De una forma u otra había terminado de rodillas frente a John sobre su cama, mirándole entre arrepentido y confundido. No sabía muy bien qué le había llevado ahí, pero las palabras que habían salido de su boca era lo que más le habían confundido: "Quiero compensarte por lo que pasó antes". Es cierto que se había pasado con el asunto del delantal, arrinconándole de esa manera en el sofá, pero nunca antes había sentido la necesidad de arreglar algún error que hubiese cometido. Más bien es que nunca antes había sentido como que hubiese cometido un error, simplemente que no había sido del todo preciso. Pero en esa ocasión era distinto. Se arrepentía de lo que había hecho. Mucho. Y necesitaba solucionarlo, no quería que John se enfadase con él, que se alejase de él.
- ¿Compensarme…? -murmuró el exmilitar, apoyándose en sus codos para alzarse un poco - ¿de qué estás hablando…?
Sherlock tragó, sintiendose nervioso, superado por la situación. Pero el nunca se dejaba intimidar, así que miró fijamente a los ojos de su compañero, decidido a no salir de ese cuarto hasta que tuviese lo que había ido a buscar.
- Quiero arreglar lo que hice antes, lo del delantal y la depilación y…
- ¿Podrías dejar de hablar de que te has depilado?
- ¿Por qué?
- Es incómodo.
- ¿Lo es…? -preguntó sinceramente. Al parecer tenía mucho que aprender sobre las personas- Está bien, no volveré a mencionarlo.
Se habían desviado por completo del tema, pero Sherlock no iba a darse por vencido tan pronto; se inclinó hacia adelante, mucho más cerca de John, que se sonrojó de golpe mientras le miraba completamente perdido. Al instante se arrepintió de haberlo hecho, se suponía que estaba allí para compensarle por el incómodo momento de antes, no para volver a molestarle.
Se sentó a su lado, sin tocarle para no ponerle nervioso, y rodeó sus rodillas con los brazos mientras le miraba con sus brillantes ojos azules, analizándole en busca de una pista que le dijese que debía hacer para arreglar las cosas, pero John habló antes de que pudiese llegar a una conclusión.
- ¿Por qué lo hiciste…?
- Era un experimento… -murmuró- pero no salió bien.
- ¿Un experimento? ¿Sobre qué?
- Sobre… -tuvo que bajar la mirada, dudando sobre si hablar o no hasta que se decidió - quería encontrar tu límites, saber si de verdad… si yo…
- Si tú… ¿Qué?
- Si yo te excito.
John se quedó completamente mudo y Sherlock no pudo evitar sonreír divertido. De alguna forma aquello bastaba para confirmarlo. Estiró las piernas y se acercó para observar a su compañero de piso más de cerca, ligeramente sorprendido al ver que no se alejaba, sino que simplemente le mantenía la mirada, respirando agitado pero aguantaba. Interesante…
- Dime que quieres que haga para compensarte.
- ¿De verdad quieres hacer esto?
- Si.
- ¿Harás lo que te pida? ¿Sea lo que sea?
- Sea lo que sea.
- …
Sherlock esperó pacientemente la respuesta de su compañero de piso, sin moverse ni un solo centímetro de donde estaba, hechizado por los ligeros cambios en su rostro a medida que pensaba. Se mordía el labio, cerraba los ojos unos instantes antes de volver a abrirlos, se aferraba a las sábanas con fuerza y de nuevo cerraba los ojos, perfilando sus labios con la lengua. Aquello estaba empezando a ser difícil de soportar para el detective. No es que estuviese perdiendo la paciencia, sino que verle de esa manera, ver su boca abrirse y cerrarse, húmeda; la fuerza con la que se aferraba a las sábanas, el nerviosismo de su rostro… Dios aquello estaba podiendo con él, estaba haciendole reaccionar como antes, como cuando le arrinconó en el sofá y…
- Ponte de nuevo el delantal.
Aquello fue suficiente para sacar de su ensimismamiento a Sherlock. Le miró al principio algo perdido por el repentino atrevimiento de John, pero no tardó ni un instante en alzar una ceja y dejar escapar una pequeña carcajada, mordiéndose el labio para detenerla al ver la expresión de su compañero de piso. Sin saber de donde salió el impulso, le dio un beso en la mejilla antes de saltar de la cama y bajar literalmente corriendo en busca del dichoso delantal. La verdad es que prefería esa opción a las que habían pasado por su cabeza, que ahora que lo pensaba serían completamente impropias de John. De no haber estado demasiado distraído observando su boca habría descubierto que le pediría pero… Dios, su boca…
No tardó ni dos minutos en entrar de nuevo en el cuarto del exmilitar, esta vez usando solamente el delantal. Nada más. John tragó nada más verle. Por su expresión era fácil adivinar que realmente no había esperado que Sherlock fuese a hacer aquello, por lo que la situación se volvía aun más deliciosa. Quizás podría aprovechar para jugar un rato…
-¿Qué quieres que haga?
- ¿Eh…?
Oh aquello era genial. John estaba cada vez más nervioso y además lo estaba disfrutanto.
- Esta es tu fantasía, tu deseo. Tienes el poder de ordenarme hacer lo que quieras.
De nuevo unos segundos de duda hasta que se sentó con las piernas cruzadas por encima de las mantas de la cama y le hizo un gesto para que se acercase, mirándole con decisión. Y fue precisamente esa mirada la que consiguió ponerle la carne de gallina, la que hizo que sus rodillas temblasen y tardase un momento en recuperar la capacidad de andar para poder obedecer a su amo. ¿Amo?
Se colocó al lado del colchón y de nuevo John se limitó a hacer un gesto antes de tragar. Por Dios, estaba hecho un manojo de nervios y aun así mantenía la actitud de tipo duro. Pero Sherlock reprimió las ganas de reirse y con una simple sonrisa de diversión obedeció y se sentó donde le había indicado. Nada más su desnudo trasero rozó la colcha, John le tomó por el mentón y tiró de él firmemente, dejando ambos rostros a escasos centímetros uno del otro. Sherlock sintió la sangre subir a su rostro y su corazón latir a toda velocidad.
- Ya lo has descubierto… ¿no?
- Si… -murmuró, repentinamente intimidado-.
- Sabes que me calientas, que no puedo resistirme cuando se trata de ti.
- Claro, -respondió con aires de superioridad acompañado de su típica sonrisa- era obvio.
- Obvio… -dijo John con una sonrisa resignada mientras negaba lentamente - ¿Tan fácil de leer soy?
- El verte masturbándote con mi ropa interior realmente facilitó las cosas.
John le apartó de un empujón. Mierda Sherlock, ¿no podías mantener la boca cerrada un instante? Rápidamente le agarró de la camisa y tiró de él para volver a quedar pegados el uno al otro. Agradeció a su prodigioso intelecto el haber reaccionado así, porque John no se había alejado de él, simplemente le miraba con unos ojos cuyo brillo oscilaba entre el enfado y la excitación. Oh John, esa mirada era irresistible.
- Me gustó verte, ¿sabes? -comenzó Sherlock antes de darse cuenta- Ver tu silueta a través de la cortina de la ducha, escuchar tus gemidos, saber que lo hacías por mi, que te estabas tocando por mi culpa, porque no podías hacer otra cosa -sonrió al escuchar el jadeo de su compañero y se acercó más a un, hablando esta vez directamente sobre sus labios - Te vi oler mi ropa interior, pervertido John. Y joder, aquello fue caliente. Te vi tocarte usando mis calzoncillos y se que después de verme solo con este delantal hiciste lo mismo. - de nuevo un jadeo, esta vez acompañado de un intento de huída, pero Sherlock no le permitió apartarse - Se que me deseas. Y puedes hacer lo que quieras conmigo, porque también lo deseo. - un momento, ¿desde cuando deseaba acostarse con John? Ni siquiera recordaba haber deseado el sexo alguna vez - Ordénamelo, John, y yo lo haré…
Se permitió cerrar los ojos, disfrutando de la agitada respiración de John directamente sobre sus labios. Si no le mandaba hacer nada en los próximos treinta segundos sería él quien saltase encima suyo y le haría todo lo que conocía relacionado con el sexo, e incluso sería capaz de inventar algo nuevo solo para no tener que parar. Pero no hubo necesidad de ello.
- Quiero que me beses… Despacio… Que uses tu lengua.
Simplemente oírlo sonaba extremadamente caliente. Sherlock asintió antes de posar suavemente sus labios sobre los de él. Fue un corto contacto, apenas un par de segundos, pero al segundo intento se volvió más íntimo, más duradero. Aquello le gustaba, mandaba escalofríos por todo su cuerpo y era agradable. Muy agradable.
Entonces sintió los labios de John entreabriendo los suyos y recordó su petición. Se suponía que tenía que hacer lo que le había mandado, no dejar que él hiciese todo el trabajo, así que tomó su nuca, hundiendo las yemas de los dedos en su corto cabello, y lentamente guió su lengua al interior de la boca del exmilitar. Era cálido, húmedo… Entonces sintió la lengua contraria rozar la suya y un ligero gemido escapó de su garganta. Había sido… indescriptible. Quería volverlo a probar, sentir aquella descarga de nuevo, así que buscó desesperadamente su lengua. Aquello provocó que John riese y el frunció el ceño enfurruñado, pero la caricia que le dio sobre el cabello fue suficiente para relajarle de nuevo. Fue instantáneo, solo le hizo falta sentir el roce de su piel y la calma volvió a él, sustituida al instante por la necesidad de hacer más profundo el beso. Y así lo hizo. Le beso con desesperación y él le correspondió de la misma manera, abrazándose con fuerza, jadeando cada uno en la boca del otro, como si así pudiesen fundirse.
De golpe se encontró con la espalda contra el colchón y John encima de él, lejos de sus labios. No podía besarle y eso era frustrante. De nuevo frunció el ceño, pero esta vez John no se rió ni le acarició. Tenía la mirada perdida, brillante, y los labios rojos y entreabiertos. Era una visión fantástica y verle así solo le hacía desear besarle con más ansias. Pero cuando fue a acariciar su barbilla, a atraerle hacia él de nuevo, John agarró su mano para detenerle.
- Sherlock… Si seguimos no podré parar y no quiero… No quiero obligarte a hacer algo así.
Tenía la voz quebrada. Se estaba arrepintiendo, de nuevo todo se había destrozado. Y de nuevo por su culpa… Se libró de su agarre y acarició su mejilla con ternura, era la primera vez en su vida que era realmente tierno y aquello le asustaba, pero aun así no apartó su mano de él y le miró a los ojos, hundiéndose en ellos.
- John, yo…
Entonces se oyó un disparo.
