Harry estaba preparando el desayuno cuando Ginny se levantó. La pelirroja no durmió durante la madrugada pensando en lo que sus ojos habían visto entre Harry y Malfoy. No podía creer que las palabras de su madre se cumplieran precisamente con el rubio.
—Un día te darás cuenta que lo que haces te llevará a perderlo totalmente. Tan bueno, Harry.
Las palabras exactas retumbaban en su cabeza como si se las hubiera recitado una noche antes. Se sentía frustrada en parte, pero era una adulta y aceptaba su error, por lo tanto tenía que pagar las consecuencias de sus actos. Haberse decidido en su tiempo por su carrera y juventud la había llevado a la soledad.
Creía que tenía que hacer lo que le hizo Harry a ella durante la guerra. Ella lo esperó y él volvió. Sin embargo, tres años después de su rompimiento él había continuado su vida, ella también, aunque creyó que podría volver a su antiguo prospecto como antes. Pero los tiempos eran diferentes, las cosas entre ellos se habían enfriado y la visión de la vida de cada uno era muy diferente.
Malfoy le iba a dar un hijo, cosa a la que Ginny se había reusado. Su tren había pasado y ahora era el momento de aceptarlo.
Se acercó a la espalda del moreno y lo abrazó, enterró su rostro entre los músculos y un par de lágrimas silenciosas se deslizaron por su cara. Harry estaba tieso, atinó a girarse y abrazarla, le depositó un beso en la coronilla y le acarició la espalda hasta que la sintió más tranquila.
—Perdóname, nunca quise jugar contigo ni con tus sentimientos.
—No sé de qué estás hablando.
—Acepto que perdí. Tu querías un hijo, no una persona que se reusara a dar su brazo a torcer.
—No se trata de eso. Nuestro tiempo pasó, pero siempre estaré para lo que necesites.
Escucharon un jadeo junto a la cocina y se separaron. Harry fue a la puerta y al asomarse vio a Draco doblado por la cintura, tratando de alcanzar lo que parecía un moño o algo así en el suelo, totalmente fuera de su alcance. Harry soltó una risita por la nariz y Draco lo vio molesto.
—Recógelo, si eres tan amable.
La mano de la pelirroja se adelantó y recogió del suelo un lindo prendedor de diamantes con un par de narcisos enredados en una serpiente.
—Es hermoso, ¿es tuyo, Malfoy?
—Era de mi madre, te lo regalo si quieres —Ginny lo miró entre asombrada y expectante—. Odiará verlo en tu cabello rojo y maltratado.
—Mi cabello no está maltratado.
—No es tan bello como el de ella.
Harry intervino antes de que Ginny le contestara y se hiciera más grande la discusión. Ese prendedor no lo había visto entre las cosas de Draco, y había visto muchas cosas.
—¿De dónde lo sacaste?
—Mis padres te escribieron, quieren verme —Draco se sentó en la mesa, suspiró y estiró la espalda—. Están aquí en Londres quién sabe desde cuándo.
—¿Me escribieron? —preguntó Harry, sirviendo te en tres tazas, una para cada uno.
—Sí, me despertó la lechuza de mi madre haciendo un alboroto en el pasillo. Quieren que vayamos hoy a cenar.
Ginny bebía del té, atenta a la conversación del rubio. En el plato de los tres los huevos revueltos junto al tocino y las salchichas se enfriaban. Aunque Draco había pellizcado una salchicha y se había comido una tira de tocino, no se le veían muchas ganas de comer. Harry lo notó e inmediatamente les cambió el tema. Habló del partido de quidditch que transmitieron por la radio, jugado en Irlanda y como se la pasaron hablando sobre el hermoso clima o los verdes prados en lugar de narrar el partido.
—Lo suspendieron porque al parecer estaba comprado el partido.
—Los partidos de quidditch son campos de guerra para la política —dijo Draco—. Mi padre apostaba grandes cantidades a los equipos buenos, ganaba y adquiría poderes que no te imaginas en el ministerio.
—¿Pero por qué es el primero que suspenden?
—No es el primero —Draco recargó su mejilla en su mano mientras con el tenedor revolvía el huevo y el tocino—, y lo suspendieron probablemente porque no se ponían de acuerdo o nadie quería a los equipos.
—Harry —interrumpió Ginny—, tengo que irme, vayan a la madriguera un día de estos. El lago está en su punto, sería genial que nos diéramos una vuelta.
La pelirroja se fue por la red flu. No terminó ni su té, mucho menos tocó su desayuno. El prendedor estaba a lado del plato que se supone usaría ella. Draco lo tomó entre sus dedos, lo miró y sintió como el reflejo de la luz se estrellaba contra su pupila. No dejaba de pensar en lo que le había decía su madre en aquella carta. Fue un choque de sentimientos tremendo que sólo atinó a quedarse sentado más de media hora, con la carta entre los dedos y el prendedor junto a él.
Ahora en la mesa le pasaba lo mismo, con Potter a un lado, precisamente. No quería que el moreno lo viera así.
—¿Entonces, lo saben? —Draco salió de su ensoñación y entornó los ojos, mirando a Harry—. ¿Saben lo del bebé?
—Yo supongo —contestó impávidamente.
—¿Están molestos? —Draco negó con la cabeza pero en el fondo algo le decía que lo que sentían sus padres también le dolía, aun cuando se había prometido que no le importarían más.
—Soy un adulto, puedo hacer lo que me plazca —dejó el prendedor en la mesa de un manotazo—. Si quiero parir cinco hijos tuyos, lo haré —la cara de Harry se iluminó—. No quiere decir que lo vaya a hacer, Potter.
—Sólo me alegraba por tu determinación.
—Te estabas besando con la comadrejilla, ¿verdad? —Malfoy se cruzó de brazos y lo miró acusador.
—Nadie estaba besando a nadie, me abrazó y empezó a llorar. Me pidió disculpas…
—Ya, Potter —el rubio lo interrumpió escandalosamente—, no quiero que me cuentes todo con lujo de detalle. Guárdatelo para en la noche.
—Hablando de anoche.
—Iré a bañarme —Draco se puso de pie más rápido que una liga, iba a salir de la cocina cuando Harry lo detuvo por el brazo—. ¿Qué haces, Potter? Apest…
No terminó de hablar porque Harry se inclinó y aprisionó sus labios con los suyos. Draco no reaccionó hasta que la lengua experta del moreno estaba buscando la suya, estaba entrando, invadiéndolo todo. Lo pegó de espaldas a la pared y siguió dándose el gusto de callar a Malfoy.
Draco vio las pestañas espesas de Harry, los cristales impolutos de sus gafas y el cabello que se colaba a su frente. La lengua del moreno estaba haciendo estragos a su sistema nervioso, cerró los ojos y puso sus manos en los hombros gruesos del gryffindor. Correspondió el beso un par de segundos y comenzó a ejercer presión para separar al moreno. Le había encantado el beso y separarse era de las cosas más duras que había tenido que hacer, pero quería dejar claras algunas cosas. No le gustaba jugar, menos cuando sus sentimientos servían de pelota en el campo.
—Potter —el hombre gimió y se lanzó de nuevo por su boca pero Draco se giró. Los labios del moreno cayeron en su cuello y ahí se quedaron un rato, abrazados e inmóviles, con la espalda de Malfoy pegada a la pared—. Potter, no sé dónde vaya a terminar esto. Tú no me quieres.
—No pienses por mí.
—No me interrumpas —no se exaltó, pero su tono fue autoritario y Harry guardó silencio—. Tú no me quieres por la simple razón de que entre tú y yo no puede haber nada. Y no lo digo por ti o por mí, sino por mi hijo.
Harry levantó la mano y la posó en el vientre del rubio. Draco hizo lo mismo, quedando su mano sobre la del moreno, las manos grandes y gruesas entrelazadas con las pálidas y delicadas del rubio. Juntaron su frente, ambos mirando el mismo punto sobre sus manos.
—Siempre estará aquí en medio. Cada cosa que pase con nosotros la resentirá él.
—Podemos aprender.
—Sí, podemos aprender, pero cuanto tiempo nos llevará eso ¿meses? ¿Años? ¿Vidas?
—Yo te prometo cuidarlos a ambos —Harry levantó la mirada y Draco lo hizo igual. El verde con el gris de sus ojos se encontraron. En el gris reinaba el miedo, en el verde el anhelo de una vida mejor.
—Eres San Potter, no puedo esperar otra cosa de ti —Harry sonrió pero al ver como el terror volvía a los ojos del rubio, su sonrisa se convirtió en una mueca—, pero la gente dirá mil cosas, él no se parecerá a ti, será obvio que no es tu hijo.
—Es mi hijo —Harry estaba determinado a no alejar a Malfoy de su lado— en el momento en que me aceptes en sus vidas lo será, aunque tenga los ojos verde bandera o verde pistache. Pero ojalá que se parezca a ti.
—Yo deseo lo mismo —Harry se separó de Malfoy, pero no lo dejó que se alejara, juntos subieron las escaleras hasta el cuarto del moreno, en silencio, tomados de la mano y mirándose de vez en cuando, con las mejillas sonrojadas y las sonrisas traviesas que se fugaban de su faz de vez en cuando.
—Nunca me has hablado de él —dijo Harry, entrando a la habitación—. ¿Estabas enamorado?
—Enamorado no, precisamente —contestó Draco, sentándose en la cama y recargando su espalda en la cabecera de caoba. Harry se sentó junto a él y lo abrazó por los hombros—. Era más una especie de capricho. Cuando me dijo que se casaría pensé: "Es ahora o nunca".
—¿Y cómo es que terminaste abajo? —Draco no contestó inmediatamente, Harry pensó que había sido una pregunta que no tenía la confianza de contestar—. Bueno, si se puede saber.
—Estoy pensando en la respuesta —dijo Draco—. Es una buena pregunta. Supongo que después de todo mi tipo son los fornidos, altos y masculinos. Esos hacen que me sienta como con ganas de ser dominado.
—Yo soy fornido, alto y masculino —Harry se estiró para parecer más alto de lo que era en realidad. Draco desconocía el momento en el que el moreno lo había superado en estatura, pero ahora le sacaba aproximadamente unos quince centímetros de alto. Era fornido por donde Draco lo mirara y su cuerpo cantaba odas a la masculinidad incansablemente, con sus brazos fuertes, musculosos y hasta un poco velludos.
—Pero los lentes matan todo eso —Draco intentó zafarse, pero los movimientos en sus cintura eran limitados y no lo logró, terminó riendo con Potter y dejándose abrazar más fuerte. Tenía meses sin sentir el cálido afecto de otra persona. Podría contar incluso años—. Tus lentes son mata pasiones en cualquiera de las culturas.
Harry volvió a besarlo y está vez Draco lo recibió gustoso, con los labios separados y una última mirada a sus labios rosados acercándose rápidamente. Lo jaló de la cintura hasta que Draco quedó sentado en sus piernas cruzadas, el vientre del rubio chocaba con el abdomen del moreno, aun así disfrutaron de un rato de besuqueos. Draco quedó en una mejor posición y recargó su cabeza en el hombro de Harry.
—¿Por qué terminaste con la Weasley? —preguntó, dejándose llevar por la curiosidad.
—Ella terminó conmigo y yo no quise que volviéramos después —Harry acariciaba la espalda del rubio de arriba abajo, arrullándolo—. No era la primera vez que lo hacía, así que decidí que no llegaríamos a ningún lado. Ella quería otras cosas.
—¿Cómo sexo sin compromisos?
—No, no exactamente. Quería hacer una carrera, tenía una vida idealizada donde no cabía una familia.
Draco volvió a besarlo, esta vez brevemente y sin lengua. Sólo sus labios encontrándose. El bebé se movía mucho y sentía una cierta ansiedad en la boca del estómago.
—A tu lado pudo haber hecho tantas cosas —dijo Draco. Suspiró y cerró los ojos—. Potter, me confundes. No sé qué pensar realmente. No sé si esto sea lo mejor. No me conoces, no te conozco. No eres nada de lo que pensaba que eras.
—Hagamos una cosa —dijo Harry—. Hagamos como que no nos conocimos a los once años. Tomemos en cuenta desde que te encontré en la celda para acá.
—No podremos ser felices siempre. Vamos a discutir —dijo Draco, retirándose del regazo del moreno.
—Eso lo hace cualquier pareja, estaremos juntos, eso es lo importante.
—No hagas como que de repente nos amamos —Draco se cruzó de brazos y lo miró a los ojos—. Acepto que estoy en deuda contigo, no sé qué sería de mí si no hubieras aparecido, pero eso no quiere decir que te amo.
—Yo tampoco. Eres caprichoso y pesado —Draco le dio un puñetazo en el hombro—, no me refiero a tu peso, eres difícil de tratar. Pero me has demostrado ser diferente a como pensé que eras. Para ser artista se necesitan sentimientos y tú los tienes. ¡Carajo, siento que he descubierto un nuevo continente! Draco Malfoy tiene sentimientos.
—Eres insoportable —dijo Draco, parándose y alejándose de la cama, se acercó a la ventana y ahí se quedó.
—¿Es nuestra primer discusión como pareja?
—No eres mi pareja, Potter. Para que yo te considere mi pareja primero tengo que hacerme a la idea de que me atraes.
—¿Te atraigo? —preguntó Harry, expectante.
—Eres sexy —exclamó—, ¿estás feliz? Lo admití; eres sexy —Draco salió de la habitación dando un portazo. Harry se quedó en su lugar, como si fuera a levantarse pero no se movió. El intento de sonrisa se quedó grabado en su cara.
Pasó media hora y Harry volvió a buscar a Draco. Lo encontró en posición fetal sobre su cama, tarareando una suave melodía y viendo una fotografía. Harry se acercó por atrás de él y vio que no era en sí una fotografía si no un dibujo, tres personas, una familia que se veía bastante feliz.
Harry carraspeó y el rubio se quedó totalmente callado pero no volteó, el moreno se sentó en la cama a las espaldas del rubio y comenzó a acariciarlo. Malfoy se relajó y continuó con la suave tonada y viendo el dibujo.
—¿No vas a comer nada? —preguntó Harry, preocupado porque el desayuno se había quedado intacto en la mesa de la cocina.
—Si intento comer, voy a vomitar —Draco comenzó a levantarse, con algo de esfuerzo se puso frente a Harry, en posición de loto y el pergamino a un lado—. Si tú fueras mis padres, considerando que crees que me odian, ¿cuál sería tu reacción al verme así?
—Creo que gritaría, lanzaría muchas maldiciones y no querría volver a verte. ¿Por qué la pregunta?
—Para saber lo peor que me podría pasar —Draco se puso las manos en la cara, dejó su boca libre y comenzó a hiperventilar.
—Tranquilo, le hará daño al bebé —Harry palmeó el vientre del rubio y Draco tomó de la mano, sosteniéndola en el lugar donde el moreno había dado sus golpesitos—. ¿Qué?
—Si pudiera, te lo pasaría sólo por esta noche, te dejaría encerrado—Draco se aproximó lo más que pudo y jaló a Harry del cuello hasta que sus labios estuvieron a su alcance y los besó, jalándolo más hacía él.
Harry lo ayudó a tenderse sobre la cama y se puso sobre él. Draco no dijo nada por la posición, dado que le molestaba siempre; Harry pensó en que el momento ameritaba que se olvidara un poco de la incomodidad del bebé. Harry lo acarició por cada rincón mientras Draco metía la mano bajo su playera y comenzaba a acariciar su vientre plano, sus costados, su espalda. Levantó las piernas y las enredó en la cadera del moreno. Si antes había demostrado que cualquier movimiento le costaba horrores, ahora se estaba mostrando muy dinámico.
Harry pegó su pelvis a la ingle del rubio, sintiendo inmediatamente la dureza de su miembro. Harry le subió la túnica que usaba para andar en casa hasta la cintura sin destaparle el vientre y comenzó a jalarle el pantalón deportivo que usaba el rubio por el frío, bajo el pantalón gris traía unos calzoncillos rojos que le daban a Harry una idea de su excitación aunque no lo vio por más tiempo. Quitó los calzoncillos y el pene erecto de Draco chocó contra su vientre, logrando con su curvatura, delinear perfectamente la redondez de su embarazo.
Sus respiraciones dificultosas los hacían jadear con estrepitosa fluidez. Sus resuellos los dominaban pero Draco pensó que Harry aún tenía demasiada ropa. Comenzó a jalar la playera del moreno y el moreno comenzó también a intentar sacarle la túnica.
—Harry —murmuró Draco—, la varita.
—Está dura —Harry continuó besándolo y peleándose con la túnica. Draco ya había logrado abrirle el pantalón.
—No hablo de esa —Draco lo empujó hasta que Harry estuvo con la espalda en la cama. Draco se puso sobre él mientras se sacaba la túnica y la arrojaba fuera de la cama. Harry se había sacado los pantalones, quedando solo en boxers de snitches naranjas. Draco comenzó a balancearse, recargándose con los brazos en el pecho del moreno, pellizcando de vez en cuando los pezones erectos, muriéndose de ganas por chuparlos; y lo hubiera hecho si no hubiera estado seguro de que la panza le estorbaría.
—Draco —dijo Harry, ahogándose con su propia respiración, atorándosele el aire por la excitación—, ¿seguro que puedes?
—Mis hormonas me lo piden a gritos —Draco siguió besándolo, encorvándose para no aplastar a su hijo—, desde hace meses.
Con las nalgas tallaba de arriba hacia abajo la erección aun cubierta por los calzoncillos del moreno, despertándolo aún más si se podía, haciéndolo casi doloroso. Así como empezó, abruptamente terminó. Harry salió del sueño de placer como impulsado por una fuerza invisible y al ver la expresión de terror en la cara del rubio se asustó y se sentó, tomándolo por la cintura y tocándole todo.
—¿Qué pasó? ¿Te lastimaste? —Draco movió la cabeza negativamente—, ¿Tienes dolores? ¿El bebé se mueve?
—¿Cómo te voy a penetrar? —Bajó los hombros derrotado y se cubrió la cara con las manos—. No creo aguantar.
—Pensé que yo te iba a dar.
—Estás loco, ¿y si me vuelves a embarazar? —dijo Draco, bajándose del regazo del moreno.
—¿Es eso posible? —la cara de asombro del moreno no cabía en la habitación, de tan grande que era. Draco se sonrojó y se encogió de hombros.
—No sé, pero no me arriesgaré. Ya no sé qué hacer con este como para que me dejes a otro.
—Eso suena ilógico y tú no puedes moverte, quédate quieto y déjame actuar —trató de volver a recostar a Draco pero el rubio no se dejó, por el contrario, se subió los calzoncillos y se paró de la cama terminándose de acomodar el pantalón de deporte. Agarró la playera del moreno y se la puso a medio camino de salir rápidamente del cuarto.
—Esto se le está haciendo costumbre —dijo Harry para sí mismo antes de tirarse en la cama y cubrirse totalmente con las sabanas que habían quedado hechas bolas bajo su espalda. Se reincorporó cuando escuchó pasos entrar al cuarto. Era Draco, quien se quedó de pie junto a la puerta, sin soltarla ni mover ni un musculo.
—Es mi cuarto. Largo —señaló hacía el pasillo y comenzó a golpear el suelo con el talón descalzo. Harry se puso de pie y se acercó a él, con la decisión en la cara.
—Ya me canse de tus berrinches —lo tomó por los codos y lo besó con violencia—, si sigues haciendo eso se te va a terminar la casa. No quiero que dejes de ser Draco Malfoy, pero quiero que dejes de darme la vuelta a la primera provocación.
Con ferocidad y lujuria volvió a adueñarse de los labios del rubio sin pedirle permiso, invadió con su lengua aquella boca que tantas veces lo había provocado. Sin más que eso le entró la terrible urgencia de entrar en él, sin importar más nada.
Adelanto: -Iré con el jefe del hospital –dijo Lucius, dirigiéndose a la puerta-, creo que lo cambiaron.
-Papá, es mi hijo, no lo cambiaron –Draco lo volvió a cubrir con todas las mantitas, dejando sólo su carita y la mano con la que aún sostenía el dedo de Potter. En aquella mano había un brazalete que rezaba su apellido.
Chiste: ¿Si un Maya se desmaya, deja de ser Maya?
