Disclaimer: Nada de esto es mío, es JKR a excepción de la trama que es mía. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.
~o Las desventuras de un hombre embarazado. Oo~
-Capitulo 2-
Harry lo guió al baño del segundo piso, lo dejó para que se fuera desvistiendo mientras él conseguía ropa limpia y cómoda para dormir. Cuando volvió al baño con un cambio de ropa, tanto interior como pijama, vio la silueta del hombre por el cristal opaco que dividía la regadera del resto del baño. Estaba perdido, mirándolo de perfil que sus manotazos errados, tratando de encontrar una toalla para dejársela a la mano tiraron paquetes de papel higiénico, un cepillo de dientes nuevo y todos sus frascos de lociones.
Se puso rojo y miró el desastre en todo el suelo. Menos mal que la tapa del retrete estaba abajo, si no nada hubiera hecho que metiera la mano para sacar las cosas. Cuando quiso echar otra miradita al cristal, descubrió la mirada plateada de Malfoy, escrutador y seductor. "¡Lo sabe!" pensó inmediatamente. Recogió todo y salió dando un portazo. Estando en el pasillo, junto a las escaleras, se recargó en la pared y se deslizó lentamente. Abrazaba las cosas que había recogido del suelo y la ropa mojada que aún tenía puesta se le había enfriado.
Se fue a la cocina y se olvidó de todo menos de cocinar algo para cenar. Pensaba y pensaba en qué respondería sí Malfoy le preguntaba por qué hacía eso. No tenía respuesta.
Era claro que él le había pedido que dejara el colegio atrás. Se habían llevado mal en su época de estudiantes, incluso uno casi provoca la muerte del otro, en múltiples ocasiones y hacía las dos partes. Habían sido groseros, despectivos e intimidatorios. Pero eran adultos, ambos con una vida por delante, un pasado, metas, deseos. Empleos, por lo menos él tenía uno. "Sí" pensó "estoy listo para dejar el colegio atrás".
Escuchó una silla moverse a sus espaldas y se giró. Malfoy estaba secándose el cabello con una toalla. El pijama que le había prestado le quedaba un poco apretado de la cintura y el pantalón le quedaba muy holgado. Malfoy no se daba cuenta de sus escrutinios sino hasta después; o se daba cuenta desde el principio pero quería ver sus reacciones cuando Harry se sentía descubierto.
Puso la tapa a los sándwiches y los llevó a la mesa. Una mesa pequeña, de decoración fresca que quedaba a juego con el nuevo diseño de la cocina. La había cambiado por la vieja y clásica larguísima mesa de madera que había estado ahí desde que conocía la casa.
—Espero que te guste el pavo. Si no, tengo algo más en la nevera. No sé qué, algo se me ocurrirá.
—Está bien, me gusta el pavo —le dio una buena mordida al sándwich. Harry dejó vasos llenos de leche frente a cada plato. Draco se bebió la mitad de un trago.
—Te queda bien la pijama —la leche que se acaba de beber Draco salió proyectada hacia la cara del moreno—. Bueno, no sé cómo la sientas.
Harry se quitó las gafas para limpiarlas mientras Draco regulaba su respiración y casi mataba a Potter con la mirada.
—Si quieres te presto algo más grande — Harry se puso las gafas de regreso y lo miró. Estaba sintiendo mucho calor de pronto y la mirada del rubio no hacía más que empeorar las cosas. Miró el reloj que estaba sobre la puerta y se rascó la cabeza—. Es tarde, si quieres puedes terminar en la habitación. Ven, te la muestro.
Harry se puso de pie y salió como alma que lleva el diablo. Draco se quedó sentado, le dio otra mordida a su alimento y lo saboreó un rato. El moreno asomó la cabeza por la puerta, iba a decir algo cuando se perdió de nuevo en la visión del vientre redondo del rubio. Se percató de cuando una pequeña protuberancia saltó, desapareció en cuestión de segundos pero el rubio bajó la mano y la puso en el sitio exacto, presionó un poco y una pequeña sonrisa iluminó su rostro.
Harry quería eso. Harry quería sentir a un ser de su propia sangre moverse, saber a ciencia cierta que estaba vivo por él. Quería experimentar en cabeza propia el milagro de la vida.
—¿Piensas quedarte ahí toda la noche? —Harry brincó en su lugar y carraspeó—. Me gusta cenar en la mesa, donde debe de ser.
—Bueno, tomaré un baño. La habitación está lista, abrí la ventana para que se ventile un poco. Dejé la luz prendida para que la reconozcas.
—Gracias, Potter. Te lo pagaré —Harry atravesó la puerta y se recargó en la pared. Sus manos quedaron tras su cuerpo y golpeaba uno de sus pies con el otro mientras los miraba.
—No tienes que hacerlo. Lo hago porque quiero, no te preocupes, la casa es grande, siéntete libre de explorarla.
—Mañana platicamos, entonces. Tienes razón, dejemos el colegio atrás.
Mientras Harry tomaba su baño, con la puerta abierta y tarareando algo que, Draco esperaba, no fuera el himno de la alegría de Beethoven, el rubio se puso a explorar como el sujeto le sugirió. Encontró el cuarto donde pasaría la noche. La cama era grande, con dosel y postes de madera fina. Sabanas limpias colocadas recientemente con magia. Una sábana nueva era fría y algo tiesa, con los dobleces marcados. Dicha prenda colocada con magia se calentaba en las orillas y lentamente llegaba el calor al centro pero el calor de las orillas se iba perdiendo.
Tenía un ropero, una mesa alta a lado con un florero vacío justamente frente a la puerta. A la derecha, entre la cama y la mesa estaba la ventana con cortinas horrorosas, volátiles y sumamente delgadas. El agua de la tormenta estaba cayendo en dirección contraria a la ventana así que el suelo y el marco de la ventana estaban secos. Frente a la ventana había un cuadro de un florero lleno de flores muertas. Menos mal no era la cara de un payaso triste.
Salió por la puerta y frente a su puerta estaba otro cuarto con la luz encendida y la puerta entreabierta. A la mitad del pasillo, a la derecha estaba la puerta del baño donde ahora Potter tarareaba algo como pop moderno, Malfoy no pudo adivinar el nombre de la canción. Frente al baño, a unos pasos estaban las escaleras, unas subían y las otras bajaban. El rubio atravesó el pasillo y sin preámbulos abrió la puerta del cuarto de Potter. Supo que la maza de sabanas y ropa frente a la puerta era la cama, lo supo por los postes del dosel, por supuesto. Había más muebles en esa habitación, aunque no muchos, un sillón orejero, una chimenea, mesitas de noche y una mesita ratonera frente al sillón. En cada mesa había utensilios de cocina como cucharas, vasos vacíos o volcados en su mayoría. Platos solitarios con restos de comida y una jarra de algún metal que posiblemente podría ser plata con un escudo familiar estampado.
Había ropa en el suelo, en las puertas de guardarropa, colgando precariamente en el respaldo del sillón, y Draco se topó de frente con unos bóxers en la parte superior de la puerta. De repente como que se sintió mal por lo asqueroso de aquel cuarto. Algo no andaba bien con ese hombre y si en algún momento de su estadía lo escuchaba hablar de que sus amigos no lo visitaban, tenía mucho que mostrarle para que ese asunto dejara de ser un misterio.
Cuando se dio la vuelta para salir se topó de frente con el susodicho. Harry lo miraba y miraba su habitación de forma intermitente. Probablemente su cabeza estaba buscando pretextos o simplemente estaba muerto de la vergüenza. Ambos estaban de frente, pero ni se miraban a la cara ni se hablaban. Draco dio un paso atrás y lo rodeó para encaminarse a la habitación que le fue designada. Harry creyó escuchar un "buenas noches".
Harry entró a su habitación cuando la puerta vecina se cerró con un ligero click. En toda la semana no había tenido tiempo de recoger su habitación y ahí estaban las consecuencias. Hizo un montón de platos y vasos, toda la ropa fuera de su lugar la depositó en un canasto y cambió las sabanas de su cama. Se preguntó cómo le había hecho cuando no podía usar magia. Y hablando de magia, no había visto la varita de Malfoy, posiblemente la tendría guardada en la mochila que traía al hombro cuando salieron del ministerio, pero después le preguntaría.
Cuando su habitación quedó un poco más decente aventó todas las almohadas que no usaría al suelo. Se metió a las cobijas y apagó todas las luces. La noche anterior, mientras el sueño llegaba a él había pensado en poner una televisión frente a la cama, volvió a considerar la idea y pensó que su próximo día de descanso sería el día en que la compraría. Poco a poco sus ojos fueron cerrándose, se percató de que realmente había sido un día difícil con tanto trabajo que tenía encima, idas y vueltas a las diferentes oficinas de los aurores que habían arrestado a los que ahora eran su responsabilidad. Después lo de Malfoy, bueno, eso sí que ni en un millón de años se lo hubiera esperado.
¿Embarazado? Eso era bizarro para él, como de un universo paralelo donde las personas piensan que por algún motivo extraño los hombres, sin órganos para la gestación de bebés pudieran hacerlo. ¿Qué sería? ¿Una bolsa mágica? ¿Algún experimento salido de la cabeza del doctor Frankenstein? "¿Una pesadilla?" Abrió los ojos abruptamente y se sentó justo cuando un relámpago iluminó el cielo y segundos después llegó el estridente ruido que hacen al chocar contra la tierra.
No podía ser una pesadilla, a pesar de los relámpagos, ya había visto a un hombre embarazado hacía algunos meses, pero hacía mucho que no veía al Sly, ¿qué clase de jugada era esa? ¿Su subconsciente lo estaba engañando poniéndole esa clase de cosas enfrente?
Un chirrido llamó su atención y con la poca luz que entraba por la ventana vio cómo su puerta se movía poco a poco, había una silueta moviéndose. Una cosa era enfrentarse a magos tenebrosos, pero otra muy diferente era que algo desconocido se moviera en la oscuridad y uno lo percibiera.
—¿Qui-quién anda ahí?
+4+
Draco regresó al cuarto después del vergonzoso incidente con Potter. Ciertamente no quería parecer un fisgón, movido por su curiosidad sólo quiso echar una miradita, pero ahora parecía un chismoso, indigno Slytherin. Se movió hacia la cama y tomó una almohada para pegársela a la cara, olía bien, estaba limpia y fresca. Se quedó en la cama con dos y las de más las puso en una silla que estaba en un rincón.
Estaba muy cansado. La espalda y los pies le dolían horrores, la cadera la tenía acalambrada y se sentía hinchado de todos lados. Una vez más se volvió a jurar que no cometería el mismo error, definitivamente cuando la naturaleza no te deja hacer algo era por algo, todo ese malestar era sólo para mujeres y nada más. Ellas tenían que tener a todos los hijos. Definitivamente esa extraña habilidad de algunos sangre limpia era una maldición, por lo que sabía, lanzada a un antepasado hace muchas, muchas generaciones. Algunos rumores datan desde Morgana y Merlín. ¿Habrá sido Merlín quien fue hechizado para adquirir éste "don"?
Como fuera, él no volvería a pasar por eso. Definitivamente. Ahora entendía por qué su padre se había puesto tan molesto cuando, de niño le dijo que los hombres eran bonitos y que no le gustaban las niñas.
Se acostó sobre su costado izquierdo y puso una almohada entre sus piernas y bajo su vientre. Se colocó la sabana hasta la cintura y cerró los ojos esperando que el sueño llegara a él. Con lo cansado que se sentía esperaba no tardar en perderse en la negrura del ensueño.
De pronto la habitación se iluminó cuando un relámpago azotó la tierra. Los pelitos en su nuca se le erizaron y se percató de sus temblores estando sentado ya. Recordó por qué no le gustaba dormir solo, menos en noches de tormenta cuando los relámpagos chocaban contra la tierra. Pensó por un par de segundos si no se vería muy mal que se fuera a dormir con Potter, pero se decidió cuando el sonido llegó a sus oídos. Se puso de pie tan rápido como pudo y salió del cuarto, silenciosamente atravesó el corredor hasta la puerta de enfrente y le dio un pequeño empujoncito.
Cuando escuchó la pregunta con voz temerosa de, no otra persona más que Potter, se quedó quieto. Adentró había un poco de luz que se filtraba pro la ventana abierta, pero nada más.
—¿Puedo quedarme —vaciló un poco mientras le hablaba a la oscuridad, con el fin de que el moreno lo escuchará—… a dormir aquí?
—¿Te dan mie…?
—Cállate —lo interrumpió el rubio. En la oscuridad se sintió rojo de vergüenza—. ¿Puedo o no?
—Claro.
Draco se encaminó a la cama, con pasos lentos y un poco vacilantes cuando la habitación se iluminó de nuevo por otro relámpago. Corrió lo más a prisa que pudo, sosteniéndose el estómago y Harry sintió el movimiento de la cama y las sabanas cuando el rubio se fue hasta lo más profundo.
Harry sintió la espalda de Draco contra su costado, se movió a un lado y el rubio se le volvió a pegar. Estaba frío, temblaba un poco ya que la habitación sí se había enfriado con la tormenta. Sintió el sedoso cabello rubio en su cuello y le hacía cosquillas. Se levantó a cerrar la ventana y caminó alrededor de la cama para recoger algunas almohadas ya que él sólo había dejado una para su cabeza y a veces incluso despertaba sin esa.
—Malfoy, ¿cuántas almohadas necesitas?
Draco no sacó la cabeza de las almohadas pero le contestó a Harry que con una estaría bien. Harry hizo un movimiento de la varita y todo sonido en la habitación se silenció. Draco levantó la cabeza y se le quedó mirando, fue cuando se dio cuenta de que las luces estaban encendidas y que él estaba en el centro de la cama, se recorrió a la orilla y se sentó con la cara roja hasta las orejas. Vio a Harry de pie frente a él con muchas almohadas a los pies y una en las manos, el moreno la levantó para él.
—¿Sólo una? —levantó las cejas y le sonrió para tranquilizarlo.
—Bueno, dos. Perdón por la molestia.
—No es molestia —Harry le pasó las dos almohadas pero Draco se quedó sentado. Cuando se fue a su lado de la cama el rubio seguía sin moverse, sólo había abrazado las almohadas.
—Me refiero a todo. No es común que me ayuden sin pedir nada a cambio.
—Bueno, ya sabes. No me dicen san Potter por nada —Draco soltó una carcajada y sus hombros se aflojaron. Harry notó que se relajaba y se acomodó para volver a dormir.
—Bueno. Estoy cansado, vamos a dormir.
Harry se acostó y de pronto la cama pareció mucho más pequeña de lo que recordaba. No quería incomodar al rubio con su proximidad así que se recorrió hasta la orilla. Draco se quedó sobre su costado izquierdo de frente a la puerta, en la misma posición que había tomado en la otra cama. Poco a poco se quedaron dormidos. Draco no sintió cuando el mundo se le oscureció y la noche transcurrió con tranquilidad.
+5+
Harry se movía con cuidado para no despertar al otro hombre en la habitación. Ciertamente nunca se imaginó que algún día lo tendría en su cama, cuando lo pensaba mucho no podía evitar quedársele viendo, en ese momento el rubio tenía su brazo izquierdo bajo la almohada y el otro en su cadera, la otra almohada estaba entre sus piernas y bajo su vientre. Había visto a Hermione dormir del mismo modo.
Draco comenzó a moverse, apretó los ojos y finalmente los abrió. Lo vio con problemas dado la fuerte luz que entraba por la ventana. Se puso la sabana sobre la cabeza y gruñó. Harry notó que desde la noche anterior y está mañana había gruñido más de lo que había hablado.
—Ya me voy a trabajar —dijo Harry. Tomó una túnica del respaldo del sillón, la olió y la aventó en un canasto a lado del ropero—. Se me hizo un poco tarde. El desayuno está servido.
—Ahorita me visto para irme —Draco se sentó en la cama y se rascó el estómago, cambió de parecer y con esa mano agarró la sabana y se la restregó en la cara—. Gracias por prestarme tu cama. Te lo pagaré en algún momento.
—No tienes que irte, ¿dónde vives?
—Con amigos, no tengo casa. Me gasté el dinero que quedó en mi bóveda y nunca pensé en conseguir algo. Rentaba un departamento, pero no pude pagarlo más y lo dejé.
—Entonces no te vayas, ya viste que en esta casa cabemos muy bien —Harry tenía la cabeza en el ropero así que sus palabras sonaron muy amortiguadas. Draco guardó silencio.
Cuando Harry volteó a mirarlo, temiendo que se hubiera ido sin darse cuenta, lo vio con el ceño fruncido y sin soltar la misma almohada, recargando su barbilla en la suave superficie.
—¿Exactamente cuáles son tus intenciones? —Draco lo miró a los ojos.
—Inten… No sé a qué te refieres. Te estoy ofreciendo mi hogar. Te hago hincapié en que te quedes ahora que me dices que no tienes a donde ir.
—Te dije que me puedo ir con amigos.
—Pues tómame como uno de tus amigos y quédate.
Ambos se quedaron callados y en sus mentes se paseaba la misma palabra. "Tómame" pensó Draco. La idea era un tanto bizarra.
—¿Sabes cómo tomo a mis amigos? —Las cejas de Draco subieron y bajaron, su expresión volvió a ser burlona y cuando Harry se sonrojó, soltó una carcajada—. Ya en serio, ¿eso quieres?
—No, no es lo que estás pensando. Digo que podemos ser amigos y así te será más fácil aceptar mi ayuda.
—Entiende, no lo necesito. Yo veré cómo me las ingenio para seguir adelante —dijo Draco.
—¿Y cuando nazca? —Apuntó el vientre del rubio, como un niño que descubre a su hermano haciendo travesuras y lo señala ante su madre—, ¿qué vas a hacer?
—Lo daré en adopción —Harry lo vio ponerse de pie y salir del cuarto.
Harry se puso la túnica y salió a alcanzarlo en su cuarto pero al ir pasando por el baño escuchó arcadas y toses escandalosas. Harry tocó la puerta quedito y preguntó que si estaba bien. No obtuvo respuesta pero escuchó el agua del escusado correr. Esperó un momento y la puerta se abrió, Draco se veía agotado, sudoroso y una expresión extraña en el rostro. Si Harry lo hubiera conocido un poco se habría dado cuenta de que tenía miedo.
—Si insistes tanto me quedaré pero no tengo ni un knut en la bolsa, así que te pagaré cuando tenga empleo. De hecho no traigo bolsas.
—No es necesario, Malfoy —Harry le sonrió y por alguna razón esto tranquilizó al Sly—. ¿Dónde está tu ropa?
—Traigo algo en mi maleta, la necesaria.
—Bueno, si quieres estar más cómodo puedes agarrar lo que quieras de mi armario. Trataré de volver pronto, siéntete en tu casa —Harry salió del cuarto del rubio y bajó las escaleras. Escuchó que Draco le gritó desde el segundo piso y volteó a mirarlo.
—¿Viene alguien cuando no estás? —Harry lo pensó un poco.
—A veces Hermione y la señora Weasley vienen. Pero no creo que lo hagan hoy, descuida. ¿Estarás bien solo?
—Sí, me volveré a dormir —dudó un poco en decir algo más así que Harry se quedó esperando—. ¿Vienes a comer?
—Generalmente no vengo, pero te traeré algo, creo que no hay nada decente en el frigorífico.
—Está bien.
+6+
Harry llegó a su oficina y encontró varias noticias, la que le pareció primordial fue una donde lo llamaba el actual jefe de aurores a una junta con el ministro de magia. Tenía curiosidad por saber de qué se iba a tratar dicha reunión. Dejó su maletín y su abrigo y se dirigió a la oficina del ministro. Al llegar se encontró con que era el primero, el jefe envió un recado de que se demoraría un par de minutos y que por favor no empezaran sin él. Harry aprovechó para tratar platicar con Kingsley de forma informal, el hombre rápidamente se había convertido en un apoyo dado que Harry en algún tiempo se encontró sin el apoyo de hombres importantes.
Cuando se dio cuenta de que tanto Remus, Sirius, Snape y Dumbledore habían muerto no supo qué haría. Ellos habían sido figuras paternas, nada reemplazaría a su padre, pero siempre era recomendable tener a alguien que pudiera darte un consejo sin tapujos. El señor Weasley era como un padre pero no le gustaba hablarle fuerte cuando lo necesitaba algunas veces.
Cuando entró a la oficina encontró al hombre sentado tras su escritorio al parecer leyendo algo importante ya que le hizo señas para que se sentara y lo esperara un momento. Cuando levantó la mirada y la posó en el chico, una gran sonrisa iluminó su rostro y se puso de pie. Lo abrazó tan fuerte que Harry sintió que se le salían los ojos. Él también contestó el abrazo de forma menos efusiva y cuando se separaron Kingsley le ofreció el asiento de nuevo y llamó a su secretaria para que les llevara té y galletas.
—Cuéntame cómo te ha ido Harry.
—No me puedo quejar, me gusta mi trabajo. Estar detrás de cada investigación para ver que no se pasa nada por algo y que nadie falte a la ley. Es genial —ambos rieron. Kingsley sabía lo meticuloso y exigente que era Harry en cuanto a su empleo. Cada nuevo caso que le era asignado lo trataba con mucha seriedad, como si recordará todos los días el caso de Sirius y la cantidad de leyes que lo respaldaban, que se habían saltado al juzgarlo y condenarlo —. Ahora precisamente tengo uno muy bueno, seré muy cuidadoso.
—Has hecho un trabajo excelente, estoy seguro de que pronto superaré el hecho de que dejarás las líneas activas y te fueras a los escritorios.
—Eres fuerte, lo superarás pronto —Harry rió y Kingsley le secundó la risa. Llegó el té y cesaron las risas estridentes frente a la secretaria del ministro.
Al retirarse la mujer, continuaron sus charlas relajadas, preguntando sobre la vida personal uno de otro y sin tocar el tema que había llevado a Harry ahí en primer lugar. El ojiverde tenía curiosidad, pero conocía tanto al hombre frente a él que se abstuvo de preguntar, para ahorrarse la negativa.
Una idea se le metió y temió que fuera por lo que había hecho el día anterior en las celdas de castigo.
El jefe de aurores apareció quince minutos después de lo acordado, tomó asiento y Kingsley le ofreció té, el cual muy gentilmente rechazó. Inmediatamente y sin más preámbulos abordó el tema.
—Señor Potter, me llegó el informe de que el día de ayer, usted liberó al prisionero de la celda dos sin avisar a nadie, ¿es eso cierto?
—¿Por qué lo hace parecer un juicio? —Harry frunció el ceño y se puso en su papel de profesional incorruptible—. En efecto, ordené que le abrieran la celda para que se fuera porque revise su expediente y claramente tenía la orden de liberación firmada por usted el día de ayer a las quince horas. Eran casi las ocho de la noche.
—Sí, pero el sujeto en cuestión —se giró para con Kingsley—, Draco Malfoy, por cierto —regresó su atención a Harry—, se rehusó a salir de la celda, por lo tanto nos pareció sumamente sospechoso y decidimos que se quedaría ahí.
—¿Y desde cuando es un delito no querer salir de una celda? De hecho —se giró para con Kingsley—, déjeme contarle, señor ministro que el sujeto en cuestión ostenta un avanzado embarazo —volvió su atención al jefe de aurores—. ¿Gusta, señor, que investigue si dicho civil, en su estado, recibió la atención médica y los cuidados necesarios como una buena alimentación y revisión por un experto?
El sujeto se quedó sin palabras y Kingsley, para no faltar al respeto a la situación se abstuvo de mostrarse de parte de alguno de los presentes. En secreto pensó que Harry estaba como pez en el agua, desenvolviéndose como todo un experto. Tenía que hacerle un regalo en reconocimiento.
—El sujeto —comenzó a responder el sujeto con claras muestras de inseguridad— se rehusó a que lo viera un sanador de San Mungo. Es cierto lo que dice sobre su condición, señor Potter, pero nadie lo trató mal en ningún momento —se volvió para con Kingsley—. Señor Ministro, sugiero que se abra una investigación formal sobre el sujeto en cuestión. Su pasado lo precede.
—Discúlpeme, señor ministro —Harry tenía las orejas coloradas. Kingsley sabía que era una mala señal para el jefe de aurores—, pero este señor conoce perfectamente que el ciudadano Draco Malfoy fue puesto en libertad y absuelto de todo lo que se le acusaba, y que sí había algo que pagarse, se pagó con los bienes que por derecho le correspondían y que le fueron ilegalmente arrebatados como el par de propiedades a su nombre en Reino Unido y el cincuenta por ciento de la cuenta a su nombre en Gringotts.
—No vamos a discutir el pasado del señor Malfoy —levantó la voz Kingsley para que el feje de aurores no siguiera con la discusión de algo que había pasado muchos años atrás—. Sométanse al tema actual.
—Notamos la reticencia a su libertad muy sospechosa, así que decidimos dejarlo ahí e investigarlo un poco más.
—No es ilegal desear quedarse en una celda —dijo Harry con la voz moderada—. No es usual, para nada, la gente lucha por no entrar, no por no salir, pero no le veo nada de sospechoso que deseara quedarse, dado su actual estado. ¿Nadie lo interrogó?
Kingsley miró al jefe de aurores, intrigando por la pregunta en cuestión.
—Claro que lo interrogaron sobre sus motivos para no querer salir, pero no declaró nada.
—¿Fue un interrogatorio oficial? ¿Con orden y todo?
—Bueno, el interrogatorio se llevó a cabo en su celda, el interrogado dentro y el entrevistador fuera.
—Entonces eso no es un interrogatorio —Harry miró al ministro de nuevo, dándose cuenta de que ambos compartían la misma idea—, eso aquí y en China se conoce como chisme. El civil estaba en todo su derecho de reservarse esa información.
—Señores —Kingsley los detuvo antes de que se pusieran a gritarse el uno al otro de nuevo—, tengo aquí el expediente del señor Malfoy. En él no se incluye ninguna orden autorizada para un interrogatorio ni una declaración oficial. Desde la reforma entrada en vigor hace ya cuatro años, toda entrevista llevará previa una orden u autorización y una crónica por el personal de la sección de supervisión de la aplicación de la ley mágica. Tendrá que presentar motivos válidos para el consejo que de ser aceptados abrirán la investigación que solicita.
—Señor ministro —Harry se escandalizó por las últimas palabras.
—Señor Potter, la ley es clara. Si el señor Malfoy no tiene nada que ocultar no tendrá mayor problema.
—Entonces quiero el caso —Harry se puso de pie y apoyó las manos en el escritorio de caoba.
—El caso será asignado a quien salga sorteado, como lo marca la norma. Si no hay nada más que tratar, se pueden retirar.
+7+
Harry fue el primero en salir del despacho seguido inmediatamente del jefe de aurores, el señor Higins. Lo escuchó llamarlo por su nombre pero él decidió dejarlo pasar, no estaba de humor. Le parecía absurdo que sólo por actitud sospechosa iniciaran todo un proceso en contra de alguien que…
Detuvo el rumbo de su mente. Realmente no sabía que había hecho Malfoy para ganarse la vida cuando se quedó sin dinero, quién era el otro padre de su hijo, dónde vivía y por qué lo habían agarrado en una trifulca en un bar. No sabía nada, simplemente lo dejó en su casa, con su entera confianza cuando el destino le había enseñado que era tonto confiar en las personas de buenas a primeras.
Realmente no quería desconfiar del rubio. Lo conocía desde los once años; pero precisamente por eso desconfiaba y era por eso que se sintió tan tonto de no haberlo pensado antes que corriendo llegó a su oficina, revisó su agenda y efectivamente tenía algunas audiencias, interrogatorios y una reunión de reconocimiento. Era urgente que estuviera ahí o perdería los casos. Respiró profundo un par de veces, tomó su maletín y se fue a trabajar. No podía evitar preocuparse, pero lo pensó bien y resultó que no tenía nada que temer de Malfoy, contrario al rubio. Recordó las palabras de Kingsley y se relajó un poco más; si él no tenía nada que esconder entonces no tendría problemas.
Al terminar con todos sus asuntos regresó a su oficina y revisó el reloj, era la hora de comer. Tomó su abrigo y salió lo más rápido que sus pies le permitían. Estaba por llegar a las chimeneas cuando recordó que no podía simplemente llegar así.
Si Malfoy notaba su actitud rara lo pondría sobre aviso en caso de que de verdad estuviera planeando algo. En caso de que llegara y no lo encontraba entonces quedaría claro que no había cambiado en nada el Sly y sería un problema menos para él.
Decidió salirse como el día anterior para pasar a comprar algo de comida rápida. Era cierto que no tenía nada en la cocina que no fuera carbonato, pan viejo, vegetales en conservas y aire, no podía hacer nada que se le antojara comer. Llegó a la comida coreana y pidió comida completa para tres, no sabía qué tal estaba el apetito del rubio. Compró un buen bote de helado en el supermercado, leche, huevos, tocino y pan. Redujo las cosas del supermercado y cargó en manos sólo la comida para dirigirse a grimmauld place que estaba a unas cuadras al sur.
Comentario final: Tengo mucho miedo de que lo que sigue del fic no les guste y les voy a ser bien sincera; no pensaba publicarlo porque en mi parece no es tan bueno ni novedoso ni nada que mereciera la pena ser colgado aquí. Por el contrario tengo otros prospectos que sí son más raros y hasta mejor planeados con el inconveniente de que tienen entre quince y veinticinco páginas.
Como sea, muchas gracias por su apoyo y les agradezco muchísimo que le dediquen un tiempito a dejarme conocer lo que piensan del fic. Si ven alguna incoherencia, háganmela saber ya que no está beteado y por ahí podrán darse cuenta de algunas cosas que cambiaron de planes o simplemente se me olvidaron. Jooo, qué se le va a hacer.
Chiste: Estaba un borracho en la cantina y llega otro y le pregunta:
-¿Por qué tomas?
Y le contesta:
-Para verme más bonito.
-¿Tomando te ves más bonito?
-Sí, cuando llego a mi casa mi vieja me dice: "¡Qué bonito!"
