~o Las desventuras de un hombre embarazado. Oo~

-Capitulo 7-

Caminaba descalzo sobre las afiladas rocas de la cueva. Cuando despertó y vio oscuro pensó que era de madrugada y que Potter había dejado todas las luces apagadas pero al darse cuenta de que no estaba cargando el vientre cayó en cuenta de que se trataba de un sueño. No podía tener miedo de los sueños pero su corazón y respiración siempre se agitaban como si de verdad el peligro le aguardara a la vuelta de la esquina.

No podía creer que tuviera esos sueños tan vividos cuando nunca había recordado ni un solo sueño, menos estar tan consciente de que lo era. Durante la guerra todo lo que recordaba era despertar empapado en sudor, con la respiración agitada y al límite de la taquicardia.

Ahora sólo caminaba, pero estaba impaciente por saber lo que le aguardaba con aquella escena. Su mente era un lugar interesante a juzgar por esos sueños. Una cueva, muy pintoresca, misteriosa e inspiradora. Al fondo escuchaba el sonido de una gotera que caía en una determinada cantidad de agua. En esas ocasiones sabe que cae en un charco, no hay más agua en aquel lugar húmedo y frío. Así son los sueños.

Siguió caminando hasta llegar a la entrada de una construcción. La asoció a la entrada de la academia. El edificio principal con sus pilares del estilo griego, muy altos. Parecía un viejo templo griego pero atravesando esos pilares estaba oscuro, una pequeña puerta y un jinete a lado izquierdo. Subió las escaleras y vio al caballo moverse y exhalar grandes cantidades de vapor. Los pelos de la nuca se le pusieron de punta pero siguió caminando imperturbable.

Atravesó un corredor muy común, que le recordaba al corredor que conducía a la puerta de su apartamento en Viena. Sabía que la puerta era la tercera, con el número sesenta y seis pero siguió de largo al escuchar el llanto de un bebé al fondo. Sólo había una puerta para el personal de mantenimiento donde se suponía que guardaban escobas y esas cosas. Al abrir la puerta una gran tormenta azotaba un pueblo en los bordes de una carretera.

No quería quedarse en la tormenta así que quería volver al edificio. Al darse la vuelta sólo tenía el mar a espaldas, embravecido, con fuertes olas y grandes vientos que arrastraban todo. No le quedó más camino más que la carretera. Estaba descanso y mojado pero no sentía el frío. Se dejó llevar por el mismo llanto del bebé que no se había silenciado. No podía evitar seguirlo ya que el llanto le había llegado hasta lo más profundo y quería callarlo.

Sin quererlo llegó a una taberna, todo estaba vacío a pesar de que parecía que un segundo antes hubiera estado lleno de gente con vasos medio llenos, jarras, ceniceros con cigarrillos y pipas. Sombreros y abrigos en los percheros, como si simplemente la gente se hubiera desaparecido. En la esquina más remota había unas escaleras que llevaban a la planta superior. Él sabía que había habitaciones para rentar. Abrió una puerta sin interesarse mucho y dentro vio una cama revuelta y ropa por todos lados. Alguien había estado haciendo cosillas recientemente y desapareció sin su ropa.

Llegó al final del pasillo a otra habitación. Abrió la puerta y esta vez estaba en su antiguo cuarto en la mansión Malfoy. Se había trasladado de Austria a Londres en el mismo sueño y ni siquiera le dolían los pies. Llegó a la cama, que seguía en el centro, tenía el dosel echado con pesadas cortinas que no permitían el fácil movimiento. El llanto era más fuerte ahí.

Lentamente agarró la tela y la recorrió revelando la cama. Cuando lo abrió totalmente, el sonido terminó sólo había quedado una cobija color salmón y un biberón con la mitad de su contenido en leche. Tomó entre sus manos la cobija, la olió y despertó en su cama, sudado y sentado al borde, abrazando un abrigo que había pertenecido a su madre.

El abrigó cayó a sus pies cuando deliberadamente abrió los brazos y abrazó a su bebé aun en su vientre. Esos sueños estaban desquiciándolo ya que tenía la firme idea de que no podía tenerlo. Desde su llegada a Londres no había visto más que desprecios y malas caras. Malos tratos fue lo que obtuvo al llegar a una taberna a pedir trabajo, no se apiadaron ni siquiera de que no había comido en días desde que había llegado, totalmente arruinado, en quiebra y arrepentido. Él había superado la guerra, pero la gente que había tenido de frente a su padre mientras otros los torturaban, no.

Por lo tanto era injusto que él y aquel niño tuvieran que pagar las consecuencias.

Tomó la pluma que había abandonado sobre el pergamino que había decorado para su madre y comenzó a escribir:

Te odio.

Padre, espero que estés leyendo esto y sepas que te odio. Arruinaste mi futuro y no sólo el mío, sino también el de mis futuros hijos, ¿qué maldita vida les espera si en la calle la gente los señalará como nietos de Lucius Malfoy, el mortífagos que arruinó la vida de cientos de personas?

Me pediste perdón y dijiste que no tenías más remedio que hacerlo por el bien de la sociedad mágica, por el orgullo y los ideales de nuestros antepasados. Pues bien, que se jodan.

Tú y esos ideales quiero que se pudran en el infierno, donde pertenecen.

He cambiado, sigo pensando que soy superior, pero ¿sabes a donde me ha llevado esa superioridad? A vivir de la caridad de otros, de los buenos gryffindors y por si fuera poco de alguien a quien desprecias; a quien, por un tiempo, quisiste ver muerto a los pies de "tu señor" ¿dónde está tu señor ahora? ¿Crees que él pueda darme la mano y sacarme del hoyo dónde estoy?

No lo creo, ¿y sabes por qué? ¡Porque está muerto! No quedó nada de él, pero de mi sí, y ahora estoy aquí, pasando las mil y un tragedias y penurias. Creo que ni en el infierno estaría tan mal.

Déjame darte las gracias, ahora tengo que abandonar a la única creatura que tal vez me ame sin ninguna intención de por medio.

Tu hijo que te odia, Draco.

P.D. Espero que mi hijo no me odie como yo a ti, porque entonces sabré que mi vida está terminada.

Dobló el pedazo de pergamino y salió de su cuarto; quería saber dónde estaba Potter, se asomó dentro de su habitación y lo vio tirado en la cama, cual ancho era, con un pedazo de papel en el pecho, los lentes chuecos y los ojos cerrados. Se acurrucó a su lado y sin quererlo comenzó a llorar amargas lágrimas, gimiendo desde el pecho. Apretaba los ojos, se jalaba el cabello con los puños y rechinaba los dientes.

Él había superado la guerra, un poco; pero no podía dejar de repetirse que las personas a su alrededor no y que aún querían cobrarle cada cosa que había hecho mal, impulsado por el miedo. Tal vez su instinto de supervivencia lo había llevado a aceptar que había cambiado su personalidad despreciativa, pero seguía siendo él, seguía sintiéndose superior y por lo tanto solo, en un mundo donde sus filosofías ya no eran aceptadas, donde lo que él había aprendido desde chico ahora era penado.

No quería un mundo donde se sentía como extranjero, no quería un mundo donde sus ideas estaban mal sólo por ser diferentes. Quería un mundo donde se le respetaba por ser quien era, por sus cualidades y donde aceptaban sus defectos aunque él se había negado rotundamente a aceptar a los de más en el pasado. Tenía un orgullo pisoteado, tenía ideas abolidas a las que aún era fiel, le faltaba la fuerza de expresarse, le faltaba un sostén.

Lo sintió patearle, pensó que su sostén era él, pero no podía aceptarlo así, no podía condenarlo a una vida de soledad siendo inocente. Quería que aprendiera cosas diferentes, que aceptara teorías, razones, puntos de vista diferentes del mundo y su distribución. Que juzgara con fundamentos y que si un día tenían la oportunidad de platicar, entendiera sus motivos y lo perdonara.

El lunes llegó y con él un nuevo sol que se asomó en el horizonte. Harry sintió el peso sobre su pecho y movió el brazo, el otro lo tenía atrapado, movió la mano y sintió lo que supo era una espalda. Se quedó un rato acariciándola hasta que abrió los ojos y la habitación llena de luz lo cegó. Se talló un ojo con la mano que tenía libre y notó sus gafas bajo su cabeza. Se las quitó y las arrojó a un lado mientras Draco se movía sobre él aún. No había sentido al rubio llegar, aunque no tenía problemas porque ya se estaba acostumbrando a despertar con él, aunque sí le extrañó la posición ya que él siempre dormía dándole la espalda.

Draco se movió, recargándose en un codo, Harry vio la mancha frente a él y sonrió.

—Buenos días —se rascó la cabeza y bostezó.

—¿Días? ¿Qué hora es? —Harry sintió su pecho mojado, se tocó y se dio cuenta que se había quedado dormido con la misma ropa con que había pasado el domingo entero.

—No sé, tengo que trabajar y hoy tenemos que ir al San Mungo con el sanador —se sentó junto al rubio y buscó los lentes con las manos, se los puso y estos estaba chuecos. Se apuntó a su mismo con la varita y de un movimiento los arregló.

—¿No tienes hambre? —Draco se estiró y se fue para atrás contra la cama cayendo en su espalda.

—Sí, no cené nada —Harry lo agarró de las manos y lo ayudó a sentarse de nuevo. Draco se recargó en su hombro y Harry le dio palmaditas en la espalda baja—. Vamos, hoy tienes la cita con el sanador. Yo no tengo nada programado hasta después de las cuatro de la tarde.

—Vamos a desayunar, le mandas una carta al sanador y nos vamos. Dijo que le dijéramos la hora en que iríamos, ¿no?

—Sí, está bien.

Harry se levantó y salió de la habitación. Draco se quedó un momento más con la vista fija en la puerta cuando me movió escuchó el ruido que hace un papel al ser estrujado. Recordó levemente que en la noche Potter había tenido un pergamino sobre el pecho. Lo abrió y su vista se pasó rápidamente por las líneas de letra estilizada. Algo duro se le instaló en el pecho, como si hubiera tragado una roca del tamaño de su puño. Sintió una pequeña punzada en el vientre, un dolorcito que no se fue durante el resto de la mañana.

Al llegar a la recepción para el sanador McNamara se percataron de que el sujeto era muy conocido. No sólo había un par de personas esperando que los atendiera, habían prácticamente cientos de personas esperando ser atendidas. Hombres y mujeres por igual, desde el ligeramente embarazado hasta la que estaba por reventar. Iban caminando a la par y viendo para todos lados que Draco no se dio cuenta cuando Harry se quedó atrás platicando con una persona. Al percatarse se reunió con él y grande fue su sorpresa a toparse con Lunatica Lovegood.

—Oh, hola Draco —el rubio movió la cabeza de forma educada y se ciñó un poco más el abrigo como si así evitara que ella se diera cuenta de su vientre—. Vas a tener un bebé, qué bien, felicidades.

—Gra-gracias —Draco quiso mirar para todos lados, esperando que Potter se despidiera pronto, pero la mujer volvió a hablar.

—Es muy interesante como los hombres nacen con esa facultad para procrear —la voz le salía tan despreocupada y quedita que pensó que fácilmente podría vender audiolibros en el mundo muggle para antes de dormir—. Si una mujer está embarazada y ve a un Sluper, si el sexo del bebé aún no se define nace niña, pero si es niño, éste adquiere la facultad de engendrar y dar a luz. Pero sólo si eso pasa en luna llena y los Sluper no salen mucho en luna llena. Felicidades, eres un elegido.

Harry se aguantó la carcajada que había casi expulsado su boca. No quería escuchar los comentarios de Malfoy sobre las locuras de Luna. Cuando iba a cambiar el tema Draco dijo:

—¿De verdad? —El moreno lo vio con incredulidad, estaba jugando—, le preguntaré a mi madre cómo son —no, no estaba jugando—. Nunca había escuchado de ellos, ¿les pueden hacer daño?

Harry no creía lo que estaba viendo. El rubio había creído cada palabra de Luna.

—No, no son peligrosos, dice mi padre que mi madre vio uno cuando aún no sabía que estaba embarazada. Por eso soy niña —Draco asintió totalmente atrapado con sus palabras—. Son muy tiernos, pero mueren al ser atrapados —se giró con Potter—. Dime Harry, ¿cómo está Hermione?

—Ah, ella está muy bien, también está embarazada —El rubio dijo algo sobre ir a registrarse y él lo siguió con la mirada hasta que lo perdió entre tanta gente—. Aquí hay mucha gente.

—Los embarazos han subido mucho desde el fin de la guerra. Los sanadores de aquí a veces no se dan abasto. ¿Cómo te ha ido a ti?

Luna había hecho la carrera de sanadora, ahora era aprendiz residente de la especialidad sobre ataque de criaturas mágicas, su especialidad eran los enigmas. Siempre le acertaba a cada tratamiento por más rara que fuera su teoría.

—Muy bien, mi trabajo no me aburre. ¿Qué haces por acá? Creí que te dedicabas a los ataques de criaturas mágicas.

—Sí, estoy auxiliándolos está temporada ya que miembros del personal pidieron vacaciones. ¿Vienen con algún sanador en especial?

A Harry le pareció que Draco ya se había tardado, sólo era anotarse en la lista del sanador y regresar pero hasta para eso ya había pasado bastante tiempo, decidió esperar un poco más, por el montón de gente que se veía apeñuscada en un escritorio continuo al de los pergaminos para las citas.

—Venimos con el sanador de Hermione, McNamara.

—Oh, es el mejor de aquí además del jefe del área —se quedaron en silencio por un rato, ambos viendo a otros puntos menos a sí mismos—. Tu amigo ya se tardó.

Harry sintió que le jalaban el pantalón y miró hacia abajo. Era un niño como de cuatro años, chinito y con ojos enormes.

—¿Usted vino con un muchacho de chaqueta negra?

—Sí —Harry no supo a qué iba eso.

—Está llorando allá.

Harry corrió buscándolo, no lo veía por ningún lado, se giró pero tampoco vio al niño. Siguió empujando gente, buscando al rubio aunque seguía sin verlo. Pensó y pensó qué pudo haberlo hecho llorar, pero no podía dar con una razón lógica. Últimamente el hombre había sido más llanto que Malfoy, pero estaba embarazado, claro que las hormonas lo tenían vuelto loco, pero que se pusiera a llorar en un lugar público sí era raro, hasta para él. Y eso explicaba el por qué se había escondido.

Al fondo podía ver una fuentecilla, un pequeño espacio abierto para los nerviosos que necesitaban aire fresco, vio la cabeza rubia, estaba sentado en el borde de la fuente y con una mano dentro del agua cristalina. El moreno se sentó a su lado abrazándose las rodillas, Draco estaba en posición de loto con una mano bajo su vientre, hipaba un poco así que Harry le puso una mano sobre los hombros.

El rubio se removió un poco, se pasó la mano por la cara y sorbió la nariz.

—¿Te registraste? —El rubio se encogió de hombros—. Esa no es una respuesta. ¿Pasó algo? ¿Alguien te dijo algo?

El rubio ni siquiera contestó, simplemente se quedó tieso y mirando en cualquier dirección que no fuera la de Harry.

—¿Quién fue?

Harry no necesitaba ser adivino para saber las cosas por las que había pasado el rubio. La sociedad era rencorosa y cuando podía, era vengativa. Pero sólo con aquellos que no podían defenderse. No hacían nada, a menos que se sintieran con el poder para salir ganando.

—Dicen que tengo que esperar mi turno —volvió a sorber la nariz así que Harry apretó el agarre contra sus hombros y lo acercó a él—. No soy una mujer, no necesito que me consueles —el moreno aflojó el brazo hasta que casi cae totalmente—, no me sueltes, necesito a un amigo.

Draco estaba llorando; oficialmente. A Harry se le partía el corazón, bueno, siempre había tenido problemas viendo a las personas llorar, nunca sabía cómo reaccionar, siempre recurría a las infalibles palmaditas en la espalda, pero cuando una persona lloraba por una injusticia el mundo podía decir adiós al "buen Harry" y conocer al "puto-niño-que-venció".

Agarró muy fuerte la mano del rubio, se pusieron en pie y caminaron hasta los escritorios donde la gente registraba su llegada para ser atendido. La secretaria era una mujer con sobre peso, el cabello rubio con raíces negras y el grotesco maquillaje la hacían lucir como un payaso de feria. Masticaba goma, lo cual provocaba ganas irrefutables de golpearla.

—Disculpe —habló Harry con voz potente. A su lado Draco se encogió—, venimos con el sanador McNamara, avísele que Harry Potter —dijo su nombre muy despacio, dándole la seriedad que todo el mundo le daba cuando hablaban de la guerra— lo está esperando.

—E-el sanador está… —la mujer temblaba y no podía controlar su voz, desafinando constantemente.

—No me interesa —Harry jaló más a Draco para que se acercara a él, puso una mano en el escritorio y se agachó hasta que su nariz casi tocó la frente de ella—, sólo dígale que Harry Potter está aquí.

—E-enseguid… —parpadeó buscando el intercomunicador que actualmente usaban para mantener contacto con el personal dentro de los consultorios.

—Y la próxima vez procure tratarlo mejor —el moreno se puso recto, mostrando todo lo alto que era y para impresionar más infló el pecho—, es mi protegido.

Draco quería esconder la cabeza donde fuera, levantó una de las solapas de su abrigo y trató de ocultar aquella sonrisa de orgullo de él. Aunque miraba el suelo sonrojado y realmente, realmente se había impresionado con el impetuoso arranque de Potter por mostrar su poder. No volvería a burlarse de él, al menos en todo el día.

Cinco minutos después el sanador había despachado a su paciente y los había hecho pasar. Estaban todos sentados al rededor del escritorio, el sanador del otro lado, con las manos entrecruzadas y la barbilla apoyada en la redecilla que eran sus dedos. Draco a lado del moreno lo miraba intermitentemente, intercalando entre el sanador y él. Por su parte Potter hiperventilaba, parecía que no pudiera controlar su respiración, hizo una señal con la mano y guardaron silencio un poco más.

—Debo decir que esa mujer es como buen servidor público, malos tratos y se da mucha importancia aunque su trabajo podía hacerlo cualquiera.

—Me hizo enojar mucho —dijo Potter, desordenándose el cabello y posteriormente restregando sus manos contra sus ojos.

—A lo que venimos. Draco —lo miró atentamente—, ¿cómo te has sentido?

—Bien.

—Eso no resume todo tu embarazo —el sujeto tras el escritorio sacó una libreta y una lapicera. Comenzó a escribir sin mirar a nadie y después volvió a hablar—: Dices que son siete meses, ¿verdad? Te haré algunas pruebas, ¿gustas pasar tras el biombo y quitarte la ropa?

—¿Es opcional? Porque no, no quiero, de hecho.

El sanador lo miró. Draco esperaba contar con el apoyo del moreno pero todo lo que encontró fue desconcierto. Mucha confusión.

—Debo insistir —el hombre sonrió, pero no era una sonrisa amigable, era una sonrisa mordaz—, no te has hecho ninguna clase de chequeo en siete meses y debo hacerlos hoy —remarcó la última palabra—. Ponte la bata que está tras el biombo, por favor.

No tenía muchas opciones así que de mala gana se arrastró hasta el biombo que estaba a un costado del escritorio, bien cubierto comenzó a desnudarse, quitándose prenda por prenda y mientras temblaba escuchó la conversación que intentaban iniciar los otros dos. Potter era una patoso hasta para hablar y el sanador realmente era pesado, ¿cómo era que tanta gente quería que los atendiera? De verdad tenía que ser bueno. Draco se quitó la playera de ese día y encima se puso la bata, era de esas cosas que tenían destapado el culo, unos cordeles ataban un extremo con el otro pero ni con cuatro brazos podría atarse eso.

El sanador lo llamó.

—No puedo atar la bata —una silla se movió de su lugar y los pasos sonaron contra el suelo. Potter habló y lo sintió plantarse a sus espaldas. Eran cinco cordeles y él sólo había podido atar el primero así que el moreno se puso con los demás sintiendo nervios al ver la piel tan blanca de su espalda. Tan lisa y delicada que se le antojaba muchísimo acariciar, tal vez hasta arañarla para ver el color rojo quedarse ahí.

—Listo —Potter se dio la vuelta y volvió a dejar al rubio temblando y sudando por la proximidad. Cosas muy locas le estaban pasando últimamente pero pensaba culpar a las hormonas hasta que no le quedarán más opciones.

Salió totalmente desnudo pero con la bata. El sanador se puso de pie y lo invitó a una camilla instalada frente al biombo, se subió mediante un banco que estaba a los pies y se sentó. El hombre comenzó a inspeccionar desde la cabeza, tono de piel, faringe, lengua, fluidos. Todo era importante en una persona en su condición. Revisó la dentadura de Draco encontrándola perfecta, pero como el rubio sospechaba que los sanadores siempre le encontraban algo mal a todo el mundo, él no era la excepción.

—Estás desnutrido, no te has alimentado bien —se quitó el hechizo que había puesto sobre sus manos para la inspección—. Recuéstate, por favor.

Él sabía que tenía que seguir las indicaciones. En una ocasión su padre lo llevó a una revisión que él mismo no quería pero el hombre fue muy sabio cuando le habló: "Si quieres que salgamos pronto de aquí quédate quieto y haz lo que el sanador te dice. Te prometo un helado después de esto" así que toda su vida había seguido el mismo consejo y le había funcionado.

El sanador jaló una sábana por sus piernas mientras levantaba la bata azul lumbago, cubrió sus genitales y dejó su vientre al descubierto. Harry era la primera vez que veía ese trozo de piel directamente así que por más que lo pensaba y quería no podía quitar la vista. El sanador comenzó tocando con la yema de sus dedos de arriba hacia abajo, hasta la pelvis del rubio donde al presionar un poco arrugó el entrecejo.

—¿Te duele? —Draco negó—, no me refiero a esto. Digo que si tienes alguna clase de dolor desde, no sé, días tal vez.

—Hoy en la mañana —el sanador le puso una mano en el hombro y movió una palanca con el pie para bajar la camilla. Arrastró una silla, se sentó y jaló una especie de mesa que contenía algunos frascos y una pantalla como de televisor conectado a un mango con una circunferencia de cristal.

—Pondré este gel, está frío. Vamos a dar una miradita al interior de tu vientre para ver a tu hijo.

—¡Sí! —fue Potter quien contestó y se paró frente al monitor.

—Tomará un poco de tiempo, estoy trabajando en una máquina de ultrasonido para que funcione aquí y nada más tengo esto que es algo lento pero a la gente le gusta y a mí me facilita mi trabajo—dejó el cristal sobre la piel blanca y estirada y Harry notó que a pesar de todo no poseía ninguna imperfección, aunque alcanzó a ver la punta de una cicatriz. La pantalla soltó un sonidito y comenzó a iluminarse, era como un cono, un proyector que lanzaba una gran luz que iba abriéndose al final.

Vieron una circunferencia, escucharon algunos golpecitos, como un tambor que tocaban muy rápido sin espacio a la intermitencia, la circunferencia fue tomando forma conforme el sanador movía la bolita sobre la piel. Vieron un par de pies, la imagen era muy nítida y muy clara aunque sin color. La magia hacía lo suyo ya que era como ver por un orificio el interior de una pelota con mucha agua.

—¿Entonces qué es? —Draco y el sanador se giraron a ver a Potter a quien le brillaban los ojos más de lo normal.

—No se deja ver, tiene las piernas cruzadas —movió la mano para ver otra parte, está vez fue el torso. Draco sentía extraño que el sujeto lo estuviera tocando sin importarle nada. El gel estaba frío y las corrientes de aire, aunque pequeñas, lo hacían sentir más frío aún.

—¿Y no se puede saber por su cadera o algo así? Una vez escuche que podías saber el sexo de una persona por su —dejó de hablar al notar las miradas sobre él—… cadera.

—No tengo visión de rayos X todavía, señor Potter.

Draco seguía viendo el video de su hijo. Su torso tan pequeño, tan humano, no podía creer que estuviera dentro de él, se le antojó imposible. Puso una mano a un costado y en la pantalla vio la protuberancia, se le hizo divertido porque inmediatamente el bebé en la pantalla comenzó a moverse y Draco sintió eso en su barriga.

Pasaron a la cabeza y a Draco se le hizo más grande de lo necesario. Era como más cabeza que cuerpo pero lo que el bebé hizo a continuación lo dejó sin palabras. Se llevó su pequeña mano hasta su cara y comenzó a chuparse el dedo. El rubio sintió como una piedra caía muy fuerte en su pecho, ese pequeño gesto había hecho que se le acelera el corazón y se le humedecieran los ojos. "Lo quiero" pensó pero eliminó esos pensamientos "por el bien de él, estar lejos es lo mejor" pensar en eso sólo hizo que las lágrimas se deslizaran desde sus ojos, la imagen del bebé abriendo su boquita como quien bosteza y regresando el dedo a su boca junto al siempre palpitar de su pequeño corazón, tan acelerado y rítmico a la vez.

La pesada mano de Potter cayó sobre su hombro y lo vio. El hombre tenía las lágrimas hasta la barbilla y no se preocupaba por ocultarlas. Se miraron y el moreno sonrió; Draco no pudo hacer nada, el nudo en su garganta estaba bloqueando cualquier clase de comunicación o expresión de sus sentimientos.

—Pues lo veo muy bien, no detecto ningún problema de desarrollo a simple vista. Harán falta algunos estudios de laboratorio que nos dirán más, sólo cuida más tu alimentación —el sanador le tendió una toalla de papel para que se limpiara el gel, se puso a acomodar todas las cosas mientras el rubio volvía tras el biombo para ponerse su ropa. Cuando terminó, Potter y el sanador habían vuelto al escritorio, él se sentó junto a Harry mientras esperaban más instrucciones.

—¿Cree que podamos ver el sexo del bebé pronto?

—Pues sí, en el siguiente chequeo, dentro de un mes. Ya te anoté en mi agenda. Te hice una lista de las pociones que vas a necesitar, cada frasco trae su nombre y aquí dice para qué es cada una —le tendió un pedazo de pergamino con muchos garabatos. Draco pensó que eran runas, pero luego pensó que necesitaría a Granger para que le dijera lo que ponía—. Necesito que comas, en especial alimentos ricos en hierro. Esta es una fotografía del bebé, aquí a lado —le mostró la imagen con una mancha negra y blanca, lo mismo que habían visto pero en pequeño—, están las semanas de gestación, las medidas de tu hijo y los signos vitales. Está estable, el peso es lo único que me preocupa, tendrás que hacer algo al respecto.

—¿Por qué alimentos ricos en hierro?

—En un embarazo masculino el bebé nace por una abertura que se abre en el periné, el espacio que hay entre los testículos y el ano. Como una vagina de mujer, sólo que al parir se borra. Tu no la tienes porque no has estado con el padre del bebé, ¿cierto? —Draco asintió—, toda tu magia está encargándose de la gestación, no le importa nada más como un canal para el parto que se hace por la magia del otro padre. Pongámoslo de esta forma. Tu magia mantiene al bebé y la magia del otro padre se encarga del canal.

Draco se puso una mano bajo el vientre y se masajeó. Al sanador no le pasó desapercibido.

—Tendré que intervenir quirúrgicamente, se conoce como cesárea en el mundo muggle, no te preocupes, no es nada complicado, pero puedes tener alguna hemorragia, por eso necesito que te alimentes bien.

—A mí no me va a rajar la panza, ni nada.

Draco conocía las cesáreas porque la novia de su compañero de la academia se había atendido con medicina muggle y al final del embarazo le habían sacado al niño por una herida que le hicieron en la panza. La mujer no pudo hace nada en meses.

—Entonces vas a morir, y contigo tu hijo —él hombre se reclinó en su asiento y junto sus manos como lo hiciera Dumbledore en el pasado. Harry se sintió de nuevo en el despacho del viejo director.

—¿Hay otra opción? —preguntó Potter, a él también le asustaba la idea de que le abrieran el estómago para sacar al bebé, ¿cómo lo iban a cerrar?

—¿Qué quieren? ¿Qué meta mis manos mágicamente y las saque con el bebé y que a él no le pase nada? —Draco brincó en su asiento, eso sonaba más grotesco todavía—. Sí rompo con cualquier clase de magia la membrana de tu magia que cubre al bebé, podría ponerte en peligro. Mínimo dejarte squib.

—¿Y rajarme la piel es una mejor idea?

—Sí, la hoja de bisturí es sutil y estará bañada con una poción para que no destruya la burbuja, si no que crea una abertura por la cual sacar al crio y después se cierra y en un par de días tu vida vuelve a la normalidad. Recuperas tu magia y no queda más que una pequeña cicatriz que desaparece con el tiempo.

Draco estaba pensando, aunque no había mucho que pensar ya que no tenía muchas opciones realmente. Era eso o quedar inútil para siempre. Sin magia, que era casi lo mismo que perder los brazos. Draco se encogió de hombros y volvió la vista a la imagen, se veía como lo habían visto, con su dedito en la boca pero movía un poco las piernas. Algo llamó su atención.

—Disculpe —puso su dedo en lo que parecían ser una mancha y se lo mostró al médimago—, ¿qué es esto? No lo vi en la pantalla.

El hombre entrecerró los ojos y tomó la imagen para acercarla más, en un breve momento consideró hacer capturas más grandes cuando desentrañó el misterio.

—Es niño —les mostró la imagen con el dedo apuntando una protuberancia que asumieron era el pene del bebé—, y esto que ven es una erección. Felicidades —Potter le quitó la fotografía y se la acercó a la cara para verla, Malfoy le dio un manotazo en el hombro y la compartió. Ambos tratan de encontrarle forma cuando el moreno sonrió triunfante. Draco seguía sin encontrarle mucho sentido, era un falo, pero no se veía muy erecto.

—Debes empezar a pensar en nombres, ¿no?

—Espera, ¿es eso posible? ¿Se masturba?

—No, no significa eso, es una respuesta natural del cuerpo humano, una reacción de satisfacción. No es caso único —se puso de pie para comenzar a despedirlos. Potter seguía absorto en la imagen, Draco se sentía incómodo como si lo hubiera encontrado muchos años después, adolescente y jalándosela mientras manoseaba una revista pornográfica—. Por cierto, incluí una poción para los cólicos, ten cuidado con las emociones fuertes, se nota que estas bajo mucha presión. Déjate llevar por la experiencia, que él se encargue de los demás —señaló a Potter.

—Lo intentaré.

—Yo me encargo de lo de más —dijo Potter y Draco le arrebató la fotografía cuando el moreno estuvo a punto de estrellarse, el obstetra prometió que para la otra les daría dos impresiones.

Salieron del consultorio y se dirigieron a donde les surtirían la receta del sanador. Ambos seguían pensando en los sucesos, en la gran impresión de ver al bebé y como se habían sentido con ello. Harry seguía en la luna, Draco ahora estaba preocupado pero no quería pensar mucho en eso, ya tendría tiempo de hacerse a la idea de que, o se le ocurría alguna forma de vivir sin el abuso y coraje de la gente o ese niño crecería muy lejos de esa vida con una buena familia. Varios minutos después salían con una bolsa llena de pociones y aun admirando la imagen del bebé. Potter no podía eliminar la sonrisa tonta de su cara y Draco no dejaba de pensar en la imagen, le había robado el corazón y estaba maldiciendo por lo bajo ya que eso cambiaba definitivamente sus planes.

Como cosa del destino, Potter miró su reloj y prácticamente gritó.

—Malfoy, tengo que estar en el ministerio en diez minutos, no alcanzamos a llegar a la casa, acompáñame, me esperas en mi oficina.

—¿Estás loco?

—Sí, pero vamos —lo abrazó y juntos aparecieron en el lobby del ministerio, junto a las chimeneas y frente a la estatua de los magos y las criaturas mágicas que toda la vida había estado ahí. Draco lo golpeó y gritó.

—¿Cómo se te ocurre hacer eso sin avisarme? ¿Y si hubieras dejado alguna parte de mí allá, como por ejemplo, no sé, mi hijo?

—No, el sanador me explicó como aparecernos para que eso no sucediera —le dio un par de palmadas en el hombro y tomó de la mano para correr hasta su oficina. Por supuesto Draco no podía correr así que cuando llegaron a los elevadores el rubio iba resollando, se agarró del hombro de Harry y apoyó la frente en su hombro izquierdo.

—Hola —alguien dijo desde la izquierda de Draco, Harry se asomó y vio a Ray—. ¿Corriendo?

—Este bárbaro me trajo corriendo por todo el ministerio —se saludaron con un apretón de manos, igual que Harry.

—Se me estaba haciendo tarde, ¿te puedes quedar con él? Una o dos horas nada más.

—¿Tanto? —A Draco casi se le salen los ojos, no había pensado que pasaría tanto tiempo ahí—, mejor me hubieras mandado a la casa, Potter.

—Es todo lo que tengo que hacer, por favor, espérame —Draco se fijó en la fotografía de su hijo en mano de Potter y como este se la puso en la bolsa interna de su chaqueta.

—No tengo más opciones —se encogió de hombros—, dame la fotografía, yo la guardo.

—Por favor, Malfoy —salieron del elevador, Ray iba tras ellos, sonriendo como siempre lo hacía—. Me dará suerte si la tengo conmigo.

—¿El gran Harry Potter necesita suerte? —Se detuvo y se cruzó de brazos cuando llegaron a una puerta con un letrero que rezaba el nombre del moreno—. Dámela, es mi hijo —tendió la mano, esperando que el pedazo de papel le fuera depositado en la palma extendida.

—Le sacaré una copia y te la regreso, lo prometo, en diez minutos la tienes de regreso.

Ray dijo que confiaba en él, Draco lo miró, acusándolo en silencio de conspiración, el castaño metió sus manos a los bolsillos de su pantalón y se puso a ver el techo y paredes laterales. Una mujer pelirroja llegó contoneándose hasta ellos y saludó a los dos hombres de beso en la mejilla, se detuvo con Draco y él la vio claramente torcer la nariz como si de repente algo apestara.

Los tres entraron a la oficina del moreno y Draco se fue a sentar directamente en la silla grande tras el escritorio. Había una placa dorada con el mismo nombre que la puerta, la agarró para verla e inmediatamente la puso de nuevo en el escritorio pero esta vez con el nombre contra la madera pulida.

—Tomate las pociones, especialmente la de los nervios.

—No estoy nervioso —Ray añadió algo que sonó a "tenso" y si el rubio tuviera el don de la mirada asesina en lugar de la magia embarazante, el castaño hubiera caído fulminado—, ni tenso. Lárgate Potter, te quiero aquí temprano, no pierdas tiempo por ahí.

Harry se encogió de hombros y como era muy amable simplemente dejó pasar todos los comentarios del rubio como siempre lo hacía desde que lo vio en aquella celda. Tomó todos los papeles que podría necesitar y se marchó dejando tras de sí solo el movimiento de su túnica de funcionario público. Así que sólo el silencio reinó en la oficina, Draco se puso a leer la receta médica, mientras el otro hombre rascaba la portada de una revista que había encontrado en una de las sillas frente a Draco. Se la acercó a la nariz para olerla y su expresión de "no está mal" no pasó de percibida para el rubio.

Notas: * Los sueños de Draco no son nada masque la tensión contenida por la decisión sobre su hijo. No hay nada más oculto, por si alguien lo pensaba.

* Ray no pinta mucho en la historia, sólo es alguien con ciertas curiosidades que quiere satisfacer y como Draco no es fijado, puede que le ayude un poco. Nada más.

Creo que es todo para no arruinarles la trama, es que luego me reclaman o sufren porque se imaginan nudos que no tiene este fic, duerman tranquilas. Por otro lado este capítulo también esta largo, agradézcanme y que sepan que es regalo. En compensación por el retraso... No piensen que mental, ese no hay nada que se pueda hacer, así nací.

Otro de mis anuncios parroquiales. Estoy escribiendo otro fic (son muchos, pero este en especial me tiene anclada) espero que lo lean cuando decida publicar. Échenme porras.

Como regalo, adelanto: Vio a Harry reírse y dar unos pequeños saltitos hasta la cunita. Levantó la mayoría de los trapitos y fue cuando Draco lo vio.

Un puñito alzándose, como si quisiera golpear a Harry en la cabeza por ser tan tonto. O como si quisiera abrazarlo por verse tan bien abrazando a un bebé. El rubio extendió los brazos y el gryffindor le puso a su hijo entre ellos. Con un poco de trabajo lo acomodó, sosteniéndolo con las manos.

Con eso tienen, a este paso armaran el fic completo nada más con los adelantos. No se olviden de dejar reviews, me animan a seguir publicando. Y de nuevo sorrys por la tardanza.

¡Chiste!:

-Mi amor yo no estaba tan borracho...

-¿¡QUÉ NO!? ¡Te cortaste la nariz y gritabas! "¿DONDE ESTA POTTER?"