Ch. 3 - El incidente

Las primeras semanas de curso habían pasado como un rayo. Las presentaciones, las primeras tareas, el perderse mil veces entre clase y clase.. todo eso había ayudado a Sakura a mantener su cerebrito ocupado y no pensar en tonterías. Tal y como se temía, Tomoyo se había pegado a ella y ahora eran algo así como amigas. Comían juntas y por las noches, ella obligaba a Sakura a salir y relacionarse, o simplemente quedarse en la sala común tomando algo calentito y escuchando las historias de Tomoyo. Sakura se preguntaba cuánto duraría esta amistad, las dos se llevaban bien, pero era obvio que Tomoyo, en poco tiempo, sería de esas personas populares a las que todo el mundo aspira a parecerse, de hecho, dos de esas hermandades de niñas ricas petulantes ya estaban tras ella para que se les uniese. Tomoyo, por ahora, no daba signos de estar interesada, pero suponía que solo esperaba una oferta mejor. Al fin y al cabo, cualquier oferta sería mejor que Sakura Kinomoto.

En cuanto a las clases todo iba según lo esperado, mucho volumen de trabajo desde el principio, pero sin mayores complicaciones. Todos los compañeros que había conocido hasta ahora resultaron ser gente muy simpática. Ninguno especialmente activo socialmente, pero eso también era de esperar. Li había cumplido su palabra y el día siguiente a la fiesta, le llevó seis archivadores gigantes llenos de apuntes y trabajos. Esto la asustó bastante, pero cuando empezó a echarle un vistazo comprobó que todo estaba perfectamente organizado y que sería extremadamente útil. Quiso invitarle a una taza de café para agradecérselo, pero él dijo que tenía cosas que hacer esa misma tarde y que en otro momento mejor. Y así hasta hoy. De eso hacía ya casi cinco semanas y ni siquiera lo había vuelto a ver. Sabía que estaba vivo porque a veces escuchaba la puerta de su habitación. De hecho, escuchaba gente llamando a la puerta MUY a menudo. Quería pensar que no eran solo chicas que requerían de sus ''servicios'', porque en ese caso a lo mejor tenía algún tipo de problema o adicción al sexo.

Era medio día del viernes y como cada viernes, no había tenido ninguna clase, así que estaba tirada en su cama haciendo notas mentales sobre todo lo que le quedaba por hacer, pero sin hacer nada. Tomoyo le había hecho prometer que hasta que las cosas se pusieran serias en cuanto a exámenes y trabajos, los viernes serían solo de descanso, lo cual le venía bastante bien para no volverse loca. Pensando en todas estas cosas, y como si de alguna manera lo hubiera invocado, escuchó a Li abriendo la puerta de su cuarto y entrando. Se preguntó si sería una gran molestia para él el ir a visitarlo y charlar un poco, al fin y al cabo, le había asegurado mil veces que su puerta estaba abierta para ella, lo cual la hacía sentirse, de alguna forma, un poco especial. Se levantó de la cama, se puso algo más apropiado que su pijama de gatitos y salió a la cocina común a preparar un poco de té para llevarle una taza. Cuando se encontró frente a su puerta, dio unos golpecitos con el pie y esperó. Desde fuera escuchó como refunfuñaba, quizás no había sido la idea más brillante. Entonces la puerta se abrió.

- Ho-hola

Él parpadeó un par de veces como si no la reconociese. Genial, no hay nada más humillante que tener que identificarte a ti mismo frente a alguien que no se acuerda de ti. Cuando estaba por darse la vuelta y fingir que se había equivocado de habitación, Li por fin habló.

- Vaya Kinomoto, qué sorpresa – nunca se había alegrado tanto de que alguien se acordara de ella - ¿qué necesitas?

- Nada, solo.. no sé, estaba pensando y.. bueno, hace ya más de un mes desde la última vez que supe de ti y me-me parece una vergüenza que siendo vecinos pase tanto tiempo...

- Espera, ¿ha pasado un mes? - la interrumpió él

- Si, cinco semanas, exactamente..

- ¿Cinco semanas? Dios. - de repente pareció percatarse de que aun estaban fuera – Oh lo siento, pasa Kinomoto, entra.

La chica le hizo caso y entró con una taza de té en cada mano. Para su sorpresa, aquella habitación era mucho más grande que la suya. A parte de la cama, que también era más grande, había un sofá, una mesa con sillas y una pequeña cocina.

- Te he traído una taza de té

Él se acercó y cogió la taza de manos de ella

- Gracias, eres un cielo. Vamos al sofá.

Los dos tomaron asiento y Sakura empezó a pensar en lo mala idea que había sido aquello. Parecía que había olvidado lo atractivo que era, maldita sea, no se le ocurría de qué hablar. Le pasaba lo mismo que a todos los adolescentes de 13 años, se quedaba sin habla y todo lo que podía decir eran chorradas frente a un chico guapo.

- Bueno, qué habitación más grande – por favor.

- Si, es agradable, pero estoy casi seguro de que no compensa

- ¿No compensa? ¿A qué te refieres?

- Pues a ver, hasta el año pasado yo vivía con todos los demás en Cotting House, pero este año me ofrecieron el puesto de hermano mayor y acepté

- ¿Hermano mayor? - qué perdida estaba

- Si, es como lo llama Eriol. Cada año, y en cada residencia, nombran a un estudiante que lleve aquí más de tres años para que ''coordine'' y asesore a todos los nuevos. Creí que sería divertido, tener algo de responsabilidad, una habitación más grande, y más limpia, todo hay que decirlo, vivir con gente nueva... pero es un horror, cada día al menos veinte personas llaman a esa puerta a preguntarme cosas que, o bien no tienen nada que ver con lo que se supone que yo tengo que hacer, o bien podrían resolverlas ellos mismos si prestaran un poco de atención a su camino. Es un poco desesperante.

- Vaya, no tenía ni idea – así que por eso su puerta siempre estaría abierta ¿no? Vaya decepción. - Pero suena agotador, ¿por eso estabas tan sorprendido cuando te he dicho que han pasado ya cinco semanas?

- Exacto, para mi aún parece que fue ayer cuando te pusiste a llorar como un bebé en medio del campus

Su sonrisa divertida no hizo más que empeorar su sonrojo, ¿por qué tenía que mencionar precisamente esa parte de la noche? ¿no intuía que era ya lo suficientemente humillante el saber que pasó?

(N/A: Un review hace feliz a un gatito)

Él rió un poco y siguió hablando.

- Fíjate si estoy estresado que aquella fue la última fiesta a la que fui. Los últimos fines he estado quedándome en la biblioteca, excepto la semana pasada que fui con Eriol a su casa de la playa.

- Si lo hubiera sabido no habría venido a molestarte, lo siento mucho

Él la miró como si hubiera dicho algo en otro idioma desconocido.

- ¿Pero qué dices? No me molestas, en absoluto, estoy encantado de que alguien venga y no sea para pedirme algo. - suspiró y dio un sorbo a su taza de té – En fin, cuéntame cómo está yendo todo para ti, aunque socialmente ya he visto que muy bien.

- ¿A qué te refieres, Li?

- Pues me refiero a tu popularidad, Kinomoto

- Yo no tengo de eso, me estás confundiendo con Tomoyo. Yo solo voy a fiestas arrastrada por ella y el resto del tiempo he estado en clase y estudiando. Lo malo de tener una amiga tan guapa es que vayas donde vayas nadie te mira.

Vaya, veo que sigues con eso – la miró con cara de no entender muy bien qué pasaba por la cabeza de la chica – verás Kinomoto, cuando he dicho que estaba harto de gente que venía a pedirme cosas que no tenían nada que ver con mi ''labor'', me refería concretamente a los tres últimos tíos que vinieron a pedirme tu número después de la fiesta del sábado. No sé qué harías, pero el caso es que me llegaron a ofrecer dinero por tu número. Uno se puso tan pesado que casi le digo que eras la de la habitación de al lado.

Todo eso la estaba pillando MUY de sorpresa. ¿Gente preguntando por ella? ¿Por su número? ¿Hombres? Eso no podía ser verdad.

- Pe-pero eso es imposible

- ¿Por qué? Eres simpática y graciosa a tu manera, y además eres bastante guapa, ¿por qué iba a ser imposible? - ¿por qué tenía esa facilidad para decirle ese tipo de cosas y hacer que se sonrojara como una idiota? - Y ¿por qué tenemos que hablarlo otra vez? Lo que si me da curiosidad es saber qué hiciste para que fuera precisamente después de esa fiesta cuando empezaron a interesarse por ti, ¿me lo cuentas?

Bien, si resultaba ser verdad, era curioso, porque ella no recordaba haber hecho nada en especial. No recordaba nada, en general. Tomoyo había llegado esa tarde a su habitación con una botella de nosequé que le había traído su madre desde Tailandia, y cuando se dieron cuenta, se la habían terminado entre las dos. Fueron a una fiesta en alguna casa de hermandad, pero después de la entrada, no recordaba mucho. Estaba tranquila porque Tomoyo había estado todo el tiempo con ella y le dijo que no había pasado nada raro, pero ahora empezaba a pensar que no le había dicho toda la verdad.

- Yo no hice nada... creo

- ¿Crees? ¿Cómo es eso?

- Pues verás... antes de ir a la fiesta creo que bebí un poco de más, así que no me acuerdo de nada – agachó la cabeza sonrojada, eso no era el tipo de cosas que ella hacía

- Vaya vaya, la única vez que te he visto en una fiesta a los diez minutos ya querías irte a estudiar, y ahora fíjate

Él reía entre dientes con esa risa tan masculina que tenía. La verdad es que era MUY guapo, y eso no le venía nada bien a ella.

- Deja de reirte de mi, es mi primer año..

- Lo sé Kinomoto, por eso te voy a dar este consejo: haz los amigos que puedas e intenta mantenerlos, porque por alguna razón, si tienes vida social y te relacionas con el resto del campus, no vas a tener amigos en medicina.

- ¿Qué? ¿Por qué?

- Pues no te lo puedo explicar porque es algo que no tiene mucho sentido, pero el 90% de los estudiantes de medicina de esta universidad se niegan a tener una vida fuera de las clases, y si tú no renuncias a ella también, no esperes que sean amables contigo, sobre todo dentro de tu grupo de estudio.

- Pero eso no es justo...

- Lo sé, pero también tienes que entenderlo desde su punto de vista: la mayoría ha trabajado muchísimo para estar aquí, temen que les falles, que vayas a una fiesta y no seas capaz de levantarte por la mañana para hacer un trabajo, que los dejes tirados para irte con una amiga, etc. Pero una vez que se relajen un poco y tú les demuestres lo que vales, te darán un respiro. Va a ser duro, pero seguro que tú puedes con ello.

- ¿Cómo estás tan seguro?

- No lo estoy, solo lo digo para animarte

- ¿Ah?

- Jajaja es broma Kinomoto, relájate

Pasaron un par de horas más hablando sobre los estudios, la vida en el campus, los planes, etc, hasta que llamaron a la puerta y Li se levantó suspirando y deseando que fuera poca cosa. Sakura decidió que era buen momento para marcharse.

(N/A: Un review da de comer a un pajarito abandonado)

Al otro lado del campus, en la casa más ruidosa de todas, Eriol se encontraba al borde de un ataque de nervios. Había salido temprano por la mañana para correr y después ir al gimnasio, y al llegar se encontró su cuarto totalmente patas arriba, como si alguien hubiera entrado a robar.

- ¿Pero qué ha pasado aquí?

Dio unas mil vueltas por toda la habitación comprobando que sus cosas de valor seguían ahí. Debía estar equivocado, pero después de muchas vueltas, lo único que echaba en falta eran unas cinco o seis camisetas que además, recordaba que estaban en el cesto de la ropa usada. No podía ser, ¿quién iba a entrar a su habitación y provocar este desastre solo para llevarse unas camisetas usadas? ¡Era una locura!

- Hey Eriol – Yamazaki llegó a su puerta con una bolsa en la mano – Wow, sabía que eras desordenado, pero esto ya es otra cosa.

- No he sido yo imbécil, alguien ha entrado aquí y se ha llevado... - no podía decir lo que se habían llevado de verdad, nadie le creería – se han llevado mi... mis cosas.- oh genial, mucho más convincente

- Vaya, ¿cómo ha podido pasar esto?

- Pues no lo sé, pero tendré que poner una cerradura

- Amigo, eso va contra nuestra política de puertas abiertas y lo sabes

- ¿Entonces qué hago? ¿Pongo una trampa para ratones?

- Pues no lo sé, pero de todas formas, no sabes si volverá a pasar, ¿por qué iba nadie a robar dos veces a la misma persona?

''Y ¿por qué iba a robar alguien unas camisetas usadas?'' pensó Eriol. Yamazaki se marchó y Eriol empezó a recoger todo lo que había en el suelo. Cuando terminó de levantar los libros que habían dejado caer sobre la almohada encontró un pequeño sobre rosa con las iniciales E.H. Abrió el sobre y lo único que encontró dentro fue una foto de él mismo de espaldas, mirando a Tomoyo bailando encima de una mesa. Debía ser de aquella fiesta en la que se encontró con la chica de las vacaciones y Daidouji. Le dio la vuelta a la foto y por detrás, en una caligrafía muy femenina, pudo leer ''Yo puedo ayudarte''. ¿De qué iba eso?

Shaoran se encontraba en el gran sofá del salón de Cotting House. Tenía una cerveza en la mano y en la otra un mando a distancia con el que no paraba de cambiar de canal.

- Crei que te habías ofrecido a ser hermano mayor para tener tu propia tele – dijo Takashi

- Me estoy escondiendo.

- ¿De qué?

- De mi trabajo. Se supone que hoy debería estar disponible hasta las siete de la tarde, pero no puedo más.

Después de que Kinomoto se marchara, una avalancha de estudiantes habían llamado a su puerta con preguntas tan estúpidas como ''¿Se considera una falta el no devolver los libros de la biblioteca a tiempo?'' ''¿Es legal enrollarse con un profesor?'' ''¿Sabes algo sobre cocina vegetariana? He conocido a una chica...'' y por supuesto, no podía faltar otro ''¿Puedes darme el numero de Sakura Kinomoto?'' ¿Pero qué demonios había hecho esa chica en la fiesta? Lo más raro de toda la tarde fue una chica que llamó a su puerta. Le resultaba extremadamente familiar, no sólo su cara, sino que también su olor. Tenía el pelo muy liso y oscuro, muy japonés, pálida, ojos oscuros, no había nada fuera de lo normal en ella, pero juraría que la conocía de antes. Sólo le preguntó si sabía de alguna tienda cercana donde pudiera comprar plantillas para los zapatos. No tenía ni idea. ¿Por qué no buscaban ese tipo de cosas en internet? Era muy útil.

Cuando el chico de la cocina vegetariana se hubo marchado, Shaoran cogió su chaqueta y salió corriendo de allí antes de que alguien más pudiera preguntarle alguna chorrada.

Así llegó a su antigua casa donde siempre olía igual. A brownies. Hornear brownies no era algo muy masculino, pero resultaron ser algo que une a todo el mundo, nadie dice que no a un brownie, y mucho menos un hombre de verdad. Por eso cada día alguien preparaba los deliciosos pastelitos, eran el símbolo de esa estrambótica familia a la que pertenecían.

- Y ¿por qué no lo dejas? No creo que el Decano pueda odiarte más, de todas formas

- Porque me he comprometido a hacer esto, me sentiría mal si ahora lo dejara.

- Qué gran hombre eres Li, qué gran hombre..

Yamazaki se marchó riendo entre dientes, era obvio que no decía aquello en serio.

Casi como si fuera un relevo, en cuanto Yamazaki salió de la habitación, Hideki, uno de los más viejos miembros de la familia, que llevaba cuatro años en primero de derecho, entró en el salón y su rostro se iluminó al ver a Shaoran.

- Li, hermano, no sabes cómo me alegro de verte.

- ¿Qué le habéis puesto a los brownies?

Hideki rió entre dientes y en un segundo volvió a ponerse serio

- Estaba deseando verte, necesito algo y creo que tú eres la persona perfecta. - hizo una pausa para una sonrisa dramática - Hay una chica, es nueva, solo sé su nombre y si diera la casualidad de que vive en tu residencia, me harías el hombre más feliz del mundo si..

Esto no podía ser verdad.

- No tengo el número de Sakura Kinomoto, lo siento

- Pero la conoces ¿verdad? Eriol me dijo que es tu vecina o algo así...

- ¿No decías que solo sabías su nombre? Por favor, es solo una cría ¿qué demonios pasó en esa fiesta para que todos estéis tan obsesionados con ella?

Hideki suspiró y su cara se convirtió en un poema. Parecía estar sumido en recuerdos sobre algodones de azúcar. Shaoran le dio un codazo y Hideki pareció despertar. Le contó la historia que Tomoyo le contaría poco después a Sakura, pero con bastantes más detalles, obviamente. Shaoran se sintió increíblemente incómodo en ese momento.

- Te lo juro hermano, no he visto nada tan perfecto en mi vida. Era como una de esas películas en las que el protagonista tiene una visión y descubre al amor de su vida o algo así. Increíble. - Hideki suspiró y mirando a todos lados para asegurarse de que estaban solos, sacó su móvil del bolsillo – no debería enseñarte esto, de hecho, ni siquiera debería haberla hecho, pero no me pude resistir...

Shaoran miró la pantalla del pequeño teléfono que le mostraba su amigo. Al principio no daba crédito a lo que veía, pero unos segundos después, empezó a sentir remordimientos por haber visto algo que no debía, pero también sintió algo que no sabía muy bien cómo describir.

- Joder guarda eso, espero que no se lo hayas enseñado a nadie más

- No Shaoran, ¿quién te crees que soy? ¿uno de los gemelos esos de Hokkaido? Por favor..

Shaoran le miró de reojo, aun un poco sonrojado por la foto.

- Bueno, ¿me vas a dar su número de móvil o de habitación?

- Por favor, dejadme todos en paz

Shaoran se levantó negando para si mismo con la cabeza. Esperaba que pronto se les pasara a todos la obsesión con Kinomoto, si bien ahora sabía que tenían motivos de sobra para tener esa obsesión.

Salió de la casa en dirección al bar más cercano. Le vendría bien tomar algo fresquito. Al entrar al bar se cruzó con Daidouji que salía con un montón de bolsas de tiendas de ropa. Cruzaron miradas y cada uno siguió por su camino. Aun le tenía algo de rencor por no haber siquiera recordado su nombre.

(N/A: Un dolar por review?)

Tomoyo había estado toda la mañana de compras. Era un trabajo muy duro, no era una compradora compulsiva, así que para encontrar lo que quería necesitaba mirar TODAS las tiendas. Al final acababa muerta pero satisfecha. Esa noche habían invitado a Sakura y a ella a una fiesta en la casa de las Hermanas nosequé. Sonaba a convento de monjas, pero no, eran las más pijas y populares del campus, todas las chicas aspiraban a entrar a formar parte de esa casa. Todas menos Tomoyo y, según creía ella, Sakura. De todas formas, tampoco quería ser un monstruo gruñón rechazando invitaciones a fiestas, pero no les seguiría el royo. Todas las hermandades para chicas sobre las que había leído algo eran lo más repelente del mundo, no había ninguna que tuviera un programa interesante, porque cosas como ''El sábado de los muffins'' evidentemente no podía interesarle a nadie. Así que al final decidió que no entraría en ninguna, por muy mal que le pareciera eso a su madre, sería independiente.

Llegó al dormitorio de Sakura y sacó la copia de la llave que había hecho sin que Sakura se diera cuenta. No era una espía ni nada de eso, simplemente quería ahorrarle a Sakura la molestia de tener que levantarse siempre para abrirle la puerta, y además también había hecho una copia de la suya para dársela. Abrió la puerta y para su sorpresa encontró a Sakura con la cabeza metida en uno de esos inmensos libros.

- ¿Cómo has entrado? - Sakura habló despacio, como si todavía no estuviera segura de lo que estaba pasando.

- Si, hola a ti también Sakura, estoy bien, gracias – soltó ella irónicamente – no diré nada sobre el hecho de que estés estudiando un viernes, porque después de la fiesta de esta noche dudo que mañana puedas moverte de tu cama.

- ¿Otra fiesta Tomoyo? - Sakura intentó hacer pucheritos para demostrar lo poco que la entusiasmaba la idea.

- ¿Cómo que otra fiesta? no hemos ido a ninguna desde esa en... en aquel sitio. Como sea, no son demasiadas, además, la última vez me consta que te lo pasas MUY bien.

La cara de Sakura se iluminó como si hubiera tenido una idea genial en ese momento y la miró con suspicacia.

- Tomoyo, ¿qué pasó en esa fiesta?

- Nada. - esa respuesta le salió más rápida y menos creíble de lo que había esperado.

Sakura se levantó, cogió un bollo de chocolate de encima de la mesa y se acercó a Tomoyo despacio.

- ¿Qué-qué vas a hacer con eso Sakura? - Tomoyo retrocedió unos pasos al ver que su amiga se acercaba mucho

- Tomoyo, esta es tu falda favorita ¿verdad? - pudo ver el miedo en sus ojos al ver que acababa de dar con su espalda en la pared – Diseño exclusivo, materiales de primera, carísima... sería una pena que alguien aplastara este pequeño bollito, cubierto y relleno con chocolate, en tu preciosa falda...

- ¡Está bien! ¡Para! Te lo contaré

- ¡Sabía que me ocultabas algo! Serás..

Sakura se dio la vuelta, se sentó en su cama y se llevó el bollito de chocolate a la boca.

- Eres el demonio – le dijo con la boca llena de chocolate. La morena aun intentaba buscar alguna diminuta mancha en su falda

- Sakura, lo hice por tu bien. No fue nada grave, pero conociéndote sabía que si te lo contaba no ibas a querer salir más.

- Habla

- Fue una tontería, seguro que nadie se acuerda...

- Tomoyo... - Sakura le enseñó los dedos llenos de chocolate derretido y Tomoyo palideció

- Bueno, estuviste mucho tiempo bailando, con todo el mundo. Llegó un punto en el que decidiste que sería buena idea subirte a una mesa a bailar, cosa de la que te intenté persuadir, pero no hubo manera...

- Ah Dios, ¿me caí de una mesa delante de todo el mundo?

Tomoyo la miró pensando que quizás era mejor hacerle creer que eso fue lo que pasó. Pero decidió contarle la verdad, si ya había descubierto que le ocultaba algo, acabaría descubriendo que eso era mentira.

- No, no fue eso. Estuviste bailando en la mesa y estabas rodeada de un montón de chicos, ninguno hizo nada malo, solo te estaban mirando y animando. De repente paraste diciendo que tenías muchísimo calor, y fue entonces cuando una de esas chicas de último año, que están siempre en Cotting House, cogió una manguera y decidió que necesitabas refrescarte porque ''su amiga una vez tenía mucho calor y al final salió ardiendo''. No me puedo creer que esa chica vaya a terminar una carrera.

- Pero ¿qué tiene eso de..?

- Llevabas un vestido blanco y no llevabas sujetador...

- ¿¡QUÉ!?

Sakura se levantó de un salto y empezó a dar vueltas por la habitación. Tomoyo miraba sin saber si debía decirle algo para que se calmara o mejor debía salir de esa habitación antes de que explotara.

- Si te sirve de algo, no hay fotos...

- ¿De qué me sirve eso? ¡Solo llevo un mes aquí y ya me han visto desnuda cientos de personas! ¿Qué voy a hacer?

- Bueno, técnicamente no estabas desnuda y – la mirada furiosa de Sakura no la dejó terminar la frase.

- Dios mío, tengo que cambiar de Universidad, me voy a otro sitio, lejos de esta ciudad, de este país, tengo que irme a Europa.

- Sakura, relájate. No había cientos de personas, y además nadie hizo fotos, y tampoco estabas desnuda. Ya hace una semana y ni has oído un comentario sobre ello, ¿de qué te preocupas tanto?

(N/A: Tienes sueñooo..te apetece dejar un reviewwww)

Sakura se sentó en el suelo, rascando nerviosamente la moqueta. Tras unos minutos de silencio, finalmente suspiró y se dejó caer de espaldas.

- Esto debe ser lo único bueno de tener compañeros de clase que no van a fiestas..

Tomoyo la miró y sonrió.

- Te he comprado un vestido para esta noche. Y tranquila, es negro.

Sakura volvió a suspirar y miró al techo. Este semestre iba a ser taaaaaan difícil.

Hola! Seré breve ya que he constatado que nadie lee lo que digo aquí jajaja

Sé que no es muy buena historia, o eso me hace pensar los pocos reviews que caen, pero mientras haya alguien con interés por ver cómo sigue, me sentiré con la obligación de actualizar ò.ó

Ah! Y espero que no les haya molestado mi publicidad subliminal! jajaaj

En fin, hasta pronto! :D