Un halcón llegó hasta Lucius cuando él y Narcissa salían de la cabaña para admirar el crepúsculo. En la garra apretaba fuertemente un pedazo de pergamino, recorte del diario mágico El Profeta, que hacía años que no leían. Lucius desenrolló el pergamino y comenzó a pasear la vista por las letras, la foto que acompañaba el artículo lo dejó sumido en la lectura, sin reacción alguna. Narcissa intentó leer por sobre su hombro guardando la calma y esperando la reacción de su marido. En su interior había algo que se había encendido, algo que había rogado y ahora llegaba.
—¿Draco te contestó? —preguntó Narcissa, ansiosa.
—No le escribí a Draco —respondió el hombre mientras leía la nota.
No era la forma que ella esperaba pero aun así las ganas increíbles de gritar de emoción estaban ahí.
—Volvemos a Inglaterra, prepara las cosas porque nos vamos en el primer tren que salga.
Lucius caminó a la cabaña con el trozo de pergamino agarrado fuertemente de la mano. Narcissa le dio alcance y se lo arrebató de la mano. La sonrisa en su cara era difícil de esconder, pero cuando Lucius le daba la espalda parecía que se comería sus propias orejas.
Harry había entrado al baño mientras Draco había bajado a hacer el desayuno. Sentía un cosquilleo minúsculo, una cierta electricidad en sus labios. Se vio en el espejo, los tocó, se mojó la cara y los volvió a ver. Aún estaban ahí, seguían siendo de su color normal, de su tamaño normal y hasta se sentían igual pero algo había cambiado.
Tenía muy presente el beso del rubio. La proximidad en sus ojos, su piel nívea, los labios rosados y sus facciones puntiagudas. No había cambiado nada en los cinco años que habían pasado. Tal vez su cara estaba un poco más redonda, se veía más inflamado y estaba un poco embarazado, pero unas horas antes había encontrado de nuevo al Malfoy del colegio, un poco despectivo, interesado y fastidioso.
Cuando salió del cuarto se sintió como si fuera otra persona. Ahora, a causa de ciertas circunstancias que había atravesado los últimos meses, parecía otra persona. Un poco más accesible aunque sus facciones seguían torciéndose ante cualquier cosa que no le gustara. Ahora conversaba, en lugar de insultar a Hermione. Miraba a Ron sin decir nada sobre su estatus económico y hasta había dicho que la señora Weasley era casi agradable.
Harry no se cansaba de admitir para sí mismo que el rubio había cambiado. Ahora era cuando se preguntaba '¿Cambié yo?'.
Por una parte quería pensar que era el mismo protector, intrépido y valiente Harry pero, en primer lugar, había dejado la fuerza de Aurores para dedicarse a un empleo más burocratico. Más intelectual del tipo Hermione que tiene que leer todo el tiempo, comprender las normas al derecho y al revés, actualizarse constantemente y ser responsable con todo.
Bajaba las escaleras cuando continuaba con su hilo de pensamientos sobre las personas que cambiaban. Aunque ¿realmente cambiaban o sólo eran capaces de asimilar lo que realmente eran? Nah, Harry quería creer que la gente cambiaba.
Llegó a la cocina y el rubio estaba sentado, con un vaso de jugo de naranja en frente, una gran pila de panqueques al centro de la mesa y absorto en la lectura del periódico. Había llegado con la lechuza de Hermione ya que Harry había cancelado su suscripción hacía algunos años.
—¿Algo bueno?
—Eso estoy buscando —Draco dejó el periódico en la mesa y procedió a servirse los primeros panqueques de la pila, Harry se sirvió jugo y le dio un trago cuando vio la fotografía.
Era él, escoltando a Draco al consultorio del sanador. Sus ojos volaron hacia el encabezado, incitándolo a leer como si lo hubieran hechizado con un imperius.
HARRY POTTER FUERA DEL MERCADO. FUTURO PAPÁ.
Era casi lo mismo que hagía leído en la oficina de Kingsley el día anterior pero más amarillista, más enfocado en numerar los errores de Malfoy y a marcarlo a él como el héroe virgen e ingenuo del cuento. Se quitó las gafas para tallar sus ojos con ambas manos.
—Pienso enviarle una carta al editor —dijo Draco, sacándolo de sus pensamientos—, le explicaré que ibas pasando por ahí, que visitaste a tu amiga Luna y que sólo me echaste la mano. Expondré a esa secretaria papanatas.
—Sabrán que vives conmigo.
—Si quieres me voy. Sólo pídelo y no me vuelves a ver —Harry regresó sus gafas a su cara y lo miró atentamente. Draco le dio un trago al té que acababa de servirse y después le sostuvo la mirada.
—No se trata de eso. Después no me los quitaré de encima si saben que vives conmigo y les mentimos sobre lo de ese día.
—Ignóralos entonces —Draco se puso las manos en la barriga. A Harry le extrañaba verlo hacer eso ya que el rubio siempre actuaba como si aquella panza no estuviera ahí—. Supongo que tu amiga envió el periódico para que estuvieras preparado ante cualquier cosa.
—Sí, por el momento haré eso.
Una lechuza llegó a ellos soltando un paquete en las piernas de Potter. Salió de la cocina como entró y ambos se quedaron sólo viendo el paquete que había derribado el vaso de jugo.
Harry tomó la nota y la leyó en voz alta para que Malfoy supiera lo que decía.
—Felicidades —leyó Harry—, que esta nueva etapa te colme de felicidad y que sea sólo el primero de la gran familia que mereces. No importa con quién decidieras formarla, sabes que siempre estamos apoyándote.
Draco levantó una ceja ante lo que obviamente era una forma de menospreciarlo.
—Wow —exclamó—, ahora creen que tienes buenos gustos y que de verdad me escogiste para ser el gestante de tus hijos —se puso un trozo de panque en la boca y lo masticó furiosamente.
—Trae un regalo —Harry tomó la cajita y la batió, pegándola a su oído.
—Quémalo.
—No seas malo —comenzó a rasgar el papel que envolvía el paquete cuando Draco puso cara de poseído.
—¿Yo soy el malo? ¿Acaso soy yo quien menosprecia a la gente? —Harry estaba por contestarle cuando Draco volvió a hablar—. No respondas eso. Abre tu regalito, papi.
Se levantó y salió dando grandes pasos pero regresó por dos panqueques antes de perderse en la gran casa.
Harry hizo una mueca jalando los extremos de sus labios hacia abajo y alzando las cejas hasta que abrió la cajita y sacó lo que descubrió que era un mameluco color pistache. Era algo realmente pequeño y dudó de que un ser humano cupiera ahí. Venía con unos pequeños guantes que hacían juego y un gorro tejido. Lo puso todo en la mesa, frente a él y lo admiró.
Otra lechuza le rozó la coronilla y dejó caer en su regazo una nota muy corta.
No puedo creer que decidieras tener hijos con esa basura.
—Alguna fan despechada —había gente muy rara por ahí que se sentía como la más reciente exnovia del salvador del mundo mágico aunque no las conocía y ellas definitivamente no lo conocían a él.
Harry encontró a Draco en la biblioteca. Aquel lugar de la casa al que él raramente entraba ya que le recordaba terriblemente a Sirius. Los antiguos tomos de magia oscura que habían estado ahí desde la juventud de su padrino seguían ahí, los libreros estaban un poco pandeados por lo pesado de cada tomo y por la humedad, pero se veían tan firmes como la casa misma.
Draco estaba viendo fijamente un libro de lomo negro con los rastros de algunas letras de color dorado. El libro estaba fuera de su alcance por más que se estirara para agarrarlo. Cada que trataba de alcanzarlo, su vientre se pegaba a los libros, su cuerpo se alargaba considerablemente pero por más que se esforzaba no podía más que rozarlo con la punta de los dedos y fue entonces cuando Harry se percató de que mientras los años habían pasado y él había crecido unos centímetros más, el rubio no y ahora era más bajito que él por algunos centímetros.
A sus espaldas, Harry estiró el brazo y sus dedos se internaron entre los libros para tomar el tan deseado tomo y lo jaló hacía él. Draco siguió la ruta de su mano y luego se quedó mirando el libro en manos del moreno. Estaba leyendo la pasta, tallada y gastada pero aún legible. La historia de la familia Black.
—¿Por qué quieres leer esto? —preguntó Harry, mirando atentamente a Draco.
—Soy un Black, quiero saber la historia de mi familia —arrebató el libro y le dio la vuelta a Harry chocando su hombro con el brazo del moreno—. Estoy pensando en cambiarme el apellido.
—¿Así de plano? —a Harry, esa revelación lo impresionó—. Es complicado cambiarte el apellido, más que nada por todo lo que has hecho con el apellido Malfoy.
—¿Entonces? —Draco no se esperaba eso—. ¿Qué hago?
—Casarte y adoptar el apellido de alguien más. Como casi todas y todos.
Draco lo considero seriamente. Apretó el libro contra su pecho y salió de la biblioteca muy seguido de Harry. Un ruido llamó su atención y miraron a la parte inferior de la casa. Cerca de veinte lechuzas esperaban en la sala, mordiéndose o acicalándose, una estaba dándose de topes contra la espalda de otra.
—No se van a dar por vencidos, ¿verdad? —Draco subió a su habitación y Harry se fue a despachar a las lechuzas. Minutos después subió al cuarto del rubio con paquetes y cartas entre los brazos.
—Tienes que ayudarme, son regalos para el bebé.
—No quiero participar en eso, Potter —Draco siguió con la mirada perdida en el libro frente a sí pero escuchaba atentamente el papel al ser rasgado o arrancado. Los bufidos o risas de Harry al leer las notas. Se fijó en como arrugaba algunas y apartaba otras con mucho cuidado. La curiosidad le ganó y cerró el libro, tomó algunas de las notas que había apartado con cuidado y leyó una.
¡Felicidades! Estás a punto de internarte en la más grande aventura de tu vida. Yo tengo tres hijos de cuatro, cinco y siete. Son un caos, mi vida no ha vuelto a ser tranquila y mi cabello se está cayendo. Pero seré calvo feliz, porque mis hijos son lo que le da luz a mi vida. Y cuida a tu novio porque es muy guapo.
—Wow —Draco estaba impresionado por el apoyo del escritor de la carta. Aunque no lo conocía y para nada le sonaba su nombre pero le agradecía en lo más profundo de su ser. Vio la pequeña montaña que eran las notas echas bola sin cuidado; no quiso aventurarse en la lectura de esas, salió de su trance cuando Potter le puso enfrente una sonaja. Draco la tomó y la sacudió frente a su nariz sin poder evitar que una sonrisa escapara de sus labios. Era una simple vara un poco ancha con bordes de silicón para no hacerle daño al bebé.
—Esta es para ti —Harry le tendió una carta al rubio pero éste dudó para tomarlo—, no te daría algo que te hiciera daño.
Tomó la carta y la leyó desde donde estaba su nombre:
Draco:
Espero que esta nueva experiencia te sirva para valorar tu vida. Te darás cuenta que tu hijo le dará un giro enorme a tu vida y tus prioridades van a cambiar drásticamente. Te deseo toda la suerte y aunque no te conozco espero que puedas darle lo mejor a tu bebé.
—Está dice que eres sexy embarazado. Firma John —Potter se rió pero Draco no sentía ganas de reír.
Para la hora de la comida Harry le dijo a Draco que Andrómeda había escrito y que le había avisado que iría a cenar. No se preocupaba por preparar ya que la mujer siempre cocinaba, sin confiarse de las habilidades de Harry. Eso a Draco le dio gracia, no siempre escuchaba de gente que se burlara del moreno y le levantó el ánimo un rato.
Draco no había leído la nota del diario, le bastó con el encabezado para saber que probablemente eran puras patrañas del profeta. El periódico quedó arrumbado en la cocina cuando comieron y ahí se quedó cuando salieron a dar la vuelta por la calle. El hechizo para ocultar el vientre de Draco de la mirada de los muggles lo molestaba porque tenía que actuar como si su vientre no estuviera ahí, así que optaron por ir al callejón Diagon por unos helados y a visitar a Ron y a George en la tienda.
Se dieron cuenta del error cometido cuando entraron al caldero chorreante. Draco notó las miradas sobre él, aunque no eran de asco o molestia, sí de admiración, un poco de envidia en una que otra, y hasta hombres celosos encontró a su paso, nada a lo que le prestara atención, definitivamente.
Florean Fortescue los recibió en la heladería muy gustoso, le puso una bola extra al helado de pistache de Draco y otra al de chocolate con menta de Harry. Tomaron asiento en una esquina del establecimiento y procedieron a comerse el helado.
—No me está disgustando tanto.
—Siempre me ha gustado el helado de Florean —dijo Harry, sin desviar la atención de su helado. Draco levantó una ceja, interrogativo, pero decidió aclarar su punto.
—Llevar a tu hijo en mi vientre es agradable cuando la gente es amable —contraatacó Draco—. Es bueno ser la pareja del salvador del mundo mágico.
A lo lejos y muy sofocado por el ruido del callejón escucharon lo que pareció un 'soplapollas'. No estaban seguros de si había sido esa la palabra, así que lo dejaron pasar.
—¿La gente comenzará a juzgarme por ser gay? —preguntó Harry, intrigado por ese tema en el mundo mágico. No había dado una rueda de prensa pero él siempre supo que sí le gustaban los hombres igual que las mujeres.
—Potter, hay magos con la capacidad de gestar, habilidad que es posible cuando te inseminan igual que a una mujer, ¿cómo crees que es ser gay en el mundo mágico?
—No sé, nunca lo había pensado.
—Es normal, nadie se asusta ni se asombra si ven a dos hombres tomarse de la mano o hacerse cariñitos —Draco se puso otra ración bastante grande de helado en la boca y procedió—. Desde mi punto de vista ni parejas heterosexuales ni homosexuales deberían de exhibirse de esa forma. Si es mucha la calentura —escucharon la palabrita de nuevo—, que no salgan de sus casa.
Se habían puesto incómodos. Draco bajó su cuchara hasta la copa y dejó de comer, se puso a ver sus manos mientras una mueca de molestia llegaba a su cara. Harry lo notó y decidió que era hora de marcharse.
—Florean —gritó al dependiente—, ¿nos puedes poner el resto para llevar?
—Claro, Harry —un movimiento de varita y ambos helados estaban en copas plásticas, con tapaderas para guardar la temperatura y estas dentro de una bolsa. Harry se acercó a pagar—. ¿Pasó algo? —Preguntó el heladero.
—Lamentablemente sí, Florean —dijo Harry, mientras sacaba el dinero para pagar el helado, Draco se acercó a él con la bolsa en una mano—. Creo que tu clientela está decayendo en modales, cuando gritan esas palabras para que todo mundo las escuche.
El heladero se acercó a Harry confidencialmente y Draco no pudo evitar sentirse parte de la plática cuando el hombre lo miró también.
—Sé quién fue, ¿quieres que le diga algo?
—No es necesario —Harry saludó al heladero con un apretón de mano y tomó a Draco fuertemente cuando comenzaron a dirigirse a la salida. Antes de salir del establecimiento el hombre volvió a llamar su atención. Al girarse, grande fue su sorpresa al ver un anuncio tras la caja de cobro.
Un letrero con letras que brillaban 'próximamente' a un helado al que llamarían 'El hijo del héroe' con los sabores favoritos de helado de Harry y de Draco. El moreno supo que era un recordatorio a toda esa gente que se atrevía a juzgar como algo malo la actual situación del rubio y la creencia popular de que ese hijo era de Harry.
Recorrieron el callejón en silencio hasta la tienda de Sortilegios Weasley, entraron al abarrotado local y fueron directamente a la trastienda donde Ron les había indicado que los vería. Ahí estaba Hermione en un diván, con un libro frente a la nariz, un bote con fresas y crema a un lado y un par de sandalias bajo el mueble.
Llamaron la atención de la castaña. Ella se puso de pie, los saludó y los invitó a sentarse. Aquel lugar, de trastienda no tenía nada. Había muchas comodidades como si se tratara de una casa. Libros, ropa, un radio, una cocineta, baño completo y un gran ventanal con un paisaje hermoso. Draco se acercó a él y se sentó en el alfeizar a observar los verdes terrenos y el cielo azul. Harry estaba comenzando a preocuparse por lo contemplativo que se había puesto desde que vieron el letrero.
Le contó el episodio en la heladería a la castaña. Estaba terminando el relato cuando entró Ron y ella le hizo señas de que le contara todo a él mientras ella iba con Draco. Le dio un beso de pico al pelirrojo y caminó rumbo al ventanal.
—Hola, Draco —subió la rodilla al alfeizar y se sentó sobre su tobillo para admirar también ella el paisaje.
—Hola, Granger.
Draco no despegó la mirada de la ventana. No dejaba de darle vueltas en la cabeza al helado 'El hijo del héroe' y la farsa que eso representaba. Algo que no había sentido nunca lo estaba contrariando demasiado.
—Harry me contó que es niño, ¿ya pensaste en un nombre?
—Leonardo —Hermione puso cara como de no entender—. Por Leonardo Da Vinci. Aunque la tradición dice que tiene que ser el nombre de una estrella o constelación.
—Pero has roto muchas tradiciones familiares últimamente, ¿no?
Draco no respondió inmediatamente y, aunque no era su amigo, Hermione sintió que él necesitaba hablar y desahogarse con alguien.
—Nadie en mi familia había usurpado lugares. Todo lo que tenían lo obtuvieron de forma justa —Hermione lo escuchaba atentamente y ella sabía que se refería al tema de que Harry se hiciera pasar por el padre de su hijo. Creyó lo de su familia porque en un estudio sociológico resultó que la familia Malfoy era importante por sus diversas inversiones en diferentes industrias, por lo tanto sí, tenían dinero para revolcarse en él, pero por medios justos y legales—. Que modificáramos un poco las cosas para salir no tan mal parados, es otra cosa. El abuelo Abrazas debe de estar revolcándose en su tumba.
—¿Ese es el plan, entonces? —Cuando Hermione terminó de hablar fue demasiado tarde y ella supo que la pregunta no había planteado lo que ella quería saber, si no lo que más hería a Draco. Que dudaran de él ahora que se había esforzado tanto en cambiar—. Me refiero a Leonardo, que si éste es el plan para que a él le vaya bien.
La castaña sabía que había arañado una vena muy sensible en la vida del rubio. Esperó que él la pasara de desapercibida y se diera cuenta de que ella era sincera en su reciente trato de amabilidad.
—Draco —intervino Harry, lo cual fue de gran alivio para ella—. Recuerda que va a ir Andrómeda a comer, tenemos que regresar a la casa.
Draco asintió y caminó tras él sin dirigirle una palabra más a la castaña. Tenía el orgullo herido, eso era un hecho, aun así tenía mucho que pensar.
Llegaron a la casa sin cruzar palabra de por medio más que monosílabos y preguntas por parte de Harry. Al entrar al recibidor, el moreno le quitó el hechizo a Draco para ocultar su vientre y éste comenzó a caminar para perderse de la vista de todo el mundo hasta que Potter le habló con un tono que no pudo ignorar.
—Si estás pensando en lo del helado, no le des importancía, la gente lo olvidará pronto.
—¿Sabes lo que es el orgullo, Potter? —dijo Draco sin girarse a mirarlo. Harry respondió con un simple 'Sí' que el rubio escuchó claramente—. El mío está pisoteado desde hace un tiempo, pero hoy, Florean Fortescue le tiró un escupitajo.
Bueno, capitulo 9 y contando. Tampoco está beteado, así que ya saben que deben disculpar. Ando escribiendo com fics nuevos, ando atareada y la escuela no me deja en paz, por fortuna es mi ultimo semestre. Cuídense coman sus vegetales y usen protector solar.
Les debo el chiste y el adelanto, si saben chistes, déjenmelos en review y si quieren comentar algo del fic también déjenlo en review. Si es alguna sugerencia o algo que quieran leer en mi próximo fic (cualquiera de los que tengo empezados) también escribanlo que con gusto lo escribiré.
