ACLARACIONES: Primera parte desde la prespectiva de Eren.
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Su padre le esta abriendo caminos por el mundo tan ajetreado de los negocios, es por eso que hoy va a visitar a las empresas con quienes tienen conveníos de entregas y por mucho que él se niegue, al final, siempre termina haciendo lo que su progenitor le pide.
Un hombre muy amable les atendió y les ofreció un recorrido por las instalaciones, no era muy grande si acaso tres o cuatro pisos y su primera parada fue el almacén donde cajas con el nombre de "Jeager Depot" se podía apreciar.
Cuando iban en el segundo piso, su mirada se desvió por un momento a un pequeño grupo de personas que estaban en lo que al parecer era la habitación que utilizaban para almorzar, se detuvo a observar lo que hacían, le parecía gracioso la forma en que entre susurros se ponían de acuerdo en algo.
—¿No crees que se enoje mucho? —Un hombre alto le decía a la única mujer de ese peculiar grupo.
—No, le diré que fue accidental.
—El sabrá que fue a propósito, tirar una bolsa de granos de café cerrada no es precisamente un accidente, pesa más de 2 kilos y contiene cientos de granos.
—¿Tienes una propuesta mejor?
—Haremos toda la bolsa.
—No me lo pienso tomar, que asco. ¡Sabe a calcetín! —gritó otro hombre ahí.
—¡Cállate Auruo! Y no, se nos caerá accidentalmente por el resumidero.
—Bueno, pero tu le das la noticia.
—Si, si.
Retomo la marcha, mentalmente les animaba para que no los descubrieran, que divertidas personas.
Subieron al último piso para finalizar la visita. Veía sin interés pero con sonrisa amable a las personas que trabajaban ahí, a algunas ya les conocía de tratos indirectos, como al gerente y a los encargados de proyectos, con quienes su padre se ponía de acuerdo para publicidad y material en específico.
Cuando entraron a una oficina, entre un grupo de personas destacaba una cabellera pelinegra corta.
—Este es nuestro nuevo encargado de planeación de proyectos, que su fachada desinteresada no les afecte. Él es una muestra clara que la organización y eficacia aún existe. —El aludido no mostro signos de voltear a verlos y su jefe le llamó la atención—. Levi ¿Estas muy ocupado?
—Lo estoy. —Le miro sólo a él para luego reanudar su trabajo.
—Perdona —Suspiro mientras salían de la oficina y volvían al recorrido—. Lamento eso, cuando hay mucho trabajo es así y cuando no, también… Pero es muy bueno en lo que hace.
—Entendemos.
Eren ahora si que estaba entusiasmado, ese hombre tenia unos ojos penetrantes, su voz era tan varonil que su tono autoritario le provoca un revoltijo placentero, una perfecta estatura para novia ideal –novio, de igual forma piensa que Levi será el uke-, ese hombre era la perfección. Lamenta mucho el hecho de no poder volver a verle, piensa que si trabajaran juntos le acosaría hasta en los baños.
El recorrido no duró lo suficiente como para que siguiera imaginando a ese pequeño hombre que a primera vista se veía malhumorado, pero lo que le quedaba claro es que estaba hecho para tentarle en deseo.
Ocuparon el ascensor y cuando estaba apunto de cerrarse las puertas, una pequeña mano las detuvo y entro sin miramientos, seguido de una chica de lentes. Oprimieron el botón del primer piso y se enfrascaron en una charla que Eren no pasó por alto.
—¿Ya iras a casa? —le pregunto la mujer.
—No, no puedo irme con tanto trabajo.
—Relájate por una vez y termina sin estrés este mes. —Le palmeo ligeramente la espalda, cosa que al chico de ojos verdes le pareció un contacto innecesario.
—No soy un cerdo perezoso como tú.
Bonita respuesta. Pensó Eren.
La chica río estrepitosamente, seguramente conocía tan bien al hombre que no se ofendió por el comentario.
Él se le quedo viendo hasta que bajaron al primer piso, sus movimientos al caminar eran lentos y elegantes, casi como un felino. Pudo seguir mirándole todo el día pero las puertas se cerraron y ellos aun esperaban a ir al subterráneo por el auto
—¿No fue un mal día no, Eren? —Refiriéndose que al final les invitaron a comer.
Asintió. Fue un maravilloso día.
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Estaba en la oficina de su padre, esperándole para que firmara unos papeles que necesitaba, cuando recibió un mensaje "Ven a almacén, tu pedido esta listo"
Dejos los papeles sobre la mesa con una nota y se apresuro en ir al lugar.
Un joven rubio de ojos azules le recibió con una sonrisa entusiasta, estrechando su mano y dándole una carpeta.
—Es de la empresa que me habías dicho.
—¿Es mucho?
—No, tienes mcuha suerte. Son pedidos extra y son pocas cosas.
Estaba nervioso, iría de chofer y probablemente cargador a entregar un pedido. Tenia que ser secreto, si su padre se llegase a enterar la reprimenda le costaría trabajo extra y sermones constantes.
Armin, su amigo y el jefe de esa área, a quien le pidió ayuda de volver a ver a ese hombre que no dejaba de atormentarle en sus sueños y pensamientos. Obviamente el rubio se negó por que no era ético y prefería que Eren se declarara de forma tradicional, pero Eren le convenció diciendo que seria una anécdota digna de recordar. Al final, fue convencido por el poder de convencimiento del castaño y ahora estaban ahí.
Vio que su amigo le daba ropa de trabajo, unos guantes y las llaves de la camioneta.
—¿Para que son?
—Es el uniforme y lo otro es para que no dañes mucho tus manos o tu papá se dará cuenta.
—Se ve pequeño…
—Lo es, no mucho son de tu porte y estatura.
—Servirá, gracias.
—Suerte.
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Vaya que era pequeño… no pudo abrocharse la camisa y opto por amarrársela a la cintura, menos mal que siempre llevaba una playera blanca sin mangas abajo. Aunque dejaba mucha piel al descubierto… bueno exagera un poco, sólo los brazo, ¿pero que tal si Levi malinterpreta? No… obviamente no lo conoce.
Saludo a Reiner, un empleado más que le ayudaría a bajar las cosas y quien le iba a explicar como se manejaban las entregas por que aun no estaba familiarizado y subieron al transporte.
El plan era:
Primero: Entrar.
Segundo: Localizar a Levi.
Tercero: Todavía estaba en proceso, lo ejecutaría sobre la marcha. Dos semanas de "planeación" para nada…
Llegaron y él bajo apresurado, el plan debía ejecutarse lo mas rápido posible, invertir su duro entrenamiento escabulléndose de su acosadora debía de rendir frutos y…
El aire se le esfumo… ahí, recargado contra la puerta estaba…
—Buen día. —Saludo en cuanto tuvo de cerca a ese hombre que le quitaba el aliento... y esperaba le quitara muchas cosas más.
—Buenas.
—Descargaremos las cosas y mientras usted puede ir contándolas y verificar que todas hayan llegado. —su plan se estaba dando por si solo, ese debía de ser su día de suerte.
Vio a ese guapo hombre asentir o eso pareció y se dirigió a la parte trasera de la camioneta donde su amigo rubio le ayudaba y le decía que cosas descargar. Le digo las bajará él, tiene que hacer uso de sus habilidades para impresionar a ese hombre.
No era tan complicado, la rampa ayudaba y Reiner le pasaba las cajas, aunque si termino un poco adolorido y medio sudado.
—¿Estaba todo? —Esperaba que estuviera todo, su duro día de esfuerzos no debía de verse truncado o mataba a Armin. ¿Eso era poco? No podía imaginar cuando era mucho...
—Si.
—Bueno, iré por los papeles para que los pueda firmar y dar el trabajo por cumplido. —¿No podía ser más expresivo ese hombre? Que fuera tan hermetico le frustraba.
Agarro los papeles de la camioneta y se dirigió a donde su amado -que aun no sabia que era su amado- le esperaba, esa era su oportunidad para invitarle a salir, o conocer su nombre completo para acosarlo -stalkear- por facebook.
—Disculpe, no me presente. Mi nombre es Eren y soy el encargado de almacén. Si tiene algún pedido extra oficial podemos llevárselo a su domicilio. —Le ofreció la mano, todo le veía tan pequeño que se emociono al pensar que tocaría ese cuerpecito.
Aunque fue mentira lo que le dijo y la palabra "estúpido" le fue susurrada mentalmente. No tenia caso ocultar quien era pero tampoco servia de algo decírselo, se veía que ese hombre era una persona orgullosa y tenia miedo al rechazo.
—Levi Corporal. —Vio como miraba su mano pero no la estrechaba. ¿Acaso estaba sucia? Sonrió decepcionado.
—Bueno, un gusto. Con permiso.
Su plan falló, quizá Levi era muy tímido… pero no debía darse por vencido, aún quedaba mucho por delante, ya le pediría ayuda a Armin.
Cuando subió a la camioneta el cuerpo le comenzó a doler, ¿cargar cajas pesadas era su castigo por ser un mal hijo? Encendió el coche y se dirigió al hospital… Por el momento sus intentos se verían frustrados, y él siempre pensó que su condición física era envidiable.
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—Un tal Levi Corporal no deja de hacer pedidos extraños. —comentó una mujer castaña de coleta.
—A lo mejor es nueva casa.
—No sé, ha de ser un prostíbulo por que pidió 20 litros de pintura verde fosforescente.
Armin río antes la no tan descabellada idea.
—¿Eren aun no se recupera?
—No… ha tenido un mes muy difícil. Sobre todo por que su padre le manda trabajo al hospital.
—El accidente debió ser muy fuerte, me imagino.
—Ni tanto… Creo que hoy le darán de alta.
Eren le dijo a su padre que había tenido un accidente mientras realizaba ejercicio, no fue grave hasta el mismo doctor le había dicho que con un fin de semana de reposo bastaría. Pero Grisha, el padre de Eren, insistió en que tuviera más tiempo de reflexión acerca de mal pasarse en ese tipo de cosas. Le dijo vanidoso ya que iba al gimnasio a ganar musculo que no necesitaba, él le veía suficiente. Eren supone que es una forma de preocupación…
—¿Mucho trabajo, compañeros?
Eren llegó feliz y encantado de la vida de salir de ese infierno blanco, su padre era el rey del drama.
—Justamente hablábamos de ti.
—¿Ah si? Debieron ser cosas malas, me zumba el oído. —Una sonrisa afloro de su amable rostro y luego le hablo a Armin— ¿Cómo va aquel asunto?
—Como siempre —bufo con fastidio, había olvidado el pedido de su amigo—, no han hecho encargos de otras cosas, lo único destacable es una persona con pedidos extraños.
—Pues hoy tampoco nos libraremos de él. Aunque hoy pidió algo más razonable. —dijo la mujer.
—¿De quién hablan?
—Un tal Levi Corporal. —Informaron al unisonó.
Eren borro su sonrisa y adopto un rostro más serio. Le quito los papeles del pedido a Sasha, la recepcionista y corrió al almacén en busca de Reiner.
—Creo que a Eren le hizo daño tanto hospital… —murmuro la castaña.
—No, más bien el amor.
