Disclaimer: Hetalia y sus personajes no me pertenecen. Ni Rusia ni Estados Unidos me pertenecen. Pero este fic si.

Dedicatoria: Yep, dedicado a Nitya F. Jones, porque nos indujo a Rainie de Forest y a mi en el mundo del RusxFem!Usa


Capítulo 4

Emily se medio escondió detrás de Toris. Éste la miró, alzando las cejas, y siguió la dirección de su mirada.

—Toris… ¿Por qué está Braginski con la chica esa?

—¿Iván?

—Ahá.

—Bueno, son hermanos. Tal vez eso tenga algo que ver —bromeó el lituano.

—Ya sabía yo que había algo mal con esa chica —murmuró Emily para sí —. Siendo hermana de ese acosador…

—¿Estás llamando a Iván acosador, Emily? —preguntó Toris alzando una ceja.

—¡Lo es! Acosa a Yao.

Toris suspiró, sin saber a qué se refería Emily, y prefiriendo no saberlo. En ese momento, Kiku llegó a su lado, saludándoles.

—¡Kiku! ¿Al final Yao ha decidido no venir?

—Ha estado a punto de venir… Pero entonces recibió una nota, y decidió que no vendría.

—¿Una nota? ¿De una chica? ¿Va a quedar con ella? —A Emily se le iluminaron los ojos ante la posibilidad de cotilleo.

—En realidad, era una nota bastante oscura. Creo que le amenazaban por algo, pero no pude saber por qué. Se encerró en la habitación y no nos dijo nada; además, tampoco queríamos llegar muy tarde.

—Habrá que averiguarlo, Kiku, ¡las cosas no pueden quedar así! Ya sabes, siempre estoy aquí para ayudaros.

Kiku rió levemente mientras Toris ponía los ojos en blanco ante el instinto heroico de Emily.

—No os riais —protestó esta —. Voy muy en serio.

—Tienes razón, Emily —se disculpó Toris. A continuación, desvió la mirada hacia Natalia, y tragó saliva.

—¿Tú también necesitas que te salve de esa loca? —se ofreció Emily, al seguir la dirección de su mirada.

—¡N-no! Claro que no, Emily. Ella no está loca. De hecho… Creo que voy a ir a saludarla.

—… ¿Eh?

Emily pestañeó, sorprendida, y Kiku soltó una pequeña risa. Parecía que la estadounidense había malinterpretado totalmente la situación. Emily estaba con la boca abierta, mirando como un nervioso Toris se apartaba el pelo de la cara y saludaba a Natalia.

Y algo hizo que Emily reaccionara. Iván había apoyado la mano en el hombro de Toris, y en ese momento empezó a apretar demasiado fuerte, haciendo que las rodillas del lituano se doblaran levemente. Emily bufó, indignada, y echó a andar hacia ellos. Kiku intentó detenerla, pero fue inútil.

—¡Braginski!

Iván se giró hacia Emily, sorprendido, cuando ésta gritó su nombre. Eso hizo que soltara el agarre sobre el hombre de Toris, el cual suspiró visiblemente agradecido.

—¡Toris! ¿Estás bien? —le preguntó Emily, acudiendo a su lado, poniéndole una mano en su hombro.

—Sí, sí, claro —la tranquilizó Toris, sin saber que hacer a continuación.

—¿Se puede saber que hacías, Braginski? —le espetó Emily, fulminándole con la mirada.

—No estaba haciendo nada —se quejó Iván.

—Tú otra vez —gruñó Natalia —. Y hablándole así a mi hermano. ¿Quién te crees que eres?

—No, ¿quién te crees que eres tú? Con tus aires de superioridad, como si fueras mejor que el resto.

—Hermana, ¿de qué conoces a Jones?

Toris decidió intervenir, intentando suavizar las cosas.

—E-es la chica que dijo Natalia.

—¿La que vino a nuestra casa?

—S-si. La estaba a-ayudando con el examen.

Emily y Natalia continuaron fulminándose con la mirada, mientras Toris suspiraba, e Iván sopesaba la situación.

—Encima de que te atreviste a pisar nuestra casa, sin permiso, te atreves a ir a hablándonos así —continuó Natalia, con los ojos llameantes, y cogida al brazo de Iván.

—Me estás cansando un poquito. ¿Te han dicho alguna vez que estás loca?

—¡Emily por favor! ¡Para ya! —Los tres (Iván, Natalia y Emily) se quedaron quietos y sorprendidos de oir a Toris gritar. Este se arrepintió inmediatamente, y bajó la cabeza, mordiéndose el labio —. Señorita Natalia, yo… Siento haberla molestado.

Acto seguido se marcha, aún con la cabeza baja, y sin saber porque, Emily se sintió un poco culpable por aquello. Fulminó a los dos hermanos con la mirada y se fue detrás de Toris, medio corriendo.

—¡Toris, espera!

—Emily —murmuró el lituano.

—¿Qué ha pasado ahí?

—Emily —repitió Toris, pasándose una mano por el pelo —. Yo… Sólo quería saludarla y charlar con ella y…

—La he cagado —comprendió Emily.

—No es eso, tú… La has fastidiado un poquito.

—Vamos, que la he cagado. —Emily se tapó la cara con las manos —. Lo siento mucho, Toris.

—No pasa nada, Emily, de verdad. La veo casi todos los días, esto no va a hacer ninguna diferencia.

Emily suspiró y le dio un abrazo a Toris, que le pillo totalmente desprevenido e hizo que abriera la boca como muestra de sorpresa.

—¿Em?

—Lo siento, de verdad. La próxima vez no discutiré con ellos contigo delante. No quiero que te metas en líos por mí.

—¿Cómo que conmigo delante?

—¡Toris! ¡Por favor! ¡Tengo que salvar al mundo de ese tipo de locura!

—Em, no grites.

—¡Y Braginski sigue siendo un acosador!

—Creo que deberías explicarme que significa todo eso de que Iván es un acosador.

—¡Qué lo es!

Toris miró a Emily, interrogante, mientras esta estaba demasiado ocupada frunciendo el ceño y cruzándose de brazos.

—Acosa a Yao.

—¿Yao?

—El hermano de Kiku.

—Uhmmm… ¿Y qué te hace pensar que le acosa?

—Lo dijeron ellos. Lo oí.

—Tal vez lo estés malinterpretando.

—No lo estoy malinterpretando, Toris, no soy tonta —replicó Emily dirigiéndole una mirada feroz.

—A lo mejor simplemente es un poco… No sé, pesado. Puede serlo a veces. No entiende mucho el concepto del espacio personal. Ni pilla las indirectas.

—Pero Yao está atemorizado.

Toris frunció el ceño. Sabía que Iván podía ser… Especial. ¿Pero de ahí a que alguien lo estuviera pasando tan mal por ello? Era muy extraño.

—¿Y se puede saber que pintas tú en esto, de todos modos?

—Yo, tengo que defender a Yao de la injusticia, y darle la libertad que se merece.

—Creo que estás siendo un poco drástica, Emily.

—No estoy siendo drástica —volvió a negar la estadounidense —. No puedes negar los hechos. Tenía tanto miedo que no quería ni venir aquí.

—¿No vino a la fiesta por Iván? —Toris estaba un poco escéptico con todo el tema.

—Bueno… Kiku dijo antes que había recibido una nota que le había asustado… ¡A lo mejor se la ha mandado Braginski!

—Emily, te estás saliendo demasiado del tema.

—No es cierto —se enfurruñó Emily.

Ambos dejaron de hablar de aquello, sabiendo que no iban a llegar a ninguna parte, y Emily mira alrededor, buscando a ver si veía a alguien conocido. No tardó en divisar a Arthur, que estaba con cara de malhumor, al lado de Matthew y Marianne.

—Voy a ver si Arhur necesita algo —le dijo a Toris y fue rápidamente a donde se encontraba el inglés, sorteando a varias personas en su camino.

—Emily —la saludó Matthew, sonriéndole. Marianne tenía un brazo por su cintura y le decía algo a Arthur, que lucía claramente molesto.

—Hola Mattie.

—¡Oh! Emily, ¿qué tal lo estás pasando? —le preguntó Marianne, desviando la mirada de Arthur, y esbozando una sonrisa.

—Mmmm… Bien —mintió Emily, porque realmente no era la fiesta lo que la desagradaba, sino la presencia de Braginski.

—Me alegro —contestó sinceramente —. Al menos alguien está disfrutando, no como otro gruñón que yo me se.

—Tsk. —Arthur resopló, dándose correctamente por aludido.

De repente, se les acercó Julchen, que venía corriendo desde la otra punta de la habitación. Marianne se separó ligeramente de Matthew al notar que algo iba mal.

—¿Qué pasa?

—Nada grave —la tranquilizó Julchen —. Es Isabel. Ya sabes que es muy torpe, y se le ha caído un vaso, y se ha hecho añicos, y los cristales se le han clavado en el pie.

—Esta chica —murmuró Marianne, mientras se giraba hacia Matthew —. Espérame aquí, cariño.

—No, voy contigo y ayudo.

—¡Yo también voy! —se unió Emily, inmediatamente —. ¡Y Artie!

—¿Eh? ¿Yo? ¿Por qué?

—No seas insensible, vamos —le instó Emily, y siguieron a Julchen dentro de la cocina.

Cuando llegaron, Isabel estaba recogiendo los cristales con una escoba. Iba descalza y uno de los pies le sangraba y hacía una pequeña mueca de dolor cada vez que lo apoyaba.

—¡Isabel! —exclamó Marianne, frunciendo el ceño —. ¡Deja eso!

—¿Eh? —Isabel levantó la vista, con cara culpable —. ¡Marianne! ¡Lo siento mucho!

Isabel lloriqueó un poco y se acercó a Marianne, cojeando.

—¡Rompí tu vaso!

—¡Mon dieu! ¡Isabel!

—¡L-lo siento, de verdad!

—¿Pero qué estás diciendo?

Marianne se acercó rápidamente a Isabel y le quitó la escoba y el recogedor, entregándoselos a Arthur, que los cogió alzando las cejas.

Ma cherie, deja de disculparte, por favor.

—¿Eh? —dijo de nuevo —. Pero rompí tu vaso.

—¡No te preocupes por eso ahora! —le gritó la francesa, haciendo que Emily y Julchen soltaran una risa por lo bajo mientras Matthew negaba con la cabeza —. Ese pie tiene muy mala pinta…

—¿De verdad? —Isabel bajó la vista hacia su pie, que incluso tenía algún cristal clavado —. Oh…

Marianne lanzó un grito de frustración y cogió la cabeza de Isabel, zarandeándola.

—Tenemos que llevarte a emergencias.

—Oh, no hace falta, de verdad —dijo Isabel.

—¿Eres tonta? —le dijo Julchen, con incredulidad —. ¡Tienes hasta los cristales clavados! ¿¡Por qué ibas descalza en primer lugar!?

—Uhmm, me dolían los pies de los tacones, así que los dejé en la habitación de Marianne, y bajé aquí.

—No puedo permitir que andes con el pie así, y aquí no podemos tratarlo bien, no quiero que se te infecte —musitó Marianne, para a continuación girarse hacia Matthew —. ¿Crees que puedes cargarla?

—¿Yo? Bueno, puedo intentarlo. —Matthew tragó saliva, porque a pesar de que él era fuerte, tenía miedo de que Isabel pudiera caérsele.

—¡Marianne! ¡No es necesario! —se quejó la española.

—Sí que lo es. A la próxima ten más cuidado, ¿vale?

Matthew, que solo de pensar que tenía que llevar a Isabel ya estaba sudando la gota gorda, soltó una risa nerviosa.

—Querido, voy a buscar a alguien que la lleve —le dijo Marianne, viendo lo que estaba sufriendo. Matthew le sonrió con agradecimiento —. Está bien, yo no puedo ir con ella, porque es mi casa. Matthew, te quedarás conmigo para hacerme compañía. Arthur se quedará para ayudarme a limpiar —Arthur se quejó pero nadie le hizo caso— y Julchen acompañará a Isabel, ¿bien?

—¿Y yo? —preguntó Emily, enfadada por haber sido dejada fuera del plan —. Yo puedo acompañar a Isabel y a Julchen también.

—Está bien —dijo Julchen, sacando unas llaves de su bolso —. Mi coche es el azul, está en el garaje de Marianne. Ves yendo y espéranos allí.

—¡Está bien! —Emily cogió las llaves con hiperactividad y salió un momento al salón. Avisó a Toris y a Kiku rápidamente, los cuales no se enteraron de mucho de lo que decía, y fue pitando hacia el coche de Julchen.

Emily entró en el coche, en el asiento delantero, puso la llave en el contacto, abrió las ventanillas y encendió la música. Apoyó el brazo en el hueco de la ventanilla y tarareó la canción que estaba sonando, mientras esperaba pacientemente.

Mientras tanto, Julchen se quedó en la cocina con Isabel, mientras Arthur empezaba a recoger los cristales rotos y Marianne, acompañada por Matthew, salían a buscar a alguien que les ayudara.

Arthur ya estaba dando una tercera barrida para asegurarse de que no quedaban cristalitos, cuando Marianne volvió. Julchen alzó la vista y le dirigió una mirada asesina a Marianne al ver a quien había traído.

—¿Qué haces aquí, Braginski?

—Marianne dijo que necesitaba ayuda de alguien grande, así que viene.

Julchen resopló y se acercó a Marianne.

—¿Por qué él?

—Es el más grande, no tendrá problemas en cargar a Isabel.

—De entre todos… —Julchen suspiró y se giró hacia Iván —. Bien, pero vamos a ir en mi coche, así que no quiero cosas raras.

Iván asintió y vio a Isabel, que estaba sentada en el suelo, con el pie ensangrentado, y sus ojos se abrieron en sorpresa. Isabel le saludó sonriendo.

—¿Qué ha pasado? —preguntó, agachándose a su altura.

—Se me cayó un vaso —confesó Isabel.

—Tenemos que llevarla a urgencias —le explicó Marianne —. Y como así no puede andar, y la pobre es una torpe y no se le puede pedir que vaya a la pata coja, así que necesitamos a alguien que la lleve al coche, y luego a urgencias.

—Oh —dijo simplemente Iván, comprendiendo y asintiendo —. Bien, yo me encargo.

—Gracias —le contestó sinceramente Marianne —. Eres un amor. Bueno, ya me decís luego como ha ido.

Julchen asintió e Iván cogió a Isabel con cuidado en brazos, la cual se rió cuando la alzó, al sentirse tan lejos del suelo, y se cogió a su cuello para no caerse. Julchen rechinó los dientes mientras iban al coche.

Emily estaba tranquilamente tarareando y dando golpecitos contra la puerta cuando Julchen abrió la suya bruscamente y se sentó en el asiento del conductor. Emily la miró con las cejas levantadas y se giró solo para ver a Iván dejando a Isabel en el asiento y sentándose el mismo a su lado.

—Braginski —murmuró entre dientes.

Iván levantó la vista y frunció el ceño.

—¿Jones?

—¿Al final os conocisteis? —preguntó Isabel, sin notar la tensión entre ellos dos.

—Algo parecido —dijo Emily a regañadientes.

—¿Al final? —preguntó Iván, confundido, sin saber de que hablaban.

—Oh, vino a preguntarnos si sabíamos quien eras —le explicó Isabel, haciendo que Emily saltara sobre su asiento.

—¡Eh!

—¿Qué? Es verdad…

—¡Pero él no necesitaba saberlo!

—¿Querías conocerme? —preguntó Iván con curiosidad, alzando una ceja.

—¡No! Digo, si. ¡Pero porque eres un acosador y necesitaba pararte los pies!

Julchen soltó una risa cuando Emily acabó de hablar, mientras la estadounidense se quedaba con una expresión de indignación en la cara.

Iván frunció el ceño, algo cansado de ese tema.

—No soy un acosador.

—Si lo eres. No paras de insistir en que no lo eres, pero si lo eres.

—Yo te apoyo, yo te apoyo —murmuró Julchen entre dientes mientras conducía.

—No es verdad.

—Sí lo es. —Emily se cruzó de brazos, no admitiendo ninguna réplica.

Iván decidió no seguir con la conversación, girándose hacia Isabel, e ignorando a Emily. Julchen le dio un golpecito en la pierna a la estadounidense, riendo un poco.

Emily cada vez fruncía más el ceño. Le daba mucha rabia que el ruso negara lo que era evidente. Yao había estado sufriendo por su culpa, y él hacía como si no hubiera pasado nada. Pretendía salirse con la suya, pero Emily no se lo iba a permitir. Pero en ese momento, le interesaba saber de quién era la nota que había recibido Yao.

Julchen parecía un poco más animada que cuando habían subido al coche. Emily la miró, con curiosidad: Julchen era una chica extraña. Le llamaban muchísimo la atención sus ojos rojos, que contrastaban con el pelo blanco y la piel pálida. Julchen la pilló mirándola y le sonrió.

—No deberías haber ido descalza. —Mientras tanto, Iván e Isabel mantenían su propia conversación.

—Pero me dolían los pies —se quejó Isabel, haciendo un mohín.

—No te pongas tacones —replicó Iván, sencillamente.

—¿Qué no me ponga tacones? ¿Y qué esperabas que llevara con este vestido?

—Eh… ¿unas sandalias?

Isabel le miró, horrorizada, haciendo que Iván pusiera cara de confusión y culpabilidad a la vez.

—¿Unas sandalias?

—Pues… Un zapato plano.

Isabel negó con la cabeza, mientras Julchen ponía los ojos en blancos y Emily no podía evitar reírse por lo bajo.

—Hemos llegado.

Emily y Julchen bajaron inmediatamente e Iván cogió a Isabel con cuidado de no rozar el pie en ningún sitio.

Los cuatro entraron a urgencias, donde les atendieron inmediatamente.

—¿Alguien va a entrar con ella?

—¡Yo! —se ofreció Julchen inmediatamente —. Esperadme aquí, ¿vale? No creo que tardemos mucho.

Emily asintió y se sentó en una silla en la sala de espera. Se cruzó de piernas, y notó como Iván se sentaba a su lado.

La estadounidense maldijo mentalmente; no había caído en la cuenta que se iba a quedar sola con Braginski.


Por fin, después de tantos años (?) actualicé~ Me siento orgullosa de mi misma Ò_Ó Estoy actualizando cosas, y escribiendo, y me siento bien de vuelta en el fandom~

Espero que os guste el capítulo (aunque quería hacerlo algo más largo, pensé dejarlo ahí, meh)

Ya sabeis, que cualquier cosa, PM o review

Muchas gracias :3

PD: Se nota que estoy mala? No estoy muy habladora xD