—Tengo que asegurarme de que lo hará —El rubio estaba de espaldas al él, lavando algunas verduras. Harry vio como las gotitas de agua salpicaban su vientre, pero Draco no lo sentía. Había tallado tantas veces el mismo calabacín que no se dio cuenta hasta que el moreno llamó su atención.
—¿Qué quieres que haga, Malfoy?
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El rubio brincó en su lugar y soltó todo lo que traía en la mano, lo miró y se llevó una mano a la parte baja de su vientre. Harry lo vio todo a cámara lenta y cuando una expresión de dolor aparecía en su rostro, se olvidó totalmente de lo que había pasado y le acercó una silla para que se sentara. Draco manoteó un poco, pero al final aceptó sentarse. Se puso en la orillita e inclinó su torso hacia delante de forma que Harry no podía ver su rostro, pero por la forma irregular en que estaba respirando sospechó que algo no estaba bien. Se asustó tanto que casi corrió por toda la cocina no sabiendo si llevarlo a San Mungo o llamar a alguien que pudiera ayudarlo. Las palabras del sly lo volvieron a la tierra de la cordura.
—Tranquilo, estoy bien, fue un tirón —Ahora estaba recargado y se acariciaba la misma zona desde donde antes su mano tensa no se había movido. Dio un largo suspiro, pero no se movió—. Espero que eso te enseñe a no asustarme.
—No era mi intención. Es que estabas muy concentrado.
—No, tú entraste muy sigiloso, ¿me espiabas? ¿Crees que todo esto no es más que un plan? ¿Qué quedé embarazado para causarte lástima y que calleras en alguna clase de trampa?
—Pues… ¡No, claro que no! —Él sabía que no era más que una vil mentira, pero ser sincero lo afectaría más en ese momento—. No me dijiste, ¿qué favor necesitas que te haga?
—Olvídalo, creo que fue un error desde el principio. Creí que podríamos superar todo, que había cambiado lo suficiente para no volver a caer en las mismas estupideces —Draco quería levantarse de la silla, pero por más que manoteaba no lograba poner su espalda recta. Harry no sabía si correr en su ayuda o dejarlo para que pudiera escucharlo disculparse—. ¡Ayúdame! Maldita sea, de verdad no planeé esto. Es lo más molesto que he tenido que pasar en toda mi vida, no puedo hacer magia, no puedo trabajar, no puedo hacer nada…
—¡Malfoy, cálmate! —gritó Potter haciéndose escuchar sobre la cantaleta del rubio. Harry estaba empezando a ver la situación del rubio con más claridad. Decidió que no dejaría de ayudarlo. Después de todo, sus intenciones eran buenas y no quería el agradecimiento de nadie. Se sentía bien haciéndolo y por alguna extraña razón sabía que el rubio no lo traicionaría—. Te voy a ayudar quieras o no —lo tomó de la mano y lo jaló hasta ponerlo de pie.
—Desde que me quitaron todo no he podido reponerme. Creí que en mi bóveda tendría suficiente dinero para vivir bien, pero perdí el control; no era tanto y me lo gasté en tonterías. Pude haber invertido, soy bueno en los negocios, pero no hice nada —Cuando Harry lo tomó de la barbilla y le levantó la cara, el rubio estaba empapado en lágrimas. Él se inclinó hacia adelante y apoyó su frente en el hombro del moreno. Poniéndolo en palabras sí parecía una situación grave—. Ahora esto —señaló su vientre—, ¿ves porque no puedo tenerlo?
—Creo que tu error fue estudiar arte.
—¡Ay, Potter! No ayudas —Se tapó la cara con las manos, pero no creció su llanto—. No quería ponerme así, son las hormonas.
—¿Aún te interesa mi ayuda? —Draco dio un paso para alejarse del moreno, la cercanía lo ponía nervioso—. ¿Quieres que visite al otro padre para que te responda?
—No me importa. Ni siquiera teníamos una relación. Yo ya sabía que no obtendría nada de él. No me imaginé esto, la verdad, pero sabía que no estaría conmigo nunca. Es como tú, un gay de closet —Harry se rió.
—No soy un gay de closet, Malfoy.
—Eres un macho. Haz la cena, ¿crees que no me canso? —Draco arrastró la silla en la que había estado, sacó una botella de jugo de manzana de la nevera y se sentó a observar al moreno.
—Ahora sabrás lo que es un platillo gourmet —Potter se remangó la camisa hasta los codos y terminó de lavar las verduras—. ¿Así que artista, eh? ¿Y cómo ganas dinero con eso?
—Hago muchas cosas —Le dio un trago al jugo directo de la botella. Harry le tendió un vaso mediano y el rubio sólo lo puso en la mesa sin usarlo—, pero me gusta más pintar. En donde sea. Cualquier superficie.
—Pero para eso, ¿no necesitas talento? Ser de esos que hacen dibujos geniales desde siempre —Una naranja golpeó la cabeza de Potter y éste se volteó a ver al rubio, culpándolo con la mirada.
Éste, pronombre, va con tilde o acento, como lo llames.
—¿Y tú qué sabes de que no tengo talento? Por eso me aceptaron en la academia y hasta tenía beca. Gano dinero vendiendo mis obras. Las que menos me gustan, ya sabes lo que dicen, la basura de unos es el tesoro de otros.
—¿Tenías beca y aun así te quedaste sin dinero?
—Los materiales son caros, aún más los mágicos. Además, tenía algunos gustos un poco excéntricos.
—Drogas —Potter no estaba cómodo con el tema, así que ahora su mirada era de reproche.
—Lo dices muy feo. Pero para que te sientas más tranquilo, no soy adicto y no he consumido nada desde hace más de seis meses. Lo último que tomé fue un cigarrillo mientras esperaba los resultados de las pruebas, ¿hilarante, no?
—¿De qué era el cigarrillo? —El moreno volvió a mirarlo mientras hacía cubitos los tomates y la cebolla—. ¿Te vas a tomar todo el jugo? ¿Qué capacidad tiene tu vejiga?
—Menor a lo que te imaginas —Dejó la botella en la mesa y se puso de pie—. ¿Tienes baño aquí abajo? No llego al de arriba.
—La puerta debajo de las escaleras, al final del pasillo —Lo vio correr lo más rápido que podía y volteó a seguir con la labor hasta que dejó de escuchar los pasos.
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Harry se perdió en sus pensamientos. El episodio de Malfoy lo hizo replantearse las cosas seriamente, él quería confianza y no le costaba nada de trabajo dársela. Terminó de trocear todo lo que debía ser troceado y lo puso a freír. Realmente sabía cocinar, quien pensara que había sido una broma estaba muy equivocado. Vació los calabacines y lo puso también en la sartén. Cuando escuchó al rubio regresar, él ya estaba poniendo el relleno y rallando el queso sobre la cena. Sólo le quedaban unos minutos en el pequeño horno que tenía junto a la licuadora y estaría listo. Tenía crema de brócoli en la alacena para calentar para la entrada y podrían empezar.
—Oye, huele muy bien. Entonces es cierto que sabes cocinar —Se volvió a sentar en el lugar que ya había ocupado y puso jugo en el vaso que le había dado Potter, lo empujó hasta el lugar del moreno y volvió a beber de la botella.
Cenaron sin dificultades, Draco elogió la sazón del moreno y Harry aceptó gustoso sus felicitaciones. Hizo algo que fue muy significativo para el rubio, algo que se imaginó que jamás vería. Le tendió la mano como un ofrecimiento de amistad. Draco tenía los codos en la mesa y lo miró sobre sus manos, con la cabeza gacha y la mirada conectada a aquellos ojos perturbadoramente verdes. Y tan profundos.
—Puedes rechazarla si quieres, es lo justo. Aunque me gustaría que la aceptaras; no la mano, sino mi amistad.
—Desde el primer grado sabía que un día volverías a mí arrastrándote. Esto no es lo que me imaginaba —Le correspondió el apretón—, pero es algo.
Harry correspondió la sonrisa que el rubio le había dedicado. Tan brillante, con las mejillas un poco sonrosadas y un poco de salsa en la comisura del labio, pero aun así luminosa.
—¿Qué es lo que te gusta pintar? Tengo entendido que tienen como una especialidad, ¿no?
—Es conforme en lo que te desenvuelvas mejor. Me gusta pintar lo que más se me dificulta. Rostros, generalmente. Nunca estoy conforme con los resultados.
—Eres un maniático de la perfección —A Harry se le cayó el bocado del tenedor y esparció de salsa toda su ropa. Draco se rió muy fuerte y al señalarlo lo salpicó de la salsa que estaba en su tenedor.
—No me molestan las manchas de salsa en tu pecho, al contrario, hasta parecen artísticas —Potter no hizo ni el intento por limpiarlas, simplemente se la quitó y quedó con la camiseta interior—. Y sí, soy un poco perfeccionista.
—Lo noté cuando te burlabas de mi ropa o de los dientes de Hermione o las pecas de Ron o mis gafas o el cabello de Hermione…
—Ya, ya entendí, Potter —Removió la comida un poco con el tenedor—, y me disculpo por eso. Un profesor nos dijo que si teníamos cargos de consciencia, incluso el más mínimo, nos impediría expresar la belleza misma y más pura del mundo por medio del arte, por más que lo intentáramos. Por eso cambié tanto —Harry levantó las cejas—, ¿creías que no lo había notado?
—No es eso, creí que alucinaba cuando aceptaste mi ayuda. El orgulloso Draco Malfoy aceptando la ayuda de un sangre sucia.
—Oh por Dios, no podías guardártelo, ¿verdad? —El rubio cubrió sus ojos con una mano—. Lo diré sólo una vez, sigo siendo Draco Malfoy aunque no lo parezca. Lamento algunas de las veces que dije eso, lo siento aunque tengo una justificación —Potter iba a empezar a discutir cuando el sly movió las manos para hacerlo callar—: claro que se valen las justificaciones. Mis padres me enseñaron eso, crecí con eso y no era algo que pudiera simplemente olvidar porque algunas niñas lloraban con el apodo. Es como el niño que ve a su padre escupir al suelo durante toda su infancia.
—Lo que hacías era peor que escupir. Podrías escupir y nadie repararía. El piso era de piedra, de todas formas.
—Eww —Draco se puso la mano en la boca y cerró los ojos. Harry creyó que vomitaría todo y como ya había terminado su ración levantó el plato a modo de escudo—. Asco. No vuelvas a decir esas cosas, soy muy delicado con esos temas. ¿Quieres verme vomitar hasta la papilla? Muéstrame un escupitajo en el suelo. Y no te digo si veo un baño sucio.
—Lo recordaré —Tamborileó con los dedos en el plato que aún sostenía frente a su pecho—. ¿Cuál era el favor?
—Baja el plato, no voy a vomitar —regresó la mirada a su comida y la hizo a un lado—. Ayúdame a recuperar mis cosas. Me estuve quedando con un tipo de la universidad hace un tiempo, había quedado en darle dinero del hospedaje y alimentos cuando me pagaran un mural, pero no me pagaron el mural y el fulano se quedó con todas mis cosas. —Se levantó a dejar su plato sucio en el lava platos y fue al congelador por el bote de helado de la tarde—. Como te dije, el material es muy caro y lo necesito para trabajar y vender algo. No puedo creer que me haya rebajado a esto.
—¿Necesitas que te preste el dinero?
—No. Nada de préstamos —Se llevó una buena cucharada a la boca y lo que tardó en tragar le dio tiempo a Harry para confundirse con las intenciones del rubio—. Quiero que me acompañes a modo de seguridad, saquemos mis cosas y huyamos.
—Mejor págale —Harry se reía. ¿El carácter de Malfoy no le había dado para más?
—No. Ya pisoteó mi dignidad, quiero pisotearlo yo a él. Pagarle sería demasiado.
—Ahora entiendo. Vendetta.
—Vendetta, mio caro amico.
Cuando terminaron con todos sus pendientes en la cocina y viendo que era tarde, cada uno se dirigió a su respectiva cama, dispuestos a dormir. Quedaron de acuerdo de que el plan lo detallarían el día de descanso de Harry. Draco se quedó más tranquilo al saber que podría contar con el moreno para esto y tal vez para más cosas. Nunca se hubiera imaginado que él especialmente se olvidaría de lo malo de su pasado y le daría la oportunidad que muchos le habían negado.
Harry se quedó dormido al instante, mientras Draco seguía pensando en los años que había pasado desde la guerra, tratando de olvidar. Pero no hacía nada más que recordar con más intensidad, las pesadillas se hacían peores y entonces decidió no olvidarlo, pero sí superarlo. Aceptar ese gran capítulo como parte de su vida, algo que había sucedido y había dejado atrás. Vio su nueva vida como la oportunidad del destino para luchar por su libertad.
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Cuando Harry Potter despertó esa mañana notó algo extraño. Su cuarto estaba inusualmente frío, las sabanas habían desaparecido de su cama y había un cuerpo extra a sus espaldas. Se puso las gafas y volteó a ver el desgreñado cabello rubio que salía de la sabana con la que se había envuelto de pies a cabeza. Harry le sacudió el hombro y el rubio sacó la cabeza con los ojos adaptándose a la luz del día.
—¿Estás bien? ¿Pasó algo?
—… bien —Draco se volvió a acomodar para dormirse otro rato.
—¿Por qué… qué haces aquí?
—Te pregunté en la madrugada que si me podía dormir aquí —Se sentó recostándose en la cabecera y jaló sus piernas lo más que pudo hacia su pecho, terminando por abrir las rodillas en posición ginecológica, como si fuera a parir—. ¿No te acuerdas?
—No recuerdo nada, estaba dormido.
—Sí me di cuenta. ¿Te molesta? Es que no me gusta dormir solo si puedo evitarlo —Se rascó la barriga y se puso a jugar con su ombligo saltado.
—Debo decir que no me lo esperaba. ¿No vivías solo?
—Sí, más o menos. Me atrapaste.
—Eres un promiscuo.
—¿Y ya experimentaste mi promiscuidad en tu carne? No estás nada mal, de todas formas.
—Calla. ¿Qué haces cuando me voy?
—Dormir, por supuesto —El rubio se puso de pie para salir. Harry lo vio caminar hasta su cuarto, pero antes de cerrar la puerta se giró y entró apresuradamente al baño. Escuchó arcadas y lo que Harry imagino era el sonido del contenido del estómago del rubio volcándose en el escusado. Se oyó el sonido del baño al ser desocupado y salió.
—Se me hace que algo te pasa.
—Sí, definitivamente. Pero ya me acostumbré —Caminó a su cuarto y gritó antes de entrar—: ¡Que tengas buen día!
Harry pasó el resto del día pensando en Malfoy. Afortunadamente no tenía mucho trabajo en aquella ronda, así que a la hora de la comida ya había terminado todo y pudo despedirse por el resto del día. Atravesó la central de aurores y escuchó que lo llamaban, se giró y vio a su antiguo compañero gritarle. Uno de los más grandes y nobles aurores con los que contaba la fuerza y que él tenía el gusto de conocer desde la academia.
—¿A dónde con tanta prisa?
—Me acabo de desocupar, tengo hambre.
—Podemos ir a comer algo juntos, yo también tengo hambre y no tengo nada hasta las ocho.
—De hecho —Tampoco el día de hoy había dejado mucha comida en casa, ¿qué comería Draco si no llevaba algo?—, tenía algo…
—Una cita, entiendo Harry —Raymond le extendió la mano y le dirigió una sonrisa muy sincera. Era un gran amigo, y de un humor muy estable y tranquilo. Siempre tenía una sonrisa en el rostro para todos.
—No, espera. Es que un amigo está en mi casa y no hay nada para que coma, ¿qué te parece si compramos algo de camino y comemos los tres?
—Me parece una idea grandiosa.
Tomaron las chimeneas hacia el caldero chorreante y salieron al mundo muggle. Harry prefería la comida de los establecimientos de afuera que la comida de Tom. Las uñas del mago parecía que no habían visto el agua hacía mucho tiempo.
Esta vez llevaron comida francesa y se aparecieron en un callejón cercano a la casa. Harry tenía la sospecha de que encontraría a Draco muy molesto por la tardanza de la comida. También temía que se molestara por llevar visitas, pero si todo salía bien, Ray podría ayudarlos con el asunto del rubio y eso lo mantendría de mejor humor.
Entraron al recibidor y caminaron directamente a la cocina para dejar la comida y arreglar todo. Harry subió a las habitaciones a buscar a Draco y se detuvo en la puerta del baño cuando escuchó el sonido de la regadera. Tocó con los nudillos y esperó a que Draco le contestara.
—Malfoy, estoy en casa. Traje la comida y me acompaña un amigo.
—Ahora bajo. Gracias —Harry se estaba dando la vuelta cuando volvió a llamar a Harry—. ¿Puedes prestarme algo de ropa de nuevo?
—Puedes agarrar lo que quieras de mi ropero, te lo dije.
—Sí, pero lo que agarré no me queda —La puerta se abrió y Harry vio sólo su cabeza con el cabello escurriendo gotitas de agua. Le alargó una playera de los Rolling Stones.
—Está me aprieta incluso a mí. En el pecho.
—Del pecho está bien para mí, la parte más baja es el problem… —Draco se quedó callado y cerró la puerta casi atrapando los dedos del moreno.
—¿Todo bien? —Harry escuchó la voz de Ray demasiado cerca y se giró a verlo con los ojos como platos.
—Sí, es mi amigo, el que te conté.
—¿Y cuál era el problema con la playera? —Ray seguía viendo la puerta con curiosidad. Miró a Harry y éste hizo señas con sus manos, señalando un vientre prominente. Ray lo entendió al instante—. ¡Ah, eso! Nunca he visto a uno —le susurró en el oído.
—Yo sólo a uno antes que a él. Si gustas ponte cómodo, en un momento vuelvo.
—Sí, creo que te espero en la cocina.
Ambos se comenzaron a desplazar hacia sus destinos cuando escucharon un fuerte golpe dentro del baño.
Tenía que cortarlo ahí o el efecto misterio se arruinaría.
Nada más les voy a recomendar un videito hoy, para ya no extenderme. Se llama Destino de Salvador Dali y Walt Disney. Sí, leyeron bien, Salvador Dali y Walt Disney. Ojalá que puedan verlo y me cuentan qué les parece.
Chiste:
Esta era una tortuguita que se subía a un árbol, se asomaba a una rama, y luego se tiraba de cabeza al suelo.
La pobre tortuguita se hacía mierda en el suelo, pero se levantaba, limpiaba su caparazón y volvía al intento, se subía al árbol iba a la rama y se lanzaba, para sacarse nuevamente cresta y media.
Así siguió la pobre tortuguita durante mucho rato, y un par de palomas que la miraba con aire 'paternal' se dicen:
- 'Oye querido, ¿y si le decimos que es adoptada?'
Adelanto:
Ahora no sabía qué pensar, estaba a punto de regresar a la mansión para encarar al rubio cuando algo entró volando al auto, perdió el control y el vehículo comenzó a caer en picado hasta chocar con la fría superficie de un lago. Unas solitarias burbujas salieron antes de que la superficie volviera a congelarse totalmente.
