Harry entraba y salía de la habitación por mandatos de Hermione. La pobre estaba sumamente nerviosa por el nacimiento de su hijo y la ausencia de su marido. Otra cosa era que él mismo ya no aguantaba los nervios de que Draco no llegaba. Se imaginó mil veces que pasando por uno de los pasillos días después se lo encontraba con su hijo entre sus brazos.
Se ponía muy nervioso sólo de pensar que él también estaba por dar a luz y que estaba solo. Maldijo el momento en que se le ocurrió dejarlo.
Volvió a asomar la cabeza por el pacillo y miró a ambos lados. Por uno de ellos vio a Luna dirigirse directamente hacia él. La joven rubia estaba prácticamente corriendo hacia él, agitada y a punto de gritar. Harry se asustó pero aun así la dejó que llegara hasta él.
—Harry, que bueno que te encuentro —la rubia resollaba mientras se ponía la mano en un costado, aguantando los piquetes de cansancio por la carrera—. Ron y Draco se quedaron atrapados en el elevador. Ron está inconsciente.
Harry rápidamente corrió en dirección al elevador, cuando se había alejado un poco se giró a encarar a la rubia.
—Quédate con Hermione, no le digas nada.
Rápidamente llegó hasta los elevadores y comprobó que efectivamente uno no servía y hasta tenía un letrero que decía precisamente que estaban fuera de servicio por mantenimiento. No le extrañaba que no se hubieran fijado y que se subieran a ese.
Harry vio a un guardia pasar y le preguntó entre qué pisos se habían quedado atoradas las personas del accidente. Él investigó y rápidamente le dijo que un piso abajo. Corrió escaleras abajo y al llegar vio a mucha gente amontonada alrededor de las puertas. Dos empleados del hospital trataban de abrirlas, rompiendo los encantamientos que se habían puesto solos al cerrarse el elevador.
—¿Qué pasó? —se abrió paso a empujones con su placa del ministerio en la mano. Uno de los sujetos que trabajaban para abrir la puerta se giró hacia él, vio su placa y su expresión cambió de una osca a una más amable.
—Señor Potter, no es nada, un par de personas se quedaron atrapados, estamos trabajando en abrir las puertas pero lo hechizos son muy complicados de retirar, precisamente para evitar esta clase de accidentes pero estos dos entraron antes de que se activara el encantamiento. Nos tomará algunos minutos sacarlos de ahí.
Inmediatamente Harry escuchó el grito de la voz que se le hizo conocida. Era Draco pero no decía nada, sólo gritaba como si tuviera mucho dolor.
Harry se pegó a la puerta y gritó, llamándolo. El rubio guardó silencio y después Harry escuchó como lo llamaba.
—¡Draco! —volvió a gritar Potter.
—Sácanos de aquí —escuchó por entre las puertas de metal—. Me duele y Weasley está inconsciente y no responde. No sé qué hacer.
—Tranquilízate, todo estará bien —detrás de Harry llegó un sujeto con bata verde lima, un sanador—. Está embarazado —le dijo al sanador—, y dice que le duele mucho.
El sujeto puso una mano en su hombro de forma tranquilizadora y se dirigió a los de mantenimiento.
—¿Van a tardar mucho? Ahí adentro están dos personas que necesitan atención inmediata.
—Vamos lo más rápido posible.
Harry no se había despegado de la puerta, seguía escuchando por si el rubio lanzaba un nuevo grito pero sólo llegó a escuchar un par de sollozos.
—Puedo aparecerme adentro —dijo Harry, listo para hacer su magia.
—Imposible señor. El mismo hechizo impide que cualquier persona se aparezca dentro. Aunque creo que podrían salir de esa forma.
—Draco no puede hacer magia y Ron está inconsciente —Harry casi se daba de topes en la pared. La suerte no estaba de su lado y Draco estaba muy asustado—. Draco —volvió a hablarle al rubio, elevando la voz para que lo escuchara claramente—, trata de despertar a Ron, él podría sacarlos de ahí si se aparece.
—Espere —gritó el sanador. Ahora se refería a Draco—, ¿el sujeto inconsciente se golpeó la cabeza?
—¿Cómo saberlo? —Gritó Draco desde adentro—, supongo que sí… —Draco se interrumpió y volvió a lanzar otro grito. Harry estaba totalmente aterrado, con los nervios de punta y con toda la situación sólo pensó en una cosa.
—Retírense —sacó la varita y lanzó un bombarda para bolar las puertas, aun así el metal sólo se hizo cóncavo ahí donde había dado el hechizo. Iba a lanzar otro cuando uno de los de mantenimiento lo detuvo. Si rompía la puerta el elevador se podría desequilibrar y caer, y estaban muy alto como para que salieran vivos los de adentro. Aunque le dieron la razón en que el hechizo había debilitado las protecciones y ahora podría ser más fácil abrirlo.
Draco estaba deteniéndose fuertemente el estómago cada que sentía aquellos dolores como calambres que le recorrían por todos lados. Las lágrimas habían dejado un camino por su cara hasta su barbilla y goteaban hasta su pecho. Cuando el dolor se detuvo respiró profundamente, soltando un gemido largo y profundo. Gateando se acercó al pelirrojo quien aún yacía inconsciente en el piso. Tenía las piernas y los brazos extendidos, los ojos cerrados y todo el cuerpo inerte.
Draco puso los dedos en su cuello igual como había visto que lo hacían en los programas de televisión que llegó a ver cuando estudiaba y vivía en su departamento muggle. Sintió unos pequeños brinquitos, supuso que si estuviera muerto no se sentiría nada y estaría frío.
Lo zangoloteó por los hombros y cuando se dio cuenta de que el pelirrojo no respondería lo agarró del cabello y le levantó la cabeza. La soltó sin previo aviso y esta sólo revotó contra la alfombrilla del elevador. Se sintió perdido cuando ni siquiera con eso reaccionó el pelirrojo y su barbilla comenzó a temblar, nuevas lágrimas salieron de sus ojos y se abrazó a sí mismo.
Podía escuchar a Harry gritando su nombre desde afuera, aunque lo escuchaba muy lejos y se preguntó por cuánto tiempo se quedarían ahí adentro. Sintió a su bebé moverse, él también podía sentir el miedo que recorría todo su cuerpo. Escuchó un crujido y creyó que la caja metálica se colapsaría. Un gemido subió por su garganta y al mismo tiempo escuchó otro a su lado.
Miró al pelirrojo tendido en el suelo, con la diferencia que ahora sus ojos estaban abiertos aunque un tanto viscos, pero no lo quería para que le leyera un cuento.
—Weasley, nos quedamos atrapados en el elevador, ¡sácame de aquí! —lo volvió a jalar de los hombros, como si de eso dependiera que salieran pronto. Sin embargo Ron no le respondió, volvió a gemir y se puso una mano en la cabeza.
Draco lo vio sostenerse la cabeza y ya no se movió. Lo volvió a mover fuertemente, lo golpeó en la espalda con los puños cerrados y una contracción lo atenazó de nuevo. Apretó la piel de la espalda al pelirrojo, él sabía que eso era doloroso pero ni así dijo nada Ron.
Cuando la contracción pasó Draco se cambió de posición, esta vez pegando su espalda a las puertas, sobándose el estómago y golpeando con la rodilla al gryffindor.
—¡Harry! —gritó, levantando la cabeza y cerrando los ojos con frustración. Escuchó que el moreno lo llamaba de nuevo—. Weasley reaccionó pero no se mueve. Se golpeó la cabeza y tiene un chichón enorme.
La voz del sujeto extraño volvió a hacerse oír, Draco supuso que sería algún sanador porque tenía ese modito de hablar algo presuntuoso.
—No permita que se duerma —escuchó y al mismo tiempo miró al pelirrojo mover los pies—. Podría ser muy peligroso para él.
—A mí me importa que mi hijo no nazca en un elevador, maldita sea; ¡Muévanse! Weasley que se vaya al demonio.
—Draco —era Harry de nuevo—, tranquilízate, tu hijo no va a nacer ahí, estamos haciendo lo posible por sacarlos. Ron es la opción más rápida para que salgan sanos y salvos, dile que tienen que aparecerse fuera.
—Ya escuchaste, Weasley —volvió a golpearlo en la espalda con la mano en puño—. Sácame de aquí.
Una contracción lo recorrió desde la cabeza hasta los pies, cerró los ojos mientras toda su espalda se curvaba de forma casi imposible, extendiendo su vientre y apoyándose en las manos a ambos lados de su cadera. Las lágrimas seguían escurriéndole hasta la barbilla.
—¿Qué sucedió? —Ron se sentó, recogiendo sus piernas y sentándose en sus talones, con una mano se sostenía para no irse hacia adelante mientras con la otra se sujetaba la cabeza. Abrió los ojos y vio a Draco con el cuerpo tan tieso que parecía una estatua y los ojos firmemente cerrados—. Malfoy, ¿estás bien?
Eso lo sacó del sopor en el que estaba por el golpe, la adrenalina bombeó por todo su cuerpo y pensó en qué haría Harry si estuviera en su lugar. Escuchó los gritos de su amigo, identificando fácilmente su voz.
—Harry, creo que Malfoy también va a parir.
—Ron —el gritó de Harry fue como una carga de nervios con alivio, como cuando estas asustado, en medio del mar, sobre una tabla flotando y de repente vez que un bote se acerca a ti con las intenciones de salvarte—. Por favor, sácalo de ahí, aparécete fuera del elevador, estamos aquí arriba de ustedes, justo arriba.
—¿Puedo aparecerme con él? ¿No le hará daño? —Ron vio las manos de Draco aflojarse junto con todo su cuerpo y casi se va de lado de no ser por él, que reaccionó y lo sostuvo justo a tiempo. El rubio parecía inconsciente pero estaba susurrando algunas cosas que él no alcanzaba a comprender.
—Señor Weasley —Ron no reconoció la voz, aun así le prestó atención, cualquier consejo era bienvenido—, tiene que estar bien seguro de lo que va a hacer, la situación en la que está su amigo es precaria —Ron pensó que Draco no era su amigo, pero siguió escuchando atentamente—. Si algo sale mal el más afectado sería el bebé, por favor, concéntrese sólo en nuestras voces, un metro fuera del elevador y sobre su cabeza. Sosténgalo muy fuerte.
Ron lo abrazó, pegándolo totalmente a su cuerpo, cerró los ojos y se apareció dejando en el elevador una gota de sudor que desprendió su cuerpo por los nervios. Sin pensarlo apareció justo frente a Harry quien inmediatamente le arrebató el cuerpo de Draco de los brazos. Colocaron a Draco en una camilla y salieron corriendo, dejando a Ron en manos del sanador que rápidamente se había puesto a revisar su cabeza.
Cuando Draco despertó lo primero que vio fue un par de cortinas de pésimo gusto, una habitación oscura y una lámpara prendida de su lado derecho, dicha lámpara desprendía una luz muy tenue. Enfocó la vista y encontró un bulto susurrándole a otro bulto.
Reconoció la voz inmediatamente, era Harry, pero no alcanzaba a escuchar nada de lo que decía el moreno. Se movió en la cama pero inmediatamente se percató de la ausencia de algo. Su vientre estaba plano, aunque dolía con cada movimiento no pudo evitar darse el sentón, inspiró profundamente, en parte por el dolor y en parte por el susto.
Lentamente recordó lo del elevador y una imagen mental de Weasley inconsciente en el piso lo hizo estremecerse de miedo. Vagamente podía recordar que lo abrazaba y lo sacaba de ahí aunque después de eso, todo eran palabras apresuradas, susurros incompresibles y la negrura de la inconsciencia.
El bulto más grande frente a él se giró, un brillo extraño salió de lo que parecieron los ojos. Draco lo vio moverse y la pequeña luz de la habitación se intensificó revelando a un Harry quien había estado inclinado sobre lo que parecía una pequeña cuna de cristal llena de trapos blancos.
—No te muevas mucho. ¿Cómo te sientes? —el moreno caminó hacia él pero Draco sólo podía mirar la cunita, haciéndose una leve idea de lo que había en ella—. Voy a avisar al sanador que despertaste. ¿Sientes los pies? Me dijo que te preguntara eso cuando despertaras.
Harry hablaba y hablaba como tarabilla y Draco sólo quería saber exactamente lo que había en esa cunita. Quería verlo.
Harry apretó un botón en la cabecera de la cama de hospital en la que Draco seguía sentado. Giró su rostro con una enorme sonrisa hacia él y fue cuando el moreno se percató de la mirada del Sly y lo que miraba atentamente.
—¿Puedes creerlo? —Harry hizo una pose como de estar orgulloso de su suerte. Infló el pecho y puso sus puños contra su cadera, sonriendo como tonto—. Por el accidente con el elevador el hospital nos regaló un bebé.
Las palabras de Harry tardaron en ser procesadas por el cerebro de Draco, pero cuando estás llegaron a su consciente el rubio se giró para verlo como con cara de 'qué extraño futuro es este'. Vio a Harry reírse y dar unos pequeños saltitos hasta la cunita. Levantó la mayoría de los trapitos y fue cuando Draco lo vio.
Un puñito alzándose, como si quisiera golpear a Harry en la cabeza por ser tan tonto. O como si quisiera abrazarlo por verse tan bien abrazando a un bebé. El rubio extendió los brazos y el gryffindor le puso a su hijo entre ellos. Con un poco de trabajo lo acomodó, sosteniéndolo con las manos.
Su padre siempre le había dicho que abrazar bebés era cosa de mujeres, pero cuando eres tú quien cargó a ese bebé durante nueve meses, tienes que abrazarlo y besarle la cabellera morena en su cabecita tan blandita, típica de los recién nacidos. Tienes que encontrar la forma de pegarlo mucho a tu pecho, sostenerlo con un solo brazo porque con el otro te mueres por quitar tanta cobija y revisar que este completito. Sus dos piernas, con cinco dedos en cada piecito, sus puñitos compuestos por cinco dedos también.
Draco lo vio atentamente apretar la cara y cambiar su expresión, estirarse cual largo era y soltar un gemido. Vio el pañal que se veía gigante entre sus piernas, bajo su ombligo segmentado. Un par de tetillas morenitas, porque en general parecía que sería un poco morenito. Un pensamiento rondó por su cabeza y era que ese niño más que parecer un Malfoy parecía un Potter en toda regla.
—No puedo evitar verlo y pensar que es hermoso —dijo Harry, metiendo su dedo que parecía enorme en comparación de la manita del bebé. El recién nacido inmediatamente capturó su dedo índice haciendo un puño con él. Draco vio la cara del moreno y distinguió una lágrima gruesa deslizarse por su mejilla.
Con su mano libre, Draco la limpió hasta la barbilla, tomó a Harry de la mandíbula y lo obligó a acercarse a él para besarlo. Harry y Draco cerraron los ojos mientras el pequeñito entre ellos abría aquellos profundos y enormes ojos color verde. Un poco grises y un poco turquesa.
El bebé lanzó un chillido cuando la puerta de la habitación fue intempestivamente abierta y por ella entraron Narcissa y Lucius Malfoy quienes no pudieron dar un paso más al ver a su propio hijo sostener al bultito que creyeron era su nieto. Impulsados por algo entraron a la habitación y cerraron la puerta. El bebé volvió a llorar y esta vez se revolvió en los brazos de su papá.
Narcissa se abalanzó a él y Lucius sólo caminó un poco rápido. Juntos se pusieron a lado del rubio y miraron a la pequeñísima criatura.
—Iré con el jefe del hospital —dijo Lucius, dirigiéndose a la puerta—, creo que lo cambiaron.
—Papá, es mi hijo, no lo cambiaron —Draco lo volvió a cubrir con todas las mantitas, dejando sólo su carita y la mano con la que aún sostenía el dedo de Potter. En aquella mano había un brazalete que rezaba su apellido.
—Imposible —ahora Lucius parecía perturbado—, su cabello es negro. Obviamente no es tu hijo.
—Su otro padre biológico es moreno —Draco no miraba a Lucius, sólo tenía ojos para su bebé y la mano del moreno que veía directamente y acariciaba ocasionalmente.
—Está bien que sea moreno —habló Narcissa, inclinada sobre ellos y acariciando la mejilla de su nieto—. Cuadra con la historia de que Potter es su otro padre biológico. Qué bueno que no es pelirrojo. Pensarían que tiene sangre Weasley.
—¡Narcissa! —dijo Lucius, aunque inmediatamente empezó a considerar la opción.
—Draco, querido, ¿Ya pensaste en un nombre? —Lucius levantó la cara, queriéndose adelantar en dar nombres cuando Draco habló.
—James —todos guardaron silencio—, en honor a su abuelo, el papá de Harry —le dedicó una radiante sonrisa mientras el bebé abría su boquita, bostezando entre sueños y la volvía a cerrar—. Y Sirius, como lo dicta la tradición Malfoy de ponerle un nombre de estrella a todos los miembros de la familia.
