Decidió salirse como el día anterior para pasar a comprar algo de comida rápida. Era cierto que no tenía nada en la cocina que no fuera carbonato, pan viejo, vegetales en conservas y aire, no podía hacer nada que se le antojara comer. Llegó a la comida coreana y pidió comida completa para tres, no sabía qué tal estaba el apetito del rubio. Compró un buen bote de helado en el supermercado, leche, huevos, tocino y pan. Redujo las cosas del supermercado y cargó en manos sólo la comida para dirigirse a grimmauld place que estaba a unas cuadras al sur.
"No puede ser" fue lo que pensó cuando vio a Hermione cruzando la calle hacia su casa. Con todo lo que había hecho desde la reunión con el ministro y el jefe Higins se olvidó por completo de contactar con su amiga y decirle que no fuera a la casa. Entre actitudes sospechosas, no se le ocurría forma de despacharla que no removiera la curiosidad de la castaña.
La llamó de un grito y la castaña por supuesto lo escuchó al instante. Bendita su suerte que precisamente hoy se le ocurriera ir. Ni tiempo dio de pensar en algo.
—Harry, pensé que ya estabas en tu casa. Qué bueno que nos encontramos, no podría estar parada esperándote —Hermione se pasó la mano por el vientre. Sí, estaba embarazada de siete meses ¿Cuánto tendría Malfoy?— ¿pasamos, Harry?
—Sí, sí, perdóname, es que tengo mucho trabajo en la oficina.
—¿Es comida rápida lo que traes ahí? ¿Qué te dije sobre comer esas cosas? —Hermione lo miró como si fuera un niño chiquito después de comerse un tarro completo de galletas antes de la comida.
—Es comida coreana, traje bastante ¿quieres acompañarme?
—¿Piensas comerte todo eso tú solo? Eso no pasará, traje pastel de queso y mermelada.
—¿Qué pasa con Ron? ¿Ya no va a comer contigo? —Harry abrió la puerta procurando hacer mucho ruido y hablar fuerte para que si Draco estaba arriba no bajara. Eso, si corrían con suerte.
—¿Por qué gritas? Harry, me preocupas, creo que la soledad te está haciendo daño —los ojos de Hermione se llenaron de lágrimas que no derramó.
A espaldas de la castaña estaba la puerta de la cocina y Harry vio claramente la cabeza rubia asomarse y mirarlo con ganas de matarlo. Agarró a su amiga y la abrazó fuertemente logrando que su cabeza quedara enterrada entre sus pectorales. Le hizo señas al rubio para que corriera al piso superior pero él no se movió, a cambio le hizo señas enviando un mensaje confuso. O quería que le pegara a Hermione con la comida o tal vez que le explicara la situación a la castaña y después comieran los tres.
—Está bien, Hermione. Te voy a explicar lo que me pasa. No te alteres o te adelantes a lo que te diga o veas.
—¿Qué pasa, Potter?
—¿Te acuerdas de Malfoy? —Hermione lo miró como si fuera tonto pero asintió de todas formas—. Ayer lo encontré, quise ayudarlo y lo traje.
—¿Lo trajiste? ¿Aquí, a tu casa?
—Aquí a su casa —Hermione se giró a la cocina y vio a Draco recargado contra el marco de la puerta de la cocina. Su mirada viajó por todo su cuerpo y también notó la prominente barriga del rubio—. Debo agregar que estoy muy agradecido con Potter, de verdad.
Harry y él se miraron sonriendo. Hermione se había quedado sin palabras. El moreno dijo que tenía hambre y Draco lo secundó, dejaron a la castaña parada en el recibidor de la casa y se metieron a la cocina. Escuchaba todo lo que se decían en la distancia pero no podía reaccionar. Caminó a la cocina poco a poco y los encontró poniendo platos en la mesa para los tres. Ella puso el pastel en el refrigerador escuchó las sillas moverse. Al girarse los encontró sentados y al parecer ahora sólo faltaba ella.
Los acompañó a la mesa y nadie dijo nada mientras comían. Malfoy mencionó que se había muerto de hambre durante el día y que el pan que le había dejado estaba rancio. Cuando llegaron a la casa él estaba buscando algo para matar el hambre pero sólo encontró bicarbonato y una botella de vino abierta. Harry le contestó que ya había comprado algunas cosas de emergencia y que el fin de semana compraría más cosas.
Hermione no podía simplemente asimilar la relación tan llevadera que tenían los dos. Después de años sin verse, al parecer las cosas sí habían cambiado.
—Malfoy, ese hijo que tendrás, ¿es de…? —en lugar de terminar, la castaña sólo miró a Harry con preocupación.
—¿De Potter? —El rubio soltó una atronadora carcajada, dejó sus cubiertos en el plato y se cubrió la boca, pero no podía dejar de reír—. Tenía desde la guerra sin ver a Potter —se restregó los ojos para quitarse las lágrimas que se le habían hecho por reír—. Hasta ayer, y esto no es un día de embarazo, debes de saberlo.
—¿Entonces…?
—Hermione —Harry la interrumpió antes de que comenzara a cuestionar toda la vida de su ex compañero—. No creo que sea prudente hacer esta clase de preguntas.
—Sí, tienes razón. Lo siento Malfoy —dijo Hermione haciendo notar que ahí no quedaba zanjado el tema. Tomó el tenedor y comenzó, por fin, a comerse sus fideos.
—No importa, Granger.
Terminaron con toda la comida y continuaron con el pastel. Draco eligió helado por que el sabor del queso le revolvía el estómago y realmente había disfrutado su comida como para regresarla. Hermione no dejaba de analizarlo, se veía a leguas que se moría por empezar a interrogarle cada paso, cada movimiento, cada palabra que salía por su boca; pero se tragaba esas ganas locas, quizá por respeto a la comida, o por respeto a Harry. Draco no sabía bien qué hacer. Por mucho tiempo estuvo ignorando la desaprobación de la gente que no le interesaba en lo absoluto, por eso dejó atrás lo estirado de su talante. Todo lo que le habían enseñado sus padres quedó en el pasado, ¿de qué le servía si ya no estaban ellos para sentirse decepcionados cuando no cumplía con sus normas santurronas y aburridas? Se decidió por una vida más enfocada en disfrutar, en ignorar si la gente te ve en lo correcto o inmoral. Se dedicó a ser feliz y dejar de aparentar.
Ignoró el plato que le ofrecía Potter y simplemente comenzó a comerse el helado con una cuchara. Pensar en sus padres lo ponía sensible, así que trató de ignorar el peso en su pecho y siguió comiéndose el helado para apagar la flama de dolor que se había encendido con el recuerdo de la familia que había tenido.
—Malfoy, dame un poco.
—Tú tienes pastel —abrazó el bote y lo puso del lado contrario de la castaña.
—No seas egoísta, dame —Hermione lanzó algunos manotazos y luego se volvió a recargar en la silla—. Harry, dile que me dé. Se me antojó.
—Malfoy, dale un poco a Hermione —dijo mientras se levantaba y acercaba otro plato para Hermione.
—Le daré con una condición.
—¿Qué condición? —preguntó la chica con un poco de terror en la mirada.
—Aún no lo sé, pero me debes esta —dicho esto dejó una buena porción de helado en el plato que Potter había puesto frente a él y se lo dio a ella—. Aquí tiene, madame.
Harry se sorprendió de lo sencillo que era interactuar con el rubio. Eso definitivamente no le daba muchas cosas buenas para pensar, ¿por qué querría tener deudas pendientes de Hermione? Invariablemente tendría que platicar con él y despejar dudas. Realmente se sentía cómodo el tiempo que compartían y eso precisamente lo hacía dudar. Incluso se sentía como si no fuera su ex compañero, aunque pensándolo bien, la última vez que se vieron él estaba aterrorizado en el comedor de Hogwarts, con su familia. Y la guerra había cambiado a mucha gente.
—Es tarde, tengo que regresar a la oficina —dijo Harry poniéndose de pie mientras Draco y Hermione se le quedaron viendo. Hermione también se puso de pie.
—Yo también, tengo que estar en casa para cuando llegue Ron.
—Está bien —Draco se paró también y comenzó a recoger los platos.
—Permíteme ayudarte, Malfoy —Hermione hizo el ademan de tomar los vasos pero el rubio fue más rápido.
—No, está bien, yo lo hago. Así no me aburro.
"Ahora limpia, ¿en qué momento entré a la dimensión desconocida?" Para Harry era difícil pensar en ese Draco, aunque creía que le agradaba un poco más, le era difícil asimilarlo. Los dos gryffindor salieron de la casa dejando al rubio solitario a la mitad del recibidor. Draco siempre había estado solo cuando era joven y vivía en la mansión, sus padres siempre estaban de viaje, así que estar solo una vez más en su vida no le era extraño. Sin embargo, desconociendo los motivos a ciencia cierta, una lágrima solitaria recorrió su cara. La interceptó con un dedo y la miró.
—Ahora sólo somos quedamos nosotros.
Harry leía y leía sin prestar atención. La situación de su nuevo compañero de casa lo tenía consternado, ¿qué haría si resultaba que todo era una trampa? Aunque habían pasado varios años desde que alguien intentará atacarlo por viejos rencores, nada le aseguraba que no era un plan del rubio para vengarse por su padre. Estaba el hecho de que habían dormido en la misma cama, y él parecía no ocultar ninguna intención. Seguía siendo brabucón y de lengua larga, pero realmente no creía que estuviera planeando algo.
Además, Harry lo había visto esforzarse de más en tareas simples como levantarse de la silla o hacer movimientos rápidos o bruscos. ¿Qué podía hacerle a Harry que no pudiera controlar fácilmente? No lo había visto hacer magia, ni siquiera había visto si tenía varita y pelear cuerpo a cuerpo sonaba realmente imposible.
Su alarma sonó y tuvo que salir rápidamente. Tenía un par de audiencias y un juicio en las próximas cuatro horas y necesitaba estar despejado. Salió de la sección después de intercambiar un par de palabras con la recepcionista quien le cambiaría algunas de las audiencias para el día siguiente por si no se desocupaba a tiempo del juicio.
El juicio era decisivo para el cliente, donde los representantes del Wizengamout dictarían el veredicto. Harry sabía que el cliente era culpable y también sabía la sentencia que era justa, tenía que verificar que las cosas salieran de acuerdo a lo estipulado pero a veces se tomaba más tiempo del preestablecido.
El día de Harry pasó volando, entre una cosa y otra regresó a su oficina sólo para archivar, clasificar los avances de cada caso y respirar un poco antes de salir corriendo de nuevo para parar en el archivo y resguardar las carpetas. Llegó a la ventanilla y estaban cerrando, se le hizo raro que fueran las ocho de la noche cuando él no había sentido el tiempo pasar.
—De nuevo tarde, señor Potter —el empleado era un hombre mayor que fue amable con él desde que comenzó a practicar como auror. Era canoso, con una prominente calva en la parte superior de la cabeza. Usaba lentes gruesos y sus manos eran huesudas pero fuertes. Harry nunca lo había visto temblar.
—No me di cuenta de la hora.
—Me tomo muchas molestias esperándolo sólo a usted —aunque parecía regaño, Harry sabía que no estaba molesto.
—Se lo agradezco de corazón, no sabe cuánto.
—Y yo no pierdo la esperanza de que pronto tenga a alguien que lo espere temprano en su casa, señor Potter —los archivos quedaron en manos del hombre y Harry se fue tranquilo. Le dedicó una sincera sonrisa, pero casi tropieza recordando que realmente había alguien esperándolo en casa. No en el sentido en que aquel buen hombre esperaba, ya que quien lo esperaba en su casa no lo acompañaba todo el día en su corazón.
Llegó a casa y no vio ni rastros de Malfoy en la primera planta. Entró a la cocina por algo para cenar y la encontró totalmente limpia, el sarro en la tarja de los platos sucios había desaparecido, el aluminio brillaba así como la puerta del refrigerador y la mesa. Había un pequeño frutero con naranjas, manzanas y bananas que Harry no había comprado durante la tarde.
Subió las escaleras y buscó en el cuarto que había dispuesto para el rubio y ahí tampoco estaba. Vio todo en orden: la cama, las almohadas, todos los muebles de la habitación pero nada de las cosas que traía el rubio. Las pantuflas y la ropa para dormir que le había prestado Harry estaban sobre la mesita a lado del ropero. Grande fue su sorpresa al descubrirse decepcionado porque no lo encontraba y comenzaba a temer que se hubiera ido. Quiso convencerse de que estaba preocupado por el destino que tendría el bebé y tenía miedo por la salud del Slytherin y no porque de verdad el sly hubiera planeado algo y tuviera toda la información que necesitaba. Al pasar por el baño pocas esperanzas tenía ya, así que no fue grande su decepción al no encontrar ni rastros.
Convencido de no volver a verlo se fue a la cocina a prepararse algo para cenar. Guiado por su costumbre, cuando terminó de preparar su comida volvió al piso superior dirigiéndose a su habitación. Al abrir la puerta una sonrisa grande se le instaló en la cara. Draco estaba acostado en su cama, tenía puestos los mismos pantalones y playera que tuviera puesta el día anterior, sus botas estaban arrumbadas debajo de la cama. Estaba en la misma posición que en la noche pero sobre su costado derecho, dándole la espalda, Harry caminó lentamente para no hacer mucho ruido con sus pasos, rodeando la cama. Su cuarto estaba recogido, no había ropa en las sillas, en las mesas o en las puertas. Los platos sucios habían desaparecido y en cambio los muebles brillaban sin polvo ni basura. Dejó su cena en la mesita frente al sillón y se giró a mirarlo. No podía creer lo tranquilo que estaba respirando y que con la tensión había retenido la respiración más de lo debido.
Por cómo se veía la casa de limpia, Harry podía adivinar que el rubio estaba exhausto. Muy despacio lo sacudió en el hombro y el rubio tardo un poco en reaccionar. Harry notó que también había lavado su ropa y fue cuando se dio cuenta de que no había pensado en la situación económica del rubio, no sabía si tenía más ropa.
—Me quedé dormido, perdón —Draco se sentó en la cama y se acomodó el cabello detrás de la oreja—. Y me tomé la libertad de recoger, estaba demasiado sucio.
—Muchas gracias, pero no es bueno que hagas muchas cosas. Lo digo por tu salud —Harry se sentó junto a él y ya de cerca se dio cuenta de que realmente necesitaba descansar.
—Estoy bien, Potter —el rubio estiró sus brazos como si quisiera tocar el techo—. Me duele la espalda.
—Pues la casa no es pequeña y todo se ve muy limpio. Malfoy, de verdad me extraña todo esto, digo, ¿Draco Malfoy limpiando? No haces más que desconcertarme.
—Viví solo algún tiempo, Potter y no estaba muy de acuerdo en meter a nadie a mi casa menos para hacer lo que yo podía hacer por la limpieza, para prevenir cualquier problema me hice cargo yo solo. Fue difícil, pero tú lo dijiste, dejamos el colegio atrás.
—Sí, lo sé, pero ¿no usabas tu varita?
—La situación está así: antes sí la usaba, me di cuenta del embarazo porque me quede sin magia. Cuando me dieron la noticia me dijeron que era totalmente normal —Draco estaba cargando todo su cuerpo en sus brazos que se apoyaban en la cama, a sus espaldas.
—Entonces con mayor razón deberías de haberte quedado quieto. No puedo creer que lo hayas hecho todo a mano.
—Bueno —Malfoy soltó una carcajada y se le quedó viendo a Potter con cara de burla—, te lo diré porque te vas a enterar. Después de que te fuiste volvió tu amiga con la mamá Weasley, ella es realmente ágil con los hechizos de limpieza, lavó toda tu ropa y limpió la cocina a profundidad. Yo sólo recogí tu cuarto. Granger me ayudó.
—Con razón me parecía imposible que tú hubieras dejado así la casa.
—Qué poca fe tienes —Draco seguía riendo, inmediatamente perdió la sonrisa y adquirió una expresión más seria—. Quiero pedirte un favor más.
—Primero vamos a cenar.
—Potter, es serio. Necesito que me hagas un favor más.
Harry sospechó, con todo lo que había pensado durante lo largo del día, estaba realmente cansado mentalmente pero le regaló toda su atención.
—Dime.
—Es difícil para mí aceptar esto, así que no quiero que me interrumpas. Ayúdame a recuperar mis cosas, te pagaré hasta el último centavo cuando tenga trabajo.
—¿Y cómo piensas hacerlo? ¿Tienes empleo? —Harry se puso suspicaz, eso era una sorpresa más.
—Soy artista. Estudié artes, en la academia de bellas artes de Viena —se puso de pie y buscó sus botas, se agarró del poste del dosel para alcanzarlas con el pie. Harry se agachó y se las puso de modo para que se las pusiera. Draco lo miró y le levantó una ceja.
—¿Qué, quieres que te las ponga?
—Ahora que lo mencionas…
—No juegues, Malfoy. Vamos a cenar que muero de hambre y me contarás en serio, en qué trabajas y cuál es el favor.
Bajaron las escaleras y Harry recordó que había subido al cuarto con su cena así que volvió a subir. Al regresar a la cocina escuchó a Draco murmurar algunas cosas, entró sin hacer ruido y lo escuchó un poco más claro.
—Tengo que asegurarme de que lo hará —el rubio estaba de espaldas al él, lavando algunas verduras. Harry vio como las gotitas de agua salpicaban su vientre pero Draco no lo sentía, había tallado tantas veces el mismo calabacín hasta que el moreno llamó su atención.
—¿Qué quieres que haga, Malfoy?
~0~
Dejen reviews o el hijo de Draco se muere. Y no estoy bromeando.
Jajajaja sí estoy bromeando.
Les dejo un adelanto de lo que sucederá más adelante, no del próximo capítulo, más bien diría que casi del final.
-¿Dónde quedó tu familia? –dijo Draco, sobándose donde sentía el dolor-. Me imaginaba San Mungo lleno de pelirrojos.
-Ellos iban a venir un poco más tarde, me adelante –Ron ni siquiera se inmuto pro el tono de burla que le había impreso Draco a la pregunta, aunque ahora no se llevaban tan mal, el sarcasmo y los cometarios pesados no sobraban en una conversación entre ellos.
El elevador anunció que pasaron por el penúltimo piso, un poco más y serían liberados del incomodo silencio cuando de repente y sin previo aviso el elevador se detuvo. Draco se agarró de las paredes de la esquina donde iba recargado y Ron, sin meter las manos se fue de bruces contra el suelo. Draco lo vio darse muy fuerte en la cara con la puerta y ya no se movió.
Dejó de preocuparse por el elevador cuando un dolor intenso lo atravesó desde la base de su columna vertebral, irradiando por todo su vientre y quedándose en el centro. Se agarró fuertemente y se arrodilló en el suelo. Un grito; su grito llenó el cubo en donde se había quedado encerrado y sin saber qué hacer.
Perdón por tardarme las décadas enteras en actualizar. Prometo fervientemente que a partir de hoy tendrán capitulo por día, a menos que algo me impida publicar, como por ejemplo que no duerma en mi casa, en tal caso llamen al 911 y recen por mi alma.
Ahora sí les puedo recomendar dos fics que lei.
Se llama El cuerno del unicornio (completo) de Ladtheove y de ella también Tela de Araña. Este último me dejó impresionada, está muy fuerte y a la mejor a muchas no les agrada tanto la temática. Es un creature!fic, Drarry con mpreg y traiciones, me encantó porque no es el clásico fic de veelas o vampiros; muy respetable a quien sí le gusten y los escriba, a mí en lo personal no me gustan pero éste es la excepción.
¡Chiste!:
Le dice la mamá a Pepito:
-Pepito, ¿por qué le pegaste a tu hermana con la silla?
-¡Porque el sillón estaba muy pesado!
