Hooola, aquí os dejo el quinto capítulo, ya empiezan a ponerse las cosas un poco picantes jijiji
Espero que os guste =3
- Zoooooooooooooooo… - Zoro sintió cómo alguien cogía sus mejillas - … roooooooooooooooooooooooooooo – hasta que llegó el tirón.
- ¡Ay ay ay ay ay! – se quejaba el peliverde, o lo intentaba porque apenas era capaz de vocalizar.
- ¡Abre los ojos! – exclamó Luffy tirando aún más fuerte.
Enfadado, el espadachín no sólo abrió sus ojos, si no también abrió sus puños y golpeó un par de veces al pequeño tras incorporarse sobre la arena.
- ¿Se puede saber a qué vino eso? – preguntó irritado.
- ¡Zoro! – dijo Luffy con voz seria. - ¡De ahora en adelante te prohíbo cerrar los ojos!
Zoro, de lo sorprendido que estaba, no sabía cómo tenía que reaccionar. Luffy estaba frente a él, de pie y completamente serio mientras decía una de sus tantas incoherencias.
- ¿Puedo saber por qué? – suspiró cansado.
- Oí a Robin decirle a Nami que esta mañana estabas raro porque no abrías los ojos.
Zoro contuvo el aire. - ¿Robin… le dijo a Nami…? – miró a Luffy asustado. - ¿Escuchaste algo más aparte de eso?
- No, sólo dijo eso. ¿Hay algo más? – le contestó extrañado.
- ¡No no no, no hay nada más! – Zoro se levantó deprisa, gesticulando ante el pequeño una apasionada negativa. "Malditas mujeres, debí imaginar que esa bruja también se entrometería", se quejó para sí.
Luffy sonrió aliviado. – Bien, entonces de ahora en adelante no volverás a cerrar los ojos.
Zoro lo miró armándose de paciencia. – Luffy, Robin no se refería a que tuviera los ojos cerrados físicamente.
- … - el pequeño se limitó a mirarle. Zoro supo entonces que sería imposible hacérselo entender.
- Robin quería decir que por fin había comprendido algo.
- Aaaaaaaaaah – rio Luffy, asintiendo con la cabeza. "Como si realmente hubiera entendido algo", suspiró Zoro. - ¿Y qué fue lo que comprendiste?
Zoro se quedó inmóvil. – Eh… bueno, nada importante en particular… - desvió la mirada, nervioso. Fue entonces cuando se dio cuenta que sólo quedaban ellos en la playa. - ¿Y los demás?
- Ya se fueron a jugar por la isla – sonrió ampliamente el pequeño. "No creo que jugar sea la expresión adecuada" se burló el espadachín. – Nami nos recordó nuestras tareas mientras dormías. Yo quería despertarte, pero ella me dijo que esperara a que se fueran.
"Realmente tiene la intención de entrometerse", pensó Zoro molesto, aunque muy dentro de sí sabía que le encantaba la perspectiva de estar a solas con su capitán. "Como si fuera a pasar algo".
- ¿Y el cocinero? – preguntó extrañado el peliverde. Si no recordaba mal era él el que debía encargarse de la guardia por las mañanas.
- Sanji le pidió a Chopper que le guiara hasta un árbol… creo – contestó mientras se hurgaba la nariz. "¿Y éste es el tipo que…?", pensó Zoro irritado. – Volverá en unos minutos.
- ¿Y nosotros qué tenemos que hacer?
Con esa enorme sonrisa que simbolizaba el comienzo de una aventura, Luffy contestó:
- Es la hora de cazar.
Zoro correspondió la sonrisa de su capitán. "Sí, lo es".
- Oe Luffy – le llamó Zoro a los pocos minutos de entrar en el bosque. – Creía que Franky debía acompañarnos por la mañana.
Luffy, que iba delante de él, se giró para contestarle. – Nami quería ir a no sé dónde a hacer no sé qué – "Información muy útil" pensó Zoro resignado –, y como no quería dejar a Robin sola, pidió a Franky que le acompañara. Robin también se lo pidió.
Zoro, con una pequeña venita a punto de estallar en su frente, murmuró por lo bajo una serie de maldiciones que no llegaron a oídos del pequeño, que había vuelto a girarse para continuar caminando.
- ¿Cómo ha sido el reparto de tareas entonces? – insistió el peliverde.
Luffy se colgó de una rama y comenzó a balancearse. – Sanji y Chopper fueron a ese árbol, luego Chopper se reunirá con Nami y recorrerán la isla por su cuenta, y Sanji volverá al campamento para hacer la comida. Robin y Franky fueron a explorar la isla. Usopp fue al barco a por sus herramientas y Brook le acompañó – concluyó con una sonrisa.
"Bueno, supongo que yendo las dos por separado podrán conseguir más información", Zoro adelantó a su capitán, que seguía balanceándose en la rama. - ¿Entonces somos los únicos encargados de conseguir alimento?
- Si – dijo Luffy comenzando a seguirle. – Por eso Sanji fue a recoger fruta, dijo que no se fiaba de que consiguiéramos llegar para la cena.
Automáticamente, Zoro llevó su mano a su katana mientras dirigía pensamientos no muy agradables contra esa "espiral pervertida".
Tras un par de horas recorriendo el bosque, ya habían conseguido comida suficiente como para alimentar a toda la tripulación varios días… si Luffy no formara parte de ella. Se pusieron en camino (o al menos esa era su intención) en silencio. Al menos, Zoro guardaba silencio sumido en sus pensamientos, su capitán en realidad estaba cantando a voz de grito. Pero Zoro no le escuchaba. No le escuchaba pero no podía apartar su vista de él. Dos preguntas se repetían sin cesar en su cabeza, pero ninguna respuesta aparecía. A la pregunta de ¿cuándo?, por más que Zoro se remontara al pasado, no conseguía averiguarlo. "¿Desde el primer día que le vi, quizás?", musitaba. "¿Desde el primer día que vi esa gran determinación brillando en sus ojos? ¿Quizá porque vi en esos ojos lo mismo que los demás ven en los míos?" Fuerza, voluntad, sueños por cumplir que van a ser cumplidos, deseos de luchar, de mejorar, de vencer. No tenía que pensar mucho para saber que eso era lo que más le atraía del pequeño: ese espíritu batallador e indestructible en el que puedes confiar ciegamente, porque sabes que nunca te defraudará. "Supongo que no hay un cuándo como tal", cerró ese tema.
¿Y a la pregunta de por qué? Ya la había respondido. Vio en Luffy su propio camino para alcanzar su cima. Su sueño y el de Luffy seguían el mismo sendero: el sendero de la victoria. ¿Por qué no recorrerlo juntos? Y en ese recorrido surgió en su pecho un sentimiento más fuerte que el de compañerismo. "Quiero apoyarle con mi vida" afirmó en su cabeza con rotundidad. Supuso que a partir de esa aceptación su mundo cambió hasta la situación actual.
"¿Y de qué me va a servir? Con la bruja de Nami tendría más oportunidades que con este cabeza hueca". Zoro se burló de sí mismo, desviando por primera vez en todo el trayecto la vista del pequeño. Era la primera vez que vivía esos sentimientos, y justo los dirigía hacia la persona que menos posibilidades tenía de corresponderle. "Dudo siquiera que sepa lo que significan" miró a su capitán contrariado, que había comenzado a jugar con una rama que había arrancado de un árbol. "Es como un niño…", sin el como. "Sólo piensa en avanzar junto a todos nosotros y convertirse en el Rey de los Piratas. No hay sitio para más en su cabeza". Por primera vez en mucho, muchísimo tiempo, Zoro se sintió triste. Por primera vez en años, recordaba lo que era la amargura y el desconsuelo. Por primera vez desde que había ingresado en esa tripulación, deseó volver a estar solo.
Luffy, por su parte, hacía rato que había dejado de cantar y dirigía cortas y rápidas miradas hacia su nakama. Veía a Zoro cabizbajo y ausente, y sus preocupaciones de esa mañana regresaron a su mente. Intentó llamarle un par de veces, pero parecía que el peliverde no le escuchaba. Ahora más enfadado que preocupado, soltó las cuerdas con las que arrastraba a sus presas y se plantó frente al peliverde, quien avanzó unos pasos antes de darse cuenta de lo que pasaba. El espadachín alzó su mirada y se encontró con un Luffy serio, con los brazos en jarra y mirándolo intranquilo.
- ¡Zoro! ¡Dime qué te pasa! – exigió Luffy como su capitán para tener más autoridad, y como su amigo por su preocupación.
Zoro, mudo, se limitó a volver a bajar la cabeza, cortando el contacto visual entre ambos. La gran seriedad dibujada en los ojos de su capitán no hizo más que reiterar sus anteriores pensamientos. "Soy uno más en su viaje". Todo el tiempo en el que estuvieron en silencio repitió ese pensamiento en su cabeza, intentando asimilarlo e interiorizarlo. Él sabía que si conseguía hacerlo, le sería más fácil aceptar su rechazo.
- ¡Zoro! – Luffy alzó la voz, lo que provocó que el espadachín, inexpresivo, volviera a alzar la mirada. - ¿Estás enfadado conmigo? – "¿Por qué he preguntado eso?", pensó sorprendido el pequeño. Él quería saber si Zoro estaba bien… pero esas fueron las palabras que acudieron a su boca.
Zoro, sorprendido, sintió cómo la culpa le invadía cuando notó que el pequeño se deprimía levemente.
- No estoy enfadado contigo, Luffy – intentó sonreír.
- Entonces, ¿qué es lo que te pasa? – preguntó otra vez el pequeño, indignado.
Zoro suspiró. Era un hombre bastante impaciente por naturaleza, aunque había entrenado para mejorar esa poco útil habilidad. Sin embargo, a pesar de que creía que haber aceptado sus sentimientos significaba volver a la normalidad con su capitán, se dio cuenta que era todo lo contrario. "Lo quiero para mí".
- ¿Por qué te preocupas? Son mis asuntos – sabía que caminaba por terrenos pantanosos, pero iba a forzar la situación hasta el límite.
Luffy le respondió con una mirada ofendida.
- Eres mi nakama. El lógico que me preocupe por ti.
- Sólo soy uno más - "Esto me va a salir caro". – No hace falta que te preocupes por mí, preocúpate por los demás – "Estoy siendo cruel, él no merece estas palabras", pero ya no podía retractarse.
Luffy estaba colérico. No era capaz de articular ni una sola palabra. Por eso, temblando de ira, se limitó a actuar.
Zoro sintió como el certero y potente puño de su capitán impactaba en su estómago, lanzándolo hacia atrás hasta chocar contra un grueso árbol, que cedió ante el golpe y cayó al suelo. Cuando Zoro consiguió recuperar la respiración y alzar la vista, vio cómo Luffy agarraba de nuevo las cuerdas y comenzaba a avanzar hacia el bosque, en silencio y sin esperarle. Zoro se incorporó rápidamente y recogió las cestas y carnadas que había soltado en el vuelo para seguir a su capitán, pues su obligación consigo mismo de cuidar de su capitán seguía vigente. "Soy un idiota egoísta que se merece más que un simple puñetazo". Zoro estaba avergonzado y enfadado consigo mismo. Recordó las palabras que Robin le había dirigido horas antes. "¿Que estos sentimientos me van a hacer más fuerte? Me han convertido en un cobarde que no merece estar a su lado" pensó destrozado, dirigiendo una fugaz mirada al pequeño. Otra vez, Zoro sintió cosas que hacía años no sentía. Esta vez, quería desaparecer.
"¿Por qué ha dicho eso?", pensaba Luffy dolido. "Es mi nakama, mi primer nakama", matizó. "Por supuesto que me importa, y por supuesto que no es alguien más para mí". Al contrario, Luffy sabía que Zoro era el más especial, con diferencia, de sus nakamas. Pero no podía admitir eso en voz alta, no sería justo con los demás. Ya muchas veces se reprendía en su cabeza por pensar de ese modo. "Soy su capitán, debería tratarlos a todos del mismo modo", ese pensamiento le hacía sentirse culpable. Luffy era consciente de que traía muchos problemas a sus nakamas, pero él los necesitaba a todos y cada uno de ellos, y quería protegerles por igual. Por igual, pero en especial… "a Zoro". Cada vez que pensaba en el peliverde, Luffy no era capaz de reprimir una pequeña sonrisa. Siempre que Zoro estaba a su alrededor, se sentía incomprensiblemente feliz… y ningún otro de su tripulación conseguía tal efecto con algo tan simple como la compañía. "Eso no es verdad" se enfadó consigo mismo. Por supuesto que sus nakamas le hacían feliz sólo con estar a su lado. Él los necesitaba como los peces necesitan el agua para respirar. "Pero Zoro…", no importaba las maneras en las que Luffy intentara negarlo, una parte dentro de él siempre le decía que Zoro era diferente, único. Era la persona sin la que no podría continuar. "¡No!", volvió a decirse. "No es el único, necesito a todos…". Luffy sentía cómo su cabeza iba a estallar. También sentía cómo sus ojos le picaban, pidiendo paso a las lágrimas. No podía soportar ese dilema. Quería admitir ante él y ante todos que Zoro para él era diferente, pero temía que al admitirlo pudiera hacer daño a los demás. "Para un capitán, todos deben ser iguales…", pero Luffy no sentía eso. Luffy quería ser… "egoísta".
Zoro se detuvo, sorprendido y preocupado, cuando vio cómo Luffy se paraba sin previo aviso y se giraba hacia él. Zoro tragó saliva ruidosamente, en estos momentos cualquier palabra de Luffy podría hundirle.
- Zoro – llamó Luffy con voz grave.
Como toda respuesta, Zoro alzó la mirada y fijó sus ojos en los profundos orbes negros de su capitán, que le miraban con determinación. "Ha tomado una decisión", y algo dentro del peliverde tembló.
- Tú eres mi nakama, al igual que lo son Usopp, Sanji, Nami, Chopper, Robin, Franky y Brook – Luffy hizo una pausa que aprovechó para respirar. – Sin embargo… tú no eres como los demás.
Zoro abrió los ojos sorprendido sintiendo como en su pecho algo daba un bote. Luffy, sin embargo, desvió la mirada con una mezcla de resignación y pesadumbre antes de serenarse y volver a mirar al peliverde.
- Tú eres mi primer nakama, Zoro. ¡Es lógico que seas especial! – se quejó, mirando al peliverde desafiante mientras se mordía el labio. – No vuelvas a decir que no me preocupe por ti, idiota. No puedo evitar preocuparme por ti – se le quebró la voz. Luffy sentía que quería expresar algo más con esas palabras, pero no sabía qué. Tampoco sabía qué más decir, la coherencia había desaparecido hacía rato en él.
Zoro vio cómo su capitán volvía a desviar la mirada. Parecía dolido, cosa que hizo a Zoro sentirse más miserable si cabía. Aunque ese sentimiento era mínimo en comparación con otros que le invadían. "Así que soy especial", pensó divertido para sí, cosa que le hizo sentirse más culpable aún al observar de nuevo a Luffy. "Con eso me llega", y sonriendo, se acercó a su capitán, que ante el movimiento del espadachín permaneció inmóvil mirando al suelo.
Ante la falta de palabras, que se negaban a acudir a su boca, Zoro actuó. De pronto, Luffy sintió cómo Zoro posaba su mano en su cabeza, y a través del sombrero notó lo que parecían los labios del espadachín. "¡¿Qué…!?" abrió los ojos y, al levantarlos se encontró con un sonriente espadachín que le miraba con ternura infinita. "¿Qué es…?" ese extraño sentimiento que invadió a Luffy provocó que su corazón se acelerara con cada caricia que el espadachín le daba sobre el sombrero. "Quiero más", se sorprendió pensando Luffy. ¿Cómo podía intensificar ese sentimiento? No lo sabía, pero quería hacerlo.
- Gracias, Luffy – el pequeño dio un respingo cuando el espadachín comenzó a hablar. Zoro continuó con suavidad. – Siento haberte dicho aquellas palabras horribles, pero gracias por responderme así – la sonrisa del peliverde se hizo más grande todavía, lo que aumentaron las ganas del moreno de… "¿de qué?", se preguntaba sin saber qué quería hacer.
Entonces Luffy hizo lo que siempre hacía en las situaciones en las que no sabía exactamente cómo actuar: se dejó llevar por sus instintos. Y sus instintos hicieron que se pusiera de puntillas para salvar los escasos centímetros que le alejaban del espadachín y acercarse despacio a él.
Ambos se miraron sorprendidos ante este acto. Uno porque no se lo esperaba, y otro porque no sabía por qué lo había hecho. Sin embargo, el primero rápidamente se adaptó a la situación, aprovechándola de un modo que creía que nunca sería posible. Y sin esperar más, se inclinó sobre los labios del pequeño sin cerrar los ojos, esperando ver su reacción.
Luffy se asustó ante el movimiento del espadachín, pero se mantuvo inmóvil esperando lo inevitable. Y entonces, sucedió. Sus labios se juntaron en un roce simple y puro, pero cuanto menos excitante. Tras la sorpresa inicial, Luffy cerró los ojos y se dejó llevar por los nuevos sentimientos que le invadían, a pesar de que no los comprendía del todo. Zoro, por su parte, imitó a su capitán, respirando tranquilo cuando vio que no rechazaba ese contacto. Un contacto que se prolongó, pero no se intensificó. Ambos eran nuevos en ese terreno, y ambos eran hombres, lo que dificultaba su aceptación de esas extrañas sensaciones que les recorrían. El simple hecho de haber juntado sus labios en ese beso casto ya era un gran avance en su… ¿relación? Zoro, el único que pensaba en ese momento (pues Luffy tenía la mente completamente en blanco), desechó con rapidez ese pensamiento. "Disfruta el presente, ya se verá lo que pasa en el futuro".
Por su parte, el moreno sentía un abrasador calor que nacía de sus labios y recorría todo su cuerpo, incendiando cada célula a su paso, devorando cada gota de sangre que corría acelerada por sus venas. Era su primer beso, en realidad nunca había pensado en los besos. No creía que se sintieran tan bien como ese. Sin ser consciente de sus actos, sus brazos se levantaron sin su permiso y se enredaron alrededor del cuello del espadachín, acercando más el cuerpo de éste al suyo, sintiendo la gran fuerza de sus músculos sobre su piel.
Por su parte, Zoro sabía que no aguantaría mucho más. Intentando controlarse, respondió al abrazo de su capitán posando sus manos sobre su cadera, sujetándolo sin fuerza pero con la suficiente firmeza como para mantenerlo a una distancia prudencial. Su cuerpo comenzaba a descontrolarse, no tenía ni idea de que sintiera por Luffy algo tan intenso como para que ese simple beso le provocara de esa manera.
De repente y sin previo aviso, Zoro sintió como el moreno mordía con suavidad su labio inferior, pasando su lengua por la parte que quedó dentro de su boca antes de separarse. Sorprendido por el atrevimiento del pequeño, abrió los ojos y se encontró con un Luffy que le sonreía burlonamente, sacándole la lengua y riendo por lo bajo. Zoro sonrió divertido. "Maldito crío, no esperaba que fuera tan espabilado" y rehízo el anterior contacto, esta vez con una mayor intensidad.
Zoro se acercó con fiereza a los labios del moreno, imitando su gesto anterior. Atrapó el labio inferior de Luffy entre sus dientes y lo lamió mientras le miraba de una manera desafiante. Luffy respondió a esa mirada abriendo su boca, dejando paso a la lengua del espadachín. "A la mierda el autocontrol", ese fue el último pensamiento coherente del peliverde antes de lanzarse a devorar la boca del pequeño.
Pronto sus cuerpos fueron desbordados por la excitación que manifestaban sus lenguas, que no cesaban de enredarse y desenredarse, paseándose por la boca de su compañero y volviendo a la suya propia para defender su territorio. Zoro dejó de sujetar las caderas del pequeño para abrazarle con fuerza la espalda, mientras Luffy dirigía una de sus manos al cabello del espadachín, agarrándolo con fuerza y empujándolo hacia sí para intensificar el contacto.
Faltos de aire, los dos se separaron con rudeza, manteniendo esas miradas desafiantes en sus ojos, aunque ahora brillaban con un toque de excitación.
Respirando con agitación, Luffy comentó: - Sabes a sake.
Zoro, por su parte, sonrió burlonamente ante ese comentario y respondió: - Y tú a carne.
Como dos tontos, ambos deshicieron su abrazo, comenzando a reír. Los dos estaban felices, fascinados por lo que acababa de pasar y ansiosos porque volviera a pasar. Zoro por fin estaba tranquilo, no esperaba que su conflicto emocional se resolviera con tanta facilidad. Incluso había olvidado la tensión que se había acumulado en su cuerpo hacía unos minutos.
Luffy, sin embargo, se sentía embriagado con la gran cantidad de nuevas emociones que recorrían su cuerpo. No sabía qué sentimientos eran, pero notaba su intensidad y notaba que sólo reaccionarían con el espadachín a su lado. Una parte de sí se sentía mal por sus nakamas, pero la gran mayoría de su ser sabía que lo que acababa de suceder era cosa del destino. Zoro siempre, siempre, desde el primer momento, había sido muy, muy importante para él, y ahora sabía hasta qué punto llegaba ese sentimiento. Había escuchado de Sanji que las personas sólo besan a otras que son realmente especiales, únicas e indispensables para ellas… y Zoro era todo eso y mucho más para él.
De repente, un pequeño gruñido salió del estómago del moreno, que dejó de reírse y llevó sus manos a él preocupado. Zoro no pudo más que reír con el doble de intensidad. "Siempre fastidiando los buenos momentos", pensaba divertido, mirando como el pequeño comenzaba a poner morritos y le miraba pidiéndole llegar ya al campamento.
Zoro dejó de reír, aunque en ningún momento borró la sonrisa de su cara. Recogió las cestas que había dejado caer con la intensidad del momento y se dispuso a seguir a Luffy, al que ahora le había entrado prisa por llegar a la playa. A Zoro no le importaba que el momento hubiera terminado, sabía que de ahora en adelante vendrían muchos más… y quizá mucho mejores.
- Robin, ven a ver esto – la llamó Franky, que estaba agachado a la orilla del río señalando unos extraños guijarros negros y brillantes.
Robin se acercó curiosa hacia el ciborg, agachándose a su lado y mirando lo que este le señalaba. Eran unas piedras pequeñas que cabían perfectamente en la palma de su mano. A pesar de estar secas, brillaban con gran intensidad. Parecían toscas al tacto, a pesar de que su superficie era lisa.
La morena alargó su mano y cogió una de esas piedras. Sin embargo, inmediatamente dio un respingo y soltó la piedra, cayendo hacia atrás y alejándose de ellas, asustada.
Franky la miró sorprendido y preocupado, pero la morena no era capaz de emitir sonido alguno.
"No puede ser…".
