Disclaimer: Hetalia y sus personajes no me pertenecen. Ni Rusia ni Estados Unidos me pertenecen. Pero este fic si.

Dedicatoria: Yep, dedicado a Nitya F. Jones, porque nos indujo a IreneRodriguez y a mi en el mundo del RusxFem!Usa


Capítulo 2

Matthew resopló mientras guiaba a su prima, que iba parándose en cada escaparate, para desgracia del pobre chico. Emily había quedado con la novia de este para hablar de algo que ni siquiera sabía, y le había tocado a él acompañarla hacia el centro que frecuentaba Marianne con sus amigas.

—Vamos Emily, por favor —suplicó Matthew, tirando de su manga, mientras que Emily estaba demasiado ocupado mirando una tienda con los ojos brillantes —. Quiero irme a casa, tengo mucho que estudiar.

—Oh, vamos… No he quedado con Marianne hasta dentro de una hora… Entremos a esta tienda y ya, te lo prometo.

Matthew suspiró y miró a Emily, que le devolvía la mirada con ojos de cachorrito. El canadiense, irritado, bajó la mirada.

—Bien, entremos. Pero sólo un rato.

—¡Sí!

El sitio en cuestión era una tienda que poseía tanto aparatos tecnológicos, como televisiones, ordenadores, y otras consolas, como videojuegos para estas, y que en la segunda planta contaba con una sección de libros, películas, comics y música.

Emily no tardó en correr a través de los ordenadores para subir a la segunda planta. Escaneó rápidamente el lugar, y comprobó que estaba en la sección de libros. Empezó a andar hacia un lado y entró en la sección de música. Pasó los discos de música y por fin llegó a la sección que estaba buscando, donde habían películas y comics.

La estadounidense empezó a mirar por las estanterías, emocionada por todo lo que había, y de repente su boca se abrió. Matthew miró hacia donde se dirigía el asombro de Emily y su mirada se topó con un estante llenó de cajas negras. Frunció el ceño y siguió a su prima, que ya se encontraba al lado de las cajas, abrazando una de ellas.

—Mattie —murmuró, en shock.

—¿Qué es esto, Em?

—Son figuras de Star Wars… Las quiero, las quiero, las necesito.

Matthew miró el precio de una de las figuras, y tragó saliva. Miró el precio de la de al lado, y esa fue todavía peor. Miró a su prima, que estaba abrazada a la caja y negó con la cabeza.

—Esto es muy caro, Emily.

—Lo sé —lloriqueó ella, levantándose y rodeando el estante para que sus ojos se abrieran a un más —. Dios mío, Mattie… ¿Es lo que yo creo que es?

Emily levantó una de las cajas, alargadas, y la abrazó con fuerza. Matthew se acercó curioso para ver que había encontrado su prima. Puso los ojos en blanco, cogió la caja que sostenía Emily y la dejó en su sitio de nuevo.

—Vámonos de aquí.

—Matt… Cómpramela… Por favor…

—No me voy a gastar una millonada en comprarte una espada láser, Em.

—Bueno, vale…

—Y salimos ya de aquí antes de que te emociones.

Matthew la cogió del brazo y la arrastró hacia abajo, mientras Emily intentaba volver. Algunas personas les miraban, divertidas, y cuando al fin salieron de la tienda, Emily se cruzó de brazos, esperando a su primo.

—Vamos, guíame.

El canadiense rodó los ojos y caminaron unas calles más hasta llegar a un tipo de heladería, donde se encontraba Marianne.

—Está bien, ya te traje. Ahora me vuelvo a casa.

—Está bien. Gracias, primo, te quiero. Eres el mejor.

—Sí, sí. No tardes mucho.

Emily le abrazó y se giró, caminando a donde estaba Marianne, junto a dos chicas que le sonaban, pero que no conocía de nada. Se plantó frente a ellas, y las tres cesaron su parloteo para mirarla, mientras Emily se aclaraba la garganta.

—Soy Emily —se presentó, mientras los ojos de Marianne brillaban, reconociéndola.

—Ah, ma cherie —la saludó, apartándose un poco y colocando una silla a su lado en la mesa —. Toma asiento, por favor. ¿Quieres pedir algo?

Emily miró lo que llevaban las chicas, que parecía como un helado de nata con chocolate derretido por encima, y luego cada una llevaba otra cosa más, como fresas o chucherías, y se le hizo la boca agua.

—Ya veo que sí. ¿Nata o yogur?

—Eh, nata… ¿Se puede con chocolate?

—Claro que sí. Voy a pedirte uno.

Marianne se levantó, sonriendo y se dirigió al interior del establecimiento. Era una chica alta, esbelta, con un porte elegante, y también era delgada, de tez nívea y hermosa. Tenía el pelo largo recogido detrás de la cabeza, y unos ojos azules, más profundos que los de la propia Emily. Su melena era de un rubio brillante, más parecido al de Arthur que al de ella misma, y siempre portaba una sonrisa seductora en la cara.

—Yo soy Isabel —se presentó una de sus amigas, con un marcado acento español. Ella, al contrario que Marianne, tenía la piel más bronceada, y el pelo castaño cobrizo, al igual que su amiga, recogido en un moño. Sus ojos brillaban alegres, de color verde vivo, y era casi tan alta como Marianne. La envolvía un aura muy amigable y no había dejado de sonreír en todo el tiempo que llevaba allí.

—Yo soy la asombrosa Julchen —terminó la última, también con un acento extraño, que Emily reconoció como alemán. Si Marianne e Isabel eran diferentes, Julchen lo era aún más. Con la piel pálida, y el pelo de un rubio tan claro que parecía blanco, junto con los ojos rojos, la joven albina era la más bajita de las tres. Llevaba el pelo, largo, suelto, al contrario que sus amigas, y también sonreía, aunque era más una sonrisa maliciosa e incluso engreída.

Marianne volvió con el helado de la estadounidense y se sentó a su lado, mirándola fijamente. Emily no pudo evitar sonrojarse, y empezó a comer su helado mientras las tres chicas levantaban las cejas, sin poder evitar sonreír.

—Entonces… —comenzó Marianne —. ¿Por qué quieres conocer a Iván Braginski?

—¿De verdad lo conoces?

—Por supuesto que lo conozco. Para mi fortuna, y la suya, nos conocemos. Isa y Jul también lo conocen, ¿cierto? —La francesa les guiñó un ojo a sus amigas. Isabel la miró, asintiendo, y Julchen frunció el ceño.

—Es un chico muy simpático —dijo Isabel, pensativa.

—¿Simpático? Ese no tiene nada de simpático —rebatió Julchen.

—Sí que lo es —protestó la castaña —. Fue muy amable conmigo.

—Sólo quería llevarte a la cama —replicó Julchen.

—No es cierto. Para eso ya está Marianne.

La francesa se limitó a sonreír mientras se miraba las uñas. Un poco asustada, Emily sacó su móvil y le envió un mensaje a Arthur.

Arthur, ¿qué sabes de Marianne, Isabel y Julchen?

—Ohonhon, por supuesto que sí. Sería una tonta si le hubiera rechazado alguna vez.

—No sé que le veis. —Julchen negó con la cabeza, suspirando.

—Oh, vamos querida. Es un ruso sexy. ¿Qué crees que le vemos?

Bueno, se muchas cosas de esas tres, son todos unos personajes. ¿Qué necesitas saber?

—Además es muy amable. Se comporta muy bien.

—Da miedo. Que a vosotras lo que pasa es que os gusta acostaros con él.

Isabel parpadeó, mirando a Julchen.

Ya sabes, con el tema de los chicos, y eso…

—Claro que me gusta acostarme con él, pero sólo lo hice cuando estuvimos saliendo.

—Porque eres demasiado conservadora, querida —señaló Marianne —. Te aseguro que él estaría más que contento de acostarse contigo incluso sin estar saliendo.

—Pero ese no es mi estilo —rebatió Isabel, con el mismo tono de voz que el de una madre que regaña a su hija.

Mmmm… Marianne, si no es una ninfómana está a punto. No te acerques mucho a ella, no le importa el sexo de su presa. Lo único que hace es acostarse con gente. Ella les busca, ellos la buscan. Es como un acuerdo mutuo.

Isabel es más inocente. No sé qué le ve todo el mundo. Un compañero mío consiguió salir con ella, pero las relaciones no le duran mucho. Es fácil ganársela con unas palabras amables, pero si no está interesada en una persona, dicha persona puede ir olvidándose de conseguir algo. Ella es extraña, a mi parecer.

Y Julchen… Bueno, es guapa, lo sabe, todos lo sabemos, y se aprovecha de ello. No tanto como Marianne, pero aún así. Ella e Isabel son las chicas que más personas han rechazado que yo conozca. Son el trío calavera. No te aconsejaría acercarte mucho a ellas, son una mala influencia.

Igualmente, ¿por qué quieres saberlo?

—Ah, vosotras os lo perdéis.

—¿Nos perdemos qué? —preguntó Isabel inocentemente.

Estoy con ellas ahora mismo. ¡No te preocupes! Y gracias por la información.

—Yo no me pierdo nada. Jamás tendría algo con alguien como él. ¡Por favor, es un acosador!

Los sentidos de Emily se activaron ante esa frase, y se giró rápidamente hacia la albina, que miraba su helado, un tanto furiosamente. Podía decirse que no le caía precisamente bien Iván. Tal vez pudiera serle de ayuda.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Emily.

—¿Qué quiero decir con qué?

—Con lo de que es un acosador.

¡Emily! ¿Cómo que estás con ellas? ¡Vete ahora mismo! ¡Son muy mala influencia!

—Oh, pues porque lo es. Si le gusta algo, o alguien, no se cansa hasta conseguirlo. Te lo digo, porque Marianne dice que si a la primera…

—¡Oye!

—… Pero con Isa estuvo un tiempo siguiéndola.

—A mi no me molestaba —señaló Isabel —. Era un caballero, muy amable, ya lo he dicho.

—¡Qué eres demasiado inocente! ¡Si apenas estuvisteis saliendo un mes! ¿Por qué fue, eh? ¡Por qué sólo quería acostarse contigo!

¡Emily, hablo en serio!

—Julchen, la relación simplemente… No funcionó —susurró Isabel, un tanto dolida. La albina se dio cuenta, bufó, y abrazó a su amiga.

—Lo siento, Isa.

—¡Abrazo conjunto! —Marianne se unió al abrazo de sus amigas, con la mano sospechosamente baja, mientras Emily desviaba la mirada, un poco incómoda, carraspeando.

—Ah, cierto, tú —continuó Julchen, mirando a Emily de nuevo —. Tú decías que querías conocer a Braginski. ¿Por qué?

—Si —afirmó Emily. ¡Por fin se acordaban de ella! —. No se quién es. Sólo se su nombre. Esperaba que Marianne le conociera. Y por lo que veo, he acertado.

¿No me contestas? Bien, hablaremos en casa.

—¿Y por qué quieres conocerle? —preguntó Isabel curiosa, apoyando su barbillas en sus manos, sobre la mesa.

—Es… Por un amigo… —murmuró ella, sin querer desvelar que era por Yao.

—Ya… Un amigo. —Marianne la miró, levantando una ceja y Julchen soltó una risa maliciosa, pero Isabel no parecía darse cuenta.

—¿Y qué pasa con ese amigo?

—A ver, es que es complicado, y es un secreto, y yo tampoco debería saberlo, y no quiero que nadie más se entere, porque ya está mal que yo lo sepa, y no se lo puedo decir a nadie.

—Entonces, ¿es un favor para un amigo, dices? Supongo que podríamos ayudarte.

—¿De verdad?

Marianne le guiñó un ojo a Julchen, mientras Isabel asentía, sonriendo.

—Bien. Sólo necesito que me digáis como es, y donde puedo encontrarlo. Es lo único que necesito. De verdad, muchas gracias.

Marianne, lentamente, sacó un papel y un bolígrafo de su bolso. Le apuntó su número de teléfono, y tras pensarlo un momento, también el de Isabel y Julchen. Le entregó el papel a Emily, que la miraba desconcertada y luego sonrió.

—Está bien, apúntate nuestros números, y escríbeme el tuyo. No sé exactamente donde puedes encontrarlo, pero en cuanto lo averigüe recibirás un mensaje mío.

—Eh, ¡muchas gracias!

Emily se levantó sonriente, y las abrazó a las tres, que rieron por el entusiasmo de la más joven. La estadounidense escribió su número en el otro trozo de papel y a continuación se largó corriendo a su casa. Cuando por fin llegó, Arthur estaba en el salón, leyendo un libro.

—¡Emily! —exclamó Arthur, enfadado —. ¿Qué significa eso de que estabas con Marianne, Isabel y Julchen?

—Bueno, pues, estaba con ellas… ¿Qué más te da?

—Son una mala influencia.

—Bueno, creo que ya soy mayorcita como para decidir con quién juntarme, ¿no?

—Bueno, me estás demostrando que no es así. Primero la tontería de Braginski, y ahora esto.

—¡Bueno, Arthur! No soy una niña, ¿sabes? Si quiero ir con Marianne, voy con Marianne, y si quiero conocer a Braginski, le conozco, y punto. No eres quien para mandarme nada.

—¿Pero no eras amiga de Kiku, y de Toris? ¿A qué viene todo esto?

—¡No viene a nada! ¡Eres tú, que te has montado rollos raros en la cabeza! Mira, da igual, me voy a mi habitación.

La estadounidense, cabreada, se encerró en su habitación, guardándose en el móvil los números de las tres chicas, mientras pensaba que iba a hacer cuando encontrara a Braginski. Cuando llego la hora de cenar, bajó silenciosamente, y no pudo evitar acercarse a Arthur, con cara culpable.

—Artie… Yo, lo siento.

Emily le abrazó, abrazo al cual Arthur correspondió.

—Lo siento yo también, Emily. Pero no quiero que te metas en líos.

—Te prometo que no lo haré.

—Está bien —suspiró Arthur, no muy convencido —. Ahora, a cenar. ¡Matthew! ¡Baja a cenar!

Esa misma noche, recibió el mensaje de Marianne, diciéndole en que facultad podía encontrarlo y a qué hora. Emily sonrió, aunque se sintió un poco culpable, porque había prometido a Arthur que no se metería en líos. Pero tenía que hacerlo, no podía permitir que Braginski siguiera acosando a Yao.

Al día siguiente estuvo en las nubes toda la mañana, hasta que Toris desistió de intentar llamar su atención. No prestó atención a la mayoría de las clases, aunque sí a la de estadística, para fortuna y alivio del lituano.

—Emily.

—…

—Em…

—…

—¡Emily!

—¿¡Qué!?

—No paro de llamarte. ¿Qué demonios te pasa hoy?

—¿A mí? Nada. Soy tan genial como siempre —rió Emily mientras Toris negaba con la cabeza.

—Bueno, nos vemos mañana, Em. No hagas ninguna locura.

—¿Qué dices? ¿Por qué iba a hacer yo una locura?

—Emily…

—Tranquilo, Toris. —Emily abrazó al lituano, mientras sonreía por la preocupación de su amigo —. No haré nada malo. Hasta mañana.

—Adiós.

En cuanto Toris desapareció de vista, Emily se encaminó a la facultad donde debía estar Braginski, según Marianne. En el mensaje que le había mandado, ponía que faltaba apenas media hora para que terminara su última clase, lo cual había cuadrado perfectamente sus horarios.

En el mensaje venía también una foto del personaje, que Emily había mirado bien para no confundirlo. Aunque a decir verdad, el hombre era inconfundible. Alto, grande, con el pelo rubio claro y los ojos violetas, más claros aún que los de Matthew. Tenía una nariz grande, y una sonrisa infantil en el rostro. Sólo de mirar su foto, a Emily le entraban escalofríos.

Por fin, lo vio salir por la puerta, se despidió de unos amigos, o como supuso Emily, esbirros del mal, y se alejó de allí. La estadounidense empezó a seguirle hasta alcanzarle. Le tocó el hombro con la mano, y se cruzó de brazos, mientras Braginski se giraba.

—¿Eres Iván Braginski?

Da.

Emily tragó saliva antes de continuar. Era aún más grande en persona. Aunque ella no tenía miedo. Por supuesto que no, tenía que luchar por la justicia. No es que estuviera muy amedrentada por la presencia del ruso.

—¿Y tú eres?

—Emily… ¡Pero ese no es el caso!

—¿Y cuál es el caso?

—¡El caso es que tú eres una mala persona y yo voy a terminar con eso!

—No soy una mala persona.

—Claro que lo eres, eres un acosador —replicó Emily mientras le daba golpecitos en el pecho con el dedo índice.

—Yo no acoso a nadie —respondió Iván, hablando suavemente. Emily continuó picándole el pecho, enfadada.

—¡Claro que acosas! ¡Estás acosando a Yao! No eres quien para molestarle, ¿entiendes? Si quiere que le dejes en paz, tú te limitas a dejarle en paz y punto.

Iván cogió la mano de Emily, molesto por los golpecitos en el pecho. La estadounidense intentó soltarse del agarre del ruso, pero Iván tenía mucha más fuerza que ella. Emily bufó mientras se ponía la otra mano en la cintura.

—¿Y bien? ¿No tienes nada que añadir en tu defensa?

—Yo no acoso a Yao.

—Por supuesto que lo acosas. Y él no quiere verte. Le asustas, acosador.

—Pero él jamás me lo dijo.

—Seguro que si te lo dijo. Pero estarías demasiado ocupado haciendo cosas de acosador como para darte cuenta.

Iván le lanzó una mirada peligrosa, pero Emily no pareció inmutarse.

—No soy un acosador, ¿da?

—Por supuesto que lo eres. Y yo voy a terminar con eso.

—¿Y cómo exactamente piensas hacerlo? —preguntó Iván levantando una ceja. Emily vaciló y no puedo evitar sonrojarse. Tal vez, y sólo tal vez, se había precipitado un poco en ir en la busca del ruso. Si al menos tuviera las dos manos libres.

—Suéltame la mano —exigió autoritariamente.

—No has respondido a mi pregunta.

—Tú no has soltado mi mano.

—No puedes ni soltarte la mano de mi agarre, y aún así vas por ahí creyéndote una heroína que vas a evitar no se qué acoso inventado…

Emily enrojeció de furia. ¡Aquel ruso idiota la estaba insultando! Tiró de la mano hacia atrás, dando un tirón tan fuerte, que logró soltarse. Mientras, Iván sonreía, divertido por haber conseguido exasperar a la estadounidense.

—Te vas a enterar, Braginski. Más te vale dejar en paz a Yao. Como vuelva a oír que le estás acosando…

—¿Qué harás?

—Iré en tu busca y… — Iván alzó una ceja, esperando a que Emily terminara la frase —. ¡Te daré tu merecido!

El ruso se acercó a ella, cogiendo su barbilla, obligándola a mirarle, mientras sonreía de una manera extraña. Emily tragó saliva, porque al fin y al cabo, ella era una mujer, e Iván era condenadamente guapo. Al parecer Marianne no había mentido cuando hablaba de él. Aunque ese no era el momento para pensar en esas cosas.

—Lo estaré esperando —rió Iván, dejándola ir y lanzándole una última mirada de advertencia —. La próxima vez que nos veamos, no me hago responsable de mis actos, ¿da?

Emily no pudo evitar estremecerse mientras el ruso comenzaba a alejarse. La estadounidense siguió roja como un tomate, mientras emprendía su propio camino a casa.

No sabía que había querido decir Iván con esas palabras, y la parte racional de sí misma le decía que no debía volver a verle jamás. Sin embargo, en la profundidad de su mente, una parte de ella rezaba porque se produjera otro encuentro y descubrir el significado de su advertencia.


Comentarios: Bueno, voy rápida y veloz. Por si no ha quedado claro, las frases en cursiva eran los mensajes de Emily, y las de negrita, los mensajes de Arthur. Isabel es Nyo!España, y Julchen es Nyo!Prusia. No mucho que comentar, y poco tiempo, osea que Feliz Navidad atrasada... Y Próspero Año Nuevo!


Gracias por los reviews :D

LittleMonsterStick: Ah! Me alegro! Me hace sentir feliiz! Lo se... Pobre RusAme, lo marginan (?) Lo se... Pero hay veces que en inglés da una pereza... xD Si~ Es que fue una de las carreras que pensé que le venía a Emily que ni pintada xD Bueno... Al ser una doble titulación con Criminología, tal vez sea que Estadística sea parte de Criminología... Lo miré en la página de la Universidad de mi província, así que supongo que sera eso xD Canadá es super cuqui, vale? xD Aquí tienes el capítulo, gracias por comentar!

Nitya F. Jones: Por qué tan corto? PORQUE SOY PRO! Okno, porque no daba para más xD Sii, y lo estoy escribiendo por ti, deberías sentirte orgullosa, jum (?) Bueno... Realmente NO es Rochu... Que no me pega a mi en este fic xD Es simplemente... Que Yao es asustadizo... E Iván no sabe lo que es el espacio personal xD Bueno, aquí realmente no se ha podido ver su personalidad... En el próximo espero que salga más. Y espero poder interpretarlo tal cual mi headcanon, a ver como sale! Gracias por comentar!

IreneRodriguez: Yo... Lo sientoooo *Se echa a llorar* Me perdonas? Me perdonas, por favor? Prometo ser buena, escribir mucho, y dejarte reviews! Yay, la carrera que ni pintado... Nya, que asco xD Podrías hacer Criminología por separado... Quien sabe xD Pues porque somos pro (?) Okno xD Si... El pobre Toris, siempre le toca aguantar a personajes como esos xD Pero le queremos por ello, no? Me pareció que serían buenos (y frikis) amigos xD Son USA y Japón, más friki no se puede ser e_e Es imposible no querer defender a Yao! Y si, los puso a los tres de primos xD Marianne ya ha caido en sus redes, no se podrá librar :D Gracias por comentar, y me alegro que te haya gustado!


Cualquier comentario, crítica (constructiva a ser posible XD), petición del algo, etc... Review ^.^