~o Las desventuras de un hombre embarazado. Oo~
-Capitulo 8-
Harry tuvo que presenciar el careo de su actual cliente con la persona que lo había acusado de violación. Él sabía que ese hombre era tan culpable como Voldemort de usar magia oscura. Si por él fuera haría de la vista ciega y permitiría que lo refundieran en prisión el resto de su rastrera vida. Por ley le correspondían unos treinta años considerando los agravantes que había en su contra. Firmó de acuerdo con los resultados arrojados y el perito a cargo del caso junto al abogado de la víctima, intercambiaron algunas miradas, se pusieron de pie y salieron tras Harry.
Su trabajo parecía sencillo pero no lo era realmente. Estar supervisando que la ley se respetara incluso con gente como esa, que le parecían rastreros y viles, si fuera por él lo mandaría directo a Azkaban sin opción a regreso a la sociedad. El wizengamout en pleno eran quienes se asegurarían de eso, él no haría mucho brete si al sujeto le tiraban cincuenta años, sin embargo, si la pena que le arrojaban era pequeña apelaría, para reclamar que la ley no se estaba cumpliendo.
Muchos abogados ahora los consideraban un grano en el culo, una verdadera molestia que no los dejaba hacer su trabajo correctamente. En su opinión desde siempre debió de existir este personal que velara, no por la gente, sino por la ley y su correcta aplicación en todo el mundo.
Había pasado media hora en el careo, más media hora platicando con los abogados por separado. Se encaminó hacia su oficina por Malfoy para que fueran a cenar a cualquier lado cuando se topó al secretario del ministro quien le comunicó que el Kingsley lo estaba esperando en su oficina y era de suma urgencia que respondiera a la invitación. Harry no tuvo de otra, esperando poder desocuparse lo más pronto posible. Llegó hasta la puerta de la oficina y golpeó ligeramente con los nudillos esperando la voz que le permitiera el acceso.
Entró y vio a Kingsley leyendo algunos papeles, al parecer estaba absorto así que se sentó y esperó a que el hombre fuera el primero en hablar.
—Buenas tardes, Harry —dijo, sin bajar la mirada de los pergaminos—. ¿Qué tal tu tarde?
—Bien, gracias. ¿Pasa algo? —Harry sospechaba, por la cara de su superior, que no lo había invitado simplemente a platicar sobre su tarde.
—Acabo de leer una noticia muy interesante, una carta que me envió mi contacto en El Profeta —le tendió el pedazo de pergamino para que lo tomara y se enterara él también. Mientras sus ojos pasaban por las letras varias expresiones pasaron por su cara. La ira, el desconcierto, la risa fueron desfilando en diferentes órdenes, algunas repitiéndose mientras añoraba otras como la gracia.
Bueno, no le hizo mucha gracia saber qué tan rápido se había extendido la noticia de que había acompañado a Draco al hospital de enfermedades mágicas, menos esperaba que lo hicieran sonar como el peor agravio contra la sociedad sólo por tratarse del rubio. Claro que recordó a Draco sentado en aquella fuente, llorando por lo que fuera que le había dicho aquella horrible mujer, pero también recordó algo a lo que no le había tomado mucha importancia pero que ayudaba a cuadrar toda la situación. La expresión de la recepcionista de su división en la sección de aurores, como si al ver al rubio se hubiera dado cuenta de que había algo realmente hediondo en el pasillo.
Bajó el pergamino y miró a Kingsley, se lo tendió de regreso y el hombre lo tomó.
—No voy a juzgarte.
—¿Entonces a qué viene todo esto? ¿Por qué mandarme llamar por algo así?
—Recuerda nuestra última conversación y la investigación que hay sobre Malfoy. Si de verdad eres o no el padre de ese niño no lo cuestionaré, pero recuerda tu posición en el ministerio y la de él en la sociedad.
—¿Qué me estás queriendo decir? —el ceño de Harry se frunció más profundo y su mirada se agudizó contra el ministro.
—¿Qué te parecerían unos días libres, mientras se resuelve todo esto?
—Kingsley, no es mi hijo, el día que encontré a Malfoy fue la primera vez que lo vi desde el día de su juicio hace cinco años, por otra parte no me interesa si este rumor comienza a correr, no lo voy a desmentir. Necesita mi apoyo y se lo voy a dar, por lo que no pude hacer a su favor cuando teníamos dieciséis.
—¿Te gusta?
—Es una persona interesante. No sabes lo mucho que ha cambiado —Kingsley movió la mano frente a él para que guardara silencio. La secretaria entró con una charola con té y bizcochos. Los puso sobre el escritorio y se marchó—. Siempre entra cuando estamos en una conversación importante.
—Ignórala, no he dejado mi instinto de auror y no se me escapa nada —llenó una taza y se la puso en frente al joven para llenar otra para él mismo—. No me refiero a eso, Harry. ¿Te atrae como hombre? ¿Quieres ser el padre de esa criatura?
—Sí, sí quiero ser el padre de ese bebé —sacó el pequeño pedazo de papel de su chaqueta y lo miró. El dedo dentro de su boca, los ojitos cerrados, lo que parecía cabello flotando sobre su cabeza, las piernecitas moviéndose y mostrando a intervalos la erección que les había dicho el sanador. Vio como los dedos de piel oscura le arrebatan la fotografía y simplemente lo permitió.
—¿Es él? —Harry asintió—, ¿te estás enamorando?
—No, claro que no. Es sólo que —suspiró dramáticamente y cerró los ojos—, no puedo evitar pensar que la vida se me está yendo como agua entre los dedos. No pude evitar sentir que estaba viendo a mi propio hijo. Hasta lloré.
—Lo más probable es que el jefe de aurores quiera meterte en la misma investigación contra Malfoy. Ojalá que no aparezcan también sus padres, o hasta ellos irán al archivo abierto.
—No tengo nada que ocultar, Kingsley, y él tampoco. Simplemente no quiero más problemas para él, creo que apenas se está convenciendo de quedarse con el bebé —señaló la fotografía en la mano de Kingsley y él se la devolvió. La miró una vez más y la volvió a guardar en su chaqueta.
—Te recomiendo que lo pongas sobre aviso; no han encontrado nada, como temíamos pero cualquier cosa te mantendré informado —Harry se puso de pie y se despidió con un fuerte apretón de manos. Kingsley lo acompañó hasta la puerta de su oficina y agregó—: Toma tus vacaciones, según sé que ya te tocan como dos meses.
—¿Es una advertencia?
—Un consejo, para que pongas en orden todo. Termina tus casos y vete como el otoño, con el viento.
Harry caminaba y no podía dejar de pensar en las palabras del hombre. Aunque cierta parte de él se había estremecido con la extraña alusión, la otra estaba realmente considerando lo de las vacaciones. Había evadido las vacaciones por casi dos años, era momento de cobrarlas todas y de esa forma no dejaría sólo al rubio por mucho tiempo. Pondría sus cosas en orden y cerraría la oficina por un buen rato.
Llegó a la puerta de su oficina y volvió a sacar la fotografía del bebé, definitivamente estaba comenzando a tomárselo muy enserio, ya cuando se imaginaba escenas del niño rubio, un mini Draco corriendo por ahí, siendo perseguido por un perro o alguna clase de mascota inofensiva, quería decir que realmente estaba comenzando a despertar su instinto paternal. Algo peligroso si consideraba que Malfoy aún no se decidía por quedarse con aquel pequeño ser humano.
Abrió la puerta e inmediatamente la cerró, su expresión estaba un poco horrorizada por no decir decepcionada. No conocía a Draco, pero eso era más de lo que jamás hubiera esperado. Esperaba que fuera un mal entendido, como lo que sucedía en las telenovelas que algún día vio a su tía Petunia ver tan atentamente. El personaje principal encuentra a la protagonista besándose con su archienemigo y sale corriendo y negándose a escuchar explicaciones, alargando la trama cientos de capítulos más.
Probablemente Ray estaba obligando al rubio a besarse, por eso había jalado a Malfoy a su regazo y sensualmente el muy embarazado Draco paseaba sus manos por dentro de su túnica. No, Harry sabía lo que había visto, y en su silla favorita. Volvió a abrir la puerta como energúmeno y los vio esta vez en diferentes sillas. No se le había escapado la forma en que Ray veía a Draco siempre que se cruzaban, y todo gracias a él. "Ahora me siento como el idiota del cuento".
—¿Cómo te fue, Potter? —dijo Draco, mirándose las uñas de las manos.
—Bien —alargó lo más que pudo la palabra, poniendo énfasis especial en las vocales—. Ya nos podemos ir, muero de hambre.
—Genial —Ray se puso de pie—, yo también.
—Sí, pero vamos a comer en la casa, solos, Draco y yo —dijo, poniendo énfasis esta vez en el "solos". Draco abrió los ojos como platos y sintió algo raro en la boca del estómago y no era hambre—. Tenemos que platicar de cosas serias.
Dejó la túnica de funcionario en el perchero y jaló la mano del rubio. Draco se soltó bruscamente y lo miró con el ceño fruncido, entonces fue que Harry se percató que no había dejado de mirar fijamente al castaño.
—Ni pienses en volverme a jalar tras de ti como perro, yo puedo caminar —así que juntos salieron de la oficina, Ray fue tras de ellos.
Cuando Harry se giró para cerrar la puerta de su oficina los otros dos se echaron miradas cómplices. Draco no entendió por qué el moreno se había puesto así. Sin embargo en su mente, Ray decidió que se había entrometido demasiado en la vida de aquellos dos y había obtenido lo que quiso cuando vio a Draco la primera vez. Un simple fetiche de besuqueos era lo que tenía y con el rubio había tenido más que suficiente.
Sirvieron la cena en silencio, así como el transcurso a casa que fue en total mutismo. Harry se sentía molesto y más molesto estaba por no encontrarle sentido a su molestia.
El rubio sólo lo dejaba ser con su enojo, aunque sí se sentía incómodo. Draco no sabía hasta qué grado le estaba afectando al moreno, pero no quería que fuera así, no quería que Potter malinterpretara su estancia ahí. Él aún era joven, merecía rehacer su vida a pesar de todo. Se molestó con Potter por ser tan tonto. Se molestó con él mismo por permitir que todo esto pasara.
Se pasó el resto de la tarde en su habitación, queriendo pintar en la pared la imagen de su bebé, pero había recordado que la imagen se la había quedado Potter así que dejó algunos rayones sin sentido y se fue a acostar. Había leído el pergamino de las pociones y las revisó todas, las puso en su orden por hora y se tomó la que le había recomendado para los cólicos. Lo ponía nervioso sentir esos ligeros dolores, no eran intensos pero en ocasiones le habían durado hasta semanas completas.
La cena la había preparado Potter y sólo lo llamó para que bajara a la cocina en caso de que tuviera hambre. El rubio llegó rascándose la nuca y bostezando, se acomodó el cabello de vuelta a su lugar y lo miró a los ojos, se llevó el primer bocado a la boca y masticó con mucha parsimonia.
—¿Algo te molesta? —dijo Draco entre un bocado y otro. El moreno no respondió pero se encogió de hombros. Draco pensó que sacar sus propias conclusiones sería incomodo así que se encogió de hombros y siguió comiendo.
Una lechuza llegó a la cocina y se paró en el plato con fruta, Draco se alejó de la mesa sin dejar su silla y la miró con asco. Harry había extrañado esa expresión pero continuó sin decir nada.
—¡Ahgg! ¡Genial! —espantó a la lechuza y ésta casi cae sobre Draco quien alcanzó a meter las manos para que su plato no se derramara. La lechuza le asestó un mordisco en el dedo que comenzó a sangrar profusamente, el rubio se puso de pie y corrió al grifo, se apretó el dedo que seguía sangrando y lo levantó. La sangre comenzó a escurrir entre su otra mano y fue lo último que vio antes de que todo se volviera negro.
Cuando despertó lo primero que vio fueron los ojos verdes más brillantes que había visto en toda su vida, enmarcados por unas gafas de montura redonda. Recordó a la lechuza y por consiguiente la mordida y después la sangre. Sintió un leve cosquilleo en su dedo herido y cerró los ojos, ya que no quería ver más sangre pero una voz que le pareció familia lo hizo abrirlos de nuevo.
—Ya la cerré, no puedo creer que te desmayaras por la sangre —Draco sabía que era el sanador que habían visto ese mismo día. No sonaba muy contento así que intentó moverse para sentarse pero un dolor en el bajo vientre lo hizo volver a la posición en la que estaba—. Tranquilo, no te muevas.
Draco sintió las patadas que le propinaba su hijo por la posición, dormir boca arriba siempre le causaba lo mismo. El crio se movía como lombriz y resultaba muy molesto para él, trató de decirlo pero el sanador no lo dejó hablar.
—¿Te duele aquí? —él asintió. Sintió como una de las patadas del bebé daba precisamente en manos del sujeto, por lo cual él agregó—: Ya casi término. Es un desgarre, al parecer provocado por la caída. Te lo quitaré.
Sintió un aire fresco chocar contra el área afectada e inmediatamente el confort, Harry lo ayudó a sentarse y sólo así pudo ver directamente al sanador guardar sus cosas en su maletín. Aún se sentía mareado, puso una mano en el sillón, junto a sí mismo y la otra se la puso en la cara. Sintió que alguien lo jalaba y se dejó hacer, realmente no se sentía con las fuerzas de luchar. Su cabeza chocó con lo que supuso sería un hombro y precisamente el de Potter, cerró los ojos y dejó envolver por el fresco aroma del hombre.
—En un par de días llegan los resultados de los estudios que le mande a hacer. Los veo la próxima semana en el consultorio para discutirlos.
—Nos hizo la cita hasta dentro de un mes —dijo Potter apenas moviéndose para no molestarlo.
—Mañana les haré la nueva, no se preocupen. Les mandaré una lechuza para confirmar.
—No más lechuzas, por favor.
El sanador se desapareció directamente frente a ellos, nada de buena educación para esos seres llenos de sabiduría y malos modales. A Draco le molestaban un poco pero siempre los había considerado un mal necesario.
—¿Te sientes bien?
—Me duele la cabeza —apretó los ojos y con los dedos se apretó el puente de la nariz—. ¿Qué pasó?
—Pues no sé, te desmayaste después de que te mordió la lechuza —el rubio sintió a Harry acariciarle el cabello, se sentía muy bien así que no tenía ganas de moverse—. Creí que te había dado un ataque o algo así.
—Esa lechuza me atacó —abrió los ojos y miró al frente, a la chimenea—, no puedo ver sangre, siempre me he desmayado cuando la veo.
—¿Cómo le hiciste en la guerra? —Harry seguía acariciándole el cabello y Draco se estaba quedando dormido sólo con eso.
—No recuerdo nada de la guerra. Si había sangre, no lo sé —Harry se imaginaba lo que significaba eso ya que sí, hubo sangre y en grandes cantidades—. Mucho alcohol y gente que te cuide logran un efecto asombroso evitando traumas.
—Vamos al cuarto para que te acuestes y descanses bien.
—Potter, perdón por lo de tu oficina —Harry dejó de hacer el intento por ponerlo de pie junto con él, sólo se quedó en la misma posición sin decir nada—. No tenía la intención de que nos vieras y lo que pasó sólo fue de una vez, no pienso repetirlo.
—No me debes ninguna clase de fidelidad —dijo Harry, volviendo a sus intentos por moverse con el rubio. Draco lo sostuvo del brazo para que lo escuchara.
—Yo sé que no te debo ninguna clase de fidelidad, pero me pareció muy grosero de mi parte que nos vieras así —Harry lo miró arrugando el entrecejo mientras Draco lo miraba intensamente, directo a los ojos—. Él me dijo que sólo quería cumplir una fantasía, no se va a repetir.
—Sólo quiero que te cuides por el bien del bebé, si lo vas a dar en adopción lo tendré yo y quiero que mi hijo esté bien.
Draco se separó bruscamente de él y levantó una ceja a modo de interrogación mientras Harry se ponía a pasear por la sala. Las palabras habían sido muy directas para ser el gryffindor quien las dijera, más por la situación que estaban pasando.
—Bueno, acerca de eso. Dame el privilegio de la duda.
—¿Ya no lo quieres dar en adopción? —Harry volvió a sentarse a su lado y lo tomó de las manos. Una parte de él se había desmoronado, pero otra estaba feliz por el bebé.
—De eso se trata el beneficio de la duda —Draco jaló sus manos para sacarlas del calor que le proporcionaba el moreno—. Lo pensaré mejor, porque aquello que pasó con la secretaria roñosa casi me convenció totalmente, pero el verlo por primera vez —Draco hizo una pausa, dándole más dramatismo al asunto—… fue increíble, ganó muchos puntos a su favor.
—Sí, fue increíble —dijo Harry, sonriéndole—. Sólo cuídate mejor, ¿sí?
—Ahí es donde entras tú —Draco lo jaló para que se pusiera de pie y caminaran juntos al cuarto—. Pero no me trates como una mujer, lo odio.
—Es que me das mucha ternura —Potter estalló en carcajadas y el rubio le dio un aventón haciendo que casi se estrellara contra la pared—. Me moderaré con mis cuidados, pero es cierto, verte tan susceptible y con esas caras que pones a veces.
El rubio giró los ojos y comenzó a subir las escaleras sin permitir que Harry lo tocara.
—¿De qué era la carta? —Dijo Draco, evadiendo la mano del moreno que quería poner en su hombro a modo de abrazo—. Te hizo enojar, ¿no?
—Ah sí, es otro tema que tengo que tratar contigo —Harry cruzó los brazos y entró a su habitación tras el rubio.
—Me asustas Potter —dijo Draco sin ponerle atención realmente mientras se sentaba en la cama y comenzaba a quitarse el pantalón.
—Levantaste sospechas en el jefe de aurores y ahora quiere investigarte —captó la total atención del rubio—, y como se corrió el rumor de que tu hijo es mío, por lo que pasó en San Mungo, me mandaron de vacaciones obligatorias hasta que se aclare tu caso y me exoneren de cualquier sospecha.
—Ay, no puede ser —Draco se puso las manos en la cara y se la restregó con desesperación—, dime que no es nada grave, no quiero volver a tener problemas con el ministerio. Entre más lejos esté de ese lugar, mejor.
—Pues si no hay nada que te saquen, puedes estar tranquilo —Harry se quitó también la ropa y se puso un pantalón delgado con el que solía dormir—. ¿Tienes algo que contarme, Malfoy?
—Nada que ralle en la ilegalidad —se metió bajo las sabanas con puros calzoncillos y la playera que había usado todo el día, como siempre dormía—, ahora que si quieres saber algo más.
—No, Malfoy. Buenas noches.
Las luces se apagaron y todo quedó en penumbras, aunque Harry sintió al rubio moverse algunas veces él se perdió en un mar de sueños extraños, de formas difusas y voces profundas.
Narcissa no había pasado tanta angustia desde la guerra como esas últimas semanas. Ni siquiera la suave brisa del mar, el sol que brillaba como si no hubiera un mañana, la suave arena en la que se había deslizado toda la mañana. El pergamino en su regazo seguía intacto, sólo son el nombre de su hijo en la parte superior.
Draco
No sabía cómo más enfrentarlo, aunque fuera el papel, su hijo siempre le había parecido un tema difícil. Lo tuvo sin quererlo, sólo porque se había casado y la regla le exigía a Lucius un heredero, recordó la primera vez que lo tuvo entre sus brazos y no quiso sostenerlo un minuto más. Aunque la partera le había dicho que tenía que darle el pecho, ella no quiso que aquella bolita rosada y chillona lo tocara pero la partera le exigió que al menos le diera una vez. No pudo borrar de su cuerpo la sensación de aquella criaturita, carne de su carne succionando con desesperación de su pezón.
La anciana que la asistió en el parto le dijo a Lucius que era una fase por la que todas las madres primerizas pasaban en algún momento y que pronto la superaría. Ella no sentía como si la fuera a superar en algún momento. Cuando descubrieron que Draco no dormiría solo en su habitación y por lo tanto no los dejaría dormir a ellos se tuvo que acostumbrar a la presencia del bebé en las mismas cuatro paredes.
Siempre le pareció curiosa la forma en que Lucius trataba al bebé. A los cuarenta días de la llegada de su hijo a su mundo Lucius lo había abrazado en más ocasiones que ella. A veces le daba curiosidad, como la primera vez que ayudó a las elfinas a bañarlo. Pensó que ellas exageraban a preparar toda una atmosfera para que el bebé no sufriera frío, pero en su primer catarro un sentimiento de aprensión extraño a ella se le instaló en el pecho.
Nunca fue una madre modelo, pero desde entonces no lo dejaba ni un momento solo. Cuando Draco cumplió los seis meses de vida, el sanador les hizo la observación de que debían dejar de darle pecho. Narcissa suspiró agradecida y le comentó a Lucius que sus pezones ya nunca serían los mismos.
Volvió a su presente y recordó el comentario que Lucius le hizo en esa misma playa a ese hecho unos días antes, después de haber hecho el amor; ella recordó la carita de su hijo aplastada contra el seno, succionando todo lo que podía succionar.
Cuando Draco tomó la marca ella sintió como aquella vez del resfriado. No había dicho nunca nada, pero aquella noche lo escuchó llorar en su habitación, sintió el amargo peso en su pecho sólo de recordarlo sobre todo porque aquella fue la primera vez que él durmiera totalmente solo. Aunque dormir fuera un decir.
Recordaba el año que se la paso totalmente sola, llorando el arrepentimiento por haber dejado atrás a su hijo, huyendo de los cortejos de Lucius para que lo perdonara. Realmente se había casado por segunda vez, no sin que antes él jurara que siempre consultaría con ella cualquier decisión que involucrara al resto de la familia. Los siguientes cuatro años han sido de luna de miel, aunque Lucius trabaja por crecer la fortuna que le quedó después de la multa.
Escuchó a Lucius llamarla a sus espaldas, sin darse cuenta ya había oscurecido. Tomó su varita de la cintilla que tenía en la muñeca y antes del codo, invocó un lumus y se puso de pie. No se dio cuenta cómo el tiempo se le había ido tan rápidamente, se sacudió el trasero y caminó hacia la cabaña. Lucius la estaba esperando en las puertas corredizas de cristal, la tomó de la cintura y la estrechó contra su cuerpo, apretando sus mamas contra su pecho. Lo sintió besarle la frente y ella colocó sus manos contra el firme pecho de él.
—¿De nuevo pensando en él?
—No hay un minuto del día en que no piense en él —dijo contra su pecho, apretó los ojos y suspiró—. ¿Crees que esté bien?
—Draco es muy inteligente, sabrá valerse por sí mismo —él la apretó aún más y volvió a besarle el cabello—, además su cámara estaba llena de oro, si hace las cosas correctamente en este momento habrá multiplicado esa cantidad.
—¿Y si no las hizo bien?
—Entonces estará pagando las consecuencias de su tontería.
Narcissa lo miró con algo de rencor por el tono que había usado refiriéndose a su hijo, bastante le había costado que le perdonara lo de la guerra, así que no le convencía volver a hacerla enojar. Ella se alejó de él y se fue a la cama donde se sentó. Él fue junto a ella y suspiró.
—Si quieres podemos volver en el momento que quieras.
Narcissa apoyó la cabeza contra su hombro, un gesto que incluso Draco tenía. El cabello largo de Lucius se enredó con el de ella, como sus cuerpos sobre esa cama durante las noches.
—Realmente no quiero volver a Inglaterra. Pero podemos ir a Francia y de ahí investigar con ciertos contactos sobre Draco. Me preocupa que no contestara a mi carta.
—Debe de estar molesto. Ya se le pasará.
Narcissa se levantó y se puso a dar vueltas por todo el cuarto de un extremo a otro.
—Han pasado cinco años, Lucius, cinco años sin saber nada de él. Es tu hijo y no me cabe en la cabeza como no te interesa ni un poquito.
Lucius la volvió a tomar por la cintura pero está vez ella opuso resistencia. La soltó y ella siguió con su caminata por la habitación. El hombre tomó el pergamino que tenía ella preparado para escribir, le arrancó el pedazo donde estaba el nombre de su hijo y rápidamente escribió una nota, ella no supo lo que decía puesto que la envió rápidamente con el búho que tenía dispuesto en la pequeña salita.
La mente de Harry Potter estaba programada para despertar temprano de lunes a viernes y soltar la pata los fines de semana. Aquel martes no era diferente, a excepción de que no tenía nada que hacer ese día, por lo tanto no había motivo para estar levantado. Vio a Draco, quien estaba plácidamente dormido y lo envidió por un momento. Se veía tan cómodo, tan placido. Se quedó sentado en la cama, dándole la espalda.
Tomó un buen baño para bajarse el estrés y al volver a su habitación había otra lechuza esperándolo esta vez informándole que un tipo al que no conocía se haría cargo de sus casos y que él podría disfrutar de sus vacaciones con tranquilidad. Kingsley también le había escrito más temprano, diciéndole que la orden de las vacaciones la había dado él y que aprovechara para poner en claro sus asuntos personales.
Bueno, si le veía el lado positivo a esta nueva situación, tenía aproximadamente dos meses de vacaciones rezagadas, más o menos. Los meses que le quedaban a Malfoy de embarazo, en un estimado, estaría volviendo al trabajo cuando lo más fuerte pasara. Para cuando él volviera a su empleo, Malfoy ya tendría su magia de regreso y, bueno, no quería hacerse muchas ideas, ya que todo podía ocurrir en todo ese tiempo.
Sintió movimiento en la cama, se giró para ver al rubio más pálido que de costumbre respiraba agitadamente y Harry se acercó para tranquilizarlo, probablemente seguía dormido, teniendo una pesadilla o algo porque por más que le hablaba, este no respondía, no calmaba su respiración y sus pupilas seguían dilatadas, le puso una mano en el hombro y el rubio parpadeó repentinamente, lo miró y lo abrazó. Fue cuando realmente despertó el slytherin.
—Cállalo, Potter —murmuraba—, cállalo por favor.
—¿Qué cosa? —Harry aguzó el oído para ver si había algún sonido que no alcanzara a percibir, pero no había nada—. ¿Qué es lo que escuchas?
—El llanto de un bebé. Lo he escuchado toda la noche.
—Tranquilo, probablemente sólo era tu sueño —le pasaba la mano por el cabello, mientras el rubio giraba la cabeza en todas direcciones, como buscando algo—. Hermione me contó que leyó en algún lugar que hay personas que, cuando esperan el nacimiento de un bebé escuchan un llanto.
—No fue el sueño —Malfoy se puso las manos en la cabeza. Harry tuvo miedo de que hiciera algo, arrastrado por el terror de aquello que escuchaba—. Lo sigo escuchando, Potter —escupió su apellido sin darse cuenta. Quiso pararse y buscar el origen del ruido pero Harry lo detuvo. Lo instó a mirarlo a los ojos para que se diera cuenta de que ya había pasado. El moreno acunó su cabeza con sus manos, sus caras quedaron tan cerca que si se pudiera, uno hubiera respirado el dióxido de carbono del otro. Draco no había admirado esas esmeraldas verdes que Potter tenía por ojos.
En el colegio había escuchado a muchas compañeras suyas hablar sobre lo profundo, lo hermosos que eran ese par de orbes pero, cegado por el rencor, nunca se había puesto a admirarlo, a analizar lo bueno y lo malo que realmente había en el gryffindor. Su odio era visceral, prácticamente era pura envidia y tenía edad y la madurez suficiente para afrontarlo. Potter era guapo.
La barba incipiente en su barbilla y que se extendía hasta sus patillas, sus mejillas y sobre su labio. Las cejas gruesas sin llegar a ser sobrepobladas, sólo varoniles. La cabellera espesa que decía a gritos 'soy rebelde'. El pecho amplio, de músculos fibrosos y morenos, tal vez teñidos por el sol del verano pasado. Su boca, carnosa y delineada con pigmentos naturales. Húmedos por la lengua que los humectaba constantemente.
El rubio no sabía qué lo había atraído al cuerpo del gryffindor. Quizá su propia fuerza de atracción, por las leyes de la gravitación donde dice que a mayor volumen es mayor la fuerza de atracción, o las partículas de las que se componía cada célula que vibraban con la leve aproximación del moreno. Algo de eso o tal vez los meses de abstinencia sexual lo habían llevado a que sus labios chocaran con los de Potter con tanta fuerza que incluso había dolido.
Por extraño que pareciera, Potter no lo rechazó. No lo invitó a seguir y el acto sólo se quedó en eso. Un encuentro entre labios, nada de saliva, bailes labiodentales, lenguas luchando por el dominio bucal. Nada.
Draco se retiró despacio, como tratando de asimilar lo que había sucedido pero sin mostrar culpa ni arrepentimiento. Potter lo veía con los ojos muy abiertos y Draco recordó que no sabía a qué lado le tiraba. Comenzó a hacer una lista mental de los amigos que le podrían dar asilo o la posibilidad de que su padre le cediera la llave de Malfoy Manor para vivir ahí un tiempo.
Nada.
Sólo diré una cosa: Ujujuju.
Adelanto: Harry giró para posicionarse sobre el rubio quien lo recibió con las piernas abiertas, abrazándose a su cadera, moviéndose cadenciosamente mientras recibía tantos besos, como mordidas en el cuello.
Chiste: ¿Cuál es el vino más amargo?
- Vino mi suegra.
