¡POR FAVOR, NO ME MATÉIS! Es la primera vez que escribo algo como esto, y bastante tuve con no morirme de vergüenza en el proceso. Sé que es demasiado largo, sé que me enrollo demasiado, pero siendo la primera vez que escribía algo así no pude evitarlo. Me daba demasiada corte ir "al lío" así sin más xDD
Dicho esto... AVISO IMPORTANTE: ESTE CAPÍTULO CONTIENE LEMMON
Espero que os guste, pero no me matéis xDDD
PD: Este capítulo es el primero de los dos especiales que escribí en honor al cumpleaños de Zoro. Ya ha pasado bastante de eso, pero aún así lo añado aquí: ¡felicidades, Zoro!
Luffy esperó pacientemente en silencio a que el espadachín reaccionara y se levantara. Zoro, por su parte, mantuvo su cabeza sobre el pecho del pequeño hasta que notó que sus latidos habían vuelto completamente a su ritmo normal. Entonces, con desgana y lentitud, el espadachín se incorporó hasta quedar de rodillas sobre el pequeño, que le miraba a los ojos con seriedad. Tras otros segundos que utilizó para esforzarse en romper ese absorbente contacto visual con su capitán, el peliverde se desplazó hasta sentarse al lado del cuerpo del moreno. Cuando estuvo sentado sintió cómo el pequeño le imitaba y se incorporaba. Mantuvieron un incómodo silencio durante varios minutos en los que observaron tanto al mar como al cielo.
- ¿Es tan grave? – preguntó el pequeño con tranquilidad. Zoro no respondió. – ¿Peligroso? – insistió Luffy, sin obtener respuesta.
Cerrando con suavidad sus ojos y exhalando un largo suspiro, el pequeño se sentó sobre el espadachín, rodeando su cuello con los brazos y mirándole a los ojos. Esta vez, Zoro no evitó perderse en esos profundos e intimidantes orbes negros, aunque su rostro mostró en todo momento una expresión neutral.
Luffy sonrió levemente. – No seré derrotado con facilidad – intentando animar al espadachín, sacó un poco su lengua, mirándole burlonamente.
Zoro suspiró y rodeó la espalda del pequeño con sus brazos. – Si fuera tan sencillo, Luffy, no dudaría en contar contigo. Sé perfectamente que es muy difícil vencerte.
- Entonces, ¿cuál es el problema?
- El problema es que en esta isla no hay enemigos fuertes, pero sí muy peligrosos.
Luffy ladeó la cabeza. – No lo entiendo.
Zoro calculó las palabras que debía decir. – No destacan por su fuerza, sino por la forma en que la utilizan.
Luffy intensificó la confusión de su rostro mientras Zoro desviaba la mirada, molesto. No podía ser más claro sin contarle la verdad.
Luffy vio cómo el rostro del espadachín se tornaba un poco incómodo, así que decidió zanjar por el momento ese asunto.
- Zoro – le llamó, esperando a que volviera a mirarle para continuar. Cuando el espadachín le miró, Luffy mostró una de sus mejores sonrisas. – No me importa cómo sea el enemigo, ni cuántos sean. Mientras estéis a mi lado no seré derrotado.
Zoro abrió los ojos sorprendido. Cuando el pequeño empezó a reír llevó una de sus manos a la cabeza de éste y la acercó hasta juntar ambas frentes.
- Eres un inconsciente – gruñó con una media sonrisa en su cara.
Luffy, sin borrar su sonrisa, dejó de reír y le miró con fiereza. – Zoro, si tú estás conmigo no perderé – Zoro contuvo el aliento por la impresión que le causaron las palabras del pequeño. – Si luchas a mi lado siento que no podré ser derrotado.
Zoro apretó los dientes. "Maldito crío, ¿sabe qué es lo que acaba de decir?" Dirigiendo hacia Luffy una mirada feroz, volvió a devorar sus labios con la misma intensidad que su beso anterior. Sin embargo, esta vez Luffy sólo sintió pasión, necesidad, deseo y lujuria. Bueno, Luffy sentía todo eso, pero no era capaz de darle nombre a cada sentimiento nuevo que le recorría y le dejaba sin aliento. Sin embargo, se dejó llevar por ellos, agarrando con sus manos el pelo del espadachín y tirando de él para profundizar el beso. Sus bocas parecían arder debido a la intensa batalla que desarrollaban sus lenguas en su interior. Pero la excitación que les recorría a ambos no venía de ese provocador contacto, sino de la feroz mirada que sostenían mientras se devoraban mutuamente.
De repente, Luffy emitió un gemido mientras cerraba los ojos. Las manos del espadachín recorrían todo su torso sin escrúpulos, dejando tras de sí un escalofrío tras otro que hacían temblar por completo el cuerpo de Luffy. El peliverde deslizó con calma y suavidad sus manos desde el estómago del pequeño hasta sus hombros, pasando por su pecho, deleitándose con el suave tacto de la piel del moreno. Una vez llegó a su destino, agarró el chaleco del pequeño y tiró de él hacia atrás hasta quitárselo. Cuando estuvo entre sus manos, lo lanzó hacia detrás, dispuesto a olvidarse de él durante un buen rato. Faltos de aire, ambos se separaron pero los labios del espadachín comenzaron a pasear por el cuello y el hombro del moreno sin esperar a recuperar por completo el aliento. Luffy seguía con los ojos cerrados, emitiendo pequeños jadeos al mismo tiempo que apretaba con fuerza el cabello del espadachín. No entendía exactamente lo que ocurría, pero no quería que todas esas sensaciones que le invadían, recorrían y quemaban terminaran. Necesitaba más, más y más.
A duras penas y entre gemidos, Luffy consiguió sujetar el rostro del espadachín y acercarse de nuevo a sus labios. A pesar de que su mente estaba en blanco a causa de las continuas caricias que recibía por todo su torso, consiguió articular una pregunta.
- ¿Qué vamos a hacer ahora?
Zoro puso los ojos en blancos. "¿Puede ser más…?" Inocente, idiota, torpe, ingenuo… eran tantos los adjetivos que venían a la cabeza del espadachín que no era capaz de asignar uno al pequeño. Suspirando molesto, dejó de acariciar el pecho de Luffy para abrazarle por la cintura. Despacio, se acercó a los labios del moreno y atrapó el inferior con sus dientes, mordiéndolo con suavidad. Ante la mirada extrañada de Luffy, Zoro se separó y le sonrió con sarcasmo.
- Te la debía, aún no me he olvidado de la última vez que me mordiste.
Ambos empezaron a reír mientras el espadachín volvía a besar con ternura el cuello del pequeño, quien había dejado de agarrar su cabello para abrazarle. Entonces a Zoro se le ocurrió una idea: iba a jugar un poco con su inocente capitán.
Levantando nuevamente la mirada hasta los ojos del moreno, el peliverde le preguntó: - ¿Qué es lo que quieres hacer, capitán?
Luffy se quedó un momento pensativo bajo la atenta mirada de un divertido espadachín.
- Tengamos sexo.
Zoro se quedó atónito. En realidad, atónito era decir poco. Se quedó completamente congelado mientras sentía que su alma abandonaba el cuerpo para irse a un lugar lejano. No sólo la respuesta le impactó, pues ni mucho menos era lo que había esperado escuchar. La seriedad con la que le miraba Luffy mientras pronunciaba esas dos palabras había provocado lo que nunca antes nadie había conseguido con él: estaba completamente rojo, con las mejillas ardiendo como si se hubieran transformado en puras brasas candentes.
- Luffy – consiguió balbucear entre dientes. - ¿Sabes qué significa lo que acabas de decir?
La negativa respuesta que Luffy le dio con la cabeza consiguió que la amplitud térmica del cuerpo del espadachín se ampliara, dejándolo completamente helado frente al ardor que sentía en sus mejillas.
- ¿Dónde aprendiste esa palabra? – gruñó ante la risilla de Luffy, quien se estaba divirtiendo cosa fina con las reacciones del peliverde.
- Sanji me lo dijo una vez – sonrió ampliamente mientras el rostro del espadachín se ensombrecía. "Maldito cocinero pervertido". – Me dijo que las personas que se quieren tienen sexo entre ellas.
Zoro se estremeció con esas palabras. "¿Las personas que…?"
- Luffy, ¿tú me quieres?
Luffy le miró con un poco de duda. – Creo que sí, pero no estoy seguro de lo que significa eso.
Zoro suspiró mientras sonreía levemente. Esa respuesta era más de lo que pensaba que el moreno podía darle en tan poco tiempo. Despacio y con mucha ternura volvió a posar sus labios sobre los de Luffy, jugando con ellos en su boca, lamiéndolos con su lengua. Sus manos volvieron a su anterior tarea acariciando despacio y con suavidad el pecho del pequeño, mientras sus sentidos quedaban fascinados por todas las sensaciones que su estúpido capitán provocaba en él. Los pequeños gemidos que salían de su boca eran música para sus oídos, el aliento cálido que impactaba sobre sus labios era el néctar de los dioses, y las manos que recorrían su espalda electrificaban su piel. De repente, sintió que su camiseta sobraba, y ayudado por el pequeño se la quitó, lanzándola en la misma dirección que el chaleco.
- Entonces, ¿vamos a hacerlo?
Zoro soltó un gemido de desesperación mientras se separaba de su capitán para observarle.
- Deja de repetirlo una y otra vez, Luffy.
El pequeño hizo un puchero. - ¿Por qué? ¿No vamos a hacerlo?
Zoro suspiró profundamente implorando que la poca paciencia que aún quedaba en su cuerpo acudiera a él. Sabía que explicarle ese tipo de cosas a su capitán sería como hablar con una pared, así que recurrió a la vía más rápida.
- Si, Luffy. Vamos a hacerlo.
El moreno, tras recuperarse de la sorpresa, sonrió ampliamente mientras se lanzaba sobre el peliverde, abrazándole con fuerza. Ante este gesto, Zoro también sonrió y correspondió el abrazo del pequeño, aprovechando para quitarle su preciado sombrero y lanzarlo despacio unos metros detrás de ellos. Tras deshacerse del sombrero, Zoro sujetó y tumbó al pequeño sobre el suelo, situándose encima de él. Sin embargo, un leve quejido que salió de los labios de su capitán paralizó al espadachín. Al volver su rostro para mirar el de su capitán, vio que Luffy apretaba con fuerza sus ojos.
- Luffy, ¿estás bien? – preguntó el espadachín preocupado.
Luffy abrió los ojos y le miró con una sonrisa. – El suelo está un poco frío.
Zoro desvió su vista hacia el suelo. No era eso lo que había alarmado al pequeño. Fijándose con detenimiento, el peliverde se dio cuenta de que el suelo estaba formado por una gran roca irregular que tenía numerosas grietas y saltos pequeños que rasparían la piel del moreno si se quedaba tumbado sobre ella. Resignado, estaba a punto de incorporarse cuando los brazos del pequeño le hicieron perder el equilibrio, cayendo sobre el cuerpo de su capitán.
- ¡Luffy! – exclamó enfadado, temiendo que su peso hubiera provocado que el pequeño se clavara los bordes de la roca en su espalda.
- No te vayas – susurró Luffy en el oído de Zoro, provocando que el espadachín se estremeciera ante el tono sensual de su capitán y su ardiente aliento sobre su oreja. Elevándose lentamente, vio la gran sonrisa que iluminaba el rostro de su capitán. – Estaré bien.
Zoro apretó sus puños al sentir que su autocontrol se evaporaba y desaparecía de su cuerpo. Frente a él estaba Luffy, la persona que más quería y deseaba, la persona que había afirmado (a su manera) que le quería, la persona que tenía la sonrisa más brillante que había visto en su vida, la persona por la que estaría dispuesto a morir si con eso conseguía salvarla. Ahí estaba esa persona, frente a él, completamente desnuda de cintura para arriba, servida en una bandeja de plata. ¿Cómo iba a resistirse el espadachín? Rindiéndose por completo, Zoro se inclinó sobre el cuello de su capitán, besándolo con cuidado.
- No me reclames nada si acabas herido – susurró contra la suave piel del pequeño.
Luffy rio por lo bajo, sonriendo feliz ante los pequeños besos que el espadachín estaba repartiendo por todo su cuello y hombros. Disfrutando de las caricias que las manos del peliverde repartían por todo su cuerpo, llevó una de sus manos a su boca para acallar los gemidos que salían de ella, cada vez más incontrolables, mientras con la otra volvía a agarrar el pelo del espadachín.
Bajando lentamente por el cuerpo del pequeño, Zoro deslizó su lengua por esa blanca piel que le estaba volviendo loco, dejando a su paso un pequeño rastro de saliva. Al notar que los gemidos del pequeño estaban siendo amortiguados, levanto su vista hacia la cara del moreno sin separar sus labios de su pecho. Cuando vio la mano con la que Luffy cubría su boca, dirigió un brazo hacia ella, molesto, apartándola y entrelazando sus dedos con los del pequeño.
- Zoro… - gimió el pequeño en un susurro, haciendo que el espadachín vibrara excitado ante su tono desesperado.
- Lo siendo capitán, pero me gustaría escucharte – le respondió mientras dirigía sus labios hacia uno de los pezones del pequeño, provocando con sus juegos que los gemidos aumentaran de tono.
Mientras devoraba el torso del moreno con sus labios y apretaba la mano de Luffy con un brazo, dirigió su mano libre hacia la entrepierna del pequeño, acariciando con suavidad el miembro del moreno sobre sus pantalones.
- Veo que te estás divirtiendo – comentó burlonamente cuando sintió que Luffy ya estaba bastante duro. Como respuesta, Luffy le miró indignado, provocando la risa del espadachín.
Con cuidado, Zoro desabrochó los pantalones de Luffy y los bajó junto con su ropa interior lo suficiente como para liberar el miembro y poder comenzar a masturbarlo con suavidad.
Luffy no era capaz de pensar nada coherente en esos momentos. Todo su ser estaba inundado por las caricias del espadachín, por su lengua recorriendo con sensual parsimonia su pecho, con sus dientes mordiendo con suavidad sus pezones, y ahora con su mano acariciando despacio su miembro. Todo era nuevo para el pequeño, absolutamente todo. Todo era especial y único, y estaba muy feliz de que fuera Zoro el que compartiera con él todas esas nuevas sensaciones.
Zoro no pudo resistir más la excitación que le causaban los constantes gemidos del pequeño, así que mientras aumentaba el ritmo de la masturbación ascendió por el cuerpo de Luffy para arremeter con pasión e infinita ternura contra esos labios, saboreándolos y absorbiendo en el interior de su boca y de su ser esos gemidos que le hacían estremecerse. Tras unos segundos manteniendo ese beso, se separó de Luffy y miró su rostro, levemente contraído por el placer de las caricias, antes de volver a descender, esta vez situándose a la altura de su miembro y observándolo con atención.
- ¿Zoro? ¿Qué estás hac…? – comenzó a preguntar el pequeño ante la intensa mirada que el espadachín dirigía a su entrepierna. Sin embargo, no fue capaz de acabar de formular su pregunta, no ante la fugaz sonrisa que se dibujó en los labios del peliverde antes de que su boca se tragara su miembro.
Luffy dio un respingo. No había esperado ese movimiento por parte del espadachín, pero no era que precisamente le desagradara. Al contrario, Luffy arqueó su espalda ante el placer que nacía de la boca del espadachín y le recorría por completo. Sentía cómo la lengua del espadachín recorría su miembro de arriba abajo, deteniéndose de vez en cuando en su glande, haciendo círculos sobre él con su lengua o simplemente posando sus labios como si fuera un suave beso. Luffy sentía cómo poco a poco iba perdiendo el control sobre su cuerpo. Sentía cómo su cuerpo necesitaba más y más de estimulante contacto. Estrechando con fuerza la mano del espadachín, le pidió que aumentara el ritmo apretando con su otra mano la cabeza del peliverde, quien, gustoso y divertido, concedió su deseo.
El moreno no podía más que apretar sus ojos con fuerza y arquear su espalda ante todo el placer que le recorría. Sentía que sus piernas le fallaban, sabía que sería incapaz de ponerse en pie en ese momento. No le importó, no tenía intención de moverse de ahí. Lo único que quería en esos momentos era seguir sintiendo cómo el peliverde tragaba por completo su miembro, una y otra vez, cada vez con mayor velocidad, alcanzando un ritmo vertiginoso que creía que no podría soportar por mucho más tiempo. Cuando el pequeño por fin notó que iba a llegar al final, pronunció costosamente y entre gemidos el nombre del peliverde, llamándolo y avisándolo, mientras intentaba separar su cabeza de su entrepierna. Sin embargo, la fuerza de sus brazos le había abandonado, y por más que intentara tirar del espadachín hacia atrás éste podía fácilmente ignorar sus tirones. Retorciéndose de placer y jadeando con fuerza, Luffy no pudo contenerse más y se vino dentro de la boca del espadachín, quien intentó contener a duras penas todo el cálido líquido dentro de la misma. "Salado…" pensó el espadachín mientras limpiaba los restos que resbalaban por sus labios tanto con la lengua como con su mano. Tras tragar el líquido por completo, levantó la mirada hacia Luffy, quien seguía jadeando exhausto con el brazo que antes había estado sobre su cabeza tapándole los ojos.
Estremeciéndose ante la excitante visión de su capitán, Zoro subió por el cuerpo del moreno hasta situarse frente a su rostro. Aprovechando que una de sus manos seguía entrelazada con la del pequeño, arrastró ambos brazos por el suelo hasta que quedaran estirados sobre la cabeza del pequeño. Entonces, con su mano libre obligó a su capitán a destapar su cara y guio su otro brazo por el mismo camino que recorrió anteriormente, sujetándolos a los dos con una sola mano mientras con la otra acariciaba con ternura el rostro de su capitán, que mantenía los ojos cerrados. Sin resistirse más a la tentación, volvió a saborear con cariño esos dulces labios que le perdían. Segundos más tarde, Luffy reaccionó ante el contacto y le devolvió ese beso, recorriendo con su lengua la boca del peliverde y saboreando los restos de su propia esencia que quedaban en ella.
De repente, el espadachín sintió cómo Luffy luchaba por deshacer el agarre de sus brazos, así que decidió soltarle. Luffy agarró al espadachín con fuerza, haciendo que sus cuerpos se juntaran y girando sobre sí mismo hasta situarse sobre el espadachín. Sorprendido, Zoro ignoró las incómodas grietas clavándose sobre su espalda y miró atentamente el rostro de su capitán, aunque no pudo divisar con claridad su sonrisa burlona hasta que sus labios se separaron.
- Luffy, ¿qué estás tramando?
El moreno rio antes de contestar. – Ahora te toca a ti, Zoro.
Zoro se quedó perplejo. "¿Acaso pretende…?" No hubo necesidad de formular la pregunta, poco a poco sintió cómo Luffy se inclinaba sobre su pecho, acariciando su cicatriz y besándolo con suavidad. Soltando un pequeño gemido de sorpresa y de placer, Zoro intentó detener a su capitán con una mano, pero Luffy se zafó de su agarre mientras con uno de sus brazos comenzaba a acariciar el miembro del peliverde sobre su pantalón. De repente, todas las intenciones que Zoro había tenido de detener a su capitán desaparecieron por completo, sintiendo por todo su cuerpo el calor que esas suaves caricias le transmitían. De reojo, vio cómo el pequeño bajaba sus pantalones y su ropa interior lo suficiente como para liberar su entrepierna. Sin saber muy bien qué hacer tras eso, Luffy sostuvo el miembro del espadachín con ambas manos, mirándolo dudoso. Zoro, levemente incómodo, suspiró y se incorporó, quedando apoyado sobre una de sus manos mientras posaba la otra en la cabeza de su capitán, quien levantó la mirada para verle.
- No tienes por qué hacerlo, Luffy.
Luffy le devolvió la mirada enfadado. - ¡Quiero hacerlo! – ante ese grito, el pequeño apretó sin querer el miembro del peliverde, provocando un jadeo en él. Luffy se dio cuenta y aflojó su agarre, ascendiendo hasta los labios del peliverde y besándolos con suavidad. – No es justo que sólo yo disfrute de esa manera.
Zoro sonrió levemente ante el cumplido indirecto que le había regalado su capitán, y asintió dándole permiso para continuar.
- Espero que no me muerdas.
Luffy le miró inocentemente. – Está bien, lo intentaré.
El rostro de Zoro se oscureció ante ese comentario. "¿Intentarlo?", pensó alarmado. Más que dispuesto a detener al pequeño, agarró el cabello de Luffy con fuerza. Sin embargo, ya era tarde. De repente sintió en su miembro la cálida y húmeda boca del pequeño, quien metía y sacaba su miembro de ella con un ritmo demasiado elevado para ser el comienzo. Arqueando levemente su espalda pero sin apartar su vista del rostro del pequeño, Zoro intentó moderar el ritmo sujetando la cabeza de Luffy, pero instantes después fue incapaz de hacerlo. Las constantes corrientes eléctricas que recorrían todo su cuerpo, quemándolo poco a poco por dentro, le hacían consumirse en el deseo. El placer ardía en sus venas, intensificado al ver el leve sonrojo que adornaba las mejillas de Luffy. No pudo evitar desear más y más de esa boca, y pronto instó a Luffy a absorber por completo su miembro. Sin embargo, al ver las dificultades por las que estaba pasando Luffy, decidió terminar de otra forma.
Implorando que los años de duro entrenamiento fortalecieran su nula voluntad en ese momento, desplazó su mano de la cabeza del pequeño a su hombro, deteniendo su movimiento y obligándole a incorporarse. Luffy se sentó sobre el espadachín, provocando que sus miembros se rozaran levemente, estremeciéndolos a ambos. De improvisto, el pequeño tosió sutilmente.
- Es demasiado grande… - murmuró limpiando con una mano la saliva que goteaba por las comisuras de sus labios.
Zoro le miró entre divertido y vanidoso. – Gracias – le respondió con una risilla nerviosa.
- ¿No te gustó? – le preguntó Luffy preocupado porque el peliverde le hubiera obligado a apartarse.
- No es eso Luffy – le susurró el peliverde mientras guiaba tres de sus dedos a la boca del pequeño. – Lame – le pidió mientras comenzaba a besar con ternura la mejilla del pequeño.
Extrañado, Luffy accedió a la petición del espadachín, lamiendo a conciencia esos tres dedos y gimiendo suavemente cuando notó cómo el espadachín volvía a masturbarle despacio, provocando que a los pocos minutos su miembro volviera a estar duro. Zoro paseó tanto su lengua como sus labios por todo el pecho de su capitán, y cuando terminó su recorrido sustituyó sus dedos por su lengua en el interior de la boca del moreno.
Dejando de masturbar a Luffy, Zoro deshizo el beso y sonrió al pequeño.
- Será mejor que te quites por completo los pantalones.
Confundido, Luffy asintió y se levantó para quitarse toda la ropa que le quedaba. La visión de su capitán completamente desnudo ante él excitó a Zoro de sobremanera, lo que le obligó a cerrar los ojos con fuerza para no lanzarse sobre el moreno. Cuando sintió cómo Luffy volvía a sentarse sobre él, sujetó su cadera en el aire con el brazo que había utilizado para mantenerse erguido. Ante ese movimiento del espadachín, Luffy perdió el equilibrio y tuvo que apoyar ambas manos en los hombros del peliverde para no caerse.
- ¿Zoro? – preguntó confundido.
Zoro no le respondió, se limitó a pasear los lubricados dedos por la entrada del pequeño, quien reprimió un jadeo ante esas caricias. Despacio y con cuidado, Zoro introdujo el primer dedo, moviéndolo con suavidad para dilatar la entrada del pequeño.
Luffy abrió los ojos sorprendido. No se esperaba ese movimiento del peliverde, y ese extraño pero agradable contacto provocó que sus piernas temblaran, perdiendo su fuerza.
Zoro, al notar que el pequeño iba a caerse, soltó su cintura y volvió a utilizar el brazo como apoyo, inclinándose más para permitir que el pequeño se tumbara sobre él en una posición más cómoda. Luffy se apoyó con fuerza sobre los hombros del espadachín, intentando mantener su cadera en el aire, mientras Zoro aprovechaba esa posición para volver a besar el cuello del pequeño, conteniéndose para no dejar en él una marca que más tarde pudiera dar de qué hablar en el campamento.
Unos minutos más tarde, ante la creciente intensidad de los gemidos de Luffy, Zoro introdujo otro dedo en su entrada, moviéndolos a ambos con suavidad en el interior del moreno. Cuando el peliverde notó que su deseo le desbordaba, introdujo a la desesperada el tercer dedo, intentando dilatar aún más la entrada. Cuando sintió cómo Luffy acompañaba el movimiento de sus dedos con la cadera, Zoro no pudo reprimir más la ardiente necesidad que latía en su miembro, deseoso de perderse en el interior del moreno. Sacando sus dedos del pequeño, quien emitió un leve quejido, Zoro abrazó a Luffy y volvió a tumbarlo sobre el suelo, esta vez teniendo más cuidado e interponiendo sus brazos entre la roca y la espalda del pequeño. Cuando Luffy estuvo completamente tumbado en el suelo, Zoro abrió las piernas del pequeño y elevó su cadera, situándose de rodillas entre ellas. Dirigió una mano a su propio miembro y rozó con él la entrada del moreno, provocando pequeños gemidos a ambos. Despacio y con mucho cuidado, introdujo la punta en la entrada, pero se detuvo al ver que el rostro del pequeño se contraía.
- ¿Te duele?
Luffy negó con la cabeza, sonriendo. – Recuerda que soy de goma. Sólo se siente un poco extraño.
Zoro correspondió a esa sonrisa, alargando el brazo para acariciar el rostro de su capitán mientras seguía introduciendo su miembro dentro de él.
- Relájate Luffy – le susurró mientras acariciaba su mejilla. Luffy se limitó a cerrar los ojos y disfrutar tanto de ese contacto como de esa extraña intromisión.
El espadachín no pudo evitar jadear cuando sintió que gran parte de su miembro estaba en el interior del pequeño. Sentía cómo esa caliente entrada le apretaba, provocando en su interior una creciente pasión que comenzaba a nublar sus sentidos. Cuando notó que Luffy se acostumbraba a su miembro, empezó a moverse despacio, luchando contra sus propios deseos para evitar embestir al pequeño con fuerza.
Ante el movimiento del espadachín, Luffy no pudo reprimir un fuerte gemido. Sentía cómo el miembro del espadachín entraba y salía de él, primero recorriendo una corta distancia pero después penetrándole completamente desde fuera. Gimiendo, jadeando y sin poder enfocar su vista a causa del tremendo placer que le recorría, Luffy alzó sus brazos buscando al peliverde, quien mordiéndose el labio ante la deliciosa imagen que le ofrecía su capitán, se inclinó sobre él para permitir al pequeño abrazarle.
Aumentando de ritmo, Zoro sintió que su miembro iba a derretirse en aquella sabrosa entrada que pronto comenzó a absorberle, provocando que sus estocadas llegaran cada vez más y más lejos dentro del interior de su capitán, incluso cuando ya no creía posible llegar tan lejos.
De repente, Luffy se arqueó jadeando con fuerza. Todo su cuerpo se estremeció ante el punto que Zoro había rozado en su interior. Ansioso por volver a sentir esa fogosa sensación, comenzó a seguir el movimiento del peliverde con sus caderas, provocando un gemido en el espadachín debido a la nueva e intensa sensación que le produjo el acompañamiento del pequeño. Sin poder soportarlo más, Zoro se dejó llevar por la pasión desenfrenada y ayudó con sus manos el movimiento del pequeño, sujetándolo de la cadera y aumentando el ritmo de las embestidas.
Por su parte, Luffy desplazó una de las manos con las que había abrazado al espadachín hasta su propio miembro, comenzando a masturbarse siguiendo el ritmo de las penetraciones del peliverde, que cada vez iba más rápido. Zoro no paraba de rozar ese punto tanto al entrar como al salir de él, y Luffy sentía que pronto iba a perder la poca cordura que le quedaba.
Invadido por el completo deseo y sintiendo su final cerca, Zoro se lanzó como animal en celo sobre los labios del moreno, aprovechando que éste no era capaz de controlar su cuerpo a causa del placer para recorrer a sus anchas su boca. De repente, advirtió sobre su abdomen el cálido líquido del pequeño, que gemía y jadeaba sin control su nombre dentro de su boca. Ante los espasmos que provocaron el final del moreno en su interior, Zoro no pudo soportar esas deliciosas contracciones y, gimiendo también el nombre del moreno, se vino en su interior, llenándolo con su cálida esencia.
Ambos estuvieron algunos minutos quietos, intentando acompasar sus respiraciones, contemplándose entre jadeos y besando de vez en cuando sus labios. Cuando volvieron a respirar con normalidad, Zoro salió con cuidado del interior del pequeño y se dejó caer sobre el suelo, sin importarle que la roca arañara su espalda. Mientras levantaba sus pantalones y volvía a abrocharlos, vio por el rabillo del ojo cómo Luffy se estiraba hasta alcanzar los suyos y, a duras penas y sin levantarse del suelo, volvía a ponérselos antes de tumbarse al lado del espadachín, apoyando su cabeza en su pecho. Zoro reaccionó ante el movimiento del pequeño, tumbándose de lado y abrazándole con fuerza mientras Luffy correspondía su abrazo.
Tras varios minutos en silencio, Zoro seguía sin poder quitar la sonrisa de felicidad de su cara. Contemplaba embobado el rostro de su capitán, viendo cómo poco a poco éste se iba quedándose dormido también con una sonrisa en sus labios. El espadachín cerró igualmente sus ojos, le agradaba la idea de dormir abrazado a Luffy después de lo que acababa de suceder.
Zoro estaba a punto de quedarse completamente dormido cuando un leve murmullo llegó a sus oídos.
- Zoro… - susurró Luffy, seguramente ya entre sueños. – Definitivamente te quiero.
Zoro rio suavemente ante ese comentario.
- Ya lo sabía, idiota.
