Y aquí está el ansiado secreto de esta misteriosa isla ~ ¡Es una locura! xD No sé en qué momento se me pasó por la cabeza escribir algo así, por eso quiero pediros que si os quedáis con alguna duda, o hay algo que no entendéis o que haya explicado mal me lo preguntéis... En fin, cuando leáis el capítulo entenderéis que mi cabeza estaba mal cuando lo escribí xD

Espero que os guste y que lo disfrutéis =3


Los allí presentes se habían transformado en meras estatuas ante las palabras de la morena. "¿Kairoseki?" "¿Mina?" "¿Gobierno Mundial?" Esos pensamientos no paraban de bailar entre sus cabezas, siendo incapaces de juntarlos en un único pensamiento coherente. Tanto Franky como Robin esperaron pacientes a que sus nakamas se recompusieran, aunque poco fue lo que tuvieron que esperar.

- Robin, ¿estás segura? – preguntó Nami con su voz temblando. – Nunca antes había oído sobre minas de kairoseki.

- Cierto, Robin-san – se apresuró a apoyar el comentario de la pelirroja un matojo de castañeantes huesos, que seguía manteniéndose semi tumbado en la arena. - En mis 50 años en el Grand Line nunca había oído algo como eso.

- Además – continuó la pelirroja, inclinándose sobre sí misma debido al nerviosismo y al deseo de hacer entender a Robin que su idea era descabellada – el kairoseki es un mineral que proviene del mar, no puede haber una mina terrestre de él.

Robin esperó unos segundos antes de comenzar a narrar su explicación. Cuando todos la miraron ansiosos, comenzó a hablar.

- Hace cuatro años, cuando entré en el Grand Line, había un único tema de conversación, un asunto que llenaba páginas en los periódicos: la Marina había descubierto las que denominaron Horoushima, las islas huecas. Al principio se anunciaron como un gran descubrimiento que podría cambiar el mundo, pero cuando el Gobierno Mundial se hizo cargo del asunto y zanjaron el tema, cerrando el flujo de información hacia los periódicos, la sociedad se olvidó por completo de ellas. Hay algunas personas que incluso niegan su existencia, afirmando que fueron simples exageraciones de la Marina para intentar frenar el avance de la Era Pirata.

- Horoushima… - repitió Nami pensativa. – Creo que he leído algo sobre ellas en algún libro. Se supone que son islas compuestas por playa y montaña, la cual está hueca por dentro. En los libros pone que no tienen nada de especial.

Robin sonrió ante el comentario de la morena. – Es cierto, Koukai-san. Esa fue la única información que pudo filtrarse sobre estas islas. Sin embargo, esos datos fueron los que a mí más me llamaron la atención.

Robin bebió otro sorbo de su café antes de continuar.

- Si realmente eran islas normales, como cualquier otra isla, ¿entonces por qué la Marina las había anunciado como aquellas que inclinarían la balanza a su favor? ¿Por qué cuando el Gobierno Mundial se hizo cargo de ellas desaparecieron completamente de la prensa y de los libros? Había algo más detrás de ellas, y yo quise averiguarlo. Aprovechando mi posición al lado de Crocodile, conseguí mover algunos hilos y obtener nueva información. Y descubrí su gran secreto.

A Robin le gustaba mucho dejar a sus oyentes con la intriga, y aunque la situación no era la indicada para ello, la morena se permitió el pequeño lujo de realizar una breve pausa mientras observaba cómo la curiosidad y la impaciencia aumentaba en los ojos de sus nakamas… menos en los de Brook, claro.

- Hay dos cosas muy interesantes que hacen a estas islas especiales. La primera, como bien has dicho – dijo mirando a Nami -, es que la montaña – desvió la mirada hacia la propia montaña de esa isla; iba a utilizarla como ejemplo para su explicación – está hueca por dentro. Sin embargo, no es tan simple como eso. Lo correcto sería decir que la montaña lleva millones de años hueca por dentro. La segunda es que las mareas afectan con especial intensidad a la isla. No en la playa – puntualizó cuando vio cómo Sanji observaba la arena de la playa, pues no le parecía que el nivel del mar hubiera variado mucho con respecto a la mañana -, sino en el interior de la montaña. Por las mañanas, la montaña se encuentra completamente vacía, pero por las noches el agua marina la rellena por completo. Si juntamos estos dos factores, ¿qué obtenemos?

Robin miró a sus nakamas, esperando a que alguno se atreviera a realizar alguna conjetura. Cuando el silencio se prolongó, decidió responder ella misma a su pregunta.

- Lo que obtenemos son diferentes minerales que se exponen de manera intermitente al agua del mar. Si a esto le sumamos el paso del tiempo… de mucho, mucho tiempo, entonces obtenemos algo que hasta el descubrimiento de estas islas era inconcebible: minas terrestres de kairoseki.

Casi todos los presentes ahogaron un respingo mirando a la morena con sorpresa. Sin embargo, Zoro mantuvo la calma. Una mina de kairoseki era inofensiva en sí misma, por mucho que el Gobierno Mundial la controlara. Había algo más detrás de todo eso, lo sabía.

- Tras obtener esta información, me dediqué a investigar sobre las Horoushima que en ese momento estaban descubiertas. Encontré dos, pero sólo pude ubicar una. Norotsushima, la isla maldita, en el North Blue. Una isla deshabitada y salvaje que rápidamente la Marina clausuró. El paradero de la otra me fue imposible encontrarlo, por lo que deduje que esa isla sí estaba siendo explotada por el Gobierno Mundial.

Robin hizo otra pequeña pausa mientras terminaba de beber su casi frío café y dejaba la taza con cuidado sobre la arena. Omitió el hecho de que la otra isla era en la que se encontraban, por las expresiones de sus nakamas supo que ya se habían dado cuenta.

- Sin embargo… creo que lo que sucedió en esta isla es diferente – la voz de Robin adquirió un matiz más serio, cargado de sentimientos. – Como creo que ya todos sabéis – sonrió con suavidad a sus nakamas – no hay nada en esta isla que nos resulte desconocido. Eso sólo puede explicarse de una única manera: esta isla estuvo habitada.

"Lo sabía", pensó Zoro para sí, adelantando en su mente lo que la morena estaba a punto de comunicar a los demás.

- Pero al Gobierno Mundial no le convenía que la isla estuviera habitada… si las personas que vivían aquí o los piratas que pasaban por aquí se enteraban de que estaba llena de kairoseki… podría ser un caos, y eso no podía permitirlo. Por eso… de algún modo u otro… – Robin agachó su mirada -… consiguieron que sus habitantes se fueran de aquí.

Nami y Brook se llevaron una mano a la boca mientras Sanji apoyaba su frente en su mano. Zoro volvió a mantenerse impasible, ya había aventurado la teoría que la morena no quería pronunciar.

- Los mataron – afirmó sin pensar.

Robin se estremeció mientras Nami miraba con dureza al espadachín. Todos sabían que la morena había vivido una situación similar en su isla natal, pero el bocazas del espadachín no había podido evitar recordarle ese tema.

- ¡Maldito bruto! – bufó Sanji. – No hacía falta que lo dijeras en voz alta.

- No sé si les mataron o les obligaron a irse de aquí – continuó Robin interrumpiendo al espadachín, que había estado a punto de replicar al cocinero. – El caso es que esa es la única explicación coherente que se me ocurre para aclarar el hecho de que no hay nada desconocido aquí.

- Sin embargo, Robin-san – preguntó el esqueleto un poco cohibido –, no hemos encontrado ni ruinas ni nada similar en toda la isla. No hay ninguna seña de civilizaciones en ella.

- Brook – se adelantó a contestar el cocinero mientras tomaba una calada del recién encendido cigarrillo -, el Gobierno Mundial siempre es cuidadoso con su trabajo. Si realmente quería ocultar la existencia de esta isla, entonces lo único que debía hacer era destruir por completo todas las ciudades que hubiera en ella – dirigió una mirada preocupada a Robin, pero la morena aún no había levantado la vista del suelo. A duras penas, continuó con su teoría. – Así, si algún barco conseguía llegar a ella, al no encontrar ningún rastro de civilizaciones se limitaría a pensar que era una isla deshabitada sin nada interesante.

- Sin embargo, sí que hemos encontrado instalaciones en esta isla – interrumpió Franky la conversación por primera vez en la noche, provocando el asombro de todos (incluido Zoro) con sus palabras. – Robin y yo hemos visto algo muy interesante al otro lado del río, al pie de la montaña… Al fin y al cabo, trasladar el kairoseki en barcos desde aquí sería muy peligroso, si un pirata se hace con ese barco y descubre el mineral sin pulir, entonces querrá saber de dónde ha salido ese mineral. Por eso, el Gobierno Mundial tiene construidos unos SUPER laboratorios a los que no paran de llegar vagones llenos con el mineral ya pulido.

El silencio invadió el campamento. Ninguno se atrevía a pensar en las implicaciones de las palabras del ciborg. Por fin, Robin levantó la cabeza del suelo, mirando asustada a los presentes.

- Esposas, jaulas, balas, armas, redes. Todo eso y mucho más es lo que, seguramente, se fabrique en esos laboratorios… por no mencionar los experimentos que seguramente estén realizando con el kairoseki. Esta es nuestra isla de la muerte – susurró mirando a Brook, quien hacía rato que se había vuelto a sentar sobre el tronco a pesar de que sus huesos no paraban de temblar. – Si nos descubren, no saldremos vivos de aquí. A vosotros – paseó la mirada por Zoro, Nami, Sanji y Franky – os matarán sin pensarlo. Pero nosotros… - sus palabras no sólo incluían al esqueleto y a ella, sino también a Chopper y Luffy -…, nosotros nos convertiremos en simples cobayas con las que experimentar.

- Tenemos que salir de aquí – susurró Nami aterrada. Sus manos no paraban de temblar.

- ¿Cómo? – preguntó Zoro luchando por mantener un tono de voz serio y evitando deliberadamente pensar en su capitán.

Entonces Nami cayó en la cuenta de que el secreto de esa isla no revelaba nada sobre el misterioso comportamiento del Log Pose. Con las lágrimas a flor de piel, miró suplicante a Robin, pidiéndole una explicación. Sin embargo, fue Franky el que habló.

- Como dijo Sanji antes, el Gobierno Mundial no deja nada a medias. En los laboratorios encontramos también una torre gruesa y elevada con una especie de antena cuádruple apuntando a cada punto cardinal. Los científicos de la Marina no tienen ni un pelo de tontos, estoy completamente seguro de que utilizan esa antena para alterar el campo magnético de esta isla en kilómetros a la redonda.

Nami se estremeció. Ahora tenía su ansiada respuesta… una respuesta inútil. ¿Cómo demonios iban a salir de esa isla si la tecnología más puntera de la Marina se interponía en su camino? ¿Cómo saldrían vivos de ahí si las armas más poderosas del Gobierno Mundial se fabricaban en esa isla? Cuando sintió cómo dos lágrimas resbalaban por sus mejillas, enterró su rostro entre sus manos. Sus compañeros se limitaron a mirar cómo sus hombros temblaban con suavidad, sin ser capaces de dirigirle una simple palabra de consuelo. Por sus mentes sólo pasaba un pensamiento: estaban atrapados. Estaban atrapados en un infierno. Cuatro de sus nakamas, incluido su capitán, corrían peligro de muerte.

- Nami-san – se aventuró a murmurar Brook. – Siempre podemos intentar utilizar un mapa para salir de aquí.

Nami negó con la cabeza, incapaz de hablar. Robin se apresuró a responder en su lugar.

- Si utilizamos un mapa podríamos acabar perdidos y a la deriva en este mar. Por ejemplo, si sabemos que una isla está justo en dirección norte desde aquí – señaló al barco – y comenzamos a navegar hacia ella, nuestro único medio de orientación serían el sol y las estrellas. Sin embargo, el clima cambiante del Grand Line acabará provocando que, tarde o temprano, se produzca alguna tormenta que cubra el cielo o algún viento fuerte que mueva el barco. Si el barco se desviara 10 grados de su rumbo, aunque luego continuemos navegando en dirección norte, ya no llegaremos a esa isla. Estaríamos perdidos en el mar – concluyó.

Tras la explicación de la morena, nadie dijo nada. No había ningún argumento posible para discutir ese razonamiento, y todos los presentes lo sabían.

- Estamos atrapados – expuso Sanji los pensamientos de todos en voz alta.

"Estamos atrapados", repitió Zoro en su cabeza. "Estamos atrapados en una ratonera".

Nami se sentía la mujer más miserable del planeta. Esa situación era su culpa. "Si en vez de navegar por la misma zona hubiera decidido alejarme de ella, quizá ahora estaríamos ya en la isla Gyojin", se lamentó recordando la arriesgada decisión que había decidido tomar por su cuenta. "Aunque ahora salgamos de esta isla, y nos alejemos de la señal que anula los campos magnéticos…", algo en su interior le decía que ya era demasiado tarde. El Log Pose no podría recuperar el campo magnético de la isla Gyojin en alta mar. El Log Pose seguiría girando como loco hasta que volvieran a tocar tierra. "Mierda, mierda, ¡mierda!", se sentía despreciable.

Sanji, sentado al lado de la pelirroja, escuchaba cómo las lágrimas de la misma se hacían cada vez más sonoras. Impotente, sin saber qué hacer para consolarla, se atrevió a pasar el brazo por los hombros de la pelirroja. Ante ese contacto Nami se derrumbó y se volvió hacia el rubio, apoyando su rostro en su hombro y comenzando a llorar ruidosamente.

Zoro observaba en silencio a la pelirroja. Su mente estaba completamente en blanco. Por primera vez en mucho tiempo sintió auténtico terror recorriendo su cuerpo. Los sentimientos se amontonaban dentro de él: la desesperación por su incapacidad para solucionar la situación, la tristeza por ver a Nami en ese estado, el terror al imaginar lo que ocurriría si descubrían su presencia en la isla, el miedo de perder a Luffy… de perder a todos sus nakamas.

Franky y Robin también sentían el terror recorriendo sus venas, pero al igual que el espadachín mantuvieron sus semblantes serios, apoyando a su navegante con su silencio.

Cuando Nami dejó de llorar, aún se mantuvo unos minutos sobre el hombro del rubio hasta sentir que podía construir en su rostro la seriedad de sus nakamas. Respirando profundamente, se alejó del rubio y dirigió una mirada a sus compañeros, formulando la pregunta que ninguno de ellos quería pensar.

- ¿Ahora qué hacemos?

El silencio fue el encargado de responder a sus palabras, ya que a nadie se le ocurría una mejor respuesta.

Tras largos minutos de ese silencio sostenido, Robin fue la que se dignó a hablar.

- Para empezar… creo que no deberíamos decírselo a nadie más – ante las miradas de asombro de sus acompañantes, Robin continuó. – Si los demás se enteran, sólo conseguiremos que entren en pánico y quieran salir de aquí de inmediato. – "O que quieran ir al laboratorio…"

- Luffy debería saberlo – contestó Zoro automáticamente. Robin le miró con gravedad.

- Sencho-san es el último que debería enterarse.

- ¿Por qué si puede saberse?

- ¿No es obvio? Querrá ir a ver el laboratorio, y como ya sabes no es seguro que se acerque allí.

- Es nuestro capitán – contestó Zoro alzando la voz.

- Por eso no debería saberlo – respondió Robin suplicante. – Si él quisiera ir allí, yo tendría que guiarle. Y no me negaré ante una orden de mi capitán – Robin imploró con su mirada la comprensión del espadachín.

Zoro entendía los sentimientos de Robin, al fin y al cabo eran iguales que los suyos, pero no se veía capaz de engañar a su capitán. Desviando la mirada de la morena, fijó su vista en la cabaña que compartía con el pequeño.

- Zoro – el peliverde dio un respingo al escuchar su nombre en los labios de la morena, volviéndose hacia ella. En sus ojos encontró rendición y súplica -, no podemos permitir que Luffy se acerque allí... es demasiado peligroso. Al fin y al cabo, es su cabeza la que realmente quieren – Zoro sabía que Robin tenía razón. A la Marina no le importaban los demás Mugiwara siempre y cuando tuvieran la cabeza de su capitán. - Por tanto, no podemos decírselo porque querrá ir. Tienes que impedir que se acerque a la montaña… y no contárselo… – la morena sabía que esa era la parte más difícil de todo el plan - ... al menos hasta que averigüemos cómo salir de aquí.

Zoro miró a la morena en silencio al mismo tiempo que todos le miraban a él. Nami comprendía lo importante que era la petición de Robin para Zoro, y los demás presentes llegaron a intuirlo. "De eso se trataba…" suspiró Sanji durante la milésima de segundo en la que dejó de pensar en la gravedad de la situación. Ahora comprendía las miradas que el espadachín había dedicado a Luffy esa misma mañana. Sin embargo, apartó ese tema rápidamente de su cabeza. Ya pensaría en él cuando salieran de esa isla. "Si salimos…".


Zoro entró en la cabaña con el mínimo ruido posible. Tras cerrar la puerta, dirigió una mirada hacia su capitán. Se encontraba dormido, con un rostro serio y el cuerpo destapado. "Mierda" se reprendió el espadachín. Cuando lo había dejado en la cama se había olvidado de taparle con la manta. "Espero que no haya cogido mucho frío".

Acercándose al pequeño, Zoro cogió una de las mantas y le tapó con cuidado para no despertarle. Sin poder evitarlo, una de sus manos se posó en la cara del pequeño mientras se sentaba a su lado.

- ¿Qué debo hacer, Luffy? – susurró el espadachín a través del silencio de la cabaña, acariciando con ternura el rostro del moreno. – Me he prometido protegerte… pero no esperaba que para ello tuviera que mentirte.

Segundos después, el dividido corazón del espadachín no aguantó más. Se inclinó sobre Luffy, apoyando su cabeza en el pecho del pequeño, escuchando esos tranquilizadores latidos que le indicaban que la persona que más quería estaba viva y a su lado.

"¿Qué es lo que debo hacer…?"