Disclaimer: Hetalia y sus personajes no me pertenecen. Ni Rusia ni Estados Unidos me pertenecen. Pero este fic si.
Dedicatoria: Yep, dedicado a Nitya F. Jones, porque nos indujo a IreneRodriguez y a mi en el mundo del RusxFem!Usa
Capítulo 3
Emily despertó sudando, como todos los días desde hacía una semana. El lunes siguiente tenía su examen final de Estadística, y todo lo que días antes le parecía sencillo, ahora se nublaba en su mente.
Lentamente, y aún temblando, salió de su cama, y se metió directamente en la ducha, esperando que la caída del agua sobre su cuerpo le ayudara a tener la mente más despejada.
Toris no podía darle clases porque sus turnos en uno de sus trabajos se habían ampliado, y no podía rechazar una oferta como esa. Había pedido ayuda a Kiku como última elección, pero tal y como había previsto, no se enteraba de nada de lo que le decía. Emily necesitaba a Toris para aprobar ese examen.
Un tanto deprimida, bajó a la cocina donde Arthur y Matthew ya estaban desayunando. Emily no comprendía cómo se las arreglaban para mantenerse tan frescos cuando ambos tenían también sus exámenes finales a la vuelta de la esquina. Les dedicó una mirada de odio y se echó en un cuenco leche con cereales.
Matthew dio un sonoro bostezo.
—¿Qué tal la noche, Em? ¿Sigues nerviosa por el examen de estadística?
—Por supuesto que estoy nerviosa. Odio la estadística.
Matthew y Arthur sonrieron comprensivamente. El odio hacia las matemáticas les venía de familia, pero sus dos primos habían sido más inteligentes y se habían cogido asignaturas que no tenían nada que ver con las ciencias.
Después de desayunar se puso a estudiar y estuvo a punto de tirar los apuntes por la ventana. Al final, vaciló un momento y decidió llamar a Toris.
—¿Em?
—Si, Toris, soy yo.
—¿Qué pasa? Es sábado. Deberías estar estudiando para el examen.
—Sí. Lo sé. Es lo que estaba haciendo.
—¿Entonces por qué me estás llamando?
—Toris… Necesito tu ayuda.
—Em, sabes que no puedo, tengo que trabajar.
—Perosintuayudanovoyaaprobaryentoncesuspenderéyjam ásaprobaréestadísticayno-
—¡Emily!
—…
—Emily, tranquila. Tranquilízate.
—Es que no se qué hacer, Toris —murmuró ella, con la voz temblorosa.
Hubo un momento de silencio. Toris maldijo por lo bajo en lituano mientras Emily se sentaba en un sillón intentando tranquilizarse.
—Mira… —vaciló él —. Ahora mismo estoy trabajando en una casa limpiando. Es la casa en la que me aumentaron las horas. Es enorme. Somos tres personas trabajando allí, los tres estudiando en la Universidad… Ven. Tráete los apuntes, y mientras limpio me preguntas las dudas que tengas. Estoy seguro que a los dueños no les importará. Así aprovecho y repaso yo también.
—¿De verdad? —preguntó Emily emocionada —. ¡Toris te quiero!
—Bien, apúntate la dirección.
Emily apuntó la calle y el número en una hoja de papel y se despidió de Toris. Fue a su habitación, recogió todos sus apuntes y los metió en su cartera. Se arregló un poco el pelo para salir de casa y fue a la habitación de Arthur.
—¡Artie!
—¿Em? ¿A dónde vas? Pensaba que estabas estudiando.
—Toris ha accedido a darme unas últimas clases de repaso. Necesito que me lleves porque no tengo ni idea de donde está la dirección.
—Está bien —suspiró Arthur —. ¡Matthew, vamos a salir un momento! ¡En seguida volveré!
—¡Vale!
Arthur se puso la chaqueta y cogió las llaves del coche mientras salían de la casa. Emily iba feliz, y mucho más tranquila que antes. Se subieron ambos en el coche, y Arthur introdujo la dirección en el GPS. Emily empezó a silbar una melodía.
—No puede ser…
—¿Qué pasa? —preguntó Emily curiosa.
—¿Estás segura de que la dirección está bien?
—Sí, me la repitió tres veces.
—Pues parece que hemos llegado.
Emily levantó la vista y tragó saliva ante lo que se encontró. Era como una de esas mansiones que solo se veían en las películas. Un casón enorme rodeado de un amplio jardín, y este rodeado por una verja. Emily sacó el móvil y marcó el número de Toris.
—¿Toris?
—¿Qué pasa?
—¿Estás seguro de que me has dado el número correcto?
—Sí, claro que sí. —Toris se rió —. ¿Ya has llegado?
—Si…
—Está bien, espera, voy a salir.
Emily se bajó del coche y estiró el cuello. Se abrió una puerta de la casa, y salió el lituano apresurado. Emily le hizo una señal a Arthur y esté, todavía con la boca abierta, se fue de allí, dejando a Emily sola.
Toris no tardó en llegar a la verja, que abrió con una llave.
—¿De verdad trabajas aquí? —preguntó Emily, impresionada.
—Sí. Sé que es difícil de creer, pero así es.
Mientras avanzaban, se encontraron con otro chico que estaba cuidando el jardín y que saludó amistosamente a Toris.
—¿Y sois sólo tres personas?
—Tres estudiantes. La verdad es que es difícil mantenerla limpia. Siempre estamos trabajando.
—Se aprovechan de vosotros —señaló Emily, alzando las cejas.
—No. Nosotros elegimos trabajar aquí, y nos pagan un buen sueldo.
—Si tú lo dices. —Emily se encogió de hombros, y entraron en la casa, que por dentro era tan espectacular como parecía por fuera —. Son unos peces gordos, ¿eh?
Toris no pudo evitar reírse mientras Emily observaba todo con atención. Avanzaron hasta una enorme sala que contaba con una enorme y elegante mesa que en ese momento solo estaba rodeada por cinco sillas, entre otras cosas. Tenía también varias estanterías, un piano de cola que Emily admiró detenidamente y muchísimos cuadros colgados por las paredes.
—Ahora mismo iba a comenzar a limpiar esta habitación —le informó Toris —. Puedes sentarte en la mesa, y me vas preguntando las dudas.
Emily asintió distraídamente mientras se sentaba, un poco intimidada por la habitación.
—¿Estás seguro que yo puedo estar aquí?
—Bueno… —Toris vaciló un momento —. Supongo que no les importará.
—No me gustaría que te metieras en líos por mi culpa.
—Y a mí no me gustaría que suspendieras, o sea que ponte a trabajar.
—¡Si, señor!
Emily sacó su material y pronto comenzó a pasar el tiempo. A la que se dio cuenta, eran las dos del mediodía y su tripa empezaba a rugir.
—Debería llamar a Arthur para que viniera a recogerme —comentó.
—Puedes quedarte y comer con nosotros. Comemos en la cocina, o sea que no molestaremos a nadie. Aunque ni siquiera han llegado a casa aún, así que literalmente no estarás molestando a nadie.
—Está bien —suspiró Emily —. Pero más te vale que la comida esté buena.
La estadounidense sacó el móvil y envió un mensaje a Arthur avisándole que no iría a comer.
Media hora después, entraron en la cocina, donde estaban los dos chicos que trabajaban allí junto a Toris.
—Chicos, esta es Emily. Emily, estos son Raivis y Eduard.
—¡Encantada! —exclamó Emily, sonriéndoles.
—Está aquí porque la estoy ayudando con un examen —explicó Toris ante las miradas que le dirigieron sus compañeros —. Es compañera de carrera.
—¡Ah! Encantado —contestó Eduard.
—Lo mismo digo —respondió Raivis, y ambos sonrieron a Emily, que les devolvió una sonrisa brillante.
Empezaron a comer los cuatro, al principio en silencio, aunque poco a poco, fueron sacando conversación, para alivio de Toris.
—Entonces, ¿qué estáis estudiando?
—Yo estoy haciendo informática —contestó Eduard, sonriendo. Emily alzó las cejas, pensando en que pasaría si ella quisiera ser informática y no pude evitar sonreir.
—Yo estoy en una escuela superior de canto —le informó Raivis.
—Así que un futuro abogado, un fututo informático y un futuro cantante… ¡Cuánta diversidad!
Los cuatro rieron levemente y de repente, se oyó el sonido del timbre. Toris se levantó rápidamente mientras Raivis comenzaba a recoger los platos.
Emily miró a Eduard, encogiéndose de hombros, y volvió al salón donde tenía todo el material de Estadística que estaba repasando con Toris.
Cinco minutos después, la puerta de la casa se abrió, y pudo escuchar a Toris hablar con, la que supuso, era una de las habitantes de la casa.
—¡Señorita! ¿Ya han llegado todos?
—No. De momento somos solo nosotras dos. No te acerques tanto, respeta mi espacio personal. Espero que no estuvierais haciendo el vago. —Emily puso una mueca de desagrado al oír a la joven hablar. Se dirigía a Toris con desprecio y fríamente, y eso no le gustaba nada.
—¡Por supuesto que no!
—Espero entonces, que mi habitación esté en perfectas condiciones. Como encuentra una sola mota de polvo…
—Hermana, no seas tan dura con él. Ya sabes que no va en serio, Toris —contradijo la otra chica, que tenía una voz suave y temblorosa.
Emily intentó concentrarse mientras oía que sea acercaban al salón donde estaba ella. La puerta se abrió de golpe, y entró Toris acompañado de las dos jóvenes.
Una de ellas, que tenía una expresión calculadora, llevaba el pelo largo y de un rubio prácticamente blanco, enmarcando unos fríos ojos azules. Debía tener la misma edad que Toris y ella misma, pero su expresión en la cara la hacía parecer mayor.
La otra, era un poco más baja que la primera, y parecía que rondara los veinticinco años. Tenía el pelo corto y rubio claro, aunque no tanto como su hermana, y sus ojos brillaban con los reflejos de la luz. Contaba con un buen busto y una expresión bonachona en la cara.
—¿Has traído a una chica a nuestra casa? —preguntó la primera, en un tono de voz que la hacía parecer ofendida y enfadada.
—No, Nath, ella solo-
—No me llames así. Bien, explícate.
—Es una compañera de clase. Tenemos examen el lunes y la estoy ayudando con una asignatura.
—No quiero verla. —Se giró hacia Emily, que lo miraba todo sin saber cómo reaccionar —. Más te vale no entrar en mi campo de visión a partir de ahora.
Después de eso, se giró teatralmente y salió por la puerta. Los otros tres se quedaron en silencio hasta que sus pisadas dejaron de oírse. Entonces Toris suspiró y se sentó en una silla junto a Emily.
—Perdona a Natalia —le pidió la otra chica —. Es muy tempestuosa y tiene muy mal genio. Mi nombre es Yekaterina.
—Yo soy Emily.
—Espero que te salga muy bien el examen. —Tras decir esto, Yekaterina también salió del salón, haciendo que Toris diera otro suspiro.
—Bueno, ya las conoces. Yekaterina y Natalia.
—¿Trabajas para gente así de extraña? Tienen un acento extraño…
—Bueno, si, trabajo para sus padres…
Encogiéndose de hombros, Emily siguió a la faena, concentrándose en los problemas que se le ponían delante, mientras Toris continuaba ayudándola en todo lo que podía. Al final del día, Emily estaba satisfecha consigo misma.
—Voy a aprobar este examen.
—Estoy seguro de ello. Te lo sabes perfectamente. Simplemente, no te pongas nerviosa.
—Claro. Ya he llamado a Arthur para que venga a recogerme, no debería tardar mucho.
—Bueno, ya sabes que si necesitas mi ayuda… Házmelo saber.
—¡Sí! Aunque no se si quiero volver a pisar esta casa.
—¿Por qué no? Es grande y… grande.
—Eso desde luego. ¿Te imaginas celebrar una fiesta aquí? ¡Ah, sería una maravilla!
En ese momento, sonó el móvil de Emily, quien lo cogió apresuradamente.
—¿Emily? Estoy en la puerta, sal ya.
—Sip, ya voy. —Emily colgó el teléfono y se giró hacia Toris —. ¿Me acompañas a la puerta?
—Claro —se rió el lituano.
Ambos salieron de la casa y Toris se despidió de ella con la mano mientras veía el coche alejarse. Tras esto, entró de nuevo en la casa donde fueron a recibirle Raivis y Eduard, mirándole con los brazos cruzados.
—¿Toris? —preguntó Eduard, alzando una ceja.
—N-no sabíamos que conocías chicas tan guapas como ella —susurró Raivis, como si temiera que la propia Emily le oyera.
—¿Emily? —preguntó Toris, sorprendido —. Bueno, somos amigos desde niños…
—¿Sólo amigos? —Eduard alzó la ceja más aún.
—Por supuesto que sí —protestó el lituano —. Nos conocemos desde hace mucho tiempo. No podría pensar en ella de esa manera.
—Lástima —murmuró Raivis encogiéndose de hombros —. Un momento, ¿tiene novio?
—No…
—¿Quién no tiene novio? —preguntó de repente una voz diferente a los otros tres.
Toris, Raivis y Eduard se tensaron de repente, tragando saliva. Se giraron lentamente para ver detrás de ellos al tercero de los hermanos, quien había entrado silenciosamente por la puerta, y les miraba con curiosidad.
—Señor I-iván —tartamudeó Raivis, temiendo que le regañaran por algo —. No le hemos oído llegar.
—¿De quién hablabais?
—Una amiga mía —respondió Toris —. No era nada importante, ya volvíamos al trabajo.
Iván se encogió de hombros y parecía que iba a irse, cuando Natalia bajó corriendo por las escaleras.
—¡Hermano! —Se abrazó a él, que sonrió un tanto incómodo mientras le devolvía el abrazo.
—Hola Natalia, siento haber tardado tanto.
—No pasa nada… —De repente, se giró hacia los tres bálticos, que aún no se habían dispersado —. ¿Ya se ha ido esa chica?
Iván se giró también hacia ellos, interesado.
—¿Habéis traído una chica?
—Ha sido él —apuntó Natalia señalando a Toris, que tragó saliva.
—Era una amiga… El lunes tenemos un examen importante y me pidió que le ayudara con una asignatura que no se le da muy bien —explicó ante la atenta mirada de Iván.
—¿Es la misma chica de la que hablabais antes?
—Si —respondió el lituano unos segundos después.
—¿Le quieres pedir salir? —preguntó Iván, curioso.
—¡N-no! Somos amigos, nada más —respondió Toris, poniéndose rojo mientras Natalia rodaba los ojos y Raivis y Eduard se reían por lo bajo.
—Bueno, voy arriba —anunció Iván.
—¡Te acompaño! —exclamó inmediatamente Natalia, dedicándoles una última mirada asesina a los tres bálticos antes de seguir a su hermano por las escaleras.
Los tres trabajadores suspiraron y volvieron a sus faenas.
Llegó el lunes y Emily y Toris acudieron al examen preparados. Emily respiró hondo y entró a la clase, preparada para dar lo mejor de sí.
El día en que les dieron las notas, Toris había sacado un nueve, mientras que Emily había llegado al siete. La estadounidense no podía creérselo. Una vez en su casa, se dedicó a saltar de la felicidad mientras Arthur y Matthew negaban con la cabeza.
Dos días después, Marianne llegó a la casa con su sonrisa radiante dibujada en su rostro, cogida del brazo de Matthew. Arthur y Emily estaban sentados en el sofá y ambos levantaron la vista al ver entrar a la pareja.
—Arthur, Emily, ¿qué tal han ido los exámenes?
—Como si no lo supieras —replicó Arthur con desdén, volviendo su vista a la televisión.
—Bastante bien —contestó Emily sonriendo.
—Matthew me dijo que tenías problemas con una asignatura… ¿La has conseguido aprobar?
—¡Así es! Saqué un notable bajo.
—No sabes cómo me alegro, querida.
—Entonces, aparte de para corromper a mi primo, ¿hay alguna razón por la que estés aquí? —preguntó Arthur, girándose hacia la francesa, que le respondió con una sonrisa.
—Voy a celebrar la fiesta de fin de curso… Y estáis los tres invitados. Y Arthur… Espero que este año aceptes la invitación.
—No vam- —comenzó a decir Arthur.
—¡Por supuesto que sí!
—Oh, me alegra que tu prima tenga mejor criterio que tú, querido.
—Emily… No vamos a-
—Sí que vamos a ir. Por supuesto. ¡Es una fiesta!
—Arthur, vamos —intervino Matthew —. Nos lo pasaremos bien.
—… Está bien, supongo. Iremos.
—¡Sí!
—Oh, Emily y Matthew, estoy invitando a mucha gente, pero si conocéis a alguien y lo queréis invitar, podéis. Contra más, mejor.
Tras decir esto, se acercó a Matthew, y sonriéndole, empezó a besarle suavemente, hasta que Arthur los interrumpió carraspeando. Marianne suspiró soñadoramente, mirando a Matthew.
—Mattie, cariño, me encanta que seas tan grande.
Matthew se puso rojo mientras Marianne le daba un último beso y se despedía de los tres, saliendo por la puerta con paso elegante.
Emily no tardó en ir y lanzarse a por su teléfono móvil. El primer móvil que la apareció en favoritos fue Kiku, así que lo marcó y esperó a que el japonés contestara.
—¿Emily?
—¡Kiku! ¿Sabes sobre la fiesta de Marianne?
—Si, por supuesto. Marianne vino a invitarnos porque conoce a Yao. Aunque él no quiere ir porque… No quiere encontrarse con una persona.
—Bueno… —comenzó Emily, sabiendo a quien se refería Kiku —. Pero tú tienes que venir. Por favor, Kiku. ¡Nos lo pasaremos bien!
—Tranquila, Mei si que quería ir, así que iremos. Nos veremos allí.
—¡Hasta entonces!
Emily llamó inmediatamente a Toris.
—¡Toris!
—¿Emily?
—Marianne va a celebrar una fiesta. Y tienes que venir. Si o si.
—Oh… La fiesta…
—¿Sabes sobre ella?
—Bueno, la señorita Natalia dijo que iría.
—¿Y tú vas a venir?
—Bueno, no me han invitado.
—Marianne dijo que podía invitar a quien quisiera. ¡Vente!
—Bueno… Natalia va a ir.
—No te preocupes por ella, yo me encargaré que no te moleste.
—No, Emily, no es eso… Bueno, da igual. No se si me apetece mucho.
—¡TORIS!
—Está bien. Supongo que no tengo opción, ¿cierto?
—No.
—Vale, vale… Iré. No sé donde es, ¿pasarás a recogerme?
—Bien, a nosotros nos guiará Matthew. ¡Nos vemos!
—Adiós, Em.
Emily colgó el teléfono, contenta y volvió al sofá junto con Arthur a ver la televisión, emocionada por la fiesta, y feliz en general por haber superado el duro reto que había sido Estadística.
La noche de la fiesta, Arthur conducía, con Matthew sentado en el asiento del copiloto, y con Emily y Toris atrás, charlando tranquilamente. Llegaron a casa de Marianne, que resultó ser una gran sorpresa para Emily. Era tan enorme como había sido la casa en la que trabajaba Toris, y no pudo evitar maldecir a los ricos que asistían a su Universidad mientras se adentraban en el jardín.
Una vez llegaron a la puerta, Matthew tocó al timbre, y salió a recibirles una sonriente Isabel que les dio la bienvenida. Ya había bastante gente en la sala, y Matthew no tardó en ser reclamado por Marianne. A la que Emily quiso darse cuenta, Arthur había desaparecido.
La estadounidense suspiró y de repente, notó como Toris se tensaba a su lado.
—¿Qué pasa, Toris?
—Ahí, la señorita Natalia.
Emily siguió la dirección de su mirada y empalideció de repente. Porque justo al lado de Natalia, se encontraba Iván.
Comentarios: Después de mil años, aparezco por aquí. ¿Me perdonais? Voy un poco estresada con los estudios y el conservatorio. No le aconsejo a nadie (y menos si es otaku, fujoshi, fangirl etc) que intente compaginar esas dos cosas. El año que viene me tocará estudios, conservatorio, escuela oficial de idiomas, y me moriré, pero no me importa. Tengo poco tiempo, pero yo lo intento. Espero que haya gustado el capítulo y siento explayarme poco...
Aviso: No voy a contestar los últimos reviews, lo siento a todos, pero ya voy suficientemente con prisas y hace tanto tiempo que he perdido el hilo. Para el próximo capítulo prometo contestar todos los reviews que me mandéis, que los amo con todo mi corazón, y que me suben la moral muchísimo.
Cualquier comentario, crítica (constructiva a ser posible XD), petición del algo, etc... Review ^.^
