Bueno... en este capítulo me gustaría comentar dos cosas... la primera lo haré aquí, y la otra será al final xD
Mmmm... no sé cómo decirlo... lo siento se queda corto xD. Bueno, en este capítulo hago sufrir mucho a Zoro (Luffy también sufre, pero es diferente, está inconsciente xD), espero que podáis perdonar mi crueldad xD Y también espero que el capítulo os guste, aunque no se yo... xDD
Zoro miraba a su capitán, sin verle. Miraba su filo, sin verlo. Miraba toda la sangre que comenzaba a salir a borbotones del brazo de Luffy, deseando no verla.
"¿Qué he hecho?"
Zoro oía lo que pasaba a su alrededor sin escuchar, sin entender. Para él, sólo había un sonido que martilleaba en su cabeza: el viscoso sonido de la sangre de su capitán derramándose sobre el suelo.
"Le he cortado".
Su filo tenía sangre. El filo de su preciada katana, el filo de Wadou Ichimonji, la espada que cargaba sus sueños y los de su difunta amiga Kuina, estaba manchado con la sangre de Luffy.
"Le he cortado".
De repente, sus ojos vieron cómo esa sangre de un rojo intenso que brotaba del inerte cuerpo de su capitán comenzaba a transformarse en un líquido negruzco. Luffy estaba expulsando todo el kairoseki que le habían inyectado a través de la herida que Zoro le había hecho.
"Le he salvado… pero le he cortado".
Zoro no sabía cómo debía sentirse. Había atacado a su capitán… no. Eso no era lo que le importaba. Había atacado a la persona que más quería, la persona que más le importaba. La persona por la que estaba dispuesto a ofrecer su vida se desangraba ante sus ojos por su culpa. Pero eso le había salvado… ¿no?
Zoro observó cómo ese líquido negruzco dejaba de salir a través del corte, mientras la sangre de un rojo espeso lo sustituía… inundando el suelo y el cuerpo del pequeño a pesar de los intentos desesperados del renito por cortar la hemorragia.
"Luffy… se desangra… por mi culpa"
Un sonido delante de él llamó su atención. Una especie de risa enfermiza que incendiaba un intenso odio dentro del espadachín. A duras penas, el peliverde alzó la mirada del cada vez más pálido cuerpo de su capitán para ver qué sucedía frente a él.
Furai. Ese maldito teniente estaba burlándose de él. Estaba riéndose de su capitán. Y no lo permitiría. Ignorando las palabras de sus nakamas que no llegaba a escuchar, olvidándose de la fila de marines situados detrás del teniente que le apuntaba con sus pistolas, Zoro comenzó a avanzar muy despacio hacia Furai.
El teniente estaba temblando. Le estaba gritando algo mientras retrocedía unos pasos, aterrorizado. A Zoro le daba igual. En sus ojos seguía fija la imagen de la sangre de Luffy bañando el suelo. Y quería desahogarse. ¿Y quién mejor para ello que la persona que había provocado esa situación?
Las balas rozaban al espadachín. No le importaba. Él esquivaba las que podía esquivar, y recibía las que no podía esquivar. Una bala impactó en su hombro, otra bala rozó su mano, otra arañó su cintura, y a duras penas esquivó una dirigida a su frente. Podían dispararle todo lo que quisieran, él no iba a morir hasta cumplir su objetivo.
¿Y cuál era su objetivo?
Acabar con el desgraciado que había puesto la vida de su capitán en peligro.
Por el rabillo del ojo, Zoro creyó ver cómo los marines que estaban detrás del teniente eran derribados. No sabía que ocurría, y tampoco le importaba. Ese maldito malnacido seguía en pie, sin ser capaz de moverse, balanceándose como una brizna de hierba ante la mirada cargada de furia y rabia que le lanzaba el espadachín. A pocos metros del teniente, Zoro se detuvo. Alzando a Wadou frente a sus ojos, observó cómo de ella aún goteaba la sangre de su capitán. Sacudiéndola con fuerza, la envainó mientras cerraba sus ojos.
- Ittoryu iai.
Un instante de silencio invadió a Zoro. Estaba aislado del mundo, en la profunda oscuridad. A él ya no llegaba ningún sonido, sólo el vacío. La nada.
Pero en esa nada apareció una luz, muy tenue pero muy intensa.
Y apareció una sonrisa. Y unos ojos. Y un rostro.
Abriendo sus ojos con fuerza, mirando con fiereza al teniente, que intentaba retroceder sin conseguirlo, Zoro comenzó a correr hacia él.
- ¡Shishi sonson!
Un movimiento veloz imperceptible para los ojos de los presentes bastó para que Furai cayera inconsciente en el suelo.
Un segundo bastó para que Zoro, desenvainando su katana, la deslizara por todo el torso del teniente, dejando un rastro rojo a su paso.
Dos segundos bastaron para que Zoro se detuviera detrás del cuerpo caído de Furai, envainando su espada.
Y tres segundos después de su ataque, Zoro se giró, buscando nuevamente con los ojos el cuerpo de su capitán. El alivio pareció intentar abrirse paso en su interior cuando se dio cuenta de que Luffy ya no derramaba más sangre sobre el suelo. Chopper había conseguido vendar la herida de su capitán.
Pero esa blanca venda estaba tiñéndose poco a poco con el rojo intenso de la sangre de su capitán.
Chopper suspiró aliviado cuando vio cómo el espadachín realizaba un certero corte en el punto que le había señalado. Secando las lágrimas que habían comenzado a caer de sus ojos, deseó que aún no fuera tarde. Pero de Luffy sólo salía su sangre, y eso alarmaba al renito. Posando una patita en el pecho de su capitán, sintonizó sus latidos en su interior.
Un latido. Sólo sangre.
Dos latidos. Sólo sangre.
Tres latidos. Sólo sangre.
¿Es que ya era demasiado tarde? ¿El kairoseki ya había pasado el brazo de Luffy? ¿Ya se había dirigido a su corazón?
Cuatro latidos. Sólo sangre. Y Chopper sentía que la desesperación le invadía.
Cinco latidos. Sólo sangre. Y Chopper sentía que las lágrimas volvían a recorrer sus mejillas.
Seis latidos. Sangre gris. Y Chopper sintió que su corazón, que se había detenido segundos antes, volvía a latir.
"¡Lo logramos! ¡Luffy está expulsando el kairoseki!"
A su lado, escuchó los gritos de alivio que dieron sus nakamas. Pero no pudo celebrarlo con ellos, ahora tenía un grave problema entre manos.
Sacando de su mochila un rollo entero de vendas, un bote de desinfectante y una gran bola de algodón, comenzó a trabajar. Desmenuzando el algodón en trozos más pequeños, Chopper intentaba drenar el gran chorro de sangre que salía del brazo de Luffy. En realidad, lo que Chopper pretendía era limpiar la piel del moreno para poder encontrar el corte con mayor facilidad entre tanta sangre. Pero no era capaz. Incluso cuando todo el líquido gris abandonó el cuerpo de su capitán, su sangre no paró de brotar en abundancia. Chopper no entendía qué era lo que pasaba. ¿Por qué no se detenía el sangrado?
De repente, el grupo escuchó una siniestra risa delante de ellos. Y aterrados, vieron cómo un hombre uniformado se burlaba de ellos mientras avanzaba hacia allí, seguido por una fila de marines que portaban diversas armas de fuego y espadas.
- ¡Vaya, vaya! Así que habéis conseguido sacar el kairoseki de su cuerpo… ¡Muy mala idea habéis tenido! – el hombre soltó una carcajada mientras sonreía con sorna. – No sólo inyectamos kairoseki en su cuerpo… el kairoseki estaba disuelto en un anticoagulante… - Chopper abrió los ojos mientras la desesperación le invadía. "¿Un anti… coagulante…?" Furai se fijó en la expresión de miedo que se reflejó en el renito, y amplió su sonrisa. – Exacto. Vuestro querido capitán no dejará de sangrar, porque la sangre no coagulará y no se cerrará su herida. Supongo que ya sabéis qué significa eso, pero por si acaso, yo os lo recordaré – Furai volvió a reír descontrolado. Secándose una lagrimilla que había aparecido en sus ojos, continuó disfrutando del momento.- Vuestro capitán no morirá por el kairoseki, ¡bien por vosotros! Pero ahora morirá desangrado…
Chopper, Nami, Usopp y Brook, completamente paralizados, completamente mudos e inmóviles, vieron cómo el espadachín comenzaba a avanzar con lentitud.
- ¿Zo-Zoro? – consiguió decir Usopp con un agudo murmullo.
Pero el espadachín parecía no escucharles, era como si no estuviera ahí. Parecía ser una cáscara vacía que había reaccionado y avanzaba emanando un aura asesina e intimidante. Los marines, asustados, alzaron sus armas contra él, apuntándole, mientras que el teniente parecía retroceder unos pasos completamente aterrado. Cuando los disparos comenzaron, el grupo llamó aterrorizado al peliverde.
- ¡ZORO-SAN, CUIDADO!
- ¡ZORO, VUELVE!
- ¡ZOROOOOOOOOO!
- ¡ZORO, APÁRTATE!
Impotentes, todos observaron cómo algunas balas impactaban sobre el espadachín. Un pequeño surco de sangre comenzó a deslizarse desde su hombro, marcando toda la camiseta que ya de por sí estaba sucia debido a la lucha anterior.
Pero repentinamente, los disparos pararon.
Asombrados, el grupo observó cómo gran cantidad de lo que creyeron que eran presos se lanzaban contra los marines, enfrentándose a ellos con extrañas habilidades que parecían ser fruto de alguna Akuma no Mi. Así mismo, a lo lejos vieron cómo Sanji, Robin y Franky avanzaban hacia ellos, corriendo. Aliviados de verlos, todos soltaron un suspiro mientras volvían a centrarse en el espadachín. Zoro había alzado su katana frente a él, observando cómo pequeñas gotas de la sangre de su capitán se deslizaban por el filo, yendo a parar al suelo.
"¡LUFFY!" se maldijo internamente Chopper, volviendo a centrarse en su capitán. La escena que se acababa de desarrollar había absorbido toda su atención, y ahora el moreno había perdido mucha más sangre. Actuando con rapidez, Chopper lanzó a un lado el algodón y el desinfectante, y palpando a tientas el brazo de su capitán, intentó localizar el corte. Cuando lo encontró, lo vendó apretándolo levemente. Ahora que sabía que habían inyectado un anticoagulante en la sangre de Luffy, no podía hacer nada más allí. Tenía que intentar contener el sangrado y llevarlo lo más rápido posible al Sunny. No tenía el instrumental necesario allí para salvar al pequeño.
- ¡Luffy! – Chopper oyó el grito de los recién incorporados al grupo, alarmados. Alzando la vista, vio cómo las expresiones de Robin, Franky y Sanji estaban marcadas tanto por la sorpresa como por el miedo.
- ¿Qué ha pasado? – preguntó la morena en un susurro.
- Luego os lo explicamos – intervino Nami, mientras volvía a mirar la batalla que los presos habían iniciado con los marines que quedaban. - ¿Quiénes son?
- Usuarios de Akuma no Mi que utilizaban en sus experimentos – resumió Sanji, provocando que los presentes reprimieran un gemido por la sorpresa.
Sanji dirigió una mirada a su espalda. Zoro aún estaba de pie, observando el cuerpo de Luffy con la mirada ensombrecida, sin moverse de su posición, sin ser consciente de lo que sucedía a su alrededor.
- ¿Qué le pasa a ese idiota?
- Zoro-san tuvo que cortar a Luffy-san para salvarle.
Tanto Sanji como Robin abrieron los ojos sorprendidos. "¿Zoro ha cortado a Luffy?", pensó Sanji siendo consciente de lo que eso significaba para el espadachín. "No puede ser", no conseguía creerlo. Zoro era incapaz de alzarse en contra de Luffy, y muchísimo menos de hacerle daño. Apartando la vista del espadachín, se fijó en el brazo de su capitán, el cual Chopper estaba volviendo a vendar debido a que su primer vendaje ya estaba completamente empapado de sangre. "¿Qué demonios pasa aquí?"
Robin tampoco era capaz de creerlo. Zoro estaba enamorado de Luffy, sería incapaz de hacer daño al pequeño. Algo muy grave tenía que estar pasando. Fijándose en el pálido cuerpo de Luffy, Robin se percató de un detalle que le había pasado desapercibido al principio. "¿Qué es esa jeringuilla?" Pasando alrededor de sus nakamas, la morena avanzó hacia ella, tocando el líquido que se había derramado de ella. "¡NO PUEDE SER!", Robin reprimió un grito mientras intentaba mantenerse en equilibrio… ese líquido estaba formado por kairoseki. Asustada, volvió a dirigir rápidamente su vista hacia el pequeño. "¡Luffy!", sintió que el miedo la invadía. Luffy estaba muy pálido, con los ojos cerrados y una expresión seria plasmada en su rostro. Sus ropas estaban manchadas con su sangre. No sólo su chaleco, sino también su pantalón, donde el pequeño también tenía una herida vendada y adornada con un punto rojo sobre la venda. "¿Una bala?", Robin no era capaz de salir de su asombro. ¿Qué había pasado en esa batalla? Sin embargo, el grito desesperado del renito dispersó sus pensamientos.
- ¡TENGO QUE LLEVAR A LUFFY AL BARCO CUANTO ANTES! ¡AQUÍ NO PUEDO DETENER SU HEMORRAGIA!
Nami reaccionó ante el grito de su pequeño nakama buscando el Waver con la mirada.
- ¡Entonces nos adelantaremos con el Waver!
El renito sabía que el Waver no era lo suficientemente rápido… pero no tenían otra forma de llegar al barco, así que asintió confiando en la férrea resistencia de su capitán.
- ¡Esperad! – todos se volvieron hacia Usopp, que estaba rebuscando algo en su mochila. - ¡Tengo algo con lo que podréis llegar antes al barco!
Asombrados, todos corrieron a rodear al narigudo, excepto Chopper, que no se movió del lado de Luffy, y Zoro, que parecía seguir perdido en sus pensamientos.
Con esfuerzo, Usopp comenzó a sacar de su mochila una goma gigante que se asemejaba a la cinta de un tirachinas (tamaño extra grande). Ante la expectante mirada de sus compañeros, sonrió y la extendió tanto como fue capaz.
- Yo lo llamo… ¡KUWAGATA! – Usopp se imaginó en su cabeza una amplia ovación por parte de sus nakamas, sin darse cuenta de que todos le miraban susceptibles e impacientes. – Sólo tenemos que atar los extremos, tensar la goma y llegaréis al barco en un segundo.
El narigudo sonreía ampliamente… pero sus nakamas se limitaban a mirarle escépticos.
- ¿Y eso funciona? – preguntó Franky con voz divertida.
- ¡Por supuesto que funciona! ¡Lo ha inventado el gran Usopp-sama! – se defendió el narigudo.
- ¿Y los que suban en eso sobrevivirán? – Nami suspiró con resignación. Había esperado una solución factible por parte del tirador.
- ¡Claro que sí! – Usopp se volvió hacia Chopper, que le miraba desconfiado. - ¡Chopper, con esto llegarás al barco en un minuto!
El renito miró dudoso al narigudo. Por supuesto que quería llegar al barco cuanto antes, de eso dependía la vida de su capitán… pero también quería llegar vivo y entero.
Usopp, ante la desconfianza de sus compañeros, mostró en su rostro su enfado.
- ¿Acaso tenemos otra opción? ¡Tenemos que llevar a Luffy al barco rápidamente!
- Puedo llevarles en el Waver – sugirió Nami, volviéndose a mirar al renito, quien se acercaba a ellos cargando a Luffy en su Heavy Point.
- Tardaremos demasiado con el Waver. Nuestra única opción es esta – dijo apesadumbrado… no le apetecía para nada probar el invento de Usopp.
El narigudo sonrió ante el comentario del renito, dando un grito de alegría y corriendo hacia la verja, donde comenzó a atar los extremos de la goma.
- Isha-san… ¿estás seguro de que no hay otra opción? – preguntó en un susurro la morena, preocupada.
Chopper se estremeció sin contestar… deseaba que hubiera otra opción.
Un minuto más tarde, Usopp luchaba por estirar la goma todo lo que podía. Cuando la goma estuvo lo suficientemente estirada, la sujetó con un clavo gigante al suelo.
- ¡Venga, Chopper! ¡Siéntate en ella!
Temblando, el renito asintió mientras avanzaba lentamente hacia la goma. Al llegar a ella, se sentó, abrazando con fuerza a su capitán para protegerle de lo que estaba a punto de suceder.
Usopp se volvió hacia sus nakamas. - ¿Alguien más quiere subir? Pueden ir más personas.
"¿Por qué no montas tú?", maldijeron en sus pensamientos todos mientras miraban con desconfianza al tirador.
Sin embargo, soltando un suspiro de resignación, Sanji comenzó a avanzar. – Yo iré – dijo mientras se sentaba al lado de Chopper, quien le dirigió una mirada asustada. Sanji sentía que debía ir con el renito… seguramente necesitaría ayuda, tanto durante el vuelo como en el aterrizaje.
Usopp asintió, sonriente. - ¿Alguien más?
Nadie se movió. ¿Quién, en sus cabales, querría probar ese descabellado invento?
Sin embargo, una sombra avanzó hacia la goma. Y todos pensaron que era una sombra porque un aura gris recubría al espadachín, preocupando de sobremanera a sus compañeros, que no se atrevieron a dirigirle ni una palabra de consuelo. Usopp, feliz porque el espadachín se atreviera a montar en el kuwagata, asintió ante su avance, aunque la sonrisa de su rostro titubeó en sus labios a causa de sombrío e intimidante rostro del espadachín.
Zoro en ningún momento había apartado la vista de Luffy, observado cómo Chopper luchaba con todas sus fuerzas por frenar la hemorragia. No era capaz de pensar en nada más que en toda la sangre que su capitán no dejaba de derramar. Una parte de él se sentía culpable y aterrado, a pesar de que la otra parte le decía que el corte había sido necesario. Sin embargo, cuando el renito transformado en hombre había cargado el cuerpo de su capitán entre sus brazos, el espadachín reaccionó y consiguió ver qué era lo que pasaba a su alrededor. Chopper se había montado en una extraña goma gigante, supuso que algún otro de los extraños inventos de Usopp, y el cocinero había aceptado ir también con él. Automáticamente, los pies de Zoro habían comenzado a moverse en esa dirección. Él no quería ir, no soportaba ver a su capitán en ese estado. Pero debía ir, su corazón se lo decía.
Cuando llegó a la goma se sentó al otro lado de Chopper, sin mirar nada más que el poco cuerpo de su capitán que el abrazo de Chopper le permitía ver. Sanji se fijó en el rostro del espadachín, reprimiendo sus ganas de encender otro cigarrillo. "Deja de culparte, idiota. Te necesitaremos despierto", gruñó dentro de sí.
- ¿Estáis listos? – preguntó el narigudo, ilusionado.
Ninguno respondió. O guardaban silencio, o decían que no.
De repente, Usopp soltó la goma del clavo, provocando que los cuatro fueran catapultados a gran velocidad a través del cielo nocturno. Los que quedaron en los laboratorios miraron cómo sus nakamas se iban transformando en pequeños puntos hasta desaparecer en la oscuridad… escuchando cómo sus gritos iban siendo absorbidos por el silencio de la noche.
Brook comenzó a tararear un suave réquiem en su honor, mientras los demás formulaban despedidas en sus pensamientos, recordando su atrevido valor.
Sanji rodó con violencia sobre el suelo de la cubierta del Sunny, luchando por incorporarse con rapidez. Cuando fue capaz de ponerse en pie y mantener el equilibrio, corrió hacia Chopper, que estaba hecho una bola protegiendo el cuerpo de Luffy. Sanji, asustado, se agachó a su lado, zarandeando con suavidad al renito.
- Chopper, ¿estás vivo? – preguntó preocupado.
El renito se removió mientras alzaba su rostro. – Creo… que sí.
- Maldito Usopp – gruñó Sanji, realmente no había esperado salir bien de ese viaje aéreo. Cuando Chopper se incorporó un poco más, vio el cuerpo de Luffy tumbado sobre la cubierta, bajo el cuerpo del renito. - ¿Está bien? – preguntó preocupado por la extrema palidez del pequeño y por la venda de su brazo, que continuaba llenándose de sangre.
Chopper titubeó.- Creo que sí, pero necesita una trasfusión de sangre urgente. Tengo que llevarle a la enfermería.
Sin embargo, cuando el reno intentó incorporarse, no fue capaz de sostenerse en pie, y si no hubiera sido por el agarre de Sanji habría acabado estrellado contra el suelo.
- Siéntate un segundo, Chopper. Yo llevaré a Luffy a la enfermería.
El renito, contrariado, se dio cuenta de que en su estado no podría hacer nada por Luffy. El viaje le había mareado bastante, y no era capaz de mantener el equilibrio. Volviendo a su forma pequeña, se sentó un segundo en el suelo, aspirando grandes bocanadas de aire.
Sanji se agachó al lado de Luffy, agarrando con suavidad su brazo, examinando su corte. "No tiene buena pinta…", aunque en menor medida, veía cómo la sangre seguía comiéndole terreno a la blancura de la venda. "Tenemos que frenar su hemorragia ya". Decidido a cargarlo en brazos, Sanji comenzó a pasar sus manos bajo la espalda del pequeño. Sin embargo, una mano agarró su hombro, deteniendo su movimiento. Sanji se giró hacia atrás para observar el serio rostro del espadachín.
- Yo lo llevo – dijo Zoro en un tono seco y autoritario. Sanji no tenía intención de negarse, no intuyendo lo que ese espadachín sentía por su capitán. Apartándose a un lado, observó cómo Zoro cargaba a Luffy con infinito cuidado, pasando los brazos del pequeño alrededor de su cuello y situando su cabeza en la hendidura de su hombro. Manteniendo a Luffy bien sujeto y seguro entre sus brazos, Zoro comenzó a caminar hacia la cocina, entrando en ella. Con un suspiro, Sanji se agachó junto a Chopper y lo cargó en sus hombros ante la sorpresa del pequeño, quien no se quejó por ese gesto. Necesitaba atender a Luffy urgentemente.
Zoro entró en la enfermería y depositó con mucho cuidado el frio cuerpo de su capitán sobre la cama. Aprovechando el momento de intimidad que tenía con Luffy, posó su mano en la frente del pequeño, acariciando con suavidad su cabello. Fijó su vista en el rostro del moreno, observando con dolor la palidez que, desde hacía unos minutos, lo caracterizaba. Tembloroso, Zoro deslizó la mano desde la frente hasta el pecho del pequeño, apretando con suavidad la zona en la que estaba su corazón. Zoro suspiró con tristeza, el corazón de Luffy seguía latiendo… pero demasiado despacio. Mil temores acudieron a la mente del espadachín. Si Luffy no salía de esa, entonces… "será mi culpa", repitió en su cabeza una y otra vez hasta que notó un extraño picor en sus ojos. "¿Lágrimas?", no. Él no lloraba. Aun cuando quería llorar, Zoro no lloraba. Y no iba a llorar en ese momento, Luffy no se lo habría permitido.
Cuando sintió unos pasos que se acercaban, Zoro se alejó del cuerpo de su capitán, apoyándose en la mesa que Chopper utilizaba para su estudio. Su vista viajó del lugar donde segundos antes había estado su mano hasta el lugar donde minutos antes había clavado su espada. Zoro podía ver el abultado vendaje que cubría el corte, insuficiente para detener el lento avance de la sangre del pequeño. Apretó sus puños… "¿esta situación es mi culpa?"
Al entrar en la enfermería, Sanji bajó al renito, quien corrió hacia la cama, subiéndose a una silla y comenzando a examinar el cuerpo de Luffy. Sanji se quedó al lado de la puerta, alternando miradas entre Chopper, Zoro y Luffy. Finalmente se decantó por fijar su vista en el espadachín. Era la primera vez que veía a Zoro expresar con tanta facilidad sus sentimientos… y al cocinero no le agradaba. Su cara irradiaba preocupación, miedo y dolor, y su cuerpo se estremecía de impotencia. Sanji suspiró en silencio. "No esperaba que supieras lo que era sentir". Desvió su vista hacia el renito, quien comprobaba con atención el pulso del pequeño. Instantes después, Chopper se giró hacia sus nakamas.
- Necesito que salgáis de aquí. Puedo parar la hemorragia de Luffy y realizar una transfusión, pero necesitaré tiempo y prefiero estar solo.
Sanji asintió levemente, pero no salió de la habitación, esperando algún movimiento por parte del peliverde. Sin embargo, el espadachín no pareció reaccionar ante esas palabras, sus ojos no podían apartarse del brazo del pequeño. Chopper se volvió entonces hacia el espadachín, mirándole con ojos suplicantes.
- Por favor, Zoro. Necesito que salg…
- Chopper – murmuró el espadachín con voz ronca, sorprendiendo tanto al médico como al cocinero. - ¿Hice algo mal?
Chopper abrió los ojos, sorprendido. No entendía la pregunta que le hacía el peliverde. Sanji se llevó una mano a la cabeza, rascándola con fuerza y con frustración.
- Deja de culparte, estúpido espadachín – gruñó enfadado. – No sé qué ha pasado, pero si de algo estoy seguro es de que tú no le harían daño a Luffy. Si le cortaste es porque era necesario, así que ahora no te arrepientas.
Zoro frunció el ceño ante el comentario del rubio, dirigiéndole una mirada fría. Sin embargo, gracias a las palabras de Sanji, Chopper comprendió la pregunta de Zoro. Sonriendo, llamó al espadachín.
- No hiciste nada mal, Zoro. Si no hubiera sido por ti, Luffy habría muerto por culpa del kairoseki. El problema… - la sonrisa de Chopper se desvaneció - … es que no sólo inyectaron kairoseki en su sangre. También introdujeron un anticoagulante bastante potente.
Zoro abrió los ojos sorprendido, sin ser capaz de elaborar ningún pensamiento coherente. Ante la expresión del espadachín, Chopper le miró extrañado.
- ¿No escuchaste las palabras de ese marine?
Zoro retrocedió en el tiempo, intentando averiguar a qué se refería Chopper, pero fue inútil. No había escuchado nada de lo que hubieran dicho en la base desde el momento en que tuvo que cortar al pequeño.
Un poco aliviado al ver que el espadachín parecía recuperarse, Sanji sonrió y salió de la enfermería. Segundos más tarde, Zoro le siguió, cerrando la puerta tras él. Sanji, desde detrás de la barra de la cocina, observó cómo Zoro avanzaba hacia la puerta sin dirigirle ni una mirada. Con la sonrisa aún en sus labios, Sanji alzó su voz.
- ¡Oe, espadachín apestoso! – Zoro se volvió hacia él con cara de pocos amigos. El cocinero se agachó y rebuscó en uno de los cajones hasta que consiguió encontrar lo que quería. Mirando con sarcasmo al espadachín, le lanzó una botella de cristal. Zoro, sorprendido, consiguió agarrar la botella y observarla con asombro. – Un regalo. Lo tenía guardado para alguna ocasión especial, pero creo que en estos momentos lo necesitas. Sólo ve a darte un baño antes de abrirlo, tus pintas son lamentables.
La sorpresa de Zoro se amplificó y se mezcló con la incredulidad, mirando con ojos muy abiertos al cocinero, que reprimía las ganas de comenzar a reírse.
- No te preocupes, ya me lo pagarás.
Con una media sonrisa en la cara, Zoro continuó su camino hacia la puerta, sujetando con fuerza la botella de sake entre sus manos.
- Gracias, maldito cocinero – dijo divertido antes de abandonar la estancia.
Nami y Robin fueron las primeras en llegar al Sunny, pues ambas iban montadas en el Waver. Tras guardar el Waver en su compuerta correspondiente, ambas comenzaron a subir apresuradas hacia la cubierta. Cuando llegaron a ella, se dirigieron directamente a la cocina. Al abrir la puerta de golpe, se encontraron con un sorprendido cocinero que no se esperaba esa intromisión.
- ¿Estáis todos bien? – preguntó Nami, preocupada. No confiaba absolutamente nada en el invento de Usopp
- ¡NAMI-SWAAAAAAAAAAAAAAAAN, ROBIN-CHWAAAAAAAAAAAAAN! ¿ESTABAIS PREOCUPADAS POR MÍ, MIS DULCES Y GRÁCILES FLORES? – Sanji se acercó bailando a ellas, mostrando corazoncitos tanto en sus ojos como con sus manos.
Nami suspiró y empujó levemente al cocinero para acercarse y sentarse en la mesa del comedor. Robin, sonriendo, la siguió y se sentó a su lado.
- ¿Cómo está Luffy?
Sanji, dejando de bailar, se dirigió a la cocina con semblante serio para preparar un aperitivo para ambas chicas.
- No lo sé, Chopper está en la enfermería con él. Aseguró que podía detener su hemorragia y realizarle una transfusión, pero desde entonces no ha dicho nada más.
Nami agachó la mirada, preocupada. Robin también borró la sonrisa de su cara, lanzando cortas miradas hacia la puerta de la enfermería.
Tras acabar con los aperitivos, Sanji se acercó a la mesa y los sirvió, encendiéndose un cigarro. Comenzando a comer, Nami recordó de improvisto la expedición que sus nakamas habían hecho por los laboratorios.
- ¿Encontrasteis cola suficiente en la base? – preguntó curiosa. No recordaba haber visto a Franky cargar con ningún barril.
Tanto Robin como Sanji sonrieron en silencio, sin contestarle, lo que aumentó la frustración y la curiosidad de la pelirroja.
- ¿No encontrasteis cola allí? – volvió a preguntar, viendo molesta cómo las sonrisas de sus acompañantes se ampliaban.
Nami estaba a punto de replicar de nuevo cuando la morena comenzó a moverse a su lado, rebuscando en uno de los bolsillos de su chaqueta. Cuando dio con lo que buscaba, Robin situó delante de la pelirroja una pequeña esfera. Impresionada por lo que veían sus ojos, Nami pegó un bote en su asiento, llevando una mano a su boca para reprimir un jadeo de sorpresa.
- Creo, Koukai-san, que hemos encontrado algo mucho mejor.
Acercando su mano a esa pequeña esfera muy despacio, la pelirroja alcanzó a cogerla. Desplazándola hasta situarla justo frente a sus ojos, la examinó con cuidado. Era una esfera hecha con un grueso cristal y encerrada en una estructura metálica y cúbica hecha con un brillante metal negro. Nami adivinó que ese metal era kairoseki. En la parte superior del cubo, pudo leer el nombre de una isla: Shourishima.
- Un Eternal Pose… - la felicidad que recorría todo el cuerpo de la pelirroja en ese momento era tanta que no se sentía capaz de expresarla por completo.
Robin sonrió ante la expresión de la navegante. – Sí, un Eternal Pose que curiosamente apunta hacia el oeste.
Nami quería gritar. ¡Con eso podrían navegar con toda seguridad hacia la otra isla! ¡Por fin podrían salir de allí! Sin embargo, había mil preguntas que rondaban por su cabeza en ese momento. Intentando expresarlas, fijó sus muy abiertos ojos en una divertida morena, e intentó que las palabras salieran de su boca, pero no conseguía ordenar sus pensamientos. Riendo levemente, Robin comenzó a hablar por su cuenta.
- La antena anula los campos magnéticos para todos los Log Pose, Koukai-san. Pero la Marina traslada esas armas a otras islas, así que tenía que existir algún método por el que pudieran navegar. Según leí en uno de las investigaciones que encontré en la biblioteca, para lograrlo tenían dos opciones. La primera era muy arriesgada, consistía en desactivar la antena durante la semana que tarda el Log Pose en captar un campo magnético… pero claro, no sólo sus Log Pose encontrarían el campo de esa isla, todos los piratas que pasaran por ahí en esa semana podrían desembarcar en ella.
Robin hizo una pausa mientras veía cómo la pelirroja asimilaba la información sin borrar el asombro de su cara.
- Por tanto, buscaron otro método, basado en los Eternal Pose. Sin embargo, la antena también provocaba que los Eternal Pose perdieran la señal de la isla a la que estaban asociados… por lo que mantuvieron ese dilema durante varios meses, hasta que una pequeña catástrofe lo resolvió.
Haciendo una de sus queridas pausas dramáticas, Robin tomó otro bocado del aperitivo que Sanji le había dado.
- Una vez, hubo un derrumbamiento dentro de la mina de kairoseki. Numerosos trabajadores se quedaron encerrados en ella, y varios de ellos murieron ahí dentro. Cuando consiguieron sacarlos de ahí habían pasado ya 10 días. Uno de los científicos que participó en el rescate se encontró con un trabajador que llevaba un Log Pose en su muñeca. Y, curiosamente, el Log Pose estaba cargado, señalando la siguiente isla. Asombrado, ese científico comenzó a investigar sobre el kairoseki y su función como aislante de ondas electromagnéticas. Y, asombrado, comprobó que un Log Pose protegido por una caja de kairoseki durante una semana conseguía cargar el campo magnético de la isla… aunque al sacarlo de la caja volvía a perderlo. Sin embargo, ya había descubierto lo más importante para solucionar los problemas de navegación. Fue poco el tiempo que necesitaron para elaborar un vidrio especial que contiene partículas de kairoseki. Y así consiguieron fabricar Eternal Pose que, aún con la antena activa, no perdieran la señal de las islas.
Nami no cabía en sí del asombro. Cuando consiguió almacenar toda esa información en su cabeza, se abalanzó sobre la morena, riendo con grandes carcajadas mientras la abrazaba con fuerza. Robin, al principio sorprendida, acabó correspondiendo ese abrazo. Por su parte, Sanji apagó el cigarrillo casi consumido y sonrió con alivio. Después de los horribles últimos días que había pasado la pelirroja, por fin podía volver a reír con sinceridad.
Ya amanecía cuando los Mugiwara consiguieron trasladar al Sunny todo lo que habían llevado a la playa. En ese momento, todos estaban reunidos en la cocina, conversando sobre temas triviales mientras no apartaban sus ojos en ningún momento de la enfermería. Chopper aún no había salido de ahí ni una sola vez. Llevaba horas encerrado, atendiendo a su capitán. Y a esas alturas todos comenzaban a preocuparse por su tardanza.
Sin embargo, había un gran ausente en la cocina. Zoro no había vuelto a entrar en ella desde que la había abandonado horas antes. Después de bañarse y quitarse la ropa de la batalla, Zoro había subido al mirador y se había encerrado allí, sin querer ver a nadie. Todos estaban preocupados por el espadachín, sabían perfectamente que lo que había hecho para salvar a su capitán había sido demasiado duro para él, pero nadie tenía fuerzas suficientes para intentar apoyarle.
De repente, la puerta de la enfermería se abrió, dejando paso a un muy cansado renito que luchaba por mantener sus ojos abierto.
- Lo he… conseguido – dijo con voz entrecortada. Hacía tiempo que no tenía que atender una situación tan grave, y junto con el cansancio de la batalla que acababa de luchar, había sido demasiado para su pequeño cuerpo.
Las sonrisas, las risas y los suspiros de alivio invadieron la sala. ¡Luffy estaba bien! Y por fin todos pudieron relajar sus cuerpos y olvidar todos sus miedos y preocupaciones.
- ¿Podemos verlo, Chopper? – preguntó Nami, sonriendo feliz.
- Es mejor dejarle descansar. Aunque he estabilizado su situación y la transfusión ha sido exitosa, necesita dormir. Fue mucha la sangre que perdió… - concluyó con un murmullo. – Sin embargo – volvió a alzar la voz, mirando a sus nakamas -, me gustaría que alguien me ayudara a cuidarlo… necesito dormir un rato… - Chopper cabeceó levemente ante la sonrisa divertida de sus nakamas. Realmente ese renito se había esforzado mucho para salvar a su capitán.
Adelantándose a los numerosos voluntarios que estuvieron a punto de alzar sus manos, Sanji dijo en voz alta.
- El marimo lo cuidará.
Todos se volvieron hacia él, sorprendidos. Especialmente Nami y Robin, que no comprendían a qué venía ese comentario por parte del rubio. "Acaso… ¿lo sabe?", intercambiaron miradas cómplices, volviendo a mirar al cocinero con curiosidad.
- ¿Estás seguro, Sanji? – preguntó Franky. El cocinero se limitó a asentir mientras se dirigía hacia la puerta de la cocina.
- Iré a avisarle – dijo antes de cerrar la puerta tras de sí.
Durante unos segundos, todos se quedaron observando la puerta, extrañados por lo que acababa de pasar. Sin embargo, Nami reaccionó antes que los demás. "Será mejor que los saque de aquí antes de que Zoro baje", estaba segura de que a Zoro no le apetecía nada estar rodeado de tanta gente en ese momento. Levantándose de su asiento, Nami llamó a sus nakamas.
- Chicos, deberíamos ir a dormir. Todos estamos cansados, y hasta mañana no podremos partir. Al fin y al cabo, aunque ahora ya tengamos un Eternal Pose, el viento seguirá soplando en dirección contraria a la isla. En cuanto cambie su dirección, zarparemos.
Todos asintieron al comentario de la pelirroja, y uno por uno fueron abandonando la cocina, hasta que en ella sólo quedaron Nami y Robin, quienes se miraron sonrientes.
- ¿Crees que Sanji se ha dado cuenta?
- Posiblemente, Koukai-san. Al fin y al cabo, a Cook-san se le da bien este tema.
Riendo con suavidad, ambas salieron de la cocina, dirigiéndose a su dormitorio.
- ¡OOOOOOOOOOOOE MARIMO! – Zoro se acercó a una de las ventanas que daban a la cubierta, gruñendo por la llamada del rubio, quien estaba de pie en la cubierta agitando los brazos en su dirección. - ¡LUFFY YA ESTÁ ESTABLE! – Zoro abrió los ojos, sorprendido, mientras su interior comenzaba a vibrar esperanzado. - ¡TE TOCA CUIDARLO A TI, CHOPPER HA IDO A DORMIR! – Zoro abrió aún más los ojos. ¿Por qué le tocaba cuidar a Luffy si él no estaba en la cocina?
Observando cómo el cocinero se dirigía hacia la habitación de los chicos, Zoro bebió el poco sake que quedaba en su botella. Minutos más tarde, todos sus nakamas abandonaron la cocina en dirección a los dormitorios. Resignado, Zoro se levantó de los sillones, dejando la botella vacía apoyada en uno de ellos, y comenzó a descender del mirador.
Una vez posó sus pies en la cubierta, dirigió una mirada al sol que comenzaba a salir por el horizonte. Y sonrió. Después de todo, Luffy estaba bien.
¡KUWAGATA! ¿Sabéis que es? Es uno de los inventos de Usopp que utilizan en el videojuego OP: Unlimited Cruise 2, y algo dentro de mí me dijo en el capítulo "Temores" que debía añadirlo... ¿os fijasteis en ese detalle? Se me olvidó mencionarlo en ese capítulo xDD, pero cuando Franky pregunta a Usopp que está fabricando detrás de las cabañas, Usopp comienza a decir: KUWAG..., pero es interrumpido y no termina la frase xD Bueno, parece que en mi interior algo me decía que Chopper iba a necesitar llegar rápido al barco, incluso a 5 capítulos de haber empezado a escribir el Fic xD Por eso lo incluí.
En sí, el artefacto consiste en una goma gigante que catapulta a los personajes desde determinados puntos de las islas hasta el barco. Por eso, no os preguntéis cómo es posible que Sanji, Zoro, Chopper y Luffy aterrizaran en el barco, es la magia de One Piece xDD
