¡Hola! Aquí os queda el segundo capítulo del Fic. Es uno de mis favoritos, la verdad, porque me lo pasé muy bien escribiendo la primera escena de los personajes. ¡Me encanta jugar con ellos xD! A lo largo del Fic estoy segura de que os daréis cuenta... no me voy a centrar sólo en Zoro y Luffy, todos los personajes tendrán su importancia y su participación.

Espero que os guste ^.^


Apenas pasaba del mediodía cuando algunas personas comenzaban a aparecer en la playa. El primero en levantarse fue el cocinero, pues ya estaba en su naturaleza madrugar antes que todos para preparar el desayuno. Sin embargo, en vez de empezar a limpiar el desastre de la noche anterior, Sanji se preparó una infusión con algunas hierbas que Chopper, muy consciente de lo que iba a suceder, había recogido para todos, previendo esa situación. Poco a poco otros cuerpos comenzaron a deslizarse por la arena desde sus cabañas y se fueron reuniendo alrededor de lo que horas antes había sido una gran hoguera, ahora convertida en un montón de cenizas. Y sí, se deslizaban por la arena porque el simple ruido de sus pasos se transformaba en pequeños martillos que golpeaban con dureza su cabeza. A medida que se iban acercando, Sanji les iba ofreciendo una de las milagrosas infusiones hechas con las hierbas que Chopper les había conseguido. Tal era así que el cocinero, que la había tomado minutos antes, ya sentía cómo su cabeza se iba despejando.

La primera en beber la infusión fue Robin, quien ante los ruidosos halagos de un casi recuperado cocinero mantuvo una estoica expresión neutra en su cara, la más amable de todo el grupo que se había reunido.

- ¡Oe, cállate de una maldita vez cocinero! – gritó Franky llevándose las manos a la cabeza para mitigar el dolor que su propio grito le había causado.

Por su lado, Sanji sólo contrajo levemente su rostro; la infusión ya prácticamente había acabado con los efectos de la resaca. Sin embargo, la reacción de Robin fue cerrar los ojos con fuerza y fruncir sus labios. Brook, que también estaba ahí reunido, hizo algo parecido, pero nadie podía asegurarlo ya que, como era un esqueleto, no tenía ojos ni labios.

- ¡Cállate maldito robot pervertido! ¡Molestas a mi Robin-chan! – gritó el rubio lanzándole un vaso de infusión y sin fijarse en que Robin reaccionaba del mismo modo a su grito.

- ¡Yohohoho~! ¡Qué animados estáis por la mañana! – canturreó suavemente Brook mientras se inclinaba levemente en agradecimiento al vaso que le tendía el cocinero.

Mientras tanto, Franky había comenzado a beber sintiéndose halagado, enfadado y con la cabeza a punto de estallar por el grito "¿Pervertido? ¿Me lo dijo a mí? ¿Soy un pervertido?". Tal era su conflicto emocional que se limitó a beber sin contestar al cocinero.

El grupo estuvo durante unos minutos en silencio. Sólo se escuchaba el tintinear de los platos que Sanji había comenzado a lavar. Cuando acabó con los platos, el cocinero preparó unos rápidos aperitivos con algo de fruta que había sobrado del banquete de anoche y se acercó a servirlos antes de continuar con su tarea.

- ¿Ya te sientes mejor, Robin-chan? – le preguntó con un tono de voz bajo y corazoncitos en sus ojos, dando vueltas sin parar delante de ella.

- Sí, muchas gracias Cook-san – sonrió y cogió un platillo de la bandeja.

- ¿Y vosotros dos, idiotas? – Sanji se volvió hacia Franky y Brook escupiendo sus palabras y poniendo la mirada de desinterés que siempre dirigía a los que tenían "menos curvas".

- ¡Esa infusión que preparaste es asombrosa Sanji-san! ¡Siento como si volviera a la vida, yohohohoho~!

Relajando su expresión, Sanji respondió: - Eso agradéceselo a Chopper, él me dio estas hierbas antes de que acabara de hacer la cena.

- Isha-san es un gran doctor – todos asintieron al comentario de la morena. Podían contar con él incluso para las situaciones más simples, como lo era esa resaca.

- Por cierto, Franky – el cocinero rompió el silencio mientras servía la bandeja a ambos hombres. – Para ser una parada temporal, has construido unas cabañas impresionantes.

- ¡Por supuesto! ¿Por quién me tomas? ¡Un hombre nunca hace su trabajo a medias! ¡YEAH! – exclamó Franky, levantándose y juntando sus brazos sobre su cabeza, comenzando a mover sus caderas al ritmo de una música imaginaria.

- ¡Deja de hacer el idiota y coge ya el plato! Aún tengo que fregar todas las ollas y sartenes.

Sin dejar de soltar pequeños grititos y mover su cadera, Franky retiró el plato de la bandeja y situó sobre ella el vaso vacío de la infusión. Este gesto fue imitado por sus acompañantes, y mientras el rubio regresaba a su tarea éstos comenzaron a charlar tranquilamente. Cuando Sanji terminó completamente de fregar, preparó café y té para todos y se unió a la conversación.

Así estuvieron un par de horas, sin que nadie más saliera de su cabaña, hasta que Franky se levantó.

- Bueno, creo que volveré al bosque e intentaré cazar algo para la cena. Seguro que Ruffy se levantará hambriento, y no creo que se conforme con fruta.

- ¡Yohohoho~! Franky-san, tienes razón. Entonces yo iré a recoger un poco más de madera para preparar otra hoguera por la noche – dijo el esqueleto al mismo tiempo que se levantaba dispuesto a seguir a Franky.

- Yo voy a pasear un poco por la isla. Me gustaría comprobar algunas cosas sobre ella – comentó Robin, levantándose tras ellos.

- ¡Robin-chwan, déjame acompañarte por favor! – comenzó el cocinero su baile alrededor de la morena mientras ella pensaba velozmente cómo realizar su jugada.

- Gracias por la oferta Cook-san, pero creo que sería mejor que te quedaras aquí – antes de que el rubio protestara, Robin sonrió y continuó hablando. – Koukai-san podría despertarse en cualquier momento y sería una TRAGEDIA… - jaque - …que no estuvieras aquí para ayudarla con la resaca. Además, Cook-san, me gustaría que estuvieras aquí para poder tomar uno de tus deliciosos cafés a mi llegada. Te estaría MUY… - mate - …agradecida – Robin amplió su sonrisa.

Sanji, paralizado ante el comentario, reflexionó un segundo sobre las palabras de la mujer, buscando todos los mensajes de amor ocultos en ellas. Finalmente, cuando pudo reaccionar, el rubio se puso como un loco a cantar y bailar alrededor de la morena, proclamando a los cuatro vientos que se alegraba de que su delicada dama se preocupara por él y que no la decepcionaría. Robin se unió al Franky y Brook, que la esperaban cerca de la entrada del bosque.

- Eres una mujer muy peligrosa – le susurró Franky echando una mirada por encima del hombro, viendo cómo Sanji seguía bailoteando feliz y gritando incoherencias sobre su amor incondicional a sus damas.

Robin sólo respondió a ese comentario con una suave risa, y al poco de entrar en el bosque, los tres se separaron siguiendo sus propios caminos.

Mientras tanto, en el campamento, un malhumorado espadachín salió de su cabaña murmurando improperios sobre espirales y pervertidos. Cuando llegó hasta donde estaba Sanji cogió un vaso y sacó un poco de agua de una vasija, esperando que eso le ayudara a que se le fuera el dolor de cabeza. Sin embargo, al mover la misma para beber el agua el dolor empeoró, por lo que Zoro dejó con un golpe sordo el vaso sobre la mesa y se sentó en la arena soltando un gruñido.

- ¿Qué pasa marimo? ¿No te regaron lo suficiente anoche?

- Cállate maldito cocinero, tus gritos me han despertado – respondió Zoro cada vez más malhumorado. Tanto hablar como escuchar contribuían al dolor de su cabeza.

- Vaya vaya, creía que las marmotas no se despertaban con tanta facilidad – se burló el rubio mientras terminaba de calentar el agua para su infusión.

- No me provoques que te corto en rodajitas aunque así me estalle la cabeza – Zoro ya estaba llegando a su límite, hacía tiempo que no tenía una resaca tan fuerte.

- No me gusta pelear en desventaja, así que tómate esto marimo idiota y luego hablamos – respondió Sanji lanzándole la infusión a la cara. Zoro soltó otro pequeño gruñido tanto por el ruido como por el acto de mover su cabeza para apartarla del trayecto del vaso y poder cogerlo. Comenzó a beberla en silencio mientras observaba al rubio examinar las pocas provisiones que habían sobrado de anoche (todo vegetales).

A los pocos minutos, Zoro comenzó a sentirse mucho mejor. Examinó la playa con atención, pero no vio nada inusual en ella. Se fijó entonces en las cabañas, anoche no había podido verlas con detenimiento. No eran construcciones muy grandes, pero en ellas podían dormir tranquilamente cuatro personas, cada una con espacio de sobra. En los laterales tenían una abertura que hacía de ventana, cubierta por un trozo de tela a modo de cortina. "Si hubiera tenido un poco más de tiempo Franky habría hecho ventanas de cristal sin dudarlo", pensó Zoro. "Si el tejado tiene hasta cañerías. ¿Por qué demonios se esforzó tanto si son unas viviendas temporales?", bufó levemente, sabía de sobra la respuesta. En esa tripulación nadie sabía hacer nada a medias. Se fijó entonces en las cortinas de las cabañas. Había dos cabañas que las tenían descorridas.

- ¿Alguien más se ha levantado? – preguntó Zoro sin mirar al cocinero.

- La auténtica pregunta es por qué nadie más se ha levantado antes que tú – le contestó el cocinero sin prestarle mucha atención. Estaba concentrado en una libreta donde intentaba planificar comidas equilibradas con lo que (hasta ahora) sabía que había en la isla. – Robin-chan fue a recorrer la isla, Franky a cazar y Brook a por madera.

- Mmmm – murmuró Zoro mientras acababa de beber lo que le quedaba de infusión, que ya estaba fría. No es que supiera mal, pero al peliverde le costaba beber todo lo que no fuera sake. - ¿Tú eres el único que se ha quedado aquí?

Sanji levantó la vista de la libreta y, volviéndose hacia Zoro, puso una "sonrisa de tonto" y una "cara estúpida". – Robin-chwan me ha encomendado el cuidado del campamento y de Nami-san cuando despierte.

- Mmmmm – respondió el espadachín, esta vez no porque estuviera bebiendo, sino porque le daba igual. Se levantó entonces del suelo y, sacudiéndose el pantalón, se dispuso a ir también a explorar la isla. Cuando dejó el vaso sobre la mesa, el cocinero le dedicó una mirada asesina.

- ¿A dónde crees que vas, espadachín apestoso?

- ¿A ti qué te importa ero-cook?

- Nami-san dijo ayer que no quería que te perdieras, así que es mi deber impedir que entres en ese bosque.

- Ni esa bruja ni tú podéis impedir que yo haga lo que quiera.

- ¿CÓMO HAS DICHO MARIMO IDIOTA?

- ¿QUIERES PELEA CEJILLAS?

Y se acabó la paz en la playa. Sanji envió una feroz patada hacia el espadachín con el propósito de alejarle de su temporal centro de trabajo, y cuando sus utensilios estuvieron fuera de peligro comenzó la pelea. Zoro desenvainó sólo dos espadas, "más que suficientes para quitármelo de encima", mientras que Sanji se limitó a utilizar patadas simples pero certeras, "¿Para qué malgastar mis fuerzas?". Sin embargo, poco a poco se fueron dejando llevar por la intensidad de la batalla. Las últimas semanas, debido al racionamiento de la comida y al misterioso mal humor del espadachín, no habían peleado más allá que con palabras, y ahora toda la adrenalina y el deseo acumulados salían a relucir. Pronto Zoro decidió desenvainar su tercera espada, y Sanji comenzó a utilizar sus manos para apoyarse en la arena. Ambos estaban disfrutando de la pelea, hacía tiempo que no se movían de ese modo. Sentían que el cansancio y el agarrotamiento iban desapareciendo de sus músculos mientras detenían las patadas con las espadas y los filos con los zapatos. La creciente intensidad provocó que una mayor extensión de la playa se convirtiera en su campo de batalla. Su rivalidad reprimida durante todo este tiempo estaba saliendo a la luz, ambos disfrutaban de estos encuentros (aunque nunca lo admitirían delante de nadie), y ambos los habían echado de menos.

Cansados y agitados, se separaron un instante, y mirándose a los ojos prepararon su ataque final. A punto de lanzarse el uno sobre el otro, una misteriosa sombra se interpuso entre ambos. Y entonces Zoro se dio cuenta del gran error que acababan de cometer…

Dos puños veloces como un rayo y potentes como un cañón bombardearon las cabezas de los descuidados contenientes. Un minuto después estaban tumbados en la arena con los ojos en blanco, uno maldiciendo los golpes y otro celebrando el intenso amor de su pelirroja. Zoro miró por encima del hombro y se fijó que a pocos metros estaba la cabaña de las chicas. "Debí haber empujado a ese estúpido hacia el otro lado", protestó para sí.

Nami, temblando de ira, comenzó a susurrar: - La próxima vez que me despertéis un día de resaca con una de vuestras batallitas no saldréis vivos. Agradeced que el ruido de mis golpes también retumbe en mi cabeza.

- SIIIIIIIIIII, NAMI-SWAAAAAAAAAN – respondió desde el suelo un mareado cocinero. El espadachín también murmuró un "sí" seguido de algunas palabras de no se alcanzaron a comprender.

Nami resopló y se dirigió al campamento. Se sentó en uno de los troncos que habían dispuesto como bancos y llevó sus manos a la cabeza. Apretó su cabeza entre ellas intentando aliviar un poco el dolor, pero le resultaba imposible así que desistió de esa tarea. Por su lado, el cocinero se había levantado y con su "baile del amor" preparaba rápidamente una infusión para su preciosa dama. Zoro se había incorporado también, pero se mantenía sentado en el mismo sitio en el que Nami lo había tirado.

- Aquí tienes, Nami-san. Tómate esto y pronto te encontrarás mejor.

- Gracias, Sanji-kun – murmuró la pelirroja cogiendo el vaso y aspirando su olor. Poco a poco, mediante pequeños sorbos, fue ingiriendo el líquido hasta que el agua se enfrió lo suficiente como para beber el resto de golpe.

Tras unos pocos minutos en silencio, Nami sintió cómo su cabeza se despejaba. Asombrada por el efecto, preguntó:

- ¿Dónde conseguiste estas hierbas, Sanji-kun?

- Chopper me las dio mientras preparaba la cena.

- Son asombrosas, funcionan casi al instante – comentó Nami mientras estiraba poco a poco los músculos de sus extremidades. Sanji se limitó a sonreír dando a entender que coincidía con su opinión. - ¿Dónde ha ido Robin? – preguntó dirigiendo una mirada discreta hacia el espadachín, que tenía la mirada perdida en el horizonte.

- Fue a explorar la isla, me pidió que la esperara aquí para prepararle su delicioso café y atenderte cuando te despertaras – canturreó Sanji feliz mientras prendía un cigarrillo.

- ¡¿QUÉ!? ¡Yo también necesito explorar la isla! ¡Podía haberme esperado! – se quejó Nami indignada, ignorando la última parte del comentario de Sanji. Era cierto que quería cartografiar la isla, y que también quería explorarla para buscar pistas relacionadas con el Log Pose y su comportamiento, pero tenía especial interés en hacerlo en compañía de la morena. Por mucho alcohol que hubiera bebido anoche, las cosas importantes no se le habían olvidado.

- Nami-swan, yo puedo acompañarte si lo deseas ~ – dijo el cocinero mientras corazoncitos salían del humo de su cigarro.

- No, gracias Sanji-kun. Creo que iré mañana. Hoy estoy cansada, prefiero quedarme aquí.

- ¡Como desees, Nami-san! – exclamó el cocinero acercándose a ella y ofreciéndole un plato similar al que habría preparado horas antes para sus nakamas.

- ¡Oh, aquí ya hay más gente! ¡Buenas tardes Zoro-san, Nami-san! – Brook se acercó al grupo con un montón de leña entre sus brazos, la cual depositó al lado de las cenizas de la hoguera anterior. Cogió unos pocos palos y los acercó a Sanji – Espero que hayáis pasado una buena noche, porque supongo que el despertar no habrá sido tan bueno, yohohoho ~.

- Fue bueno después de tomar la infusión de Sanji-kun y Chopper – suspiró Nami.

- Tienes razón. Por cierto, Nami-san, ¿serías tan amable de enseñarme t…?

- NO – respondió Nami tajantemente, enviando una mirada asesina al esqueleto… acompañada de una piedra que rebotó en su frente.

- ¡Yohohohoho ~! ¡Qué agresiva!

- ¡Oe, maldito espadachín! Mueve tu trasero y ven a por el aperitivo, no pienso llevártelo – gritó Sanji al peliverde, que no se había movido de su sitio, limitándose a observar lo que hacían sus compañeros.

Bufando, Zoro se levantó y, tras coger el platillo que el cocinero le servía, se sentó en el tronco enfrente de Nami, observándola mientras los demás conversaban sobre temas sin importancia. En realidad, más que observarla a ella había fijado su mirada en el Log Pose que llevaba sobre su muñeca y en la flecha que seguía dando vueltas sin parar.

Al cabo de un rato, Sanji se percató de que Zoro no paraba de mirar a Nami. Cabreado, dejó los dos platillos que acababa de fregar a un lado, levantó sus mangas y se dispuso a iniciar otra pelea con él cuando éste, de improvisto, levantó la vista del Log Pose hacia los ojos de Nami. La pelirroja detectó este movimiento y miró también a Zoro. Sus ojos serios la intimidaron levemente.

- Nami, ¿cómo saldremos de esta isla? – preguntó con un tono fuerte que sorprendió tanto al rubio como al esqueleto, paralizándolos. Esa era la pregunta que todos habían intentado evitar todo el tiempo que estuvieron en altamar, pero ahora que por fin habían llegado a tierra, era inevitable que alguien la formulara.

Nami se mantuvo en silencio unos segundos. Aunque había practicado la respuesta a preguntas similares durante las semanas pasadas, ahora que se la habían hecho no sabía cómo responder.

- No estoy segura, la verdad. Sin embargo, antes de decir nada me gustaría investigar esta isla, quizá así encuentre alguna pista del comportamiento del Log Pose, o alguna indicación sobre cómo llegar a otra isla cercana.

- ¿No podemos utilizar un mapa y dirigirnos a otra isla?

- Aunque nos orientemos mediante el sol, siempre existe el riesgo de que otra tormenta nos desvíe de nuevo de nuestro rumbo. Además… aunque consigamos llegar a otra isla, nada nos asegura que el Log Pose vuelva a funcionar… - lo último lo dijo con duda. Ella sabía que el Log había comenzado a girar después de que aquella gran tormenta les sacara de su rumbo, y que desde ese momento habían navegado siempre por la misma zona buscando esa isla. Era muy posible que en esa isla, o en algún lugar cercano, hubiera algo que modificara los campos magnéticos y provocara ese comportamiento en el Log, pero aún no quería admitir esa teoría.

Zoro observó con atención las expresiones de Nami. Cuando había comenzado a hablar había desviado sus ojos, y a medida que avanzaba se había ido poniendo cada vez más nerviosa. "Está ocultando algo", e iba a averiguarlo.

- ¡Nami! Creo que merec…

¡PLAAAAAAAAAAM!

Se oyó un portazo detrás de ellos. Nami suspiró aliviada y agradeció a sus tontos nakamas que fueran así. Antes de explicarles a todos sus teorías quería contrastarlas con lo que Robin hubiera averiguado de la isla. Por su parte, Zoro resopló y maldijo a los nuevos integrantes del grupo por su interrupción.

- ¡Buenos días a todos! – gritó un entusiasmado narigudo secundado por un pequeño renito que se encontraba dando saltos a sus pies.

Las grandes sonrisas que había en sus caras mosquearon a los presentes, en especial a Zoro, que ya de por sí estaba de mal humor.

- Dirás buenas tardes. ¿Se puede saber por qué vosotros os levantáis tan animados?

Usopp, sin ser consciente del peligro, sonrió más ampliamente y respondió: - Después del festín de ayer, ¿cómo querías que estuviéramos?

- Oe, marimo, recuerda que ellos se durmieron antes que nosotros. Además, se pasaron gran parte de la noche bailando en vez de bebiendo, así que es normal que no se encuentren mal – intervino Sanji mientras les ofrecía otras infusiones a los recién llegados. – Aun así, tomad una por si acaso.

- ¡Oooooh Sanji! ¿Usaste las hierbas que te di? – preguntó el renito emocionado mientras aceptaba el vaso que le ofrecía el cocinero.

- Claro que sí, Chopper. Todos tenemos que agradecértelo, gracias a ellas nos encontramos como nuevos.

- Es verdad, Chopper. Gracias por recogerlas – le sonrió Nami.

Chopper, ilusionado, comenzó a bailar mientras repetía "No creáis que así estaré feliz, idiotas" o "Vuestros halagos no me importan, tontos". Cuando Usopp tomó asiento al lado de Nami y el esqueleto al lado de Zoro, éste se levantó y se dirigió hacia la cabaña que compartía con Luffy. Era el único que faltaba por despertar, y cuando lo hiciera sí que se acabaría por completo la paz en la playa. Iba a aprovechar el poco tiempo que quedaba de tranquilidad para dormir un poco más. Además… por mucho que le costara admitirlo, tenía ganas de pasar un rato a solas con su capitán, aunque éste estuviera dormido.

Nadie intentó detenerlo, pero si hubo tres personas que quedaron mirándolo. Sanji estaba preparado para salir a correr detrás de él, su paseo hacia la cabaña podría ser una maniobra de distracción para ir al bosque. O bueno… también era posible que de camino a la cabaña se perdiera y apareciera al otro lado de la montaña.

Nami le observaba pensativa, intentando recordar todos los momentos en los que había visto al peliverde con su capitán. No veía en ellos nada especial, nada como lo que había visto la noche anterior. Las preguntas no paraban de venir a su cabeza: ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Desde cuándo? ¿Por qué? ¿…Y Luffy?

Y Robin… bueno, pues ella acababa de llegar justo cuando el espadachín se había levantado del tronco, y observaba divertida todas las expresiones que pasaban por su cara de camino a la cabaña. Primero enfadado, seguramente por el ruido y la multitud, luego pensativo, luego relajado, luego sonriente, luego otra vez serio… Aunque el espadachín no tenía ni idea, para la morena era como leer un libro abierto, así de sencillo analizarle. Una vez que Zoro se encerró en la cabaña, comenzó a avanzar hacia el grupo, que ya se había percatado de su presencia. Sanji estaba preparando su café sin dejar de bailotear mientras los demás le daban la bienvenida con un saludo. Ocupó el sitio que Zoro había dejado vacío y dirigió una discreta sonrisa a la navegante, que respondió con otra no tan discreta ni tan inocente. Sin embargo, no iban a ponerse ahora a hablar de temas que podrían perturbar a más de uno en ese grupo.

Poco más tarde llegó Franky cargando unas cuantas gaviotas en una mano, una red con cangrejos en su espalda y otro jabalí en su brazo libre. Chopper, que hacía unos minutos había ido a la entrada del bosque a recoger un poco más de fruta para la cena, regresaba con él cargando en sus brazos (en forma humana, por supuesto) diversas frutas mientras que de su cintura colgaba una pequeña bolsa repleta de bayas y alguna que otra hierba. Con todo eso, Sanji comenzó a preparar un gran banquete, quizá no tan copioso como el de la noche anterior, pero más elaborado y con una mayor variedad de platos. Al mismo tiempo, Franky y Usopp utilizaron el Mini-Merry para volver al Sunny a por el último barril de sake que les quedaba. Por las mentes de todos surgió un mismo pensamiento: "A ver quién aguanta a Zoro todos estos días en cuanto se acabe ese barril".


Zoro estornudó, se frotó la nariz y, cabreado, se incorporó en la cama. Luffy seguía dormido como un tronco, pero él llevaba ahí tirado más de una hora y no era capaz de conciliar el sueño. Los pensamientos sobre lo ocurrido la noche anterior no le dejaban tranquilo. No paraba de recordar la sensación que le habían producido los labios de Luffy sobre su mejilla, el calor que le había invadido cuando le escuchó susurrar su nombre. Dirigió una mirada asesina contra el pequeño que dormía cerca de él, quien, como si no fuera con él, se limitó a emitir pequeños ronquidos, lo cual fastidió aún más a Zoro. Tal era así que se levantó de su cama y se sentó al lado del moreno, mirando con fiereza sus ojos cerrados. Estaba dispuesto a despertarlo a golpes cuando el pequeño se removió en su cama, de manera que una de sus manos se situó sobre la que el espadachín había apoyado en la cama. Sorprendido, el peliverde no supo cómo reaccionar y paralizado permaneció allí sentado en silencio durante varios minutos. El cuerpo de Luffy estaba caliente, y el espadachín sentía todo ese calor que irradiaba sobre el suyo propio. Zoro no era capaz de comprender por qué su cuerpo reaccionaba de esa manera ante ese contacto tan simple. Lo más lógico habría sido que hubiera apartado esa mano y hubiera continuado con su plan de despertar a su capitán a base de golpes. Sin embargo, ese simple contacto había conseguido paralizar a un hombre decidido y feroz como él.

Dejando su sorpresa apartada a un lado, el peliverde intentó analizar la situación. Él seguiría a su capitán hasta la muerte, y no haría nada que pudiera ponerle en peligro. Esos sentimientos los entendía, sabía que no eran muy diferentes a los que el resto de la tripulación sentía por Luffy. Quizá los suyos eran más intensos… "Olvídalo", se dijo cuando pequeños fragmentos de su lucha y diálogo contra Kuma regresaron a su mente. Sacudió su cabeza, pues no creía que darle una paliza para despertarle entrara dentro de "ponerle en peligro", y centró su vista en el rostro dormido de su capitán. "Parece tan tierno cuando duerme". Alarmado por su propio pensamiento, volvió a sacudir su cabeza con fuerza. "¿Qué mierda te pasa, idiota? ¿Qué hay de tierno en este crío egoísta que actúa sin pensar?". Se reprendió a si mismo por sus pensamientos, a pesar de que nadie le habría quitado la razón. Nuevamente dirigió su vista al rostro de Luffy. No pudo evitar fijarse en su respiración acompasada que movía levemente su cabeza, en sus labios entreabiertos y húmedos ("seguro que hace poco soñó con comida", sonrió), en su piel suave y tersa, en su cuello, que comparado con su piel extremadamente morena parecía blanco, en la cicatriz situada bajo su ojo izquierdo. "¿Cómo se haría esa cicatriz?", se preguntó Zoro, pues ya la tenía el día que se conocieron.

"El día que nos conocimos…" Zoro levantó la vista del pequeño y se perdió en sus pensamientos. Recordaba perfectamente ese día, como si hubiera sido grabado a fuego en su memoria. Zoro había intentado rechazarlo desde el primer momento en que le vio. No tenía el menor interés en ser pirata, y sus únicos pensamientos en aquel entonces eran sobre Kuina y su promesa. No esperó en ningún momento que el mocoso que había aparecido ante él sería de verdad el hombre que se convertiría en el Rey de los Piratas.

- Porque lo serás… - susurró sin darse cuenta. – Aunque me cues… aunque nos cueste la vida lo serás – rectificó.

Ya nadie ponía en duda el liderazgo de Luffy, ya nadie ponía ninguna traba a la unidad de esa tripulación. Luffy se había convertido en una persona muy importante para todos en ese barco, en alguien muy importante para él. De repente, Zoro puso cara de malas pulgas: "las que siempre complicaron la situación fueron esas estúpidas mujeres", esas mujeres y Usopp, siempre intentando suplantar el puesto de capitán. Suspiró y evitó pensar en Water Seven. No se lo diría a nadie, pero aunque él mismo obligó a Luffy a no perseguir a Usopp para que volviera a la tripulación, hubo un momento cuando zarparon que se arrepintió profundamente de haber intervenido. Sabía que su decisión había sido la correcta y la mejor para mantener la estabilidad en la banda, pero Usopp, por muy idiota y cobarde que fuera, era también un preciado nakama y bastante confiable en algunas situaciones.

Por tercera vez en pocos minutos, Zoro sacudió la cabeza para alejar esos pensamientos y volvió al presente y al rostro de su capitán. Nuevamente, fijó su vista en la cicatriz que tenía debajo del ojo y recordó su primera pregunta: "¿Cómo te la hiciste?". Involuntariamente, la mano que había quedado debajo de la de Luffy se movió despacio y con cuidado hasta posarse sobre aquella pequeña cicatriz. Aunque era muy visible, apenas se notaba al tacto. La acarició con suavidad, y sin que se diera cuenta poco a poco su mano fue descendiendo hacia la mejilla de su capitán, quien respondió a las caricias girando la cabeza hacia la mano. Ese movimiento hizo que el espadachín despertara de su ensoñación. "¿QUÉ COÑO ESTÁS HACIENDO?", se gritó alterado. Cuando sus pulsaciones disminuyeron, abrió los ojos que había apretado con fuerza y retiró la mano que había mantenido durante todo su tiempo de relajación en la mejilla de Luffy. Se levantó de la cama, dando la espalda a su capitán, y contó hasta 10. Al acabar la cuenta atrás, se giró de nuevo y miró a Luffy con una mirada perversa.

- Lo siento mucho capitán, pero por hoy se acabó mi amabilidad.

Dicho lo cual la cabaña fue inundada por los sonidos de los golpes y los gritos del pequeño. Éstos alcanzaron la playa, provocando la alarma de algunos y la diversión de otros.


Zoro salió de la cabaña sonriendo burlonamente. Esos pocos golpes habían aliviado la tensión que su mente había acumulado minutos antes. Pocos pasos había dado cuando Luffy, que intentaba colocar su sombrero sobre la montaña de chichones que había en su cabeza, le siguió con ojos llorosos y enfadado.

- ¡Zoooooooro! ¿Por qué has hecho eso? – protestó situándose al lado del peliverde.

- Creí que te hacía un favor al despertarte – dijo mofándose el espadachín.

- ¿Por qué? – siguió preguntando Luffy, que había desistido con el sombrero y lo había dejado colgando en su espalda.

- Porque en este momento, capitán, hace casi 24 horas que no pruebas ningún bocado.

Luffy se quedó inmóvil sobre la arena. Zoro, divertido, se giró para ver cómo iba a reaccionar. Tras unos instantes en silencio, un rugido que salió del estómago del pequeño resonó en la playa. Luffy aspiró todo el aire que pudo, y cuando sus pulmones estuvieron llenos, gritó:

- ¡SAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAANJIIIIIIII IIII, COMIDAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA !

Tanto Zoro como sus nakamas, que habían presenciado la escena, comenzaron a reír. Todos excepto Sanji, quien había esperado poder cocinar con tranquilidad una gran barbacoa para todos y que ahora veía cómo su alocado capitán le dirigía una mirada ansiosa mientras empezaba a caminar con rapidez hacia él.

- ¡Oe marimo! ¿Por qué demonios le has despertado?

El espadachín amplió su sonrisa burlona y la dirigió hacia Sanji, quien si no hubiera sido porque su capitán ya estaba casi encima de él habría convertido al marimo en parte de la cena a base de golpes.

Zoro dejó de reír y avanzó hacia el grupo, habiendo cogido antes un vaso disimuladamente, el cual llenó en el barril que minutos antes había llegado del Sunny.

- Zoro, disfruta de ese trago porque este es nuestro último barril de sake – le advirtió Usopp.

Todo el buen humor que había acumulado Zoro en la escena anterior se esfumó. ¿Cómo iba a aguantar los días que quedaban hasta llegar a una isla habitada sin sake? Miró de reojo a Nami, que hablaba animadamente con Chopper y Franky. "Espero que nos saques pronto de aquí".


No pasó mucho tiempo hasta que la pelirroja, cabreada por el jaleo que estaba montando Luffy, se levantó de su asiento y remató la tarea que había iniciado Zoro. Después arrastró a Luffy alrededor de la hoguera que acababan de encender hasta situarlo en el punto más alejado de Sanji. Para llegar a él tendría que atravesar el fuego, y dudaba mucho que Luffy tuviera ganas de hacerlo. Zoro, que había visto la escena, decidió ayudar a su capitán. Aprovechó que Sanji estaba reponiendo la taza de café de Robin para levantarse con disimulo y coger una manzana… y de paso rellenar su vaso. Después, en vez de volver a su sitio al lado de Brook y Robin, se desplazó hasta sentarse en la arena al lado de su capitán. Luffy estaba semi-inconsciente murmurando un sinfín de comidas al azar. La inocencia del pequeño le sacó una sonrisa al espadachín. No le importaba que Luffy se comportara como un idiota, a la hora de la verdad pondría toda la carne en el asador (una buena metáfora) y lucharía con todas sus fuerzas por sus nakamas. Al igual que él, no aceptaría la derrota como una opción.

- Luffy – le llamó en voz baja. El moreno centró su vista y la fijó en el peliverde. En sus labios se formó una gran sonrisa que el peliverde correspondió. – Toma, come un poco – le dijo tirándole la manzana.

- Oh, ¡Gracias Zoro! – dijo, incorporándose. Sin embargo, cuando sobre sus manos cayó la manzana, su cara mostró decepción. – Eeeeeeeeeeeeeh, ¿una manzana? Esto es fruta, no es carne – murmuró apartando la vista del espadachín. – Además, no me llega ni para empezar – concluyó poniendo morritos.

Zoro, con todo el autocontrol que pudo reunir, se limitó a ignorarlo. – No te quejes, es lo único que puedo robarle a ese cocinero sin que se dé cuenta.

Luffy se quedó pensativo unos instantes, observando la manzana como si así pudiera transformarla en un gigantesco pedazo de carne. Sin embargo, finalmente volvió a mostrar esa gran sonrisa que le caracterizaba, y mirando a Zoro soltó un simple "gracias" antes de tragarse la manzana entera, sin apenas masticarla.

Zoro suspiró, e incomprensiblemente feliz se relajó y comenzó a hablar con su capitán bajo la atenta mirada de las dos mujeres de la tripulación. Nami no aguantó más, y con una sonrisa de disimulo dijo en voz alta:

- Comienza a hacer un poco de frio, ¿no? Robin, ¿puedes acompañarme a la cabaña un momento?

- Claro – accedió Robin conteniendo la risa.

Cuando las chicas desaparecieron de su vista, Franky manifestó lo que la mayoría de los presentes pensaban.

- ¿Qué mosca les ha picado a esas dos? – preguntó recordando el extraño comportamiento de Nami la noche anterior.

- ¿Cómo puede hacer frío alrededor de esta hoguera? - secundó Usopp.

- Oíd idiotas, ni se os ocurra cuestionar las acciones de mis bellas damas si queréis cenar hoy – dijo Sanji seriamente, provocando que los presentes se estremecieran ante la idea de quedarse sin cenar. Ellas podían hacer lo que quisieran, ya tenían bastante con defender su comida de las garras de Luffy, como para quedarse sin cenar.