Horas más tarde Harry le contó que el bebé de Hermione había sido niña. Draco seguía perdido en la piel de su hijo, ahogándose con los remordimientos de que un tiempo atrás había pensado que un hijo sólo le estorbaría y que lo mejor era darlo en adopción. Ahora mismo no podía despegarse de él y cuando la enfermera entró a la habitación para llevarlo a los cuneros donde estaría en observación por el neonatologo, a Draco no le gustó la idea.

Horas más tarde Harry lo ayudó a llegar al cristal desde donde podía ver a su bebé, ya que quería estar lo más cerca de él para evitar pensar que algo malo podía pasarle. No quería ni imaginarse si le dijeran que el brazalete se había perdido y ahora no sabían cuál era su hijo. Aunque él lo reconocería en un santiamén.

Se sentía raro, parado frente a un cristal, con un montón de parejas a sus lados. Mujeres pálidas, despeinadas pero sonrientes, abrazadas por su pareja quien sonreía igual o más que ellas. La enfermera ya le había dicho que él era el único hombre ingresado en ese piso dedicado exclusivamente a tocología.

Una voz lo hizo voltearse. Harry venía caminando por el pasillo directamente hacia él cuando una cabellera negra y despeinada con estilo llamó su atención. Los ojos verde seco y la piel morena, aquella expresión concentrada en uno de los bebé atrás del cristal. Era él.

Miles de preguntas comenzaron a bullir en su cabeza. ¿Se había enterado? ¿Cómo? ¿Quién le habría dicho? ¿Quién, aparte de Draco mismo, sabía que el padre biológico de su hijo recién nacido era el hombre que tenía a dos metros a su izquierda?

Harry llegó a él y llamó su atención dándole pequeños golpes en el hombro a su lado derecho. Draco se giró apresuradamente cuando la alzada voz de Potter llamó la atención de aquel hombre. Algo impensable sucedió; Draco sintió mariposas en el estómago, como cada vez que estaba frente a ese hombre.

—¿Estás bien? —Draco vio la boca de Harry moverse, efectuándole la pregunta mientras a su lado escuchaba otra cosa.

—¿Draco? —la voz sedosa, tan suave que llegaba a cada terminación nerviosa de su cuerpo lo congeló en su lugar y sólo pudo girarse y míralo directamente a los ojos. El hombre le sacaba al rubio una cabeza más de altura, aproximadamente veinte centímetros que Draco sintió como metros en aquel momento.

—Hola, profesor —a Draco le tembló la voz violentamente. Harry creyó que se sentía mal porque lo abrazó y volvió a preguntarle que si estaba bien—. Harry, él fue mi profesor en Viena. Historia del arte, para ser exactos.

—Mucho gusto, James McArnhey —dijo aquel hombre que se parecía mucho a Harry. Le extendió la mano y el Gry la estrechó por puro instinto, presentándose como gente educada.

—Qué —a Draco se le atoraron las palabras en la garganta, tenía miedo a pregunta cualquier cosa y recibir por respuesta lo que menos quería escuchar—. ¿Qué hace por acá?

—Mi hijo nació ayer, está por allá, el tercer cunero de derecha a izquierda —el de Draco estaba en la segunda fila, a veinte de distancia del cunero con el 'otro' hijo de su profesor—. ¿Ustedes también?

—¡Sí! —el gritó de Draco salió como un chillido, por lo que tanto Harry como el sujeto frente a ellos se le quedaron viendo, sorprendidos—. Sí, nuestro hijo nació en la madrugada. Hoy. En la madrugada. ¿Verdad, Harry?

—Sí, está en este mismo cunero.

—Los felicito —el tipo se atrevió a sonreírle a Draco de esa forma tan singular que siempre hacia que Draco pensara en cosas sexys y en escenas no aptas para todo público. Aquel sujeto aún lo ponía caliente—. Me retiro, van a dar de alta a mi esposa y quiero estar ahí. Además nos llevaran al bebé para salir los tres. Adiós.

El sujeto desapareció de la vista de ambos cuando torció el pasillo. Harry y Draco no despegaron la vista del camino que había tomado hasta que el llanto de un bebé los hizo girar.

—¿Por qué se parece tanto a mí? —Draco pegó su frente al vidrio—, te gustan morenos de ojos verdes, ¿verdad?

Draco sólo agradeció que lo tomara con gracia. Qué bueno que no sabía los estragos que aún hacía ese sujeto en todo su cuerpo. Aunque Harry podía provocarle más cosas con sólo sus manos en su cadera, su fragancia y su presencia a sus espaldas.

Hacía una madrugada fresca, no tan fría como noches anteriores pero sí lo suficiente para echar un hechizo que mantuviera el ambiente caliente sobre todo en la habitación del bebé. Harry se había levantado en cuanto escuchó el chillido reproducido por su varita a su lado. Una semana después de haber vuelto del hospital y ambos tenían las ojeras hasta las rodillas. Cuando parecía que podrían dormir una noche entera, el bebé los despertaba llorando desesperadamente, apretando tanto sus puñitos y alzándolos al aire que era imposible no derretirse por lo tierno que se veía.

Todo parecía indicar que había sacado el carácter de Draco cuando lo conoció a los once años. Mandón, berrinchudo, chantajista y si pudiera definirlo como tal, Harry diría que era malvado. Pero era su pequeño y hermoso ser malvado. El que se había adueñado de su corazón y ahora lo tenía cautivo.

Se moría de pena sólo de pensar que al día siguiente volvería al trabajo. Dos meses le habían bastado para volver su solitaria vida en la vida que siempre había deseado.

Acarició aquella cabecita de cabellera negra y gruesa para ser de un bebé recién nacido. Se había quedado totalmente dormido hacía más de quince minutos y el moreno sabía que ahora podía volver a la cama a dormir el resto de la noche sin problemas, pero no quería soltarlo. Comenzó a murmurar una canción de cuna que le escuchó a Hermione cuando la castaña recién se enteró de su embarazo. Había creído que nunca se la podría dedicar a un hijo, hasta que llegó Draco a su vida; de nuevo.

Sintió unos brazos a sus espaldas y giró la cara, sonriente y todo pero le interceptó los labios, respondiendo gustoso.

—¿No se supone que entras a las siete a trabajar? —dijo Draco, con tono de reproche pero una sonrisa en la cara, mirando a su hijo en los fuertes brazos de su amor.

—No me importa dormir dos horas si puedo pasar por lo menos veinte minutos con ustedes así.

—Sabes que cambiaste mi vida totalmente, ¿verdad? —Draco no traía playera, sólo el pantalón de deporte con el que solía dormir. Su cuerpo ahora era delgado, con el abdomen plano y hasta un poco marcado a pesar de que Harry sabía que el rubio odiaba agotarse haciendo ejercicio.

—Yo debería de decirte eso. Llegaste de repente y te quedaste en mi corazón.

—Ay Potter, eres tan cursi a veces —el rubio soltó una carcajada y caminó hasta la cuna circular que había encontrado meses atrás en el ático. Tomó entre sus manos un pequeño cojín que solían ponerle al pequeño james en la espalda cuando lo dejaban toda la noche solo.

—Tienes que admitir que así me quieres —Harry caminó hacia él y el rubio tomó al bebé quien apenas dio un brinquito al sentir el cambio de brazos pero no se despertó. Draco lo dejó de nuevo en la cuna, con todo su cuerpecito ladeado y una mantita color turquesa cubriéndolo.

A espaldas de ellos aún estaba el mural terminado, en blanco y negro de aquel primer eco que le habían hecho, donde con un poco más de esfuerzo Draco logró que la imagen gigante cobrara movimiento y también abriera las piernas para mostrar aquella erección, de la que se sentía orgulloso.

—Tengo tan buena suerte de quedarme con el paquete completo —lo abrazó de la cintura y lo pegó a su cuerpo. Comenzó a besarle el cuello y de vez en cuando lo recorría todo con pequeñas mordidas.

Lo giró e interceptó sus labios, tan sedientos de pasión como los propios. Gimieron juntos pero callaron por miedo a despertarlo. Caminaron juntos hasta la habitación principal donde dormían y se dejaron caer entre las sabanas de seda que Draco había escogido. Lentamente fueron despojándose de la ropa entre lametones, besos y más ronroneos.

Harry giró para posicionarse sobre el rubio quien lo recibió con las piernas abiertas, abrazándose a su cadera, moviéndose cadenciosamente mientras recibía tantos besos, como mordidas en el cuello.

Ambos frotaron sus miembros que para ese entonces ya estaban tan duros como mazos de trol. Usaron todos sus recursos a la mano en ese momento para llegar al clímax y sentir que tocaban juntos el nirvana únicamente acariciándose y frotándose el uno al otro. Eyacularon juntos, manchando su abdomen con la semilla mezclada de ambos. Jadearon, respiraron profundos y se miraron a los ojos.

Volvieron a besarse, esta vez sin tanta desesperación pero sí con todo el amor que se tenían dentro.

—Nunca me contaste qué hacías tú en un bar cuando te atraparon y te metieron a prisión —dijo Harry abrazando al rubio y pegándolo a su pecho. Draco se dejó abrazar y se acomodó para encajar perfectamente en él.

—No estaba en el bar, yo iba pasando y uno de los que se pelearon me aventó —dijo Draco, escondiendo la cabeza en su pecho—, cuando llegaron los aurores y me vieron en el suelo creyeron que yo me había metido en la pelea y cargaron conmigo.

—¿Vieron que estabas embarazado?

—Claro, pero no les importó. Se trataba de un Malfoy y la oportunidad de demostrar que era malvado.

—Ah, carajo, me cae mal que hagan eso.

—Pero para eso estás tú, para que la ley se cumpla imparcialmente.

—Lo haces sonar como una burla —dijo Harry riéndose y pegándolo más a él.

—Y como ahora estás conmigo, en mi casa y en mi cama te llevaré por el camino del bien. Ahora dime la historia real.

—¿Sabías que los delfines son tiburones gays? —dijo Draco, girándose para apagar las luces y acomodándose para dormir. Harry soltó una carcajada parecida a un ladrido y se volvió a pegar a su espalda, totalmente cautivado por el carácter de su rubio.

—Ya, en serio.

—No tenía donde pasar la noche así que golpeé a uno.

Fin.

Tal vez debí suprimir el 'Fin' y poner un 'Continuará' pero por parte de Las Desventuras de un Hombre Embarazado esto ya terminó. La continuación tendrá otro título porque ya no serían desventuras, ¿Me doy a entender?

No lo he iniciado, no he encontrado la energía pero que sepan que esto no se termina. La obra termina hasta que canta la gorda… jajajaja acabo de pensar en algo muy bueno para el final de la continuación. Bueno, bueno.

Muchísimas gracias por su apoyo a lo largo de todo el fic. Los espero por la continuación. No me despido ya que me seguirán viendo por aquí con otros proyectos. Alguna traducción, algún drarry nuevo, no sabemos lo que me depare el destino, es un caprichoso.

Deséenme suerte y que a mi vida llegue el amor n_n porque lo mismo les deseo yo.

~¡Hasta pronto!~