¡Qué original soy poniendo títulos! ¿Verdad? xDD No me como para nada el coco pensándolos xD

En fin, aquí tenéis otro capítulo del Fic. La tabla del capítulo anterior vuelve a mencionarse, si queréis echarle un vistazo podéis verla en mi perfil. No es necesaria, pero bueno, ahí la tenéis xD

Espero que os guste el capítulo. ^.^


Sanji estaba sirviendo las infusiones que acababa de preparar a todos sus nakamas. Aunque la mayoría ya se habían serenado, aún había algunos que seguían temblando por lo que acababa de suceder. De reojo, el rubio fijo sus ojos en la pelirroja. Tenía la cabeza agachada, y sus hombros no paraban de vibrar a pesar de que hacía algunos minutos que sus lágrimas se habían detenido. Extremadamente preocupado, Sanji cogió la manta que utilizaban para las guardias nocturnas y se acercó a Nami, cubriendo su espalda con ella. Sin embargo, Nami no reaccionó a ese contacto, se limitó a seguir mirando la mesa, sin inmutarse.

Sanji ya había repartido todas las infusiones cuando se dio cuenta de que Franky estaba terminando de contar toda la historia a Usopp y a Chopper. Sentándose al frente de la mesa, esperó a ver las reacciones de sus nakamas.

Ni Usopp ni Chopper eran capaces de parpadear. Tampoco podían moverse. Y mucho menos hablar. Franky había terminado de narrar lo que sucedía en esa isla hacía unos minutos, pero ninguno de los dos había conseguido asimilarlo aún.

Brook, preocupado por la nula reacción de sus dos compañeros, se inclinó sobre la mesa en su dirección.

- ¿Estáis bien? Parece como si hubierais visto un fantasma, yohohoho ~.

Usopp por fin consiguió recobrarse, y volviéndose hacia Sanji, quien había sido declarado por silenciosa unanimidad el líder del grupo, le miró asustado, con los ojos saliéndose de las órbitas. Chopper siguió estático en su sitio.

- ¿Por qué no nos contasteis algo como esto? – preguntó intentando que su voz temblara menos de lo que su cuerpo estaba temblando.

Sanji dio una calada al quinto cigarrillo de esa tarde. – Porque esperábamos poder marcharnos de esta isla sin problemas, y no queríamos que os asustarais.

Usopp golpeó la mesa con su puño, provocando el sobresalto del pequeño renito sentado a su lado y del esqueleto situado frente a él. Todos los demás reunidos alrededor de la mesa permanecieron impasibles.

- ¡Esa es una pésima excusa! ¡Es lógico que nos asustemos, esta isla pertenece al Gobierno Mundial! ¡En esta isla se fabrican armas de kairoseki! ¿Es que vosotros no estáis asustados? – bufó el narigudo, elevando el tono de voz, mirando a sus nakamas uno a uno. Sin embargo, éstos mantuvieron la calma, esperando a que Usopp acabara con sus quejas. – Si nosotros lo hubiéramos sabido, podríamos haber ayudado a pensar en alguna forma de salir de aquí.

- Entonces – le interrumpió Sanji, exhalando con pequeñas bocanadas el humo del quinto cigarrillo de esa tarde -, ahora que estás al tanto de la situación, ¿qué se te ocurre para salir de aquí?

Usopp se quedó paralizado ante el comentario del rubio. ¿Cómo se le iba a ocurrir algo después de lo que acababa de pasar hacía apenas unos minutos? El narigudo no sabía cómo responder al comentario del rubio, intentaba abrir la boca y emitir algún sonido, pero sus palabras se quedaban en eso, en meros sonidos sin sentido. De repente, Sanji se levantó de la silla, tirando el cigarrillo sobre la arena y expulsando la última calada de sus pulmones.

- Ya es tarde para lamentarse sobre lo que no hicimos. Discutiremos ese tema cuando salgamos de aquí. En estos momentos, tenemos preocupaciones más importantes. Tanto nuestro capitán como ese estúpido marimo están en el bosque, y dudo que salgan de ahí ilesos. Tenemos que preparar un plan de ataque.

Todos se quedaron en silencio, observando al rubio, intentando no comprender el significado de esas palabras. Sanji esperó pacientemente a que todos aceptaran que ya no podrían evitar una lucha, en ese momento ya no podían salir de esa isla por las buenas y aparentar que nunca habían estado ahí.

La primera en comprenderlo fue Robin, quien se sobrepuso a todos los sentimientos que la embargaban para ayudar a elaborar la estrategia.

- Creo que deberíamos dividirnos en varios grupos – susurró, acaparando las miradas de todos sus nakamas, que se volvieron para mirarla. Bueno, todos no, pues Nami seguía sin levantar la cabeza de la mesa.

- ¿De qué se encargaría cada grupo? – preguntó Sanji a su dama, suavizando su tono para ella.

- Un grupo debería ir a apoyar a Kenshi-san y Sencho-san. Otro grupo debería intentar entrar en la base principal para conseguir alguna información que pueda sernos de utilidad. Y un último grupo debería intentar conseguir provisiones… y combustible – concluyó dirigiendo una rápida mirada a Nami. La morena no se había olvidado de las palabras de la pelirroja: con tres Coup de Burst llegarían a la otra isla, y mientras no tuvieran un plan de huida mejor, tenía que apoyar el de la navegante. – Creo que la mayoría de nosotros debería ir con el primer grupo… será el que más ayuda necesite.

Sanji sonrió. La idea de su dulce flor era sencillamente perfecta, al menos a sus ojos.

- ¿Alguno se ofrece voluntario para alguna tarea? – preguntó observando a sus nakamas, quienes evitaban mirarle a los ojos.

Tras unos instantes de silencio, Sanji se enfureció. Iba a soltar una sarta de improperios sobre la poca colaboración de sus compañeros cuando la persona más inesperada alzó su mano. Todos, estupefactos, se giraron a mirar a la pelirroja, la cual a pesar de haber alzado su brazo continuaba mirando la mesa.

- Yo quiero ir con Luffy – murmuró con voz ronca pero perfectamente audible a través del intenso silencio que se vivía en la playa.

Sin embargo, Sanji se opuso completamente a la petición de la pelirroja.

- Nami-san, tú no tienes por qué participar en el ataque, y menos al lado de esos dos idiotas. Has trabajado muy duro estos días, quédate en la playa y descansa – Sanji no pudo continuar, pues la determinación que vio en los ojos de la navegante cuando ésta alzó su mirada le dio a entender que sería inútil tratar de convencerla.

- Iré con Luffy y Zoro, y creo que Chopper debería venir conmigo.

El mencionado pegó un pequeño salto sobre su silla. Aún no era capaz de asimilar la realidad de esa isla, y mucho menos esperaba que sus nakamas contaran con él para formar parte del frente más activo que iba a haber. Con el miedo pintado en sus ojos y la sorpresa reflejada en su cara, miró a Nami, quien le respondió con una triste sonrisa.

- Ellos necesitarán un médico cerca. Chopper, cuento contigo.

Chopper abrió los ojos, sorprendido. Sus nakamas le iban a necesitar, y eso le halagaba… y preocupaba. Dibujando seriedad en su rostro, asintió con firmeza ante la sonrisa caída de la pelirroja.

- Iré contigo, Nami – sentenció el pequeño, decidido a apoyar a sus nakamas. Le dolía que no le hubieran contado la verdad de esa isla, pero entendía también que ese momento no era el adecuado para preocuparse por ello. Ahora, lo único que debía importarle era el bienestar de sus nakamas, y él velaría por ello con todas sus fuerzas.

Sanji, disgustado, se mordía la lengua para evitar replicar la decisión de la pelirroja. No quería llevarle la contraria, pero tampoco estaba dispuesto a permitir que se expusiera a peligros innecesarios. Robin, consciente del dilema interior del rubio, tomó la iniciativa.

- Yo me dedicaré a buscar información en los laboratorios. Cook-san, deberías ir con Franky a buscar provisiones y combustible. Brook, tú deberías apoyar también a Sencho-san y Kenshi-san. Nagahana-kun, deberías acompañarle.

- ¡Yohohoho ~! Será un pl… - el intento del esqueleto por mostrar tranquilidad y serenidad fue interrumpido por un irritado rubio, que alzó su voz por encima de la del músico. Igualmente, la queja de Usopp murió en su garganta, sin llegar a ver la luz.

- ¡Robin-chan, no puedo permitir que te quedes sola en el laboratorio! ¡Tú corres más peligro allí que cualquiera de nosotros! – Sanji no pudo reprimir la contrariedad que sentía ante la decisión de Robin. Podía llegar a aceptar dejar a Nami sola con Zoro y Luffy, porque sabía que ellos la protegerían y porque tenía la tranquilidad de que Chopper y Brook (… y Usopp) iban a estar cerca. Pero no podía aceptar que Robin paseara ella sola por los laboratorios. Era cierto que ella tenía más posibilidades que ningún otro de pasar desapercibida, y su probabilidad de éxito era muy alta… pero al mismo tiempo el riesgo era demasiado alto, y el rubio no estaba dispuesto a asumirlo.

- Esa es la única opción, Cook-san.

- ¡No es la única opción! – insistió el cocinero, exaltándose.

- Entonces, ¿qué propones?

Sanji se mantuvo unos segundos en silencio, pensando cómo conseguir que la morena accediera a su petición.

- Iremos los tres juntos al laboratorio, y los tres buscaremos tanto combustible como información – sentenció, señalando a Franky, quien accedió asintiendo en silencio.

Robin negó con suavidad. – Si vamos los tres juntos tendremos menos posibilidades de pasar desapercibidos, es mejor que entre yo sola…

- Robin-chan – interrumpió el cocinero mirando a la morena con seriedad. – En estos días todos hemos cometido grandes errores que han provocado esta situación. Yo no pienso permitir que esos errores sigan cometiéndose, por eso no pienso dejarte entrar sola en ese laboratorio… a no ser que nuestro capitán ordene lo contrario – remató el cocinero, siendo consciente de que esas palabras significaban mucho para la morena.

Robin se quedó completamente muda, mirando sorprendida al cocinero. En los ojos del rubio encontró miedo y decisión, una extraña combinación que revoloteó en su interior, provocando que, por primera vez en su vida, no se le ocurrieran las palabras adecuadas para salirse con la suya en una situación. Ella sabía que, ante la ausencia de Luffy y Zoro y la inestabilidad de Nami, el cocinero era el que tenía la voz cantante. No podía oponerse a él, y menos después de que apareciera su capitán en la conversación. "Ha conseguido hacerme pensar que ir en contra de su decisión es ir en contra de Luffy…", y Sanji sabía que Robin no podría hacer eso. Lo sabía y lo había utilizado en su contra.

Entrecerrando los ojos y frunciendo los labios, Robin proclamó con voz dura.

- Está bien, Cook-san. Iremos los tres juntos al laboratorio.

Sanji suspiró aliviado. Era consciente de que la morena no le perdonaría con facilidad esa orden, pero no le importaba. No podía dejar que Robin entrara sola en los laboratorios… si alguien llegaba a descubrirla, no podría escapar de allí, sería una presa fácil.

- ¿E-Es realmente ne-necesario que y-yo esté en el g-grupo de Lu-Luffy? – tartamudeó el narigudo, mirando suplicante a Sanji, quien le devolvió una mirada indiferente.

- Si prefieres entrar en la base enemiga, donde será más fácil que te descubran y tienes más posibilidades de ser capturado…

- ¡N-NO NO NO NO! ¡El valiente guerrero del mar debe prestar todo su poder a sus nakamas! Será mejor que ayude a Luffy – contestó apresurado Usopp, levantándose de la mesa y llevando una mano a su pecho con solemnidad… mientras reía nervioso.

- ¡Oe, Nami! – Franky alzó su voz por primera vez en lo que llevaban reunidos allí. La pelirroja, que ya había conseguido calmarse un poco, se giró para mirarle. Franky había esperado a que Nami se recuperara de su depresión, y con la estrategia trazada creyó que ya era hora de hablar con ella. – Antes le dijiste a Ruffy que tenías un plan para salir de la isla, ¿cuál es?

La pelirroja abrió sus ojos, sorprendida por la pregunta.

- Tenía una idea para intentar llegar a otra isla cercana… pero es casi imposible conseguirlo sin un Log Pose que apunte constantemente a ella – sonrió con tristeza. – Lo siento, pero realmente no tengo ningún plan seguro ni eficaz.

- Nami-san – intervino el esqueleto, interrumpiendo la réplica del ciborg. – ¿Podrías enseñarme tus br…? ¡Ah, no! ¡No era eso, yohohoho ~! – rio el esqueleto ante la asesina mirada que le dirigían varias personas de la mesa. - ¿Podrías contarnos de qué trataba tu plan?

Nami, haciendo un sobreesfuerzo para ignorar el comentario inicial del músico, asintió en silencio y mostró la tabla que aún tenía en su bolsillo a sus nakamas, extendiéndola sobre la mesa. Todos se acercaron a verla, mientras escuchaban con atención las explicaciones de la pelirroja.

Cuando Nami terminó de aclarar cuál había sido su idea inicial, todos se volvieron hacia ella, fascinados.

- Nami-san, eres increíble – canturreó el esqueleto, sonriendo… creo.

- ¡COMO ESPERABA DE MI MARAVILLOSA FLOR, ERES TAN INTELIGENTE MELLORINE ~! – exclamó el cocinero, bailoteando.

- Pero todos estos datos no nos sirven de nada – Nami elevó su voz, intentando atraer la atención de sus nakamas. – Como ya os expliqué, es imposible llegar a la isla en dos días, y en el tercer día no tendremos manera de orientarnos, ni podremos anclar el barco y esperar a que la situación mejore. Nos desviaremos de nuestro rumbo, volveremos a perdernos en el mar.

- Si no me equivoco, Nami – corrigió Franky -, dijiste que con tres Coup de Burst tendríamos suficiente para llegar a la isla, ¿no?

Nami asintió en silencio, por lo que Franky continuó. – En estos momentos contamos con cuatro barriles de cola, y un Coup de Burst consume tres. Si encontramos en la base otros cinco barriles, podremos salir de esta isla en cuanto subamos al barco.

Sanji sonrió. – Entonces nuestra principal misión es encontrar la despensa.

Robin también sonrió discretamente. Ella tenía muchas ganas de investigar a fondo la base, era una oportunidad única que no se repetiría en su vida… pero en su vida ahora convivían otras vidas por las que estaba dispuesta a desperdiciar esa oportunidad. Decidió cambiar sus prioridades: primero encontraría la forma de salir de esa isla con éxito, junto a sus nakamas, y luego, si aún tenía tiempo, se entrometería en los asuntos secretos del Gobierno Mundial.

- Bien – Sanji dirigió su vista hacia el Sol, que estaba a punto de ocultarse tras el mar. "Ya ha pasado una hora". – Id a prepararos. Cuando estéis listos iremos al rescate de esos dos idiotas.

Antes de que todos se levantaran de la mesa, el renito llamó su atención, levantando la patita.

- ¿Cómo encontraremos a Luffy? – preguntó dudoso.

Sus nakamas sonrieron.

- Allí donde haya ruido, estará él.


Luffy estornudó, frotándose la nariz con extrañeza mientras continuaba avanzando por el bosque. Hacía bastante rato que tanto él como el peliverde habían dejado su puesto al lado del río y habían comenzado a avanzar, bordeando la montaña.

Zoro miró al pequeño, mosqueado.

- ¿Estás seguro de que vamos por buen camino?

Luffy se giró hacia él, sonriente.

- ¿Por dónde crees que es? – preguntó divertido.

Zoro examinó su alrededor. El bosque era tan espeso, y había ya tan poca luz alumbrándoles, que le costaba distinguir dónde estaban o qué había a su alrededor. Tras unos segundos de reflexión, el espadachín alzó su brazo, seguro, señalando en una dirección.

- Es por ahí.

- ¡Bien! – exclamó el pequeño, dando la espalda a la dirección que el peliverde había señalado. - ¡Entonces vamos por aquí! – empezó a caminar mientras reía en voz alta.

- ¡Oye! ¡Yo no señalé esa dirección!

El moreno giró su cabeza hacia el espadachín, sacándole la lengua sin dejar de caminar.

- Por eso vamos por aquí.

Zoro sintió que una venita de su frente estaba a punto de estallar mientras escuchaba a su capitán reírse cada vez con más fuerza.

- Maldito mono… – gruñó entre dientes, siguiendo a Luffy a una distancia prudencial. Si se acercaba demasiado a él… no dudaría en golpearle un par de veces para darle una buena lección.

Tras varios minutos caminando en silencio, Zoro alzó la mirada al cielo. Ya había perdido el rojo intenso del atardecer, y en ese momento estaba pintado con un pálido tono negruzco. Pequeñas estrellas comenzaban a dejarse ver entre esa oscuridad que absorbía poco a poco al firmamento. Volviendo a fijar su vista en el moreno que caminaba delante de él, se dio cuenta de que ya le costaba más distinguirle. Aumentando un poco su ritmo, se acercó a Luffy hasta situarse casi a su lado. El pequeño no reaccionó ante ese movimiento, se limitó a seguir caminando.

Fue entonces cuando Zoro pudo distinguir el rostro de su capitán: Luffy estaba serio, con la mirada perdida en algún lugar del frente, con el aura de decisión que emanaba antes de cualquier lucha importante.

- Luffy – llamó el espadachín. El pequeño no se inmutó, ni se detuvo. - ¿Qué pretendes hacer al llegar allí?

- Destruir la antena – respondió con tranquilidad.

Zoro suspiró. – Eso ya lo sé. ¿Tienes algún plan?

Luffy negó con la cabeza, provocando que Zoro se desesperara. Luffy distinguió por el rabillo del ojo el gesto del cansado espadachín, y le sonrió tranquilizadoramente.

- No te preocupes, Zoro. Ya veremos qué hacemos cuando lleguemos.

Zoro volvió a suspirar, rindiéndose. "Con Luffy es imposible planear algo de antemano" pensó resignado. Tendría que hacerse a la idea de que la lucha que les esperaba sería una simple improvisación por su parte. "Al menos, ellos no se esperan un ataque pirata", lo cual tranquilizaba al espadachín. Si se centraban en llegar a la antena, pasando desapercibidos para los soldados que estuvieran protegiendo esa base, podrían conseguir no meterse en ninguna lucha innecesaria. Luffy podía destruir la antena en un instante, y una vez que lo hubieran hecho, podrían irse de la isla, ilesos. Zoro recordaba perfectamente la declaración que la pelirroja había hecho en la playa. "Ella tiene algún plan… quizá no sea un plan perfecto, pero no deja de ser una vía de escape". Nami había cumplido con su parte, ahora le tocaba a él cumplir con la suya.

Pero, ¿cuál era su parte? Sus ojos viajaron hacia su capitán, que había comenzado a caminar un poco más apresurado, más alterado, ante la caída de la noche. "Cuidar de él es mi deber", declaró. Al fin y al cabo, la promesa que se había hecho a los pocos días de llegar a la isla seguía vigente en sus pensamientos. "Debo proteger a Luffy, cueste lo que cueste".

Como si hubiera leído la mente del espadachín, Luffy se detuvo repentinamente, provocando que Zoro casi chocara contra él. El peliverde iba a pedir explicaciones a su capitán por su repentina parada cuando se dio cuenta de que Luffy tenía la vista fijada en algún punto a su derecha. Zoro siguió la vista de su capitán. Ante él se erguía la majestuosa montaña rojiza que coronaba la isla, pero eso no era lo que más llamaba la atención. "Luces", muchas luces, tantas luces como ventanas tenía el complejo de edificios que se hallaba a algunos cientos de metros ante ellos. Unas luces que hacían que la verja metálica que les cerraba el paso brillara con frialdad.

Zoro abrió los ojos, sorprendido. "¿Cómo no me he dado cuenta de que ya hemos llegado?" se reclamó, enfadándose consigo mismo por su gran descuido. "Céntrate".

El espadachín examinó el panorama que se extendía ante él. Los laboratorios que Franky había descrito estaban a bastante distancia hacia la derecha, al igual que la torreta que, supuso, era la antena que anulaba los campos magnéticos del Log Pose. Frente a ellos había numerosas casas derruidas y abandonadas, silenciosas, muertas. "Aquí debió haber un poblado". Entre ambas zonas se extendía un descampado en el que había aparcados algunos vehículos y varias contenedores de embarque amontonadas. Zoro imaginó que ahí acumulaban las armas que ya estaban listas para ser enviadas a alguna base de la Marina.

Tras su examen, se giró hacia Luffy, quien estaba observando con el rostro ensombrecido el poblado abandonado.

- ¿Qué hacemos ahora, capitán? – preguntó el peliverde, intentando captar la atención del moreno. - ¿Entramos aquí o seguimos rodeando la vaya?

Luffy se quedó unos segundos pensativo, hasta que asintió para sí mismo con determinación.

- Entramos aquí.

Zoro sonrió y desenvainó una de sus katanas. Intentando hacer el menor ruido posible, realizó dos cortes certeros sobre la verja, abriendo en ella una brecha de gran tamaño. Antes de que el alambre cortado cayera al suelo, Zoro lo sujetó con una mano y esperó unos segundos. Cuando no detectó ningún movimiento extraño ni en el poblado, ni en los alrededores, dejó caer el alambre, que golpeó el suelo con un sonido metálico. Luffy fue el primero en atravesar el agujero mientras Zoro volvía a envainar su katana, y una vez dentro ambos se quedaron de pie, en silencio, observando con cuidado las instalaciones que se alzaban frente a ellos. Eran imponentes edificios que emanaban un aura científica y sofisticada. No parecía que en ellos hubiera ningún personaje peligroso, todos parecían dedicarse al estudio. Todos… salvo uno, se percató el espadachín. Había un único edificio, cuya construcción era más tosca, que ostentaba el símbolo de la Marina. Por suerte, la antena estaba antes de esa base. "Podemos lograrlo", pensó triunfante.

Luffy comenzó a avanzar poco a poco hacia el descampado, sin dejar de mirar la alta torreta que estaba frente a él. Zoro le siguió en silencio, más pendiente de lo que sucedía a su alrededor que del pequeño.

De repente, un suave sonido sordo llamó la atención del espadachín, que se detuvo llevando su mano a sus katanas. Luffy, percatándose de la reacción del espadachín, se volvió hacia él, poniéndose en guardia y esperando ver qué era lo que tanto había alterado al peliverde.

Tras unos segundos en los que mantuvieron un silencio expectante, Luffy se decidió a hablar.

- ¿Qué pasó?

Zoro siguió deslizando su mirada por la zona de la que creía que había venido ese imperceptible sonido. "¿Me lo he imaginado?", se preguntó extrañado. Él estaba muy seguro de su percepción, y no quería empezar a dudar de ella en ese momento. Comenzando a relajar su cuerpo, pero aún sin desviar la mirada de esa zona y sin apartar su mano de las katanas, respondió en voz baja a su capitán.

- No estoy seguro.

Luffy siguió la mirada del espadachín, examinando con detenimiento los tres contenedores apilados en un lateral que tanto llamaban la atención de Zoro. Sin embargo, no vio nada inusual en ellos.

Manteniendo aún sus sentidos alerta, Zoro comenzó a seguir a su capitán, que había vuelto a avanzar hacia la antena, esta vez más despacio. Dentro de él no dejaba de escuchar la vocecilla que siempre le advertía de peligros inminentes.

Y esa vocecilla nunca fallaba.

Una sombra se elevó sobre uno de los contenedores junto a los que estaban pasando en ese momento. De reojo, Zoro fue el primero en advertir ese movimiento, y viendo cómo la sombra apuntaba con una especie de cañón a su capitán, no dudó ni un instante en interponerse en el medio. Luffy, sobresaltado por el inesperado movimiento del espadachín, se dio cuenta de lo que sucedía, y retrocedió unos pasos para dejar espacio suficiente al peliverde mientras se daba la vuelta para cubrir el otro flanco.

¡BANG!

Un disparo resonó en el descampado, rebotando su sonido entre todos los contenedores allí almacenados, y abriéndose a mitad de camino entre el marine y el espadachín. "¡Una red!", y con grandes reflejos, Zoro consiguió a tiempo situar la tercera espada en su boca.

- ¡TATSU MAKI! – gritó el espadachín mientras un remolino de filos cortantes elevaba la red hacia el cielo, provocando que se perdiera en su oscuridad.

Sin embargo, otro disparo resonó a su espalda, alarmando al espadachín, que se giró con gran velocidad a tiempo de ver cómo otra red volaba hacia su capitán, que estaba preparándose para desviarla con un puñetazo.

- ¡Luffy, apártate! – gritó el espadachín, asustado. Luffy, ante el grito del peliverde a su espalda, detuvo el brazo que había estado a punto de estirar. - ¡Es una red de kairoseki! ¡Si se abre, te atrapará!

Sorprendido, Luffy saltó hacia un lado al mismo tiempo que veía cómo lo que había creído que era una bala de cañón se expandía, transformándose en una red. Cuando Luffy se apartó de su camino, Zoro se preparó para desviar la otra red.

- ¡HYAKUHACHI PONDO HOU! – gritó de nuevo mientras un rayo de luz cortante era proyectado hacia esa red, apartándola del camino, llegando a causarle un leve corte en una de sus hebras.

De repente, tanto el espadachín como su capitán se quedaron helados al escuchar frente a ellos aplausos lentos y sarcásticos. Girándose hacia delante, vieron que un hombre uniformado había aparecido ante ellos, interponiéndose en su camino hacia la antena.

- ¡Sorprendente! Me habéis asombrado. Vuestras recompensas, por lo que veo, son bien merecidas… ¿no, Monkey D. Luffy, Roronoa Zoro?

Zoro envainó una de sus espadas para poder quitarse la otra de la boca mientras miraba con desprecio al hombre que les cerraba el paso. Era un hombre alto y musculoso, pero no parecía que pudiera causarles grandes problemas. Miró con disimulo a Luffy, que se había situado a su lado, y vio que los ojos de su capitán reflejaban lo que él mismo estaba pensando: un ataque serviría.

- ¡Vamos, vamos! No me miréis así. No quiero haceros nada… por ahora. En realidad, sólo pretendo satisfacer mi curiosidad – comentó con burla, aunque mirando con fiereza a Zoro, dirigiéndose a él. - ¿Cómo sabías que las redes eran de kairoseki? – preguntó con voz amenazante.

Zoro no respondió. No sólo estaba ese hombre allí, sino que estaban rodeados. A medida que el hombre había hablado, numerosos soldados se habían alzado sobre los contenedores, y otros tantos se habían situado tras ellos. "Es una emboscada", y el espadachín no se explicaba cómo la habían podido preparar en tan poco tiempo. Al fin y al cabo, sólo podían haberse dado cuenta de su presencia en la isla cuando él cortó la verja… ¿no?

- Vaya, parece que antes de obtener mis respuestas debo dar yo algunas… - susurró el hombre ante la penetrante mirada del espadachín. – Mi nombre es Furai, Teniente de la Marina y Capitán General de esta isla. Supongo que os preguntáis cómo sabíamos que habíais entrado en la base… aunque sinceramente, no entiendo por qué os extrañáis. ¿Tan estúpidos sois los piratas? – Furai comenzó a reír, intentando provocar tanto a Zoro como a Luffy, pero poco tardó en volver a serenarse, frustrado. Ninguno de los dos había reaccionado a su insulto. Molesto, el teniendo continuó. – Esta isla nos pertenece – señaló dos símbolos dibujados en su chaqueta: el de la Marina y el del Gobierno Mundial -, está bajo nuestro control. ¡Por supuesto que sabíamos que unos apestosos piratas habían llegado a ella! Sin embargo, nosotros no teníamos interés en atacaros… no queremos darnos a conocer – sonrió burlonamente. - ¡Pero vosotros, piratas desagradecidos, habéis rechazado nuestra amabilidad y habéis decidido atacarnos! No esperéis nuestra compasión…

Todos los marines que les rodeaban desenvainaron sus espadas o les apuntaron con sus pistolas. Luffy y Zoro siguieron sin moverse, aún no había terminado su conversación.

Furai les miró cada vez más molesto. ¿No había forma de hacerles enfadar? Mirando con odio a Luffy, continuó hablando.

- Por supuesto, también supimos que os dirigíais hacia aquí, al igual que sabemos que vuestros nakamas también están en camino. No os preocupéis, cuando lleguen les daremos una bienvenida por todo lo alto, al igual que lo haremos con vosotros – sonrió con malicia, pero siguió sin conseguir ninguna reacción por parte del moreno, que se limitó a mirarle inexpresivo.

Enfadándose más si cabía, el teniente repitió la pregunta inicial. - ¿Cómo sabíais que las redes eran de kairoseki?

Sin embargo, ni Zoro ni Luffy respondieron, manteniendo ese intenso silencio que tanto enfurecía al teniente.

Temblando de rabia, Furai decidió cambiar su pregunta.

- ¿Qué habéis venido a hacer aquí?

Tras unos segundos en los que se mantuvo el silencio por parte de los piratas, el teniente estuvo a punto de dar la orden de ataque para acabar de una vez por todas con esos dos que tanto le cabreaban. Sin embargo, ante su sorpresa, Luffy sí contestó a esa pregunta.

- Vamos a destruir esa antena – dijo con calma, señalando con la cabeza la torre situada a la espalda del teniente.

Furai, sorprendido y asustado, no sabía cómo contestar. "Realmente… saben demasiado". Tras darse cuenta de que estaba boquiabierto por la declaración del pequeño, se ajustó la corbata y se tranquilizó. "Es igual, no llegarán a salir de aquí".

- ¿Qué pretendéis conseguir con eso? El Log Pose tardará una semana en cargarse aun cuando los campos magnéticos vuelvan a la normalidad. No saldréis de esta isla con vida, y deberíais comenzar a haceros a la idea.

Zoro miró a Luffy, preocupado. No habían caído en la cuenta de que el Log Pose necesitaría un tiempo para cargar el nuevo campo magnético de la isla, y después de esa invasión realmente sería muy difícil sobrevivir una semana más allí. Sin embargo, la expresión de Luffy sorprendió al espadachín: el pequeño estaba sonriendo, y sus ojos se encontraban tapados por su sombrero.

- Eso no me importa – comentó Luffy, divertido, causando la sorpresa tanto del teniente como del espadachín. – Por culpa de esa antena mi navegante ha llorado – Luffy alzó la vista, mirando con odio al teniente, que se estremeció y dio un paso hacia atrás. – No permitiré que esa torre siga en pie.

Zoro sonrió ante el comentario de su capitán, desatando el pañuelo que llevaba en su brazo y atándolo sobre su cabeza. Ya estaban allí, ya habían sido descubiertos. Su capitán ya había tomado una decisión. Ya no había marcha atrás.

Era hora de luchar.