemente.

Una gruesa capa de humo entró por las puertas derribadas y cortó el hilo de la conversación. El fuego empezaba a propagarse rápidamente. Sasuke ignoraba el mar de llamas dentro del edificio, pero la densa nube de cenizas alertó sus sentidos de sobrevivencia.

—Hay que darnos prisa. Buscaremos la manera de encontrar a Naoki.

La mujer sujetó su maletín olvidado y Sasuke acomodó su camisa, abrochándola correctamente. Ambos abandonaron la habitación, recorriendo el pasillo hasta descubrir a Kakashi esperándolos en el vestíbulo. Hatake intuyó que Sakura averiguó algo cuando ella no regresó de inmediato. Los tres abajaron por las mismas escaleras de servicio, esquivando los chispazos y escombros que se desprendían del deteriorado techo. Saltaron por la ventana y respiraron el aire puro y frió del exterior. Los demás también escaparon a tiempo.

—Me alegra que estés en una sola pieza, Sasuke.

Kakashi sonrió, presionando el hombro de Uchiha.

—Aún no podemos cantar victoria, Kakashi. Necesitamos encontrar la ubicación de Orochimaru. Ese maldito conserva a Naoki.

—Tenemos dos opciones; su aeropuerto privado o una nueva guarida.

—¿Cómo lo sabes? —inquirió Sasuke, desconfiado.

—De la misma manera que aparecí aquí. —Uchiha alzó una de sus finas cejas, sin discernir el significado de la oración. Hatake soltó un sonoro suspiro. Su mínimo tiempo dificultaba referir información que ni él mismo sabía comprender. ¿Cómo explicarle la posibilidad de un aliado ayudándolos desde dentro?—. Después hablamos, ahora debemos formar dos grupos y abarcar las dos opciones.

Uchiha lo pensó por unos segundos.

—No será necesario. Tengo una pista de su próximo destino.

—¿Una pista?

—Decidí esconder mi rastreador en la ropa de Naoki. Sabía que Orochimaru no me dejaría estar mucho tiempo con él, sólo debía conseguir la abertura para encenderlo. Sin embargo no esperé que me dispararan, supongo que fue cosa de suerte.

—Fue más que simple suerte, Sasuke. ¡Pudiste haber muerto de verdad!

Sasuke encogió los hombros restándole importancia. Pensar en las posibilidades de fracaso sólo le daría dolor de cabeza. Eligió concentrar sus especulaciones en la búsqueda de su sobrino. Recuperarlo a salvo simbolizaba su prioridad. Si fallaba, sería como defraudar al propio Itachi. Nunca se lo perdonaría. Su hermano mayor siempre confió en él y, aún después de muerto, aspiraba mantener ese orgullo intacto. Decidido, alzó su zapato izquierdo, consiguió un pequeño interruptor y lo activó. La pantalla que celosamente resguardaba Hatake comenzó a emitir un raro sonido y una diminuta luz roja parpadeó sobre la pequeña pantalla. Kakashi sonrió. No debió subestimar la inteligencia de un Uchiha.

—¿Hacia dónde se desplazan? —preguntó Sasuke, subiéndose a su Ferrari.

Kakashi demoró un minuto en definir las coordenadas exactas.

—A un pequeño aeropuerto en las afueras de la ciudad —informó, mostrándole la pantalla.

—Entonces tomaremos la vieja carretera para alcanzarlos.

—¿Una emboscada?

Sasuke sólo asintió, encendiendo el potente motor de su auto.

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Luego de una hora por carretera arribaron al aeropuerto privado de Orochimaru, un pequeño avión los esperaba para regresar a Hong Kong. La discreta caravana consistía en tres autos; el primero lo manejaba Kabuto, Orochimaru a su lado y los hermanos Uzumaki ocupando el asiento trasero. El Sannin decidió mantenerlos vigilados personalmente. El segundo iba a cargo de Kimimarou, éste custodiaba a Naoki, el niño dormía plácidamente ajeno a cualquier caos exterior –Yakushi lo había sedado. Y dentro del último vehículo permanecían los demás subordinados de la serpiente.

A Naruto le desagradaban las miradas del yakuza, los inspeccionaba por el retrovisor asiduamente. Los nervios empezaban a traicionarle. ¡Debía mantenerse tranquilo! Sostener la confianza de Orochimaru y proteger a Naoki, conformaban su objetivo. Pero cuando esas amarillentas pupilas lo escudriñaban, miles de inquietudes sacudían su cuerpo. ¿Orochimaru había descubierto su plan? Negó mentalmente, una posibilidad poco factible. Deseaba que todo terminara rápido. ¿Kakashi habría recibido el mensaje? ¿Sasuke estaría fuera de peligro? Pediría a la bondad de cualquier deidad que Uchiha no muriera calcinado entre las llamas de aquel averno artificial.

—Estará bien —susurró Menma, apretando la mano de su hermano gemelo. Naruto asintió.

—Lo sé.

En verdad lo esperaba. Confiaba en Kakashi, él ayudaría al pelinegro. Su plan debía funcionar. Dos cabezas piensan mejor que una. ¿Y tres?

Incorporándose del polvoso suelo, Menma sacudió su pantalón y caminó hacia la puerta dispuesto a salir del sótano, pero su mano quedó suspendida en el pomo cuando un tirón en la manga de su chaqueta gris le hizo voltear. Naruto puso un dedo índice sobre sus labios, indicándole silencio.

¿Qué pasa, Naruto?

Alguien nos está vigilando-ttebayo.

El menor señaló una sombra entre la ranura de la puerta y Menma la examinó a detalle; Orochimaru los vigilaría hasta cerciorarse del éxito de su amenaza. Bufó mientras preparaba su arma, concentrado en la firme convicción de matar al "soplón". Le indicó a su hermano retroceder tras unas cajas y, prevenido, deslizó la hoja de madera por completo, apuntándole al hombre directo a la cabeza, éste levantó las manos en señal de rendición.

Naruto salió de su escondite al identificarlo. ¿Qué hacía él ahí?

Kimimarou.

El nombrado bajó los brazos, ingresando a pasos lentos.

Hola, Naruto. Parece que sí me recuerdas.

Eres un subordinado de Orochimaru.

Uzumaki lo encaró sin vacilación. Su tono no fue interrogativo, las circunstancias eran bastante claras. Menma comprimió más la pistola, custodiando el mismo blanco. Ese individuo le parecía vagamente familiar, rebuscó en su memoria y lo descubrió. ¡El proveedor de armas! ¿De dónde lo conocía su hermano? Poco importaba, no debían fiarse de él.

¿Qué pretendes?

Orochimaru me ordenó escuchar su conversación, quería asegurarse que tú —señaló a Naruto—, cumplieras la orden de mentirle a tu hermano.

Naruto sudó frío. Menma no aguardó otra opción.

Entonces tendré que eliminarte.

Kimimarou centró su interés en el rostro amenazante del rubio mayor.

No sería inteligente, Orochimaru reconocería tu traición. Estás en su territorio.

Menma entrecerró la mirada, poseía un punto a favor. Retiró su arma y escrutó cada gesto del hombre, el semblante sereno no ocultaba aquel aire peligroso. Parecía un chiste haberlo atrapado fácilmente. ¿Ideaba algo? ¿Sino pensaba amenazarlos, qué tramaba?

¿Por qué dejaste que te detectáramos? —soltó de improvisto Menma. Y por la mueca confusa de Naruto tuvo que explicarse—: Orochimaru no acepta mediocres a su servicio, un hombre de su confianza debe ser superior. ¿Descubrirlo por simple casualidad? No, él planeó que notáramos su presencia.

Kimimarou, por primera vez, sonrió ligeramente. Casi cedía a sus ganas de aplaudir.

Perece que Orochimaru te subestima, Menma. Tienes razón, dejé que advirtieran mi presencia.

¿Por qué?

Menma tanteó el terreno. Escasas veces el propio enemigo cooperaba a la causa.

Porque los ayudaré.

Naruto arrugó las cejas.

¿Ayudarnos? —Inquirió, desconfiado—. ¡Mientes, seguro es una trampa!

Una reacción adecuada de los hermanos Uzumaki. Nadie en su sano juicio aceptaría el apoyo del adversario. Sin embargo, entre más tardaran ahí, las posibilidades de lograr su propósito disminuían.

Tienen derecho a desconfiar. Es cierto que trabajo para Orochimaru, pero también le debo un favor a Sasuke y deseo regresárselo.

¿Un favor? ¿Los creía idiotas?

Formabas parte del Black Angel's, y ahora estás aquí. ¿Cómo sabemos que no terminarás traicionándonos también?

Cierto, permanecí en el club espiando sus movimientos, pero sólo fue una treta. No voy traicionarlos. Sasuke ayudó a una persona muy importante para mí y estoy en deuda con él…

Su pasado representaba una faceta desagradable de rememorar, no obstante, si deseaba su cooperación debía revelar sus verdaderas razones. Jamás olvidaría su deuda con Sasuke, aunque éste la ignorara. El silencio acompañó a sus palabras:

»Desde niño estuve solo, pensé que así terminaría, hasta que conocí a otro niño en las mismas condiciones; Juugo. Él sobrevivió conmigo en el asqueroso basurero donde nos tocó vivir. Nuestra adolescencia fue diferente porque nos unimos a Orochimaru. Mis habilidades sobresalieron, pero la enfermedad de Juugo sólo representó un problema. Como hacíamos las misiones juntos, Orochimaru buscó la manera de eliminarlo, sin que yo lo supiera. Una noche lo mandó solo, a una misión suicida. Descubrí el plan, pero no pude evitarlo. Juugo salió herido, y gracias a Sasuke logró sobrevivir. Fue una compensación. Juugo también reconoció las intenciones de Orochimaru y al final decidió ayudar a los agentes de Uchiha; una chica de cabellos rojos y un tipo de dientes afilados. Todos en Otogakure lo creyeron muerto. Guardé silencio esperando una oportunidad de vengarme. Y poco después acepté la encomienda de espiar dentro del club, quise permanecer cerca y pagarle poco a poco. Mis reportes nunca tuvieron los detalles completos, sólo los necesarios para evitar sospechas.

»Pocos saben de mi historia, y no pretendía contarla —aceptó—. Son mis intenciones. Saldaré mi deuda con éste último golpe. Vida por vida.

Menma prolongó el silencio barajeando las posibilidades de aceptar la propuesta.

Supongo que confiar en tu palabra es nuestra única opción. Además, ya tengo un plan.

¡¿Tan pronto?! ¿De qué se trata-ttebayo?

Kimimarou también aguardó la respuesta.

Le entregué el niño a Orochimaru a cambio de matar a Sasuke. —Lo sabían. ¿En qué los beneficiaba?—. Y lo mataremos.

Naruto saltó, furioso.

¡No! No mataremos a Sasuke.

¡Sí! Sí lo haremos.

¿Cómo? —Interrumpió el yakuza. Una pelea sería pérdida de tiempo.

Lo fingiremos —respondió Menma, apaciguando el desconcierto de Naruto—. No soy tan ingenuo como esa serpiente asquerosa piensa. Quiere divertirse haciéndolo sufrir, pero no expondrá a su "premio". Mantendrá al niño fuera y buscará a otra persona cercana emocionalmente. ¿Y quién interpreta dicho puesto?

Ambos giraron al mismo tiempo, echándole un vistazo a Naruto.

¿Yo?

No te preocupes, Naruto, usaremos balas de salva.

¿Balas de salva?

Claro, debemos seguirle el juego a Orochimaru.

La idea de mentirle a Sasuke le causaba dolor de estómago. Aunque tendría que hacerlo por el bien de Naoki.

Pero no tenemos armas-ttebayo. ¿De dónde conseguiremos las municiones?

Menma sonrió confiado.

Por eso acepté la propuesta de Kimimarou.

El hombre de cabellos blancos captó enseguida su papel dentro del plan de Menma.

Soy su proveedor, Naruto. Si solicita armas para ustedes yo debo conseguírselas. Posiblemente con un solo proyectil, es bastante precavido. Podría cambiar las balas por unas de salva antes de entregárselas. Si les pide disparar no dudará de su fidelidad. Y procuraré estar cerca, a Orochimaru le causa repelús tocar los cadáveres, pedirá que alguien acredite la muerte.

Sorprendente.

Menma y Kimimarou formaban un equipo impresionante.

También puedo conseguir unas reales, serán de ayuda al irnos de aquí. El problema recaerá en parecer creíble a la hora de disparar.

No soy bueno mintiendo-ttebayo.

Pues no mientas, solo imagina tus sentimientos si Sasuke muriera de verdad. Orochimaru bajará su guardia y los dejará acompañarlo. Pero tenemos otro problema. ¿Cómo avisarles a los hombres de Uchiha? Estoy seguro que Kabuto arreglará las cosas para desaparecer cualquier rastro de evidencia, incluyendo el "cuerpo" de Sasuke.

Naruto mordió su labio, frustrado por la nueva información. Una idea botó al instante.

¡Yo conozco el número de Kakashi-sensei! Lo aprendí en casos de emergencia. Puedes enviarle un mensaje advirtiéndoles del peligro. Me gustaría darles nuestro próximo destino, pero desconocemos el lugar exacto.

Menma sonrió orgulloso, Naruto lo sorprendía por sus buenas ideas.

Podría funcionar —aceptó Kimimarou—. Lo demás dependerá de Sasuke y sus hombres.

Es nuestra única opción, debemos arriesgarnos. —reafirmó Menma.

Esperemos que la suerte esté de nuestro lado-ttebayo.

Y los resultados de su idea fueron positivos.

Kimimarou le mintió a Orochimaru, confirmándole que ambos Uzumaki ansiaban vengarse de Uchiha. La muerte de Sasuke también marcó una victoria. Naruto procuró concebir la angustia y desesperación que su alma profesaría en un escenario real. La expresión distorsionada de su rostro resultó casi real. Fue un dolor insoportable que sobrepasaba los límites de lo imaginado, tan agonizante como arrancarse la piel a tiras. Y no fue lo peor. Sino ser condenado por esos orbes brunos cubiertos de furia y decepción. Pero prefería su odio, sólo para proteger a Naoki.

Por último, al abandonar el Royal Diamond, Kimimarou empleó su propio celular enviándole un mensaje a Kakashi. Existía un alto riesgo de fallo. Dependía de Hatake creer en la veracidad de la nota –suponían que sí.

Naruto distinguió unas pocas gotas de lluvia manchando el cristal de la ventanilla. Pronto llovería. Mala señal. El clima dificultaría la visibilidad, necesitaba detener a Orochimaru, dirigirle una señal a Kimimarou y contener la furia del yakuza.

Los tres vehículos detuvieron el trayecto a unos metros del avión, Orochimaru y Kabuto bajaron primero dispuestos a ir por el niño al segundo auto, no obstante, Menma y Naruto también descendieron apresurados y prepararon sus armas, su lapso para actuar dependía del tiempo que tardarían los demás subordinados en salir. Menma corrió hasta posicionarse tras Kabuto, mientras Naruto interfería el camino del jefe, apuntó a su pecho con la mano derecha y la izquierda mostró un pulgar arriba, indicándole a su cómplice que podía proceder. Kimimarou manejó de reversa rebuscando un espacio hacia la salida del aeropuerto, fuera del alcance del Sannin esperaría a los hombres de Sasuke.

—¿Qué pretendes, Naruto-kun? —Preguntó la serpiente, disfrazando su furia en una sonrisa cínica—. Devuélveme al niño y fingiré que nada de esto pasó.

Menma enterró la punta de su pistola entre los cabellos de Kabuto cuando los demás sujetos bajaron, sosteniendo sus propias armas. Sin embargo su concentración recayó en la entrada de un Ferrari. La sonrisa de Orochimaru desapareció, sustituyéndola por una muestra de escepticismo. Sasuke Uchiha estaba ahí. ¡¿Cómo era posible que aún estuviera vivo?! Instintivamente retrocedió un par de pasos y, olvidándose de Kabuto, dio media vuelta, escabulléndose en dirección al avión. Uchiha notó las luces de la furgoneta de Kakashi y decidió dejarles el resto a ellos, él precisaba detener al yakuza.

Naruto fue tras ellos, dejando a Kabuto en manos de Menma.

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Orochimaru trepó rápidamente las escaleras del avión y golpeó el metal de la puerta, pero ésta no cedió. Gruñó un par de maldiciones, retrocediendo en su camino. ¡No tenía salida! Y su situación empeoró al identificar a Sasuke a unos metros. ¡De ningún modo permitiría que Uchiha ganara una vez más! Ni siquiera enfocó bien el objetivo y disparó, alcanzando la pierna derecha del moreno. Sasuke cayó al suelo, soportando el dolor. Orochimaru sonrió encantado y se acercó lentamente a él.

—¿Pensaste que ganarías otra vez, Sasuke-kun?

Paró a centímetros de su cuerpo, colocó su zapato sobre la herida y presionó con saña.

—¡AHHH!

Un grito desgarrador abandonó la garganta de Sasuke. Satisfecho, repitió la acción varias veces. Cada pisotón lo acompañaba un alarido peor. Sin embargo su diversión terminó cuando Naruto cayó sobre él, parando su tortura. La serpiente disparó al aire y la bala rozó el brazo derecho del rubio. Nada, en comparación a la herida de Uchiha. Uzumaki reunió suficiente fuerza en un puño y golpeó al hombre, desequilibrándolo, tiempo suficiente para tomar el arma y enterrársela en el ojo. Orochimaru bramó como una bestia moribunda e intentó palpar su agujero focal llevando ambas manos a la zona, pretendió detener la hemorragia, aún retorciéndose de dolor. Naruto usó el momento para sacar a Sasuke de ahí antes que Orochimaru recobrara lucidez.

Uchiha apretó los dientes cuando el jalón de Naruto le impulsó a levantarse del suelo.

—Cuidado, idiota.

—Disculpe mi falta de delicadeza, señorita, pero no es tiempo de ponerse sus moños*.

Sasuke chasqueó la lengua, Naruto jamás dejaría der ser un dobe. Uzumaki echó el brazo del pelinegro sobre sus hombros, erguiéndolo mejor, éste cojeaba en un solo pie. La herida fue poco profunda, pero los pisotones de Orochimaru acrecentaron el malestar. Sasuke vio el perfil del rubio, e infinidad de cosas pasaron por su mente; tal vez reclamar y gritar. No, sólo debía dejarse guiar.

—¿Por qué me ayudas, Naruto?

Naruto continuó con la mirada al frente, soportando el dolor en su brazo y el peso de Sasuke.

—Cuando salgamos de aquí podrás interrogarme, no creo que sea oportuno charlar ahora, teme.

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Kabuto deslizó suavemente su mano por uno de los bolsillos del saco en busca de su navaja. Menma advirtió su movimiento y golpeó su nuca ocupando la cacha del arma, haciéndolo caer al instante. Escuchó los alaridos de Uchiha pero no volteó, Kabuto aprovecharía la oportunidad para atravesarle el estómago. Aún sin distracción Yakushi lo inmovilizó del tobillo, empujándolo contra el asfalto. El arma de Menma terminó a unos metros y ambos pelearon por ella. Kabuto la recogió primero. Uzumaki levantó ambas manos.

—Ya no eres tan valiente, ¿eh?, Menma-kun.

La risa de Kabuto no duró demasiado, los gritos desgarradores de Orochimaru atrajeron la atención de Yakushi. Menma vio su ventaja y pateó las manos del otro, arrebatándole la pistola. Sin titubear ni un segundo, le disparó tres veces en la cabeza; una por Naruto, otra por él. ¿Y la última? Porqué siempre quiso hacerlo.

Volteó en dirección del avión, encontró a su hermano y Sasuke, caminando despacio al vehículo del moreno, pero sus ojos azules percibieron –unos metros tras ellos– a Orochimaru, éste tenía la mitad del rostro ensangrentado, sus manos sostenían un arma y pretendía enfocar su objetivo. Ni Naruto o Uchiha advirtieron el peligro.

—¡Naruto!

El rubio menor giró la cabeza, descubriendo a Orochimaru a punto de dispararles, cerró los ojos por inercia esperando un impacto que nunca llegó. Igual que cuando niño, separó sus parpados lentamente encontrándose –una vez más– con la espalda de su hermano. Menma corrió hacia ellos interponiéndose en el trayecto de la bala. El rubio se desplomó, provocando un sonido sordo al contacto del suelo.

—¡Menma!

Naruto abandonó a Sasuke, directo en ayudar a su hermano. La gran cantidad de sangre en el pecho de Menma lo paralizó por un segundo.

—L-lo siento, Naruto. Lo merezco… nunca me perdonaré haberte t-traicionado…

Negó muchas veces, reteniendo el líquido salado que deseaba salir de sus orbes azules.

—¡Imbécil! Siempre serás mi hermano. Te daré una paliza, ¿recuerdas? ¡Dije que te molería a golpes cuando saliéramos de ésta!

Consciente de su objetivo frustrado, Orochimaru los apuntó nuevamente. Sasuke reaccionó a tiempo y utilizó el arma de Menma, disparándole a las manos para volarle un par de dedos. El hombre bramó, retorciéndose en el piso. No lo mataría. La muerte sería demasiado benevolente. Pudrirse con el paso de los años significaría un castigo peor.

—¡Sasuke-kun!

El chillido de Sakura le hizo elevar la vista. La mujer de cabellos rosas miró horrorizada la sangre que manchaba el pantalón de Uchiha, quiso atenderlo de inmediato pero Sasuke la detuvo.

—Atiende a Menma, Sakura.

Los ojos verdes de Haruno mostraron una expresión desconcertada al descubrir a los rubios; uno herido gravemente.

—Pero él…

—Es una orden.

Sakura asintió reticente, yendo junto a Naruto y darle primeros auxilios a Menma mientras la ambulancia aparecía.

Sasuke rengueó un par de pasos hasta su auto y recargó su cuerpo contra el frío metal de la puerta del Ferrari. El dolor en su pierna era insoportable. La adrenalina de las circunstancias denegó el daño por unos segundos, pero ahí sentado, volvió al triple. Las figuras paseantes frente a sus ojos y las luces que iluminaban la explanada del aeropuerto, empezaron a desvanecerse, solo distinguían manchones borrosos y sonidos distorsionados. Su cabeza comenzó a palpitar, e inevitablemente resbaló del metal, cayendo al suelo. Escuchó el eco de unos gritos, incapaz de abrir los ojos nuevamente. La oscuridad acunó sus sentidos y, apoderándose de su mente, la inconsciencia clamó por él.

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Un incomodo pitido proveniente de la máquina a su lado le despertó. Sintió un peso extra sobre brazo y bajó la mirada, encontrándose con unos revoltosos cabellos rubios.

—¿Naruto?

El nombrado parpadeó hasta enfocar los ojos negros que lo veían atentos y brincó de su lugar. ¿Cómo llegó ahí? Recordó la ambulancia, el traslado de Menma y Sasuke, y su deseo de acompañarlos. Olvidó que los demás aún creían que los había traicionado y acudió a ellos. Recibió una cachetada de Sakura, algunos bufidos de Karin y malas miradas, pero no le importó con tal de ir al hospital. Por suerte, Kakashi ignoró la furia de las mujeres y le dio una oportunidad –Hatake estaba seguro que Naruto fue el autor del mensaje que les ayudó en su misión. No lo dejaron pasar al quirófano, sólo permaneció en la sala de espera. Y decidió que debía hablar con Uchiha antes de otra cosa.

—¡Por fin estás despierto, bastardo!

Sasuke mentiría si dijera que no le alegraba ver a Naruto en su habitación, aliviado por su recuperación, pero su naturaleza resentida le impedía olvidar las palabras que el rubio aseveró en la guarida de Orochimaru. ¿Acaso pensaba que podría olvidado? Recuperó su semblante indiferente y la sonrisa de Naruto desapareció.

—¿Qué haces aquí?

Los ojos azules del rubio lo miraron fijamente.

—Sé que no deseas verme, pero solo quiero contarte la verdad. Después desapareceré y jamás volveré a molestarte, Sasuke.

Uchiha notó sus ojeras, algunos raspones y moretones en la cara, pero ni el brazo vendado ablandó su semblante.

—No me interesa, tus razones debiste tener, ahora solo déjanos tranquilos. No te necesitamos.

Naruto tembló ligeramente, conteniendo sus ansias de gritarle que le dejara hablar. Tampoco podía culparlo, si él estuviese en una situación similar le costaría creer en la persona que traicionó su confianza. Respiró profundo y, esquivando la penetrante mirada carbón, volvió a sentarse. ¡Lo diría aunque el muy bastardo lo ignorara!

—Nosotros nunca tuvimos nada, nuestra madre fue una prostituta y papá murió antes que naciéramos, sin más familiares que nos ayudaran crecimos de lástima. Sólo contábamos el uno con el otro…

El moreno parecía no prestar atención, más concentrado en admirar el pulcro blanco del techo, sin embargo escuchaba atentamente las palabras de Naruto. No lo interrumpió. Entre tanto monólogo, supo las cosas que hicieron Menma y él para comer, tener un techo sobre su cabeza y sobrevivir en mundo tan podrido. Dos desafortunados sin nadie que les tendiera una mano. Naruto odiaba robar, pero siendo un niño fue su único apoyo. Habló del robo de la droga y el inicio de sus problemas mayores. En ese punto Sasuke no le dejó continuar.

—Jamás hiciste un trato conmigo, me lo dejaste claro. Fue su plan.

—¡Te equivocas! Sé que dije muchas cosas, pero fueron mentira.

Uchiha explotó.

—¿¡Y cuál es la verdad!? Tú nunca me pediste el dinero, y seguiste a mi lado aún después de las cosas que te hacía. ¿Fue parte de tu venganza contra la familia Uchiha?

Uzumaki negó varias veces.

—¡Ya dije que no! —gritó, exasperado—. Cierto, no fui yo quien te pidió el dinero, sino Menma, él lo necesitaba para pagar su deuda. Y me entregó a mí a cambio. Yo no lo sabía, ninguno de los dos te conocíamos antes de esa noche. En cuanto a mis padres, Menma me lo contó al reunirnos, el mismo día que nos secuestraron. Fue una trampa de Orochimaru. ¡No quiero venganza! Tu padre causó el daño, no tú o Naoki. Cuando eso pasó apenas tenías uno seis años. ¿Cómo podría culpar a un niño?

Las palabras de Naruto parecían bastante sinceras.

—¿Por qué lo ocultaste? Pudiste haberte librado entregándome a Menma.

—Una parte de mí tenía miedo. —Admitió, recordando a su gemelo, quien se debatía entre la vida y la muerte en la sala de cirugías, la bala perforó uno de sus pulmones. En el caso de Sasuke el impacto no atravesó ningún nervio—. No permitiría que desquitaras tu furia con él, mi única familia y…

—¿Y sigues defendiéndolo luego de todos los problemas que te causó?

—Es mi única familia —repitió, sonriendo—. Y porque gracias a él, te conocí a ti-ttebayo —dudó unos segundos en proseguir—. Al principio pensaba que eras un bastardo arrogante, pero poco a poco descubrí la realidad. A tu manera proteges y cuidas a las personas que aprecias. No sólo Nao-chan, incluso; Sakura-chan, Iruka-sensei, Kakashi o Sai. Y me cediste tu confianza después de tantos años de no dársela a nadie… si te mentí fue por salvar a Naoki. Hice una promesa conmigo mismo de mantenerlos a salvo. Aunque parece que fallé. ¿Verdad?

Uchiha guardó silencio. Naruto bajó la mirada decepcionado y abandonó su silla dispuesto a salir de la habitación.

—¿Qué hubieras hecho tú en mi lugar, Sasuke?

La simple cuestión derrumbó completamente su muro de hielo. ¿Qué hubiese hecho él? Enfocando las circunstancias desde el inicio, probablemente la historia sería similar. Haría cualquier cosa por salvar a Itachi, si éste le traicionara su corazón mantendría una herida punzante, pero jamás dejaría de considerarlo su querido hermano mayor.

La falta de respuesta formó un incomodo silencio que Naruto rompió para despedirse.

—La forma de conocernos no fue la mejor, pero me alegró estar a tu lado, Sasuke.

Uzumaki le dio la espalda, sintiendo una fuerte opresión en el pecho. No podían dar media vuelta e imaginar que nada ocurrió. Lastimó a Sasuke y aceptaría su odio. ¡No lloraría! Él era un hombre fuerte.

—¿Vas a huir como una rata, dobe? No esperaba menos de ti, sigues siendo un maldito ladrón.

El rubio paró en seco, apenas tocando el pomo de la puerta, frunció el ceño y de un par de zancadas regresó al borde de la camilla. Olvidó el estado convaleciente del mayor, engulló unas potentes ganas de golpearlo y asió la parte superior del camisón de tela acartonada. Clavó su mirada furiosa en los calmados ojos brunos de Uchiha.

—Repítelo y me olvidaré que estás en un hospital-ttebayo.

En respuesta Sasuke curvó ligeramente la comisura de sus labios y, beneficiándose de la ventaja, jaló al rubio para unir sus labios. Los ojos azules de Naruto parpadearon al instante, desconcertados ante la repentina acción de su ¿enemigo? Quiso apartarse pero su propia boca no pudo resistirse a la salvaje prisión del moreno, como si hubiesen pasado siglos sin degustar esos delgados labios. Dándose por vencido, cerró sus parpados y soltó el agarre de la bata, sus manos pasaron al cuello de su compañero aferrándose a él. Un sueño del cual no deseaba despertar. ¿Qué tramaba Sasuke? ¿Hacer más dolorosa su despedida? Despacio fue apartándose hasta que una considerable distancia los separó por completo. Sasuke le impidió cuestionar, colocando su dedo índice en sus húmedos labios.

—No creas que te perdonaré fácilmente, debes seguir convenciéndome, usurantonkachi.

—Bastardo.

¿Podría confiar nuevamente en Naruto? Las personas merecían segundas oportunidades. ¿Cierto? Pues él no dejaría escapar a la única persona que permanecía aferrada a su corazón. El simple hecho de divagar en una vida sin ese idiota le causaba una fuerte opresión dentro del pecho. No solo Naoki lo necesitaba, sino él también. Su sonrisa tonta funcionaría como un bálsamo en sus heridas que, irónicamente, Naruto provocó. Posiblemente si era un masoquista.

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S&N

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Las cosas regresaron a la normalidad conforme al paso de los días. Con Orochimaru en la cárcel y Kabuto muerto, los demás yakuza de Otogakure fueron capturados por las autoridades y encerrados en diferentes reformatorios. La banda del Sonido desapareció. Las evidencias encontradas en la residencia del Sannin sirvieron para recluirlos por años. Las propiedades y otras pertenencias de la serpiente también fueron confiscadas.

Los negocios del Black Angel's fueron atendidos por Gaara y Sai, auxiliados con los demás integrantes, mientras los negocios de la empresa Uchiha estaban a cargo de Kakashi y Sakura. Por órdenes de Sasuke –quien aún residía en el hospital en reposo obligado– disolvieron algunas de las transacciones fraudulentas que seguían funcionando a costa de la compañía y en nombre de su padre. Posteriormente el edificio inició nuevas remodelaciones para maniobrar como una nueva sucursal de la empresa principal. ¿Sasuke se excedía en disolver sus negocios? Al contrario, en la situación actual no deseaba que sus personas cercanas sufrieran nuevamente. Desaparecería el club y concentraría su tiempo en hacer prosperar al doble la corporación de software. Y sus empleados tendrían la opción de permanecer laborando en un nuevo puesto –asistiendo a cursos de capacitación– o buscar otras opciones en algún lugar diferente.

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S&N

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Una semana. Su hermano llevaba una semana en el hospital, muchas veces pretendió verlo, aunque por órdenes de los doctores desistió de su cometido, la operación de Menma lo aisló a una sala especial de cuidados intensivos. Gracias a las influencias de Sasuke –con un cuantioso soborno de por medio– la policía desertó el caso respecto al asunto de la complicidad con Orochimaru. Igualmente, Uchiha continuaba ahí. Por las tardes cuando Naruto iba a visitarlo solo, Sasuke –aún con la pierna enyesada– se las ingeniaba para continuar su tarea de "reconciliarse" entre las sabanas de la cama. Una habitación exclusiva; ventaja de ser rico.

Y por fin ése día lo darían de alta.

Uzumaki subió al ascensor acompañado de Naoki, el pequeño Uchiha estaba feliz por tener a Naruto junto a él. Recordaba poco de lo sucedido una semana atrás, pero poco le importó cuando supo que su tío Sasuke y Naruto estaban bien, y la serpiente jamás volvería a hacerle daño. Sólo esperaba que dieran de alta al mayor para ir a comprar el cachorro que le habían prometido.

Salieron del cubículo, recorrieron el pasillo y pararon frente a la puerta que indicaba la habitación de Menma, sin embargo, dejó caer la bolsa de manzanas que sostenía cuando al abrir encontró la cama vacía, quiso salir corriendo en busca de una enfermera y preguntar el paradero de su hermano, pero una carta sobre las sabanas –junto a un gran paquete amarillo– le hizo desistir. Se apresuró a tomarla y leerla.

«Naruto:

Seré breve, solo necesitaba decirte que tú vales más de 30 millones de yenes, el dinero que dejo aquí es para Uchiha. No le debes nada. Puedes irte cuando quieras, aunque lo dudo. Sé que si te quedas, es porque lo deseas, no por una deuda que nunca fue tuya. No quiero parecer cursi, pero soy tu única familia y desde un principio debí pensar en ti y protegerte. He sido un pésimo hermano mayor. Sin embargo siempre que me necesites veré la manera de ayudarte.

Cuídate, algún día nos volveremos a encontrar. Somos hermanos, nos tendremos el uno al otro, así estemos separados. Compartimos lazos que jamás podremos romper.

Atte. Menma.»

El rubio arrugó la hoja, apretándola en un puño, sus ojos se aguaron e intentó no llorar. Aún pasando por tantas cosas Menma siempre sería su imbécil hermano mayor.

—¿Naruto?

La voz de Naoki le recordó que no estaba solo. El niño miró el contenido del paquete y sus pupilas violetas brillaron sorprendidas.

—¡Wow! Es mucho dinero. —Recorrió la habitación vacía y notó la ausencia del otro rubio—. ¿En dónde está tu hermano, Naruto?

—Él tuvo que irse, pero éste dinero lo dejó para donarlo al orfanato de la ciudad.

—¿Para los niños que no tienen papás? —Uzumaki asintió—. Entonces yo también te daré el ahorro de mi cochinito. Uno está triste y solo cuando no tienes papás como yo… —bajó la cabeza y Naruto quiso animarlo. Naoki no lo dejó, alzó su rostro, sonriéndole—. Pero ya no lo estoy, tengo a tío Sasuke y a ti. Ustedes me cuidarán. ¿Verdad?

Naruto le revolvió los cabellos brunos, riendo.

—¡Eso es verdad! Ahora vamos por tu amargado tío-ttebayo.

Sasuke los vio entrar y Naruto torció los labios al encontrarlo fuera de la cama. La pierna enyesada le dificultaba los movimientos para acomodar la ropa dentro de la maleta y utilizaba una muleta, le proporcionaron una silla de ruedas aunque no la aceptó. Parecer vulnerable y dar lástima a los demás no iba con él.

—¡Estás herido, teme! Deja de hacerte el fuerte.

—Sólo fue una pierna.

—Pues recuerdo que te quejabas mucho para ser "sólo una pierna-ttebayo".

Naoki comenzó a reír, verlos pelear causaba más risa que otro cosa.

Una hora más tarde los tres dejaron el hospital, Naruto cargaba la maleta de Sasuke en una mano y lo ayudaba a caminar con la otra. Cruzarían la plazoleta antes de llegar al auto.

«Somos hermanos, siempre nos tendremos en una al otro…»

Recordando las palabras de su hermano, paró un momento y dejó la maleta en el suelo, metió la mano en el bolsillo de su pantalón y sacó la carta de Menma, hecha pedazos. La tiró al aire, dejando que el viento la guiara muy lejos de ahí. Desde la azotea, ese mismo viento movió unos cabellos –recientemente– negros y las pupilas rojo carmesí no perdieron ningún movimiento. Menma sonrió al observar a su hermano marcharse y él dio media vuelta, empezando a caminar sin volver a mirar atrás. Era mejor desaparecer y dejarlo ser feliz. Dio media vuelta. Como escribió en su nota, algún día volverían a encontrarse. Siempre serían hermanos.

Naruto vio a lo alto del edificio, pero al no encontrar nada continuó su trayecto.

—¿Qué pasa, dobe?

—Nada, solo fue mi imaginación-ttebayo.

—Vamos a casa.

Uzumaki aceptó, el niño corrió unos pasos adelante y Sasuke aprovechó para besar rápidamente a Naruto.

—¡Sasuke! Naoki puede vernos.

—Estoy seguro que ya lo imagina, es muy inteligente, después de todo es un Uchiha.

El rubio entrecerró la mirada.

—Eres un bastardo presumido.

—Pero aún así me quieres, idiota.

Naruto no rebatió lo evidente y volvió a besarlo.

Aún podrían esperarles bastantes problemas o dificultades, pero también circunstancias buenas y sorpresas agradables. Sin embargo, lo tenían claro, sería el principio de algo nuevo que jamás desaprovecharían.

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Fin

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oooO*Oooo…

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Y con éste capítulo hemos llegado al final u.u, siento ganas de llorar cada vez que termino un fic, porque les gradezco su paciencia TT-TT (que saben que me tardo un motón XD) pero desde que inicie esta historia su apoyo me animó al votar por ella en el anterior FLSN12, y que fuera la ganadora *-*. Esa fue otra de las razones para terminarla, no sé si se dieron cuenta, pero tiene exactamente un año :3

Como siempre, espero que este último capítulo haya sido de su agrado, además, ¿en verdad pensaron que dejaría a Naruto sin su bastardín? XD Nop, yo soy la primera que pelea que siempre quiere verlos juntos. La verdad me gustaría decir muchas cosas y seguir agradeciéndoles, pero creo que sólo los aburriría, por eso una vez más tienen mis sinceros agradecimientos, sobre todo para las amables personas que siempre se tomaron el tiempo de leer, y sobre todo, dejarme un comentario para apoyarme y saber que les parecía, así que por última vez –en este fic u.u–, déjenme agradecerles a: kaii-chn, jennitanime, kane-noona, Aniie Snape (casi descubriste el contenido de este ultimo capitulo XD), kykyo-chan (muajajaj, somos del mismo estado :3), Lala Do, Beauty-Dreaam (¿sabes?, siempre leo tus reviews en mi trabajo y casi me muerdo los labios para no echarme a reír y parecer una loca XD, en serio, muchas gracias porque siempre me animaste :3), Tsunade, Yuki-2310, Angelucha y Neliel.

*Y por si alguien no le entendió a la frase; se estaba poniendo exigente XD

Bien, no es la despedida porque aún me faltan continuar varias historias :3, ojala nos podemos leer muy pronto en otra de ellas n.n

Gracias x leer \(°~°)/