Soy una maldita sádica y cruel sin corazón. Y cuando leáis este capítulo y los siguientes coincidiréis conmigo xD

Bueno, con respecto a este capítulo, aquí se desarrolla la auténtica lucha xD En él menciono numerosos ataques de Luffy, y como no sabía cómo debía escribirlos exactamente, los busqué en la wiki. Allí aparecen escritos en inglés, pero yo creo que son más reconocibles si se escriben según su pronunciación en japonés... por ejemplo, en vez de Gomu Gomu no Pistol, sería Pisutoru. Espero que no me haya equivocado en mi elección =P

Espero que os guste el capítulo, aunque dudo que lo disfrutéis =P (¡PERDÓN POR ADELANTADO!)


- ¡Oe Robin! – llamó un narigudo casi sin aliento. Todos llevaban corriendo cerca de media hora a través del bosque, y hacía apenas unos minutos que habían cruzado el río. - ¿Estás segura de que es por aquí?

Robin no se molestó en contestar, siguió corriendo a través de la maleza al lado de Franky, quien iba iluminando el camino con una linterna. Sanji cerraba el desfile con otra linterna, iluminando el suelo que sus nakamas pisaban. Fue éste, desde detrás de Usopp, el que decidió contestarle.

- ¡No cuestiones a mi Robin-chwan! Ella sabe perfectamente dónde es.

Usopp resopló, estaba cansado de correr, sobre todo teniendo en cuenta el importante peso que cargaba a sus espaldas: una mochila en la que llevaba alguno de sus inventos, pensando que podrían resultar útiles.

Franky y Sanji también llevaban enormes mochilas a sus espaldas, pero éstas estaban aún vacías. Esperaban volver con ellas llenas de cola.

De repente, Brook tropezó con una piedra, y tuvo que apoyarse momentáneamente en un árbol para no darse de bruces contra el suelo. Una vez recuperado, aceleró su carrera para situarse nuevamente al lado de Usopp, respirando con dificuldad.

- Mina-san… creo que… mi corazón… se va a… salir… del pecho… ¡yoho… hoho… ~! – jadeó a duras penas. En circunstancias normales, habría continuado diciendo "¡ah, pero si yo no tengo corazón!", pero estaba demasiado cansado como para hacerlo.

Usopp también sentía que su corazón golpeaba con fuerza su pecho, hacía tiempo que no corría tanto, y menos de noche y a través de un aterrador bosque. "Ojalá hubiera ido con Nami y Chopper", se lamentó internamente, recordando cómo la pelirroja había ido al Sunny a por el Waver para que Chopper y ella pudieran llegar más rápido junto a Luffy.


- ¡Nami! – gritó el renito a través del ruido que producía el Waver, sujetándose con fuerza a una de las piernas de la pelirroja. - ¿Falta mucho para llegar?

Nami, sin desviar su mirada del frente y sin disminuir su concentración (pues le costaba manejarse entre tanto arbusto), respondió al pequeño alzando su voz:

- Según las indicaciones de Robin, llegaremos en pocos minutos.

El renito asintió para sí mientras repasaba mentalmente todo lo que llevaba en su mochila. Bálsamos cicatrizantes, vendas, desinfectantes, calmantes y otras hierbas que pensó que podría necesitar… aunque esperaba no utilizarlas.

Chopper estaba muy asustado. Descubrir que esa isla estaba bajo el control del Gobierno Mundial era, de por sí, todo un impacto. Pero el hecho de que allí existiera una mina de kairoseki, de que se fabricaran armas de kairoseki, era lo que más miedo le daba. "Luffy… por favor, ten cuidado", Chopper temía lo que podían encontrarse una vez llegaran a la base.

- ¡Mira, Chopper! – gritó Nami de repente, alarmando al renito. - ¡Allí delante veo luces!

Chopper se asomó por un lateral, fijando su vista al frente, entornando los ojos. Ante él aparecieron numerosos puntitos de luz. El pequeño se estremeció. Ya habían llegado.


Zoro desenvainó nuevamente su tercera katana y, ante su desilusión, comenzó a atacar a los marines que estaban tras ellos. El espadachín estaba deseoso de lanzarse sobre ese tal Furai y enseñarle una lección que no olvidaría el resto de su vida, pero el teniente salió corriendo cuando los marines comenzaron a atacar, y Zoro debía centrarse en proteger a su capitán, así que se limitó a embestir con todas sus fuerzas a aquellos que osaran acercarse a él.

- ¡GOMU GOMU NO…!

- ¡ONI GIRI!

- ¡… GATORINGU!

- ¡SAI KURU!

- ¡MUCHI!

El sonido de la lucha había inundado por completo el descampado. Mientras el filo de las katanas de Zoro deslumbraba a los oponentes, los puños de Luffy los mandaban a volar. Poco a poco, el número de marines iba disminuyendo… poco a poco porque, a medida que iban cayendo algunos soldados, otros ocupaban sus lugares. Sin embargo, Zoro sentía que algo iba mal. "Utilizan espadas normales", espadas con filo metálico que no dañarían ni a su capitán ni a él. "Y no han vuelto a lanzarnos una red", ni a utilizar contra ellos nada que estuviera hecho de kairoseki. "¿Qué pretenden? ¿A qué esperan?" no entendía ni qué planeaba la Marina ni qué estaba ocurriendo. Tampoco quería entenderlo, por eso se apresuraba a derrotar a tantos marines como podía, mientras intentaba no quitar la vista de encima al moreno.

Luffy no creía que algo fuera mal en esa lucha. Ellos estaban ganando, como siempre, y por muchos soldados que remplazaran los lugares de los caídos seguían ganando. Los pobres marines no eran capaces de hacer frente a los veloces ataques del moreno, que estiraba sus brazos y sus piernas, y los contraía para volver a estirarlos con más fuerza mientras saltaba de un lugar a otro, evitando cualquier posible ataque dirigido hacia él. Nadie parecía poder seguirle el ritmo, y eso tranquilizaba al espadachín.

Quizá… Zoro se relajó demasiado.

De repente, un sonido de un disparo lejano retumbó en el descampado. Alarmado, Zoro se deshizo con rapidez de los marines frente a él y se giró en la dirección del disparo. "¡Viene de la torre!", pero eso no le ayudó a reaccionar. Asustado, vio cómo una jaula de kairoseki volaba hacia ellos. No, estaba equivocada. La jaula pasó por encima de él y siguió su camino. Iba en dirección a…

- ¡Luffy! ¡Cuidado! – gritó Zoro mientras se volvía hacia su capitán, que le miró extrañado tras golpear a un soldado que le había molestado. Cuando el pequeño se dio cuenta de la jaula que volaba en su dirección, ya era demasiado tarde. Los férreos barrotes le apresaron, dejándolo encerrado en un espacio pequeño en el que apenas tenía movilidad.

Luffy intentó romper los barrotes, pero al hacer contacto con ellos sus fuerzas parecieron desaparecer al mismo tiempo que un hilo se sangre comenzaba a deslizarse por el puño que había utilizado para golpearlos.

"¡Mierda!" Desesperado, Zoro corrió hacia el pequeño con intención de ayudarle, pero un grito detrás de la jaula le paralizó.

- ¡AHORA! ¡DISPARAD!

Luffy se giró desde su posición tirado en el suelo. Se sentía débil, sin fuerzas, y en ningún momento se le había pasado por la cabeza que eso se debía a la mano que sujetaba uno de los barrotes. Zoro, alarmado, intentó avisar a Luffy del peligro. "Las balas no afectan a Luffy… y ellos lo saben. ¡No pueden ser balas normales!"… pero su voz no salió, y ante los disparos de los marines Zoro observó, aterrado, cómo algunas de las balas impactaban en el cuerpo del pequeño, atravesándolo.

Luffy abrió los ojos sorprendido. "Las balas…" ¿no habían rebotado? No entendía lo que pasaba. Soltando el barrote, dejando caer su mano, intentó tomar conciencia de su cuerpo. Una bala le había rozado la mejilla, provocándole un rasguño, otra había rozado su brazo haciéndole una herida mayor. Y la última… había atravesado su muslo por completo. Luffy observó como si no viera nada el pequeño agujero que ahora lucía su pierna. "Las balas…" era la primera vez que una bala le atravesaba… y se sentía extraño. No sentía dolor, no podía pensar más que en el asombro que le causaba ver esa herida en su cuerpo. No podía escuchar nada de lo que sucedía a su alrededor.

- ¡LUFFY, REACCIONA! – gritaba el espadachín, desesperado, zarandeando con fuerza los barrotes que le separaban de su capitán.

- ¡HA FUNCIONADO! – escuchó frente a él, dirigiendo una mirada cargada de odio a la persona que parecía dirigir el ataque. - ¡PREPARAOS PARA DISPARAR DE NUEVO!

Más asustado si cabía, Zoro desvió su mirada hacia su capitán, pero desde su posición no podía distinguir su rostro, pues quedaba tapado por el sombrero.

- ¡LUFFY, LEVÁNTATE! – aulló cuando vio cómo los marines volvían a apuntar al cuerpo de su capitán.

- ¡APUNTAD…! – Zoro reaccionó y comenzó a correr alrededor de la jaula. Si su capitán no iba a moverse, entonces él le protegería.

- ¡THUNDERBOLT TEMPO!

Ante sus ojos, el espadachín vio cómo un rayo descendía velozmente de una misteriosa nube de la que no se había percatado, golpeando a los soldados, electrocutándolos. Aliviado, buscó con la mirada a la pelirroja.

- ¡Nami! – exclamó cuando vio cómo se bajaba del Waver. Al parecer, había realizado su ataque al mismo tiempo que saltaba por encima de la valla con el Waver.

- Ya me lo agradecerás más tarde – contestó la pelirroja con sequedad. – Ahora saca a Luffy de ahí.

- ¡Luffy! – gritó el pequeño renito mientras corría hacia la jaula que encerraba a su capitán. – Luffy, ¿estás bien?

Un escalofrío recorrió al moreno, removiéndose en el suelo. - ¿Chopper…? – preguntó en un susurro.

- ¡Sí, Luffy, soy yo! – gritó el renito feliz de que su capitán hubiera reaccionado a su llamada. - ¡Nami también está aquí! Los demás están en camino. ¡Hemos venido a ayudarte! No te preocupes Luffy, ahora te sacamos de ahí.

El moreno sonrió levemente, sus nakamas estaban allí. Habían ido a apoyarle. Con dificultad y muy despacio, Luffy comenzó a incorporarse, provocando el alivio de sus compañeros. Con una pequeña sonrisa, Zoro le pidió a Nami que le cubriera un minuto mientras liberaba a su capitán.

El espadachín se acercó a la jaula, y deslizando sus dedos bajo ella, comenzó a levantarla. Era una jaula muy pesada, al menos para una persona normal y corriente. Sin embargo, Zoro la elevó con facilidad, incluso a pesar de que estaba anclada al suelo mediante unos pinchos en sus esquinas. Abriendo suficiente espacio para que Luffy pudiera salir de ella, el espadachín la sostuvo en el aire unos segundos mientras su capitán se acercaba despacio a él. Al llegar al lado del peliverde, Luffy sonrió.

- Gracias – susurró mientras posaba su mano en el hombro del espadachín, utilizándolo para apoyarse en él y como un gesto de agradecimiento hacia Zoro. El espadachín amplió su sonrisa ante ese contacto, dejando caer la jaula cuando Luffy estuvo completamente fuera.

- ¡Luffy! Déjame revisar tus heridas – pidió un muy preocupado renito, comenzando a buscar en su mochila todo lo que iba a necesitar.

- No hace falta, Chopper. Estoy bien.

- Luffy – intervino la pelirroja mientras dejaba tras de sí a unos pocos soldados friéndose. – Deja que Chopper cure tus heridas, Zoro y yo podemos encargarnos de la situación.

Zoro asintió al comentario de la navegante posicionándose para continuar con la lucha, atacando a los marines que ya habían vuelto a reunirse a su alrededor. Nami, por su parte, aprovechó la jaula de kairoseki para subirse sobre ella y conseguir así una posición elevada y central desde la que controlar todo el campo de batalla.

Aún inconforme, el pequeño dejó que Chopper revisara sus heridas, logrando que su pierna dejara de sangrar y vendando tanto esa herida como el rasguño de su brazo. Ante la súplica del renito, Luffy también dejó que vendara la mano con la que había golpeado la jaula. Chopper sonrió levemente, aliviado. La bala había atravesado el muslo de su capitán limpiamente, no había ningún fragmento de kairoseki en su interior. Una vez estuvo listo, Luffy se incorporó a la lucha, librándose de los soldados que peligrosamente se habían acercado a su posición. Chopper, tras guardar de nuevo todas sus medicinas, comenzó a ayudar a sus nakamas, ingiriendo la primera Rumble Ball de la noche.


Robin, Franky y Sanji observaban escondidos tras la maleza la cantidad de soldados que salían corriendo de esa base en dirección a la lucha que estaba desarrollándose un poco más lejos. Desde allí podían escuchar el sonido de la lucha, los golpes y los gritos, pero no eran capaces de distinguir lo que decían, y mucho menos de saber qué sucedía. Cuando el flujo de marines disminuyó, Robin comenzó a avanzar seguida de cerca por sus nakamas, hasta que llegó a la verja.

Apartándose a un lado, la morena dejó vía libre al ciborg, que sin dudarlo escupió una bola de fuego sobre un sector de la valla. Cuando el fuego cesó, Sanji proporcionó una certera patada que envió ese segmento de la vaya unos metros más allá. Con cuidado, Sanji atravesó primero el hueco para adelantarse un poco y averiguar si alguien había escuchado el sonido de la verja. Más tranquilo cuando no percibió ningún movimiento extraño, hizo un gesto para que Robin se adelantara y les guiara hacia el laboratorio que ella quisiera investigar. Antes, Robin había observado la estructura con cuidado, dándose cuenta de que todos los edificios parecían estar conectados por pasillos estrechos. Sólo había uno que estaba aislado: el de la Marina. Lo cual, para ellos era una gran ventaja.

Avanzando pegados a la valla, los tres rodearon la base de la Marina por la parte de atrás, y cuando llegaron al primer laboratorio, la morena avanzó hacia una de las ventanas, observando su interior.

Era una habitación oscura llena de camas. Parecía ser el dormitorio de las personas que trabajaban allí, lo cual alegró a la morena. Volviéndose hacia sus nakamas, asintió con la cabeza. Sanji entendió lo que quería, y nuevamente proporcionó otra patada certera que esta vez dirigió contra el cristal, rompiendo limpiamente la ventana. Volvió a ser el primero en entrar por si había alguien que hubiera escuchado el ruido. Con rapidez se acercó a la puerta de la sala, apoyándose sobre ella y escuchando con atención. No pareció oír ningún ruido tras ella, por lo que suspiró aliviado.

Franky fue el segundo en entrar, volviéndose hacia la ventana para ayudar a Robin a traspasarla. Una vez los tres estuvieron dentro, cruzaron la puerta de la habitación y comenzaron a avanzar por los pasillos, en silencio y con cuidado, ateniendo al menor ruido que llegara a sus oídos. De vez en cuando abrían alguna puerta, pero pasado un rato dejaron de hacerlo. "Definitivamente, este edificio se dedica a los dormitorios".

Tras unos minutos avanzando, Robin fijó su mirada en una puerta que le llamó la atención. Estaba hecha de metal, y parecía más pesada y más grande que las demás. "Tiene que ser esa".

- Tenemos que ir por esa puerta – susurró para llamar la atención de sus nakamas, que se volvieron hacia ella. – Esa puerta conecta con el otro edificio.

En silencio, Sanji y Franky asintieron y comenzaron a caminar hacia la puerta metálica. Al llegar ahí, el ciborg tiró con fuerza de la rueda que servía para abrirla. Segundos más tarde escucharon un leve "click" que les indicó que la puerta ya se había abierto. Apartándola, Franky comenzó a avanzar por el oscuro pasillo, seguido por Robin y Sanji.

- Franky, puedes encender la linterna, aquí no habrá nadie.

Franky, un poco extrañado, encendió la linterna. Sanji también lo imitó, encendiendo la que aún llevaba consigo. Se encontraban en un estrecho y corto pasillo de chapa, y pocos metros delante de ellos había otra puerta como la que acababan de abrir.

- Estos pasillos conectan todos los edificios, pero parece que sólo se usan en emergencias – explicó la morena.

- Pues hacen mal en no considerarnos una emergencia – gruñó Sanji mientras palpaba esas extrañas paredes metálicas.

Sonriendo ante el comentario, Robin se adelantó y avanzó hacia la puerta. Al llegar a ella, Franky volvió a abrirla, dejando paso a la morena, que entró en el nuevo edificio con cautela. Sin embargo, un fuerte olor a comida la invadió. "¡Sí!" exclamó triunfante la morena. Estaban en el edificio de la cocina, no había esperado encontrarlo con tanta rapidez. Volviéndose hacia sus compañeros, se dio cuenta de que ellos también estaban sonriendo. Decidido, Sanji comenzó a avanzar por los pasillos, primero despacio y luego corriendo, hasta que se paró frente a una de las puertas.

- ¡Aquí está la cocina! Vamos Franky, la despensa debe estar dentro.

- ¡SUUUUUUUUPEEEEEEER! – exclamó el ciborg. Parecía que ambos se había olvidado de que debían guardar silencio.

Robin vio cómo el cocinero y el peliazul se perdían tras en esa habitación, pero no les siguió. Había una puerta que le había llamado la atención. Era una puerta grande, de madera maciza y con diversos adornos. Acercándose a ella con cuidado, la abrió despacio, deteniéndose cuando escuchó cómo crujía. Una vez estuvo lo suficientemente abierta como para que pudiera pasar, Robin entró en esa sala. Palpando la pared, consiguió encontrar un interruptor y accionarlo. Y cuando se hizo la luz en esa habitación…

Robin reprimió un jadeo de sorpresa. "¡La biblioteca!" Se encontraba en una gran sala de dos plantas llena de libros y de mesas con papeles, planos y otras anotaciones sobre ellas. "¡Es la biblioteca!" La morena no podía salir de su asombro. ¡Allí podría recopilar la información que ella quisiera! Comenzó a pasear apresurada entre las mesas, deteniéndose de vez en cuando, mirando alguno de los papeles o consultando alguno de los libros que había sobre ellas. "Es increíble, aquí están todos los datos sobre esta isla, todos los datos sobre el kairoseki". La alegría invadió a la morena. No sólo podría encontrar algo que les ayudara a salir de esa isla, también podía enterarse de cosas que el Gobierno Mundial no quería que nadie supiera.

De repente, Robin se volvió alarmada hacia la puerta, pues había escuchado cómo alguien la abría del todo.

- ¡Robin-chan! – suspiró Sanji, aliviado. – No te separes de nosotros, estábamos muy preocupados.

Robin sonrió. – Lo siento, Cook-san. ¿Encontrasteis cola?

Sanji negó con la cabeza con tristeza. – Si hemos encontrado algunos barriles, pero no son suficientes… - el cocinero se detuvo al observar la expresión asustada de la morena. Poniéndose en guarda, preguntó. - ¿Qué sucede?

Robin no respondió. No era capaz de salir de su asombro. De repente, comenzó a correr hacia la puerta, hasta que llegó a un mueble que estaba en uno de sus laterales. Sanji, extrañado por la reacción de su morena, rodeó la puerta y se situó a su espalda.

- No puede ser… - susurró Robin.

Sanji, cada vez más preocupado, avanzó hacia ella.

- ¿Qué pasa? – preguntó con cautela.

Sin embargo, lo que vio sobre ese mueble lo dejó sin aliento.

"No puede ser…", repitió en su cabeza, sonriendo.


- ¡GOMU GOMU NO…!

- ¡HEAVY GONG!

- ¡THUNDER BALL!

- ¡… BAZOOKA!

- ¡TATSU MAKI!

Los ataques se repetían uno tras otros, mientras los contendientes comenzaban a jadear del cansancio. "¿De dónde sale tanto marine?" pensaba Zoro, molesto. Además, la lucha se había vuelto más complicada después del ataque de la jaula. Al parecer, la Marina había reservado sus armas de kairoseki como un ataque sorpresa para acabar con el pequeño, y ahora que ya habían revelado su secreto, todos los soldados utilizaban balas de kairoseki. Eso provocaba que ni Luffy ni Chopper pudieran pelear a gusto, tenían que estar constantemente pendientes de las balas que pasaban volando a su alrededor, esquivándolas al mismo tiempo que evitaban las espadas de los marines. Pero no sólo eran las balas, de repente había aparecido una tropa de soldados portando mazas hechas con kairoseki. Al principio, Zoro se había encargado de frenar sus pasos, pero ahora esos soldados se habían dispersado por todos los flancos, provocando que Zoro no pudiera contener a todos a la vez. Por tanto, algunos de esos mazos habían comenzado a atacar a Luffy y Chopper, rozándoles en varias ocasiones.

Nami, dándose cuenta de la estrategia de los marines, aprovechó su posición sobre la jaula para centrar sus ataques en aquellos soldados que se acercaban a sus nakamas con armas de kairoseki. "Si Luffy o Chopper reciben un solo golpe con ese mazo…" quedarían inconscientes, y posiblemente sus cuerpos sufrirían un gran daño.

- ¡Nami! ¡Detrás de ti! – gritó Zoro alarmado.

Nami, sorprendida, se volvió todo lo rápido que pudo a tiempo de ver cómo un marine se incorporaba, alzando su espada contra ella. Desesperada, posicionó su Perfect Clima Tact de tal manera que uno de sus extremos comenzó a chispear.

- ¡THUNDER CHARGE! – la pelirroja golpeó con todas sus fuerzas al marine, quien comenzó a sacudirse a causa de la corriente eléctrica que recorría su cuerpo. Con un mayor impulso, Nami consiguió lanzar al marine fuera de la jaula, suspirando aliviada.

Tras recomponer su Clima Tact, la pelirroja volvió a centrarse en la batalla, buscando a Luffy y a Chopper con la mirada. El moreno estaba lanzando por los aires a unos cuantos marines que habían salido a su paso, mientras que Chopper… Chopper…

Chopper…

- ¡CHOPPER! – chilló Nami horrorizada ante la imagen que estaba ante ella.

Chopper se estaba deshaciendo de algunos marines con sus puños cuando escuchó el escalofriante grito de la pelirroja llamándolo. Asustado, se volvió hacia Nami, observando su desencajado rostro. Y delante de él vio cómo una sombra comenzaba a alzarse.

Un marine estaba a su espalda, con el mazo de kairoseki levantado sobre su cabeza.

Temblando de miedo, Chopper se dejó caer sobre el suelo, volviéndose para mirar al soldado, que sonreía con malicia. Nami, impotente, observaba la escena aterrorizada, mientras Zoro y Luffy intentaban correr hacia Chopper desde su alejada posición. Habían reaccionado al grito de la pelirroja… pero no podrían llegar a tiempo a salvar a Chopper.

- ¡HISSATSU! ¡KAYAKU BOSHI!

Ante un asombrado Chopper, un proyectil impactó en la cara del marine, explotando y provocando que éste cayera hacia atrás, dejando caer el mazo a un lado.

Todos se volvieron hacia el lugar de donde había salido el grito, aliviados.

- ¡Usopp! – gritaron Chopper, Nami y Luffy, felices de verle. El espadachín también sonrió ante la oportuna aparición del narigudo.

Usopp estaba sentado sobre la rama más alta de uno de los árboles más cercanos a la verja, y sonreía a sus nakamas con superioridad, sintiéndose más tranquilo al ver que todos estaban bien.

- ¡Yohohohoho ~! ¡Yo también estoy aquí! – canturreó un esqueleto mientras aprovechaba el peso de sus ligeros huesos para saltar la elevada verja, comenzando a blandir su espada entre los marines que estaban sobre los contenedores, apuntando con sus armas a Luffy.

Tras pasar al lado de todos los soldados, Brook saltó de los contenedores, y caminando elegantemente en dirección a Zoro, susurró:

- Hanauta sancho… ¡yahazu giri! – y al "click" que produjo su espada al ser envainada, uno por uno fueron cayendo los cuerpos de los soldados por los que había pasado a su lado.

Zoro sonrió burlonamente. – Ya era hora de que llegarais.

- ¡Yohohoho ~! No íbamos a dejaros toda la diversión.

Por fin, los seis allí reunidos respiraron tranquilos. Estando juntos ningún marine podría hacerles frente. Ya no importaba cuántos soldados aparecieran ante ellos: no serían derrotados.


- ¿¡HA!? ¿Por qué queréis que deje los barriles de cola aquí? – preguntó un exaltado peliazul, sorprendido ante la petición de la morena y el rubio.

- Ya no los necesitamos, Franky – sonrió Sanji mientras tiraba el cigarrillo consumido al suelo.

- ¿Por qué? – volvió a preguntar el ciborg, extrañado por las sonrisas de sus nakamas.

- Luego te lo explicamos, vamos a avanzar un poco más. Déjalos aquí, será muy problemático cargar con ellos.

Sin comprender qué estaba pasando, Franky posó dos barriles sobre el suelo, sacando un tercero de su mochila y dejándolo a un lado. Aún con curiosidad, comenzó a seguir a Robin y a Sanji, que ya habían salido de la cocina y avanzaban por el pasillo en silencio, escuchando todo lo que pasaba a su alrededor.

Pocos minutos más tarde, el grupo encontró la puerta de metal que conectaba con el siguiente edificio. Franky la abrió y permitió el paso de sus compañeros a ese estrecho pasillo. Una vez dentro, el ciborg volvió a adelantarse para abrir la segunda puerta, con cuidado de no hacer ningún ruido. Una vez estuvo abierta, los tres entraron en el nuevo edificio.

Sin embargo, ese edificio era diferente. Los pasillos estaban iluminados y recubiertos por baldosas de un blanco impecable. Así mismo, el suelo estaba formado por grandes placas de un azul muy suave. Todo estaba extremadamente limpio y cuidado, y las puertas eran lisas y grises, muchas de ellas correderas.

- Ahora sí estamos en un laboratorio – susurró Robin.

Con cautela y calma, el grupo comenzó a avanzar por los pasillos, asomándose a todas las puertas por las que pasaban. Dentro de las habitaciones había camillas, sillas de tortura, material instrumental y de experimentación, pizarras llenas de gráficas y apuntes, mesas de asambleas… y gran parte de ellas estaban también iluminadas, pero no encontraron ni una sola persona en todo su trayecto.

- ¿No es extraño? – comentó el cocinero al salir de una habitación también iluminada, pero vacía.

- No tanto, Cook-san. Posiblemente los científicos hayan sido evacuados y estén refugiados en algún otro sitio.

- Seguro que ahí fuera tienen montada una SUPER fiesta – sonrió Franky.

Los tres siguieron avanzando por el pasillo, hasta que repentinamente Robin se detuvo.

Extrañados, Franky y Sanji siguieron la mirada de la morena. Al fondo de un estrecho pasillo, diferente a los que habían recorrido hasta ese momento, se encontraba una puerta metálica, oxidada y sucia.

- ¿A dónde lleva esa puerta? – preguntó el ciborg, rascándose la cabeza.

- Vamos a comprobarlo – Robin comenzó a avanzar hacia ella, seguida por sus dos nakamas muy de cerca.

Cuando llegó frente a esa disonante puerta, Robin la empujó con suavidad. La puerta cedió, parecía que incluso la cerradura estaba oxidada e inutilizada. Tras ella apareció una estrecha escalera de caracol, hecha con piedras. Igualmente, las paredes estaban formadas por piedras apiladas unas encima de otras de una manera un tanto insegura. Examinando un poco la entrada, Robin se dio cuenta de que no había ni interruptores ni antorchas. Volviéndose a sus nakamas, sonrió.

- ¿Podéis prestarme una linterna?

Franky estaba a punto de tenderle la suya cuando Sanji se le adelantó, encendiendo la que él llevaba y comenzando a descender por la escalera ante la sorpresa de Robin, que al instante sonrió ante el gesto del cocinero.

El grupo descendió por la escalinata con cuidado. Había algunas piedras que se tambaleaban a sus pies, pero los tres consiguieron descender con éxito, llegando a una estancia amplia pero lúgubre y oscura, llena de barrotes.

- ¿Una cárcel? - susurró sorprendido Franky, paseando la vista por cada una de las celdas.

- No tiene sentido. ¿No debería estar en la base de la Marina? – replicó el cocinero, comenzando a caminar por el pasillo central, observando cada una de las celdas con curiosidad.

Robin no dijo nada. Ella intuía cuál era el secreto de esa cárcel, pero no quería aventurar teorías.

A medida que avanzaban por el pasillo, poco a poco comenzaron a ver algunas figuras que ocupaban algunas jaulas. Levemente asustados, disminuyeron su ritmo mientras se acercaban a una de las celdas ocupadas, iluminando su interior. El grupo contuvo un respingo.

En el interior de la celda había un hombre bastante joven pero completamente demacrado y descalzo, vestido con un traje que seguramente en sus inicios había sido blanco, pero que ahora estaba cubierto de suciedad… y sangre. Además, tanto en sus manos como en sus tobillos había unos extraños aros gruesos y metálicos. "Kairoseki", confirmó la morena.

- ¿Quiénes sois? – gruñó el preso ante la luz de la linterna de Sanji. El rubio, sobreponiéndose a la sorpresa inicial, contestó.

- Piratas. Mugiwaras.

El preso abrió sus ojos ante esa respuesta, anonadado. Poco a poco, con esfuerzo, comenzó a arrastrarse por el suelo de su celda hasta llegar a los barrotes, agarrándolos con fuerza e impulsándose sobre ellos para ponerse en pie.

- Por favor… - susurró con dificultad con un gesto de dolor mientras posaba sus pies sobre el suelo, consiguiendo sostenerse sobre ellos. - ¡Por favor! – repitió con voz ronca. - ¡Sacadnos de aquí! ¡Por favor!

De repente, el grupo escuchó cómo diversos murmullos comenzaban a surgir de otras celdas, suplicantes, implorando su ayuda, rogando por su liberación. Los tres se estremecieron.

- ¿Por qué estáis aquí encerrados? – preguntó Franky con desconfianza.

- Todos somos usuarios de Akuma no Mi. ¡Nos utilizan para sus experimentos! Todas las nuevas armas que fabrican las prueban con nosotros. ¡Nos torturan todos los días! Por favor… ¡liberadnos! – rogó el preso con las lágrimas comenzando a correr por su rostro… con la esperanza brillando en sus ojos.

Franky retrocedió ante la revelación, impresionado. Robin se mantuvo serena, aunque sus ojos se oscurecieron levemente. Ya había imaginado que en esa cárcel encerraban a sus cobayas, pero escucharlo de ese hombre con esa voz rota la había enfadado bastante. Al fin y al cabo, ella tenía muchas posibilidades de acabar en una de esas celdas.

Sanji sorprendentemente también mantuvo la calma mientras encendía otro cigarrillo.

- ¿Cómo sabemos que no nos atacaréis si os soltamos?

El preso comenzó a excusarse rápidamente.

- ¡No atacaríamos a nuestros salvadores! ¡La mayoría de nosotros también fuimos piratas que tuvieron la desgracia de llegar a esta isla! ¡Sólo queremos salir de aquí y recuperar nuestras vidas…! – el preso tosió, escupiendo un poco de sangre en el proceso.

- Entonces, si os liberamos, ¿qué pensáis hacer? – continuó Sanji con una pequeña sonrisa adornada en sus labios.

El preso miró al rubio a los ojos completamente serio.

- Nos vengaremos.

Sanji amplió su sonrisa. "Perfecto".


El grupo de ataque ya había controlado por completo la situación. Tal era así, que Luffy por fin estaba frente a la torre, sonriendo desafiante. A su espalda, Zoro, Nami, Chopper y Brook le protegían de los ataques que los pocos marines que aún seguían en pie se atrevían a realizar. Unos cuantos soldados más inteligentes habían salido corriendo cuando la lucha se había vuelto en su contra, aunque la mayoría de ellos habían sido derribados por Usopp, que había avanzado junto a sus nakamas hacia la torre, pero seguía sin entrar en las instalaciones, a una distancia prudencial del principal frente de ataque.

Y por fin, Luffy estiró sus brazos hacia la torre, lanzándose sobre ella, mientras en el aire llevaba su pulgar a su boca.

- ¡GEAR SADO!


"No puede ser", un muy nervioso teniente se mordía los dedos, angustiado, observando cómo una de las manos de Luffy se hinchaba hasta conseguir el tamaño de un gigante.

"¡No puede ser!", si fallaba, sería degradado de ese tranquilo puesto y volvería a patrullar alguno de los mares. Y eso no podía permitirlo, su estancia en esa isla se limitaba a dormir, comer y firmar papeles. Era la vida de poder y tranquilidad que siempre había deseado. "¡Ese estúpido pirata no puede acabar con mi vida!"

- Teniente – Furai se volvió hacia su espalda. Uno de sus mejores soldados estaba ante él. – Ya hemos preparado eso.

Furai sonrió. Con su mano, hizo un gesto indicando al soldado que pusiera en marcha el plan mientras se giraba para observar el ataque del moreno. Esa mano gigante había caído sobre la torre, destrozándola por completo.

"Destruye todo lo que quieras, no saldrás vivo de esta isla, Monkey D. Luffy…"


- ¡Aaaaaaaaah! ¡Por fin regresé a la normalidad! – gritó Luffy mientras estiraba su cuerpo y comenzaba a avanzar hacia sus compañeros, que estaban acabando con los últimos marines que aún se atrevían a luchar.

A su espalda, ya no había ninguna antena. Sólo quedaba un montón de escombros que Luffy había destruido a conciencia.

Sus compañeros se giraron a verle, imitando la feliz sonrisa que mostraban los labios de su capitán. Por fin, todo había terminado. Todos estaban bien. Saldrían vivos de esa isla. Lo habían conseguido.

O no.

De repente, el grupo observó cómo una cadena se ceñía sobre la cintura de su capitán, quien dio un respingo ante el ataque, y cayó al suelo perdiendo sus fuerzas. Incapaces de actuar debido a la sorpresa, ninguno pudo moverse cuando vieron cómo una sombra se lanzaba sobre su capitán, sosteniendo una jeringuilla en su mano. Y ante su asombro, esa sombra inyectó el contenido de la jeringuilla en el hombro del pequeño… quien, repentinamente, se quedó paralizado.

- ¡LUFFY! – gritaron todos, comenzando a correr hacia él.

- ¡SANJUUROKU PONDO HOU! –gritó el espadachín, proyectando el filo de una de sus katanas contra el soldado que estaba sobre el pequeño, lanzándolo contra los escombros, donde quedó inconsciente.

- ¡Luffy, aguanta! – gritó el pequeño renito con lágrimas en los ojos. Al lado del moreno vio la jeringuilla que el soldado había clavado en el hombro de su capitán. Aún contenía un poco de ese extraño líquido gris que ahora corría por las venas de su capitán. Chopper se apresuró a acercarse, tocando con una patita ese líquido… sintiendo que el mundo se derrumbaba sobre él al notar cómo las fuerzas se le escapaban…

"Es kairoseki… kairoseki disuelto en algún extraño compuesto…"

Temblando de miedo, se volvió hacia Luffy, a quien Nami ya le había quitado la cadena que le habían lanzado a la cintura. El pequeño renito se inclinó sobre el pecho de Luffy, escuchando sus latidos. Sus lentos latidos.

Sintiendo cómo la esperanza le embargaba, Chopper se fijó en el punto donde el soldado había clavado la jeringuilla. "¡Aún estamos a tiempo!"

- ¡ZORO! ¡CORTA A LUFFY!

Todos se volvieron hacia el renito, mirándole como si se hubiera vuelto loco. Incluso Usopp le miraba asustado. El narigudo había abierto un agujero en la valla, acercándose al grupo, preocupado por el repentino ataque contra Luffy.

- ¿Q-Qué? – consiguió articular un paralizado espadachín, situado de pie junto a su capitán, observando al renito aterrado por su petición.

- ¡LE HAN INYECTADO KAIROSEKI EN LA SANGRE! ¡SI EL KAIROSEKI LLEGA A SU CORAZÓN, LUFFY MORIRÁ!

Zoro estaba petrificado. "¿Luffy va a…?"

- ¡ZORO! – chilló el renito suplicante - ¡CORTA A LUFFY AQUÍ! – señaló con su patita un punto cerca del nacimiento del brazo del pequeño. - ¡AÚN PODEMOS HACER QUE EL LÍQUIDO SALGA DE SU CUERPO! ¡ZORO, CÓRTALE!

Zoro no podía reaccionar. "¿Cortar… a Luffy…?" ¡No podía hacer eso! ¡No podía herir a la persona que quería!

- ¡SI NO LO HACES, MORIRÁ! – lloraba el médico aferrando con fuerza el cuerpo inerte de su capitán. - ¡YA NO QUEDA TIEMPO! ¡ZORO!

"¡MIERDA!"