¡Hola a todos =3! Aquí os dejo el segundo capítulo especial que hice en honor al cumpleaños de Zoro... solo que en éste, en vez de "hacerle disfrutar", no dejo de meterme con él xDDD. Bueno, ya lo leeréis, es uno de mis capítulos favoritos por las situaciones en las que meto al espadachín =P

PD: hay una escena al principio del Fic inspirada en una imagen "sexy" de Luffy que me encanta... por desgracia no sé cómo subirla aquí para que podáis verla... así que sólo diré que esa imagen pertenece al Doujinshi "Glowing Star"... Bueno, es sólo la imagen de Luffy juntando dos dedos de su mano mientras sonríe ampliamente... es que no quiero explicarlo más, ya lo leeréis más adelante xD

Me da rabia que no podáis ver la imagen, realmente me basé totalmente en ella a la hora de hacer la escena...

Disfrutad del capítulo ^.^


Zoro abrió los ojos lentamente. Un poco desorientado, parpadeó varias veces para intentar adaptarse al nivel de luz y poder observar dónde estaba. Cuando consiguió abrir los ojos por completo, sólo vio el cielo azul, unas cuantas nubes y un par de gaviotas graznando sobre él. Moviendo uno de los brazos, pues extrañamente el otro no era capaz de levantarlo, intentó palpar la superficie sobre la que estaba tumbado, pues no la notaba muy cómoda bajo su espalda. Era un suelo cálido, rocoso y lleno de rugosidades y accidentes. Intentó levantarse, pero sintió su cuerpo más pesado de lo habitual. "¿Qué demonios pasa?", pensó molesto mientras intentaba bajar su mirada. Sólo cuando sintió la mata de pelo azabache de su capitán acariciar su cuello, cuando vio cómo su mano se posaba sobre su pecho, cuando sintió su cálido aliento sobre su hombro, cuando se fijó en que tanto él como el moreno no llevaban camiseta, cuando advirtió que los pantalones del moreno no estaban completamente abrochados… sólo entonces, Zoro recordó todo lo que acababan de hacer. Repentinamente nervioso y ruborizado, el espadachín se levantó de un salto provocando que el cuerpo de su dormido capitán rodara por el suelo. Completamente inmóvil, el peliverde observó al moreno con la alarma dibujada en su cara. Sin embargo, cuando vio que Luffy continuaba roncando como si nada hubiera pasado, Zoro se relajó mientras se frotaba la cabeza con una mano. "¿Cómo demonios no se ha despertado si casi sale volando?", suspirando con resignación, alzó la mirada hacia el sol. "Falta poco para la hora de comer…", con pesar se dirigió hacia las cestas con el pescado para cubrirlas con un pequeño trapo que Sanji les había dado para proteger la comida. "Creo que es un poco tarde para hacerlo", pensó divertido, pero aun así cubrió las cestas y guardó en la mochila la caja de bento vacía que su capitán había devorado nada más llegar al peñasco. Una vez tuvo todo preparado, recogió la caña de Luffy, colocándola junto a todo el equipaje. Zoro no veía la suya por ningún lado, y eso le preocupaba. Si volvía al campamento sin ella seguramente Usopp se enfadaría con él.

Rindiéndose en su búsqueda, Zoro se vistió con su camiseta mientras recogía el chaleco y el sombrero de su capitán, dirigiéndose hacia él. Luffy continuaba durmiendo, roncando sonoramente y babeando como un niño, con su cuerpo totalmente desparramado sobre el suelo. Zoro se sentó a su lado sin dejar de observarle.

- ¿Cómo es posible que aún sigas durmiendo? – suspiró mientras cubría la cara de su capitán con el sombrero. – Levanta Luffy, casi es la hora de comer.

Zoro vio cómo el cuerpo del pequeño se estremecía y sonrió con sorna; realmente la comida nunca fallaba con él.

Con pereza, Luffy levantó su brazo hasta el sombrero, cogiéndolo y apartándolo de su cara, acomodándolo sobre su cabeza. Cuando consiguió enfocar el rostro del espadachín sonrió ampliamente.

- ¡Hola, Zoro!

Zoro le devolvió la sonrisa mientras se inclinaba sobre los labios de Luffy, besándolos con suavidad. Fugazmente, por la mente del espadachín pasó un simple pensamiento: a partir de ese momento quería saludar así a Luffy siempre que se despertara.

Separándose levemente, el espadachín volvió a susurrar. - ¿No quieres ir a comer, capitán?

Como si el cuerpo de Luffy contara con un resorte, el pequeño reaccionó a esas palabras incorporándose con brusquedad, proporcionándole un cabezazo al espadachín en el proceso, que cayó hacia atrás llevándose una mano a la frente. Luffy pareció no darse cuenta, porque una vez levantado, extendió sus brazos y mirando al mar gritó:

- ¡HORA DE COMEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEER!

Zoro luchaba con todas sus fuerzas por no devolverle el golpe al pequeño mientras se levantaba del suelo con un profundo suspiro. Luffy sintió detrás de él el movimiento del espadachín, y se giró para mirarle. Cuando vio cómo Zoro acariciaba su frente, que parecía estar un poco roja, le miró preocupado.

- ¿Estás bien, Zoro?

Murmurando para sí algunas maldiciones y suprimiendo las ansias asesinas que comenzaban a surgir en su interior, Zoro se limitó a ignorar la pregunta.

- ¿Sabes dónde está mi caña? – le preguntó.

Luffy le miró pensativo durante unos instantes. – Cuando me lancé sobre ti aún la tenías – Zoro se sonrojó levemente ante la facilidad con la que el pequeño hablaba de lo que acababan de hacer. – Pero luego ya no estaba. ¿No la tirarías al mar?

Zoro le miró un poco molesto. – No creo que haya hecho algo como e… - sin embargo, repentinamente regresó a su mente el recuerdo de cómo había soltado la caña cuando Luffy se había tirado sobre él. Rápidamente se acercó al borde del acantilado y se asomó por él. Abajo sólo veía a las olas impactar contra las afiladas y puntiagudas piedras. Si la caña había caído ahí abajo…

- Usopp me va a matar – suspiró frustrado.

Luffy, aun sonriendo, se limitó a dar al espadachín unos golpecitos en su espalda. – Bueno, bueno, no te preocupes.

Zoro envió al pequeño una fulminante mirada mientras le escuchaba reírse. Luffy comenzó a caminar hacia donde estaban todos sus paquetes… aunque más bien intentó caminar, ya que a los pocos pasos el moreno se inclinó hacia delante, dejándose caer en el suelo de rodillas, bajo la asustada mirada del espadachín, que corrió a sujetarlo.

- ¡Luffy! ¿Qué pasa?

Llevando una mano a la parte baja de su espalda, el pequeño rio, un poco nervioso.

- Lo siento Zoro, no puedo caminar.

Zoro se quedó completamente pálido al comprender la razón por la que el pequeño no podía caminar. Desviando avergonzado la mirada, le dio el chaleco a Luffy, que comenzó a ponérselo, y lo dejó arrodillado en el suelo mientras cargaba con la mochila, la caña y una de las cestas antes de volver junto a él, encontrando en sus ojos una mirada curiosa. El peliverde se agachó al lado del moreno, cogiendo uno de sus brazos para situarlo alrededor de su cuello.

- ¿Podrás llevar la otra cesta?

Luffy asintió mientras se sujetaba con fuerza del hombro del espadachín. Al incorporarse, sintió una punzada en su espalda, que se repitió mientras caminaban hacia la otra cesta. Sin embargo, era un dolor soportable y mucho menos intenso que cuando él había intentado caminar por su cuenta. Con dificultad, Zoro comenzó a dirigirse hacia la playa, intentando cargar la mayor parte del peso del moreno sobre sí mismo. Sin embargo, Luffy se esforzaba por andar, no le gustaba ser cargado. Sorprendentemente, cuando llegaron por fin a la playa, Zoro veía que su capitán ya podía dar pequeños pasos sin apenas resentirse.

- ¡Oe, Zoro! – llamó Luffy al espadachín, que se volvió hacia él interrogante. – Juraría que el campamento está hacia el otro lado.

Refunfuñando con cara de pocos amigos, Zoro se dio la vuelta y comenzó a avanzar en dirección contraria, maldiciendo al pequeño por sus incontrolables risas.

Unos minutos más tarde, Zoro recordó que el pequeño se había levantado del suelo como si nada. Mirándole de reojo, le preguntó:

- Cuando despertaste, ¿no sentías dolor?

Luffy frunció el ceño, intentando recordar.

- Es que me levanté pensando en comer, no me di cuenta del dolor – concluyó asintiendo para dar veracidad a su afirmación mientras Zoro se reía por lo bajo.


- Zoro – volvió a llamar el pequeño al cabo de un rato. El espadachín le respondió con una mirada. – Suéltame ya, creo que puedo caminar.

Ante la petición de su capitán, Zoro detuvo la marcha y posó la cesta y la caña que llevaba en su mano sobre la arena para sujetar a su capitán mientras se separaban. Todavía sin moverse, vio cómo Luffy comenzaba a dar dificultosamente unos pocos pasos. Cada vez que fijaba su vista en las temblorosas piernas de su capitán, se sentía culpable.

- ¿Te sigue doliendo?

Luffy se dio la vuelta, mirándole con una pequeña sonrisa. – Ya no me duele tanto como al principio, ya puedo caminar – el pequeño se percató de la mirada seria y triste que había en los ojos del espadachín, por lo que continuó, sacándole la lengua. – Creo que te pasaste un poquito – cuando vio la sorpresa en la cara del espadachín, utilizó su mano para gesticular ese "poquito" que el espadachín había sobrepasado. – Espero que la próxima vez seas más amable – concluyó sonriendo.

Zoro quedó impresionado ante esas palabras. "¿La próxima vez, eh?", avanzó divertido hasta su capitán, abrazándole por la cintura.

- Tampoco es que tú me hubieras permitido bajar el ritmo precisamente, capitán.

Ante la risilla de Luffy, Zoro no pudo hacer nada más que rendirse nuevamente ante esos labios de los que no podía (ni quería) separarse. Luffy rodeó el cuello del espadachín con sus brazos, acercándolo más hacia él para profundizar el beso, que comenzaba a caldear el ambiente dentro de ambas bocas. Segundos más tarde, el espadachín lo cortó mientras comenzaba a deslizar sus labios por el cuello del moreno, soplando de vez en cuando sobre su piel, provocando la risa de Luffy.

- ¡No hagas eso, me hace cosquillas! – se quejó el pequeño entre risas, tanto sus risas como las del peliverde, que disfrutaba haciendo feliz a Luffy.

Aunque ambos continuaron con ese juego durante algunos minutos, el gruñido que el espadachín recibió por parte del estómago del pequeño le dio a entender que ya era hora de comer, que ya habían jugado suficiente por ese día. "Al menos… por ahora". El peliverde se separó a duras penas del pequeño, que le miraba entre contrariado y hambriento. Zoro reprimió una carcajada mientras recogía la cesta y la caña que había dejado en el suelo. Luffy también recogió su cesta, la cual había dejado caer cuando el espadachín le abrazó. Hablando con tranquilidad y entre risas, ambos comenzaron a caminar hacia el campamento. "Deben estar preocupados ya", pensó Zoro, dirigiendo una mirada al sol, viendo lo alto que ya estaba. Discretamente, desvió su vista hacia Luffy, que seguía caminando con dificultad pero con mayor naturalidad que había unos minutos. "Espero que cuando lleguemos al campamento ya pueda andar con normalidad".


- ¿Y si han entrado al bosque? – preguntaba Nami entre susurros a Sanji y Robin. Los tres estaban en la cocina, preocupados por la tardanza del espadachín y de su capitán. El resto de la banda (Brook, Franky, Chopper y Usopp) ya estaban sentados en la mesa, hablando con tranquilidad mientras esperaban la comida.

- No creo que Kenshi-san haya permitido que Sencho-san entre en el bosque – intentó tranquilizarla Robin.

- Siendo el marimo es perfectamente posible que, intentando llegar al peñasco, se metiera en el bosque – gruñó Sanji mientras tomaba una de las últimas caladas que le permitiría el cigarrillo.

- ¿Y si vamos a buscarlos? – volvió a preguntar Nami, alternando su mirada entre la escéptica arqueóloga y el Don Juan cocinero.

- Si Nami-san me lo pide, recorreré toda la isla si hace falta para traer a esos dos a patadas – canturreó el cocinero mirando con "amor" a la pelirroja.

Nami estaba a punto de golpear a Sanji por sus constantes bailes y halagos cuando un grito detuvo su puño.

- ¡OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOE! – todos los presentes en esa playa giraron la cabeza para ver llegar a su sonriente capitán, que agitaba sus brazos mientras caminaba hacia ellos, seguido por un peliverde que sonreía divertido ante los saltos de su capitán.

Los tres reunidos en la cocina suspiraron de alivio. Las chicas se acercaron a la mesa para ocupar sus respectivos lugares mientras Sanji comenzaba a preparar la comida.

Zoro dejó la caña y la mochila apoyadas en uno de los troncos que rodeaban el lugar donde solían hacer las hogueras, y le dijo a Luffy que le diera la cesta que llevaba. Una vez libre, el pequeño se dirigió riendo a la mesa, tomando asiento junto a Chopper, mientras Zoro se dirigía hacia el cocinero para entregarle lo que habían pescado.

- Sí que os tomasteis vuestro tiempo para volver – masculló el cocinero a medida que el espadachín se acercaba a él. – Espero que traigáis una buena pesca.

Zoro ignoró el comentario del rubio, estaba más pendiente de la conversación de la mesa. Al parecer, Luffy al sentarse había emitido un leve quejido que llamó la atención del médico.

- ¿Estás bien, Luffy? – preguntó el renito preocupado al ver que Luffy se removía incómodo en su asiento.

Luffy se giró hacia él, sonriéndole con agradecimiento. – No te preocupes, Chopper. Sólo me duele un poco al sentarme.

Chopper le miró curioso. - ¿Ha pasado algo?

Luffy rio por lo bajo. – Bueno, en el peñasco Zoro y yo estuvimos jug…

- ¡AAAAAAAAAAAAAAAH! – gritó de repente el espadachín, riendo con voz exageradamente alta mientras entregaba las cestas al cocinero con brusquedad y corría hacia Luffy, tapándole la boca al llegar junto a él. - ¡Ero-cook! ¡Será mejor que prepares rápido la comida! ¡Luffy tiene mucha hambre!

Ante la extrañada y confusa mirada de todos los presentes, que observaban asombrados la nerviosa expresión del espadachín, Luffy se deshizo del agarre del peliverde para secundar su comentario.

- ¡Es verdad, Sanji! ¡Tengo mucha hambre! – Luffy miró al cocinero, enfadado.

Tras reponerse de la sorpresa y ante la mirada de su capitán, Sanji se dirigió hacia él. – Después de haber comido los dos grandes bentos que te preparé, ¿todavía tienes hambre?

- ¡AAAAAAAAAAAAAAAAH! – esta vez fue el pequeño el que gritó, mirando asustado al cocinero mientras los demás lo miraban asustados a él. - ¡SE ME OLVIDÓ COMER EL SEGUNDO BENTO!

El silencio se hizo en la playa, pues todos se habían quedado sin palabras. De repente, alarmados, todos se levantaron de sus asientos. Sanji dejó caer las dos cestas con el pescado que aún tenía en sus manos y se acercó corriendo a la mesa. Todos miraron con los ojos abiertos de par en par al moreno, mientras un cada vez más nervioso espadachín iba retrocediendo poco a poco, alejándose del grupo.

- ¿CÓMO QUE SE TE OLVIDO COMER EL SEGUNDO BENTO? – preguntaron todos al unísono.

- ¡Luffy! ¿Seguro que no quieres que te revise? – le preguntó Chopper completamente preocupado.

- ¿Qué demonios estuviste haciendo para olvidarte de comer? – preguntaron Nami y Sanji a la vez.

- Luffy-san, cada vez me sorprendes más, ¡yohohoho~! – canturreó el esqueleto con los ojos saliéndose de… no, dejémoslo.

- ¡Oe Ruffy! ¿Pasó algo en la playa? – preguntó Franky mientras grandes gotas de sudor resbalaban por su frente.

Luffy miró a todos sin comprender su reacción. - ¿Qué os pasa, tan de repente? – Cuando un gruñido salió de su estómago, Luffy dirigió sus manos hacia él con cara de preocupación. Miró a Sanji suplicante. - ¡Sanjiiiiiii~! ¡Tengo hambreeeee! ¿Cuándo estará la comida?

- ¡Luffy! – gritó el espadachín desde detrás del grupo. Al mismo tiempo, como si estuvieran completamente compenetrados, todos se giraron para mirarle. - ¡Ve comiendo esto! – exclamó Zoro mientras lanzaba al moreno una caja negra igual a la que había comido en el peñasco.

- ¡OOOOOOOOOOOOOOOOOOH! – aulló Luffy, emocionado, subiéndose encima de la mesa para atrapar la caja. - ¡Gracias Zoro! – dijo mientras le faltaba tiempo para volver a sentarse y comenzar a devorar su contenido.

Toda la tripulación, a excepción de Luffy (que se encontraba ocupado) y del espadachín (que seguía sin querer acercarse a los demás, intentando contener una risa nerviosa), comenzó a intercambiar miradas cómplices, preocupadas, extrañadas o incluso asustadas. Había un poco de todo en sus expresiones, pero todos acabaron suspirando y agachando la cabeza. Al fin y al cabo… era Luffy. Nadie podía saber con certeza qué era lo que había en su cabeza. Poco a poco, todos volvieron a sentarse en la mesa y a continuar con sus anteriores conversaciones. Sanji volvió a la cocina y continuó preparando la comida. Sin embargo, Nami se acercó a Robin, sentándose a su lado y sonriéndole con picardía.

- ¿Estás pensando lo mismo que yo? – susurró la pelirroja con perversión. Robin se limitó a reír ante su comentario y a señalarle a Nami con la cabeza la escena que tenía lugar frente a ellas.

Cuando Zoro vio que todos sus nakamas se tranquilizaban, se acercó a la mesa con cuidado, tomando asiento al lado de Luffy, quien le sonrió ampliamente… o lo intentó, porque tenía la boca llena.

- Toma, Zoro – dijo con dificultad mientras ofrecía al peliverde uno de los onigiris con los que contaba el bento.

Zoro, sonriendo, cogió el onigiri y lo comió con calma mientras disfrutaba contemplando a su capitán terminar la poca comida que quedaba en la caja.

Nami abrió los ojos sorprendida. "¿Luffy, compartiendo comida?". Al volverse hacia la morena se dio cuenta de que ésta estaba intentando contener la risa, no sólo por lo que acababan de ver, si no por el rostro estupefacto que mostraba la navegante. Un poco avergonzada, Nami secundó las risas de la arqueóloga, provocando algunas miradas curiosas por parte de sus nakamas.

- Zoro – llamó Usopp al espadachín a través de la mesa. Zoro se giró a mirarle, apartando la vista de su capitán, que masticaba alegremente el último bocado del bento. – Antes sólo posaste una caña ahí atrás – comentó Usopp señalando algún punto a su espalda. - ¿Dónde está la otra?

Zoro, riendo por lo bajo, se rascó su cabeza mientras desviaba la mirada, sin saber muy bien cómo contestar. Por suerte, ahí estaba su capitán para sacarle del apuro.

- Zoro la tiró por el acantilado – dijo con una gran sonrisa.

Zoro se quedó petrificado mientras veía cómo Usopp se levantaba de la mesa.

- ¿Que Zoro hizo qué? – vociferó enfadado.

Automáticamente, Zoro golpeó con un puño la cabeza de su capitán, haciendo que parara de reír, mientras se volvía hacia Usopp.

- Técnicamente Luffy hizo que la tirara – intentó defenderse.

- ¡Eso es mentira! – gritó el pequeño mirando a Zoro enfadado. – Fuiste tú el que la tiró cuando me lancé sob…

- ¡Vale, vale, vale! – le interrumpió el espadachín volviendo a golpearle en la cabeza. – Tienes razón, es culpa mía. Lo siento, Usopp.

- ¡Eso no me sirve, Zoro! Me pasé toda la mañana preparando las cañas – dijo Usopp indignado.

- ¡Zoro! – exclamó el pequeño levantando la cabeza, situando las manos sobre ella, en el lugar donde había recibido los dos golpes. - ¿A qué vino eso?

Mientras veían cómo el espadachín estaba cada vez más nervioso y agobiado, Nami, Brook y Franky no pudieron evitar comenzar a reír a carcajadas. Robin tampoco podía evitarlo, aunque intentaba disimularlo como podía. Zoro dirigió una mirada asesina a sus compañeros mientras ignoraba la queja de su capitán.

- Lo siento mucho, Usopp. Si quieres luego te ayudo a fabricar otra.

Usopp, que disfrutaba mucho de la ayuda de sus nakamas, cambió su expresión enfurecida por una incrédula. – ¿En serio me ayudarás? – preguntó escéptico.

- Sí, lo prometo – confirmó un cansado espadachín, pues Luffy no había dejado de reclamarle una disculpa a gritos en su oído.

- ¡Yoooooshi, Zoro-kun! Yo, Usopp-sama, te acepto como mi aprendiz. Después de comer te enseñaré cómo fabricar una increíblemente eficaz caña de pescar.

Una vez resuelto un problema, Zoro ignoró al narigudo mientras suspiraba aliviado, dirigiendo una mirada al cocinero. Ya había acabado prácticamente todos los platos, así que era cuestión de tiempo que comenzara a servir la mesa. Girándose para mirar a su rabioso capitán, que seguía quejándose en su oído, posó una mano sobre su cabeza y le despeinó sobre el sombrero, consiguiendo que se callara. Al levantar la cabeza, Luffy le miró curioso y extrañado por ese gesto, olvidándose por completo de su anterior enfado. Sonriendo, Zoro señaló hacia la cocina.

- Espero que sigas teniendo apetito, Luffy. Pronto la comida estará servida sobre la mesa.

Luffy miró hacia Sanji, que ya se acercaba con varios platos a la mesa, y comenzó a clamar por comida. Chopper, Usopp y Brook, al darse cuenta de lo que sucedía, pronto siguieron los gritos de su capitán. Y esa comida, en comparación con el desayuno de hacía unas horas, fue la más animada que tuvieron desde que llegaron a esa isla. Pronto Brook decidió acompañar los cánticos de Luffy con su violín, invitando a Franky a unirse a él cuando acabara de comer. Sanji invitó a Nami a bailar quien, ante la sorpresa de todos, accedió de buen grado, pues estaba más que alegre. Robin también se animó a bailar, cogiendo al pequeño doctor entre sus brazos y comenzando a seguir el ritmo de la música. Todos estaban contentos, todos habían olvidado las preocupaciones que, desde anoche, les atormentaban, pues la alegría de Luffy era muy contagiosa. Y Luffy no era capaz de dejar de reír, de saltar, de cantar, de gritar, de bailar… por lo que sus nakamas no eran capaces de evitar imitarle, sonriendo ampliamente ante los juegos de su capitán. Así comenzó un nuevo festín en esa tripulación, un festín un poco extraño por ser mañanero, y un poco amargo para Zoro por no poder beber sake.

En realidad, el espadachín sí podía beber, pues recordó la botella de sake que había escondido bajo su cama. Con disimulo, comenzó a separarse del grupo, que estaba tan absorto en la música que pareció no darse cuenta de que el espadachín se había ido. Cuando Zoro cerró la puerta de su cabaña, se lanzó sobre su cama, rebuscando bajo ella. Sonrió al sentir el frio tacto del vidrio bajo sus dedos, y estirándose un poco más para alcanzar mejor la botella, la agarró y la sacó, contemplándola como si fuera el mayor manjar de todos, sólo para él.

Descorchándola con un poco de dificultad (pues la había cerrado a conciencia para evitar que el líquido se derramara), comenzó a beber de ella con pequeños sorbos, sentándose en el suelo apoyado en su cama, disfrutando de la sensación que le producía esa bebida al deslizarse por su garganta. Desde allí aún podía escuchar la música y los gritos de sus nakamas, y eso le ayudaba a disfrutar aún más cada pequeño trago. Sin embargo ese pequeño placer que había decidido concederse duró poco.

Abriendo de golpe, Luffy entró en la cabaña, sorprendiendo al espadachín, a quien casi se le resbaló la botella de entre sus manos por el susto. Luffy paseó la mirada por la cabaña hasta que se encontró con el espadachín, que le miraba desconfiado, sujetando la botella con sus dos manos para asegurarla mejor.

- ¡AAAAAAAAAAAAAAAH! – exclamó Luffy, abriendo mucho los ojos y señalando la botella que el espadachín sostenía entre sus manos, quien le miraba receloso. - ¡Nami dijo que ya no quedaba sake! ¿Por qué tienes esa botella?

Asustado por que los gritos de su capitán alarmaran al grupo, el peliverde se incorporó con rapidez siseando para intentar acallar a Luffy. Cuando consiguió agarrarle del brazo, tiró hacia él para apartarlo de la puerta y cerrarla. Bajo la mirada de su enojado capitán, Zoro se deslizó hacia la ventana para observar el campamento. Suspiró aliviado al ver que todos seguían bailando sin inmutarse, parecía que no habían escuchado a Luffy.

Zoro se volvió hacia su capitán, quien lo miraba enfurruñado mientras acababa de comer la carne que había llevado a la cabaña. Algo contrariado, Zoro se acercó a él y le ofreció la botella.

- Toma, te dejo beber si quieres, pero no vuelvas a gritar ni se lo digas a los demás, y menos a Nami o al cocinero.

Luffy negó con la cabeza sin quitar su enfadada expresión. – No quiero sake.

Zoro suspiró exasperado. – Entonces, ¿por qué demonios te pones así?

Luffy le miró indignado. - ¡Zoro! Debes compartir con tus nakamas.

Zoro puso los ojos en blanco. ¿Compartir? Su capitán, el experto en colarse en la despensa para coger comida sin permiso de Sanji, el que siempre que podía le quitaba la comida a los demás, el que siempre exigía egoístamente que le prestaran atención… ese capitán, ¿le daba lecciones de compartir? Zoro se negó a responder al comentario de Luffy.

- ¿Por qué viniste a la cabaña?

Luffy relajó su expresión. – Te vi venir y te seguí.

Zoro pidió a su autocontrol la suficiente fuerza como para no echar al pequeño a patadas, y tras contar hasta 10 volvió a sentarse en el suelo mientras llamaba a Luffy con una mano.

- Ven – le dijo, señalando luego su regazo. – Siéntate aquí.

Luffy pareció olvidarse de la botella y de la camaradería, porque sonrió ampliamente a la petición del peliverde, acercándose a él y sentándose entre sus piernas. Zoro rodeó la cintura del pequeño con una de sus manos, mientras con la otra continuaba bebiendo de la botella.

- ¿Dónde conseguiste la botella? – le preguntó Luffy, más calmado y sonriendo mientras observaba al espadachín.

Zoro murmuró desviando la vista de su capitán. – La llené cuando aún quedaba sake y la escondí en la habitación.

- Mmmmm. ¿Tanto te gusta el sake? – Luffy miraba curioso al espadachín.

Zoro le dirigió una media sonrisa. - ¿Cuánto te gusta a ti la carne?

Luffy miró seriamente hacia el frente mientras estiraba sus brazos al aire. - ¡MUCHO!

Zoro rio mientras besaba con ternura la cabeza de su atolondrado capitán, quien ante ese contacto se recostó sobre el pecho del peliverde, comenzando a hablar con él sobre cualquier cosa que le viniera a la cabeza.

Mientras Zoro bebía el sake que faltaba para llegar a la mitad de la botella, notó cómo repentinamente su capitán se quedaba en silencio. Preocupado, le dirigió una mirada, pero no pudo ver su rostro a causa del sombrero.

- ¿Luffy? – preguntó con suavidad mientras le estrechaba más contra su pecho.

Luffy reaccionó ante el abrazo posando sus manos sobre el brazo del espadachín.

- Ne, Zoro – dijo con un tono bajo y serio que hizo al espadachín intuir qué era lo que quería el moreno. - ¿Cuándo me contarás lo que sucede?

Zoro alzó la cabeza para poder apoyar su barbilla sobre el sombrero del moreno, mirando con pesar el techo de la cabaña. "Buena pregunta", pensó. "¿Cuándo será el momento ideal?" El espadachín suspiró suavemente mientras dejaba la botella de sake en el suelo y utilizaba el nuevo brazo libre para rodear con más fuerza el cuerpo de su capitán.

Tras unos minutos de silencio en los que Luffy esperó pacientemente por la respuesta, Zoro por fin concedió su deseo.

- Estoy seguro de que Nami está pensando cómo sacarnos de esta isla. Dale 3 días, Luffy. Si en 3 días no tiene una solución, entonces te contaré todo lo que pasa en esta isla.

Luffy sonrió con tristeza, pero asintió levemente ante la respuesta del peliverde. Eso era mejor que nada. Sólo tendría que esperar tres días más, y entonces descubriría de un modo u otro el secreto de la isla.

- Está bien – confirmó. – Esperaré.