Se alertaron, y en un abrir y cerrar de ojos ya estaban en la puerta del baño de nuevo, tocando y gritando para saber del rubio. Raymond hizo a un lado a Harry y golpeó la puerta con un pie logrando que está rompiera el marco y se saliera de sus goznes. Draco estaba arrodillado en una esquina del baño y Harry fue directamente hacia él. Sólo tenía puesto el pantalón así que cuando el rubio los vio se abrazó todo lo que pudo y se giró hacia la pared. Harry se arrodilló a su lado y comenzó a examinarlo, palpando cada parte de su cuerpo.

—¡¿Estás bien?! ¿Te hiciste daño? ¿Qué pasó? —Draco no se imaginaba que Harry se preocuparía tanto por lo que le pasara, el rubio estaba tan impresionado que no podía responder, sólo lo miraba y lo dejaba tocarlo—. ¿El bebé está bien?

—Estoy… está bien, Potter, deja de tocarme —Le dio un manotazo y lo apartó. No se movió de su posición, simplemente se quedó frente a la pared con las manos pegadas al azulejo y respirando agitadamente—. Salgan.

—¿Quieres que te llevemos a San Mungo? Para que te revi… —Draco no lo dejó terminar.

—¡Que no! ¡No pasó nada! ¡Salgan! —Harry vio que tenía la cara totalmente roja y por su actitud entendió al instante que estaba sumamente incómodo. El lavamanos se había desprendido y ahora estaba esparcido en piezas por todo el suelo. La cortina de la regadera también se había caído, indicando que el rubio la había jalado para evitar la caída.

Harry comenzó a caminar y tomó por el brazo a su amigo para que se marcharan juntos. Reparó el lavamanos en el camino para que nadie fuera a pisar alguna de las piezas, también la puerta al salir. Fueron a la cocina y se sentaron uno frente al otro.

—Debes insistir para que vaya a que lo vea un sanador —Harry tenía la vista perdida en sus manos. Parpadeó y lo miró a los ojos.

—No sé si me escuchará, pero insistiré.

—No entiendo qué pasó. Esa cosa se veía muy sólida. Es delicado que una persona en sus condiciones este rodeado de tanto peligro. ¿Lo dejas solo mucho tiempo?

—Hace dos días que llegó y sólo lo dejo cuando me voy a trabajar —Harry seguía dándole muchas vueltas al asunto y estaba muy perdido en sus pensamientos.

—¿Es tu…? —terminó su pregunta con la mirada, Harry lo entendió todo.

—¡No! No, claro que no. Tenía años sin verlo. Lo encontré así y no pude dejarlo solo —soltó un profundo suspiro—. No puedo evitar el querer ayudarlo. En el colegio me hizo la vida imposible y ahora me metí en un problema porque en el ministerio abrieron una averiguación contra él.

—Tienes un corazón enorme —Juntó sus manos y las miró atentamente—, y tu amigo es muy guapo.

—Se llama Draco, tienes suerte de conocerlo ahora. Debo admitir que cambió mucho estos años —Harry lo vio bajar las escaleras vistiendo su chaqueta de cuero con el cierre hasta arriba.

—Creí que tendrían la comida lista. Muero de hambre. —Los dos hombres lo analizaban de arriba para abajo, Draco sintió lo duro de sus miradas y caminó hacia los paquetes nuevos sobre la barra. Los abrió y sacó algunos platillos embasados y también preparó los cubiertos para comer. Raymond se acercó a ayudarle para bajar los platos que no alcanzaba de la vitrina, ya que era más alto que él, y acercó todo a la mesa. Harry fue directo al refrigerador a sacar lo que pudiera hacer falta.

Cuando estuvieron sentados, Harry vio al rubio acariciarse el vientre. Eran contadas las veces cuando lo hacía. Lo había observado y Draco realmente parecía querer ocultar siempre su embarazo. Tomó la mano que tenía libre y no la soltó por muy fuerte que él jalaba.

—¿Seguro que estás bien? —Draco vio la preocupación en los ojos verdes. Con su vista periférica se dio cuenta que el amigo de Potter estaba al pendiente de él también.

—Sí —respondió cauteloso—, parece que se asustó, se está moviendo mucho, pero todo está bien. Me recargue de más y se venció, sólo fue un susto.

—Me llamo Raymond —El hombre le extendió la mano y el rubio se la estrechó con un poco de vacilación. La que había tomado Potter seguía apresada por las de éste—. Fui compañero de Harry en la academia de aurores, es un placer conocerte.

—Disculpen mis modales por no presentarlos —dijo Harry, liberando la mano del rubio y sirviendo los platos a los tres.

La voz de Ray era gruesa y penetrante, a Draco le llegó hasta lo más profundo de su ser. Volvió a sonrojarse y Harry notó el motivo. Recordó algo que le había dicho a Draco en la mañana y una extraña opresión se instaló en su pecho.

—Mucho gusto —Draco recuperó sus manos y comenzó a comer. Los otros dos hicieron lo mismo. Todo estaba transcurriendo en silencio hasta que Harry habló de nuevo.

—Estaba pensando que Ray podría ayudarnos a recuperar tus cosas, pero no quiero meterlo en problemas.

—Puedo ayudar, ¿alguien te robó? —Miró a Draco, como tratando de entablar una conversación sólo con él. El rubio movió la cabeza afirmativamente, pero no paró de masticar. Cuando terminó se limpió la comisura de los labios y se puso de pie.

—Muchas gracias. Estaré en la recamara que me prestaste, Potter.

—¿No quieres postre? —Draco estaba saliendo de la cocina cuando Harry habló. Se detuvo en seco y se giró para mirarlo.

—No, gracias. Estoy satisfecho —Y con estas palabras, desapareció escaleras arriba.

Harry y Ray se quedaron solos en la cocina. Cada uno metido en sus pensamientos y sintiéndose un poco tontos. El hombre castaño se mostró muy interesado en el tema de las cosas de Draco, pero Harry le dijo que podría verse en problemas. Por supuesto al hombre no le importó y siguió insistiendo.

Estaban tomando unas cervezas en el salón cuando por fin Harry decidió hablar un poco de la situación y aceptar que lo quisiera o no, él tomaría la decisión dada su tozudez.

Cuando el amigo de Harry se fue a las seis de la tarde, éste subió a buscar a Draco, pero encontró su habitación cerrada. Tocó con los nudillos y lo llamó por su nombre, pero ni señales de él. Esperaba que estuviera dormido. En un momento más volvería a llamarlo, antes tenía que hablar con alguien.

Corrió a la biblioteca y arrojó polvos flu al fuego llamando a gritos a Hermione. Cuando la castaña apareció precedida de Ron, respiró y les pidió que fueran a su casa. A su amigo no lo tenía contemplado, pero supuso que Hermione le habría contado sobre Malfoy. Los invitó a tomar algo. Ron escogió una cerveza, Hermione té y él se llevó la botella de firewiskey junto con lo demás. Se sentaron en el salón donde antes había estado con Ray y le dio un trago a la botella.

—Ey, colega, llévatela despacio. Cuéntanos qué pasa.

—¿Le dijiste algo, Hermione? —Ella miró a su marido a los ojos y negó con la cabeza.

—¿Qué tenía que decirme, Harry? —El moreno le dio otro trago a la botella y se sirvió en el vaso que había llevado para él. Le sirvió a Ron y lo incitó a que lo bebiera.

—Encontré a Draco Malfoy hace un par de días en prisión y no pude dejarlo ahí, no tiene casa así que lo traje —Harry esperaba los gritos, las preguntas y las recriminaciones, pero estas nunca llegaron. A cambio, miró a Ron y lo vio muy tranquilo bebiendo de su cerveza y mirándolo sin expresión alguna. El color de su piel seguía siendo el de siempre.

—¿Y cómo te sientes con eso? —Harry no esperaba esa pregunta. Era definitivamente lo que menos había esperado—. Es tu casa y si lo trajiste debe ser por algo. Se me ocurre la maldición imperio, pero los magos embarazados no pueden hacer magia.

—¿Cómo sabes que está embarazado? —Harry le dio otro trago a la botella y apenas empezó a sentir el calor subiendo desde su estómago, se sintió mejor.

—Lo vimos George y yo hace un par de semanas en el callejón —El pelirrojo le dio otro trago a su cerveza y se la terminó. Soltó un eructo y Hermione lo golpeó en el brazo—. Creímos que comenzaría a insultarnos o algo por el estilo, pero sólo nos saludó, agachó la cabeza y se fue. Trataba de esconder su vientre, pero lo notamos.

Hermione se le quedó mirando, valorando de nuevo su grado de madurez. Sólo con la mirada y par de mímicas la castaña preguntó si el rubio estaba en casa aún.

—Sí, creo que está dormido. Estuvo un compañero del trabajo aquí, se acaba de ir hace un rato —suspiró profundamente y Hermione se levantó de su lugar para sentarse a su lado.

—¿Qué pasa, Harry? Estás muy nervioso.

—Iniciaron una investigación en el ministerio. Y además parece que algo no está bien con su embarazo. No sé ni siquiera por qué me preocupo tanto —Iba a tomar de nuevo de la botella, pero Hermione se la quitó de la mano y a cambio le sirvió en el vaso de cristal, le dio la botella a Ron y a Harry la pequeña cantidad. El moreno se lo tomó todo de una vez y volvió a respirar—. Ahora estoy demasiado preocupado porque se cayó en el baño, creí que se había hecho daño.

—Llévalo a San Mungo, le diré a mi obstetra que le dé una cita. Y por lo de la investigación, no creo que haya de qué preocuparse si él no ha hecho nada malo.

Harry negó con la cabeza, intentando zanjar el tema de la averiguación del ministerio.

—No quiere ir a San Mungo, dice que está bien. Comió y todo, pero antes de llamaros fui a su cuarto y no me respondió.

—No creo que se haya salido por la ventana —Ron se sirvió del líquido ámbar y lo bebió—. No creo que quepa, ¿o sí?

—¡Ronald Bilius Weasley! —Hermione se puso de pie y le arrojó un florero vacío que estaba en la mesita de centro. Ron se desapareció a tiempo, microsegundos después el florero reventó donde había estado su cabeza. Harry se encogió en su lugar también y se llevó las manos a la cabeza.

—Amor, no te agites tanto —Ron volvió a desaparecer cuando la botella de whiskey salió volando en su dirección—, puede hacerte daño.

—Deja de ser tan desagradable —La castaña comenzó a llorar, ambos hombres sospecharon que las hormonas la traían loca—, qué dirás de mi cuando no estoy.

Ron se apareció a sus espaldas y la abrazó poniendo sus manos en la parte baja de su vientre, le dio un beso en la mejilla y la acarició mejilla con mejilla. Hermione se soltó de forma brusca y subió las escaleras. La escucharon tocar la puerta y gritarle a Malfoy. Supusieron que la puerta se había abierto porque Hermione se puso a berrear cosas que no entendieron. Se miraron el uno al otro y salieron disparados hacía el piso superior. Hermione estaba abrazada al cuello del rubio y el rubio estaba dándole golpecitos en la espalda, se veía muy desorientado y se giró a mirarlos, preguntándoles con los ojos qué demonios le habían hecho y obviamente incómodo con la posición que habían adquirido ambos por sus abultados vientres.

—Son horribles —Oyeron al final de toda aquella cantaleta llorona.

—Lo sé, pero ni volviendo a nacer se arreglarían. Tranquila Granger, me estás asustando. Pasa y siéntate —Con delicadeza la separó de su cuerpo y la arrastró hacia adentro. Los otros dos se quedaron parados a ambos lados de la puerta de forma que desde adentro sólo se les veía un hombro y la cabeza—. Dime, ¿qué te hicieron esas bestias?

—Es que son tan insensibles, no tienen idea por lo que estamos pasando tú y yo. Creen que nos ponemos así de enormes porque queremos —Draco se puso tieso al sentirse aludido con respecto a sus voluminosas proporciones actuales—. No tienen sentimientos, ojalá que ellos también pudieran pasar por esto y vieran que no es nada fácil.

—No, no digas eso —Le secó las lágrimas con sus dedos y le sonrió—. Esto por lo que estás pasando es un milagro, Hermione, nadie podría comprenderlo a menos que sea otra mujer que pasa por ello. Ellos no podrán, no te enojes, debes tenerles lástima. Ellos están en deuda contigo, incluso yo estoy aquí gracias a una mujer.

—Pero tú también…

—No compares —La sonrisa en la cara de Draco desapareció rápidamente—. Esto no es natural, es un error.

—No digas eso, Malfoy.

—No digo más que la verdad. Relájate y descansa, no te enojes con ellos, sabes que son unos imbéciles. Da gracias a cualquier deidad de que saben usar pantalones.

Ron y Harry estaban muy avergonzados, parados aún fuera de la habitación y mirando el suelo. En ese momento todos aprendieron algo que jamás olvidarían. Ron dio un paso atrás y desapareció.

Hermione comenzó a llorar de nuevo y se abrazó al rubio. Las hormonas la estaban matando definitivamente y a Draco lo torturaban. No había pasado un minuto de su vida viendo a alguien llorar que no lo hiciera llorar a él también, de un manotazo se quitó las lágrimas de la cara y se giró con Harry.

—Tu amigo es un idiota. ¿Cómo se le ocurre hacerla llorar? No necesito saber lo que dijo para saber que fue él quien la tiene así.

—No dijo nada contra ella. ¿Te sientes bien?

—Draco —Hermione volvió a levantar la mirada y dio la impresión de que había olvidado su situación—, Harry nos contó que no te has sentido bien, tienes que ir a San Mungo, a que te chequeen.

—No, estoy bien. Me he sentido muy bien, sobre todo ahora que me está permitido vivir aquí —Escucharon un ¡crac! afuera de la habitación y se giraron todos para ver a Ron entrar con un osito de felpa en la mano, se lo tendió al rubio y esperó a que él lo tomara. Todos en la habitación estaban pasmados por la actitud del pelirrojo. Salieron del shock cuando el bermejo habló.

—Discúlpame Malfoy. La vez que nos vimos en el callejón fui un poco grosero y hoy lo volví a hacer a tus espaldas —Movió el muñeco para que el rubio lo tomara.

—¿Me va a explotar en la cara? Es una broma, ¿no?

—No, es muy en serio. Iba ser para mi hijo, pero quiero que lo tengas tú.

—No necesitas regalarme nada —Le dio un manotazo ocasionando que el peluche saliera volando hasta la pared, golpeando el cuadro del florero. Ambos objetos fueron a dar al suelo.

—No era para ti, era para tu hijo —Lo recogió del suelo y lo puso sobre una silla que estaba por ahí.

—Sus padres le darán todo lo que necesite —El rubio estaba temblando. Harry lo notó y se acercó a él, pero Draco se puso de pie y salió del cuarto. Los tres gryffindors se quedaron en sus posiciones y sólo se miraron por un breve momento.

—¿Qué quiso decir, Harry? —preguntó Hermione.

—Lo dará en adopción. Está pasando por una situación muy mala.

Ron se sentó junto a Hermione y le paso un brazo por sobre los hombros, ella se recargó en su pecho. Al parecer el rubio no había tenido un buen día, ya habían sido dos las ocasiones en que se había puesto bastante incómodo. Se notaba en su expresión facial que no estaba muy bien.

—Qué bueno que le ofreciste tu casa —dijo Ron impresionando a todos—. Siempre me cayó muy mal, pero le debemos lo de la mansión y su madre mintió para salvarte. No son malas personas, después de todo. Mi madre me dijo todo esto el día de ayer. A George y a mí nos extrañó que nos hablara de los Malfoy. ¿De qué otra forma podremos ayudarlo?

—Hay una forma, te explico al rato.

—Claro, le debo un favor —En secreto, Ron estaba conmovido por cómo había consolado a su mujer. Quería pagarle el favor inmediatamente—. Vámonos de aquí, tal vez quiera regresar para descansar. Abajo me cuentas.

Ron y Hermione se marcharon media hora después. Una fuerte tormenta se soltó de un momento a otro con sus relámpagos, el aguacero y la oscuridad. Toda la instalación eléctrica falló e inmediatamente entró la magia a hacer su tarea y encender las farolas instaladas por toda la casa para esa clase de imprevistos. Harry por supuesto pensó en Malfoy, en dónde estaría y al subir las escaleras lo encontró bajándolas lo más rápido que podía. Cuando lo miró a la cara se dio cuenta de que estaba sobresaltado.

Había sido un día muy largo y extenuante para ambos, se despidieron y cada uno se fue a su habitación. A Harry le extrañó ver al rubio tan decidido siendo que las dos últimas noches las había pasado en su cama, aún así lo dejó ser. Se dio un baño lo más rápido que pudo y se metió a la cama para poder descansar. Afortunadamente el día siguiente era sábado y en su departamento nadie trabajaba los fines de semana. Podría pasar más tiempo acompañando al rubio, tal vez lo convencería de salir a comprar cosas para la despensa de la semana y algo de ropa para él, cosas que necesitara. Ya vería qué más se le ocurría, pero quería hacer algo con él. Conocerlo más a fondo.

Estuvo dando vueltas en la cama aproximadamente una hora. Estaba rendido, sus ojos le escocían y aún así no podía conciliar el sueño tan reparador que tanto necesitaba. La tormenta seguía fuerte y violenta, los relámpagos tronaban e iluminaban todo a su paso… "¡Los rayos!" recordó abruptamente que Draco le tenía miedo a las tormentas y no había ido a su cama a pesar de que hacía rato que se habían despedido. Apresurado se fue a la habitación de enfrente y de un movimiento con la varita prendió la luz del pasillo, iluminando la puerta que estaba cerrada.

Tocó y llamó al sly por su nombre, pero no obtuvo respuesta. Se preguntó si se habría dormido, pero una voz interna le gritó que no podría ser posible. Giró el pomo y la puerta cedió, dándose cuenta por fin de la luz que llenaba la habitación entera. Buscó a Draco y lo encontró recargado en el ropero, con las piernas cruzadas y pintando con tiza el asiento de la silla la cual había hecho pedazos. Harry no sabía en qué momento la había roto o con qué fuerzas.

—Draco —lo llamó y el rubio levantó la cara y lo miró.

—Potter —Bajó la tabla y la tiza, y Harry apreció los trazos de la tiza blanca sobre lo oscuro de la madera—, perdón por la silla.

—No me importa la silla, ¿estás bien?

—Creo que no, por eso me puse a dibujar algo. No quería pintar las paredes.

—No importa, es tu cuarto. El día de hoy fue muy raro —Harry se recargó en la pared junto a él y se deslizó hasta el suelo—. Olvidé totalmente tu miedo por las tormentas.

—No eres mi guardián, Potter. Deja de preocuparte por mí.

—Eres mi visita, tengo que preocuparme por ti —Harry le sonrió en compensación al abrazo que estaba tentado de darle—. ¿Siempre le has tenido miedo a las tormentas?

—Toda mi vida. Pero también a dormir solo. Mi padre me contaba que nunca pudieron hacerme dormir en mi cama cuando era bebé. Menos en noches de tormenta. Dormía con ellos.

—¿Hasta qué edad? Supongo que… —Dudó en seguir hablando—. No puedo suponer nada, en realidad no sé cómo eran tus padres.

—Muy buenos padres. Dormí con ellos hasta los trece, cuando me corrieron una noche que entré corriendo y gritando. Desde entonces dormía con un elfo doméstico. Abría los ojos y lo veía, si no me volvía loco.

—¿Pero sólo en las tormentas?

—No, casi todo el tiempo, a veces podía controlarme si la noche estaba tranquila y yo muy cansado. Mis padres lo intentaron con todo, desde pociones y hechizos hasta métodos alternativos orientales —Brincó en su lugar cuando la habitación se iluminó con fuerza y repentinamente. Harry lo tomó de la mano cuando el sonido llegó.

—El hecho de que durmieras con amigos, no quiere decir que tuvieran… —Harry hizo ruidos dando a entender lo que seguía en su frase—. ¿Verdad?

—No, tuve amigos muy comprensivos. Compartía mi departamento con uno al que nunca le vi ni las nalgas —Otro relámpago y Draco se pegó totalmente al costado del moreno. Él insonorizó todo y cerró la ventana con el movimiento de su varita. Cerró las cortinas y lo que quedó fue la luz de las velas que el rubio había puesto por toda la habitación.

—¿Mejor? —Harry pasó su mano por la cintura de Draco para pegarlo más a sí mismo y el rubio levantó la mirada de su hombro, donde había terminado su cara.

—Sí, mejor. Muchas gracias, Potter. Nunca terminaré de agradecerte. A pesar de que quise matarte.

—No lo recuerdes.

—Le prendimos fuego a la sala de los menesteres para que murieras consumido por él.

—Malfoy…

—Queríamos entregarte al señor oscuro para tener su agradecimiento, ¿sabes?

—Oye —Harry se estaba exasperando. No eran buenos recuerdos.

—Es que yo de verdad te odiaba. Algo cambió cuando me salvaste la vida.

—Te sacaré a patadas de mi casa si sigues recordando eso —El rubio batió las pestañas y sonrió de forma muy falsa. Harry se rió de alivio al seguir viendo en él las muecas de aversión que traía naturales, por notarlo más tranquilo. El rubio se estiró y se puso las manos en las costillas, presionando su vientre hacia abajo—. ¿Duele?

—Es molesto, parece que quiere romperme por la mitad, de adentro hacia afuera. Pero por lo general es muy tranquilo.

—¿De verdad lo darás en adopción?

—Sí, Potter. No puedo tenerlo, nunca, ni siquiera pensé en la opción de ser "madre" —Marcó las comillas con sus dedos—. ¿Qué futuro le espera conmigo?

—Pues yo siempre desee crecer con mi papá y mi mamá —Harry no lo despegaba de su cuerpo, así que el rubio aprovechó para ponerse cómodo y que Potter sufriera con lo duro de la pared en su espalda.

—Él tendrá papá y mamá que podrán ofrecerle lo que tanto deseas —Harry lo miró atentamente—: una familia. La tendrá. Tengo a la pareja perfecta. Los conocí hace dos meses. Son el matrimonio perfecto, de buena cuna y buena educación.

—¿Y si se entera de que estuvo en tu vientre? ¿Y si te quiere conocer?

—Ya veremos cómo cruzar ese puente cuando estemos frente a él —Se removió incomodo, Harry quería ayudarlo a descansar, no meterle más cosas en la cabeza—. Vete a dormir Potter, te vez como mierda.

—Hoy quiero dormir aquí, ya dormimos mucho en mi cuarto.

—Como quieras. Por mi perfecto, pero apaga las luces —Draco se metió en la cama y con sus dos almohadas se preparó para dormir. Harry apagó hasta las luces del pasillo con ayuda de la varita, se quitó los lentes y se puso junto al rubio. Él se pegó a su costado y perdieron la consciencia por unas buenas diez horas.

El agua del lago brillaba con los rayos del sol, reflejando la luz hasta las ventanas de las torres de aquel castillo. Milenario y fuerte como el primer día que esos cuatro magos lo erigieron para enseñar magia a aquellos que quisieran aprender.

El rubio estaba acostado a la orilla del lago. Recordaba muy bien el agua fresca en su espalda, mojando a veces su cabello, casi llevándoselo con el pequeño oleaje, otras veces sólo aguantando la respiración y cerrando los ojos mientras el agua lo cubría totalmente. Recordaba haber llegado con alguien a quien dejó atrás de inmediato para arrojarse al agua y refrescarse por el largo camino. Estaba feliz. Jamás se había sentido tan libre.

No sólo su pasado había quedado atrás. Su soledad, la nostalgia por tener una familia, la tristeza y el miedo de lo que podría esperarlo en el futuro. Quería abrir los ojos y ver el sol, ver las nubles blancas desplazarse a su lado. Sabía que el agua cubría todo su cuerpo, pero era cristalina y abrió los ojos para ver la luz del sol filtrarse, las distorsionadas nubes nadar y el cielo azul moverse con el agua. Soltó una carcajada, liberando grandes burbujas de aire que llegaron a la superficie, hicieron un largo viaje y después de un rato él salió a la superficie. El castillo estaba prendido en llamas, la gente gritaba y corrían despavoridos, asustados por el gigante que quería pisarlos. Volvió a hundirse, esperando que todo pasara.

Cuando se le terminó el aire salió a la superficie, el castillo estaba intacto, los rayos de luz rozaban su piel de nuevo, las nubes volvían a bailar en el cielo y un niño lo esperaba en la orilla con un traje de baño completo. De rallas azul marino horizontales y largo hasta las rodillas, los ojos verdes y el cabello negro de Potter, proyectándose hacia todos lados. Tenía una mano en el pecho y la otra en uno de sus ojos, limpiándose las lágrimas. Lo estaba esperando.

Despertó en su cama, seco y junto a Potter que lo abrazaba. Se dio cuenta de que estaba conteniendo la respiración y jaló una gran cantidad de aire. El moreno no se movía ni se percataba de nada de lo que pasaba con el rubio. Draco volvió a cerrar los ojos y recargarse en la almohada cuando escuchó claramente el llanto de un bebé. Lo escuchaba como si estuviera afuera del cuarto y sonaba desesperado. No estaba seguro de si en esa casa había fantasmas, nunca les había tenido miedo, pero esa noche sus manos temblaban violentamente y el aire se le atoraba en la garganta.

—Potter —Le zarandeó la mano que el moreno tenía bajo su brazo— Potter.

Harry se dio la vuelta en la cama y gruñó algo que él no entendió. Draco se sentó en la cama y lo llamó una vez más, pero ya era un hecho que el moreno no se movería.

Caminó descalzo hacia la puerta y la abrió muy despacio. Checó el interruptor que seguía sin tener electricidad, por lo cual todo seguía en tinieblas. Siguió escuchando aquel llanto está vez en el piso superior, agarró una de las patas de la silla que había desbaratado para usarla de defensa y subió las escaleras. Tenía entendido que esos pisos el moreno no los usaba. Estaban unas habitaciones oscuras y llenas de polvo, más arriba estaba el desván y el ruido provenía de ahí. Si era un fantasma lo convencería de que se largara para poder volver a dormir. Y si no era, no tenía idea de cómo podría haber llegado ahí un niño o qué clase de criatura.

Abrió la pequeña puerta de la covacha y al poner un pie dentro, más de diez farolas se encendieron mágicamente. La habitación era más grande de lo que pensó, el llanto dejó de escucharse y el aire frío de la noche se filtró por el techo. Eran muchas cosas cubiertas por sabanas, todas viejas, amarillas y cubiertas de telarañas. Se acercó a una y la retiró poco a poco para no levantar mucho polvo, tosió un poco y se maravilló con lo que veía.

Una antigua cuna redonda con cuatro postes que terminaban con piezas de metal en punta. En sus buenos tiempos habría sido de color crema con algún estampado en una placa de madera que tenía al frente. Los cojines y el colchón estaban raidos, sucios y muy viejos, pero seguía conservando el aire de elegancia y suntuosidad de antaño. Los barrotes le llegaban hasta el pecho y calculó que fácilmente alcanzaba el metro de diámetro en total. Los barrotes de la cara principal aún se movían hacia abajo y Draco los accionó para ver qué tanto bajaban.

Calculó que con un poco de trabajo quedaría perfecta; pero frenó sus pensamientos inmediatamente al recordar que ese bebé nunca pisaría una cuna que él escogiera. Sacudió su cabeza y se giró para ver cualquier otra cosa.

Quitó una sábana más y descubrió un triciclo muy viejo, con las partes de metal llenas de óxido, una base grande de madera y las llantas de madera también. El manubrio estaba revestido de una especie de cuero y los pedales eran un grueso entretejido de metal que rechinaba cuando daba vueltas.

Buscó alrededor para distinguir formas bajo todas las sabanas. Había formas cuadradas, otras extrañas y unas más que parecían postes con las sabanas encima, simplemente. Retiró una más y encontró retratos con marcos de plata, las fotografías aún tenían movimiento y representaban a dos niños de cabello negro y ojos grises, uno más grande que el otro. Sus peinados relamidos hacia los lados, vestidos con trajes oscuros pantalones cortos y saquitos con corbatas de moño. Parecerían gemelos de no ser por la diferencia de edades. El mayor empujaba al menor.

Draco sentía que estaba husmeando en la vida de alguien, se sintió incómodo y arrojó la sabana sobre aquella pila de retratos, haciéndola una bola y quedando sobre todo, pero sin cubrirlos como estaban. Se giró y a su paso había un baúl grande, lo abrió y una nube de polvo se levantó, haciéndolo toser más fuerte. Se cubrió la nariz y los ojos le escocieron, trató de no aspirar el olor a humedad que se alzó. Acercó una de las lámparas que podían desprenderse de sus bases e iluminar lo que él quisiera. Dentro había ropa. Parecía que alguien lo había revuelto todo, rompiendo el orden en que habían sido acomodadas en un principio. Lo sabía porque las cosas de la orilla estaban dobladas y clasificadas.

Sacó una pequeña prenda de algodón, no sabía identificar qué clase de algodón era, pero se sentía aún muy bien al tacto. Era de color azul cielo, perfecto para un bebé. Tenía una pecherita que era parte del mameluco, con un moñito blanco en la parte inferior. Era realmente pequeño, como para un recién nacido. Arrodillado en el suelo, sintiéndose sólo con la compañía del bebé en su vientre se atrevió a imaginarse qué pasaría si se quedaban juntos al final. Después de todo se estaba tomando la molestia de cuidarse por él y cargarlo. Puso la prenda en su vientre y trató de imaginar si le quedaría, si sería tan grande como para entrar en él o tan pequeño como para que le colgara tela por todos lados.

Pensó en el niño de su sueño, era una réplica exacta de Potter con los rasgos típicos de los niños, se imaginó que era igual que Potter a los tres años. Las piernas regordetas, igual que los brazos y las mejillas. La barbilla puntiaguda, los ojos pequeños y perspicaces, la nariz afilada, los ojos verdes y el cabello negro y despeinado.

Levantó la pequeña prenda, olía a vieja y estaba muy pasada de moda, pero no pudo evitar imaginar a un bebé ahí dentro. Sacó otra prenda, era un pantaloncito de gabardina, igual de pequeño, con sus botones al frente y entre las piernas, supuso que eso facilitaba el cambio de pañales. No se imaginaba cambiando pañales con caca, aunque tampoco podía imaginar lo que sentían las mamás al hacerlo. En una ocasión su madre mencionó que siempre le había dado asco ese aspecto de la maternidad.

Sacó otro mameluco de color amarillo pálido, éste tenía el listón sujetando los holanes del cuello y más holanes en las muñecas. Sintió una patada y también se lo colocó sobre el vientre.

—¿Te gusta éste? —Lo levantó para verlo con la luz de la lámpara—. El color es bonito, pero no creo que quede con tu color de piel. Mejor el azul —Tomó el que ya había dejado y los comparó, sujetando cada uno con sus manos.

—¿Malfoy? —La voz de Potter lo sacó de sus pensamientos abruptamente e hizo que se girara. Se mareó un poco y se quedó agachado, con el baúl abierto frente a él y las prendas esparcidas a su alrededor.

—Potter —Se puso la mano en la cabeza—, no vuelvas a hacer eso, en serio.

—Perdón, te estaba buscando, desperté y no te vi. ¿Cómo abriste? —Harry tenía rato viéndolo, pero no quería romper el agradable ambiente entre Malfoy y su hijo. Por un momento pudo ver la ilusión en los ojos del rubio—. Hace cinco años intentamos abrir esa puerta.

—Sólo giré la perilla. Escuché algo y subí —Un grito de admiración por parte de Harry lo interrumpió.

—¡Increíble! Mira esta cuna —Tenía las manos recargadas en la delicada madera, con su emoción la estaba sacudiendo y Draco temió que la desbarataría—. Está genial, ¿verdad, Malfoy?

—Sí, tranquilo —Colocó la ropita en su lugar y cerró el cofre con determinación—, es muy vieja, la vas a deshacer.

—Claro que no, se ve más firme que… —Se interrumpió cuando se quedó con un barrote en la mano—. Con un reparo se arregla.

—No, tonto, hay objetos mágicos que con el tiempo repelen la magia —Le quitó el barrote de la mano y lo dejó sobre el colchón—, eso tiene que reparase a mano.

—Ups —Harry se rascó la nuca, como lo hacía siempre que algo lo ponía nervioso—, perdón. ¿Crees que estas cosas hayan pertenecido a Sirius? ¿Estabas viendo ropita de bebé?

—Sólo estaba husmeando. Buscando algo que pudiera valer al menos un knut, pero no hay nada —Salió de la habitación y miró al moreno—. Me voy a seguir durmiendo, ¿vienes?

Harry no se había equivocado al escucharlo hablar con su bebé, claramente le preguntó que si le gustaba el mameluco amarillo. Decidió que no cerraría la habitación para poder subir a curiosear en el futuro. Tal vez todas esas cosas harían al rubio cambiar de opinión.

—Sí, voy —Dejó trabada la chapa y un cubo con juguetes para que la puerta no tocará el marco. Siguió el camino del rubio y entró a la habitación. Draco ya estaba acostado en posición fetal, se metió entre las sabanas y se acomodó a sus espaldas.

—Me estabas abrazando —Las palabras de su compañero de cama lo sacaron de balance por un momento.

—¿Cómo? —Draco notó que el moreno se había quedado pasmado con sus palabras.

—No me refiero a que me moleste, lo digo por si despiertas y descubres que tienes tu mano sobre alguna parte de mi cuerpo. Para que no me avientes por la impresión o algo así.

—E-está bien —Harry se giró y se acomodó para dormirse fallando estrepitosamente los próximos treinta minutos.

La mañana siguiente pasó sin que ninguno se moviera de la cama. Harry escuchó al rubio moverse varias veces, gruñir, sentarse y volverse a acostar, pero notó que si hacía el intento de moverse el rubio se cohibía y se quedaba quieto un buen rato. Harry entendió que el rubio no quería ser una molestia. Cuando la vejiga del moreno estaba por explotar se levantó corriendo y salió de la habitación dejando al rubio parado a la mitad del cuarto. Al regresar a la habitación ya no estaba.

Escuchó la voz de Hermione en el recibidor y bajó las escaleras corriendo para ver su cabeza en las llamas de la chimenea.

—Hola, Harry. ¿Ya desayunaron?

—Hola. Acabamos de levantarnos, no encuentro a Draco.

—Fue a la cocina —Hermione se rió de la expresión de contrariedad del moreno—. ¿Quieren desayunar con nosotros? Estamos haciendo waffles.

—Hola Granger —Draco estaba de pie, detrás de Harry, comiéndose un pedazo de pan—. ¿Escuché waffles?

—Hola, Malfoy. Sí, estaba diciéndole a Harry que están invitados a desayunar con nosotros.

—Hermione, ¿qué te parece si se traen los waffles y desayunamos acá? A que no adivinas lo que sucedió anoche: Draco abrió el desván.

—No la dejaste adivinar, Potter. Eso es trampa —Draco le arrojó un pedazo de pan a la cabeza—. Es mi turno, ¿qué es tonto, despeinado y con una cicatriz en forma de rayo en la frente?

Hermione soltó una carcajada y Harry lo miró con odio reprimido. Draco regresó a la cocina y volvió con un vaso de leche. Hermione había desaparecido y había prometido estar de regreso en quince minutos. Harry siguió a Draco quien había comenzado a subir las escaleras, una extraña furia se había instalado en su interior. Se sentía como en el colegio cuando se obsesionó con lo que hacía Malfoy en la sala de menesteres. Quería saberlo todo, y era esa misma sensación la tenía en el pecho esta vez.

El rubio hubiera subido las escaleras corriendo de haber podido, entró a la habitación en la que habían dormido y se apresuró a cerrar la puerta, pero Harry puso el pie para frenarlo. El moreno sintió el dolor del golpe, no se había puesto más que sandalias y no era precisamente de gran protección contra golpes. Empujó la puerta con la fuerza que había adquirido en sus entrenamientos antes y después de la guerra y Draco casi se fue de espaldas de no ser por el poste de la cama del que se sujetó fuertemente.

—Estás loco, Potter. Definitivamente estás loco. ¿Quieres matarnos? —Harry entendió que se refería al bebé y a él mismo.

—¿Y a ti eso qué te importa? Eres cruel, Malfoy. Muy cruel con tu hijo. No creo que te importe mucho si lo pierdes.

—¡Eres un maldito enfermo! Claro que me importa si lo pierdo —Ambos se estaban gritando sin saber qué los había llevado a gritarse de esa forma, todo había comenzado demasiado rápido.

—Sabías que te enfrentaría. Es muy cruel que le hagas esto, Malfoy. Ni siquiera ha nacido y ya lo estás sodomizando. De ti no me preocupo, sé que eres un maldito masoquista, pero una criatura que no ha nacido…

—Déjame en paz. Yo sé lo que hago —Draco se sentó en la cama sin soltarse del poste. Con la otra mano se masajeó el vientre. Por alguna razón esto encendió más el coraje de Potter.

—¿Crees que no te vi? Hablándole, preguntándole sobre la ropita que le gustaba. Eres un desgraciado —Harry se recargó en la pared junto a la puerta y se quitó las gafas para refregarse los ojos—. ¿Quién es el otro padre?

—No es de tu incumbencia, Potter —El rubio soltó un gran suspiro. La furia se había ido así como había vuelto—. Ya sabía que no dejarías ir tan fácil ese tema.

—No puedo hacerlo —dijo el moreno, revolviéndose el cabello más, si era posible—. No concibo la idea de un niño creciendo sin su familia pudiendo estar con ella. Es cruel. Yo viví con una familia que no me quería porque no tenía otra opción.

—No es su caso. Vivirá mejor —Las lágrimas se habían comenzado a deslizar por la cara de Draco, manchando el pecho de su playera—. Esa familia lo espera con ansias. Su otro padre no sabe de él, no puede, nunca lo aceptará. Yo estoy haciendo lo que puedo.

Harry se levantó del suelo donde no sabía que había terminado y se sentó junto al rubio. No podía soportar el verlo llorar, tan solo, sujetándose del poste y apretando la playera a la altura de su ombligo.

—Me cuido, como bien, no hago movimientos bruscos. Odio estar así, inflado de todas partes, pesado, adolorido todo el tiempo. Pero estoy aguantando por él. Esto es todo lo que le puedo dar.

—Malfoy —Harry no soportó más y lo abrazó. Lo atrapó tan fuerte entre sus brazos que lo arrancó del poste y en cambio acarició su cabeza incitándolo a que se recargara en su pecho. Draco lo hizo, algo renuente al principio, pero amoldándose a los pectorales fibrosos después. El rubio no pudo detener el torrente de lágrimas que sus ojos liberaron. No pudo evitar rodear los hombros del moreno y afianzarse fuertemente de él.

Lloró en sus brazos un par de minutos y el calor corporal que desprendía el otro hombre lo ayudó a relajarse. Sin saber de dónde, las palabras salieron de su boca, catapultadas por su consciencia.

—Yo nunca había sido el pasivo. Siempre dominaba en cuestiones de —Se sorbió la nariz, aprovechando para pensar mejor sus palabras—, bueno, en todo. Cuando terminé oficialmente la universidad me fui con unos amigos de viaje, no sabía que ahí me encontraría a uno de mis profesores. El hombre era guapo, fornido, muy varonil y elegante. Imposible no convertirlo en tu amor platónico.

Se separaron un poco para secarse las lágrimas cada uno. Draco continuó con la voz un poco más nasal.

—Me invitó unas copas en un pub, de ahí fuimos a su habitación del hotel y —se encogió de hombros— se hizo la magia. Me lo hizo toda la noche, parecía que nada lo dejaría satisfecho. Fue mi primera vez abajo, lo hizo realmente bien, no me lastimó nunca. Hasta la mañana siguiente, cuando me confesó que se casaría y que era su último viaje de soltero.

Harry se volvió a lanzar con los brazos abiertos para envolverlo y el rubio se lanzó de lleno dentro del gesto y se conmovió tanto que volvió a llorar.

—Se siente horrible cuando guardas amor efímero por alguien y un día, como en un sueño, ese alguien hace parecer que te corresponde. Que estarán juntos toda la vida. Te sube hasta el infinito y te deja caer sin avisarte —Se secó las lágrimas con la sabana de la cama y Harry salió corriendo, regresando medio minuto después con un papel higiénico completo—. El enamoramiento se me pasó. Duele cuando lo recuerdo, pero sí, definitivamente quedó atrás. Ahora sólo tengo que superar esto.

Potter arrugó el entrecejo y cuando iba a decir algo, Malfoy lo silenció.

—El embarazo. Me refiero al embarazo. Las estúpidas hormonas volviéndome loco, los achaques matutinos que aún tengo, mareos, ascos. Agrégale el dolor de espalda, el mal sueño, pesadillas —Draco se volvió a acomodar entre sus brazos, una mano de Potter se posó en su vientre. Lo miró, pidiéndole permiso con la mirada para intimar un poco con la criatura. Draco puso la mano sobre la suya y lo arrastró a donde se sentía lo durito de lo que, supusieron, era la espalda.

—Dices muchas veces que no tienes nada que ofrecerle, que te quedaste sin dinero y no tienes casa —Harry siguió acariciándolo hasta que lo sintió moverse, incitándolo a más caricias—. Esta casa pertenecía a tus antepasados, puede ser tuya, si quieres. Yo te ayudaré si me lo pides. No tengo nada de lo que tienes tú y te envidio.

—¿Me envidias, Potter? Te otorgaron premios, recompensas y montones de fiestas por todo lo que hiciste contra el señor tenebroso. Tienes una mansión con cuartos que no usas, una casa que no te molesta seguir compartiendo con los antiguos dueños. Supongo que tienes oro para morir y un empleo.

—No, si cuando lo haces sonar así parece que vivo en la maldita gloria. Sin una sola persona con quien compartir todo esto. Te digo que te envidio.

—Envidias a un fulano que por caliente se metió en el peor problema que ha tenido que enfrentar solo y sin un knut en la bolsa. ¿Te embarazarías si pudieras?

—Sí, creo que sí, pero no me cambies de tema.

—No sabes de lo que hablas —Con un poco de esfuerzo se volvió a incorporar. Ignoró el pensamiento de Potter pidiéndole que formara una familia con él. Era tan bizarro que ya ni siquiera recordaba las palabras qué había usado.

—No Malfoy, es en serio. En todo caso deja que lo adopte yo. Dame la oportunidad —Draco caminó por toda la habitación, recogiendo su ropa y oliéndola para calcular las veces que podía seguirla usando. Harry recordó que ese día irían de compras.

—Si lo adoptas tú, Potter, no podré volver a verte, y para el momento en que decida salir de aquí y yo pueda pagarte, tendré que enviarte cada centavo en un sobre, ¿sabes lo pesado que resultará eso para una lechuza?

—Eres conflictivo —Le arrebató la ropa de las manos y cruzó la habitación con el rubio pisándole los talones. Se metió a su habitación y abrió el ropero. Le hizo señas para que escogiera lo que quisiera usar ese día—. Ya te dije que no tienes que pagarme nada. Él me cae bien —Señaló el vientre del rubio y Draco lo miró.

—Es muy agradable que te caiga mejor un no nacido que yo. Déjame pensar en tu oferta. Te gustará conocer a la pareja que lo adoptará y haré un sorteo. Si tienes suerte, se queda contigo. No se aceptan devoluciones.

—Eres muy malo expresándote así de tu hijo.

—Tu futuro hijo. Ya sabes, si tienes suerte —Buscaba entre la ropa colgada algo que le gustara y le quedara.

—Creí que eras de los que daban la vida por su familia. ¿Qué pasó con lo que le dijiste a Dumbledore la noche de su muerte?

—No puedo permitir que el miembro más importante de mi familia pase por la vergüenza y la deshonra de ser un Malfoy —Harry guardó silencio mientras Draco salía de la habitación con una playera en la mano. Escucharon la voz de Hermione en el piso inferior y Draco se topó de frente con Ron que acababa de subir las escaleras.

—Hola —El pelirrojo se revolvió el cabello y miró a Harry, quien estaba parado en la puerta de su habitación—. Malfoy, ¿cómo estás?

—Bien, Weasley, gracias por preguntar. Puedo ver que tú estás magníficamente —Cerró su cuarto de un portazo y se quedaron solos Harry y Ron.

—¿Pasó algo? —Harry se encogió de hombros y bajó las escaleras para saludar a la castaña. Hermione estaba preparando la mesa para los cuatro cuando entraron los dos a la cocina.

—¿Dónde está Draco? —Lo buscó con la mirada cuando ellos entraron y se sentaron.

—Sí, Hermione, estoy bien, ¿qué tal dormiste tú?

—Muy bien, gracias —Se sentó con ellos y cuando Harry iba a tomar un waffle para llenarlo de miel, la castaña le pegó en la mano—. Tenemos que esperarlo, sería muy descortés comenzar sin él.

—¿Desde cuándo es tu mejor amigo? —Ron miró a Harry para saber si contaba con su apoyo. El moreno se sirvió jugo y le dio un trago.

Todos vieron al rubio entrar por la puerta jalándose la playera que Harry le había prestado. Tomó asiento en el lugar más cercano a la puerta, agarró un waffle y lo llenó de miel. Hermione lo siguió mientras Ron y Harry los veían comer. Draco le pidió el jugo de naranja a la castaña y ella, con mucho gusto, se lo puso a la mano. Ron iba a servirse leche y Draco alargó el brazo para tomar la jarra y servirle a la castaña y a él.

Iban por el segundo waffle cada uno cuando Harry y Ron comenzaron a desayunar.

—Te quedaron muy bien, Granger. Debo admitir que me sorprende que sepas cocinar.

—Gracias Malfoy, tomé un curso, puedo darte algunos consejos cuando quieras —Hermione se recargó en el respaldo de la silla y se acarició el vientre. Harry y Ron estaban terminando con los últimos waffles. El rubio llenó la tetera con agua caliente y acercó todo a la mesa para que cada quien se preparara su té a su gusto.

Hermione le preparó el té a Ron y a ella. Harry se preparó el suyo y Draco fue el último en servirse, tomó un tarro con galletas y las llevó a la mesa. Todos dieron un suspiro, estaban satisfechos por el desayuno, la miel y ahora lo caliente del té recorriendo sus gargantas y posándose en sus estómagos. El bebé de Hermione le dio una patada e hizo un gran escándalo, llamando a Ron para que lo sintiera, entre los gritos dijo que no le había tocado sentir a su hijo moverse. Fue la sensación por algunos minutos.

—Hace un rato sentí al bebé de Draco —dijo Harry. El rubio lo miró con asombro, por haberlo llamado por su nombre. En algún momento de la mañana se habían vuelto cercanos—. Tiene mucha fuerza.

—Es increíble. Saber que hay vida.

—Y que saldrá —dijo Draco, dándole un sorbo más a su té—, y no te dejará dormir bien en meses, tendrás que dividir tu tiempo, reorganizar tus prioridades. Probablemente dejar de trabajar. Increíble.

—Tú de verdad no quieres a tu hijo, ¿verdad? —dijo Ron, mirándolo con algo de rencor.

—Ey, ¿quieren ir al desván y ver las cosas que hay ahí? —Harry desvió la atención de todos para evitar una confrontación. Draco se había puesto muy incómodo. El moreno se terminó el té de un trago y se puso de pie, incitando a que todos lo hicieran y subieran con él. Ron se puso de pie y casi arrojó la silla hasta el suelo, salió de la cocina y lo escucharon subir las escaleras. Harry lo siguió y así se quedaron solos.

—Me apena tanto que no quieras a tu hijo, Malfoy. En mi opinión esto es lo más hermoso que me ha pasado.

Salió ella también dejando sólo al slytherin. Se tomó su tiempo para beber el té y comer un par de galletas. Dejó sus manos descansar sobre su vientre y se sopló el flequillo para sacárselo de la cara. Sintió una patada y como se movía todo su interior. Movió las manos sin despegarlas y presionó un poco por diferentes puntos. El resultado fue el mismo, patadas y más movimiento.

—De verdad eres fuerte. Podrás sobre llevar la vida que te espera —Se puso de pie y subió las escaleras. Las cosas del desayuno quedaron todas ahí, él no era un elfo domestico para limpiar.

Escuchó los gritos entusiasmados de Granger desde el desván y los comentarios de Ron sobre sus viejas túnicas de Hogwarts. Iba a cerrar la puerta de su habitación cuando escuchó una puerta azotarse, el silencio y después gritos y golpes. Sonrió de medio lado, imaginándose lo que harían si él no estuviera en casa. Podía escuchar a Potter gritando su nombre, pidiéndole que les abriera. Subió las escaleras con mucha tranquilidad, contando los escalones. Se tomó su tiempo, acariciándose el vientre, jugando con su playera, picándose el ombligo sobre la tela y luego la levantó para ver su forma redonda.

—¿Sí? —gritó un poco, nada demasiado escandaloso como los gritos que estaban pegando los gryffindor desde adentro. Se quedaron cayados y luego volvieron los golpes, pero sólo una voz gritando está vez.

—Abre la puta puerta, Malfoy.

—Ah, Weasley —fingió un tono de sorpresa, el mismo que había llegado a usar en sus años de colegio—. Qué gran privilegio es escucharte, ¿qué haces ahí adentro?

—Draco, por favor, ¿podrías abrir la puerta? —Ahora era Granger, con voz suplicante—. Está realmente oscuro aquí dentro.

—No sé si pueda hacer el milagro, estas cosas generalmente no se repiten. Son tan increíbles —Tomó el pomo de la puerta y lo giró. Sonó un ¡click! Y ésta giró sobre sus goznes y lo primero que vio fue una mancha roja que se le echó encima, lo tomó de la ropa a la altura del pecho y lo estrelló con ganas en la pared.

Harry gritó, al igual que Hermione y se arrojó sobre ambos para separarlos. El puño del pelirrojo estaba muy arriba y Draco tenía aquella expresión de terror de nuevo. Levantó las manos en el aire y apretó los ojos, esperando el primer golpe. Sólo sintió unos fuertes brazos rodeándolo, cuando abrió los ojos era Harry quien lo protegía con su cuerpo, de espaldas al pelirrojo, pero mirándolo fijamente. La castaña se había abrazado de Ron para detenerlo con su propio cuerpo.

—¿Qué demonios ibas a hacer, Ron? —Harry gritó con todo el aire que podía salir de sus pulmones. Draco lo sintió temblar y se agarró de sus brazos—. ¿Estás bien? —El rubio asintió vehementemente y bajó la mirada.

—Sólo era una broma, no pensé que se lo tomaría así.

—Abstente de hacer esa clase de bromas —Ron respiraba agitadamente, pero sostenía a Hermione fuertemente—. No fue gracioso.

—Pues tú estampándome en la pared tampoco lo fue.

—¿Pueden callarse los dos? —Granger enterró la cara en el pecho del pelirrojo, su voz volvió a sonar, pero mucho más acallada por el cuerpo de su marido—. Esto pintaba ser un gran día.

—Aún puede serlo, vayan a hacer lo que sea que hacen ustedes —Draco se soltó del cuerpo de Harry y caminó a las escaleras, iba a bajarlas y Harry lo detuvo al ver que caminaba con dificultad—. Estoy bien, Potter. Iré a descansar a mi habitación.

Hola. Jajaja es una historia graciosa, siéntense, bajen las armas y se las cuento.

Campo clínico en quirófanos después de clases desde las siete de la mañana, bueno, digamos que andaba fuera de mi casa desde las seis de la mañana hasta las nueve o nueve y media de la noche. A bañarme y dormir para el siguiente día volver a hacer lo mismo.

La cosa es que ya andamos queriendo volver, mi súper mega gran amiga beta de mi corazón también anda apurada con exámenes, es que la fuckin real life nos absorbe y no se puede hacer nada. Espero sepan perdonar la tardanza.

Que sepan que estoy empezando la continuación. 'Las siguientes aventuras de un Malfoy embarazado'. ¿Qué opinan del título? También se aceptan sugerencias ;D