- ¿¡Es que no se puede echar un maldito polvo en esta casa!?
- No cuando hay un cadáver esperando - dijo Lestrade - Y de todas formas…
- ¿Echar un polvo? ¿Tú? - esa fue Donovan, que se fijó justo en ese momento en que John también estaba en la cama - Lo que faltaba… Los frikis liados.
- Eso no es lo que importa ahora… -dijo Lestrade, obviamente reprimiendo sus ganas de preguntar precisamente sobre eso- ¿Qué hay del caso?
- Me da igual.
- ¿Qué? -ese fue John, aún tirado en la cama, cuyo sonrojo al ser atrapado se desvaneció frente a la afirmación de Sherlock - ¿Cómo que te da igual?
Lestrade avanzó hacia la cama, amenazando con llevarse a los dos de ahí a la fuerza, pero Sherlock no iba a permitirselo, no tan fácilmente al menos. Así que se levantó y le empujó fuera de la habitación, igual que con el resto de los presentes, ignorando las insistentes quejas de Donovan y Anderson, y haciendo lo mismo con los ruegos del inspector.
- He dicho que me da igual. Me ocuparé del cadáver más tarde. Ahora estoy ocupado.
- Pero…
- ¡He dicho que estoy ocupado!
Y dio un portazo, asegurándose de cerrar esta vez con llave y dejándola puesta para cerciorarse de que esta vez nadie sería capaz de interrumpirles. Pero eso no era suficiente, caminó hasta la ventana y también la trancó, corrió las cortinas, bajó la persiana y encendió una lámpara de noche que estaba tirada en medio del desorden del suelo, pero aún así servía a su propósito: iluminar su camino hasta la cama. John seguía ahí, pero ahora estaba sentado. mirándole con la boca abierta.
- ¿Qué?
- Acabas de rechazar un caso.
- No lo he rechazado.
- Lo has hecho.
- Lo he aplazado.
- Es lo mismo.
- No lo es.
- Da igual, ¿por qué lo has hecho?
- Porque quiero estar contigo.
Y ahí terminó la conversación. No hacía falta decir nada más, ambos sabían lo que iba a pasar y ambos lo necesitaban más que ninguna otra cosa.
Sherlock se apresuró a volver a la cama, tumbandose sobre el sorprendido John que se aferró con fuerza a su pálida espalda mientras le besaba y reía a la vez. Pero el detective ya había tenido suficiente paciencia para todo el mes y no pudo aguantar aquello, así que le apartó y le miró con el ceño fruncido, completamente indignado por las carcajadas de John Watson mientras él intentaba ponerse cariñoso.
- ¿Te importaría parar?
- Lo siento pero es que… ¿"Estoy ocupado"?
- ¿Preferirías que hubiera aceptado el caso y hubíesemos tenido que irnos?
- No pero…
- Entonces deja de reírte.
Y sin darle siquiera tiempo a pensar una respuesta, mordió su labio inferior, arrancándole un jadeo que logró que una sonrisa de satisfacción apareciese en el rostro de Sherlock. Eso estaba mejor, mucho mejor…
Llevó sus manos a los botones de la camisa de John y comenzó a desabrocharlos uno a uno ansiosamente, pero la desesperación pudo con él y terminó tirando de la prenda para arrancarlos y así poder quitársela. No aguantaba más, le necesitaba en ese instante, sentía que se ahogaba si no le tenía ya. Y al parecer John sentía lo mismo, pues no se quejó lo más mínimo porque destrozase otra de sus prendas de ropa, que además terminó tirada en el suelo. La verdad donde terminase lo que llevaban puesto era lo que menos le importaba a ninguno de los dos en esos momentos.
Entonces John fue el que quiso tomar el control y empujó a Sherlock, que cedió y dejó que le girase para quedar John esta vez encima. Se tumbó sobre el delgado y pálido cuerpo del detective, apoyándose en sus codos para no dejar que todo el peso cayese sobre él y Sherlock sintió como mordía con fiereza la fina piel de su cuello. Dolía, pero el gemido que salió de su garganta no fue de dolor sino de placer. Quería más de aquello, más dolor, por eso sujetó su nuca contra él y John entendió el mensaje, mordiendo esta vez su hombro mientras arañaba su abdomen. Oh si. Era delicioso.
Pero sus manos se detuvieron. John se apartó de ahí y sus manos bajaron hasta más allá de su ombligo, empezando a trabajar en desabrochar sus pantalones. El detective alzó algo las caderas para permitirle que se lo quitase más fácilmente y entonces recordó que no llevaba ropa interior, lo que le hizo sonrojarse de golpe y sujetar la única prenda que le quedaba. Sentía que parecería un verdadero pervertido. ¿Quién iba por ahí sin ropa interior?
John tardó un instante en imaginar lo que pasaba por la mente de Sherlock, lo que le habría hecho detenerle, y cuando lo comprendió rió. Dejó en paz su ropa y se irguió, mirándole con una sonrisa, desabrochándose los pantalones frente a él, quitándoselos y dejándolos en el suelo. Después gateó sobre la cama y se puso frente a él, vestido únicamente con sus calzoncillos rojos.
- Quítamelos.
Su voz sonó ronca, excitada, sexy. Y no tardó en obedecer. Se puso de rodillas frente a él y coló los pulgares bajo la gomilla de la ropa interior, inclinándose para besar léntamente sus labios, bajando la prenda que le quedaba a su compañero con la misma tranquilidad. Dejó escapar un pequeño jadeo cuando el miembro desnudo de John le rozó. Oh Dios, le deseaba más que a ninguna otra cosa. Le necesitaba.
- Bien… -susurró John antes de tirar sus calzoncillos a un lado- ¿ahora me dejarás?
Sherlock asintió y dejó que John le tumbase, permitiendo que esta vez si le despojase de sus pantalones. Ahora estaba completamente desnudo frente a él, no tenía una sola prenda de ropa que le cubriese y, por primera vez en su vida, se sintió completamente vulnerable. Pero no tenía miedo, estaba con John, confiaba en él… Lo que no le daba tanta confianza era la expresión de sorpresa que tenía el exmilitar.
- ¿Qué pasa?
- Creía que te habías depilado.
Sherlock se sonrojó y apartó la mirada avergonzado.
- Bueno… Cuando llegué ahí…
Una suave carcajada resonó en la habitación y los labios de Sherlock fueron atrapados por los de John en un fiero beso que decía todo sin necesidad de ninguna palabra: "No importa" "Era una broma" "Te necesito" "Te quiero" Te quiero. Sherlock le quería y, aunque no quería admitirlo, ahora lo sabía, estaba seguro de ello. No le quería solo por lo que estaban haciendo, sino que le quería a su lado en todo momento, en cualquier lugar, siempre.
Sherlock mordió el labio inferior de John con furia en venganza, haciéndole una pequeña herida, pero eso no les detuvo. El menor marcó la espalda del exmilitar con arañazos mientras el otro hacía lo mismo con su trasero, aquél trasero que tanto había admirado mientras estaba oculto por sus ajustados pantalones y que por fín había podido observar gracias al dichoso experimento del delantal. Quizás no fuese tan malo dejar que Sherlock se divirtiese a su manera de vez en cuando… Desde luego, para Sherlock era realmente entretenido.
Entonces John se movió sobre él y sus entrepiernas se rozaron, arrancándole un intenso gemido a Sherlock. Joder. Aquello había sido completamente increíble, sentirle tan cerca, sentirle tanto… John volvió a moverse y esa vez él también gimió. Sus jadeos se estrellaban en la boca del otro y sus cuerpos se movían solos, provocando un roce cada vez mayor, más intenso. John bajó una de sus manos al lugar en el que se encontraban las piernas de ambos y sujetó los dos miembros juntos, empezando a moverse más rápido.
- John… -gimió Sherlock.
Sintió su propio miembro palpitar, pero no quería que todo terminase ahí, no quería que acabase tan pronto. Y al parecer John tampoco, porque se detuvo y en un rápido movimiento giró a Sherlock, poniéndole boca abajo y siendo él esa vez el que ignoraba las quejas del detective.
De golpe Sherlock se encontró con un dedo sobre sus labios y la boca de John paseándose libremente por su espalda, dejando besos, lamidas e incluso algún que otro suave mordisco. No se lo pensó dos veces y lamió despacio su dedo índice, tal y como lo había hecho con cierta parte de la anatomía de John antes en la cama de Mycroft. Le escuchó jadear y sonrió, tomando esta vez dos dedos en su boca, lamiéndolos lentamente, empapándolos en su saliva mientras sentía los jadeos del mayor en su espalda, en su piel. Sabía lo que estaba imaginando, sabía que deseaba que hiciese lo que le estaba haciendo a sus dedos en otra parte, pero tendría que conformarse con ello.
Entonces Sherlock sintió que John tiraba de sus caderas hacia arriba y se dejó elevar, sin esperar que lo que iba a a hacer era continuar su carrera de besos hasta su trasero. Sintió su lengua en su entrada y quiso quejarse, pero en lugar de ello gimoteó, sintiendo la piel de gallina. Aquello le gustaba se sentía bien y quería…
- Más…
John obedeció y volvió a lamer su entrada, provocando que el cuerpo de Sherlock se sacudiese de nuevo. Después presionó con la punta de su lengua hasta que consiguió entrar, arrancando un verdadero gemido al detective, que se aferró a las sábanas, disfrutando más por el deseo de lo que se avecinaba que por lo que estaba sintiendo en se momento.
Entonces los dedos de John dejaron de estar en su boca y los sintió en su trasero. Primero fue uno solo, fácilmente. Dios, estaba tan caliente que apenas lo había sentido entrar, pero el segundo le hizo arquear la espalda con fuerza. Dolía… Un poco. Pero era un dolor dulce, le gustaba.
Al momento siguiente John estaba moviendo los dedos dentro de él y sus caderas respondían solas, moviéndose contra su mano mientras gemía contra el colchón. Sintió los besos de John volver a subir por su espalda hasta su nuca, sintió su otra mano en la entrepierna y gimió de nuevo. Sus dedos hacían maravillas en su trasero y su otra mano presionaba la punta de su miembro, haciéndole temblar. Puede que John lo quisiese lento, bonito y romántico, pero él no, y mucho menos si le torturaba de esa manera.
- John, joder…
Al parecer debió entenderle mal, pues sacó sus dedos de él, haciéndole gimotear decepcionado. Si no le daban lo que quería, lo tomaría igual que hacía siempre.
Se giró en la cama y empujó a John contra el colchón, dejándole bocaarriba y asombrado mientras Sherlock se sentaba a horcajadas sobre él y rozaba provocativamente su trasero contra el duro miembro de John, relamiendose. Se inclinó sobre él y le beso, le beso con furia, descargando toda la ira, la desesperación y el deseo que había guardado hasta ese momento. Y de nuevo sintió las uñas de John hundirse en la fina piel de su espalda. No le importaban los arañazos, las heridas, solo le hacían desearle más y más aún.
Araño su torso con fuerza y le escuchó gruñir. Si, de nuevo conseguía aquello que tanto le gustaba: los gemidos de John, los incontrolables sonidos que salían desde el fondo de su garganta cuando se lo hacían duro.
Ya no aguantaba más. Se separó de sus labios y rodeó el miembro del mayor con la mano para sujetarlo firme contra su entrada antes de empezar a descender, gimiendo libremente al sentirlo, sintiendo escalofríos por la espalda y las manos de John sujetando firmemente sus caderas mientras escuchaba su ronca voz nombrandole. Nada más llegó al final comenzó a moverse con rapidez. No le importaba que le doliese, que sintiese que le partía en dos, le gustaba así. Y joder si a John también le gustaba. Gruñía mientras clavaba las uñas en las salientes caderas de Sherlock, se movía contra él, tiraba de él para poder besarle.
John terminó por sentarse, abrazando el cuerpo de Sherlock contra el suyo propio mientras mordía con fiereza su cuello y el detective no podía hacer otra cosa que no fuera gritar y seguir moviéndose. Aquello le encantaba, le hacía enloquecer y maldecía a su estúpida manía de mantener las distancias por no haberle permitido probar aquello antes.
Sintió su espalda pegada contra la pared, esta vez era John el que se movía contra él, sujetando su trasero mientras él permanecía aferrado a su hombro. Tenía los dientes del exmilitar marcados por todo el cuello y hombros, sus uñas en cada centímetro de la espalda y aún así quería más, más de aquel dulce dolor. Y él se lo estaba dando.
Agarró el corto cabello de la nuca de John y le obligó a girar el rostro para besarle con necesidad. Apenas podía respirar, pero no importaba. Necesitaba sus labios y necesitaba su voz.
- Sherlock, estoy a punto…
Eso fue lo que murmuró sobre su boca momentos antes de que se viniese dentro de él con un ronco gemido. Sherlock se vino a la vez entre los dos, manchando el vientre de John, que se desplomó contra la cama con el detective encima, aún gimoteando agotado. Sherlock sabía que pesaba, que le impedía respirar con normalidad, pero el abrazo de John no se soltó, le mantenía firme ahí. Le rodeó hasta que ambos quedaron dormidos, ignorantes de lo que sucedía en el resto del mundo. No importaba, ahora eran solo ellos dos.
- John… -susurró Sherlock al despertar.
- ¿Uhm…?
- Creo… que te quiero…
- Uhm… -rió- Yo estoy seguro de ello.
- ¿Por qué…?
- Elemental.
- Imbécil.
Hey :33 Lady B al habla (?)
Primero agradecer a todos y todas los que habéis seguido el fic. AXIAS *3*
Es la primera vez que escribo uno de varios capitulos y la verdad no tenía ni idea de qué tal iba a quedar, pero no ha estado mal, ¿no? ^^
Segundo disculparme por no responder a las reviews :c Apenas tengo tiempo con la uni y no he podido hacerlo, pero siempre las leo y la verdad me animan un montón. Creo que de no ser por ellas no habría podido mantener el ritmo de capítulo por día ^^U ¡Muchas gracias por ello también!
Como supondréis este ha sido el último capítulo e.e Pero ya me está rondando la cabeza una secuela, así que no lloréis (?)
De nuevo muchas gracias *-* seguiré escribiendo y espero que sigáis leyendo :33
Lof Yu ^3^
