Y aquí está el sexto capítulo. Apenas lo he corregido muy por encima, ha empezado uno de mis programas favoritos... ¡Voy a verlooooo!
Espero que os guste, disfrutadlo ^.^
Cuando Luffy y Zoro llegaron a la playa, sólo se encontraban allí Sanji, Usopp y Brook. El primero estaba en la cocina leyendo algunas páginas de su libreta, mientras que los otros dos se encontraban un poco alejados, uno trabajando en algún extraño invento y otro afinando su violín. Los demás aún seguían investigando la isla. Inmediatamente después de salir del bosque, Luffy comenzó a correr hacia Sanji, gritando y pidiendo comida, bajo la atenta mirada del espadachín.
- ¡Espera un poco, Luffy! Aún es pronto para hacer la comida, Nami-san y Robin-chan aún siguen en la isla – se defendió Sanji de los ataques del moreno, manteniéndolo alejado con un pie apoyado en su pecho.
- ¡Pero yo tengo hambre ahoraaaaa! – lloriqueaba Luffy, intentando zafarse del agarre del rubio. - ¡Prepárame un segundo desayuno!
Sanji suspiró. Sabía perfectamente que si Luffy era el que guiaba la expedición, saldrían pronto del bosque. Luffy sólo necesitaba tener hambre para que un radar lo enviara hacia el restaurante más cercano. En esa isla desierta, lo más parecido a un restaurante era él. Por eso, se había pasado la mañana preparando un enorme pastel con las frutas que Chopper le había enseñado.
Pateando a Luffy hacia atrás, Sanji se dirigió al improvisado horno que Franky había dejado preparado para él. No era más que una simple caja de metal con puerta, pero recubierta con madera para poder agarrarla sin peligro de quemarse. Si se colocaba sobre el fuego, el metal no tardaba en calentarse, haciendo perfectamente la función de horno. Con cuidado para no tocar la superficie metálica, Sanji sacó el pastel de esa caja y lo posó en la mesa, cortando un pedazo cercano a la mitad y trasladándolo a un plato que ofreció a su capitán, el cual ya había comenzado a babear mirando ese pedazo con ojos estrellados.
- Aquí tienes, Luffy. No vengas a pedirme más hasta que sea la hora de comer.
Sin escuchar al cocinero, Luffy asintió con la cabeza mientras cogía el plato que Sanji sostenía ante él y se dirigía a la mesa saltando para comerlo.
- Para ti no hay, maldito espadachín – escupió el rubio cuando el peliverde se acercó hacia él. – El resto del pastel es para mis queridas damas – sonrió de forma un tanto cómica, o eso pensó un risueño espadachín sin poder quitar de su cara una sonrisa similar.
- Tampoco es que viniera a pedirte un trozo, estúpido cocinero.
Sanji vio cómo Zoro cogía un vaso y se dirigía hacia el barril de sake. "¿Pero aún queda sake?", pensó asombrado, pues no recordaba que el espadachín tuviera tanto autocontrol sobre la bebida.
- ¿Quieres dejar de beber a todas horas, maldita esponja? A este paso te volverás más tonto de lo que ya eres – Sanji intentó provocarle, pero la respuesta del espadachín le dejó atónito.
Zoro detuvo su camino antes de llegar al barril y se volvió hacia el cocinero no para responderle, como en un principio cualquiera habría pensado. Tras girarse hacia él, le sacó la lengua con sorna mientras le miraba divertido. Segundos después de ese gesto, continuó su camino y llenó su vaso en el barril. "¡¿ QUÉ DEMON….?!" El rubio no lograba reaccionar. Cuando el peliverde miró satisfecho su vaso y comenzó a caminar hacia la mesa, Sanji logró recobrarse soltando una sarta de provocaciones y maldiciones que el espadachín ignoró con descaro. El cocinero observó cómo éste tomaba asiento al lado de Luffy y se limitaba a beber de su vaso mientras observaba cómo el moreno comía (o devoraba) la poca tarta que ya le quedaba. "¿Pero ahora qué mosca le ha picado a este?", se preguntó Sanji, quien creía que la sorpresa ante lo que acababa de ocurrir se mantendría el resto de su vida. Ya no sólo estaba extrañado porque el espadachín no hubiera reaccionado a sus provocaciones cuando normalmente no hacía falta ni provocarle. Ahora lo que más le desconcertaba era la sonrisa tonta que no podía quitar de su cara cuando miraba a Luffy. "¿Qué pasa aquí?", se preguntó sin salir de su asombro, regresando a sus tareas.
Zoro, entretenido con las reacciones del rubio, le dirigió un rápido pensamiento de disculpa. "Lo siento ero-cook, pero en estos momentos tengo otras cosas en mi cabeza".
Poco a poco, la playa fue llenándose con más voces. Cuando Chopper y Nami llegaron, Luffy dejó de conversar con el espadachín y se fue a jugar con el pequeño renito y con Usopp, bailando alrededor de Brook, que había comenzado a tocar algunas canciones. Por su parte, Nami decidió ayudar a Sanji a preparar la comida. No le apetecía sentarse junto al espadachín, pues su paseo por la isla no había servido para gran cosa. Simplemente confirmó lo que Robin le había mencionado: ella conocía todo lo que había visto: todas las plantas, todos los animales, todos los minerales que había en esa isla aparecían en alguno de los libros que había leído. Temerosa de que el espadachín pudiera exigirle alguna explicación en ese momento, dirigía pequeñas miradas hacia él; miradas preocupadas que poco a poco fueron transformándose en miradas curiosas. "¿Qué… ha pasado aquí?", pensaba sorprendida por las poco discretas y poco inocentes sonrisas y miradas que dirigía hacia el grupo que estaba jugando alrededor de Brook. ¿Hacia el grupo? No, no hacia el grupo. Esas miradas sólo seguían a una persona. "¿Ese idiota siempre ha sido tan obvio?" se preguntaba la pelirroja, a pesar de que sabía que no era verdad. Si sus miradas hubieran sido tan elocuentes desde el principio, ella ya se habría dado cuenta hacía mucho tiempo de sus sentimientos. Esas miradas habían aparecido, literalmente, de la noche a la mañana. "Más bien, de la madrugada a la mañana", se corrigió sonriendo. Estaba más que claro que haberlos dejado solos había sido una decisión acertada. Algo había pasado entre esos dos, y algo muy importante. "Lo suficientemente importante como para que el espadachín olvide ser cuidadoso", se rio Nami.
La comida ya estaba casi lista, pero el cocinero estaba completamente nervioso y a punto de salir corriendo hacia la isla. Hacía algunos minutos que todos se habían sentado en la mesa, esperando la comida mientras se relajaban charlando tranquilamente. Sin embargo, ahora todos observaban cómo la pelirroja intentaba calmar al exaltado cocinero.
- ¡ROBIN-CHAAAAAAAAAAAAAAAAAAN! – gritaba el cocinero, llevándose las manos a la cabeza y tirando de su pelo a causa de la preocupación.
- ¡Tranquilízate, Sanji-kun! – la navegante estaba entre él y el bosque, haciendo gestos con los que le pedía calma. – Robin está con Franky, seguro que están bien.
- ¡ROBIN-CHAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAN! – siguió gritando Sanji, sin hacer caso de las palabras de la pelirroja.
- ¡Sanji-kun! – alzaba la voz Nami, cada vez más enfadada. - ¡Estoy segura de que no les ha pasado nada! ¡Saben cuidarse ellos solos perfectamente!
- ¡ROBIN-CHAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA…! – un golpe que resonó en toda la playa puso fin a su grito. El cocinero cayó de rodillas ante una malhumorada pelirroja que seguía manteniendo su puño en alto.
- Escúchame de una maldita vez. Ellos saben cuidarse por sí solos, estoy segura de que están bien.
- Si, Nami-saaaaaaan… Robin-chaaaaaaaaaaaan… - decía el cocinero un poco mareado.
Sin embargo, los gritos del cocinero habían conseguido transmitir la preocupación a algunas de las personas ahí reunidas. Todos confiaban en que sus nakamas estuvieran bien, pero Nami no podía evitar pensar que algo había pasado. Todos habían quedado en ir siempre a la playa para comer, y ya había pasado hacía rato su hora habitual de comida pero ni Robin ni Franky habían aparecido aún allí.
Por su parte, Zoro había retirado de su cara la sonrisa por primera vez desde que había vuelto al campamento. Él no dudaba como hacía Nami, él sabía con certeza que algo tenía que haber pasado para que sus nakamas aún no hubieran regresado. "Robin ha averiguado algo", y existían dos posibilidades. O bien la morena quería seguir investigando lo que había descubierto y por eso aún no habían regresado… o lo que había descubierto era tan grande que todavía no quería regresar. Con diferencia, Zoro esperaba que fuera la primera opción.
Los demás allí reunidos también estaban inquietos, pero no creían que pasara algo grave. En contra de su voluntad, pero a petición de la pelirroja, el cocinero comenzó a servir la comida, preparada con los alimentos que habían reunido Zoro y Luffy. Con la comida sobre la mesa, los contendientes (que no comensales) comenzaron a disputarla, olvidando sus preocupaciones y dejándose llevar por sus estómagos. Sanji, sin embargo, apenas probaba bocado, y no paraba de dirigir miradas preocupadas hacia el bosque. Nami también comió menos de lo habitual, y Zoro se limitó a comer con mayor tranquilidad de lo acostumbrado, imitando al cocinero y mirando de vez en cuando la entrada al bosque. Sin embargo, tuvo que regresar a la realidad cuando Luffy robó de su plato gran parte de su comida, uniéndose al grupo que luchaba por contener los escurridizos brazos de su capitán.
Cuando todos acabaron de comer, fue Nami la que tuvo que fregar los platos, ya que el segundo grupo de caza (dirigido por Sanji y seguido por Brook y Usopp) salió corriendo hacia el bosque en el momento en el que el cocinero tuvo vía libre para hacerlo. Zoro, a petición de Brook, que no quería alejarse de Sanji tanto por su preocupación por Robin como por miedo a que Sanji se perdiera en el bosque, había ido a recoger un poco de leña para la cena. En esos momentos regresaba al campamento arrastrando un gran tronco por la arena, un tronco que convirtió en pequeños palos cuando llegó a la altura de las cabañas. Cuando acabó su tarea, buscó con la mirada a su capitán. Lo encontró jugando con Chopper cerca del sitio donde prendían las hogueras por la noche. Con una boba sonrisa pintada en su cara, se acercó hasta el barril de sake y se asomó en su interior. "Esta noche se acabará…" pensó disgustado, conteniendo sus ganas de beber otra jarra y reservar el contenido para la cena.
Nami, que le observaba con disimulo, reprimía sus ganas de preguntarle lo que había pasado esa mañana. No quería incomodar al espadachín, tampoco quería ser indiscreta, sólo deseaba mostrarle su apoyo de la misma manera en la que Robin lo había hecho tras el desayuno. Pero ella no era tan buena con las palabras como la morena, por eso se mordía la lengua sin saber cómo continuar.
Zoro, que había vuelto a fijar su vista en el moreno, se percató de que el ruido de los platos había cesado. Curioso, se volvió hacia la pelirroja a tiempo de ver cómo ésta, avergonzada, apartaba su mirada de él y volvía a su tarea. Resignado, Zoro supo que debía decirle algo. Al fin y al cabo, había sido gracias a ella que había podido disfrutar de los labios de su capitán. Por ello, apartando de sus recuerdos la información que Nami les ocultaba a todos, dijo de forma clara y directa:
- Gracias.
La pelirroja contuvo la respiración. "¿Gracias?", reaccionó ante esas palabras soltando el plato que estaba secando, que cayó con un ruido sordo sobre una pequeña mesa, y mirando al espadachín con sorpresa. En él se encontró con una expresión seria a la par que amable, con la que trasmitía a la perfección la causa de esas palabras. "Sus ojos brillan", sonrió levemente la pelirroja. "Pero sigue esperando por mi explicación, y eso no cambiará" advirtió, ampliando su sonrisa, transformándola en comprensión, cariño y agradecimiento, acompañándola con un asentimiento que simbolizaba más que la simple aceptación de la gratitud del espadachín. "No te decepcionaré", pensó dentro de sí misma, observando cómo el peliverde le daba la espalda y avanzaba hacia su cabaña. Sin borrar la sonrisa de su cara, Nami volvió a su trabajo. "Tonto", pensó. "Tontos", se retractó cuando vio cómo Luffy le decía algo a Zoro con la necesidad pintada en sus ojos. "Todos sois unos tontos", rio suavemente mientras desviaba la mirada de ellos, perdiéndose en sus pensamientos.
- Zoroooooooooooo, ¿dónde vas? – preguntó Luffy cuando vio cómo Zoro se alejaba de Nami y pasaba de Chopper y de él por completo.
Zoro no pudo evitar sonreírle. – Voy a dormir un rato en la cabaña – "¿Quieres venir?" pensó con sarcasmo, sabiendo que no sería capaz de pronunciar esas palabras delante del renito, que le miraba también con una sonrisa.
Luffy se quedó un segundo pensativo e indeciso. Quería estar junto al espadachín, pero no quería molestarle y tampoco quería dejar sólo a Chopper. Así que tras una milésima de duda, Luffy se limitó a asentir con una media sonrisa y ver cómo el peliverde se alejaba y se perdía en el interior de su cabaña. Tras unos minutos en los que Luffy se sintió un poco triste por la ausencia del espadachín, Chopper consiguió abstraerle de esos sentimientos con sus juegos, haciendo que Luffy regresara a la normalidad.
Nami, que había acabado de fregar y había visto la mirada de Luffy, decidió volver a hacerle otro favor al peliverde. "Quizá esto pueda servirme de excusa para pedirle más dinero por su deuda", sonrió maliciosamente.
- ¡Chopper! ¿Puedes venir? – llamó al renito sentándose en la mesa. – Me gustaría que me informaras sobre unas plantas que encontramos antes.
Chopper se levantó sonriente después de despedirse de Luffy. Le encantaba ser de utilidad a sus nakamas. Por su parte, el moreno desvió la mirada hacia su cabaña cuando Chopper se fue de su lado, preguntándose si estaba bien ir o no. A los pocos minutos, se levantó y avanzó hacia ella de forma automática e inconsciente. Al menos, esa fue la impresión de Nami, porque Luffy se limitaba a caminar con parsimonia sin apartar la mirada de la puerta. Cuando el cuerpo de Luffy desapareció tras ella, Nami no pudo evitar comenzar a reír, provocando que Chopper la mirara asustado. "¡Nami se ha vuelto loca!", pensaba el pobre renito sin saber muy bien qué hacer.
"De nada, Zoro", pensó la pelirroja con burla.
Luffy cerró muy despacio la puerta tras él. Al entrar había visto que el espadachín estaba dormido, y no quería despertarle. Cuando la puerta estuvo cerrada, se giró hacia el peliverde y le observó en profundidad. Zoro estaba dormido con lo que Luffy creyó que era una suave sonrisa en sus labios. Estaba boca arriba, con las manos bajo la cabeza. Las espadas estaban apoyadas en la pared, por encima de su cabeza, siempre a mano por si surgía algún imprevisto. Estaba destapado, ya que por las mañanas el sol calentaba con fuerza sobre la playa, y el interior de las cabañas era bastante cálido.
Luffy, que se había limitado a mirar al espadachín desde su posición al lado de la puerta, volvió a dejar que su cuerpo fuera guiado por sus instintos. Poco a poco avanzó hacia el peliverde, y cuando llegó a su altura, despacio y sin realizar movimientos innecesarios que pudieran despertarle, se tumbó a su lado, apoyando un brazo bajo su cabeza y el otro en el pecho del espadachín. Él mismo estaba sorprendido por esa acción, aún no comprendía muy bien por qué esos recién descubiertos sentimientos provocaban que él hiciera ese tipo de actos. "¿Qué me pasa?", pensó mientras cerraba los ojos, dispuesto a dormirse.
Sin embargo, su disposición pronto fue demolida. El espadachín, sin previo aviso, se había puesto de lado y había rodeado con sus brazos la cintura del moreno, provocando que la mano que antes había estado en el pecho del peliverde se deslizara hasta su espalda. Luffy, sorprendido por ese repentino movimiento, abrió los ojos para encontrarse con un sonriente espadachín que seguía manteniendo los suyos cerrados. Luffy estaba confundido, no sabía qué era lo que ocurría.
- ¿Qué demonios? – murmuró sin pensarlo. - ¿Te he despertado? – El espadachín negó levemente con la cabeza mientras su sonrisa se expandía, lo que aumentó la incertidumbre del pequeño.
Tras unos minutos de silencio en los que Luffy había esperado alguna palabra por parte del peliverde, quien se mantuvo sonriente mientras paseaba de vez en cuando su mano por la espalda del pequeño, Luffy decidió continuar con el interrogatorio.
- Entonces… ¿estabas despierto?
Sin abrir los ojos y sin emitir sonido alguno, el peliverde volvió a ampliar su sonrisa, gesto que el pequeño interpretó como una respuesta afirmativa. En realidad, desde que había llegado a la cabaña Zoro no había podido conciliar el sueño. Siempre que cerraba los ojos recordaba el recorrido que la lengua de su capitán había realizado por su boca y sus labios horas antes.
- ¿Entonces por qué fingiste seguir durmiendo? – ronroneó Luffy, enfurruñado.
- Así era más divertido – rio el espadachín mientras abría los ojos para observar la mirada indignada de su capitán.
Poniendo morritos, Luffy murmuró en voz baja una contradicción que el espadachín no pudo escuchar debido a sus risas. Más que feliz, el espadachín estrechó con fuerza al pequeño contra su cuerpo, obligándole a pasar el brazo que había situado debajo de la cabeza a debajo de su cuello, movimiento que el moreno aprovechó para poder enredar su mano en el cabello del peliverde. Así mismo, el pequeño tuvo que situar su cabeza en el pecho del espadachín, sobresaliendo levemente por su hombro. "¿Quién habría imaginado que este idiota podía hacerme tan feliz?" se preguntaba Zoro sin ninguna queja de que fuera así.
- Luffy – susurró el espadachín en el oído del pequeño tras disfrutar unos minutos de ese ardiente abrazo que hacía temblar cada molécula de su cuerpo. El pequeño sólo respondió con un suave murmullo, pues nunca en su vida alguien le había abrazado de esa manera, y las sensaciones que el cuerpo del espadachín le producían parecían desbordarle. - ¿Por qué te tumbaste a mi lado? – preguntó curioso el espadachín.
Luffy tardó unos segundos en responder. No sólo se estaba quedando dormido entre esos agradables brazos que lo ceñían con cuidado, sino que tampoco estaba seguro de qué respuesta quería escuchar el espadachín. Tampoco es que tuviera muy claro qué debía responder en esa situación, todos esos sentimientos eran demasiado nuevos para él.
- Me apetecía – le respondió finalmente con otro susurro.
El espadachín suspiró contrariado. Debió haber supuesto que Luffy no tenía ni idea de lo que estaba pasando en ese momento. "Quizá soy yo el que está malinterpretando todo", se dijo preocupado.
Luffy, que había sentido el suspiro del espadachín estremeciendo su cuerpo, continuó preocupado:
- ¿No debí hacerlo?
- Al contrario – el corazón del pequeño dio un vuelco cuando Zoro se separó de él lo suficiente como para poder mirarle a los ojos. En los labios del espadachín vio una sonrisa que nunca antes había visto en ellos. ¿Esa sonrisa era para él? – En realidad, no me importaría que lo hicieras siempre – le sacó la lengua con ternura, provocando que el pequeño enseñara su sonrisa más grande y brillante.
- ¡Gracias Zoro! – exclamó Luffy en voz alta mientras se tiraba sobre el peliverde, quien sorprendido no alcanzaba a reaccionar.
Luffy se había sentado encima de él, manteniendo su sonrisa en los labios pero mirando los ojos del espadachín con un pequeño brillo de… "¿lujuria?", pensó el peliverde, más escéptico que sorprendido. De repente, Luffy se inclinó sobre él, paseando su lengua por los labios del espadachín antes de volver a morder el inferior, como horas antes había hecho, mientras sostenía una intensa mirada con el peliverde. "Estoy seguro de que cualquier día me confundirá con comida y me morderá de verdad", pensó Zoro levemente preocupado cuando sintió cómo el pequeño estiraba su labio, pidiéndole entrada a su boca. Entrada que, más que gustoso, el espadachín le concedió.
La mente de Luffy no era capaz de hilar más de un pensamiento seguido. En esos momentos, era su cuerpo el que había tomado control de sus actos. Eran sus manos las que, sin ser guiadas por su cabeza, acariciaban sin escrúpulos los bien formados pectorales del espadachín. Eran sus piernas las que, sin su consentimiento, apretaban la cintura del espadachín, apresándolo como si tuviera miedo de que pudiera irse de su lado. Era su boca la que, sin su permiso, arremetía con furia contra la del espadachín, enredando su lengua con la del peliverde como si necesitara beber de ella para sobrevivir. Eran sus ojos los que, sin esperar su autorización, se dejaban absorber por los del espadachín, sin querer apartarse de esa penetrante mirada que los había atrapado. Su cabeza se limitaba a archivar cada nueva emoción que todos sus actos provocaban tanto en él como en el peliverde.
Zoro estaba gratamente sorprendido. Nunca habría imaginado que su capitán pudiera ser tan lanzado, pero esa faceta oculta de él no le desagradaba. En su mente aparecieron diversas situaciones en las que podría llegar a ser bastante… beneficiosa. Pero Zoro no quería jugar con su capitán, ni quería que éste pensara que era un juego. "Luffy, voy a esperar el tiempo que necesites hasta que sepas qué es lo que realmente sientes".
Sin embargo, cuando Luffy atrapó la lengua de Zoro entre sus dientes, acariciándola con suavidad, Zoro sintió que iba a volverse loco. "¡Maldito seas, Luffy!", gruñó dentro de sí. Él nunca se había imaginado siendo el que se dejaba llevar en una relación, ¡y menos por su atolondrado capitán! Con una ardiente furia naciendo en su interior, sostuvo a Luffy por los hombros, deshizo el beso y con brusquedad, aunque teniendo cuidado con el cuerpo del pequeño, intercambió los papeles, sentándose sobre un sorprendido moreno que pronto le sonrió desafiante. "Deja de provocarme", volvió a gruñir Zoro, lanzándose de nuevo contra la boca del pequeño, acometiendo con fuerza dentro de ella con su lengua, dejando a Luffy sin aliento debido a ese inesperado ataque.
Lo estaba disfrutando, y mucho. Para Luffy, ese tipo de cercanía era completamente nueva, pero también adictiva como una droga. Cada vez que conseguía más del espadachín, era más lo que quería reclamarle. Aprovechó su nueva posición para atrapar con sus manos la cabeza del espadachín, quien respondió cortando el beso para observar la cara de su capitán. Luffy estaba resplandeciente, con una enorme sonrisa que ocupaba toda su cara. Al mismo tiempo, sus ojos miraban a Zoro llenos de deseo y diversión. Zoro imitó esa mirada, juntando su frente con la de su capitán, y sonriendo burlonamente.
- ¿Te estás divirtiendo, capitán?
Luffy emitió una suave risilla antes de contestar con un simple "sí" que hizo que la sonrisa de Zoro se transformara en pura lujuria. Él sabía que había mejores formas de "diversión", pero realmente no quería apurar al pequeño, así que tras contar hasta tres en silencio, borró la lujuria de su expresión y besó con suavidad y ternura los labios de Luffy.
El moreno, ante ese contacto, soltó un pequeño respingo. No se esperaba ese beso tan suave y tierno después de la intensidad pasional que minutos antes habían manifestado sus bocas. Sin embargo, ese simple beso hizo que el calor invadiera su cuerpo, tranquilizándolo y alejándolo de la desmedida pasión que había comenzado a invadirle. Estaba a gusto, ahí tumbado, bajo el cuerpo del espadachín. Estaba tranquilo y calmado, y sentía que su cuerpo comenzaba a relajarse.
Zoro notó que su capitán comenzaba a respirar más lentamente. Antes de que se quedara completamente dormido, volvió a darle la vuelta, quedando él con la espalda apoyada en la cama y con su capitán apoyado en su pecho. Con una mano sujetó a Luffy de la cintura para que no se resbalara mientras que con la otra acariciaba su cabello con suavidad. No fue capaz de apartar la mirada del rostro de su capitán hasta que estuvo seguro de que se había dormido por completo. "¿Cómo hemos llegado a esto?", se preguntaba sorprendido, pensando cómo hacía unos días era apenas consciente de sus sentimientos por Luffy. "Y ahora duerme abrazado a mí", sonrió. Zoro sintió que podría acostumbrarse a la nueva situación. "En el barco será algo problemático", pensó divertido imaginando las caras de sus compañeros si les encontraban así. "¿Lo aceptarían?", Zoro sabía que sí. Eran nakamas, comprenderían perfectamente la situación y no se interpondrían. "Ya hay dos que nos apoyan", bufó con suavidad para no despertar a su capitán, que se removía en sus brazos. Cuando Luffy dejó de moverse, Zoro dirigió una mirada hacia él, curioso. Estaba literalmente desparramado sobre su cuerpo. Lo que al principio había comenzado siendo un abrazo, ahora parecía más una retención del cuerpo de su capitán sobre el suyo, pues Zoro estaba seguro de que, si no estuviera abrazando al pequeño, éste habría podido acabar tranquilamente en el suelo.
Conteniendo la risa ante la babeante expresión de Luffy, Zoro comenzó a dejarse llevar por el sueño que por fin había decidido recibirle. Sin que Luffy desapareciera de sus pensamientos, sin dejar de sentir el peso de su cálido cuerpo sobre el suyo propio, Zoro se durmió sin dejar de mostrar, en ningún momento, una sonrisa sobre sus labios.
- ¡Robin, debemos regresar ya! ¡Todos tienen que saber esto!
Robin no apartó la mirada del cartel que había aparecido ante ellos. Un cartel apoyado sobre una enorme verja metálica que les cortaba el paso.
Volviéndose asustada hacia Franky, se limitó a asentir con la cabeza mientras comenzaba a caminar apresurada hacia el campamento. Ya estaba anocheciendo, y sería noche cerrara cuando consiguieran llegar a él. Estaba segura de que todos estarían preocupados por ellos, pero al mismo tiempo también deseaba llegar tarde al campamento. No quería contárselo a todos al mismo tiempo, primero tenía que informar a Nami. "Con suerte, sólo ella y Cook-san esperarán nuestra llegada". Sí, Sanji también esperaría despierto toda la noche por su llegada. "Y quizá también…", por su mente pasó la imagen de Zoro. Estaba segura de que él esperaría por ella… él ya sabía que ella había descubierto algo.
No le importaba. Ella lo único que quería evitar era que Luffy se enterara al mismo tiempo que los demás. "Querrá hacer una locura", y Robin estaría dispuesta a seguirle incondicionalmente… a pesar de que, en este caso, esa locura podría costarles sus vidas.
"Este sitio es demasiado peligroso para nosotros, Luffy…".
