Y por fin publico el tercer capítulo del Fic. Hoy ya no publicaré más, aún tengo trabajo por hacer y estoy bastante cansada xD. Mañana subiré otros pocos capítulos más xD.
En este capítulo veréis a un Luffy un poco inusual... lo siento, pero me gusta mucho la faceta seria y enfadada de Luffy, y por eso aquí lo retraté así. Por supuesto, también me gusta su carácter de niño, y me centraré más en esa faceta en el futuro =P
Espero que os guste =3
Nami fue la primera en entrar de la cabaña, seguida de Robin que, tras cerrar la puerta, se apoyó en ella y comenzó a preparar mentalmente la información que la pelirroja estaba a punto de requerirle. Al mismo tiempo, Nami se sentó en su cama y la observó atentamente, esperando a que reaccionara. Pocos instantes después la morena alzó la cabeza con una sonrisa y se dirigió hacia su cama, sentándose enfrente de la navegante.
- ¿Y bien, Koukai-san? ¿Cuáles son tus preguntas?
Nami la miró con seriedad, y la primera pregunta sorprendió a la morena: - ¿Qué has podido averiguar de esta isla? – al ver que la morena guardaba silencio como un mudo pedido de una explicación, Nami suspiró. – Es cierto que tengo muchas ganas de saber qué hay entre esos dos idiotas, pero como navegante de este barco mi principal preocupación debe ser el bienestar y la seguridad de toda la tripulación – se estremeció al recordar las preguntas que horas antes había realizado el espadachín. "Necesito una respuesta para ellas ya".
Robin reflexionó un momento antes de comenzar a hablar.
- Lo siento, pero me temo que voy a decepcionarte. No pude explorar toda la isla porque no tuve suficiente tiempo como para hacerlo, así que me limité a recorrer la zona entre el río y la costa. Lo único que puedo decir sobre la isla es que no he visto ningún animal ni ninguna planta desconocida – hizo una pausa, en la que pareció dudar un momento, antes de continuar-. Además, el bosque es realmente espeso y no parece haber ningún indicio de que haya habido, o aún exista, alguna civilización tanto primitiva como desarrollada aquí.
Nami estudió las palabras de la morena, y como ésta le había avisado, se decepcionó con ellas. "No es ninguna información que me sirva… Lo siento Zoro".
- Robin, mañana necesitaré tu ayuda en la exploración de la isla. Aquí tiene que haber algo más de lo que no nos hemos percatado.
La arqueóloga asintió en silencio, sabía perfectamente que Nami creía que algo en esa isla anulaba el Log Pose, y su orgullo le obligaba a buscarlo, estudiarlo, entenderlo y superarlo.
La pelirroja suspiró. – Entonces hasta mañana no hay nada más que podamos hacer – apartó sus preocupaciones a un lado y recuperó en sus pensamientos el nuevo tema que rondaba su cabeza desde la tarde anterior. - ¿Qué cosas te hicieron darte cuenta de lo que hay entre esos dos?
Robin sonrió y comenzó a hablar:
- Como ya te expliqué, desde que llegué al barco he sentido la intensa desconfianza de Kenshi-san hacia mí. Sin embargo, a diferencia de lo que me trasmitían los demás, sentía que su antipatía hacia mí iba más allá de lo que pudiera hacerle a él o del peligro que representaba. Por eso, comencé a observar discretamente el comportamiento de Kenshi-san cuando estaba cerca de Sencho-san.
Antes de continuar, Robin tomó aire y sonrió suavemente. Ahora podía hablar con total naturalidad de la reacción de sus nakamas cuando había llegado al barco. Ahora… pero semanas antes habría sido incapaz de hacerlo.
- Son pequeños detalles que nadie que no quisiera verlos habría notado. Por ejemplo, durante las comidas en las que Luffy se queja especialmente de que tiene hambre, el despistado espadachín suele apartar un trozo de carne de su plato que Sencho-san acaba robando – amplió su sonrisa ante la sorpresa de Nami. – Otras veces, cuando Kenshi-san duerme junto a tus mandarinos y Sencho-san juega con los demás por allí cerca, siempre te encuentras con alguna monda por la zona, y siempre vas hacia Kenshi-san a reclamarle. Sin embargo, algunas veces él te dice algún nombre para quitarse la responsabilidad de encima. ¿Cuántas veces ha mencionado el nombre de Sencho-san? – preguntó Robin con sarcasmo.
Nami, más que asombrara, comenzó a pensar sobre eso. Era cierto que esa situación se había repetido numerosas veces desde que había subido los mandarinos al Going Merry, y posteriormente al Sunny. Y, parándose a pensar seriamente sobre ello, era cierto que Zoro nunca le había dicho que fue Luffy el que cogió las mandarinas. Muchas veces decía el nombre de Usopp, rara vez el de Chopper, y varias veces se había quedado en silencio aguantando su bronca. Pero nunca de sus labios había salido el nombre del moreno.
Tras recomponerse levemente, Nami instó a Robin con la mirada para que continuara.
- También es curioso que los días en los que Kenshi-san tiene guardia, y al día siguiente es el turno de Sencho-san, éste se encuentre con una manta en el mirador. Y cuando Kenshi-san está entrenando, con quien más paciencia tiene siempre es con Luffy. A Nagahana-kun e Isha-san suele echarlos rápidamente de su lado. Pero con Luffy es diferente… más amable – concluyó Robin, que hizo una pausa para que Nami archivara toda la información que estaba recibiendo. Cuando vio cómo Nami se removía sobre su asiento, concluyó contándole todo lo que había visto la noche anterior, desde que Zoro y Luffy se habían quedado solos en la playa hasta que se quedaron dormidos en su cabaña.
Nami no era capaz de articular palabra. Estaba más que claro qué tan "especiales" eran los sentimientos de Zoro hacia su capitán. "Es increíble que pueda sentir con ese corazón de hielo que tiene", meditó la navegante. Sin embargo, volvió a fijarse en la morena, que la miraba interesada analizando sus reacciones. "Lo increíble es que Robin se haya dado cuenta de todos esos detalles. Se ha fijado en Zoro a conciencia". Con una sonrisa de admiración, la navegante se dispuso a romper el silencio que las había invadido durante varios minutos.
- Eres sorprendente, Robin. Es increíble que te hayas fijado en todas esas cosas. Tal y como lo describes es más que obvio que Zoro siente algo más que "hermandad" – dijo recordando las palabras de la morena la noche anterior – por Luffy.
- En realidad, creo que Kenshi-san no sabe nada de esto.
- ¿Cómo? – preguntó la navegante sin entender a qué se refería con ese comentario.
- Mi teoría, Koukai-san, es que él no es consciente de todos estos gestos. Simplemente los hace de una forma automática y sin pensar. Realmente no creo que sepa que… - se preparó para decir la palabra que ambas habían estado evitando - … está enamorado… de Sencho-san.
Las dos mujeres se quedaron calladas unos minutos. Escuchar que ZORO estaba enamorado de LUFFY en voz alta era todo un shock. Ambas comprendían los encantos que podía tener Luffy… aunque no eran capaces de expresarlos con palabras. Pero el espadachín era completamente opuesto a su capitán. Mientras que Zoro siempre era serio, Luffy no paraba de hacer tonterías. Mientras que Zoro mantenía la calma en todo momento, Luffy siempre exageraba cualquier emoción. Mientras que Zoro desconfiaba de cualquier persona que se le acercase, Luffy confiaba de forma descuidada en todo el mundo. Mientras que Zoro siempre estaba en guardia… Luffy se dejaba llevar por el momento. Nami suspiró.
- También se parecen en muchas cosas – murmuró.
- Siempre que hay que pelear, son los primeros en salir al campo de batalla – comenzó Robin.
- Confían ciegamente el uno en el otro.
- Se compenetran perfectamente tanto a la hora de luchar como a la de tomar decisiones importantes.
- Yo diría más bien que Zoro se adapta a las decisiones de Luffy – rio suavemente Nami.
- Es verdad – la secundó Robin. – Pero eso puede ser otra muestra más de sus sentimientos hacia Sencho-san.
Nami elevó la mirada hacia el techo. "Así que Zoro está enamorado de Luffy… ¡quién lo habría dicho!". De repente, sus pensamientos volvieron de las alturas y miró con preocupación a Robin.
- ¿Y Luffy?
Robin puso una cara seria.
- Lo siento, pero aún no sé cómo interpretar los actos de Sencho-san. Puedo afirmar con total seguridad que el fuerte lazo que une a esos dos es recíproco, pero no sé hasta qué punto Sencho-san puede corresponder los sentimientos de Kenshi-san.
Nami resopló. "Ni siquiera Robin es capaz de comprender lo que pasa por la cabeza de ese idiota". Sin embargo, Nami recordó lo que Robin acababa de contarle sobre la noche anterior.
- Luffy beso a Zoro – susurró con un poco de duda, esperando la confirmación de la morena.
Sin embargo, Robin se limitó a ladear la cabeza y suspirar: - No podemos asegurar que eso haya sido un beso. Luffy estaba dormido, pudo buscar una postura más cómoda en la espalda de Kenshi-san, y mientras se recolocaba accidentalmente rozó su mejilla con los labios.
- Luffy susurró su nombre – Nami volvió al ataque.
Robin volvió a suspirar: - Si, pero pudo ser simplemente porque se despertó y vio que Kenshi-san le estaba cargando.
Nami la miró con indignación. "No has sido tan exquisita con Zoro". Robin sonrió y, como si hubiera leído su mente, contestó:
- Sé que a ti te resulta difícil imaginar que Kenshi-san esté enamorado, pero a mí me parece más complicado que Sencho-san lo esté.
Nami reflexionó sobre esas palabras y concluyó: - En su cabeza sólo hay hueco para la comida, las aventuras y ser el Rey de los Piratas – Robin asintió divertida.
Nami, frustrada, emitió un suave gruñido y se tumbó sobre su cama mirando el techo. Tal y como estaba la cosa, cualquier acción que iniciara para intentar juntarlos podría terminar siendo un completo desastre.
- Nadie asegura que Zoro no rechace sus sentimientos cuando se dé cuenta.
Robin respondió a esas palabras con un mudo silencio de asentimiento. "Y dados los acontecimientos recientes…" pensó, "eso puede ser dentro de muy poco".
Tras varios minutos en silencio, un silencio que se estableció tras acabar la conversación, las chicas escucharon como Sanji las llamaba desde la puerta para que fueran a cenar. De repente, oyeron todo el jaleo que había en la playa: música, que instantes después cesó, gritos, palmadas, golpes, risas… Nada que no se esperara de una cena al estilo Mugiwara. Nami se volvió a sentar en la cama, y frente a ella vio que Robin la miraba con curiosidad.
- En ningún momento te has opuesto a una posible relación entre esos dos.
Nami comenzó a reírse. - ¿Cómo voy a oponerme? Si con eso tanto Zoro como Luffy son felices, yo no tendré ningún problema – al terminar, le sacó la lengua a Robin, quien sonrió ante su respuesta y guiñó un ojo ante su gesto. Ambas chicas salieron de la habitación y se reunieron con el grupo.
- ¡Oe Nami!, ¿no decías que tenías frío? – le preguntó Usopp cuando vio que volvía con la misma ropa que antes.
Nami, como toda respuesta, le envió una gélida mirada que provocó que el tirador volviera a centrarse en su plato sin esperar respuesta.
Una nueva batalla se desarrolló, nueva y común a la vez, pues siempre que había comida de por medio sucedía. Nami, que contaba con la protección de Sanji, se relajó y comió con tranquilidad observando a Zoro. No vio nada inusual en su comportamiento, es más, como los demás trataba de proteger su plato de los brazos escurridizos de su capitán. Desvió su mirada hacia Robin, que comía despacio sin apartar la mirada de su plato. "Supongo que no podré ver en una noche lo mismo que ella ha visto en meses". Nami se centró en cenar, aunque de vez en cuando enviaba rápidas miradas tanto al peliverde como a su capitán. De repente, se dio cuenta de que Zoro había dejado un pedazo de carne en su plato y que se había levantado para servirse otro vaso de sake. Cuando la mirada de Nami dejó de seguir al espadachín y volvió a su plato, dio un respingo. Llegó justo a tiempo para ver cómo el brazo de Luffy desaparecía con la carne. Sorprendida, esperó a que Zoro regresara a su asiento. Tras sentarse, el espadachín fijó su mirada en el plato, pero en ningún momento reclamó la carne que le faltaba. Simplemente se limitó a beber de su vaso y a observar cómo Usopp, Chopper y Brook aún mantenían una ardua lucha contra su capitán.
Tan sorprendida estaba por lo que acababa de ver que Nami no se dio cuenta de que tenía sus ojos fijos en el espadachín; incluso había dejado de comer. "¡Robin tenía razón!", no podía pensar en otra cosa. La efímera sonrisa que se formó en sus labios se evaporó en un segundo, que fue el tiempo que el espadachín tardó en percatarse de su mirada y girarse a verla. Intimidada, Nami desvió la vista con rapidez a pesar de que sabía que era demasiado tarde ya. "No sólo no consigo dar respuesta a sus preguntas, sino que además me preocupo más por su vida privada que por buscar las respuestas". Avergonzada, Nami se apresuró en acabar su plato sin volver a levantar la mirada de él. Zoro, por su parte, siguió observándola durante unos minutos. "¿Tan grave es la situación?", refunfuñó.
Tras la cena, toda la tripulación se sentó alrededor de la hoguera con música más relajada y menos alcohol en sus copas que la noche anterior. Si hubiera sido por todos, habrían vuelto a festejar la llegada a la isla. Pero Zoro había conseguido inquietar a varios en la tripulación, y los ánimos de fiesta habían disminuido en picado. Incluso Luffy, que siempre era el más dispuesto a festejar, parecía intuir que pronto la situación podría complicarse. Por ello, tras unas cuantas canciones y unos pocos bailes, Nami se levantó, se subió al banco y llamó la atención de sus compañeros.
- Chicos, estos dos días han sido para relajarnos, pero a partir de ahora tenemos que organizarnos. Pasaremos unos cuantos días en esta isla, así que creo que es mejor que cada uno tenga tareas asignadas.
Ninguno dijo nada, esperando algún comentario de su capitán. Sin embargo, Luffy permaneció en silencio sin levantar la mirada del suelo. Nami lo interpretó como un permiso para continuar, así que comenzó a exponer su plan.
- Para que siempre tengamos alimentos frescos en cada comida, habrá dos partidas de caza. Tras el desayuno, de recoger alimentos se encargarán Luffy, Zoro y Franky. Por la tarde, los encargados serán Brook, Usopp y Sanji. Uno de cada grupo deberá ir también al rio a por agua.
Tras una pausa esperando por si había quejas, Nami continuó.
- Robin, Chopper y yo nos encargaremos de recorrer la isla buscando plantas o cualquier otra cosa que pueda servirnos de utilidad –omitió intencionadamente el asunto del Log Pose-. Además, Franky y Brook se encargarán de recoger leña siempre que sea necesario.
Hizo una nueva pausa, y tras el silencio continuó.
- Con respecto a las guardias… creo que durante el día debería haber alguien siempre en el campamento. Sanji-kun, por la mañana creo que ese deberías ser tú. Por la tarde nos encargaremos o Robin, o Chopper o yo. Por la noche… - Nami suspiró. – En principio no creo que sea necesario hacer guardias nocturnas, pero por precaución creo que las primeras noches debería quedarse alguien despierto. ¿Hay algún voluntario?
Nami paseó la mirada por sus nakamas, hasta que Chopper levantó su patita como respuesta.
- Yo haré la guardia hoy, Nami. Me gustaría trabajar un poco con unas hierbas que he encontrado.
Como respuesta y agradecimiento, Nami le sonrió. – Bien, pues por hoy eso es todo.
De repente, Luffy se puso en pie, sorprendiendo a todos. Alzó su mirada para mostrar una de esas expresiones serias que pocas veces dejaba ver.
- Nami, Robin, os encargo la investigación de la isla – dijo con voz grave mirando a las dos chicas, que asintieron en silencio. – Nosotros nos encargaremos de proteger y abastecer el campamento. ¿Alguna objeción? – preguntó elevando la voz. Como nadie dijo nada, continuó. – Entonces, este día ya llego a su fin. Todo el mundo a dormir. Mañana nos pondremos en marcha.
Todos asintieron en un profundo silencio. Era extraño ver a Luffy serio, pero aún era más raro verlo de esa manera. No sólo estaba serio, si no también había sido seco y conciso. Todos excepto Chopper se levantaron y se dirigieron a sus respectivas cabañas tras desearle buenas noches y suerte a su pequeño nakama, que mientras veía cómo se alejaban comenzó a sacar una serie de hierbas y un libro de su mochila. Incluso dentro de las cabañas, pasaron muchos minutos antes de que alguien rompiera el silencio.
Zoro cerró la puerta tras de sí. Luffy había sido el primero en entrar en una cabaña, y él había sido el último. Cuando llegó se encontró con Luffy recostado en la cama y mirando a la pared. No se había ni descalzado, ni quitado el sombrero, ni tapado. Con pesadez, Zoro avanzó hacia su cama y se sentó sobre ella, esperando alguna reacción de su capitán. Como éste no se movía, decidió comenzar él a hablar.
- Luffy – con una simple llamada bastaba. Pocos minutos después, Luffy se sentó frente a Zoro, aunque siguió manteniendo la mirada en el suelo.
Luffy entró en la cabaña sin prestar atención a lo que hacían sus compañeros. No estaba enfadado con Nami, y esperaba no haberle dado la impresión contraria. Simplemente se sentía preocupado. Él nunca se interesaba por cosas como los mapas, los libros o el cacharrito de la muñeca de Nami que utilizaban para navegar, pero sentía que en ese momento debía hacerlo. No haría preguntas a Nami, le dejaría el espacio que ella necesitara y esperaría pacientemente a que ella expusiera sus conclusiones ante el grupo, pero para que ella supiera que debía actuar de ese modo, antes Luffy debía avisarla. Y la mejor forma que se le ocurrió fue proclamando ante todos que confiaba ciegamente en ella.
Cuando se dio cuenta de que se había quedado parado de pie, empujó la puerta y se tiró sobre la cama. No tenía intención de dormir, no aún. En realidad, su único deseo en ese momento era que Zoro llegara y cerrara la puerta, quedándose los dos solos. Luffy sabía que Zoro tendría algo que decir sobre todo este asunto, y su opinión era muy importante para él. Desde el primer día que le conoció y sintió la intensidad de su espíritu y su voluntad y fuerza para luchar, Luffy supo que ese espadachín era un nakama indispensable para su viaje. Zoro siempre le había apoyado en los momentos más difíciles y en las decisiones más cruciales, y él sentía que nunca se lo había agradecido como debía. Sin embargo, cuando escuchó cómo el espadachín cerraba la puerta tras él, el nerviosismo le invadió. De repente, no supo cómo podía iniciar una conversación con el peliverde. Zoro era una persona realmente importante para él, lo sabía y se lo había intentado demostrar en numerosas ocasiones. Eran tan importante que a veces su opinión tenía tanto peso para él que le daba miedo escucharla. Parecía que en ese momento le sucedía lo mismo, pues en su pecho se habían acumulado un compendio de sentimientos que Luffy no era capaz de clasificar.
Cuando escuchó como Zoro avanzaba, contuvo la respiración. Cuando sintió cómo se sentaba en la otra cama, volvió a respirar tranquilo. ¿Qué había esperado, que le golpeara? Luffy se culpó a sí mismo por ese pensamiento.
- Luffy – el moreno volvió a quedarse completamente estático. Su nombre pronunciado con esa seriedad, suavidad y gravedad por los labios del espadachín había provocado que todo su cuerpo se estremeciera. "Sí que tiene algo que decir…".
Tras unos minutos que utilizó para tranquilizarse, se sentó frente al peliverde, aunque en ningún momento levantó la vista hacia él.
El silencio se mantuvo hasta que el suspiro del peliverde rompió la atmósfera pesada que se había formado en esa cabaña.
- Realmente no va contigo hacer el papel de un serio capitán – comentó Zoro socarrón.
Luffy se relajó, imitó el suspiro de su nakama y sonrió con tristeza.
- Confío en Nami y Robin.
- Lo sé.
- Ellas conseguirán que volvamos a navegar.
- Sí.
- No nos vamos a quedar en esta isla para siempre.
- Por supuesto
Luffy levantó la vista y miró con seriedad a Zoro. – No hay motivo para dudar de ellas.
Zoro sostuvo la mirada de su capitán. Era su hora de hablar.
- Nami nos ha ocultado algo todo este tiempo.
- Lo sé.
La respuesta de Luffy descolocó al espadachín por completo, que no supo cómo continuar. Luffy se limitó a sonreír.
- Nami no necesita estar encerrada en la biblioteca para dirigir el barco. Sé que hay algo que va mal, pero también sé que ella no nos decepcionará. Ella nos sacará de esta isla. Zoro, confía en ella.
La sorpresa de Zoro se transformó en una mirada dura.
- Nunca he dudado de ella, Luffy. Simplemente creo que, después de todo lo que hemos sufrido, merecemos una explicación.
- La tendremos cuando ella sepa cómo dárnosla.
Zoro ya no podía más. Luffy se estaba comportando en esa conversación de una forma tan madura que comenzó a sentir escalofríos. En muchas situaciones habría deseado que su capitán analizara la situación con esa frialdad y objetividad, pero en ese momento no le gustaba, no era Luffy. Por ello, sin saber muy bien por qué, se levantó de la cama y se sentó al lado del pequeño, decidido a hacer que se comportara como el niño que era.
Luffy, sorprendido por el movimiento de Zoro, no pudo más que seguirle con la mirada. Cuando iba a preguntarle qué hacía, sintió como su querido sombrero desaparecía de su cabeza. Boquiabierto, vio cómo el espadachín lo tomaba entre sus manos, jugaba un segundo con él y, dibujando una sonrisa burlona en sus labios, lo colocaba sobre su cabeza mientras decía con sarcasmo: - ¡Qué confiable te has vuelto, capitán! Lástima que eso haya provocado que seas más despistado.
Con una venita a punto de estallar en su frente, Luffy se tiró sobre Zoro dispuesto a recuperar su sombrero. Sin embargo, riendo cada vez más alto, Zoro sujetó las muñecas de su capitán y se limitó a apartar su cabeza de la trayectoria de los mordiscos que Luffy había comenzado a lanzar al aire.
Como si hubiera accionado un interruptor, se escuchó un "click" en la mente de Luffy, que desvió su mirada desde su sombrero hasta las katanas de Zoro. "La blanca es la más importante para él", sonrió maliciosamente. Cuando Zoro quiso darse cuenta de lo que su pequeño capitán pretendía, ya era demasiado tarde: Luffy se había zafado con gran maestría de su agarre y le había quitado sus katanas, quedándose con la blanca y apoyando el resto sobre la pared. Tras eso, el moreno se había separado de él y se había puesto de cuclillas encima de la otra cama. Cuando Luffy le sacó la lengua de forma descarada, el hasta ahora dominante espadachín no aguantó más. Despacio, muy despacio, se incorporó y se levantó de la cama. Cuando estuvo de pie, se sacudió la ropa bajo la mirada expectante de Luffy. Finalmente, tras ese silencio que simulaba la calma, vino la tempestad.
- Ahora sí que lo has logrado, pequeño mono… ¡Te vas a enterar! – y dicho eso, comenzó a perseguir furioso a un Luffy saltarín por toda la cabaña.
Tras un buen rato en el que Luffy no paró de correr por toda la habitación burlándose del espadachín, quien cada poco estaba tropezando, resbalando, e incluso perdiéndolo de vista, Zoro consiguió dar caza a su capitán y arrebatarle su preciada espada, momento que Luffy aprovechó para volver a tirarse sobre él y recuperar su sombrero, lo que provocó que la katana se deslizara de las manos del espadachín hasta el suelo unos metros más allá. Aunque al principio Zoro consiguió defender el sombrero con eficacia, la sorpresa de caer en el suelo con su capitán sobre él jugó en su contra, y en un movimiento defensivo poco eficiente, Luffy logró que una de sus manos agarrara su sombrero, elevándolo sobre la cabeza del espadachín y volviendo a colocarlo sobre la suya. Entonces, como un niño al que le hubieran regalado un caramelo, comenzó a reír mostrando una enorme y feliz sonrisa que removió todo el interior del espadachín.
Durante todo el tiempo que Luffy permaneció sobre él, Zoro mantuvo una sonrisa de felicidad en su cara, incluso de vez en cuando imitaba a su capitán y reía con él. Ese era el Luffy que quería ver: soñador, risueño, alegre y despreocupado. Prefería proteger su sonrisa antes de que se volviera un capitán responsable. Al fin y al cabo, esa era la sonrisa por la que todos habían quedado atrapados en su red. "Habíamos", rectificó.
Cuando Luffy cesó de reír, se dio cuenta de que estaba sobre el espadachín. La sonrisa titubeó un instante sobre sus labios mientras se fijaba en la expresión del espadachín. Zoro estaba con los ojos cerrados, pero sonriendo tranquilamente. Sin embargo, al notar el cambio de humor en Luffy, abrió los ojos preocupado. Ante él se encontraba su capitán, sonriendo tranquilamente pero con la misma intensidad de siempre tras darse cuenta de que el espadachín no estaba molesto con él. Zoro reprimió un suspiro de alivio, y volvió a suprimir otro de sorpresa cuando notó que Luffy se movía sobre él no para apartarse, si no para apoyar su cabeza en la hendidura de su hombro. Sin saber cómo reaccionar, Zoro se quedó totalmente quieto, con los brazos tendidos en su costado. Cuando se dio cuenta de que la respiración de Luffy se volvía cada vez más suave y regular, estiró un brazo y zarandeó levemente su espalda.
- Oe Luffy, no te quedes dormido sobre mí. Eres pesado y el suelo no es precisamente cómodo – Luffy se limitó a removerse un poco sobre él, pero en ningún momento se apartó. Zoro, algo enfadado, le zarandeó con más fuerza. - ¡Oye! No pienso dormir toda la noche en el suelo.
- … Zoro… Gracias… - susurró Luffy en sueños.
Zoro dejó de mover su mano sobre la espalda del capitán y cerró los ojos. Otra vez ese calor recorría su cuerpo, incluso comenzó a pesar que pasar una noche durmiendo en el suelo era una buena opción.
Tras unos largos minutos acariciando la cabeza de su capitán (el gorro había salido volando cuando Luffy se había tumbado sobre Zoro, cuya mano misteriosamente había acabado enredada en el cabello de Luffy), el peliverde sintió que un pequeño escalofrío recorría el cuerpo del pequeño. Intentando moverle lo menos posible para no despertarle, deslizó la mano de la cabeza hasta las piernas de su capitán, y sujetándolo por la espalda consiguió levantarse con él encima y desplazarse hacia una de las camas, donde lo tumbó boca arriba, quedando esta vez él sobre el moreno.
Zoro no pudo evitar lanzar una mirada a la cara del pequeño. Sus ojos cerrados, sus mejillas sonrosadas por el frío, al igual que sus orejas, sus finos cabellos que apartó con una de sus manos, esos labios entreabiertos que parecían susurrar su nombre con cada exhalación…
De repente, Luffy estornudó sobre Zoro, quien dio gracias por no tener sus katanas a mano. Soltando un sonoro suspiro, envió a su capitán una mirada envenenada y volvió a sentir terribles ganas de despertarle a golpes. Se separó de Luffy y cogió la manta de la otra cama, tapándole. El peliverde se sentía completamente desvelado, así que decidió salir a hacer compañía al pequeño renito. Antes de salir por la puerta dirigió una última mirada a su estúpido capitán. "¿Qué acaba de pasar aquí?", se preguntó sin entender por qué no había apartado a Luffy desde el principio, por qué su cuerpo no había querido deshacer ese contacto con él. Observando la cara de dormido de su capitán, que acababa de comenzar a roncar sonoramente con la boca abierta de par en par, no pudo evitar sonreír. "¿Qué tiene de tierna esa expresión?", pensó riéndose de su "yo" de hacía unas horas.
Tras desear buenas noches a su pequeño capitán, Zoro abandonó la cabaña y se dispuso a acompañar a Chopper durante buena parte de la noche. "Ni siquiera puedo beber sake para que me ayude a dormir…".
