Cap. 4

Sakura había accedido a ir a la fiesta de esa noche sólo porque Tomoyo le había prometido que después de esta no irían a ninguna más hasta el mes siguiente. La noche había transcurrido con relativa calma, la fiesta era en otra casa diferente, así que sintió que estaría a salvo de ojos que hubieran visto lo que pasó. Para su sorpresa, había subestimado el número de personas que cabían en una casa, por lo que al llegar sintió que le faltaba el aire al ver a la multitud de personas que iban y venían de una a otra habitación, a más gente, más posibilidades de encontrarse con alguien que la reconociera. Y por supuesto pasó, pero por suerte para ella, los chicos que la recordaban se limitaron a ofrecerle una copa, que Tomoyo rechazó por ella amablemente. ''Nunca aceptes un vaso que no sepas de dónde ha salido'' había dicho Tomoyo muy seriamente. La verdad es que era un consejo bastante sabio. Estuvieron conversando con unas chicas muy agradables, compañeras de clase de Tomoyo. Al poco, las chicas salieron fuera a fumar y Tomoyo la abandonó un momento para ir al baño. Odiaba estar sola en esa clase de situaciones, aunque fuera solo por un segundo. Nunca sabía cómo actuar, claro que tampoco tenía que hacer nada, pero sentía que todo el mundo la miraba y que estaba obligada a actuar de alguna manera en concreto. Andaba en esas de pensar en qué cara debería poner cuando alguien chocó con su espalda.

- Ouch, vaya, lo siento ¿estás bien?

Esa voz se le hacía familiar. Se giró y se encontró con un inesperado torso desnudo bajo una camisa abierta.

- ¡Ah Kinomoto, eres tú!

Siguió mirando lo que tenía delante un poco más, demasiado quizás.

- ¿Estás bien?

- ¿Ah? Oh, si, Li, lo siento. ¿Qué tal? - Su vecino le mostró esa sonrisa tan sincera que tenía, pero había algo más en su cara ¿parecía.. sonrojado?

- No esperaba verte por aquí

- Bueno, Tomoyo puede ser muy convincente...

- Oh ¿está por aquí?

- Vaya, ¿aún sigues con eso? - No entendía cómo ese tema podía tenerle aún tan obsesionado.

- Simplemente no quiero estar ni en la misma órbita que ella, pero no es por eso, es por lo otro.. de lo que hablamos. Si Eriol se enterara, me mataría.

Era curioso lo cómoda que se sentía hablando con él. Podía contar las veces con los dedos de una mano las veces que se habían visto, pero se sentía como si hubieran sido muchas más. ¿Era eso lo que la gente llamaba 'conectar' con alguien? Se preguntó si él se sentiría de la misma manera.

- ¿Quieres salir a tomar un poco el aire? - dijo él

- Claro

Sakura sonrió y se agarró de su camiseta para no perderse entre la multitud mientras salían de ahí. Cometió el error de prestar demasiada atención a su ancha y a simple vista fuerte espalda. Era una de las cosas que más le gustaban en un chico, unos hombros anchos y fuertes, pero claro ¿a quién no? Sacudió la cabeza para alejar esos pensamientos de su cabeza, no podía pensar en él de esa manera, no tenía ningún sentido, él era mayor y estaba claro que ella no era el tipo de chica que interesaba... a nadie, en general, pero menos a chicos como él. ''¿Qué quiere decir 'chicos como él'?'' Su conciencia llevaba unos días un poco rebelde.

Una vez fuera de la casa, Li siguió andando.

- ¿A dónde vamos? - qué poca paciencia tenía.

- Tú sígueme, no seas tan preguntona

Se alejaron unos cincuenta metros de la casa y finalmente él se sentó en un banquito a uno de los lados del camino. Se habían alejado lo suficiente como para darle un respiro a sus oídos de todo el ruido que había en la casa. La noche estaba despejada, hacía frío, pero nada que una chaqueta, como la que ella había olvidado en casa, no pudiera solucionar.

- No sé cómo voy a arreglar lo de Eriol – empezó él mirando al cielo.

- No sé por qué te preocupas tanto, no ha pasado nada todavía, y no creo que vaya a pasar – si lo pensaba un poco, el que se preocupara por no herir los sentimientos de su amigo era sumamente adorable

- ¿Cómo estás tan segura de eso Kinomoto? - su tono tan familiar, a pesar de llamarla por su apellido, la hacía sentir bien

- No lo sabe nadie a parte de Tomoyo, tú y yo – quizás era eso de tener un ''secreto'' en común lo que la hacía sentirse tan cerca, o a lo mejor no – Yo no voy a decir nada, y tú obviamente tampoco, y créeme, Tomoyo no tiene ningún motivo para hablar con él, y mucho menos para contarle eso. Relájate.

Él la miró por unos segundos, chasqueó la lengua y volvió a mirar al cielo.

- No me convences mucho Kinomoto – una gota resbaló por la frente de la chica – Quizás debería contárselo, directamente

- ¡No! No hagas eso, solo conseguirás crear un problema entre vosotros. En serio, no lo hagas.

- Vaya, no parece el tipo de consejo que saldría de ti. - ¿qué quería decir con eso?

Ella lo miró con una ceja levantada y él se lo explicó.

- No sé, pareces del tipo que siempre considera que decir la verdad es la única opción y todo ese rollo de la sinceridad.

- Bueno, en mi familia las cosas funcionan así ¿sabes? Nunca hablamos de las cosas malas, nunca damos malas noticias.

- No suena muy sano

- Lo sé, pero cada familia tiene lo suyo. - vio su semblante aun preocupado y se decidió a contarle algunas anécdotas – Verás, cuando tenía seis años, mis padres me regalaron un hamster por mi cumpleaños y doce años después, Micky sigue en su enorme jaula.

- ¿Doce años? Eso es imposible.

- Lo sé, esa es la gracia, cuando el Micky original murió, mis padres compraron otro idéntico para no tener que decirme que mi ratón había muerto. Y han estado haciendo lo mismo durante doce años, creen que no me doy cuenta...

Lo vio reír suavemente. Las locas historias de su familia eran infalibles.

- Teníamos también un perro, Mario. El pobre murió de viejito mientras yo estaba delante, así que no pudieron hacer nada por mí, pero mi hermano estaba en casa de mis abuelos, así que cuando volvió, mis padres le dijeron que Mario se había enamorado de la perrita de los vecino y los dos se habían fugado juntos. Mi hermano tiene 26 años y sigue creyendo que es verdad.

Ahora era risa de verdad lo que escuchaba por su parte.

- Vaya Kinomoto, ahora entiendo por qué estás tan loca – sonrió, y por esa misma sonrisa no le dio importancia a que la hubiera llamado loca – me has ayudado mucho. ¿Tienes alguna otra historia?

Vaya si tenía. Pasaron como dos horas intercambiando historias y riendo, hasta que él se levantó del banco y se estiró un poco.

- Deberíamos hablar más a menudo, como dijiste, es una vergüenza que estando tan cerca nos veamos tan poco, sobre todo porque... bueno, quizás lo que te voy a decir te parezca una locura pero.. - se inclinó un poco hacia ella y le tendió la mano para que se levantara. - siento que conectamos muy bien

Ella abrió la boca para hablar, sorprendida, pero él no la dejó decir nada.

- Si, ya sé que sólo nos hemos visto cuatro veces, pero no sé, me siento muy cómodo contigo, como si ya nos conociéramos desde hace mucho tiempo

- Es justo lo que estaba pensando antes de salir, te lo juro – dijo ella con una gran sonrisa. Era alentador descubrir que alguien sentía lo mismo que tú.

- Qué curioso – él le acarició un poco la cabeza, como a un gatito y después le agarró la mano para dirigirse de vuelta a la casa.

Tomoyo había salido del baño después de hacer la cola más larga de la historia, y como eso no era lo suficientemente malo, ahora no encontraba a su amiga por ninguna parte. Después de buscarla por un buen rato, decidió darse por vencida y confiar en su capacidad de supervivencia. Se dirigió a una esquina menos abarrotada para buscar su dinero e ir a la barra a pedir alguna bebida.

- Vaya, vaya, si es la Srta. Daidouji – esa voz, ugh – Está usted muy guapa esta noche.

- Piérdete Hiragizawa

- Tan dulce y encantadora como siempre. Dígame, ¿qué hace aquí sola? ¿Dónde está su novia?

- ¿Mi novia?

- Si, la pequeña de ojos verdes que siempre lleva de paseo

Esto era algo nuevo, Hiragizawa siempre había sido un imbécil pero nunca había sido así de borde. Estaría borracho.

- Mira, no sé qué intentas con esto pero me tengo que ir

Estaba a punto de darse la vuelta e irse cuando el chico la acorraló en la esquina. Ella había estado ciertamente lenta, pero es que de ninguna manera se habría esperado esto. Su mayor recurso para dar esquinazo a Eriol siempre había sido el respeto, o más bien miedo, que él parecía tenerle y que era una de las cosas que más odiaba de él, ¿por qué le tenía miedo? ¿qué clase de monstruo creía que era ella? Pero eso no estaba presente hoy, por lo que la cosa le pareció algo interesante.

- Nunca tiene tiempo para mí, Srta. Daidouji, pero si fuera tan amable de darme el número de su secretaria, podría concertar una cita con usted, con antelación, para que así no pase tan fácilmente de mí

- No te gusta que pasen de ti ¿verdad?

Él sonrió al ver que ella por fin parecía prestarle algo de atención.

- Me alegro de que por fin usted se haya dignado a hablarme como a una persona normal. Dígame, ¿es porque encuentra mi tono lo suficientemente educado? ¿o es porque hoy HAS decidido bajarte de TU escoba y venir andando a la fiesta?

Tomoyo abrió la boca para responder a eso, pero no pudo decir nada. Estaba tan sorprendida que no se le ocurría qué decir, ¿la había llamado BRUJA?

- Imbécil

Él se acercó más a ella hasta que su espalda quedó contra la pared y las posibilidades de escapar se redujeron a cero. Contrario a lo que debería ser, el arranque de valor de Eriol le estaba resultando vergonzosamente excitante.

- ¿Eso es todo lo que se te ocurre, Tomoyo? Llevas años llamándome así, tendrás que recurrir a algo nuevo si quieres sorprenderme.

Eso estaba hecho. Tomoyo tiró del cuello de su camisa blanca con una mano y con la otra le quitó las gafas casi de un manotazo. Antes de que Eriol intentara decir nada, ella ya le estaba callando con sus propios labios.

Por muchas veces que se hubiera imaginado besándola, la realidad no tenía nada que ver. Quizás era porque era ella quien lo había besado a él, o quizás era porque la realidad siempre supera a la ficción. Hoy se había acercado a ella sin ningún plan, solo saludar, pero su típica actitud y reacción para/con él le había sentado mal esta vez. Así que a pesar del miedo que siempre le había tenido, se decidió por ser sincero, total, no tenía nada que perder. Lo que no se imaginaba es lo que podía ganar. ¡Y vaya lo que había ganado! Ella seguía tironeando de su camisa mientras lo besaba, como si quisiera que se acercara más, lo cual era ya imposible, y él abría los ojos cada cinco segundos para poder creerselo. No entendía nada de lo que estaba pasando, estaba seguro de que cualquier cosa que dijera lo echaría todo a perder pero también sabía que si no mostraba ni un mínimo de iniciativa, acabaría estropeándolo igualmente. Llevó una mano a su nuca y con la otra rodeó su cintura y la estrechó contra él. Pudo escuchar un pequeño gemido por su parte y eso sonó como el himno de la victoria. Para su desgracia, poco después tuvo que separarse un mínimo de sus labios para respirar.

- Eso ha sido...

- Shhh – le cortó ella.

Eriol la miró a los ojos mientras ella se acercaba para volver a alcanzar sus labios, esta vez para rozarlos suavemente y morderle con ansia contenida el labio inferior. Podría habérselo hecho ahí mismo, rodeados de gente.

- No creo que esto vuelva a pasar – susurró ella en su oído – así que dejémoslo aquí antes de que lo estropees

Le dio una pequeña mordida en el lóbulo y luego se deshizo de él empujándole suavemente. Tres segundos después ya se había perdido entre la multitud, dejando a Eriol con un hormigueo inquietante en todas las partes de su cuerpo que habían estado en contacto con ella.

El domingo por la mañana, como cada domingo después de una fiesta, Shaoran se despertó sin saber muy bien dónde estaba. Abrió un poco los ojos y miró el reloj: las siete de la mañana, todavía podía permitirse unas diez horas más en la cama. Se dio la vuelta sin estar preparado para lo que se iba a encontrar: Sakura estaba acurrucada en el otro extremo de la cama, llevando solo la camisa larga que llevaba ayer. Abrió la boca como para lanzar un grito en silencio y después de comprobar que él aun conservaba los pantalones se relajó y volvió a acomodarse un poco. Siempre le había parecido que eso de mirar a alguien mientras dormía era muy creepy, pero la verdad es que se veía adorable, con esa expresión tan tranquila aparentaba diez años menos. Pero esa apariencia se acababa al mirar un poco más abajo donde su camisa semi-transparente no escondía mucho y después sus piernas... eso le hizo recordar cómo acabaron así anoche

Cuando volvieron a la fiesta, una manada de lobos sedientos de carne fresca, o también conocidos como sus hermanos, se acercaron a él en cuanto olieron a la chica. Decidió que definitivamente no podía dejarla sola ni un minuto después de ver cómo la miraban. Estuvieron bebiendo y bailando hasta que los dos acabaron rendidos en un sofá y Sakura se estaba quedando dormida. Decidieron que era hora de irse y así andaron todo el camino hasta su residencia. Cuando estaban en la puerta de sus respectivas habitaciones, Shaoran le dio un par de palmaditas en la cabeza como despedida, pero notó que Sakura estaba teniendo algunas dificultades para abrir su puerta y esperó.

- Jo ¿qué pasa?

- A ver, déjame intentarlo

Sakura se apoyó en la pared y se dejó caer hasta el suelo en una de sus poses dramáticas

- ¿Cómo pretendo ser médico si no puedo ni abrir una puerta Li?

- En primer lugar, espero que no trabajes borracha. Y en segundo lugar, esta llave no es la de tu puerta

- ¿Qué?

- No entra Kinomoto, estas no son tus llaves

Ella lo miraba desde abajo, pensativa.

- ¡Ay no! - se echó las manos a la cabeza viendo el problema – Tomoyo me pidió prestado mi bolso antes de salir y ella me dejó el suyo, debimos mezclar nuestras llaves al cambiar las cosas. La voy a llamar...

Cogió su móvil y después de cinco minutos de llamada y rellamada, Shaoran le quitó el teléfono y lo apagó.

- ¿Qué haces? ¿Cómo pretendes que entre en mi habitación ahora?

- Está claro que Daidouji no está disponible y me muero de sueño, puedes dormir en mi habitación

Ella seguía mirándolo desde abajo, sopesando su oferta

- ¿Vas a dormir en el sofá?

- No, tú vas a dormir en el sofá y yo en MI cama

- Está bien..

La ayudó a levantarse y tiró de ella hasta el interior de su cuarto. Esperaba que nadie los hubiera visto. Cuando se giró, vio que la chica ya se había tirado de espaldas en la cama y estaba casi dormida.

- Kinomoto, te he dicho que la cama es para mí

- No puedo moverme... - dijo medio dormida

- En serio, yo no voy a dormir en el sofá

- Pues no lo hagas

- Al menos podrías quitarte los zapatos...

Ella lo miró como si no pudiera abrir los ojos de verdad. Él diría que estaba un 30% consciente.

- De verdad que no puedo moverme..

Shaoran suspiró y agarró sus pies para desabrocharle los zapatos. Una vez finalizada la tarea, se quitó su propia camiseta y antes de poder ponerse otra, ella empezó a mover las piernas como si tuviera un gato enganchado en ellas.

- ¿Qué te pasa ahora?

- Ooooodio estos pantalones... casi tengo que untarme en mantequilla para ponérmelos.. ¿te importa? - dijo entre bostezos

¿Le estaba pidiendo que le quitara los pantalones? Sabía que había bebido de más, pero tampoco parecía que tuviera segundas intenciones. Notando un inesperado calor en las mejillas, se acercó a ella y llevó las manos al cierre del pantalón. Pensó que sería por el alcohol, pero la acción de desabotonar aquel pantalón le estaba pareciendo de lo más ¿incómodo? Cuando el botón estuvo libre y la cremallera bajada, intentó tirar de la tela desde los bajos para conseguir sacárselos, pero vaya si eran ajustados, no podía agarrar por ningún sitio.

- Te lo dije... - dijo prácticamente dormida.

¿Cómo no podía darse cuenta de lo inapropiado que era todo eso? Al final optó por agarrar desde la parte de arriba, aunque para eso tuviera que meter un poco las manos por debajo de la tela y rozar su piel que.. por alguna extraña razón, era más suave que cualquier cosa que hubiera tocado en su vida. ¿Por qué tenía pensamientos tan cursis cuando bebía? Cuando por fin se deshizo del maldito pantalón, comprobó con horror que sólo llevaba unas diminutas braguitas de encaje negro, que no cuadraban en absoluto con la pinta de nerd con la que la había visto esa misma mañana, pero que parecían hechas a su medida. Sacudió la cabeza para quitarse las repentinas ganas que le entraron de acariciarla, apagó la luz y se metió en la cama. Kinomoto no era ese tipo de chicas, y habían conectado como hacía tiempo que no lo hacía con nadie, era una candidata perfecta a amiga de verdad y no lo iba a estropear con sus impulsos fruto de la abstinencia de todo este mes, porque tenían que deberse a eso, Kinomoto ni siquiera era su tipo. Pensando en esto, se quedó dormido finalmente.

Así que una vez más, gracias a Daidouji, aunque indirectamente, estaba en una situación incómoda. No sabía cuanto tiempo llevaba mirándola cuando empezó a moverse y a temblar un poco. Siempre hacía más frío a esta hora de la mañana. Se incorporó un poco y agarró la manta que había a los pies de la cama, la arropó a ella con cuidado de no despertarla y luego se acomodó él mismo bajo la tela gruesa y suave. Si iba a vivir una situación incómoda esa mañana, mejor posponerlo y disfrutar las horas de tranquilidad que le quedaban.

Tomoyo despertó fresca como una rosa. Estaba convencida de que las mujeres de su familia poseían un gen anti-resaca, de ahí que en la mayoría de recuerdos de su infancia en los que aparecía su madre, ésta llevara una copa de vino en la mano, pero nunca hubiera tenido ojeras o dolor de cabeza después de una fiesta. La noche había estado a punto de ser un desastre de no ser por su excesiva cautela a la hora de hacer copias de llaves.

Se incorporó en la cama y de repente, el recuerdo de lo acontecido con Eriol la noche anterior la golpeó como una bola de tenis justo en la frente y volvió a caer en la cama ¿cómo había podido pasar eso? Había tomado una mala decisión tras otra desde que había llegado a la universidad, pero esta era sin duda la peor. Estaba segura de que Hiragizawa no podría dejarlo correr sin más, seguro que si abría la puerta de su habitación, se encontraría docenas de ramos de flores a su nombre. Se quitó la almohada que se había puesto en la cabeza y se incorporó decidiendo no pensar más en ello, o al menos no por hoy. Hoy era el día en que la universidad abría sus puertas a los padres de los nuevos alumnos, éstos venían a conocer dónde sus hijos pasaban las horas de estudio y las horas de alcoholismo, causando mientras estragos en la vida social de sus hijos cuando intentaban parecer padres ''enrollados'' al conocer a los amigos. Ya le habían avisado de que el día sería una locura, todo el mundo se volvía loco intentando tenerlo todo lo más limpio y ordenado posible, y que los contenedores de botellas se saturaban de una manera incomprensible.

Esperaba que al menos no vinieran sus dos progenitores, esperaba que al menos uno de ellos estuviera de viaje. De verdad que quería a sus padres, pero... eran un tanto ''especiales''. Cuando recordaba a su madre con una copa de vino no era porque estuviera siempre bebiendo en casa, sino porque siempre había una fiesta en casa. Siempre había algo que celebrar, y si no lo había, hacían una fiesta para celebrar que todo estaba tranquilo. Con una infancia así, ¿quién podía culparla de nada?

Sakura despertó extrañamente bien, parecía que su cuerpo por fin se estaba habituando al efecto del alcohol. Giró la cabeza hacia la mesita para mirar el reloj pero en lugar de eso se encontró con una cara muy conocida.

- ¡Ahhh!

Su cara de horror debía ser de drama al 100%. Se incorporó un poco y se acercó al chico con el que compartía la cama, agarró sus hombros delicadamente.. y lo zarandeó salvajemente.

- ¡Li! ¡Liiiiii!

- ¡Si! Si, yo, aquí, ¡mañana!

Shaoran se incorporó en un segundo después de despertar a la primera sacudida.

- Dios, ¿a qué ha venido eso? Espero que cuando seas médico no intentes reanimar a nadie así..

El chico se había encogido asustado contra el cabecero de la cama.

- ¿Qué ha pasado?

- Cálmate Kinomoto, no ha pasado nada, y no hacía falta que me descolocaras las vértebras, lo podrías haber comprobado tú misma mirando nuestra ropa y pensando un poco...

- Uff – Sakura suspiró y miró su propio cuerpo bajo las mantas - ¡Pero si no llevo pantalones!

- Eh, a mi no me mires, tú me pediste que te los quitara

Se puso roja como un tomate, pensar que él había estado tocándola y quitándole la ropa mientras ella simplemente.. dormía. Era muy patético, pero al menos se alegró mucho de haberse depilado.

Recobrando la serenidad otra vez, volvió a acomodarse en la cama. Shaoran la miraba extrañado mientras volvía a su posición inicial. Le había sorprendido que la chica no hubiera salido corriendo de la cama a vestirse y marcharse entre excusas sobre cosas que tenía que hacer.

- ¿Qué pasa?

- Nada, nada

Se quedaron los dos tumbados mirando al techo, uno al lado del otro.

- ¿Sabes? Anoche pensé que estaba tan cómoda contigo porque estábamos borrachos, pero en realidad ahora mismo estoy en tu cama, sin pantalones y bajo la misma manta que tú, a escasos centímetros de ti, y sigo estando cómoda. Me sorprende.

Él giró la cabeza para mirarla. Hasta ahora no lo había pensado así, y ahora que se daba cuenta, un extraño calor empezaba a apoderarse de su cuerpo. Ella seguía mirando el techo con una pequeña sonrisa.

- Me lo tomaré como algo bueno. - una risa suave por su parte lo hizo sonreír a él también – ¿Vendrán tus padres hoy?

Vaya, casi olvidaba eso, se había pasado horas el día anterior para arreglar su habitación y que estuviera decente.

- Si, vendrán sobre la hora de comer.

- ¿Estás nerviosa?

- Un poco. Me da miedo que se lleven una mala impresión...

Él la miró con una sonrisa tierna. Todos los años, los nuevos tenían la misma preocupación.

- No te preocupes, todos hemos pasado por esto, hay una especie de código no escrito por el cual todo el mundo se comporta decentemente hoy. Tus padres se irán de aquí encantados.

- Gracias Li. - ella miró a donde ahora sí estaba el reloj – debería irme ya, no quiero ser una ocupa

Cuando estaba a punto de destaparse y salir de la cama, notó como una mano agarraba suavemente la suya bajo la manta.

- También podrías quedarte un poco más

Sakura lo miró sintiendo que toda la sangre de su cuerpo estaba en su cara. Él la miraba con aire resignado. Definitivamente acababa de dejar a una chica entrar en su vida. Esperaba no tener que arrepentirse.

N/A:

EDIT: Tuve que editar porque habían desaparecido todos los guiones de los diálogos, no entiendo por qué, soy una inútil T_T

Hola! Primero he de decir que muchiiiiiiiisimas gracias por su apoyo, y en segundo lugar, quería aclarar una cosa: cuando les pedí reviews como una psicópata desesperada, no era porque mis padres no me quieran y necesite tener la atención de otras personas (mis padres me quieren mucho, mi madre dice que soy guapa n.n) era porque NECESITO saber su opinión jajaja Ay, no sé si lo estoy arreglando, quiero decir que no quiero reviews para simplemente tener más, sino porque quiero saber lo que opinan de verdad ò.ó Espero que alguien haya leído esto. En fin, me despido no sin antes desearos un buen fin de semana y una vida sexual plena y satisfactoria. Sois guapas. Y guapos. Todos. Muá! :*