Capítulo 4

-Repasemos-.

-Edward, está todo claro. Me vas a poner más nerviosa de lo que estoy como sigas insistiendo-.

-Cómo te equivoques en algo…- dijo negando con la cabeza.

Llevábamos solo una hora de camino y Edward había insistido 5 veces en repasar nuestra "historia". Como nos hicimos novios, nuestros gustos… Como si le conociera desde hace un par de días.

Me había recogido en la puerta de mi casa, y poco más y Alice y Rose me tienen que meter dentro del coche, pues era lo último que me apetecía hacer durante los siguientes 3 días.

-¿Eres consciente de que si mis padres se enteran de que somos pareja, los tuyos…?-.

-Si- dije cerrando los ojos muy fuerte y haciéndole callar. Ni siquiera quería escucharle terminar la frase. "Los tuyos también pensarán que estamos juntos". Quizá fuese yo ahora la que estaba en problemas.

-Entonces simplemente un día, después de muchos años, surgió la magia y nos enamoramos. ¿En serio es lo que se os ha ocurrido a las 3? Mis padres me conocen mejor que eso-.

-Sí, es la mejor opción. Y es la única manera de no equivocarme. Me lo pediste y punto. Además, vas casi todas las semanas a Seattle, asique hemos tenido tiempo de conocernos fuera de Forks y de la vista de toda esa gente. Limítate a actuar y mostrarte una persona encantadora-.

-Soy encantador-.

-No, no lo eres- dije riendo y sacando un libro para leer.

-Oye- dijo quitándomelo de las manos y tirándolo al asiento de atrás. -¿Por qué dices eso?-.

-¿Eres idiota? ¿Quién te crees que eres para coger y tratar mis cosas de esa manera?-.

-Tu novio-.

-Ni se te ocurra reírte de mí. Y me repito, no eres encantador. Eres más bien engreído, egocéntrico, egoísta e idiota. Si, idiota te define perfectamente. ¡Y ahora me voy a quedar sin leer porque no llego a dónde has tirado el libro! ¡Idiota!- dije esto último chillando.

-¿Ves? Somos como una pareja, ya hasta discutimos por tonterías-.

-¡Que no te rías de mí!-. Mis ganas de pegarle iban aumentando por momentos, pero estaba conduciendo, y mi seguridad dependía de él, asique no me quedaba otra que chillarle.

-Ufff enfadada. Dicen que el sexo de reconciliación es el mejor. No puedo esperar a probarlo-.

-¿Qué? ¿Cómo?- dije ya sin saber que gritar, decir o pensar.

-Relájate Bella- dijo sin dejar de reír. –No me acostaría contigo jamás. No estás hecha para mí. Te falta… Te falta mucho-.

OK. Eso dolió. No porque mi objetivo en esta vida fuese terminar en su cama. Sino porque a ninguna mujer le gusta escuchar que no es suficiente. Y aunque no me consideraba fea, sabía que en algunos aspectos podía mejorar, mucho.

-Sí, eres un completo idiota Edward- dije sin ganas de seguir discutiendo con ese ser. Me puse los cascos y cerré los ojos. El viaje todavía era largo y lo que me esperaba al final un auténtico calvario.

Desperté cuando cogíamos el camino a la casa de los padres de Edward y no me hizo falta desperezarme para que me despertara completamente. Mis nervios lo hicieron por si solos. Con manos temblorosas guarde los cascos y el iPod y esperé a que ante nosotros se presentase la casa de los Cullen. Casa, mansión… Ambos términos eran correctos.

Y un minuto después allí nos encontrábamos. Y Esme y Carlisle ya nos estaban esperando. Genial, ni siquiera un tiempo de preparación antes de la tormenta.

-Ya están ahí- dijo como si yo no pudiese verlos. Puse los ojos en blanco ante tal observación. -¿Preparada?-.

-No-.

-Perfecto- dijo sonriéndome. Sabía que nos estaban mirando, pues como si entrada fuese pequeña, había aparcado justo delante de ellos, antes sus miradas curiosas de saber porque yo, iba sola con él, en su coche. Normal, me limité a pensar.

Sin saber cómo, Edward se había bajado del coche y estaba a mi lado abriéndome la puerta como un persona educada haría y me ayudo a salir.

-Vamos Bella- me dijo al oído sin ser visto por sus padres, pues estaban saludando a todos los que habíamos llegado para cenar. Me cogió la mano suavemente y ambos nos pusimos delante de ellos cuando todos habían entrado.

-Hola- se limitó a decir Edward. –Mamá, papá…-.

-¿Y esto?- preguntó Esme señalando nuestras manos antes de que Edward lo pudiese explicar. Porque lo iba a explicar él, yo no tenía aire ni para hablar. -¿No será lo que creo que es?- volvió a preguntar con un brillo en su mirada que hizo que mi corazón se parara. Oh por favor, esto es más complicado de lo que me imaginaba.

-Esto es lo que esperábamos de ti hijo- dijo Carlisle señalándome y abrazando a su hijo y después a mí. Yo sin embargo no pude devolvérselo. Me era imposible. Acto seguido fue Esme la que nos abrazó, pero yo seguía paralizada.

-No voy a preguntar como tú- dijo Esme cogiéndome la cara cariñosamente, -has terminado con él, pero me alegro mucho por ambos-.

Y tras esto, tanto Esme como Carlisle entraron a su casa dejándonos a ambos en la entrada boquiabiertos. ¿Ya esta? ¿Es todo lo que iban a preguntarnos? Bueno, ni siquiera nos habían preguntado nada. Lo daban por hecho.

-Bella respira- dijo agitando mi mano. Deje soltar una bocanada de aire que ni siquiera sabía que estaba aguantando. –Eso ha sido… fácil-.

-No puede ser tan fácil- dije en un susurro.

-No te preocupes más anda- dijo soltándose de mi mano y limpiándosela, en un intento de ser disimulado en el pantalón. Pero le vi, y el vio lo que yo miraba. –Es que te sudaban las manos- dijo a modo de disculpa.

-Vete al infierno, idiota- dije dándome la vuelta en dirección a coger mi equipaje al coche.

Al infierno… Sí, justo donde yo estaba ahora.