Bueeeeeno, bueno, bueno. Teniendo en cuenta que dos de mis chicas favoritas han cuestionado la existencia de escenas ZoSan en este Fic, voy a aprovechar la introducción de este capítulo para negarlo xD
Es cierto que a lo largo del Fic me voy a centrar bastante en escenas entre Zoro y Sanji, pero para nada es porque Sanji esté enamorado de Zoro. ¡Nooo no no, para mí esos conflictos emocionales no pueden existir! xD
Mi intención con las escenas entre esos dos es simple: en muchos Fics se dibuja su relación como puro odio, pero yo no lo veo así. Sanji y Zoro son nakamas, así que por muy mal que se lleven, se preocupan el uno por el otro y se apoyan, pero Sanji (al menos en este Fic xD) no tiene ojos para nadie que no sea Nami o Robin xD
El caso es que lo que quiero reivindicar es que Sanji y Zoro no sólo pelean, no se limitan a luchar entre ellos, y no se llevan mal hasta el punto de odiarse. Para mí, en el anime ambos son los pilares base de Luffy, quizá Sanji menos que Zoro, pero él también ha sido un importante apoyo fiel a Luffy desde el principio. Además, ambos tienen un nivel de fuerza bastante igualado, por lo que disfrutan peleando, es algo que necesitan para desahogarse. Y cuando la situación es seria, ambos saben que deben unir sus fuerzas por el bien tanto de sus nakamas como de Luffy. Así mismo, ambos saben qué límites no deben cruzar en sus peleas y discusiones... Y me encanta verlo de ese modo, adoro ver su relación entre ellos así, por eso disfruto haciendo escenas entre ellos, pero no hay ZoSan noooooo D= (xDD). Siendo soltar este rollo, simplemente esa es mi visión de One Piece y de estos dos xD
Lo siento, no hay ni ZoSan ni triángulo amoroso xDD ¡Pero no os fijéis en esos detalles! Si seguís así encontraréis también Zoro x Robin, Luffy x Nami, Franky x Robin, Chopper x Robin (o.o), Zoro x Usopp... ¡e incluso Robin x Nami! (¡Todos por Robin xD!) Como buenas fujoshi siempre os fijáis en el más mínimo detalle, pero sólo es un ZoLu xD Lo demás es pura amistad entre ellos ~
Siento mucho haberos soltado todo ese rollo, ya no me entretengo más, disfrutad del capítulo ^.^
Al salir de la cabaña, Zoro se dio cuenta de que Chopper no estaba en la playa. "¿Dónde se habrá metido?", se preguntó el espadachín mientras cogía una botella en la cocina improvisada que habían establecido en la costa. Mirando varias veces a su alrededor, con mucha precaución, se acercó despacio y con disimulo al último barril de sake. Tras la cena, ni Nami ni Sanji le habían permitido beber más que unos pocos tragos, por lo que aún quedaba un poco de sake en el barril. Todo lo rápido que fue capaz, Zoro llenó la botella y la contempló con una malvada sonrisa en la cara. "Esta botella será solo mía", pensó mientras comenzaba a reír de forma un tanto siniestra.
De repente, el espadachín se giró, llevó la botella a su espalda y se irguió todo lo que pudo, comenzando a sudar. Había escuchado detrás de él una puerta cerrarse, y no quería que nadie le arrebatara su pequeño placer.
- ¡Oh, Zoro! Creí que habías ido a dormir
Aunque escuchar la voz de Chopper relajó al peliverde, siguió manteniendo la botella de sake en su espalda, e inmóvil, le respondió con una sonrisa forzada.
- E-es que no tengo sueño y pensé en hacerte compañía un rato.
Chopper comenzó a reír feliz y agradecido, hasta que se acercó más al espadachín y vio que estaba situado junto al barril de sake. Inmediatamente su humor cambió y se puso a gritar:
- ¡OYE ZORO! ¡NAMI Y SANJI TE PROHIBIERON QUE BEBIERAS MÁS SAKE! ¿QUÉ HACES AHÍ?
Alarmado, el espadachín comenzó a sisear pidiéndole al médico silencio mientras se alejaba del barril. - ¡Deja de gritar Chopper! – decía nervioso. – No quiero beber sake, ¿ves? Ya me alejo, ya me alejo.
Chopper siguió con la mirada al espadachín y se relajó cuando vio cómo se sentaba en el banco más alejado del barril. Creyó haber notado algo extraño en su forma de andar, pero no le dio importancia. Nuevamente alegre, le preguntó al peliverde:
- ¿Te encuentras mal? ¿Quieres que te prepare algo para dormir?
Zoro le sonrió con amabilidad mientras rechazaba su oferta. – No te preocupes, no me pasa nada. Simplemente no me apetece dormir.
Chopper le miró extrañado. - ¿No te apetece dormir? ¿Estás seguro de que no te pasa nada, Zoro? Puedo revisarte en un momento.
Ofendido y divertido a la vez, Zoro volvió a rechazar su oferta mientras con disimulo escondía la botella de sake tras el banco, en un punto en el que pudiera cogerla con rapidez y huir si fuera necesario. "¿Luffy encontrará la botella si la escondo debajo de la cama?".
Tras una hora hablando, Zoro vio cómo Chopper volvía a examinar las hierbas que había recogido en la isla. Antes habían estado tan entretenidos que se había olvidado de su labor. Observando al reno, Zoro se dio cuenta de que todas las hierbas que examinaba tenían su correspondiente apartado en alguno de los libros que el médico llevaba consigo.
- ¿No has encontrado ninguna hierba desconocida en esta isla? – le preguntó. Hasta ese momento, todas las islas tenían alguna planta única que no aparecía en los libros que Chopper había llevado consigo desde su isla.
Chopper le miro entre serio y preocupado. – Por ahora no, todas las plantas que he encontrado ya sabía cuáles eran y vienen recogidas en algún libro… - guardó un segundo de silencio antes de continuar. – Franky y Robin dijeron que pasa lo mismo con los animales de esta isla. No han encontrado ninguna especie desconocida. No hay nada extraño en esta isla… - concluyó quedándose quieto, sumido en sus pensamientos.
Zoro apartó su vista del renito y meditó sobre esas palabras. ¿Qué significaba eso? Todas las islas en las que habían estado tenían algo diferente, todas habían pasado por una línea evolutiva las diferenciaba de las demás… al menos, algo parecido había entendido un día de una conversación entre Robin y Nami. Sin embargo, en esa isla todo era común, todo era conocido. Eso le inquietaba sin comprender muy bien por qué. "¿A caso no es bueno que sepamos que no existen peligros en esta isla?". No, no era bueno. La normalidad era en sí un peligro. "No podemos confiarnos. Que en apariencia esta isla sea segura no quiere decir que realmente lo sea". Volvió su vista hacia Chopper, quien había comenzado otra vez a trabajar con las hierbas.
- ¿Tenéis alguna idea de por qué todo en esta isla es conocido? – Zoro usó el plural consciente de que Robin ya habría sacado sus conclusiones sobre ese tema, y posiblemente las había expuesto ante alguno de sus nakamas.
- … - Chopper tardó en contestar. Ni siquiera había levantado la vista hacia el espadachín, aunque sí había cesado de manipular las hierbas. – Robin cree… que como todo lo que hay en esta isla está recogido en algún libro… es posible que esta isla nunca hubiera estado aislada… – concluyó levantando la vista hacia el espadachín.
Zoro, sorprendido, se tomó un segundo para pensar en lo que esas palabras implicaban. Comenzó a exponer su teoría sin preguntar, simplemente soltando frases y esperando la confirmación del renito.
- Sin embargo, no se puede llegar a esta isla con facilidad – Chopper asintió.
- El Log Pose en ningún momento apuntó hacia ella, a pesar de que estaba en nuestro camino – silencio.
- Pero todo lo que hay en esta isla está recogido en libros, por lo que esta isla ya se conocía – silencio.
- Eso significa que hubo un tiempo, posiblemente no muy lejano, en el que sí se podía llegar a ella con facilidad – más silencio.
- Ha podido estar habitada en algún momento, y ser un punto de paso para piratas como nosotros – Chopper agachó la cabeza.
- Pero ahora no se puede llegar a ella, sólo aparece en los mapas como una de otras tantas islas sin importancia – silencio.
- Algo o alguien no quiere que esta isla sea descubierta – el renito se removió en su asiento al compás del escalofrío que le recorrió.
"Malditas mujeres. Esto no es algo que se pueda ocultar". Zoro estaba furioso. Pensaba en la conversación que acababa de tener con su capitán, en la fe ciega de Luffy hacia sus compañeras, y ver cómo ellas se habían callado una información tan importante le hacía hervir la sangre. Más que enojado, Zoro clavó sus dedos sobre el banco como medida de precaución. Recordó que no había recogido sus katanas, y volvió a agradecerle a Luffy que se las hubiera quitado. El renito, que había decidido permanecer en silencio, le miraba muy asustado. Zoro no estaba dispuesto a permitir que se burlaran de él de esa manera. Respirando profundamente para enterrar toda la rabia que sentía, comenzó a analizar su actual situación. "Es imposible que lleguemos a una isla normal y corriente, en todas tenemos que encontrar problemas", pensó resignado. "Tiene que ser alguien muy poderoso el que no quiere que nadie llegue aquí, con suficiente poder como para conseguir confundir al Log Pose". ¿Quién tenía tanta fuerza… o inteligencia en ese mundo como para conseguirlo? "¿Alguna Akuma no Mi? ¿La Marina? ¿El Gobierno Mundial?" Fugazmente por su mente pasaron los revolucionarios, pero los desechó con rapidez. "No entiendo muy bien qué pretenden, pero dudo que esto sea parte de su plan". Cuando por fin notó que Chopper le miraba asustado, relajó su expresión y aflojó el agarre de sus manos sobre el banco, donde ya había dejado marca. Dirigió su mirada hacia la cabaña de las chicas, que tenía las cortinas corridas. "Espero que no tardéis mucho más en convocarnos para una reunión. Si no…" ¿Si no qué? ¿Iba a desobedecer a su capitán, que había decidido esperarlas? Su vista de desvió hacia su cabaña, donde dormía Luffy. "El confía en nuestros nakamas… y yo también", se dijo y se repitió hasta que se cansó de pensarlo. Nuevamente observando la cabaña de las chicas, tomó una decisión. "Vosotras iréis con cuidado, pero Luffy no". Bajó la vista, apoyando su cabeza en sus manos. "Estoy seguro de que los demás también tendrán cuidado". Levantó su vista, y lo primero que apareció ante sus ojos fue la imponente montaña de la isla, de roca rojiza en su cumbre. Sintió un escalofrío recorrerle. "No debemos acercarnos ahí". Comenzó a pensar en Luffy. "Lo siento capitán, pero me interpondré en tus aventuras", prometió preocupado porque su descuidado capitán se fuera solo por su cuenta y acabara descubriendo algo que era mejor que no descubriera. Por primera vez en la noche, dirigió un pensamiento positivo hacia las chicas de la tripulación. "Al menos me pusisteis en el grupo de Luffy". No tenía la menor intención de separarse de él, al menos hasta que llegara el momento de la tan ansiada explicación.
Zoro, cansado, se dejó caer sobre la arena escondiendo la botella de sake debajo de su cuerpo. Observando el cielo, sintió como poco a poco los párpados le pesaban más y más. Finalmente, se dejó llevar por el agotamiento hasta dormirse. Mientras tanto, Chopper suspiró aliviado cuando notó cómo la respiración del peliverde, que había estado agitada desde que dejaron de hablar, se normalizaba. Mirando hacia la luna, olfateó el ambiente. "No parece que haga frío", pensó. Cuando dirigió su mirada hacia el espadachín susurró: - Quizá te siente bien dormir al aire libre esta noche… - y regresó a su trabajo.
Luffy se removió inquieto en su cama, lo que provocó que Zoro, nervioso, dejara caer la botella de sake al suelo. Se había levantado hacía unos minutos, cuando Sanji salió de su cabaña para preparar el desayuno. En realidad, si hubiera sido por el peliverde, se habría quedado en la playa "jugando" con el cocinero, pero tuvo que pensar en el bien de su sake, por lo que cuando Sanji se acercó hacia él salió corriendo hacia su cabaña con la botella escondida dentro de su camiseta.
Antes de recoger la botella, Zoro se volvió hacia el moreno. Luffy seguía dormido mirando hacia la pared. Con cautela y despacio, Zoro fue avanzando hacia él, hasta que tuvo la cara del pequeño a la vista. Estaba completamente dormido, con la boca semiabierta y emitiendo suaves ronquidos. Cuando Zoro vio su expresión tranquila, recordó la escena de anoche... recordó cómo los labios de Luffy le habían llamado... y como los suyos habían querido responderle.
Sin poder evitarlo, el peliverde empezó a avanzar hacia Luffy hasta situarse al lado de su cama. Poco a poco fue inclinándose sobre su capitán, como si éste fuera una brillante estrella y él un planeta atraído por su gravedad. No era capaz de apartar sus ojos de esa tez suave, del leve balanceo de su cabeza al son de su respiración, de su fino cabello que se contoneaba con cada ligera brisa que entraba por la ventana. "Detente", se decía, pero su cuerpo no le obedecía y no cesó en su avance, cada vez con el rostro de su capitán más cerca del suyo. "Deja de moverte", pero no era capaz de enviar la orden a su mano, que despacio seguía la trayectoria de su cabeza. Cuando alcanzó el pelo azabache del pequeño y notó su tacto, supo que ya no había vuelta atrás para él. "No lo hagas" pero ya era tarde. Sus labios estaban a milímetros de los de su capitán. "NO" gritó en su cabeza, consiguiendo detener su cuerpo. Su mano, que había comenzado a acariciar el cabello de Luffy, también se detuvo. Se mantuvo un minuto inmóvil sintiendo la respiración del pequeño sobre todo su cuerpo, que se estremecía con cada exhalación pidiéndole más y más. De repente y sin previo aviso, su mano comenzó a deslizarse lentamente hacia esos labios que no hacían más que llamarle. Comenzó a acariciarlos, aunque apenas los rozaba, como si tuviera miedo de dañarlos con sus rudas manos. Segundos después, la mano continuó su avance por encima de la manta que cubría al pequeño, hasta que se posó en su pecho. Zoro sentía cómo los latidos de su corazón comenzaban a adaptarse al ritmo de los de Luffy. Cada pulso del pequeño hacía arder su mano, y ese calor se expandía por todo su cuerpo como si estuviera formado por una mecha, sin poder detener el fuego. "Se acabó. Deja de hacer el idiota". Con un suspiro interno, Zoro, aterrado, comenzó a retroceder tan lentamente como había avanzado. En esos momentos sabía que como Luffy se despertara no iba a poder volver a mirarle a la cara nunca más. Sin embargo, inesperadamente, el pequeño se dio la vuelta en la cama. Si no hubiera retrocedido ya levemente, los labios de ambos se habrían juntado. Sin embargo, Zoro sólo sintió un leve roce que dejó un ardiente sabor a su paso. "Al cuerno todo" pensó mientras volvía a avanzar.
Luffy comenzó a estirarse en su cama sin aún abrir los ojos. Seguía teniendo sueño, pero el hambre le urgía más. De repente, escuchó una especie de tintineo a su lado. Abrió los ojos y vio cómo su compañero le daba la espalda mientras movía sus brazos y el colchón. Luffy no pudo evitar la sonrisa que ocupó su rostro.
- ¡Buenos días Zoro!
El pequeño vio cómo el peliverde se detenía al mismo tiempo que un escalofrío le hacía temblar. Segundos más tarde, volvía a su tarea tras haberle respondido con un casi inaudible y poco entendible "buenos días". Luffy, preocupado, se levantó de la cama.
- Zooooooooooro, ¿qué estás haciendo? – dijo mientras se lanzaba sobre su espalda, colgándose del cuello.
- ¡Ay ay ay ay! – se quejaba Zoro mientras sentía que perdía el equilibrio.
Ambos cayeron de nuevo sobre la cama del pequeño, uno riendo y otro gruñendo. Cuando pudo recomponerse, Zoro golpeó la cabeza de su capitán.
- ¡No hagas esos sin avisar, idiota! – exclamó enfadado.
Luffy siguió riéndose mientras se recolocaba el sombrero sobre su cabeza. Sin embargo, cuando se fijó en su compañero, se dio cuenta de que algo no iba bien. Zoro parecía nervioso y no paraba de evitar su mirada.
- ¿Estás bien? – le preguntó mientras intentaba posar su mano en el hombro del peliverde. Sin embargo, éste le esquivó, se levantó de la cama y se alejó del moreno.
- Sí, no te preocupes – respondió secamente, dejando a Luffy impactado e intranquilo. Hasta ese día, Zoro nunca había rehusado el contacto con él. Le podía golpear por acercarse demasiado o jugar cuando él estaba dormido o entrenando, pero nunca le había evitado de esa manera. "¿Me lo habré imaginado?", quiso pensar.
Zoro salió de la cabaña con un paso rápido. "¿Qué demonios te pasa?", se reprochaba. Luffy pronto salió detrás de él, dispuesto a insistir sobre su estado, pero el olor del delicioso desayuno de Sanji inundó todos sus sentidos, haciendo que se olvidara del resto de sus preocupaciones.
Ya estaban casi todos reunidos en la mesa cuando Luffy se acercó corriendo a ella. Aún faltaba Brook, que había ido a por agua al río, y Usopp, que aún no se había levantado. Como Luffy ya no tenía el excepcional hambre de los pasados días, a Sanji le fue más fácil contenerlo para que no empezara a devorar todo lo que había ya en la mesa. Era lo suficientemente sencillo como para poder preocuparse de otras cosas al mismo tiempo.
- ¡Oe marimo! ¿A qué vino lo de antes? – preguntó recordando cómo Zoro había huido de la playa nada más verle.
Zoro desvió su mirada sospechosamente mientras se sentaba en la mesa. – No sé de qué me hablas.
Sanji parecía a punto de estallar. - ¿Por qué demonios te fuiste corriendo cuando salí de mi cabaña?
Zoro suspiró aliviado. – No me apetecía ver tu cara, ero-cook. No me gusta arruinar las mañanas tan temprano – le respondió mirándole desafiante y sonriéndole con burla.
- ¿Qué acabas de decir, moho con patas?
- Lo que has oído, cejillas.
Inevitablemente comenzó una nueva pelea entre ellos. Aunque, ¿quién dijo inevitablemente? Una malhumorada pelirroja le puso fin con rapidez.
- Dejad de hacer el idiota tan temprano, no me apetece aguantar vuestras tonterías.
- SIIIIIIIIIIIIII MELLORINEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE~.
Zoro se limitó a sentarse de nuevo en la mesa. No le apetecía sentir el "ardiente amor" de la pelirroja sobre su cabeza.
- ¿Por qué demonios tenéis tantas energías por la mañana? – preguntó un somnoliento narigudo mientras se frotaba los ojos a la vez que tomaba asiento al lado de un cada vez más impaciente Luffy.
- ¡No necesito nada más que mis bellas damas para recargarme de energía ~! – canturreó el cocinero mientras rellenaba la taza de café de Robin, quien se lo agradecía con una suave sonrisa.
- ¡Oe Usopp! – llamó Franky. – Encontré unas enormes gomas detrás de las cabañas. ¿Qué estás planeando?
Usopp sonrió arrogante. – Me alegra que preguntes, Franky-kun. ¡El gran Usopp-sama mantiene su cabeza siempre en funcionamiento! Estoy preparando un pequeño invento que permitirá huidas rápidas y certeras. Yo lo llamo… KUWAG…
- ¡Yohohoho ~! ¡Buenos días a todos! Parece que os estáis divirtiendo – dijo Brook mientras se acercaba cargando una gran tinaja con sus brazos. Parecía que le costaba aguantar su peso.
- ¡Brook! No hacía falta que fueras a por agua, no era tu turno – se quejó Franky al ver cómo el esqueleto avanzaba con dificultad. Usopp, cuando vio cómo Franky dejaba de prestarle atención, se limitó a reír nervioso y a hacer como si nada hubiera pasado.
- Gracias, Franky-san, pero me apetecía pasear un poco por la isla – dijo mientras depositaba la tinaja cerca de la improvisada cocina. - ¡FUUUUUUUUUUUUU! ¡Qué pesada! Creí que mis huesos iban a romperse. ¡Sanji-san, leche por favor! – dijo mientras se sentaba al lado de Robin.
- ¡Espera un momento, ya casi acabo con el desayuno! – dijo Sanji mientras exprimía las últimas gotas de zumo que quedaban en una naranja. Cuando acabó, tomó un cartón de leche y uno de los vasos más grandes que tenía. – Ya está todo listo. ¡Espero que tengáis ham… AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH! – gritó. - ¡BROOK, MALDITO, YO QUERÍA SENTARME AL LADO DE ROBIN-CHWAN!
- ¡Yohohoho ~! Lo siento Sanji-san, me apetecía la compañía de una hermosa señorita en el desayuno. Por cierto, Robin-san… ¿podrías…?
- ¡ENCIMA NO LE PREGUNTES ESO! – gritó Sanji mientras le lanzaba la bandeja al esqueleto una vez hubo dejado su contenido sobre la mesa.
- ¡Si aún no he preguntado nada! ¡Yohohoho ~!
Y así comenzó una vez más el desayuno de la banda. Sólo unas pocas personas pudieron notar una pequeña diferencia con los anteriores. "¿Qué demonios le pasa a ese idiota?", se preguntó Nami. "¿Habrá sucedido algo?", se preguntó Robin.
- Zoro, ¿estás bien? – preguntó el renito, preocupado, manifestando los pensamientos de sus compañeras.
Zoro se atragantó. Él no se había dado cuenta, pero al parecer había estado demasiado tranquilo desde que acabó su discusión con Sanji. Unos pocos interesados prestaron atención a su respuesta. Luffy y Usopp estaban atareados peleando por su comida, y Sanji y Brook seguían discutiendo, así que no fueron conscientes de la pregunta recién formulada.
- No te preocupes Chopper – respondió Zoro, intentando mantener un tono de voz estable. – Simplemente no dormí muy bien.
Chopper le miró culpable. – Lo siento, debí haberte llevado a la cabaña cuando te quedaste dormido – se reprendió cabizbajo.
Zoro le dirigió una sonrisa forzada, "debí pensar una excusa mejor". – No es por eso Chopper, dormí muy bien en la playa. No te preocupes, no estoy cansado ni nada. Estoy bien – concluyó sonriendo más ampliamente cuando Chopper levantó la mirada hacia él. Chopper, más tranquilo, correspondió la sonrisa, asintió y volvió a su plato.
"Así que kenshi-san ha dormido en la playa… qué interesante".
"¿Zoro ha dormido en la playa? ¿Por qué?"
Como si estuvieran compenetradas, las dos chicas dirigieron su mirada hacia su capitán, quien seguía comiendo como siempre, al margen de la reciente escena. Extrañadas, volvieron a desviar su mirada hacia el espadachín. Era verdad que estaba más apagado, sumido en sus pensamientos. Cualquiera podía haberlo notado. Parecía incluso nervioso.
"Algo importante ha pasado aquí…"
Zoro seguía comiendo despacio, al margen de todo el ruido que hacían sus nakamas. Sabía que si no quería que le volvieran a preguntar debía intentar comportarse como siempre, pero no era capaz. Incluso en su cabeza estaba todo enredado; era incapaz de hilar dos pensamientos coherentes seguidos. Por si el lío de su cabeza fuera poco, en su pecho convivía un amasijo de sentimientos sin clasificar que no hacían más que empeorar su situación. Era capaz de reconocer algunos, como el nerviosismo, la preocupación, el cansancio o el miedo. También reconocía la excitación, aunque el hecho de hacerlo provocaba que los anteriores aumentaran su intensidad. "Soy un hombre. Es lógico que me excite", si, ¿pero con otro hombre? ¿Con su capitán? "No, no es lógico. Debí beber más de lo que pensaba en la cena", si, ¿y por la mañana cuando despertó? "Seguía dormido, debí confundirme", ¿seguro? "Seguro".
Las excusas no paraban de aparecer por su mente. Mil razones por las que intentaba explicar lo que había pasado minutos antes en la cabaña… pero ninguna convincente. Cansado y mentalmente agotado, Zoro se levantó y llenó su vaso en el casi vacío barril de sake.
- ¿Qué demonios estás haciendo marimo idiota? ¡Vas a arruinar el desayuno si bebes eso! – se quejó Sanji, enfurecido. No había cosa que le fastidiara más que sus comidas se estropearan por un mal "acompañante".
- No te importa cejillas – le susurró Zoro con un tono que heló al rubio. Ambos habían desarrollado un lenguaje que sólo ellos entendían, y Sanji sabía que su tono significaba que no era momento para peleas. "¿Qué le pasa a este idiota?" pensó preoc… extrañado.
Con su vaso lleno, Zoro se alejó de la mesa y se sentó en la playa. Se habría ido por su cuenta a investigar la isla, pero no olvidaba la promesa que se hizo anoche, y no le importaba lo que le pasara en su cabeza, no dejaría a Luffy solo en ningún momento.
- Gracias por el desayuno, Cook-san – dijo Robin mientras se levantaba de la mesa minutos después de que el espadachín lo hubiera hecho. Ignorando con una sonrisa los halagos del cocinero, Robin cogió su taza llena de café y, ante el asombro de todos (los que se dieron cuenta) se dirigió hacia el peliverde.
Cuando la morena llegó a su lado, Zoro se limitó a ignorarla. No le apetecía hablar con esa mujer, a sus ojos seguía siendo peligrosa. No de la misma manera que antes, ahora sabía que no sería capaz de hacerles nada, pero seguía siendo endemoniadamente lista.
- ¿Puedo sentarme, Kenshi-san?
Ante el silencio del espadachín, Robin tomó la iniciativa y se sentó a su lado. La morena no sabía cuál de todas las posibles preocupaciones rondaba por la cabeza del espadachín, así que decidió mantenerse en silencio, esperando recibir alguna pista para saber cómo actuar.
Zoro la miró de manera desconfiada, pero la morena se limitó a beber de su taza. Sin dejar de desconfiar, Zoro volvió su vista hacia el mar y la imitó bebiendo de su vaso.
Tras unos minutos de silencio, Robin sintió la intensa mirada del espadachín en su cuerpo. Se mantuvo inmóvil, esperando alguna posible reacción o pregunta de éste, pero al ver que el silencio permanecía, intentó mirarle con discreción. Sorprendida, vio cómo los ojos del espadachín no se alejaban de sus labios. Para provocarle, Robin paseó su lengua por estos a modo de seducción. Zoro cerró los ojos y emitió un leve suspiro antes de apartar la mirada de ella. "Así que se trata de eso…".
Zoro no podía tranquilizarse. Era raro que la morena se acercara a él sólo buscando su compañía. Más que raro, nunca lo había hecho, siempre tenía intenciones ocultas. Esperó en silencio a que la mujer empezara a hablar, pero al ver que no lo hacía, no pudo contenerse más. Iba a preguntarle directamente qué quería cuando los labios de la mujer atraparon su mirada. "No puede ser", la mente de Zoro quedó petrificada. Apartó la mirada de la morena, aunque segundos más tarde volvió a ella, esta vez paseándola desde abajo hacia arriba. La mujer vestía una larga falda azul con motivos florales, de una suave tela que respondía a la más mínima brisa con un balanceo. "Es más sensual que muchas de las prendas que viste Nami", pensó para sí. Siguió subiendo y se encontró con una camiseta corta de un tono rosáceo que dejaba a la vista su vientre. Más arriba se encontró con sus pechos, grandes y firmes, "cualquier hombre en sus cabales desearía ese cuerpo", aceptó.
Entonces… ¿él no estaba en sus cabales?
Su mirada siguió subiendo y volvió a su rostro. La morena estaba observando su taza de café con esos profundos ojos azules que parecían desnudar a cualquiera a quien los dirigiera. La piel de Robin también era de un suave moreno. "¿También?" se sorprendió por su pensamiento. También, como la de Luffy. Y su cabello, a media melena, brillaba bajo la luz del sol saliente, y bailaba al ritmo de su falda cuando al aire le apetecía jugar con ambos.
¿Y sus labios? Estaban húmedos por el reciente sorbo de café que había tomado. Jugosos y suaves, apetitosos. De repente, Robin paseó su lengua por ellos de una forma muy erótica. Zoro cerró los ojos. "¿Qué demonios me pasa?", tenía delante de él a una mujer impresionante, incluso él podía darse cuenta… pero no sentía nada. Nada comparado con el fuego que le quemaba por dentro cada vez que observaba a Luffy de ese modo. Suspiró suavemente y volvió a mirar al mar. "¿Cómo he llegado a esto? Luffy es mi capitán, mi nakama. Mi amigo", y punto. O eso creía hasta que llegaron a esa isla.
De repente, escuchó una suave risa a su lado.
- Kenshi-san, ¿ya está todo bien?
Zoro dio un respingo, y casi tiró el último trago de sake que quedaba en su vaso. Miró a Robin con una mezcla de miedo y asombro. "No puede ser… ¿qué tan inteligente llega a ser esta mujer?". Robin se giró hacia él sonriéndole con complicidad y comprensión, gesto que asustó aún más a Zoro. "¿Todo… bien?"
- No sé a qué te refieres – le contestó a la defensiva, apartando su mirada de ella.
- ¿De qué tienes miedo exactamente?
Zoro quedó paralizado. "¿Miedo?". Él no tenía miedo de nada. Él… él… él volvió a cerrar los ojos. "Miedo…", quizá. Al fin y al cabo, sentía tantas cosas en ese momento que era posible que una de ellas fuera miedo. "¿De qué?", volvieron a su mente las imágenes de Luffy tumbado sobre su cuerpo, con su cabeza apoyada en su hombro y su mano enredada en sus cabellos, acariciando su cabeza. También imágenes de Luffy, esta vez bajo él, suspirando lo que Zoro quería pensar que era su nombre. Y finalmente, le invadió la ardiente sensación que quemó sus labios horas antes, cuando él… "besé a Luffy". Por fin, después de pasarse todo el desayuno debatiendo interiormente si formular o no ese pensamiento, Zoro se atrevió a admitirlo. "He besado a Luffy y no me ha disgustado" remató.
Más tranquilo, Zoro volvió a mirar a la morena, que seguía observándole con esa sonrisa comprensiva, mostrándole su apoyo. Relajando su endurecida expresión, le agradeció en silencio su intervención, contestando a su pregunta.
- A nada, ya. Aunque quizá es ahora cuando debería empezar a tenerlo.
La sonrisa de la morena se difuminó. "Todo el mundo se asusta de las nuevas experiencias que vive, Kenshi-san", quería decirle. "Aquellos sentimientos que pueden cambiar tu mundo con sólo unas simples palabras de las personas a las que van dirigidos son los más temidos", recordó cómo la esperanza le había invadido en Enies Lobby cuando sus nakamas… Los ojos de la morena comenzaron a brillar mientras desviaba la vista del peliverde. "Son los que más miedo nos producen, los más intensos, pero también son los más increíbles, los únicos que merece la pena vivir".
- No tengas miedo – susurró. – No debes temer aquello que te hará más fuerte.
Zoro no hizo nada por impedir que la morena se fuera de su lado. Cuando Robin se levantó y le volvió a dejar solo, por primera vez en esos días vio la luz. "De eso se trataba…", no podía negarlo. Lo que su tonto capitán despertaba en él era algo diferente y único a lo que cualquier otra persona había suscitado en él. "Kuina…", su preciada amiga de la infancia idolatrada en sus recuerdos volvió a su mente. "¿Cuánto tiempo hace que te he olvidado?", Zoro lo sabía. Desde que Luffy había entrado en su vida, poco a poco su mente sólo podía llenarse con él. Sus preocupaciones venían de él, su fuerza también. Su alegría, sus sonrisas, sus inquietudes… todo, absolutamente todo tenía que ver con él. Estaba intoxicado con el veneno de su capitán, un veneno del cual no quería ser curado.
Su sueño seguía intacto, deseaba llegar a la cima de los espadachines, pero el mensaje que quería transmitir una vez allí había cambiado. En vez de decir desde arriba "¡Mira Kuina, lo he logrado!" deseaba decir "¡Luffy! ¡Lo hemos conseguido!", porque una vez él llegara a la cima, su capitán la alcanzaría con él. "Ya no puedo dejarle", lo sabía desde hacía mucho tiempo. "Tampoco quiero dejarle", descubrió.
Zoro se tumbó sobre la arena, relajándose por fin de toda la tensión que había acumulado en las últimas horas. "Si así están las cosas, no hay nada que pueda hacer", nada más que guardar silencio y enterrar esos sentimientos. "Me importas demasiado, Luffy. No quiero perder tu sonrisa, y no quiero que tú la pierdas por mi culpa". Cerró los ojos, dispuesto a dormir un poco antes de que la primera partida de caza saliera al bosque.
"Así que yo estoy… Así que Luffy me… Yo…". Zoro se rio de sí mismo. Aún era incapaz de siquiera pensar en el auténtico significado de sus sentimientos.
- ¡Robin! ¿Qué le pasa a Zoro? – susurró una nerviosa pelirroja cuando la arqueóloga se sentó frente a ella.
Robin rio suavemente. – Podríamos decir… que por fin abrió los ojos – susurró lo suficientemente bajo como para que sólo una sorprendida pelirroja le escuchara.
O eso pretendía… aunque no lo logró, pues un pequeño moreno que había pasado por su lado justo en ese momento buscando a Sanji para que le permitiera repetir postre también escuchó ese comentario.
"¿Abrir los ojos…?", pensó extrañado. "¿Qué significa eso?"
